Semana.com - 15.01.2020

 

Foto: Freepik 

 

Muchos creen que descansar es simplemente acostarse en una hamaca y dejar que el tiempo pase. Sin embargo, hacer la pausa es mucho más complicado debido a la angustia que produce en la gente sentir que está perdiendo tiempo valioso o que va a ser vista como perezosa. Lo contrario –estar ocupados, estresados y en un permanente corre corre– se ha vuelto un símbolo de estatus.

 

Por eso, hay un preocupante déficit de descanso, como lo demostró un famoso estudio conocido como Rest test (la prueba del descanso), en el que participaron 18.000 personas de 135 países. El trabajo evidenció que gracias a los teléfonos inteligentes, dos tercios de los participantes “se sienten disponibles, en guardia, con la certeza de que aun en vacaciones su descanso podrá ser interrumpido por cualquier persona en cualquier momento”, dice la psicóloga Claudia Hammond, quien participó en el estudio.

 

Ante ese panorama la experta escribió el libro The Art of Rest, en el que explica por qué descansar se volvió un arte complicado en el mundo moderno. A pesar de este hecho y con base en estudios clínicos, señala cuáles son las diez actividades que más ofrecen ese merecido descanso.

 

Aunque el listado va de mayor a menor, algunas personas sentirán más calma practicando la número 10 que la número 1. Lo cierto es que en este decálogo la mayoría encontrará la solución para un descanso verdadero.

 

1. Leer

 

Es divertido, fácil y barato. Los libros educan, dan de qué hablar, pero sobre todo son una compañía incondicional. También ayudan a conocer otros puntos de vista y comprender sentimientos y pensamientos ajenos, al tiempo que permiten abstraerse de la realidad. “Usamos los mismos procesos psicológicos para entender la ficción y las situaciones reales. La ficción no es solo un simulador de experiencias sociales, sino que es una experiencia social”, dice Giovanni Frazzetto, autor de Cómo sentimos.

 

2. Pasar tiempo en la naturaleza

 

Hay evidencia científica de que la gente encuentra el equilibrio cuando camina entre árboles o paisajes naturales. Esto promueve la relajación, fortalece la autoestima y genera una mayor apreciación del cuerpo. Sin embargo, aún no se sabe por qué esa conexión es tan benéfica para el descanso. Muchos creen que la cercanía a los árboles hace que la gente libere sus cargas psicológicas e incluso encuentre solución allí a sus problemas. Se sabe que caminar ya es una de las actividades más provechosas para la salud mental, pero parece ser que es mejor en esos espacios naturales que en un gimnasio o en una calle. De hecho, la evidencia indica que los parques y senderos creados por los humanos son mejores que aquellos contextos naturales salvajes, y que hay más calma cuando se camina en paisajes repetitivos, como un sendero de árboles.

 

3. Estar solo

 

Una de las sorpresas de la encuesta fue encontrar que la gente descansa más consigo misma que en compañía de familiares y amigos. Un estudio hecho en 1997 encontró que los jóvenes que pasan tiempo a solas tienen experiencias positivas con la soledad en el futuro. Según la autora, esto se debe a que en soledad la gente aclara la mente, se enfoca y piensa con mayor profundidad. Pero con la soledad no hay que exagerar. Solo basta un par de horas para obtener el beneficio.

 

4. Escuchar música

 

Algunos estudios han revelado que la música hace sentir a las personas una gama de emociones. Pero lo más importante es su capacidad para introducir al individuo en un estado mayor de actividad. El trabajo mostró que la hostilidad, la irritabilidad y el estrés disminuyen luego de que la música suena y que el efecto mayor es el aumento de la capacidad de inspiración.

 

5. No hacer nada

 

Aunque es una de las que más ayudan al reposo es la que menos se practica por la idea errada de que esto equivale a perder el tiempo. Muchos, de hecho, cuando no están haciendo nada usualmente se sienten sin rumbo. Además porque no es una actividad en sí, sino un ejercicio de sedentarismo. Sin embargo, los estudios señalan que en estos momentos de inactividad total la mente da vía libre a los momentos eureka. El cerebro depende de este tiempo de inactividad para cargar baterías, procesar información y reforzar aprendizajes. Por eso hay que combatir esa idea de que no hacer nada es una pérdida de tiempo.

