Por Ricardo Camargo - 02.03.2020

 

Foto: prostooleh

 

Cuando se toma la decisión de formar una familia se hace con la ilusión de vivir felices, de compartir con la persona elegida todos los días de la vida; de llegar juntos hasta la vejez, hasta que la muerte los separe. 

 

Si esa es la intención de los enamorados al momento de unir sus vidas: “para siempre”, ¿por qué hay tantos casos de divorcio, infidelidad y abandono del hogar?

 

Parece que la sociedad moderna ha desconfigurado el significado del amor, reduciéndolo a un sentimiento. Para comenzar con este decálogo, vale la pena aclarar que el amor es una decisión, como sostiene Tomás Melendo: “Amar es un acto exquisitamente humano, el más humano que cabe efectuar; un acto inteligente, voluntario y responsable, muchas veces esforzado, siempre generoso, liberal, libre” .

 

Es por eso que el amor está llamado a perseverar más allá de un sentimiento. Es la decisión de querer permanecer a pesar de las dificultades; la decisión de continuar con el firme propósito de conseguir esa felicidad tan anhelada.

 

En conclusión, el amor es una decisión que conlleva una acción permanente; por eso, se puede afirmar que la familia se construye día a día, se hace en los detalles, en el perdón y en muchos actos concretos de amor.

 

A continuación te presentamos diez actos concretos de amor que contribuirán a hacer realidad ese sueño de ser una familia feliz, aún en las dificultades.

 

1. Cuidar el matrimonio cada día como quien cuida a un recién nacido 

 

Proteger ese hogar con el mismo esmero, dedicación y amor con el que ambos cuidan a un hijo que acaba de nacer.

 

2. Poner siempre al cónyuge en primer lugar, por encima de los papás y los hijos 

 

La felicidad en el hogar empieza con la sana relación de los esposos. El mejor regalo para los hijos es ver que sus padres se aman; el mejor regalo para los padres es ver a sus hijos con un matrimonio feliz. Los vínculos paterno-filiales, además de construirse, vienen dados por la naturaleza, pues padre e hijo comparten la misma sangre; sin embargo, el vínculo de los esposos permanece por una decisión, no hay algo más que los mantenga unidos que el amor.  

 

3. El amor es fecundo, y el matrimonio está llamado a dar vida

 

Se es fecundo en los hijos, fruto del amor de los cónyuges; en los sueños cumplidos, en ver al otro crecer como persona y alcanzar la felicidad; en el servicio, como familia, a los demás; en la capacidad de inspirar a otros, desde el ejemplo, a construir familia y a perseverar en ella.

 

4. Comunicarlo todo 

 

No guardarse las cosas por temor, hablar de las cosas que parecen insignificantes, pero que pueden hacer daño; hablar en el momento adecuado, en el lugar adecuado, con el tono adecuado y a la persona adecuada, es decir al cónyuge. Hablar de lo bueno y lo malo. De lo que se siente y se espera. Hablar, hablar y hablarlo todo, es decir, no hacer cosas que no se puedan contar.

 

5. Ser transparentes en el manejo de la economía

 

Saber que los cónyuges están llamados a ser uno sólo aún en el manejo de la economía. El matrimonio no es una empresa de socios que se divide por mitades; es una unión en la que ambos están llamados a luchar por las metas comunes, incluidas las financieras. Cuando se maneja una economía unificada y transparente no hay secretos sobre los ingresos o los egresos, no hay “tuyo” y “mío”, sino “nuestro”.

 

6. Conquistarse cada día

 

Para mantener vivo el anhelo de seguir amando, Cristian Conen propone vivir los cuatro rituales del amor: 1) beso y abrazo diario, para que no falten las caricias en el matrimonio. 2) Día de esposos: un tiempo a la semana a solas con tu cónyuge, a solas para los dos, idealmente fuera de casa. 3) Fin de semana familiar: al menos una vez al mes, el núcleo familiar comparte actividades que todos disfrutan. 4) Celebrar el aniversario: con más alegría que con la que se celebran los cumpleaños. Si es necesario sacar un préstamo, no será un gasto… será una inversión.

 

7. Ser los mejores amigos

 

Tener una relación tan íntima con tu cónyuge que no necesites un mejor amigo o una mejor amiga fuera de casa; saber que los mejores planes son en compañía de tu cónyuge y que de todas las personas en el mundo, es en él/ella en quien más confías.

