FamilyOn.es - 01.06.2020

 

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En la mayoría de los países llevamos alrededor de dos meses confinados y ya en algunas partes han comenzado a flexibilizar la salida de los niños, sin embargo, se ha presentado algo que no esperábamos: muchos chicos no quieren salir de casa: ¿Es normal? ¿Debemos preocuparnos? ¿Es algo pasajero? ¿Tenemos que hacer algo las madres y padres para revertir la situación? Para responder a esto, compartimos la siguiente entrevista con la psicóloga infantil Silvia Álava Reyes, publicada en FamilyOn

 

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Silvia, nos escriben muchas madres y padres diciéndonos que sus hijos no quieren salir a la calle, que prefieren quedarse jugando en casa. ¿Es algo normal? ¿Cuándo debemos preocuparnos?

 

Los niños acusan mucho más los cambios que los adultos, sin embargo, su capacidad de adaptación es mucho mayor. Por eso, algunos niños y niñas prefieren quedarse en casa jugando, como han estado haciendo estas últimas semanas, a salir a la calle. En esta situación es muy importante averiguar el porqué, dado que no es lo mismo que el motivo sea que están a gusto y cómodos en casa jugando, a que sea porque les da pereza o porque tienen miedo. En cada caso habría que ir trabajando la situación para ir “activándoles”, pero especialmente en el caso de que tengan miedo.

 

¿Cuáles son los principales motivos por los que los niños prefieren quedarse en casa? ¿Miedo, comodidad, se han adaptado a la situación y no la quieren cambiar?

 

Los niños pueden no querer salir de casa por múltiples motivos: desde “me da pereza”, “quiero quedarme jugando”, o “prefiero estar con la consola, viendo la tablet…” a “me da miedo contagiarme o ponerme malo”.

 

También puede ser que no vean atractivo el plan de salir a la calle, dado que no pueden ir al parque, ni jugar con amigos… ya que hay que cumplir de forma estricta las medidas de seguridad… Es muy importante preguntarles qué les ocurre. Mientras en los dos primeros caso intentaremos animarles a que salgan y si fuese necesario, incluso podemos ponernos más firmes, para que les de el aire y hagan algo de ejercicio; cuando los niños tienen miedo no deberíamos forzarles a salir hasta que estén preparados.

 

¿Cómo podemos ayudar las madres y padres a nuestros hijos si han desarrollado miedo a salir de casa a causa del virus?

 

Si nuestro hijo o hija tiene miedo lo primero que tenemos que hacer es validar su emoción. Eso implica decirle: “entiendo que tengas miedo”. Todas las emociones son lícitas, sentimos lo que sentimos y nadie debe de juzgarlo. Decirle: “no tengas miedo” no es un buen comienzo, dado que, si él o ella tiene miedo, no se sentirá comprendido.

 

Un buen inicio para comenzar el acercamiento y abrir un punto de encuentro podría ser: “entiendo que tengas miedo. Es normal tener miedo, porque llevamos mucho tiempo escuchando que hay que tener mucho cuidado con el coronavirus y que nos podemos infectar o contagiar a los demás. Sin embargo, si salimos con cuidado, con mascarilla, no tocamos nada… no nos va a pasar nada”.

 

En estos casos no conviene obligarles a salir, pero sí que pueden ver como sus hermanos salen, y que nosotros salimos a dar un pequeño paseo. A la vuelta podemos contarles nuestra experiencia, que hemos ido con mucho cuidado y que no nos ha ocurrido nada…

 

Les invitaremos a salir cada día, esperando a que se animen. Una vez dado el primer paso, iremos poco a poco, al principio sólo daremos una vuelta a la manzana, después un poco más lejos… y por supuesto, siempre cumpliendo las medidas de seguridad.

 

Y si la causa de no querer salir a la calle no es el miedo, sino que se han adaptado a la situación y les resulta cómoda, ¿qué debemos hacer los padres? ¿Obligarles a salir es una solución?

 

En el caso de que no salgan por vaguería o comodidad, sí que hay que actuar de otra forma. Quizás el primer día les dejaremos en casa, pero con la firme promesa de que al día siguiente saldrán, y como ya están avisados, ese día tendrán que cumplir su compromiso. Es bueno que los niños se muevan y que les de el aire fresco. No olvidemos los beneficios del ejercicio físico, de la luz del sol, de oxigenarse, tanto a nivel físico como “intelectual”, viendo otras cosas, otras situaciones, a otras personas…

 

Salir a la calle no es sinónimo de jugar con otros niños, de hecho, esto no está permitido aún. ¿Qué consecuencias puede tener este aislamiento social forzado para los niños?

