AsistencialMedica - 06.04.2020

 

 

 

¿Qué efectos psicológicos puede tener el aislamiento y/o cuarentena en los niños? Esta es una de las preguntas que están rondando en la cabeza de muchos padres en este momento, y aunque Catherine L'Ecuyer nos daba un parte de tranquilidad afirmando que «si los padres están bien, los niños también», también está claro que el Coronavirus nos ha cambiado la vida a todos de un día para otro y es normal que en este tiempo los niños pueden llegar a sentir miedo, angustia, tristeza, soledad… 

 

Así que nos dimos a la tarea de investigar sobre el tema y encontramos la siguiente información publicada por una institución de asistencia médica que puede ser de mucha ayuda para las familias. 

 

***

 

Los expertos señalan que en algunos niños se pueden prestar alteraciones de 3 tipos: 

 

- Alteraciones a nivel corporal: sueño, pesadillas, miedos nocturnos, comer más o menos de lo habitual.

- Alteraciones en el comportamiento: irritabilidad, rebeldía.

- Alteraciones en su estado de ánimo: miedo, tristeza, ansiedad. 

 

¿Cómo podemos ayudarlos?

 

Los expertos recomiendan entonces:

 

Hablar con ellos

 

- Explicarles de forma clara y sencilla lo que está sucediendo, adaptarnos a su edad y a su madurez, transmitiendo calma y seguridad. 

 

- Ser sinceros de que se trata de un virus peligroso, pero que la mayoría de las personas se recuperan, enfatizando en la importancia de tener los hábitos de higiene correspondientes para cuidar de no enfermarnos y evitar posibles contagios.

 

- Contarles sobre los síntomas frecuentes: fiebre, tos y falta de aire.

 

Escucharlos

 

- Preguntarles qué saben del coronavirus para aclarar posible información errónea. Si hay algo que desconocemos la respuesta, podemos incluso buscarla juntos en sitios confiables, MSP, OMS.

 

Preguntarles cómo se sienten al respecto, validar lo que están sintiendo y recordarles que cuentan con nosotros ante cualquier duda o inseguridad. No generar un tabú en referencia al tema, los niños son sumamente sensibles a lo que no se dice en su entorno y esto incrementa en mayor medida sentimientos de miedo y ansiedad.

 

Protegerlos

 

- Evitar el bombardeo excesivo de información, cuidar las conversaciones adultas frente a ellos, ¡no alimentemos más su miedo! Necesitan adultos que los guíen y transmitan seguridad.

 

- Contarles que tenemos que confiar en las recomendaciones de las personas que cuentan con el conocimiento y herramientas necesarias para protegernos del virus.

 

- Propiciar espacios de comunicación con los familiares y amigos que no están viendo, ya que también pueden sentirse preocupados por su bienestar.

 

Proponer actividades

 

Es importante tener presente que los niños no sólo sufren del corte abrupto de sus rutinas, sino también, en muchos casos donde no hay un patio en casa o grandes espacios, pierden el contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento corporal. En este momento, al igual que los adultos, se ven restringidas áreas fundamentales para su desarrollo y bienestar físico y emocional. Por esta razón es que los agentes de Salud insistimos en la importancia fundamental de proponer rutinas adaptadas a la situación actual, así como actividades que involucren a la familia en conjunto y a cada uno de forma individual.

 

Para quienes pueden quedarse en casa con su familia, sostener y contener el aislamiento no es sencillo. Tener presente que pueden surgir momentos donde el propio malestar facilite los roces y las dificultades vinculares. Para ésto, de ser posible, es útil que los adultos puedan coordinar entre ellos al menos media hora para tomar un baño tranquilos, leer un libro, o simplemente descansar. De no contar con otro adulto que facilite la tarea de sostener a los más pequeños, teniendo en cuenta la situación particular, las pantallas pueden darnos un tiempo de respiro para volver a cargar energías y estar disponibles de una mejor manera.

 

Estos son algunas actividades: ¡a ponernos creativos!

 

Rutina: Crear una rutina adaptada al momento actual. Proponer horas para levantarnos, (no olvidar sacarnos el pijama y vestirnos), baño, hacer tareas de la escuela, hablar con amigos por teléfono, comidas, juegos en familia, sueño.

