LaFamilia.info - 02.04.2020

 

 

En estos momentos difíciles LaFamilia.info quiere estar muy cerca de sus seguidores, compartiendo dificultades y retos. Por eso, hemos preparado esta serie de post llamada VIVIR EN CUARENTENA que desea ser un encuentro cariñoso con todos, para llenarnos de esperanza y sacar lo mejor de cada uno en esta situación. ¡Esperamos les guste!

 

 

 

 

 

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Por Pilar Jericó / ElPais.com - 17.03.2020

 

Foto: Freepik 

 

Debemos afrontar la situación con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas a las que nos vamos a enfrentar.

 

El coronavirus nos ha superado a todos. Nos enfrentamos a emociones incómodas, nos agobia el miedo, nos estremece escuchar a los sanitarios informando de las situaciones que viven, y no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo. Sin embargo, existe una verdad incuestionable: todo pasa. El coronavirus también. Como ha sucedido con otras pandemias o en otras situaciones difíciles que hemos vivido. Debemos afrontar el problema con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas y las emociones a las que nos vamos a enfrentar. Reconocerlas nos ayudará a afrontarlas de un modo más amable. A desarrollar una mentalidad positiva a pesar de las circunstancias. Esta posición nos permitirá entender que, en todo cambio, por difícil que sea, siempre existen oportunidades para seguir aprendiendo y avanzar como personas y como sociedad.

 

Las investigaciones en las que basé mi libro Héroes cotidianos sirven para entender de manera sencilla qué emociones vamos a vivir estos días. Las detallo en esta página en voz y con ejercicios prácticos.

 

1. Llamada: “Hay un virus en China”. Ese fue el comienzo. Toda llamada a la aventura puede ser de dos tipos, como dice paradójicamente la medicina tradicional china: llamada del cielo, cuando es algo deseado, o llamada del trueno, cuando no lo buscamos y rompe nuestros esquemas. El coronavirus pertenece a las llamadas del trueno para la mayor parte de los mortales. Pocos esperaban que sucediera.

 

2. Negación: “Esto no va a ocurrir aquí”. La negación es una fase habitual en casi todos los cambios no deseados. Se trata de la más difícil de asimilar. Nunca creemos que nos vaya a afectar a nosotros. Nos llenamos de excusas, como que China está muy lejos o que solo es una gripe más, y nos olvidamos de las evidencias: de que el mundo está globalizado, incluso hasta para las enfermedades, o que estas pueden resultar tan contagiosas que pueden colapsar el propio sistema. Durante el periodo de negación, cuando nos damos cuenta de que sí nos puede afectar, podemos desarrollar una variante: la ira o la rabia. Nos enfadamos con el sistema, con la falta de medidas que toman las autoridades, con los eventos deportivos, manifestaciones o reuniones que nos han expuesto al contagio. El enfado hay que pasarlo, tengamos razón o no. Si nos quedamos en esta fase, estamos perdidos, porque desaprovecharemos la oportunidad de aprendizaje que existe ante cualquier crisis.

 

3. Miedo: “¿Qué nos va a pasar?” Esta es la emoción más profunda y paralizante que existe. Hay un miedo sano, que es la prudencia, que nos obliga a protegernos y a quedarnos en casa. Y existe otro, el miedo tóxico, que nos lleva a la histeria colectiva, a las compras compulsivas o a no dormir por las noches. El miedo es otra fase que tenemos que transitar rápidamente. Es inútil dejarse vencer por la emoción, que en muchas ocasiones llega a ser más contagiosa que la propia enfermedad. Posiblemente, porque nos daña profundamente y nos vacía de la posibilidad de afrontar la crisis desde la mentalidad positiva del cambio, el sentido común y la fuerza.

 

4. Travesía por el desierto: “Estoy triste y soy vulnerable”. Ya no hay miedo ni rabia, solo desazón y tristeza en estado puro. Estamos abatidos por las cifras de enfermos y fallecidos, conocemos personas afectadas o lo estamos nosotros mismos. Es un momento de aceptación pura de la realidad. En la crisis del coronavirus, la travesía por el desierto hay que afrontarla. La mentalidad positiva sin tocar el desierto es falsa y temporal (excepto para quien vive en el positivismo artificial constante o tiene problemas con la empatía, que no deja de ser negación). La buena noticia es que los desiertos también se abandonan. Nos podemos quedar atascados en la rabia o en la negación, pero la mayoría de las personas, tarde o temprano, conseguimos remontar la tristeza.

