Por Víctor Ruiz/Forumlibertas.com - 18.01.2018 

 

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“El sorprendente hallazgo es que nuestras relaciones y lo felices que somos en nuestras relaciones tiene una poderosa influencia en nuestra salud. Cuidar tu cuerpo es importante, pero atender tus relaciones también es una forma de auto cuidado. Esa, creo, es la revelación”.

 

Con estas palabras, Robert Waldinger, director de un estudio resumido en ‘Good genes are nice, but joy is better’ (‘Los buenos genes son agradables, pero la alegría es mejor’), publicado el pasado 11 de abril, concreta buena parte de las conclusiones de un trabajo científico que ha durado casi 80 años y que viene a constatar que vivir con alegría y tener unas relaciones satisfactorias son sinónimos de una vida larga y saludable.

 

Waldinger, psiquiatra del Hospital General de Massachusetts y profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, considera que esos aspectos proporcionan más bienestar y buena salud que el dinero o la fama.

 

Además, otro de los directores del estudio afirma que la satisfacción de los matrimonios estables tiene un efecto protector sobre la salud mental de las personas.

 

Satisfecho a los 50, saludable a los 80

 

Los lazos que crean unas buenas relaciones “protegen a las personas de los descontentos de la vida, ayudan a retrasar el deterioro mental y físico y son mejores predictores de vidas largas y felices que la clase social, el cociente intelectual o incluso los genes”, señala el estudio.

 

Los investigadores que han estudiado a fondo los datos, incluidos los extensos registros médicos y cientos de entrevistas y cuestionarios en persona, encontraron una fuerte correlación entre las vidas florecientes de los hombres y sus relaciones con la familia, los amigos y la comunidad.

 

De hecho, los estudios contenidos en este informe a lo largo de los años llegaron a la conclusión de que el nivel de satisfacción de las personas con sus relaciones a los 50 años era un mejor predictor de la salud física que sus niveles de colesterol.

 

“Cuando reunimos todo lo que sabíamos sobre ellos a la edad de 50 años, no fueron sus niveles de colesterol de mediana edad los que predijeron cómo iban a volverse viejos. […] Fue lo satisfechos que estaban en sus relaciones. Las personas que estuvieron más satisfechas en sus relaciones a los 50 años fueron las más saludables a los 80”.

 

Pero, “¿Qué nos mantiene felices y sanos a medida que avanzamos en la vida?”, se pregunta Waldinger en este video (ver aquí). “Si crees que es fama y dinero, no estás solo, pero, estás equivocado”, responde.

 

 
Robert Waldinger. TED: What makes a good life?

 

Como director de un estudio tan extenso sobre el desarrollo de adultos, Waldinger tiene acceso sin precedentes a datos sobre la verdadera felicidad y satisfacción. En esta charla, él comparte tres lecciones importantes aprendidas del estudio, así como también sabiduría práctica y antigua sobre cómo construir una vida larga y plena.

 

“¿Qué lecciones surgen de las decenas de miles de páginas de información que generamos sobre estas vidas?”, plantea en el video. “Bueno, las lecciones no tienen nada que ver con riqueza, fama, ni con trabajar mucho. El mensaje más claro de estos 75 años de estudio es este: las buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables. Punto.”, explica.

 

“Las personas con más vínculos sociales con la familia, los amigos, la comunidad, son más felices, más sanos y viven más que las personas que tienen menos vínculos”, añade en su charla.

 

El matrimonio sana, la soledad mata

 

Por otra parte, los investigadores también encontraron que la satisfacción matrimonial tiene un efecto protector sobre la salud mental de las personas. Parte de uno de los estudios concluyó que las personas que tenían matrimonios felices en sus 80 años informaron que sus estados de ánimo no sufrieron incluso en los días en que tenían más dolor físico. Por el contrario, aquellos que tuvieron matrimonios infelices sintieron dolor emocional y físico, dice el informe.