 

Compartir las tareas de la casa en general. Cocinar, preparar la mesa para la comida, doblar ropa, ordenar, barrer. Proponer un momento para la limpieza, pudiendo pensar juntos que ésto también es una forma de cuidarnos entre todos y que necesitamos de su colaboración para lograrlo. (Aquí te damos más ideas: Tareas hogareñas que pueden hacer tus hijos según su edad)

 

Jugar y jugar. Según las edades esto puede cambiar. Con lo más pequeños, es una oportunidad para observar su creatividad, sin muchas propuestas preestablecidas dejarnos llevar por su imaginación e ingenio. Con los más grandes, proponer juegos clásicos y conocidos, de mesa, cartas, etc. pero también acercarnos a lo que ellos hacen habitualmente, con seguridad más de uno disfrute de las pantallas. En este sentido CUIDAR de todos modos el tiempo de exposición a estos juegos.

 

¡A mover el cuerpo! Aunque el espacio sea pequeño, aunque no haya patio, busquemos la forma de movernos. Bailar con canciones conocidas o inventadas, correr, saltar, o expresión corporal libre, movernos “como si” …. como si fuera un perro, un elefante … ¡o una hoja!

 

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Catherine L´Ecuyer - ElPais.com / 31.03.2020

 


Catherine L´Ecuyer - Foto catherinelecuyer.com

 

Catherine L´Ecuyer es toda una referencia en temas de educación, reconocida en el mundo entero por sus libros Educar en el Asombro y Educar en la Realidad . Esta canadiense radicada en España, y madre de cuatro hijos, responde a esta inquietud que a muchos padres nos ronda en este momento, ¿qué efectos puede tener todo esto en nuestros hijos? Para dar respuesta, compartimos el siguiente artículo publicado en ElPais.com.

***

 

Durante estos días, ha surgido la duda de si el confinamiento produce efectos adversos en los niños. Reconozco de entrada que no soy experta en la materia; de hecho, no conozco a nadie que tenga un título de especialista. Seguramente se consideraría inmoral diseñar un experimento así en un grupo controlado de niños. En cualquier caso, creo que antes de aventurarse a responder a esa pregunta, es preciso tomar en consideración tres cuestiones.

 

Primero: los niños son supervivientes. Como nos decía María Montessori, los menores tienen una capacidad de adaptación que ningún adulto posee. Por supuesto, nadie está diciendo que el confinamiento les convenga. Pero los niños de tres, cinco u ocho años llevan años viviendo en circunstancias antinaturales. Madrugan demasiado, se tragan el desayuno en tres minutos y van a colegios con patios de cemento donde les cuidan sucesivamente unos 10 maestros. Algunos, a esto, le suman actividades extraescolares hasta muy tarde cada día. Y muchos apenas ven a sus padres, que llegan por la noche, agotados. Sin duda, si pueden con todo esto, deberían ser capaces también de aguantar este confinamiento que nos ha tocado vivir. Hasta, incluso, les podría ir bien en ciertos aspectos, si se lleva a cabo correctamente. Pero eso depende de una serie de factores, lo que nos lleva a la segunda cuestión: las circunstancias del confinamiento.

 

No es lo mismo vivir en una casa con jardín de dos plantas que en un piso de 50 metros. Y no es lo mismo vivir solo o con una persona deprimida o con problemas mentales que en una familia en la que hay equilibrio psicológico. Por ese motivo, la atención psicológica en grupos vulnerables es tan necesaria ahora mismo. No es igual que los padres se griten y se tiren los platos a la cabeza a que haya un ambiente de paciencia y de escucha generosa; no es lo mismo estar todo el día delante de la pantalla que leyendo libros y conversando; no es lo mismo que los padres compartan su ansiedad porque no tienen ingresos para llegar a final de mes, que lo lleven con alegría y buen humor a pesar de las dificultades. Tampoco es lo mismo que la televisión esté puesta de fondo permanentemente, con una sensación apocalíptica de fin de mundo que anuncia el número de muertos cada 10 minutos, que vivir en un ambiente silencioso de trabajo y de juego tranquilo. Y, finalmente, no es igual vivirlo en una cultura nórdica, acostumbrada al confinamiento en inviernos fríos, que en una cultura mediterránea que acostumbra salir a la calle cada día.

 

Para los niños, todos estos factores son más determinantes que el confinamiento en sí. En la medida en que están bien sus padres, ellos están bien. Nuestros hijos siempre buscan la clave de interpretación de la realidad mirando a los rostros de sus padres, con los que tienen un vínculo de apego. Educamos con y desde la mirada. Como decía Robert Fulghum, "no te preocupes porque tus hijos no te escuchan; te observan todo el día".

