lamenteesmaravillosa.com – 22.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

La inmadurez emocional podría definirse como una condición en la que las personas no han renunciado a los deseos o fantasías de la infancia que tienen que ver con que el mundo gire en torno a sí, o que la realidad se doblegue en función de lo que quieren. Así mismo, la madurez emocional podría definirse como un estado de fortaleza y templanza que conduce a actuaciones realistas y equilibradas.

 

Más que por una definición en abstracto, la madurez o inmadurez se muestra a través de rasgos de comportamiento. A continuación la autora Edith Sánchez del portal Lamenteesmaravillosa.com, comparte una lista de cinco características que son propias de las personas emocionalmente inmaduras: 

 

1. Las personas que son egocéntricas

 

Buena parte del proceso de maduración en las personas consiste en entender que el mundo no gira alrededor de ellas. El bebé no lo sabe. Por eso, pide comida a las 2 de la mañana y le tiene sin cuidado si esto afecta el sueño de sus padres. A medida que crece, aprende a reconocer que no siempre se obtiene todo lo que se desea, y que otras personas y sus necesidades también habitan el universo.

 

Madurar implica salir de la cárcel del yo. Significa perder esa ilusión que rodea la vida del bebé: basta con pedir para que una necesidad o un deseo sea satisfecho. Cuando poco a poco vamos renunciando a esa fantasía, también nos vamos haciendo conscientes de una hermosa posibilidad: la aventura de explorar el universo de los demás. Si todo sale bien, aprendemos a preservar el yo y a alcanzar el tú.

 

2. Dificultad para asumir compromisos

 

Una señal inequívoca de inmadurez en las personas es la dificultad para asumir compromisos. Al niño le cuesta renunciar a lo que quiere en ese momento para conseguir un objetivo mayor a largo plazo. Si le damos una golosina y le prometemos que si no se la come durante un tiempo le daremos otra, el deseo de comerse la que tiene en la mano se impondrá.

 

3. Tendencia a culpar a los demás

 

Los niños se asumen a sí mismos como seres dirigidos por otros, que no actúan a voluntad. En gran medida lo son, en tanto están en un proceso de formación y de inserción en la cultura. Mientras son pequeños, creen que el error debe llevar a la culpa. No les importa tanto el daño que hicieron, sino el castigo o la sanción que puedan imponerles.

 

Crecer es salir de ese estado de dulce irresponsabilidad. Madurar es ir entendiendo que somos los únicos responsables de lo que hacemos o dejamos de hacer. Aprender a reconocer los errores y sacar de ellos nuevos aprendizajes. Saber reparar los daños. Saber pedir perdón.

 

4. Establecer lazos de dependencia

 

Para las personas inmaduras, los demás son un medio y no un fin en sí mismos. Así, como medios que son, en su óptica, los necesitan. No necesitan a los demás porque los quieren, sino que los quieren porque los necesitan. De ahí que suelan construir lazos en los que hay fuertes dependencias.

 

Para poder establecer vínculos basados en la libertad, se requiere que haya autonomía. Sin embargo, las personas inmaduras no tienen claro el concepto de autonomía. A veces piensan que hacer su voluntad es un comportamiento autónomo. Pero a la hora de asumir las consecuencias de los actos, necesitan de los demás para que amortigüen, oculten o aligeren la responsabilidad.

 

5. Irresponsabilidad en el manejo del dinero

 

La impulsividad es uno de los rasgos más salientes de las personas inmaduras. Una impulsividad que se expresa muchas veces en la forma que tienen de administrar sus recursos, como el dinero. Así, con el fin de satisfacer sus deseos, y satisfacerlos ya, no tienen problema en comprar lo que no necesitan con el dinero que no tienen.

 

A veces se embarcan en aventuras financieras descabelladas. No evalúan con objetividad las inversiones y les cuesta proyectarse a medio y largo plazo. Por eso es frecuente que vivan endeudados, todo por satisfacer caprichos.

 

 

Todos estos rasgos de inmadurez no surgen o se mantienen por decisión consciente de las personas. Casi siempre obedecen a vacíos o grietas durante la crianza. También pueden ser una consecuencia de experiencias desafortunadas que les han impedido evolucionar. Si eres así, o conoces a alguien así, no se trata de que le señales. En realidad lo importante es tomar conciencia de que impulsar tu propio crecimiento puede conducirte a una vida mejor.

 

 

Powerofpositivity.com - 08.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

El conflicto es una parte inevitable de la vida. El único aspecto de un conflicto que podemos controlar es cómo reaccionamos. Esto no quiere decir que superar este proceso “automático e inconsciente” sea fácil; no, no lo es. Pero podemos aprender.