 

Aquellos que mantuvieron relaciones cálidas vivieron más tiempo y más felices, asegura Waldinger, y los solitarios a menudo morían antes. “La soledad mata, es tan poderoso como fumar o el alcoholismo”. Así, quienes tuvieron un fuerte apoyo social “experimentaron menos deterioro mental a medida que envejecían”, añade.

 

Envejecimiento saludable

 

“Las buenas relaciones no solo protegen nuestros cuerpos; protegen nuestros cerebros”, asegura Waldinger. “Y esas buenas relaciones, no tienen que ser fluidas todo el tiempo. Algunas de nuestras parejas octogenarias podían discutir día tras día, pero siempre y cuando sintieran que realmente podían contar con el otro cuando las cosas se ponían difíciles, esos argumentos no afectaban sus recuerdos”, destaca.

 

Uno de los psiquiatras que se sumó al estudio, George Vaillant, que se unió al equipo como investigador en 1966 y dirigió los trabajos desde 1972 hasta 2004, hablaba en su libro Envejecer bien sobre seis factores predecían el envejecimiento saludable para los hombres de Harvard: actividad física, ausencia de abuso de alcohol y tabaco, mecanismos maduros para enfrentar los altibajos de la vida y disfrutar de un peso saludable y un matrimonio estable.

 

La investigación de Vaillant destacó el papel de estos factores de protección en el envejecimiento saludable. Cuantos más factores tenían los sujetos, mejores eran las probabilidades de que tuvieran vidas más largas y felices.

 

“Cuando comenzó el estudio, a nadie le importaba la empatía o el apego, […] Pero la clave para un envejecimiento saludable son las relaciones, las relaciones y las relaciones”, afirma Vaillant en su libro.

 

De hecho, el estudio concluye que el papel de la genética y los ancestros de larga vida resulta ser menos importante para la longevidad que el nivel de satisfacción con las relaciones en la mediana edad, ahora reconocido como un buen predictor del envejecimiento saludable.

 

Casi 80 años de estudio

 

Además de Valdinger y Vaillant, un total de cuatro directores, con diferentes puntos de vista, se han hecho cargo del estudio a lo largo del tiempo. El primero de ellos, Clark Heath, se mantuvo activo desde 1938 hasta 1954 y sus conclusiones reflejaban la visión dominante de la era sobre la genética y el determinismo biológico.

 

Los primeros investigadores creían que la constitución física, la capacidad intelectual y los rasgos de personalidad determinaban el desarrollo de los adultos, e hicieron mediciones antropométricas detalladas de cráneos, puentes de cejas y lunares, escribieron notas en profundidad sobre el funcionamiento de los órganos principales, examinaron la actividad cerebral a través de electroencefalogramas e incluso analizaron la escritura de los hombres.

 

Pero, ahora, los investigadores extraen sangre de hombres para pruebas de ADN y los colocan en escáneres de MRI para examinar órganos y tejidos en sus cuerpos, procedimientos que habrían sonado como ciencia ficción en 1938. En ese sentido, el estudio en sí representa una historia de los cambios que la vida trae.

 

En todo ese tiempo, después de un seguimiento de casi 80 años como parte del Estudio Harvard de Desarrollo de Adultos, uno de los estudios más largos del mundo sobre la vida adulta, los investigadores han ido recopilando una gran cantidad de datos sobre su salud física y mental que ahora se hacen públicos.

 

 

Mejorconsalud.com – 18.12.2017

 

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Hay situaciones que nos quitan el sueño, nos roban la tranquilidad y si lo permitimos se apropian de nuestra mente y de nuestra vida. Por eso conviene detectarlas a tiempo y afrontarlas de la mejor manera. 

 

Los siguientes son diez ladrones de energía que, según el líder espiritual Dalai Lama, provocan una disminución en nuestra motivación, estado de ánimo y productividad, así que toma nota:  

 

1. Las personas tóxicas

 

“Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente”.

 

Este tipo de personas nos agotan y nos restan. Así que, si es posible, aléjate de esa persona, y si es alguien muy cercano que no se puede evitar, busca que no te arrastre hacia sus tormentas.

 

2. Las deudas

 

“Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle”. 