 

6. Una buena caminata

 

Caminar es un ejercicio fácil, de bajo impacto, que se adapta al horario de la persona. Además se puede hacer en muchas partes, incluida la oficina. Los estudios señalan que cuando la gente camina el cuerpo se relaja y “envía señales de calma a la mente que ayudarán a reducir la tensión”. Este tipo de ejercicio, además, eleva el nivel de hormonas como las endorfinas que reducen el cortisol y la adrenalina, precursores del estrés.

 

7. Un baño caliente

 

De acuerdo a estudios, un baño en la tina con agua caliente aumenta el flujo de sangre, lo que reduce dolores así como la rigidez de los músculos y articulaciones. Esto implica una mente y un cuerpo más relajados. En un día muy estresante, dice Hammond, nada mejor que meterse en la tina.

 

8. Soñar despierto

 

La ciencia dice que la gente pasa tanto tiempo dormido como soñando despierto. El problema es que esto último es mal visto porque se relaciona con falta de atención. Sin embargo, el estado natural de la mente es deambular, lo que permite el surgimiento de pensamientos que no están atados al ambiente externo del momento ni a lo que está haciendo. Esta actividad mental está asociada a mayor creatividad y a mejor planeación y solución de problemas.

 

9. Ver televisión

 

Los neurocientíficos señalan que cuando la gente está frente a un televisor, las zonas que desarrollan las altas funciones cerebrales como la neocorteza se apagan, pero la corteza visual se estimula. Esto hace que el cerebro quede en un estado de descanso, pues aunque las neuronas siguen activas, la mente no está muy comprometida con dicha actividad. En cierto modo no está descansando cien por ciento, pero tampoco está trabajando a toda su potencia. Eso explicaría ese noveno lugar.

 

10. Meditar

 

Descansar el cuerpo es imposible cuando la mente no se calma. Por eso es importante que cuando la persona quiera relajarse totalmente, también lo haga con la mente. Una de las maneras de lograrlo es con meditación tipo Mindfulness, a la cual Hammond define como poner atención en una manera particular, en el momento presente y sin juicios. “Solo cancelar el teléfono y el televisor en estas sesiones ya provee un gran descanso”, concluye Hammond.

 

*Publicado originalmente en Semana.com

 

 

ACI - 20.01.2020

 

Foto: katemangostar

 

El chisme destruye al hombre a través de la calumnia, la murmuración y la mentira. El chisme no construye nada bueno, al contrario, hace mucho daño. Por eso, compartimos el siguiente artículo escrito por el Padre Dwight y publicado en el National Catholic Register, en el cual entrega 10 maneras de detener el chisme ya sea en la escuela, trabajo, familia o vida parroquial.

 

“Casi siempre los chismes se tratan de medias verdades. Una persona obtiene un lado de la historia y una parte de la verdad, luego saca la conclusión equivocada y le dice a otra persona. La mentira se vuelve exagerada y se extiende aún más. En poco tiempo las personas inocentes son arrastradas a una vorágine de chismes, insinuaciones y mentiras”, sostiene.

 

Aquí las 10 maneras propuestas por el sacerdote para detener el chisme:

 

1. No creer en nadie y creer en todos

 

“En otras palabras, cree lo que la persona te ha dicho. Realmente piensan que lo que han dicho es verdad y desde su punto de vista es cierto. Sin embargo, recuerde que siempre, siempre, siempre hay otro lado de la historia. Por lo tanto, no les creas. Detente y muerde tu lengua”, sostiene el párroco.

 

2. Reunir todos los hechos

 

El sacerdote indica que no se debe tomar la palabra de nadie reunir los hechos que en realidad ocurrieron, sino averiguar “realmente con tantas personas como sea posible”.

 

3. Ir a la fuente

 

“Por el amor de Dios, tenga el coraje, la gracia y el sentido común para ir a la fuente. Si Mildred habla sobre George, ve directamente a George para averiguar los hechos”, afirma el P. Dwight.

 

4. Dar a todos el beneficio de la duda

 

El presbítero sostiene que siempre es bueno creer lo mejor y no lo peor, es decir, que “si escuchas algo malo acerca de alguien, imagina por qué lo hicieron (si realmente lo hicieron) y cuáles podrían ser sus buenas motivaciones”.