 

8. Perdonarse cada vez que sea necesario 

 

Es decir, siempre. Tener crédito ilimitado en perdón, sabiendo que pedir perdón implica arrepentimiento, sinceridad y compromiso de no volverlo a hacer. No irse a dormir peleados, ni hacer de cuenta que “nada pasó”. Pedir perdón y perdonar. El perdón implícito hace mucho daño. 

 

9. Lo que es importante para tu cónyuge debe ser importante para ti 

 

Amar es querer el bien del otro por encima del propio; es darles la prioridad a las cosas que para tu cónyuge son importantes y especiales, aun cuando eso implique que debas renunciar a ciertas cosas. Si ambos se están esmerando por darle prioridad a lo del otro, serán dos buscando la felicidad del otro.

 

10. Planear para no improvisar 

 

La familia es un proyecto en común, en el que todos sus miembros son importantes, por eso es necesario planear –ojalá anualmente– lo que como familia quieren conseguir durante el año, teniendo en cuenta lo que quieren los esposos y los hijos. Así todos tendrán un mismo norte y podrán cumplir sus sueños juntos.

 

*Colaboración de Ricardo Camargo para LaFamilia.info. Trabajador social, con Maestría en curso en Dirección de Recursos Humanos, director de Ser Fraterno; esposo y papá

 

 

Por Carolina Guzmán García / @abcdemifamilia - 24.02.2020

 

Foto: Freepik

 

¿Alguna vez te has preguntado si validas las emociones de tus hijos, o de lo contrario las niegas con frases como: “No llores, sé fuerte”, “llorando no solucionas nada”, “si estás triste no eres agradecido”? 

 

Pues lo cierto es que la base de la Inteligencia Emocional es el conocimiento de las emociones y este aprendizaje comienza en la infancia. Sobre este tema, compartimos con ustedes el siguiente escrito de Carolina Guzmán, además de ser mamá de cinco niñas y ser la creadora del blog @abcdemifamilia, tiene una Maestría en Asesoría Familiar de la Universidad de la Sabana y estudios en disciplina positiva, quien nos brinda ejemplos claros y prácticos para que validemos las emociones de nuestros hijos. 

 

***

 

Quiero contarte que mi inquietud por la crianza ha sido fruto de mi propia experiencia con la maternidad, con el nacimiento de mi tercera hija todo se revolcó. Me pregunté muchas cosas sobre la educación que estaba dando a mis hijas y qué había recibido en mi niñez. El estudio, los libros y la vida misma, se han encargado de revelarme lo maravilloso que es la maternidad y hoy con orgullo puedo decir que ser mamá de 5 muñecas es algo que disfruto y no que padezco, por eso quiero compartirte unas reflexiones que han nacido de la lectura de una de mis autoras preferidas: Jane Nelsen, para que descubramos el maravilloso mundo de validar una emoción, en primer lugar para nosotros como padres y en segundo lugar para nuestros hijos!

 

¡Validando emociones!

 

Todos los seres humanos experimentamos sentimientos, desde que somos niños descubrimos las emociones y es responsabilidad del adulto validar la emoción (reconocerla, ponerle nombre), aún cuando para el niño sea difícil gestionarla. Para los niños es difícil controlar su emoción, si se sienten enojados, frustrados, tristes probablemente quieren manifestarla pegándole a alguien, tirando algún juguete o insultando al adulto con cosas como: ¡no te quiero!

 

¿Qué hacer en estos casos? El adulto debe moderar y validar, acá hay algunos ejemplos:

 

- Veo que estas enojado, tal vez necesites un tiempo para tranquilizarte y ahora podemos conversar. (Hay niños que cuando se les dice esto, no aceptan que nos movamos del lugar y los dejemos solos) si podemos acompañarlos en silencio hagámoslo, generalmente la validación del sentimiento permite que el niño se abra a conversar o a buscar otra solución.

 

- Entiendo que te estés frustrada, pero eso no justifica que le pegues a tu hermana, ¿cómo crees que se siente ella cuando le pegas?

 

- Yo también me he sentido así y quisiera salir corriendo o gritar, pero he aprendido que respirando, tomando agua, recibiendo un abrazo, etc… logro calmarme y ver las cosas diferentes.