 

5. Nuevos hábitos y confianza. Una vez aceptada la realidad comienzan los nuevos hábitos y la confianza en nosotros mismos. Normalizamos la realidad. Si estamos recluidos, encontramos los aspectos positivos. Nos ofrecemos a ayudar a otros desde la serenidad y no desde el miedo; nos reímos de la situación y, lo más importante, nos abrimos al aprendizaje. Cuanto más nos esforcemos en ver qué aspectos quiere enseñarnos esta nueva crisis, más rápido podremos atravesar la curva del cambio.

 

6. Fin de la aventura. El coronavirus ha pasado y soy más fuerte. Esta crisis será historia, como todas. Vendrán otras, nuevos problemas, y eso significa que estamos vivos. Si hemos sido conscientes del proceso y hemos aprendido como personas y como sociedad, habrá valido la pena, a pesar de las numerosas pérdidas que hayamos tenido en el camino.

 

*Publicado originalmente en ElPais.com

 

ACI - 20.01.2020

 

Foto: katemangostar

 

El chisme destruye al hombre a través de la calumnia, la murmuración y la mentira. El chisme no construye nada bueno, al contrario, hace mucho daño. Por eso, compartimos el siguiente artículo escrito por el Padre Dwight y publicado en el National Catholic Register, en el cual entrega 10 maneras de detener el chisme ya sea en la escuela, trabajo, familia o vida parroquial.

 

“Casi siempre los chismes se tratan de medias verdades. Una persona obtiene un lado de la historia y una parte de la verdad, luego saca la conclusión equivocada y le dice a otra persona. La mentira se vuelve exagerada y se extiende aún más. En poco tiempo las personas inocentes son arrastradas a una vorágine de chismes, insinuaciones y mentiras”, sostiene.

 

Aquí las 10 maneras propuestas por el sacerdote para detener el chisme:

 

1. No creer en nadie y creer en todos

 

“En otras palabras, cree lo que la persona te ha dicho. Realmente piensan que lo que han dicho es verdad y desde su punto de vista es cierto. Sin embargo, recuerde que siempre, siempre, siempre hay otro lado de la historia. Por lo tanto, no les creas. Detente y muerde tu lengua”, sostiene el párroco.

 

2. Reunir todos los hechos

 

El sacerdote indica que no se debe tomar la palabra de nadie reunir los hechos que en realidad ocurrieron, sino averiguar “realmente con tantas personas como sea posible”.

 

3. Ir a la fuente

 

“Por el amor de Dios, tenga el coraje, la gracia y el sentido común para ir a la fuente. Si Mildred habla sobre George, ve directamente a George para averiguar los hechos”, afirma el P. Dwight.

 

4. Dar a todos el beneficio de la duda

 

El presbítero sostiene que siempre es bueno creer lo mejor y no lo peor, es decir, que “si escuchas algo malo acerca de alguien, imagina por qué lo hicieron (si realmente lo hicieron) y cuáles podrían ser sus buenas motivaciones”.

 

5. Callarse

 

“No tienes que hablar y contarle todo a todo el mundo. Incluso un tonto es considerado sabio si mantiene la boca cerrada. Habla la mitad de lo que escuchas”, aconseja el P. Dwight.

 

6. Desafiar los chismes

 

El sacerdote indica que uno no debe ser crédulo y preguntar directa pero dulcemente a la persona: “¿De verdad sabes si esto es cierto?”.

 

7. Desafiar el chisme con dureza

 

“¡Lo que me estás diciendo es un chisme sucio y destructivo! ¡Me niego a creerlo y creo que deberías mantener la boca cerrada!”, es otra opción que da el párroco, quien asegura que esta no gustará.

 

8. Fijar los ojos en la verdad

 

“¿Por qué perder el tiempo en chismes tontos e inútiles?”, pregunta el P. Dwight.

 

9. Enfocarse en los demás

 

El P. Dwight intenta pensar cómo piensan quienes propagan los chismes: “¿Sabes por qué te gustan los chismes? Porque te hace sentir superior. Chismeas negativamente sobre otros porque piensas que eres mejor que ellos. Entonces envenenarías y destruirías sus vidas para sentirte bien por un momento”.

 

10. Orar por las personas involucradas

 

El presbítero concluyó que debe ofrecerse una oración por quienes propagan el chisme diciendo “Señor, ten piedad”.

 

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Semana.com - 15.01.2020

 

Foto: Freepik 

 

Muchos creen que descansar es simplemente acostarse en una hamaca y dejar que el tiempo pase. Sin embargo, hacer la pausa es mucho más complicado debido a la angustia que produce en la gente sentir que está perdiendo tiempo valioso o que va a ser vista como perezosa. Lo contrario –estar ocupados, estresados y en un permanente corre corre– se ha vuelto un símbolo de estatus.