 

Nunca habíamos vivido una situación como esta. Sabemos que los niños que han pasado cuarentenas registran niveles medios de estrés postraumático cuatro veces superiores a los que no han estado en cuarentena y que los efectos negativos de la cuarentena son significativamente mayores si esta dura más de 10 días. Teniendo en cuenta estos datos y con los resultados preliminares sobre el efecto que está teniendo el confinamiento en los menores a nivel emocional (más ansiedad, estrés post traumático, depresión, dificultades de concentración…) podemos pensar que la situación con los menores puede llegar a ser complicada.

 

Quizás tanto tiempo sin convivencia con sus iguales puede llegar a afectar al desarrollo de sus habilidades sociales, por eso es importante procurar que hablen con sus amigos y sobre todo, que los adultos no cedan ante todos sus deseos. Que aprendan a negociar qué vamos a hacer, a qué vamos a jugar… dado que es una de las bases de la interacción social y, a la vuelta, el resto de tus amigos no harán siempre lo que ellos quieran.

 

Con esta situación que estamos viviendo, ha aumentado el tiempo de consumo de tecnología en casi todos los hogares. Los niños no se quedan fuera de esto. ¿Hay riesgo de que vinculen en exceso su ocio a la tecnología y luego no sepan divertirse sin ella?

 

Es normal que durante el confinamiento el tiempo de “pantallas” tanto de los niños como de los adultos se haya incrementado, pero lo que puede llegar a ser malo, no es tanto el uso de pantallas (dentro de unos límites razonables), como el tipo de contenido que se consume.

 

No obstante, no es bueno que a ninguna edad el ocio se reduzca a la tecnología. La vida es mucho más que una pantalla.

 

Es importante que los niñas y niñas disfruten de la compañía de sus familiares, que se rescaten los juegos tradicionales, que puedan hacer ejercicio como parte del ocio y, sobre todo, que no utilicemos las nuevas tecnologías como un “chupete emocional”, es decir, cuando me da miedo enfrentarme a mis emociones o cuando siento emociones desagradables (aburrimiento, miedo, tristeza, ira)…, como no quiero ser consciente de ellas, las intento tapar con el uso de pantallas.

 

La ONG Save the children alerta de que 1 de cada 8 niños sufre estrés a causa del confinamiento. ¿Cómo podemos las madres y padres ayudarles a reducir esa ansiedad o a evitar que la sufran?

 

Para evitar que nuestros hijos sufran lo menos posible durante el confinamiento, recomendaría:

 

1. Observa cómo estás gestionando la situación. Los niños son esponjas y absorben todo lo que ven y, sobre todo, lo que sienten sus adultos de referencia, que principalmente son su padre y su madre.

 

2. Crea un clima de confianza, donde los niños confíen y entiendan que puedan hablar de sus preocupaciones y de lo que sienten. Deja espacios libres de interferencia y elementos distractores.

 

3. Habla de las emociones. Es importante dejar que los niños expresen qué es lo que sienten, y para ello los primeros que debemos de hacerlo somos los adultos. Verbalizar lo que sentimos no implica contarles a nuestros hijos nuestras preocupaciones de adultos, pero sí decirles cuando estamos tristes, alegres, enfadados…

 

4. Valida sus emociones. Por ejemplo, cuando te diga que está triste o le veamos más “apagadillo”, le puedes decir “creo que estás triste, ¿es así? ¿quizás es porque echas de menos a tus amigos? ¿quieres que les hagamos una vídeo llamada?”

 

5. Mantén horarios y rutinas. A los niños saber qué es lo que va a ocurrir en cada momento les da mucha seguridad. Cuándo comemos, cuándo hacemos los deberes, la hora de la ducha… es una forma de darles tranquilidad.

 

6. Intenta mantener la calma. La situación es complicada, y gestionar la incertidumbre muy difícil, sin embargo, si conseguimos tramitarles serenidad será más fácil para todos.

 

7. Pon el foco en lo importante. Lo prioritario durante esta pandemia es atender las necesidades emocionales de nuestros hijos. No tanto que los deberes estén perfectos y el salón limpio y súper recogido.