 

Ser responsable con las deudas nos ayuda a estar tranquilos con nosotros mismos y con los demás. Es mejor hacer todo lo que nos sea posible por liberarnos de las deudas y no tener que escondernos o avergonzarnos por no haberlas pagado. 

 

3. Las promesas pendientes

 

“Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio”.

 

Ser personas de palabra es una de las cualidades más valoradas en las relaciones interpersonales. Esto, sin duda, es una característica que va más allá porque refleja buenas intenciones y consideración hacia los demás.

 

4. No escuchar nuestros intereses

 

“Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas”. 

 

No se trata de evadir nuestras responsabilidades, pero sí de tener conciencia de que en ocasiones lo mejor es darle la labor a alguien que lo puede hacer mejor o que puede tomar tu lugar cuando no te sientes en las mejores condiciones de hacerlo. Asimismo, esto nos recuerda que es importante realizar las cosas que son verdaderamente significativas en nuestras vidas.

 

5. No descansar ni actuar

 

“Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad”. 

 

Hay diferentes ritmos en el día a día y cada uno de nosotros debemos saber cómo actuar ante ello. Muchas veces no parar cuando lo necesitamos puede ser un gran error, y así mismo, no actuar cuando podemos, puede generarnos futuros arrepentimientos.

 

6. El desorden

 

“Tira, levanta y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas”. 

 

Desde las cosas físicas hasta lo espiritual, es muy importante botar aquello que no necesitamos, dejar atrás todo lo que sea pasado y tomar sólo aquellas cosas que nos permiten organizarnos para vivir bien el presente y cumplir sueños a futuro.

 

7. No cuidar tu salud

 

“Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos”. 

 

De nada nos sirve tener el mejor trabajo, mucho dinero y los mejores bienes, si no gozamos de buena salud y no cuidamos nuestro cuerpo. Para disfrutar de la vida con las mejores energías, debemos dedicarle un merecido tiempo a nuestro cuerpo para desintoxicarlo, meditar, consentirnos, alimentarnos bien, hacer ejercicios, consultar al médico y hacer todo lo necesario por estar bien de salud.

 

8. Las situaciones difíciles

 

“Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria”. 

 

Enfrentar las situaciones es la manera más saludable de asumir las cosas y no dejar que se conviertan en algo peor. Es importante analizar y decidir a tiempo, ya que posponer o ignorar las cosas nos puede generar estrés, dificultad para enfocarnos y problemas más difíciles de solucionar.

 

9. No aceptar

 

“Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”. 

 

Aunque muchos confiamos en que nada es imposible y que la esperanza es lo último que se pierde, en ocasiones la vida nos pone ante situaciones en las que debemos aceptar que no podemos cambiar las cosas y que la única forma será aceptar. Aceptar no quiere decir que debamos dejar de luchar, cuando aceptamos que no podemos cambiar algo, también tenemos la posibilidad de cambiar el plan y buscar nuevas oportunidades.

 

10. No perdonar

 

“Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo”. 

 

Una de las fuentes más grandes de energía es el amor y estar conectados a Dios para aprender a perdonar. Es cierto que muchas veces la vida nos pone ante situaciones que nos llenan de ira, de dolor, de rencor y de miedos, que difícilmente podemos superar. Sin embargo, cuando decidimos no alimentar esos sentimientos y empezar a perdonar, todo en nuestra vida mejora y con el tiempo nos damos cuenta que hemos tomado una buena decisión. El odio, el rencor y la ira son sentimientos que no nos aportan nada bueno y nos pueden llevar a tomar malas decisiones.

 

 

Powerofpositivity.com - 08.09.2017

 

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El conflicto es una parte inevitable de la vida. El único aspecto de un conflicto que podemos controlar es cómo reaccionamos. Esto no quiere decir que superar este proceso “automático e inconsciente” sea fácil; no, no lo es. Pero podemos aprender.