 

La tercera cuestión es que podemos aprovechar esa oportunidad para enseñarles las pequeñas cosas de una vida sencilla. A lo largo de los últimos dos años, se ha puesto de moda reclamar la creación de asignaturas nuevas en los colegios para aprender cosas que, a mi juicio, deberían aprenderse en casa. Los que estemos confinados con nuestros hijos durante mucho tiempo, si es que la situación laboral nos lo permite y siempre adaptándonos a su edad, podemos aprovechar para enseñarles a hacer cosas sencillas domésticas. Tareas como coser un botón; hacer gelatina, una bechamel o un sofrito; cortarse las uñas; limpiarse bien las manos; poner una sábana bajera o cuidar de una planta limpiando sus hojas con delicadeza, entre otras cosas. En definitiva, les podemos enseñar cómo disfrutar de la convivencia, del silencio y de una vida sencilla.

 

En conclusión, lo que estamos viviendo es un experimento a gran escala para el que no hay manual de instrucciones, salvo el buen humor, la amabilidad, el cariño y la generosidad. Es una oportunidad única para aprender a querernos más en el hogar. Es una ocasión para asombrarnos de lo que tenemos, para aprender a no dar nada por supuesto. Esperemos de todo corazón poder resistir entre todos esta gran prueba, y esperemos que las familias salgan de esa situación no rotas, sino fortalecidas.

 

 

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ReL/Aleteia - 26.03.2020

 

Foto: Freepik 

 

En muchos países nos encontramos confinados por el coronavirus. Esto ha obligado a suspender las clases presenciales por lo que millones de niños están ahora en sus casas junto a sus padres, muchos de los cuales tienen que teletrabajar. 

 

Ante esta situación excepcional que se está viviendo en los hogares, las familias que en el mundo han optado estos años por el homeschooling, es decir, por la educación en el hogar, están ofreciendo algunos sencillos consejos a los padres para ayudarles en este momento de prueba. Y aunque las dificultades son palpables también se abren posibilidades para conocer mejor a los hijos y desarrollar con ellos algunas de sus capacidades. Estos son algunos consejos de estos padres veteranos que publica la versión en inglés del portal Aleteia

 

1. No intentes recrear la escuela en tu casa

 

El confinamiento en los hogares se alarga y todavía no hay certeza de cuando acabará. Como padres es bueno ayudar a los niños a aprender juntos pero no hay que intentar replicar su día a día escolar en casa.

 

Según estos padres veteranos en la educación en el hogar hay que resistir al impulso de planificar cada minuto porque aunque es bueno tener objetivos, un horario muy rígido puede ser sofocante. Es importante avanzar pero ser flexibles. De hecho, avisan que se necesitan semanas para convertir el salón de casa en un aula en el que haya un ritmo, unas pautas.

 

“Si su hijo tiene que ir a la escuela en casa mientras esté en cuarentena, tenga en cuenta que puede hacerlo todo en 2-3 horas, fácilmente. O podrían sentirse más cómodos para que su cerebro lo haga en 8 con muchos descansos y distracciones en el medio. No intentes forzar algo, el entorno es completamente diferente y eso tendrá un impacto. No es bueno ni malo, simplemente es así”, afirman estos padres expertos.

 

2. Leer en voz alta

 

Muchos padres que practican el homeschooling coinciden en la importancia de leer en voz alta. A los niños de todas las edades les encanta que les lean y aprenden mucho de esta manera.

 

Leer en voz alta con ellos realmente une a toda la familia. Inspira a los niños en su juego, fomenta su imaginación, amplía su vocabulario y su comprensión lectora. Es además una forma fantástica de aprender sobre todas las materias.

 

3. Si trabajas desde casa hay un salvavidas: ¡audiolibros!

 

En este tiempo de confinamiento debido al coronavirus hay muchas familias en las que las clases en casa se complican porque además deben compaginarlos con el teletrabajo. Una solución para cuando se necesita mantener a los hijos ocupados durante un buen rato sin que la televisión entre en escena son los audiolibros. Además, en niños mayores de cuatro años se les puede poner un audiolibro mientras se les da algo que hacer con sus manos (plastilina, dibujos…).