 

Importante: Validar el enojo, no significa que está bien pegarle a otro. El problema no es sentir sino la manera en que manifestamos eso que sentimos. Es correcto sentir rabia pero no es correcto pegar a otro porque tengo rabia.

 

Para los padres de hoy es difícil validar sentimientos, no porque no los sintamos sino porque fuimos educados sin que nos los validaran, todo el tiempo estamos evitando sentir. De niños nos dijeron cosas como: “Los niños son fuertes y no lloran”, “llorando no solucionas nada”, “si estas triste no eres agradecido” y de alguna manera nos - bloquearon- para aprender a reconocer no solo los sentimientos de nuestros hijos, sino los nuestros.

 

Esto implica un entrenamiento, empezar a nombrar las emociones básicas y luego avanzar a otras menos comunes, aceptar que nuestros hijos las nombren y escuchar sin debatir (“Mami es que tengo rabia”, responder “no no tienes rabia, tienes es cansancio” es un claro ejemplo de un control emocional que no permite al niño autonomía emocional”)

 

Fórmula de honestidad emocional:

“Me siento_________________ porque___________________ y quisiera___________________”

 

“Me siento triste porque perdí mi juguete y quisiera encontrarlo”

 

¿Ante esta afirmación qué sentimos? Seguramente la mayoría sentimos claridad de cómo podemos ayudar a nuestro hijo, pero nuevamente para que nuestros hijos logren expresarlo primero los debemos entrenar.

 

“Me siento enojada cuando mi hermana me pega, porque me duele y quisiera que no lo siga haciendo”.

 

Importante: Conversar cuando los niños están alterados es difícil, siempre será mejor tener un tiempo de enfriamiento, de calma.

 

Otra cosa importante: Las rutinas previenen muchas situaciones que generan enojo en los niños, cuando tenemos rutinas, disminuimos la cantaleta porque no es la mamá o el papá el que indica que sigue si no la tabla de rutinas. No es lo mismo: Hora de bañarse que la mamá diga “debes bañarte ya”.

 

 


Algunas ideas para hacer tablas de rutinas

 

 

3 ideas para el manejo de emociones

 

 


Paletas con emociones

 


Botiquín Emocional
Diver-max, Abrazadol, Vita-felicidad, Vita-amor, Max-confianza, Desenfadasol

 

 


Rueda de opciones

  

 

Este documento ha sido inspirado en el libro A-Z Disciplina Positiva Jane Nelsen, Lynn Lott y H. Stephen Glenn.

 

*Colaboración de Carolina Guzmán García, creadora del Blog @abcdemifamilia. Se reproduce con autorización de la autora. Si tienes inquietudes puedes escribir a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Gestionandohijos.com - 22.01.2020

 

 Marian Rojas Estapé, autora del libro "Cómo hacer que te pasen cosas buenas"

 

"Cuando comprendes cómo funciona tu mente, cuando aprendes a gestionar tus emociones y enseñas a tus hijos a gestionarlas de forma correcta, les estás impulsando para que les pasen cosas buenas. El cerebro es plástico, crece, cambia, se modifica según el entorno, el cariño y la actitud. Aprender de estos temas ayuda a mejorar nuestra vida. Además, podemos aprender a ser felices, o lo más parecido a la felicidad que se alcanza en la tierra. Los estudios respaldan esta teoría, y cuanto antes enseñas a tus hijos, más probabilidades tienes de que tu hijo se enfrente a la vida de la mejor manera posible" nos cuenta Marian Rojas en esta maravillosa ponencia organizada por gestionandohijos.com. Aquí te dejamos con el video, ¡vale la pena verlo de principio a fin! 

 

 

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Por Isabel Molina Estrada / Revista Misión - 17.02.2020

 

 

 

Diversos estudios han demostrado que hoy las madres pasan el doble de tiempo con sus hijos de lo que lo hacían hace 50 años y que los padres pasan con ellos cuatro veces más. Sin embargo, la interferencia constante del móvil en ese tiempo juntos tira por la borda este logro. El estudio El impacto de las pantallas en la vida familiar, de Empantallados.com, denuncia que “en general, los padres realizan un uso más intensivo de las pantallas que sus hijos, nativos digitales”.