 

8. Antes de irse a la cama reserva un tiempo para leer un libro y estar tranquilos, nos servirá para bajar el nivel de energía y así conciliar mejor el sueño y también para ofrecerles un nuevo espacio para contar cómo se sienten.

 

9. Practica alguna técnica de relajación, como puede ser la respiración, usar botellas de la calma, meditaciones para niños…

 

10. Haz un diario emocional, en el que puedan escribir lo que sienten cada día, o si son más pequeños que puedan expresarlo a través de un dibujo.

 

 

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Mathilde De Robien/Aleteia.org - 22.05.2020

 

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Aunque en muchos lugares del mundo ha comenzado el desconfinamiento progresivo tras semanas encerrados sin poder salir, para muchos padres el día a día no ha cambiado mucho porque sus hijos todavía no volverán al colegio y ni saben cuando lo harán. Se trata de una situación complicada para todos, niños incluidos.

 

Hace ya dos meses que los padres apenas tienen tiempo para respirar entre las tareas de la escuela en casa, las actividades para entretener a los pequeños, las labores del hogar y el teletrabajo, si es el caso, en compañía de la querida prole.

 

Aunque el periodo de desconfinamiento concede ya algunas libertades adicionales, el agotamiento parental es evidente. Ciertamente, no pasa en todas las familias, explica Moïra Mikolajczak, doctora en psicología y especialista en burn out que invita a imaginar la paternidad como una balanza donde se pone en una bandeja las cosas que aumentan el estrés parental y en la otra las cosas que lo aligeran.

 

En algunas familias, el confinamiento ha aportado menos limitaciones horarias, menos trayectos, más flexibilidad y, por tanto, ha contribuido a relajar la atmósfera familiar. En cambio, en otras familias, la bandeja de “estrés parental” ha explotado con el colegio en casa sumado al teletrabajo, la ausencia del apoyo de los abuelos, el aumento de las tareas del hogar y ninguna salida de placer para desconectar.

 

Aunque este extraño periodo ha permitido a algunos reconectar con su paternidad y maternidad de manera positiva, otros están rozando o ya han llegado a un preocupante agotamiento. Estos últimos son los más vulnerables al burn out parental, caracterizado, entre otras cosas, por un sentimiento de saturación y la pérdida de placer en el papel de padre o madre.

 

Si tienes alguna de estas sensaciones, estos siete consejos de Moïra Mikolajczak pueden ayudarles a evitar el “auténtico” burn out.

 

1. No te esfuerces en jugar y entretener todo el día a tus hijos

 

“El que nuestros hijos estén en casa no significa que debes pasar todo el día jugando con ellos, mucho menos que cedas a juegos que no te gustan”, recomienda la investigadora.

 

“En estos tiempos inéditos, la calidad prima sobre la cantidad”. Da prioridad a los momentos o juegos en los que tu también disfrutas. Es inútil “sacrificarse” lanzándose a una partida de Risk o de Monopoly si detestas esos juegos.

 

2. Flexibilidad

 

En situaciones excepcionales, medidas excepcionales. “No se es un mal padre por modificar algunas reglas con el fin de favorecer la vida juntos durante este periodo”, explica Moïra Mikolajczak.

 

Algunas reglas, como las que regulan las pantallas, por ejemplo, pueden flexibilizarse o pueden instaurarse otras. Lo importante es que haya una comunicación sobre estas reglas que regirán durante el "confinamiento en casa".

 

“Una vez propuestas las reglas, hay que seguirlas; contribuyen a crear rutinas vitales que alivian la carga mental”.

 

3. Que ayuden en casa

 

Cuando tu hijo ayude en casa en el día a día, no olvides agradecérselo y hacerle sentir que cada gesto, por pequeño que sea, es importante y que su ayuda es útil.

 

Dado el carácter inédito de la situación, modifica el reparto habitual de las tareas del hogar entre los miembros de la familia. Eso nos aligerará, nos liberará un poco de tiempo y hará más autónomos a nuestros hijos.

 

Puedes incluir a los más pequeños en el reparto, con misiones a su medida como ordenar los juguetes que tengan tirados por su dormitorio, por ejemplo.

 

“Es una buena ocasión para desarrollar la ayuda mutua y la colaboración intrafamiliar”, señala Moïra Mikolajczak.