 

4. Deja espacio para el aburrimiento

 

Un consejo de padres veteranos en homeschooling: no intentes mantener a tus hijos todo el día con una infinidad de actividades. De hecho, el aburrimiento debe tener también su espacio y conduce a la creatividad y al aprendizaje. Si los padres intentan pasar todo el día entreteniendo a sus hijos acabarán quemados muy pronto.

 

“Deje a sus hijos solos, y puede que te sorprenda en qué tipo de aprendizaje fuera de lo común se sumergen. Y todos estarán más felices si  se deja suficiente tiempo en su día para jugar y explorar de forma abierta y no estructurada”, afirman estos padres.

 

5. Sigue a tu hijo

 

Este tiempo de confinamiento ofrece la oportunidad a los padres de sumergirse de manera más profunda en los intereses de los niños. Ahora es un buen momento para que los niños aprendan sobre cosas que le interesen. Si por ejemplo desde la ventana se ve una roca o una montaña y pregunta: "¿De dónde vienen las rocas?", aprovéchalo. Investiga y aprended sobre ello hasta que los niños estén satisfechos. Para ello, es bueno preguntar qué le interesa al niño y sobre qué quiere aprender. Puede ser una gran oportunidad.

 

 

6. Enseñar habilidades para la vida

 

Todo este tiempo no estructurado en el hogar es una oportunidad propicia para enseñar a los niños más mayores sobre habilidades prácticas que les serán muy útiles en su vida. La limpieza y la cocina son prioridades, son algunas de las cuestiones más básicas. Pero hay mucho más que pueden dominar durante este tiempo: clases de pintura, coser o aprender cuestiones de electricidad, carpintería o fontanería. Aprender idiomas a través de internet o incluso observar el teletrabajo de los padres en ciertos asuntos puede ser también muy útil en su formación.

 

7. Aprovechar bien el tiempo de la mañana

 

A primera hora de la mañana, después del desayuno y de ducharse, es cuando la mayoría de los niños están en su mejor momento. Su capacidad de atención es máxima y están frescos. Piensa cuidadosamente en lo que quieres enfocarte durante esta valiosa hora del día.

 

Hacer el trabajo más importante a primera hora de la mañana simplificará enormemente el día. De hecho, el tiempo enfocado de la mañana es muy popular entre los padres que optan por el homeschooling.

 

8. Prudencia en el tiempo frente a la pantalla

 

El mundo vive una crisis internacional sin precedentes y muchos padres lo están afrontando como buenamente pueden pues deben además trabajar desde casa.  El tiempo frente a la pantalla puede ser una excelente manera para que los niños aprendan mientras los padres pueden hacer otras cosas (como trabajar desde casa).

 

Dicho esto, si se puede limitar o evitar por completo el tiempo de pantalla es posible que te sorprendas al descubrir que la vida en el hogar es más fácil. Muchos niños, especialmente los menores de 6 años reaccionan mal cuando se debe apagar la pantalla.

 

Eliminar el tiempo frente a la pantalla puede evitar altibajos y mantener las cosas en equilibrio. Una madre explica que aprendió “esta lección de una manera difícil. Tengo tres hijos menores de 6 años y, después de muchas pruebas y errores, descubrí que se comportan mucho mejor en días sin pantalla. Hago todo lo posible para limitar la televisión y las películas a 2-3 veces por mes, y guardo esas raras ocasiones para cuando realmente lo necesito (llamadas telefónicas de trabajo, por ejemplo)”.

 

9. Déjalos jugar

 

El juego es claramente lo mejor para la educación de la primera infancia, y los beneficios del juego no se evaporan a medida que los niños crecen. Jugar es una forma poderosa de aprender para niños de todas las edades.

 

Los niños pueden aprender a través de juegos de mesa. El juego imaginativo no es una distracción de su educación. Puede ser la parte más importante de su educación, ya que es a través del juego que sintetizan y dan sentido a todo lo que han aprendido.

 

 

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Opuesdei.org - 31.03.2020

 

Foto: Freepik 

 

Sentido común, algo de ingenio y mucha paciencia. Y no olvidar a quienes están falleciendo, a sus familiares y a todas las personas que nos están cuidando. Dos familias nos cuentan cómo podemos organizarnos en casa para lidiar con la situación que ha traído la pandemia del coronavirus.