 

Por eso, hay un preocupante déficit de descanso, como lo demostró un famoso estudio conocido como Rest test (la prueba del descanso), en el que participaron 18.000 personas de 135 países. El trabajo evidenció que gracias a los teléfonos inteligentes, dos tercios de los participantes “se sienten disponibles, en guardia, con la certeza de que aun en vacaciones su descanso podrá ser interrumpido por cualquier persona en cualquier momento”, dice la psicóloga Claudia Hammond, quien participó en el estudio.

 

Ante ese panorama la experta escribió el libro The Art of Rest, en el que explica por qué descansar se volvió un arte complicado en el mundo moderno. A pesar de este hecho y con base en estudios clínicos, señala cuáles son las diez actividades que más ofrecen ese merecido descanso.

 

Aunque el listado va de mayor a menor, algunas personas sentirán más calma practicando la número 10 que la número 1. Lo cierto es que en este decálogo la mayoría encontrará la solución para un descanso verdadero.

 

1. Leer

 

Es divertido, fácil y barato. Los libros educan, dan de qué hablar, pero sobre todo son una compañía incondicional. También ayudan a conocer otros puntos de vista y comprender sentimientos y pensamientos ajenos, al tiempo que permiten abstraerse de la realidad. “Usamos los mismos procesos psicológicos para entender la ficción y las situaciones reales. La ficción no es solo un simulador de experiencias sociales, sino que es una experiencia social”, dice Giovanni Frazzetto, autor de Cómo sentimos.

 

2. Pasar tiempo en la naturaleza

 

Hay evidencia científica de que la gente encuentra el equilibrio cuando camina entre árboles o paisajes naturales. Esto promueve la relajación, fortalece la autoestima y genera una mayor apreciación del cuerpo. Sin embargo, aún no se sabe por qué esa conexión es tan benéfica para el descanso. Muchos creen que la cercanía a los árboles hace que la gente libere sus cargas psicológicas e incluso encuentre solución allí a sus problemas. Se sabe que caminar ya es una de las actividades más provechosas para la salud mental, pero parece ser que es mejor en esos espacios naturales que en un gimnasio o en una calle. De hecho, la evidencia indica que los parques y senderos creados por los humanos son mejores que aquellos contextos naturales salvajes, y que hay más calma cuando se camina en paisajes repetitivos, como un sendero de árboles.

 

3. Estar solo

 

Una de las sorpresas de la encuesta fue encontrar que la gente descansa más consigo misma que en compañía de familiares y amigos. Un estudio hecho en 1997 encontró que los jóvenes que pasan tiempo a solas tienen experiencias positivas con la soledad en el futuro. Según la autora, esto se debe a que en soledad la gente aclara la mente, se enfoca y piensa con mayor profundidad. Pero con la soledad no hay que exagerar. Solo basta un par de horas para obtener el beneficio.

 

4. Escuchar música

 

Algunos estudios han revelado que la música hace sentir a las personas una gama de emociones. Pero lo más importante es su capacidad para introducir al individuo en un estado mayor de actividad. El trabajo mostró que la hostilidad, la irritabilidad y el estrés disminuyen luego de que la música suena y que el efecto mayor es el aumento de la capacidad de inspiración.

 

5. No hacer nada

 

Aunque es una de las que más ayudan al reposo es la que menos se practica por la idea errada de que esto equivale a perder el tiempo. Muchos, de hecho, cuando no están haciendo nada usualmente se sienten sin rumbo. Además porque no es una actividad en sí, sino un ejercicio de sedentarismo. Sin embargo, los estudios señalan que en estos momentos de inactividad total la mente da vía libre a los momentos eureka. El cerebro depende de este tiempo de inactividad para cargar baterías, procesar información y reforzar aprendizajes. Por eso hay que combatir esa idea de que no hacer nada es una pérdida de tiempo.

 

6. Una buena caminata

 

Caminar es un ejercicio fácil, de bajo impacto, que se adapta al horario de la persona. Además se puede hacer en muchas partes, incluida la oficina. Los estudios señalan que cuando la gente camina el cuerpo se relaja y “envía señales de calma a la mente que ayudarán a reducir la tensión”. Este tipo de ejercicio, además, eleva el nivel de hormonas como las endorfinas que reducen el cortisol y la adrenalina, precursores del estrés.

 

7. Un baño caliente

 

De acuerdo a estudios, un baño en la tina con agua caliente aumenta el flujo de sangre, lo que reduce dolores así como la rigidez de los músculos y articulaciones. Esto implica una mente y un cuerpo más relajados. En un día muy estresante, dice Hammond, nada mejor que meterse en la tina.