 

Podemos aprender a reconocer, admitir y manejar nuestras emociones negativas. Podemos anular, hasta cierto punto, esta respuesta fisiológica innata. Los expertos de la web Power of positivity nos explican cómo hacerlo:

 

1. Tome respiraciones profundas

 

Por qué: La capacidad de permanecer relajado y centrado durante un conflicto depende de su capacidad para destensar el cuerpo. La respiración superficial es la respuesta innata del cuerpo cuando se enfrenta con el estrés. Anulando esta respuesta natural y practicando la respiración profunda, ayudará al cuerpo a permanecer tranquilo.

 

Cómo: inhalar profundamente por la nariz antes de exhalar lentamente a través de la boca. Las respiraciones suaves y profundas cesarán la producción de dos hormonas de estrés: la adrenalina y el cortisol.

 

2. Concéntrese en su cuerpo

 

Por qué: Concentrarse en cualquier sensación física que surja en un conflicto le permite cambiarla conscientemente. Cuando su enfoque cambia al cuerpo, puede sentir la tensión, respiración superficial, etc., que acompaña al estrés.

 

Cómo: Cuando note que su cuerpo comienza a tensarse, devuelva su postura a un estado neutral relajando sus hombros y manos. Esta posición abierta comunica positividad usando el lenguaje corporal – y a menudo ayuda a relajar el conflicto.

 

3. Escuchar activamente

 

Por qué: Una persona iniciará una disputa, o algún otro tipo de conflicto, si siente que no está siendo escuchada. Además, es imposible relajar un conflicto sin escuchar de forma atenta y activa. 

 

Cómo: Cuando alguien está hablando, centrar toda su atención en lo que dice la persona. Ignore cualquier pensamiento de construir una respuesta. Una vez que la persona termina de hablar, usted tiene la información necesaria para responder con inteligencia.

 

4. Haga preguntas abiertas

 

Por qué: Las preguntas abiertas son invaluables en la resolución de conflictos. En primer lugar, las preguntas abiertas demuestran que usted está escuchando atentamente. En segundo lugar, este tipo de preguntas muestran respeto por la persona al permitirles articular sus pensamientos.

 

Cómo: Aprender a hacer preguntas abiertas puede ser un poco complicado para algunas personas. La manera más fácil de evitar las preguntas “Sí” o “No” es no usar las palabras “Hacer”, “No hacer”, “Hazlo” y “No lo hagas” al hacer una pregunta. En su lugar, utilice las palabras “qué”, “por qué”, “cuándo” y “cómo”. Pruébelo ahora. ¿Observa la diferencia?

 

5. Mantenga la voz baja

 

Por qué: La forma más fácil de escalar el conflicto es elevar la voz. Por otro lado, una de las maneras más fáciles de relajar el conflicto es reducir la voz. El nivel de voz también está relacionado con la presión arterial. Cuando la presión de la sangre alcanza cierto punto, se hace más difícil entender lo que se está comunicando.

 

Cómo: El primer paso es rebajar la ira inicial de la otra persona. No podrá hacerlo levantando la voz. Por otro lado, usted puede transmitir rápidamente una sensación de calma al tomar la decisión consciente de bajar la voz.

 

6. De acuerdo en el desacuerdo

 

Por qué: No todos los conflictos producirán resultados amistosos o mutuamente aceptables. Sin embargo, puede evitar profundizar el conflicto desentendiéndose cortésmente de la conversación.

 

Cómo: Una ley del conflicto interpersonal es que se necesitan dos participantes. Dejar una discusión es apropiado bajo una de estas dos circunstancias: (1) la persona se vuelve cada vez más hostil, o (2) la conversación, a pesar de sus mejores esfuerzos, no va a ninguna parte.

 

En conclusión, los seres humanos somos criaturas emocionales – y esta capacidad de sentir puede ser utilizada para nuestra ventaja o en nuestro detrimento. También es importante perdonarse si actúa de manera impropia. Siguiendo uno o más de los seis consejos dados, seguramente se sentirá más confiado en cualquier conflicto. Como resultado, usará sus emociones y la autorregulación para su beneficio. Al hacerlo, usted ganará confianza y la confianza de las personas en usted es buena.