 

Podemos aprender a reconocer, admitir y manejar nuestras emociones negativas. Podemos anular, hasta cierto punto, esta respuesta fisiológica innata. Los expertos de la web Power of positivity nos explican cómo hacerlo:

 

1. Tome respiraciones profundas

 

Por qué: La capacidad de permanecer relajado y centrado durante un conflicto depende de su capacidad para destensar el cuerpo. La respiración superficial es la respuesta innata del cuerpo cuando se enfrenta con el estrés. Anulando esta respuesta natural y practicando la respiración profunda, ayudará al cuerpo a permanecer tranquilo.

 

Cómo: inhalar profundamente por la nariz antes de exhalar lentamente a través de la boca. Las respiraciones suaves y profundas cesarán la producción de dos hormonas de estrés: la adrenalina y el cortisol.

 

2. Concéntrese en su cuerpo

 

Por qué: Concentrarse en cualquier sensación física que surja en un conflicto le permite cambiarla conscientemente. Cuando su enfoque cambia al cuerpo, puede sentir la tensión, respiración superficial, etc., que acompaña al estrés.

 

Cómo: Cuando note que su cuerpo comienza a tensarse, devuelva su postura a un estado neutral relajando sus hombros y manos. Esta posición abierta comunica positividad usando el lenguaje corporal – y a menudo ayuda a relajar el conflicto.

 

3. Escuchar activamente

 

Por qué: Una persona iniciará una disputa, o algún otro tipo de conflicto, si siente que no está siendo escuchada. Además, es imposible relajar un conflicto sin escuchar de forma atenta y activa. 

 

Cómo: Cuando alguien está hablando, centrar toda su atención en lo que dice la persona. Ignore cualquier pensamiento de construir una respuesta. Una vez que la persona termina de hablar, usted tiene la información necesaria para responder con inteligencia.

 

4. Haga preguntas abiertas

 

Por qué: Las preguntas abiertas son invaluables en la resolución de conflictos. En primer lugar, las preguntas abiertas demuestran que usted está escuchando atentamente. En segundo lugar, este tipo de preguntas muestran respeto por la persona al permitirles articular sus pensamientos.

 

Cómo: Aprender a hacer preguntas abiertas puede ser un poco complicado para algunas personas. La manera más fácil de evitar las preguntas “Sí” o “No” es no usar las palabras “Hacer”, “No hacer”, “Hazlo” y “No lo hagas” al hacer una pregunta. En su lugar, utilice las palabras “qué”, “por qué”, “cuándo” y “cómo”. Pruébelo ahora. ¿Observa la diferencia?

 

5. Mantenga la voz baja

 

Por qué: La forma más fácil de escalar el conflicto es elevar la voz. Por otro lado, una de las maneras más fáciles de relajar el conflicto es reducir la voz. El nivel de voz también está relacionado con la presión arterial. Cuando la presión de la sangre alcanza cierto punto, se hace más difícil entender lo que se está comunicando.

 

Cómo: El primer paso es rebajar la ira inicial de la otra persona. No podrá hacerlo levantando la voz. Por otro lado, usted puede transmitir rápidamente una sensación de calma al tomar la decisión consciente de bajar la voz.

 

6. De acuerdo en el desacuerdo

 

Por qué: No todos los conflictos producirán resultados amistosos o mutuamente aceptables. Sin embargo, puede evitar profundizar el conflicto desentendiéndose cortésmente de la conversación.

 

Cómo: Una ley del conflicto interpersonal es que se necesitan dos participantes. Dejar una discusión es apropiado bajo una de estas dos circunstancias: (1) la persona se vuelve cada vez más hostil, o (2) la conversación, a pesar de sus mejores esfuerzos, no va a ninguna parte.

 

En conclusión, los seres humanos somos criaturas emocionales – y esta capacidad de sentir puede ser utilizada para nuestra ventaja o en nuestro detrimento. También es importante perdonarse si actúa de manera impropia. Siguiendo uno o más de los seis consejos dados, seguramente se sentirá más confiado en cualquier conflicto. Como resultado, usará sus emociones y la autorregulación para su beneficio. Al hacerlo, usted ganará confianza y la confianza de las personas en usted es buena.

 

*Traducción de Conocersalud.com

ReL – 27.03.2017

 

En este tiempo de reflexión, es bueno hacer un alto en el camino para proponernos verdaderos cambios en nuestra vida, no sólo para ser más felices sino para mejorar nuestro entorno. Las siguientes son pequeños gestos del día a día que ayudarán en este propósito. 