 

4. Organizar juntos el día a día 

 

“Los niños no tienen el hábito de marcar el ritmo del día; habitualmente, es otra persona la que se encarga de hacerlo por ellos en la escuela y en casa. Por tanto, corren el riesgo de sentirse rápidamente desocupados, de no saber qué hacer, de ir desnortados de una tarea a otra”, explica la especialista.

 

Por eso acuden tantas veces al día a solicitar la atención parental y esta desocupación termina por cansar. Lo ideal es construir con ellos una planificación básica de la semana, alternando actividades creativas (dibujar, hacer manualidades…), actividades para que se desfoguen físicamente, actividades “intelectuales” para los más mayores (leer, estudiar, hacer los deberes del colegio), momentos de relajación, un tiempo tranquilo de soledad, momentos en que los mayores se ocupen de los pequeños, momentos de contacto (aunque sea virtual) con sus amigos y momentos de juego con los padres.

 

5. Escoger los combates

 

Desde luego, no es buen momento para entrar en conflicto con un niño o un adolescente. Con tan poca escapatoria, el ambiente familiar puede degenerar muy rápido. “Establece una lista de los comportamientos para los que te sientes preparado para soportar, e identifica los dos o tres comportamientos que consideras intolerables". 

 

"Avisa a los hijos de que estarán más “relajados” en relación a algunas cosas, pero que permanecerán intransigentes con otras”.

 

6. Adiós a Superman y Superwoman

 

A muchos nos encantaría poder continuar teletrabajando y ser unos padres alegres y disponibles y hacer una labor mejor que en la escuela profundizando más en cada lección. Sin embargo, “no puedo ser trabajador, padre y profesor al mismo tiempo… Es imposible, bajo pena de desfilar directos hacia el burn out. Aquí también hay que elegir… y aceptar que elegir significa renunciar”, alerta la investigadora.

 

7. Cuida a tu pareja 

 

Moïra Mikolajczak recuerda que, según múltiples estudios, los padres que se quedan en casa son los más vulnerables al burn out parental. ¡Y la situación actual hace que ambos padres tengan que experimentar la vida de ama y amo de casa! Por eso, es importante expresar al cónyuge todo el reconocimiento correspondiente a esta experiencia a través de palabras amables o pequeños cuidados.

 

*Publicado originalmente en Aleteia.org

 

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Catherine L´Ecuyer - ElPais.com / 31.03.2020

 


Catherine L´Ecuyer - Foto catherinelecuyer.com

 

Catherine L´Ecuyer es toda una referencia en temas de educación, reconocida en el mundo entero por sus libros Educar en el Asombro y Educar en la Realidad . Esta canadiense radicada en España, y madre de cuatro hijos, responde a esta inquietud que a muchos padres nos ronda en este momento, ¿qué efectos puede tener todo esto en nuestros hijos? Para dar respuesta, compartimos el siguiente artículo publicado en ElPais.com.

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Durante estos días, ha surgido la duda de si el confinamiento produce efectos adversos en los niños. Reconozco de entrada que no soy experta en la materia; de hecho, no conozco a nadie que tenga un título de especialista. Seguramente se consideraría inmoral diseñar un experimento así en un grupo controlado de niños. En cualquier caso, creo que antes de aventurarse a responder a esa pregunta, es preciso tomar en consideración tres cuestiones.

 

Primero: los niños son supervivientes. Como nos decía María Montessori, los menores tienen una capacidad de adaptación que ningún adulto posee. Por supuesto, nadie está diciendo que el confinamiento les convenga. Pero los niños de tres, cinco u ocho años llevan años viviendo en circunstancias antinaturales. Madrugan demasiado, se tragan el desayuno en tres minutos y van a colegios con patios de cemento donde les cuidan sucesivamente unos 10 maestros. Algunos, a esto, le suman actividades extraescolares hasta muy tarde cada día. Y muchos apenas ven a sus padres, que llegan por la noche, agotados. Sin duda, si pueden con todo esto, deberían ser capaces también de aguantar este confinamiento que nos ha tocado vivir. Hasta, incluso, les podría ir bien en ciertos aspectos, si se lleva a cabo correctamente. Pero eso depende de una serie de factores, lo que nos lleva a la segunda cuestión: las circunstancias del confinamiento.