 

La acumulación de cifras de fallecidos e ingresados nos lleva a rezar por ellos, por sus familias, por el personal sanitario y tantas personas e instituciones que están trabajando sin descanso para minimizar el impacto de la pandemia.

 

Para muchos otros -la mayoría- su modo de contribuir es... quedarse en casa y obedecer a las autoridades civiles. Desde el portal opusdei.org han pedido a dos familias que nos cuenten cómo están procurando superar las inevitables dificultades de estos días: un capitán de fragata, especialista en submarinos, y una madre (en su cuenta de Instagram se describe con humor (Marta: 72m² para 6 "agobiaos" ¿Y si la familia fuese la empresa más importante que pudiese existir?), y que comparte varios consejos que ha puesto en práctica en su casa. Vamos allá.

 

José Torrente: Cuando el submarino es... tu casa

 

José es capitán de fragata, especialista en submarinos. 15 años rodeado de agua. El aislamiento ha sido su gran compañero de viaje, como un amigo invisible. Ahora, en casa, con nueve hijos, su vida discurre -digamos- en otro submarino, como la de todos nosotros. Aunque con luz natural y tantas otras ventajas.

 

Con un video sencillo, editado en su casa, José y algunos de sus hijos nos sugieren algunas ideas básicas para afrontar este periodo. Hay vida debajo del agua. Y fuera de ella, en cualquier hogar, se puede vivir razonablemente bien, con buenas dosis de paciencia y sentido del humor.

 

 

Marta, madre de familia: “No estamos solos y la situación no es, ni de lejos, la peor”

 

No sabes ni cómo te llamas. De un día a otro te han metido en una peli de ciencia ficción y tienes que gestionar a varios niños, un marido, una o dos zonas de trabajo, bombardeo de información y de deberes de los colegios... y los metros cuadrados, que te parecen menos metros que nunca.

 

El desconcierto y el pánico inicial dejan paso al mal humor, las voces, las malas formas, los portazos, los insultos de un hermano a otro…

 

Lo primero que hay que hacer es pensar que no estamos solos. Todos estamos, en mayor o menor medida, en la misma situación que además no es, ni de lejos, la peor. Hay muchos hogares que tienen un familiar o varios enfermos, viviendo con la incertidumbre y el miedo; en otras casas hay madres o padres solos que no tienen ayuda, y quizás tengan que ir a trabajar; en otras, hay familias con niños con necesidades especiales...

 

Así que, en la medida de lo posible, redimensiona las circunstancias y da gracias a Dios porque seguramente lo que estás viviendo no es tan duro.

 

En cualquier caso, ahí van siete consejos que pueden ayudarte a mejorar la convivencia estrecha de estos días:

 

1. Organízate. Como si de una empresa se tratase organiza primero tu cabeza y luego la casa. Tenéis que ordenar la casa y pensar de dónde sacáis espacio de trabajo para dos, de estudio para los mayores y de ocio para los peques de la casa. Y eso no depende de los metros cuadrados…

 

Cuando me refiero a ordenar, me refiero a orden y limpieza normal: no es el momento de pensar en limpiezas a fondo, con falta de lejía en los mercados y niños pululando por la casa. Entre nosotros, yo ya me veía con el bote de pintura en la mano dando una manita a la casa, aprovechando la cuarentena. Pero no es el momento. Tampoco lo es de quitar el pañal al peque, ni quitar el chupete, enseñar a sumar o el abecedario…

 

Tranquilos. Las clases volverán. Y los profes seguirán enseñando.

 

Organiza también las comidas y la ropa. Intenta hacer hueco en la casa para tener que salir lo menos posible al supermercado (y ya sabes, cumpliendo las normas) y haz entender a tu familia que hay que ser disciplinado con el uso de la ropa. De lo contrario, en dos días estarás invadidos de prendas sucias.

 

2. Un día normal con horario normal. Tal vez te asalte la apatía y quieras estar todo el día tirado en el sofá con el pijama puesto. Ni lo pienses.

 

Levántate y acuéstate a la hora acostumbrada. Dúchate, vístete, como para salir a trabajar. Peínate. Y exige a tus hijos el mismo horario y vestimenta "de calle". Que cuiden su aseo.

 

Aunque los colegios están intentando, en la medida de sus posibilidades, enviar temario, corregirlo e incluso les hacen exámenes, si tienes adolescentes seguro que querrán ver pelis hasta las tantas, usar más la Nintendo o el móvil... ¡Ojo!