 

8. Soñar despierto

 

La ciencia dice que la gente pasa tanto tiempo dormido como soñando despierto. El problema es que esto último es mal visto porque se relaciona con falta de atención. Sin embargo, el estado natural de la mente es deambular, lo que permite el surgimiento de pensamientos que no están atados al ambiente externo del momento ni a lo que está haciendo. Esta actividad mental está asociada a mayor creatividad y a mejor planeación y solución de problemas.

 

9. Ver televisión

 

Los neurocientíficos señalan que cuando la gente está frente a un televisor, las zonas que desarrollan las altas funciones cerebrales como la neocorteza se apagan, pero la corteza visual se estimula. Esto hace que el cerebro quede en un estado de descanso, pues aunque las neuronas siguen activas, la mente no está muy comprometida con dicha actividad. En cierto modo no está descansando cien por ciento, pero tampoco está trabajando a toda su potencia. Eso explicaría ese noveno lugar.

 

10. Meditar

 

Descansar el cuerpo es imposible cuando la mente no se calma. Por eso es importante que cuando la persona quiera relajarse totalmente, también lo haga con la mente. Una de las maneras de lograrlo es con meditación tipo Mindfulness, a la cual Hammond define como poner atención en una manera particular, en el momento presente y sin juicios. “Solo cancelar el teléfono y el televisor en estas sesiones ya provee un gran descanso”, concluye Hammond.

 

*Publicado originalmente en Semana.com

 

 

Por Andrea Pérez / PildorasdeFe.net - 02.12.2019

 

Foto: Freepik

 

Preocuparse puede ser útil cuando este nos impulsa a tomar una acción inmediata y resolver un problema. Pero si te estás preocupado por un "qué pasaría si" o "si me sucede esto", entonces, la preocupación puede convertirse en un gran problema.

 

Dudas implacables y temores que asaltan la mente pueden llegar a ser verdaderamente paralizante. Ellos pueden minar la energía emocional, enviando los niveles de ansiedad y angustia muy encima de lo normal, interfiriendo así con la vida diaria. Uno puede llegar a sentir completamente tocando fondo, atrapado y sin salida.

 

La preocupación en exceso puede incluso ahogar sus sueños, frustrar todas sus cosas presentes y hacer que sus relaciones con los demás se vean afectada drásticamente, también. A nadie le gusta estar cerca de un profeta del pesimismo.

 

Pero, la preocupación crónica a es un mal hábito que puede romperse. Usted puede entrenar su alma, su corazón, su mente y su espíritu para mantener la calma y ver la vida desde una perspectiva más esperanzadora y con mucho más fe.

 

En un fragmento del libro de Relaciones Humanas, del Obispo Rogelio Sánchez, podemos encontrar algunas formas para enfrentar las preocupaciones. Sin ningún orden en particular:

 

1. Preocupaciones presentes

 

Si nuestra preocupación es por algo presente, es útil el analizar cuidadosamente el problema. Después que se haya analizado el problema entonces hay que buscar lo que se puede hacer para solucionarlo, y finalmente decidirse por alguno de los medios que aparecen.

 

2. No hacer grande lo que es pequeño

 

No agitarse por naderías. Válgase de aquel dicho popular: "Más se perdió en el diluvio". Puede que le estés dando a ese problema mayor tiempo del que realmente requiere.

 

Puede que estés alimentando una ardilla con comida para elefante. Detente. Mira el problema de raíz. Evalúa el problema y toma nota de cómo resolverlo.

 

3. Alegrarnos de lo que tenemos

 

No prestar atención fija en lo que no tenemos y que quizá ni falta nos hace. Muchas de nuestras exigencias no nos hacen felices, solo crean servidumbres y preocupaciones.

 

4. No hagas caso a críticas o burlas

 

Hagamos el bien y dejemos que critiquen, pues las críticas siempre existirán. Es frecuentemente que se critique a personas que valen y precisamente porque algo se están destacando.

 

También a Cristo lo criticaron y aun lo traicionó un amigo. Que las críticas nos ayuden a perfeccionarnos, tómalas para bien.

 

5. Poner todo en las manos de Dios

 

El encomendarse a Dios y confiar en su poder y en su amor a nosotros, disipa muchas preocupaciones y la ansiedad

 

La oración confiada es de lo mejores medio para tranquilizar en los problemas y para resolverlos mejor. Cristo sufría en el huerto de los olivos y le dio fortaleza.

 

Un consejo extra

 

Aunque el ejercicio en realidad no puede llegar a resolver los problemas que están causando la ansiedad, participar en alguna actividad deportiva y tomar un descanso de esas preocupaciones puede relajar tu mente y su cuerpo y hacer que pienses luego de una forma más clara. 

 

*Publicado originalmente por Pildorasdefe.net

 

 

 

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