 

No es lo mismo vivir en una casa con jardín de dos plantas que en un piso de 50 metros. Y no es lo mismo vivir solo o con una persona deprimida o con problemas mentales que en una familia en la que hay equilibrio psicológico. Por ese motivo, la atención psicológica en grupos vulnerables es tan necesaria ahora mismo. No es igual que los padres se griten y se tiren los platos a la cabeza a que haya un ambiente de paciencia y de escucha generosa; no es lo mismo estar todo el día delante de la pantalla que leyendo libros y conversando; no es lo mismo que los padres compartan su ansiedad porque no tienen ingresos para llegar a final de mes, que lo lleven con alegría y buen humor a pesar de las dificultades. Tampoco es lo mismo que la televisión esté puesta de fondo permanentemente, con una sensación apocalíptica de fin de mundo que anuncia el número de muertos cada 10 minutos, que vivir en un ambiente silencioso de trabajo y de juego tranquilo. Y, finalmente, no es igual vivirlo en una cultura nórdica, acostumbrada al confinamiento en inviernos fríos, que en una cultura mediterránea que acostumbra salir a la calle cada día.

 

Para los niños, todos estos factores son más determinantes que el confinamiento en sí. En la medida en que están bien sus padres, ellos están bien. Nuestros hijos siempre buscan la clave de interpretación de la realidad mirando a los rostros de sus padres, con los que tienen un vínculo de apego. Educamos con y desde la mirada. Como decía Robert Fulghum, "no te preocupes porque tus hijos no te escuchan; te observan todo el día".

 

La tercera cuestión es que podemos aprovechar esa oportunidad para enseñarles las pequeñas cosas de una vida sencilla. A lo largo de los últimos dos años, se ha puesto de moda reclamar la creación de asignaturas nuevas en los colegios para aprender cosas que, a mi juicio, deberían aprenderse en casa. Los que estemos confinados con nuestros hijos durante mucho tiempo, si es que la situación laboral nos lo permite y siempre adaptándonos a su edad, podemos aprovechar para enseñarles a hacer cosas sencillas domésticas. Tareas como coser un botón; hacer gelatina, una bechamel o un sofrito; cortarse las uñas; limpiarse bien las manos; poner una sábana bajera o cuidar de una planta limpiando sus hojas con delicadeza, entre otras cosas. En definitiva, les podemos enseñar cómo disfrutar de la convivencia, del silencio y de una vida sencilla.

 

En conclusión, lo que estamos viviendo es un experimento a gran escala para el que no hay manual de instrucciones, salvo el buen humor, la amabilidad, el cariño y la generosidad. Es una oportunidad única para aprender a querernos más en el hogar. Es una ocasión para asombrarnos de lo que tenemos, para aprender a no dar nada por supuesto. Esperemos de todo corazón poder resistir entre todos esta gran prueba, y esperemos que las familias salgan de esa situación no rotas, sino fortalecidas.

 

 

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AsistencialMedica - 06.04.2020

 

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¿Qué efectos psicológicos puede tener el aislamiento y/o cuarentena en los niños? Esta es una de las preguntas que están rondando en la cabeza de muchos padres en este momento, y aunque Catherine L'Ecuyer nos daba un parte de tranquilidad afirmando que «si los padres están bien, los niños también», también está claro que el Coronavirus nos ha cambiado la vida a todos de un día para otro, y es normal que en este tiempo los niños pueden llegar a sentir miedo, angustia, tristeza, soledad… 

 

Así que nos dimos a la tarea de investigar sobre el tema y encontramos la siguiente información publicada por una institución de asistencia médica que puede ser de mucha ayuda para las familias. 

 

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Los expertos señalan que en algunos niños se pueden prestar alteraciones de 3 tipos: 

 

- Alteraciones a nivel corporal: sueño, pesadillas, miedos nocturnos, comer más o menos de lo habitual.

- Alteraciones en el comportamiento: irritabilidad, rebeldía.

- Alteraciones en su estado de ánimo: miedo, tristeza, ansiedad. 

 

¿Cómo podemos ayudarlos?

 

Los expertos recomiendan entonces:

 

Hablar con ellos

 

- Explicarles de forma clara y sencilla lo que está sucediendo, adaptarnos a su edad y a su madurez, transmitiendo calma y seguridad. 

 

- Ser sinceros de que se trata de un virus peligroso, pero que la mayoría de las personas se recuperan, enfatizando en la importancia de tener los hábitos de higiene correspondientes para cuidar de no enfermarnos y evitar posibles contagios.

