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Por Andrea Pérez / PildorasdeFe.net - 02.12.2019

 

Foto: Freepik

 

Preocuparse puede ser útil cuando este nos impulsa a tomar una acción inmediata y resolver un problema. Pero si te estás preocupado por un "qué pasaría si" o "si me sucede esto", entonces, la preocupación puede convertirse en un gran problema.

 

Dudas implacables y temores que asaltan la mente pueden llegar a ser verdaderamente paralizante. Ellos pueden minar la energía emocional, enviando los niveles de ansiedad y angustia muy encima de lo normal, interfiriendo así con la vida diaria. Uno puede llegar a sentir completamente tocando fondo, atrapado y sin salida.

 

La preocupación en exceso puede incluso ahogar sus sueños, frustrar todas sus cosas presentes y hacer que sus relaciones con los demás se vean afectada drásticamente, también. A nadie le gusta estar cerca de un profeta del pesimismo.

 

Pero, la preocupación crónica a es un mal hábito que puede romperse. Usted puede entrenar su alma, su corazón, su mente y su espíritu para mantener la calma y ver la vida desde una perspectiva más esperanzadora y con mucho más fe.

 

En un fragmento del libro de Relaciones Humanas, del Obispo Rogelio Sánchez, podemos encontrar algunas formas para enfrentar las preocupaciones. Sin ningún orden en particular:

 

1. Preocupaciones presentes

 

Si nuestra preocupación es por algo presente, es útil el analizar cuidadosamente el problema. Después que se haya analizado el problema entonces hay que buscar lo que se puede hacer para solucionarlo, y finalmente decidirse por alguno de los medios que aparecen.

 

2. No hacer grande lo que es pequeño

 

No agitarse por naderías. Válgase de aquel dicho popular: "Más se perdió en el diluvio". Puede que le estés dando a ese problema mayor tiempo del que realmente requiere.

 

Puede que estés alimentando una ardilla con comida para elefante. Detente. Mira el problema de raíz. Evalúa el problema y toma nota de cómo resolverlo.

 

3. Alegrarnos de lo que tenemos

 

No prestar atención fija en lo que no tenemos y que quizá ni falta nos hace. Muchas de nuestras exigencias no nos hacen felices, solo crean servidumbres y preocupaciones.

 

4. No hagas caso a críticas o burlas

 

Hagamos el bien y dejemos que critiquen, pues las críticas siempre existirán. Es frecuentemente que se critique a personas que valen y precisamente porque algo se están destacando.

 

También a Cristo lo criticaron y aun lo traicionó un amigo. Que las críticas nos ayuden a perfeccionarnos, tómalas para bien.

 

5. Poner todo en las manos de Dios

 

El encomendarse a Dios y confiar en su poder y en su amor a nosotros, disipa muchas preocupaciones y la ansiedad

 

La oración confiada es de lo mejores medio para tranquilizar en los problemas y para resolverlos mejor. Cristo sufría en el huerto de los olivos y le dio fortaleza.

 

Un consejo extra

 

Aunque el ejercicio en realidad no puede llegar a resolver los problemas que están causando la ansiedad, participar en alguna actividad deportiva y tomar un descanso de esas preocupaciones puede relajar tu mente y su cuerpo y hacer que pienses luego de una forma más clara. 

 

*Publicado originalmente por Pildorasdefe.net

 

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