 

5. Callarse

 

“No tienes que hablar y contarle todo a todo el mundo. Incluso un tonto es considerado sabio si mantiene la boca cerrada. Habla la mitad de lo que escuchas”, aconseja el P. Dwight.

 

6. Desafiar los chismes

 

El sacerdote indica que uno no debe ser crédulo y preguntar directa pero dulcemente a la persona: “¿De verdad sabes si esto es cierto?”.

 

7. Desafiar el chisme con dureza

 

“¡Lo que me estás diciendo es un chisme sucio y destructivo! ¡Me niego a creerlo y creo que deberías mantener la boca cerrada!”, es otra opción que da el párroco, quien asegura que esta no gustará.

 

8. Fijar los ojos en la verdad

 

“¿Por qué perder el tiempo en chismes tontos e inútiles?”, pregunta el P. Dwight.

 

9. Enfocarse en los demás

 

El P. Dwight intenta pensar cómo piensan quienes propagan los chismes: “¿Sabes por qué te gustan los chismes? Porque te hace sentir superior. Chismeas negativamente sobre otros porque piensas que eres mejor que ellos. Entonces envenenarías y destruirías sus vidas para sentirte bien por un momento”.

 

10. Orar por las personas involucradas

 

El presbítero concluyó que debe ofrecerse una oración por quienes propagan el chisme diciendo “Señor, ten piedad”.

 

Más de este tema >

 

ACI - 13.09.2019

 

Foto: katemangostar  

 

Todos los santos entendieron que la humildad es la manera de lograr una buena autoestima, la confianza en el valor o las habilidades de uno, al depender de Dios en lugar de uno mismo. En ese sentido, la Madre Teresa llamó a la humildad “la madre de todas las virtudes”. “Si eres humilde, nada te tocará, ni elogios ni vergüenzas, porque sabes lo que eres. Si te culpan, no te desanimarás. Si te llaman santo no te pondrás en un pedestal”, dijo la santa.

 

De esta manera, la Madre Teresa elaboró una lista sobre formas de cultivar la humildad para las Misioneras de la Caridad, la congregación que fundó:

 

1. Habla lo menos posible sobre ti.

 

2. Mantente ocupado en tus propios asuntos y no con los de los demás.

 

3. Evita la curiosidad (se refiere a querer saber cosas que no deberían preocuparte).

 

4. No interferir en los asuntos de los demás.

 

5. Acepta pequeñas irritaciones con buen humor.

 

6. No te detengas en las faltas de los demás.

 

7. Acepta censuras incluso si no son merecidas.

 

8. Ceder a la voluntad de los demás.

 

9. Acepta insultos y heridas.

 

10. Acepta el desprecio, ser olvidado y desatendido.

 

11. Sé cortés y delicado incluso cuando seas provocado por alguien.

 

12. No busques ser admirado y amado.

 

13. No te protejas detrás de tu propia dignidad.

 

14. Cede en discusiones, incluso cuando tengas razón.

 

15. Elige siempre la tarea más difícil.

 

Tres mitos sobre la humildad

 

Asimismo, en 2016, durante una homilía dominical, el pastor asociado en la Catedral del Espíritu Santo en Bismarck (Estados Unidos) identificó tres mitos sobre la humildad, que a veces es mal entendida como sinónimo de autodesprecio:

 

Primer mito: Las almas humildes carecen de confianza

 

“Las personas más humildes son algunas de las más seguras y, a veces, algunas de las personas más orgullosas son las más inseguras", dijo. “Las almas humildes saben que su vida depende de Dios y saben qué valorar: las cosas que duran no pasan. Valoran al Señor sobre cualquier otra cosa”, explicó.

 

Segundo mito: La humildad no es atractiva

 

“La verdadera humildad es atractiva. Es la persona humilde que escucha y se preocupa por los demás en lugar de centrarse en sí misma y tratar de verse bien”, afirmó el presbítero.

 

Tercer mito: Las personas humildes quieren ser reconocidas como humildes

 

El P. Johnson explicó que querer parecer humilde es falsa humildad. El humilde simplemente quiere hacer algo porque es correcto y no porque esté buscando elogios.