 

- Contarles sobre los síntomas frecuentes: fiebre, tos y falta de aire.

 

Escucharlos

 

- Preguntarles qué saben del coronavirus para aclarar posible información errónea. Si hay algo que desconocemos la respuesta, podemos incluso buscarla juntos en sitios confiables, MSP, OMS.

 

Preguntarles cómo se sienten al respecto, validar lo que están sintiendo y recordarles que cuentan con nosotros ante cualquier duda o inseguridad. No generar un tabú en referencia al tema, los niños son sumamente sensibles a lo que no se dice en su entorno y esto incrementa en mayor medida sentimientos de miedo y ansiedad.

 

Protegerlos

 

- Evitar el bombardeo excesivo de información, cuidar las conversaciones adultas frente a ellos, ¡no alimentemos más su miedo! Necesitan adultos que los guíen y transmitan seguridad.

 

- Contarles que tenemos que confiar en las recomendaciones de las personas que cuentan con el conocimiento y herramientas necesarias para protegernos del virus.

 

- Propiciar espacios de comunicación con los familiares y amigos que no están viendo, ya que también pueden sentirse preocupados por su bienestar.

 

Proponer actividades

 

Es importante tener presente que los niños no sólo sufren del corte abrupto de sus rutinas, sino también, en muchos casos donde no hay un patio en casa o grandes espacios, pierden el contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento corporal. En este momento, al igual que los adultos, se ven restringidas áreas fundamentales para su desarrollo y bienestar físico y emocional. Por esta razón es que los agentes de Salud insistimos en la importancia fundamental de proponer rutinas adaptadas a la situación actual, así como actividades que involucren a la familia en conjunto y a cada uno de forma individual.

 

Para quienes pueden quedarse en casa con su familia, sostener y contener el aislamiento no es sencillo. Tener presente que pueden surgir momentos donde el propio malestar facilite los roces y las dificultades vinculares. Para ésto, de ser posible, es útil que los adultos puedan coordinar entre ellos al menos media hora para tomar un baño tranquilos, leer un libro, o simplemente descansar. De no contar con otro adulto que facilite la tarea de sostener a los más pequeños, teniendo en cuenta la situación particular, las pantallas pueden darnos un tiempo de respiro para volver a cargar energías y estar disponibles de una mejor manera.

 

Estos son algunas actividades: ¡a ponernos creativos!

 

Rutina: Crear una rutina adaptada al momento actual. Proponer horas para levantarnos, (no olvidar sacarnos el pijama y vestirnos), baño, hacer tareas de la escuela, hablar con amigos por teléfono, comidas, juegos en familia, sueño.

 

Compartir las tareas de la casa en general. Cocinar, preparar la mesa para la comida, doblar ropa, ordenar, barrer. Proponer un momento para la limpieza, pudiendo pensar juntos que ésto también es una forma de cuidarnos entre todos y que necesitamos de su colaboración para lograrlo. (Aquí te damos más ideas: Tareas hogareñas que pueden hacer tus hijos según su edad)

 

Jugar y jugar. Según las edades esto puede cambiar. Con lo más pequeños, es una oportunidad para observar su creatividad, sin muchas propuestas preestablecidas dejarnos llevar por su imaginación e ingenio. Con los más grandes, proponer juegos clásicos y conocidos, de mesa, cartas, etc. pero también acercarnos a lo que ellos hacen habitualmente, con seguridad más de uno disfrute de las pantallas. En este sentido CUIDAR de todos modos el tiempo de exposición a estos juegos.

 

¡A mover el cuerpo! Aunque el espacio sea pequeño, aunque no haya patio, busquemos la forma de movernos. Bailar con canciones conocidas o inventadas, correr, saltar, o expresión corporal libre, movernos “como si” …. como si fuera un perro, un elefante … ¡o una hoja!

 

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Opuesdei.org - 31.03.2020

 

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Sentido común, algo de ingenio y mucha paciencia. Y no olvidar a quienes están falleciendo, a sus familiares y a todas las personas que nos están cuidando. Dos familias nos cuentan cómo podemos organizarnos en casa para lidiar con la situación que ha traído la pandemia del coronavirus.

 

La acumulación de cifras de fallecidos e ingresados nos lleva a rezar por ellos, por sus familias, por el personal sanitario y tantas personas e instituciones que están trabajando sin descanso para minimizar el impacto de la pandemia.