 

No es necesario que tengan un horario tan fijo como en el cole. Y comer en familia es un lujo que podemos permitirnos estos días. Que tus hijos ayuden a recoger la cocina y a hacer tareas de la casa, ya que que otras veces no pueden hacerlo por falta de tiempo. Por la tarde, pueden jugar más con sus hermanos, leer, etc.

 

3. Cuida la relación de pareja. Si eres de los que piensa que la epidemia hace peligrar tu matrimonio, no te sientas un bicho raro. Durante el verano aumentan las peleas por pasar más tiempo juntos. Ahora también estamos más tiempo juntos. Muy juntos. Todo el día y toda la noche. Y, a menudo, no hay perro para airearse...

 

¿Objetivo? Que la sangre no llegue al río. Pide perdón si metes la pata o das respuestas airadas a tu marido o mujer. Y perdona al otro. Ponte en su lugar. Quizás el/ella tenga estos días más carga de trabajo con el teletrabajo, o esté preocupado/a por el dinero, o por sus padres o conocidos, o lleve horas supliéndote con los niños para que puedas trabajar… Lo más parecido a estar en una jaula del zoo.

 

Normalmente en situaciones de estrés, cuando uno está de bajón el otro está mejor de ánimo, y así vamos tirando uno del otro y, en consecuencia, de los hijos.

 

Hay que intentar que cada uno tenga un momento de esparcimiento, es decir, que se aísle del ruido de la casa, los niños, la lavadora y haga aquello que le dé la gana y que le libere mentalmente de las cuatro paredes. Lo que él o ella quiera. Leer, rezar, dormir, hacer gimnasia, oír música con cascos como si estuviese en el Palacio Real... E intenta que los niños no interrumpan ese momento.

 

En definitiva, es un momento estupendo para pronunciar lo que el Papa Francisco llama las tres palabras claves del matrimonio: Gracias, perdón y permiso.

 

4. Los fines de semana haz las actividades que solían hacer. Con imaginación muchas veces será posible. Las redes sociales muestran a un internauta nadando sobre un patinete por el pasillo, o a un señor colgado de la barra de la ducha, como si estuviese en el bus. Si los fines de semana practicas tiro al plato, olvídate. Pero si te gusta el cine, proyecta una película para la familia; si vas al gimnasio, hazte con unas pesas DIY y ponte alguno de los videos que circulan por la red. Si rezas el rosario, haces oración o asistes a Misa, hazlo, ahora más que nunca (online, se entiende).

 

5. Llama a tus padres y familia a menudo. Pueden hacer una sesión de Skype, Hangouts o Zoom en familia como si cada uno estuvieseis en una punta del mapa. Eso nos dará ánimos, nos pondrá al día y nos aseguraremos de que nuestros padres (o en el caso de que esté uno solo) estén bien.

 

6. Con los niños hay que usar una máxima: si te ven bien, estarán bien. Si te invade la tristeza y necesitas llorar, llora en el baño o con tu marido/mujer. Pero delante de ellos, sin ocultar la realidad, que vean confianza y tranquilidad.

 

Haz acopio de juegos y juguetes que tengas en el trastero o en el altillo, que hace mucho que no usen, dosifícalos para varios días y ve guardando y sacando. Si sacas toda la artillería por el salón en una hora tendrás un niño aburrido y un salón atestado...

 

Pide a los mayores que jueguen con los pequeños, imagina juegos y no sufras si se aburren: no pasa nada. Si por norma general no dejas que jueguen al fútbol en casa, déjales que jueguen un rato, dejando claro que son medidas extraordinarias, como la pandemia.

 

Observa cómo está cada uno de los miembros de la familia. Habla con cada uno. Los mayores serán más conscientes y quizás necesiten hablar del tema, pregúntales… A los peques puede ayudarles dibujar lo que pasa. No ocultes información, pero tampoco debes saturarles: No necesitan conocer los datos de cada día. Solo una cosa debe quedarles clara (a ellos y a ti): saldremos de esta. No sabemos cómo ni cuándo. Pero saldremos.

 

7. Libera información. Necesitamos tres pandemias para oír, ver y hacer todo lo que se ha enviado por WhatsApp... Y necesitamos tres vidas para asimilar tanta información. ¿De verdad necesitas saber tanto, tanto, del coronavirus? Intenta no estar pendiente de cada dato, de cada cifra, de cada audio. Durante tu jornada laboral, silencia el móvil. Ganarás en salud.

