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ACI - 13.09.2019

 

Foto: katemangostar  

 

Todos los santos entendieron que la humildad es la manera de lograr una buena autoestima, la confianza en el valor o las habilidades de uno, al depender de Dios en lugar de uno mismo. En ese sentido, la Madre Teresa llamó a la humildad “la madre de todas las virtudes”. “Si eres humilde, nada te tocará, ni elogios ni vergüenzas, porque sabes lo que eres. Si te culpan, no te desanimarás. Si te llaman santo no te pondrás en un pedestal”, dijo la santa.

 

De esta manera, la Madre Teresa elaboró una lista sobre formas de cultivar la humildad para las Misioneras de la Caridad, la congregación que fundó:

 

1. Habla lo menos posible sobre ti.

 

2. Mantente ocupado en tus propios asuntos y no con los de los demás.

 

3. Evita la curiosidad (se refiere a querer saber cosas que no deberían preocuparte).

 

4. No interferir en los asuntos de los demás.

 

5. Acepta pequeñas irritaciones con buen humor.

 

6. No te detengas en las faltas de los demás.

 

7. Acepta censuras incluso si no son merecidas.

 

8. Ceder a la voluntad de los demás.

 

9. Acepta insultos y heridas.

 

10. Acepta el desprecio, ser olvidado y desatendido.

 

11. Sé cortés y delicado incluso cuando seas provocado por alguien.

 

12. No busques ser admirado y amado.

 

13. No te protejas detrás de tu propia dignidad.

 

14. Cede en discusiones, incluso cuando tengas razón.

 

15. Elige siempre la tarea más difícil.

 

Tres mitos sobre la humildad

 

Asimismo, en 2016, durante una homilía dominical, el pastor asociado en la Catedral del Espíritu Santo en Bismarck (Estados Unidos) identificó tres mitos sobre la humildad, que a veces es mal entendida como sinónimo de autodesprecio:

 

Primer mito: Las almas humildes carecen de confianza

 

“Las personas más humildes son algunas de las más seguras y, a veces, algunas de las personas más orgullosas son las más inseguras", dijo. “Las almas humildes saben que su vida depende de Dios y saben qué valorar: las cosas que duran no pasan. Valoran al Señor sobre cualquier otra cosa”, explicó.

 

Segundo mito: La humildad no es atractiva

 

“La verdadera humildad es atractiva. Es la persona humilde que escucha y se preocupa por los demás en lugar de centrarse en sí misma y tratar de verse bien”, afirmó el presbítero.

 

Tercer mito: Las personas humildes quieren ser reconocidas como humildes

 

El P. Johnson explicó que querer parecer humilde es falsa humildad. El humilde simplemente quiere hacer algo porque es correcto y no porque esté buscando elogios.

 

“Nuestro mayor obstáculo para acercarnos a Dios es cuando confiamos más en nosotros que en Él. Cuando miramos un crucifijo, vemos a un hombre humilde y que no se trata de sí mismo. Vemos un hombre que es para los demás. Que podamos imitar esa humildad para que podamos experimentar a Dios en su plenitud”, afirmó.

 

*Publicado originalmente en Aciprensa

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