 

Para muchos otros -la mayoría- su modo de contribuir es... quedarse en casa y obedecer a las autoridades civiles. Desde el portal opusdei.org han pedido a dos familias que nos cuenten cómo están procurando superar las inevitables dificultades de estos días: un capitán de fragata, especialista en submarinos, y una madre (en su cuenta de Instagram se describe con humor (Marta: 72m² para 6 "agobiaos" ¿Y si la familia fuese la empresa más importante que pudiese existir?), y que comparte varios consejos que ha puesto en práctica en su casa. Vamos allá.

 

José Torrente: Cuando el submarino es... tu casa

 

José es capitán de fragata, especialista en submarinos. 15 años rodeado de agua. El aislamiento ha sido su gran compañero de viaje, como un amigo invisible. Ahora, en casa, con nueve hijos, su vida discurre -digamos- en otro submarino, como la de todos nosotros. Aunque con luz natural y tantas otras ventajas.

 

Con un video sencillo, editado en su casa, José y algunos de sus hijos nos sugieren algunas ideas básicas para afrontar este periodo. Hay vida debajo del agua. Y fuera de ella, en cualquier hogar, se puede vivir razonablemente bien, con buenas dosis de paciencia y sentido del humor.

 

 

Marta, madre de familia: “No estamos solos y la situación no es, ni de lejos, la peor”

 

No sabes ni cómo te llamas. De un día a otro te han metido en una peli de ciencia ficción y tienes que gestionar a varios niños, un marido, una o dos zonas de trabajo, bombardeo de información y de deberes de los colegios... y los metros cuadrados, que te parecen menos metros que nunca.

 

El desconcierto y el pánico inicial dejan paso al mal humor, las voces, las malas formas, los portazos, los insultos de un hermano a otro…

 

Lo primero que hay que hacer es pensar que no estamos solos. Todos estamos, en mayor o menor medida, en la misma situación que además no es, ni de lejos, la peor. Hay muchos hogares que tienen un familiar o varios enfermos, viviendo con la incertidumbre y el miedo; en otras casas hay madres o padres solos que no tienen ayuda, y quizás tengan que ir a trabajar; en otras, hay familias con niños con necesidades especiales...

 

Así que, en la medida de lo posible, redimensiona las circunstancias y da gracias a Dios porque seguramente lo que estás viviendo no es tan duro.

 

En cualquier caso, ahí van siete consejos que pueden ayudarte a mejorar la convivencia estrecha de estos días:

 

1. Organízate. Como si de una empresa se tratase organiza primero tu cabeza y luego la casa. Tenéis que ordenar la casa y pensar de dónde sacáis espacio de trabajo para dos, de estudio para los mayores y de ocio para los peques de la casa. Y eso no depende de los metros cuadrados…

 

Cuando me refiero a ordenar, me refiero a orden y limpieza normal: no es el momento de pensar en limpiezas a fondo, con falta de lejía en los mercados y niños pululando por la casa. Entre nosotros, yo ya me veía con el bote de pintura en la mano dando una manita a la casa, aprovechando la cuarentena. Pero no es el momento. Tampoco lo es de quitar el pañal al peque, ni quitar el chupete, enseñar a sumar o el abecedario…

 

Tranquilos. Las clases volverán. Y los profes seguirán enseñando.

 

Organiza también las comidas y la ropa. Intenta hacer hueco en la casa para tener que salir lo menos posible al supermercado (y ya sabes, cumpliendo las normas) y haz entender a tu familia que hay que ser disciplinado con el uso de la ropa. De lo contrario, en dos días estarás invadidos de prendas sucias.

 

2. Un día normal con horario normal. Tal vez te asalte la apatía y quieras estar todo el día tirado en el sofá con el pijama puesto. Ni lo pienses.

 

Levántate y acuéstate a la hora acostumbrada. Dúchate, vístete, como para salir a trabajar. Peínate. Y exige a tus hijos el mismo horario y vestimenta "de calle". Que cuiden su aseo.

 

Aunque los colegios están intentando, en la medida de sus posibilidades, enviar temario, corregirlo e incluso les hacen exámenes, si tienes adolescentes seguro que querrán ver pelis hasta las tantas, usar más la Nintendo o el móvil... ¡Ojo!