 

“Nuestro mayor obstáculo para acercarnos a Dios es cuando confiamos más en nosotros que en Él. Cuando miramos un crucifijo, vemos a un hombre humilde y que no se trata de sí mismo. Vemos un hombre que es para los demás. Que podamos imitar esa humildad para que podamos experimentar a Dios en su plenitud”, afirmó.

 

*Publicado originalmente en Aciprensa

 

Por Andrea Pérez / PildorasdeFe.net - 02.12.2019

 

Foto: Freepik

 

Preocuparse puede ser útil cuando este nos impulsa a tomar una acción inmediata y resolver un problema. Pero si te estás preocupado por un "qué pasaría si" o "si me sucede esto", entonces, la preocupación puede convertirse en un gran problema.

 

Dudas implacables y temores que asaltan la mente pueden llegar a ser verdaderamente paralizante. Ellos pueden minar la energía emocional, enviando los niveles de ansiedad y angustia muy encima de lo normal, interfiriendo así con la vida diaria. Uno puede llegar a sentir completamente tocando fondo, atrapado y sin salida.

 

La preocupación en exceso puede incluso ahogar sus sueños, frustrar todas sus cosas presentes y hacer que sus relaciones con los demás se vean afectada drásticamente, también. A nadie le gusta estar cerca de un profeta del pesimismo.

 

Pero, la preocupación crónica a es un mal hábito que puede romperse. Usted puede entrenar su alma, su corazón, su mente y su espíritu para mantener la calma y ver la vida desde una perspectiva más esperanzadora y con mucho más fe.

 

En un fragmento del libro de Relaciones Humanas, del Obispo Rogelio Sánchez, podemos encontrar algunas formas para enfrentar las preocupaciones. Sin ningún orden en particular:

 

1. Preocupaciones presentes

 

Si nuestra preocupación es por algo presente, es útil el analizar cuidadosamente el problema. Después que se haya analizado el problema entonces hay que buscar lo que se puede hacer para solucionarlo, y finalmente decidirse por alguno de los medios que aparecen.

 

2. No hacer grande lo que es pequeño

 

No agitarse por naderías. Válgase de aquel dicho popular: "Más se perdió en el diluvio". Puede que le estés dando a ese problema mayor tiempo del que realmente requiere.

 

Puede que estés alimentando una ardilla con comida para elefante. Detente. Mira el problema de raíz. Evalúa el problema y toma nota de cómo resolverlo.

 

3. Alegrarnos de lo que tenemos

 

No prestar atención fija en lo que no tenemos y que quizá ni falta nos hace. Muchas de nuestras exigencias no nos hacen felices, solo crean servidumbres y preocupaciones.

 

4. No hagas caso a críticas o burlas

 

Hagamos el bien y dejemos que critiquen, pues las críticas siempre existirán. Es frecuentemente que se critique a personas que valen y precisamente porque algo se están destacando.

 

También a Cristo lo criticaron y aun lo traicionó un amigo. Que las críticas nos ayuden a perfeccionarnos, tómalas para bien.

 

5. Poner todo en las manos de Dios

 

El encomendarse a Dios y confiar en su poder y en su amor a nosotros, disipa muchas preocupaciones y la ansiedad

 

La oración confiada es de lo mejores medio para tranquilizar en los problemas y para resolverlos mejor. Cristo sufría en el huerto de los olivos y le dio fortaleza.

 

Un consejo extra

 

Aunque el ejercicio en realidad no puede llegar a resolver los problemas que están causando la ansiedad, participar en alguna actividad deportiva y tomar un descanso de esas preocupaciones puede relajar tu mente y su cuerpo y hacer que pienses luego de una forma más clara. 

 

*Publicado originalmente por Pildorasdefe.net

 

 

Por Pablo Perazzo//catholic-link.com - 26.08.2019

 

Foto: Freepik 

 

Nuestra vida tiene ocasiones de alegría y tristeza, luz y sombra, sufrimiento y júbilo, desánimo y entusiasmo. Y en esos momentos de sufrimiento nos cuestionamos muchas cosas, entre ellas la felicidad. Sin embargo, de las situaciones más duras podemos salir fortalecidos si las sabemos aprovechar. Así lo expone Pablo Perazzo (filósofo, educador y autor del libro «Yo también quiero ser feliz») en las siguientes líneas.

 

1. ¿Por qué permite Dios que suframos?