 

1. Reconcíliate con aquel familiar o amigo del que estás distanciado. Hazle una llamada; escríbele una carta o mándale un simple Whatsapp. Dile que ya es hora de hablar, de sentarse a charlar, de desenmarañar esos entuertos...

 

2. Dile a tus padres, a tus abuelos, a tu mujer o tu marido, a tus hijos... que los quieres. A lo mejor nunca les has dicho a tus padres: gracias. Agradecer todo lo que han hecho por ti en su vida. Sus sacrificios, sus renuncias...

 

3. Reza por un difunto. Es la mejor forma de ayudarle. Darle las gracias por su vida y pedirle a Dios que lo tenga cerca de Él lo antes posible.

 

4. Visita a un anciano, a una persona sola o a un enfermo. Da igual la excusa. Lo agradecerán seguro. "Pierde el tiempo" con ellos. Abrázalos. Hazles sentir que los quieres.

 

5. Juega con tus hijos, o con los hijos del vecino o de un amigo. Y juega a lo que te digan. ¿A muñecas? Pues a muñecas. A fútbol, pues a darle al balón. "¡Pero si tengo 70 años!". Ponte de portero...

 

6. Felicita los cumpleaños de tus familiares y amigos. Esa fecha es muy especial para todos. Si no recibimos llamadas de los más cercanos nos venimos abajo pensando que no somos queridos. Apúntate los cumpleaños de todas las personas que quieras, o bien bájate alguna aplicación en tu móvil. Y llámales o mándales un mensaje por el móvil. Con este pequeño gesto ya habrás hecho a una persona feliz...

 

7. No juzgues ni critiques. Sí, ya sé que Manolito es un pelmazo, pero no sabes su historia ni por qué se comporta así. Ayúdale; no le critiques. Y pídele al Espíritu Santo que te muestre cómo Dios ama a esta persona y cómo lo comprende. Pídele que te dé el don de amar a Manolito como Dios le ama... Sí, así de ambicioso.

 

8. Regala una sonrisa. Aunque sea una al día. Pero que no te vayas a dormir sin haber regalado una sonrisa.

 

9. Deja de gruñir y de protestar. Suprime las quejas. Posiblemente tengas razón en muchos de tus desahogos... pero no construyen ninguna relación. Más bien destruyen y crean rencores que envenenan el corazón y el ambiente. Proponte abstenerte de gruñir, protestar o reñir, al menos una vez al día.  

 

10. Gracias, perdón, por favor. Acostúmbrate a utilizar esas tres palabras con los que te rodean.

 

11. Confía en Dios. Ten fe. Dale la oportunidad de que haga milagros en tu vida. Confíale aquel problema que no te deja vivir, o esa cruz que se te hace cada vez más pesada. Pídele al Señor que se encargue Él y que haga el milagro. Deja de lado tus fuerzas y cédele todo el protagonismo... y ten confianza.

 

12. Da gracias a Dios. Dale gracias al Señor todas las mañanas por ese día, por todo lo bueno que te va a pasar... por tu vida entera. "¡Es que he tenido muchos problemas!" Sí, seguro; la vida es dura. "Es un valle de lágrimas", como dice la oración. Pero alaba al Señor por todo lo bueno que te ha dado a lo largo de tu vida. Alábale con fuerza aunque no tengas ganas. Tu felicidad depende, en buena medida, de reconocer que Dios te ama y te bendice todos los días, y que todo lo bueno que eres y que tienes te lo ha dado Él.

 

13. Dale las gracias a aquella persona que fue un ángel de la guarda en tu vida. A lo mejor fue un amigo que te defendió en aquella pelea; o un maestro que confió en ti cuando tú considerabas que no valías nada. También alguien que te dio una primera oportunidad en el trabajo... Aunque hayan pasado 30 años... dale las gracias. Dile por teléfono, carta o Whatsapp que todavía recuerdas lo que significó ese gesto contigo, y que por eso le das las gracias, ya que esa acción te cambió la vida.

 

14. Sé tú un ángel de la guarda. Dale la oportunidad a alguien. Aunque sea un desconocido. Si eres empresario, contrata a un empleado más. "Es que no lo necesito". Haz un pequeño esfuerzo. A esa persona le puede cambiar la vida ese gesto. A un compañero de escuela o de trabajo que esté aislado, acógele. Habla con él, muestra interés por sus cosas... dale confianza. Intenta intregrarle entre los compañeros. Transmíteles los aspectos de su personalidad más atrayentes... Sé su ángel de la guarda.