 

 

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Por Aleteia.org - 16.03.2020 

 

Foto: Freepik 

 

El abandono de los hijos no sólo implica el abandono físico, existen otras formas que muchas veces pasan desapercibidas, y que también tienen bastantes implicaciones en la autoestima y en el bienestar emocional y psicológico de los niños. 

 

En un artículo realizado por Orfa Astorga y publicado en el portal Aleteia, la autora describe que "existen muchas formas de abandono que suelen no ser evidentes y que han adquirido aceptación en muchas conciencias".

 

Formas de abandonar a los hijos

 

A continuación veremos cuáles son algunas de estas formas que nos menciona Astorga y de la cual todos debemos mantenernos alertas.

 

1. Cuando los padres no tienen tiempo para su hijo

 

Los padres han decidido optar por su importante "autorrealización", donde el tiempo es "oro" y no da para pensar en otros, aunque ese otro sea el hijo.

 

Lo resuelven entonces apelando al malentendido tiempo de calidad y dándoles bienes no debidos, como lo son todos los carísimos artilugios electrónicos, entre otras cosas, y pagándoles además costosos colegios con horarios de 7.00 a.m. a 7.00 p.m. que incluyen clases extracurriculares.

 

2. Tiempo mal invertido

 

Cuando el tiempo que se le debe al hijo se invierte en el club, el gimnasio, en reuniones sociales, dejando su educación al internet, la televisión o la nana.

 

3. Que otros lo cuiden más tiempo

 

Se abandona a los hijos cuando se le deja todo el día con los abuelos "porque lo cuidaran bien y lo quieren mucho".

 

4. No acompañarlo en sus estudios

 

Cuando al hijo adolescente se le envía por años a estudiar en un internado a otro país, porque importa más que aprenda una lengua extranjera, en vez de acompañarlo en una etapa de crecimiento en la que tanto necesita el acompañamiento, el refuerzo afectivo de los padres y su cercanía personal.

 

5. Superficialidades

 

Cuando el hijo se convierte solo en la tarjeta de presentación de sus padres, que condicionan su aceptación personal a que sea un brillante estudiante; con un futuro promisorio en donde supuestamente tendrá colocación segura en el mercado de trabajo, sin riesgo de desempleo, muy bien retribuido económicamente y con una posición social por la que pueda contraer matrimonio con una joven de abolengo.

 

El joven es, con esta actitud, forzado a ser protagonista de la novela rosa de los padres.

 

6. Medir solo resultados

 

Cuando lo padres olvidan que la verdadera educación se da en el ser de los hijos, y solo lo miden por los resultados en el tener, saber, hacer.

 

7. Se le niega la escucha

 

Cuando se niegan a escuchar, a comprender y comunicarse para ayudarlos a dirigir con plena libertad su propia vida, cualquiera que sea su vocación y ser feliz, se está abandonando a los hijos.

 

8. Usar a los hijos como resguardo

 

Cuando los hijos los padres están en conflicto entre ellos, y usan los hijos como "guantes de boxeo" en sus frecuentes peleas.

 

9. Tratar a los hijos como posesiones

 

Cuando los padres se divorcian y tratan la tutela de los hijos, como si discutieran por la casa o el coche, sin considerar el gran daño que les hacen.

 

10. Exceso de trabajo

 

Cuando el hijo ayuda demasiado a los padres trabajando, de tal manera, que se le considera más que nada como un sujeto que es útil, productivo, rentable.

 

11. Son víctimas de los fracasos de los padres

 

Cuando se convierten en válvula de escape de la presión que sienten los padres ante las pruebas de la vida, siendo entonces violentados, humillados.

 

12. No valorar el amor de los hijos

 

Estás abandonando a tus hijos cuando desconoces que su valor más excelente es saber amar, acogiendo al hijo solo por ser quien es, desposeído de todo. Que un amor así, estructura la personalidad armónica del hijo mediante la identificación y experiencias vividas con ellos.

 

Con todos estos datos podemos decir que el abandono infantil resulta cuando los padres o las personas encargadas de los cuidados de los niños, no dan la suficiente atención, supervisión, afecto y apoyo afectivo necesario para garantizar la salud del niño, su seguridad y el bienestar, tanto físico como emocional.

 

 

 

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