 

“¿Por qué preferimos estar enganchados al móvil a disfrutar con las personas que tenemos cerca?”, se pregunta para Misión María Zalbidea, una de las expertas consultadas por el estudio de Empantallados "El impacto de las pantallas en la vida familiar. Hogares hiperconectados: el comportamiento de padres e hijos en un entorno multipantalla". Es cierto que los padres no solo usan el móvil para divertirse, también les ayuda en su trabajo o en la gestión del hogar. Sin embargo, “si estás en casa contestando e-mails mientras los niños hacen sus deberes, es importante que ellos sepan que son lo primero para ti y que no compiten por tu atención”, reclama Zalbidea. ¿Y cómo se logra? Esta analista en tendencias digitales y autora del blog Cosiendo la brecha digital da ocho claves.

 

1. Gobierna tú

 

“Soy una fiel defensora de las ventajas que nos ha traído la tecnología y creo con firmeza que se puede hacer un uso responsable y saludable de los dispositivos en el día a día. Pero tenemos que ponerlos a nuestro servicio, y no al revés:  Yo gobierno mis dispositivos y les hago el hueco que quiero en mi vida. Si no, estos acaban por gobernarnos a nosotros”, sentencia Zalbidea.  Y añade: “Nuestros hijos tienen que ver que, igual que intentamos comer sano, hacer ejercicio o no abusar del alcohol, hacemos el esfuerzo de controlar nuestro uso del móvil”.

 

2. Aparca la pantalla

 

Cada familia puede decidir en qué momentos del día quiere prescindir totalmente de las pantallas. Esos momentos de detox digital son necesarios para “charlar, charlar y charlar. Es decir, para tender puentes entre la propia familia y conocernos bien”, reclama Zalbidea. Además de los tiempos diarios sin interferencias digitales, “cada semana es bueno establecer unos tiempos de calidad para pasar con los hijos. Pregúntales qué les gusta y haz cosas a solas con cada uno de ellos, como montar en bici o en patines, leer con ellos esos libros que quieres que lean, o repasar esos vídeos de inventos en YouTube de los que siempre te habla y que nunca has visto. Y poner día y hora”, recomienda Zalbidea.

 

3. Centra tu atención 

 

La incapacidad de centrar la atención en una sola cosa es una condición que se conoce como “atención parcial continua”. Zalbidea explica que “hoy nos cuesta más entrar en profundidad en los temas y concentrarnos en las cosas. Vamos saltando de un lugar a otro, de un chat a otro, de una noticia a otra, y cuando la atención es parcial, lastra nuestras relaciones. Hoy nos cuesta más escuchar a un amigo que habla despacio, a un abuelo que repite las cosas… Nos gustaría hacer un salto de pantalla, pero no podemos. Así que aprende a quedarte ahí, a sonreír, a escuchar y a fomentar la capacidad de la espera”.

 

4. Saca el trabajo de casa

 

Hoy la oficina y los compañeros han entrado al hogar y cuesta separar el trabajar de la vida familiar. Zalbidea cuenta que a menudo se encuentra con padres a quienes sus hijos les han llegado a decir: “Papá, es que tú siempre estás hablando por el móvil”. “No nos engañemos –sentencia–, estar colgado a los auriculares del móvil no es estar en casa”. Para que el trabajo no interfiera en la vida familiar, la experta recomienda hacerse una planificación y tener claras las prioridades:  “Salvo que sea una urgencia o un imprevisto, los tiempos de trabajo y de estar en familia deben quedar claros”, señala.

 

5. Evita interrupciones

 

“Una vez escuché a Sherry Turkle, profesora del MIT y autora del libro En defensa de la conversación: El poder de la conversación en la era digital (Ático Bolsillo, 2019), decir que estamos educando a una generación que ha crecido sin mantener conversaciones sin interrupción”, explica Zalbidea. Y eso podemos cambiarlo. Diversos estudios han demostrado que la conversación sin interferencias entre padres e hijos es clave para el adecuado desarrollo del lenguaje en los niños y para mejorar su rendimiento escolar.

 

6. Vive el presente

 

“No descubro nada nuevo si digo que da pena ver a un padre columpiando a su hijo en el parque y mirando la pantalla del móvil que tiene en la mano. Como sociedad tenemos que cuidar estas cosas”, reclama María Zalbidea. “Si es del todo imprescindible utilizar el móvil durante el tiempo que pasamos con los niños, conviene que les expliquemos la razón: ‘Gabriela, papá está haciendo un pago urgente para comprar una cosa, pero enseguida se centrará de nuevo en ti’”.