 

15. Mira a los ojos a un indigente. No lo rehuyas. Si puedes darle alguna ayuda, adelante, pero si no llevas nada párate un momento y mírale a los ojos. Escúchale. Intenta comprenderle. Transmítele amor con tu mirada. Si puedes abrazarle o cogerle las manos, hazlo. Sonríele y dale una palabra de esperanza.

 

16. Deja de ser un fiscal acusador de ti mismo. No te juzgues tan duramente. Sé un poco más indulgente contigo mismo. Al menos una vez al día no te acuses con fiereza por haber hecho tan mal aquél asunto.

 

17. Y no seas fiscal acusador de los demás. Al menos una vez al día no corrijas con dureza a los demás.

 

18. Visita a un preso en la cárcel. "¡Pero si no conozco a ninguno!". Vale. Contacta con los grupos que van todas las semanas a las cárceles. 

 

19. Ofrece una ayuda económica a organizaciones caritativas. Que ayudará a paliar las dificultades de los más débiles de la sociedad. Basta con unas monedas, pero si tienes más...

 

20. ¿Necesitas algo? Es una buena pregunta que podemos hacer, una vez al día, a alguna persona que nos encontremos.

 

*Publicado originalmente en ReL

 

 

LaFamilia.info - 12.06.2017

 

Foto: Freepik

 

Decía Alejandro Magno que “Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”.

 

El autoconocimiento nos permite afrontar mejor diversas situaciones de nuestro día a día, así que con la siguiente descripción podrás descubrir o confirmar si tienes más rasgos relacionados con la extroversión o con la introversión. 

 

¿Cómo es una persona extrovertida y una introvertida?

 

Una persona extrovertida es la que está abierta hacia "fuera", hacia el mundo de las personas, de las cosas, de los acontecimientos, tanto para extraer de allí su energía como para dejar allí la huella de su acción. 

 

La introversión es la orientación del sujeto hacia "dentro", hacia el mundo de los pensamientos y de la reflexión, tanto para renovarse como para expresarse en él. 

 

El extrovertido normalmente tiende primero a actuar, y después, a reflexionar. El introvertido reflexiona durante largo tiempo antes de pasar a la acción. Para el primero los pasos serían: acción reflexión-acción; para el segundo, reflexión-acción-reflexión. 

 

El extrovertido piensa en voz alta; necesita hablar para organizar su pensamiento; es normal que en muchas ocasiones resulte contradictorio. El introvertido sólo habla después de pensarlo mucho. Sólo expresa lo que le parece serio y definitivo. 

 

Cuando se encuentra una persona extrovertida y una introvertida pueden surgir conflictos ya que para el introvertido cree que lo que él ha expresado es fruto de una larga reflexión, le sorprenden las variaciones del extravertido y le entran ganas de decirle que no habla hasta que no se aclare. El extravertido por su parte, espera un desarrollo de la primera frase, que para él no es más que el punto de partida. Está extrañado del silencio que la sigue y tiene ganas de decir "¿y qué?" 

 

Un extrovertido responde inmediatamente a la pregunta que se le hace, mientras que el introvertido toma tiempo en reflexionar, lo que lleva al extrovertido a repetirle la pregunta porque piensa que no le ha escuchado, puesto que no le ha respondido. Pero el hacerle la pregunta se molesta el introvertido pues tiene que volver a seguir reflexionando. 

 

Al extrovertido le gusta el contacto, incluso cuando es imprevisto y espontáneo; al introvertido le gusta más que le anuncien la visita. 

 

En la sociedad el extravertido es un rompedor de hielos, el que espontáneamente hace las presentaciones, establece las relaciones entre las personas, inicia las conversaciones y las anima. Tiene talento para entablar contactos. 

 

El introvertido solamente habla con facilidad de una materia que domina o que le resulta muy interesante. Su conversación mundana tiende a ser monosilábica: "Sí, no, gracias, por favor". Su talento se orienta a profundizar el contacto, lo que no quiere decir que el extravertido no profundiza o que el introvertido no sabe establecer contactos. Nos referimos a las preferencias, a lo que espontáneamente hace mejor cada uno. 

 

En las reuniones, el extravertido tiende a hablar el primero, devuelve al balón, trata de "hacer hablar" a los silenciosos, lo que, visto desde el lado del introvertido, significa con frecuencia asaltarle a preguntas, sin dejarle tiempo para responderlas. Porque el introvertido necesita tiempo; emite entonces ideas bien pensadas sobre las que vuelve con mayor dificultad que el extrovertido. Al extrovertido le gusta más comunicarse con la palabra, mientras que al introvertido lo hace mejor de manera escrita. 

 

El extrovertido expresa con facilidad sus pensamientos y sus emociones. El introvertido sólo lo expresa en un ambiente de confianza. 