 

No es necesario que tengan un horario tan fijo como en el cole. Y comer en familia es un lujo que podemos permitirnos estos días. Que tus hijos ayuden a recoger la cocina y a hacer tareas de la casa, ya que que otras veces no pueden hacerlo por falta de tiempo. Por la tarde, pueden jugar más con sus hermanos, leer, etc.

 

3. Cuida la relación de pareja. Si eres de los que piensa que la epidemia hace peligrar tu matrimonio, no te sientas un bicho raro. Durante el verano aumentan las peleas por pasar más tiempo juntos. Ahora también estamos más tiempo juntos. Muy juntos. Todo el día y toda la noche. Y, a menudo, no hay perro para airearse...

 

¿Objetivo? Que la sangre no llegue al río. Pide perdón si metes la pata o das respuestas airadas a tu marido o mujer. Y perdona al otro. Ponte en su lugar. Quizás el/ella tenga estos días más carga de trabajo con el teletrabajo, o esté preocupado/a por el dinero, o por sus padres o conocidos, o lleve horas supliéndote con los niños para que puedas trabajar… Lo más parecido a estar en una jaula del zoo.

 

Normalmente en situaciones de estrés, cuando uno está de bajón el otro está mejor de ánimo, y así vamos tirando uno del otro y, en consecuencia, de los hijos.

 

Hay que intentar que cada uno tenga un momento de esparcimiento, es decir, que se aísle del ruido de la casa, los niños, la lavadora y haga aquello que le dé la gana y que le libere mentalmente de las cuatro paredes. Lo que él o ella quiera. Leer, rezar, dormir, hacer gimnasia, oír música con cascos como si estuviese en el Palacio Real... E intenta que los niños no interrumpan ese momento.

 

En definitiva, es un momento estupendo para pronunciar lo que el Papa Francisco llama las tres palabras claves del matrimonio: Gracias, perdón y permiso.

 

4. Los fines de semana haz las actividades que solían hacer. Con imaginación muchas veces será posible. Las redes sociales muestran a un internauta nadando sobre un patinete por el pasillo, o a un señor colgado de la barra de la ducha, como si estuviese en el bus. Si los fines de semana practicas tiro al plato, olvídate. Pero si te gusta el cine, proyecta una película para la familia; si vas al gimnasio, hazte con unas pesas DIY y ponte alguno de los videos que circulan por la red. Si rezas el rosario, haces oración o asistes a Misa, hazlo, ahora más que nunca (online, se entiende).

 

5. Llama a tus padres y familia a menudo. Pueden hacer una sesión de Skype, Hangouts o Zoom en familia como si cada uno estuvieseis en una punta del mapa. Eso nos dará ánimos, nos pondrá al día y nos aseguraremos de que nuestros padres (o en el caso de que esté uno solo) estén bien.

 

6. Con los niños hay que usar una máxima: si te ven bien, estarán bien. Si te invade la tristeza y necesitas llorar, llora en el baño o con tu marido/mujer. Pero delante de ellos, sin ocultar la realidad, que vean confianza y tranquilidad.

 

Haz acopio de juegos y juguetes que tengas en el trastero o en el altillo, que hace mucho que no usen, dosifícalos para varios días y ve guardando y sacando. Si sacas toda la artillería por el salón en una hora tendrás un niño aburrido y un salón atestado...

 

Pide a los mayores que jueguen con los pequeños, imagina juegos y no sufras si se aburren: no pasa nada. Si por norma general no dejas que jueguen al fútbol en casa, déjales que jueguen un rato, dejando claro que son medidas extraordinarias, como la pandemia.

 

Observa cómo está cada uno de los miembros de la familia. Habla con cada uno. Los mayores serán más conscientes y quizás necesiten hablar del tema, pregúntales… A los peques puede ayudarles dibujar lo que pasa. No ocultes información, pero tampoco debes saturarles: No necesitan conocer los datos de cada día. Solo una cosa debe quedarles clara (a ellos y a ti): saldremos de esta. No sabemos cómo ni cuándo. Pero saldremos.

 

7. Libera información. Necesitamos tres pandemias para oír, ver y hacer todo lo que se ha enviado por WhatsApp... Y necesitamos tres vidas para asimilar tanta información. ¿De verdad necesitas saber tanto, tanto, del coronavirus? Intenta no estar pendiente de cada dato, de cada cifra, de cada audio. Durante tu jornada laboral, silencia el móvil. Ganarás en salud.

 

 

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