 

*Traducción de Conocersalud.com

 

lamenteesmaravillosa.com – 22.09.2017

 

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La inmadurez emocional podría definirse como una condición en la que las personas no han renunciado a los deseos o fantasías de la infancia que tienen que ver con que el mundo gire en torno a sí, o que la realidad se doblegue en función de lo que quieren. Así mismo, la madurez emocional podría definirse como un estado de fortaleza y templanza que conduce a actuaciones realistas y equilibradas.

 

Más que por una definición en abstracto, la madurez o inmadurez se muestra a través de rasgos de comportamiento. A continuación la autora Edith Sánchez del portal Lamenteesmaravillosa.com, comparte una lista de cinco características que son propias de las personas emocionalmente inmaduras: 

 

1. Las personas que son egocéntricas

 

Buena parte del proceso de maduración en las personas consiste en entender que el mundo no gira alrededor de ellas. El bebé no lo sabe. Por eso, pide comida a las 2 de la mañana y le tiene sin cuidado si esto afecta el sueño de sus padres. A medida que crece, aprende a reconocer que no siempre se obtiene todo lo que se desea, y que otras personas y sus necesidades también habitan el universo.

 

Madurar implica salir de la cárcel del yo. Significa perder esa ilusión que rodea la vida del bebé: basta con pedir para que una necesidad o un deseo sea satisfecho. Cuando poco a poco vamos renunciando a esa fantasía, también nos vamos haciendo conscientes de una hermosa posibilidad: la aventura de explorar el universo de los demás. Si todo sale bien, aprendemos a preservar el yo y a alcanzar el tú.

 

2. Dificultad para asumir compromisos

 

Una señal inequívoca de inmadurez en las personas es la dificultad para asumir compromisos. Al niño le cuesta renunciar a lo que quiere en ese momento para conseguir un objetivo mayor a largo plazo. Si le damos una golosina y le prometemos que si no se la come durante un tiempo le daremos otra, el deseo de comerse la que tiene en la mano se impondrá.

 

3. Tendencia a culpar a los demás

 

Los niños se asumen a sí mismos como seres dirigidos por otros, que no actúan a voluntad. En gran medida lo son, en tanto están en un proceso de formación y de inserción en la cultura. Mientras son pequeños, creen que el error debe llevar a la culpa. No les importa tanto el daño que hicieron, sino el castigo o la sanción que puedan imponerles.

 

Crecer es salir de ese estado de dulce irresponsabilidad. Madurar es ir entendiendo que somos los únicos responsables de lo que hacemos o dejamos de hacer. Aprender a reconocer los errores y sacar de ellos nuevos aprendizajes. Saber reparar los daños. Saber pedir perdón.

 

4. Establecer lazos de dependencia

 

Para las personas inmaduras, los demás son un medio y no un fin en sí mismos. Así, como medios que son, en su óptica, los necesitan. No necesitan a los demás porque los quieren, sino que los quieren porque los necesitan. De ahí que suelan construir lazos en los que hay fuertes dependencias.

 

Para poder establecer vínculos basados en la libertad, se requiere que haya autonomía. Sin embargo, las personas inmaduras no tienen claro el concepto de autonomía. A veces piensan que hacer su voluntad es un comportamiento autónomo. Pero a la hora de asumir las consecuencias de los actos, necesitan de los demás para que amortigüen, oculten o aligeren la responsabilidad.

 

5. Irresponsabilidad en el manejo del dinero

 

La impulsividad es uno de los rasgos más salientes de las personas inmaduras. Una impulsividad que se expresa muchas veces en la forma que tienen de administrar sus recursos, como el dinero. Así, con el fin de satisfacer sus deseos, y satisfacerlos ya, no tienen problema en comprar lo que no necesitan con el dinero que no tienen.

 

A veces se embarcan en aventuras financieras descabelladas. No evalúan con objetividad las inversiones y les cuesta proyectarse a medio y largo plazo. Por eso es frecuente que vivan endeudados, todo por satisfacer caprichos.