 

Finalmente, cabe aclarar que ninguno es mejor que el otro, ambos tienen cosas muy valiosas; lo ideal sería tener un poco de cada uno para lograr un equilibrio. 

 

 

Fuente: buzoncatolico.com

 

Colaboración Family and Media - 07.11.2016

 

20160711vFoto: Pixabay 

 

Esta es precisamente la cuestión, saber utilizar correctamente las redes sociales, ser capaces de hacer de ellas un buen uso para difundir valores, ideas, esperanzas y emociones.

 

En el siguiente decálogo de Eduardo Arriagada, profesor de Periodismo y Convergencia Digital en la Universidad Católica de Santiago de Chile, se brindan una serie de reflexiones sobre cómo poder usar de manera inteligente las redes sociales.

 

1. Las redes sociales son un espacio para conversar y compartir

 

La gran diferencia entre los nuevos medios y los tradicionales está en la interactividad: mientras la televisión, la radio y la prensa se basan esencialmente en mensajes “unilaterales” -de emisor a receptor- con escasa o nula posibilidad de interacción, en los nuevos medios en cambio, la interactividad entre fuente y destinatario es la regla, con un continuo intercambio de mensajes y con la inversión de papeles. El usuario se convierte en emisor de mensajes y simultáneamente destinatario de los mensajes de los demás. El fruto de esta relación es la conversación, el diálogo. La conversación es fundamental para nuestra sociedad y para la persona. Es el mejor aspecto de la globalización actual, siempre que respete la persona y no cree desigualdades.

 

2. En las redes sociales las personas quieren conversar entre ellas y no con las instituciones

 

A las personas les gusta compartir información con otras personas en la web. La tecnología sin “humanidad” sirve de poco. Es una forma de aprobar y hacer propio el pensamiento de otra persona que consideran especial. No tendría el mismo efecto si ese mismo mensaje naciera de una institución o de un ente. Parecería creado por una autoridad, una caja vacía sin nombre y sin corazón.

 

3. En el flujo comunicativo, la inmediatez adquiere una grande importancia

 

En las redes sociales la inmediatez del mensaje y el relativo tiempo de respuesta lo es todo. Aún más cuando se quiere difundir una buena idea a través de las redes sociales y construir un debate abierto y fecundo.

 

4. Una conversación en las redes sociales funciona si somos capaces de escuchar a nuestro interlocutor

 

Una consecuencia directa del carácter conversacional de las redes sociales es que estamos obligados a escuchar a nuestro interlocutor, seguir su respuesta (a un tuit nuestro, a un comentario, etc.). De hecho, bien pensado, escuchar al prójimo es la esencia misma de las redes sociales.

 

5. El objetivo principal de las redes sociales es involucrar a la comunidad

 

A diferencia de los medios tradicionales, en las redes sociales el objetivo primordial es crear participación, cambiar ideas, establecer lazos, suscitar emociones y aprobaciones, trasformar los seguidores en usuarios ocupados y activos. Un ejemplo: la cuenta de Twitter del Papa Francisco. Hoy un tweet suyo genera cerca de 10 mil respuestas, en comparación con las mil de media de Obama.

 

6. El éxito de una “comunidad” depende de los contenidos publicados

 

La mejor forma para obtener seguidores en las redes sociales es ofrecer siempre contenidos con un valor añadido. Puede ser información práctica y útil, consejos y sugerencias, e incluso exhortaciones e ideas. Las cuestiones fundamentales del hombre como la paz, el amor, la justicia, la libertad, exigen ser difundidas y defendidas siempre en voz alta. Las redes sociales pueden ser un buen altavoz.

 

7. Hay que circunscribir el tema de la conversación

 

La llave del éxito de las redes sociales es encontrar el tema idóneo que genere una conversación. Pero el tema tiene que ser siempre específico. Si es genérico o ambiguo, se crea confusión o no engancha. Hace falta abordarlo con coherencia, con transparencia y manifestándose abiertos a la crítica.

 

8. En las redes sociales la sencillez es fundamental

 

La sencillez paga. En la vida, como en las redes sociales, el uso de términos complejos, abstrusos, aleja a las personas. Hay que ser sencillos al expresar una idea.

 

9. En las redes sociales la artificiosidad tampoco funciona

 

La naturalidad nos acerca a los otros y nos ayuda a ser comprensibles. 

 

10. Las redes sociales son un lugar para dejarse ver

 

Pero este lugar exige sobre todo el respeto de quien nos escucha, ser auténticos, trasparentes, verdaderos respecto a los sentimientos y las emociones.

 

 

*Por Fabrizio Piciarelli -Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info.

 

 

 

 

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