 

7. Baja el ritmo

 

“La multitarea no nos la ha dado la tecnología; no hay nada más multitask que una madre: puede estar atendiendo a un niño que hace deberes mientras pela las patatas para la tortilla y piensa en la reunión que tendrá con un cliente al día siguiente”, comenta Zalbidea. Sin embargo, esta capacidad encomiable compite con la pérdida de atención, “una de las grandes plagas del siglo XXI”. Para combatirla, Zalbidea propone una revolución del silencio: “Recupera la capacidad de sopesar las cosas, de reencontrarte contigo mismo y de alimentar tu mundo interior. De esa forma, estarás en cada momento en lo que toca”.

 

8. Muéstrate disponible

 

“Por último, y sobre todo, tenemos que estar accesibles para nuestros hijos: para que nos cuenten, nos pregunten… Si nos ven con el móvil todo el día, pensarán que estamos ocupados, que no tenemos tiempo para ellos, y nos estaremos perdiendo momentos especialmente buenos para educar, charlar, comprender, empatizar y, en definitiva, quererles como ellos necesitan”.

 

*Publicado originalmente por la Revista Misión

 

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Por Antonio Gervas / 18.10.2019

 

Foto: Freepik 

 

Pienso que todos los profesores son afortunados por poder llegar a conocer y ayudar a cada alumno; pero son especialmente dichosos los profesores de educación física, artística o música. Y lo creo porque el currículum de sus materias les permite ver a sus alumnos fuera de las rutinas de otras áreas más teóricas. Ellos pueden observar cómo interactúan con los compañeros, cómo interpretan, por ejemplo, la realidad a través de un dibujo o cómo responden a las reglas de los juegos propuestos.

 

Aprender de una manera lúdica tiene la enorme ventaja de que la atención puede mantenerse de una forma no intencionada y prolongada. Además las experiencias vividas a través del juego se graban en la memoria con mayor intensidad que las que derivan de las rutinas.

 

Pero no sólo los profesores. Los padres tienen, en el tiempo libre, una ocasión fantástica para educar a los hijos, a través de su ejemplo, en aficiones sanas, entretenidas, intelectuales y formativas. Gracias al tiempo libre compartido el niño puede conocer una versión muy interesante y divertida de sus progenitores.

 

El intenso ritmo del día a día en los hogares hace que sean pocos los momentos para la distensión compartida; sin embargo, a todos les gusta el buen ambiente que se genera pensando en un plan para realizar en familia o mientras se lleva a cabo la actividad o reviviendo los momentos una vez realizada. Incluir en el calendario familiar actividades y tradiciones facilita que en casa haya mucha ilusión y muchas sonrisas.

 

Hay tiempo para todo: las lecturas, las manualidades, las colecciones, los videojuegos, el teatro, el cine, los deportes, los juegos de mesa, las salidas culturales, las excursiones...las redes sociales son un medio fantástico para captar ideas con las que poder sacar partido al tiempo libre. Pero también interesa ver cómo los hijos ocupan su tiempo libre y habrá ocasiones en las que los padres tendrán que ayudar a sus hijos a organizarlo. Preocupa en este punto cómo usan los hijos las tecnologías. Y especialmente cuando su uso impide seguir realizando actividades que antes sí se hacían. 

 

El colegio puede ayudar a las familias orientando y sugiriendo ideas en función de la edad de los hijos. 

 

Por otro lado, observar a un niño revela información valiosa pero observarle mientras juega es todavía mejor y esto es así porque te permite ver:

 

- Cuáles son sus gustos.

 

- Quiénes son sus mejores amigos.

 

- Cómo respeta, o no, las normas establecidas, al árbitro o al entrenador.

 

- Cómo se esfuerza con nobleza

 

En definitiva ya se ve que lo pasárselo bien es un tema muy serio.

 

*Colaboración de Antonio Gervas de la Pisa para LaFamilia.info. Antonio es casado, padre de tres hijos y Profesor de vocación. Máster en Dirección de Centros Educativos y actualmente es Director de Primaria de un colegio en Madrid, España. 

 

 

 

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