 

 

Todos estos rasgos de inmadurez no surgen o se mantienen por decisión consciente de las personas. Casi siempre obedecen a vacíos o grietas durante la crianza. También pueden ser una consecuencia de experiencias desafortunadas que les han impedido evolucionar. Si eres así, o conoces a alguien así, no se trata de que le señales. En realidad lo importante es tomar conciencia de que impulsar tu propio crecimiento puede conducirte a una vida mejor.

 

 

LaFamilia.info - 12.06.2017

 

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Decía Alejandro Magno que “Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”.

 

El autoconocimiento nos permite afrontar mejor diversas situaciones de nuestro día a día, así que con la siguiente descripción podrás descubrir o confirmar si tienes más rasgos relacionados con la extroversión o con la introversión. 

 

¿Cómo es una persona extrovertida y una introvertida?

 

Una persona extrovertida es la que está abierta hacia "fuera", hacia el mundo de las personas, de las cosas, de los acontecimientos, tanto para extraer de allí su energía como para dejar allí la huella de su acción. 

 

La introversión es la orientación del sujeto hacia "dentro", hacia el mundo de los pensamientos y de la reflexión, tanto para renovarse como para expresarse en él. 

 

El extrovertido normalmente tiende primero a actuar, y después, a reflexionar. El introvertido reflexiona durante largo tiempo antes de pasar a la acción. Para el primero los pasos serían: acción reflexión-acción; para el segundo, reflexión-acción-reflexión. 

 

El extrovertido piensa en voz alta; necesita hablar para organizar su pensamiento; es normal que en muchas ocasiones resulte contradictorio. El introvertido sólo habla después de pensarlo mucho. Sólo expresa lo que le parece serio y definitivo. 

 

Cuando se encuentra una persona extrovertida y una introvertida pueden surgir conflictos ya que para el introvertido cree que lo que él ha expresado es fruto de una larga reflexión, le sorprenden las variaciones del extravertido y le entran ganas de decirle que no habla hasta que no se aclare. El extravertido por su parte, espera un desarrollo de la primera frase, que para él no es más que el punto de partida. Está extrañado del silencio que la sigue y tiene ganas de decir "¿y qué?" 

 

Un extrovertido responde inmediatamente a la pregunta que se le hace, mientras que el introvertido toma tiempo en reflexionar, lo que lleva al extrovertido a repetirle la pregunta porque piensa que no le ha escuchado, puesto que no le ha respondido. Pero el hacerle la pregunta se molesta el introvertido pues tiene que volver a seguir reflexionando. 

 

Al extrovertido le gusta el contacto, incluso cuando es imprevisto y espontáneo; al introvertido le gusta más que le anuncien la visita. 

 

En la sociedad el extravertido es un rompedor de hielos, el que espontáneamente hace las presentaciones, establece las relaciones entre las personas, inicia las conversaciones y las anima. Tiene talento para entablar contactos. 

 

El introvertido solamente habla con facilidad de una materia que domina o que le resulta muy interesante. Su conversación mundana tiende a ser monosilábica: "Sí, no, gracias, por favor". Su talento se orienta a profundizar el contacto, lo que no quiere decir que el extravertido no profundiza o que el introvertido no sabe establecer contactos. Nos referimos a las preferencias, a lo que espontáneamente hace mejor cada uno. 

 

En las reuniones, el extravertido tiende a hablar el primero, devuelve al balón, trata de "hacer hablar" a los silenciosos, lo que, visto desde el lado del introvertido, significa con frecuencia asaltarle a preguntas, sin dejarle tiempo para responderlas. Porque el introvertido necesita tiempo; emite entonces ideas bien pensadas sobre las que vuelve con mayor dificultad que el extrovertido. Al extrovertido le gusta más comunicarse con la palabra, mientras que al introvertido lo hace mejor de manera escrita. 

 

El extrovertido expresa con facilidad sus pensamientos y sus emociones. El introvertido sólo lo expresa en un ambiente de confianza. 

 

Finalmente, cabe aclarar que ninguno es mejor que el otro, ambos tienen cosas muy valiosas; lo ideal sería tener un poco de cada uno para lograr un equilibrio. 

 

 

Fuente: buzoncatolico.com

 

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