 

No siempre vivimos en alegría y júbilo. Más bien, son muchos los momentos que atravesamos valles oscuros, y pareciera que las tinieblas se adueñaran de nuestra vida, como esos «valles de lágrimas» que solemos rezar en la oración de «la Salve».

 

Son esos momentos en que nos sentimos perdidos y creemos que Dios nos abandonó. Lo cuestionamos, a veces incluso renegamos o llegamos al punto de alejarnos de Él. No obstante, Dios sigue con nosotros. Esos son los momentos en que más debemos buscarlo y confiar en Él. En vez de cuestionar y reclamar, deberíamos preguntarle ¿qué quieres de mí? Son ocasiones que Dios quiere que lo amemos más, y crezcamos en nuestra fe y esperanza.

 

2. ¿Cómo sufrir y ser feliz?

 

Quiero compartirles una clave de oro, fruto de mi propia experiencia de vida y del testimonio que percibo en muchísimas personas. Ya sea en charlas que doy o hablando sobre el «Kerygma» de la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo. Últimamente, conversando con personas que participan de talleres de ayuda para superar el duelo (te recomiendo la conferencia «El Duelo») que es ese dolor, fruto del fallecimiento de algún ser querido, e incluso personas que pasan por experiencias dolorosas, como son la separación o divorcio de la persona amada.

 

Descubrí que el amor es la fuerza más poderosa que existe, supera ampliamente nuestras experiencias de sufrimiento. Vivir y transmitir el amor es fomentar poco a poco una manera de vivir que trasciende nuestra condición de dolientes. Se trata de sentir el amor que recibimos de Dios y nuestros familiares o amigos más íntimos, así como compartir ese amor que llevamos en el corazón con las demás personas.

 

Es el camino para no quedarnos dando vueltas, encerrados en nosotros mismos, como «un perro que da vueltas queriendo morderse la cola». De a poquitos nos vamos hundiendo y perdemos el horizonte que estamos llamados a vivir, porque solamente tenemos presente el dolor.

 

3. ¿Cómo es posible que ese amor nos ayude a ser felices en medio del sufrimiento?

 

En primer lugar tenemos que aceptar la cruz, el sufrimiento. Aceptarlo y vivir cargando esa cruz que por supuesto nos duele y nos cuesta. Pero solamente cuando aceptamos que estamos afligidos y lloramos por nuestra condición, es que Dios puede entrar en nuestros corazones.

 

Pensemos por ejemplo en la tercera Bienaventuranza: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mateo 5, 3 – 12). El dolor es parte de la vida, nadie puede escapar a él.

 

No somos felices porque lloramos, sino porque el Señor puede consolarnos. Cuando realmente nos acercamos a Dios tristes y agobiados (Mateo 11, 28 – 30), experimentamos su mansedumbre y humildad de corazón. Un corazón misericordioso que conoce, mejor que nadie, nuestro dolor.

 

4. Compartir con los demás el amor

 

Como personas, estamos hechos por Dios para amar. El sentido de nuestra vida es, fundamentalmente, amar. Si no amamos, perdemos paulatinamente el propósito de nuestras vidas y por consiguiente las ganas de vivir. Nada nos apela, todo se ve gris y no queremos hacer nada. El amor es como un impulso, una fuerza que nos alienta y nos da las fuerzas para vivir. Además, el hecho de amar en sí mismo, ya es una experiencia que sana el dolor que llevamos en el corazón.

 

Fundamentalmente, amar a los demás es un camino que nos hace dejar de mirar nuestros problemas. Los ponemos en su debido lugar, y nos damos cuenta de que la vida es muchísimo más que la cruz que debemos cargar. Es más, en la medida que salimos al encuentro de los demás, percibimos que lo que nos va enseñando el viñador – Dios Padre – son dones y bendiciones para poder ayudar más y mejor a los demás.

 

Así que… ¡ánimo! No perdamos nunca la esperanza cuando estemos en valles oscuros, sumidos en el sufrimiento. El Señor nunca nos abandona, quiere que crezcamos y maduremos para ayudar a otras personas que también pasan por momentos de sufrimiento.

 

*Publicado originalmente en Catholic Link

 

 

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

            

logo pie

© 2020 Corporación CED - all right reserved - desarrollado por Webpyme