Por LaVidaLucida.com - 13.07.2020

 

Foto: senivpetro - freepik 

 

Ser una madre es sin duda el trabajo más difícil que jamás tendrás. Los puntos altos pueden ser los mejores momentos de tu vida, pero los bajos son despiadados. Si no estás peleando con tu adolescente o luchando para que tu bebé deje de llorar, estás preocupada por todo, desde su vida social hasta su dieta. Al final del día, todas quieren ser una buena madre, la mejor mamá que se pueda ser. Pero siempre quedan huecos que hace pensar que las cosas se pueden hacer mucho mejor.

 

Signos de que eres una buena madre

 

Cada madre tiene su acercamiento individual a lo que es la crianza, sin embargo, a veces, como madres sentimos que no estamos criando de la manera correcta. Pero este sentimiento de insuficiencia es usualmente infundado. Aquí está la cosa: ser una buena madre no es tan duro como se ha hecho pensar. De hecho, son las cosas simples las que realmente importan. Echa un vistazo a ocho señales de que estás haciendo bien tu trabajo.

 

1. Estás agotada

 

Nadie dijo que la maternidad era un paseo por el parque. Las buenas madres ponen generalmente el horario de comer, de dormir, de jugar y de bañarse de sus niños antes del suyo, y eso, generalmente significa, algunas noches de sueño perdido y no mucho tiempo muerto durante el día.

 

2. Conoces tus prioridades

 

Criar a tu hijo para ser un adulto exitoso y feliz viene antes que cualquier otra cosa. Esto significa que los valores que tú aceptas, como la bondad y la perseverancia, deben ser integrados en la vida de tu hijo. Esto generalmente significa que eres el ejemplo, permitiendo que tu niño aprenda sobre tus valores por su cuenta.

 

3. Lo apoyas

 

A pesar de que priorizas tus valores, tu hijo depende de ti para el estímulo en su vida cotidiana. La estimulación mental es la forma en que un niño crece en casi todas las edades, y estar allí para ellos al margen y animándolos en sus esfuerzos, significa que estás haciendo algo bien.

 

4. No tienes miedo de hacer cumplir las reglas

 

Una buena madre sabe cómo ser enfática cuando su hijo se está portando mal. Muchas madres se esfuerzan por ser amigas de sus hijos, pero sabes que no es tu trabajo. Independientemente de la edad de tu hijo, entiendes la importancia de establecer reglas consistentemente en tu casa, y si desobedecen, saben que enfrentarán consecuencias. Este es uno de los elementos de construcción de carácter más importantes de ser madre. Por lo general, conduce a adultos seguros y disciplinados.

 

5. Sabes la importancia de la libertad y la diversión

 

La disciplina es importante cuando se es madre, pero eso es sólo un lado de la moneda. Divertirte con tu hijo es lo que finalmente fortalecerá tu relación y traerá enriquecimiento a la vida de un niño. Tu hijo sabrá que hay tiempo de trabajo y tiempo de juego, y necesita saber que estarás allí para ambas cosas.

 

Esto significa que tomas un tiempo sustancial fuera de tu día para divertirse o jugar juntos. Podría significar llevarlo al parque o al acuario, o podrían estar jugando en casa o en el patio trasero. Asegurarte de que tu hijo reciba su dosis diaria de diversión, es una de las principales responsabilidades de ser madre.

 

El cerebro de un niño es más absorbente en sus primeros años, y permitir que nuestro hijo aprenda, significa darles la libertad de explorar y descubrir por sí mismos. Puedes sentir que quieres sostener su mano en todos lados, como en su primer día de escuela. Pero cada niño necesita llegar a una comprensión del mundo que les rodea por su cuenta. Mantenerlos constantemente protegidos de la realidad, puede impedir que se desarrollen de una manera saludable.

 

6. Tus hijos son educados

 

¿Alguna vez ha estado en un avión y un niño mal portado se sienta detrás de ti, pateando tu asiento y haciendo ruido? Y los padres se quedan allí sin intervenir. No quieres ser ese padre. Bueno, los buenos padres no sucumben a sus hijos. “Por favor” y “gracias” deben ser las bases del lenguaje de tu hijo y deben comenzar a entender las señales sociales tan jóvenes como sea posible. Nunca es demasiado pronto para enseñar respeto.

 

7. Tus hijos quieren mostrarte afecto

 

Si hay una cosa que todos sabemos acerca de los niños, es que lloran. Mucho. Si se han raspado su pierna o otro niño ha herido sus sentimientos, deben encontrar la comodidad en tus brazos. El tacto de una madre suele ser algo instintivo, no puede aprenderse a menos que tengan esa conexión, por lo que tu hijo pequeño debe buscar ese amor y afecto de ti.

 

Así que, ya sea un abrazo, un beso o simplemente una mano afectuosa para enjugar sus lágrimas, ellos deben sentirse protegidos y a salvo contigo, y en reciprocidad, ellos deben dar también esa afección física.

 

8. Si tienes un adolescente, se sienten avergonzados de ser vistos contigo

 

Tome la comodidad en esto. La adolescencia traerá consigo un feroz deseo de independencia y sus vidas sociales comienzan a dominar todo lo demás. Por lo tanto, no te sientas desanimada o desmoralizada si tu hijo quiere distanciarse de ti en público o incluso en casa. Significa que están creciendo, y su amor por ti a los catorce años es el mismo que tenían a los cuatro años. Los niños sólo tienen una forma extraña de mostrarlo.

 

Conclusión

 

La maternidad es una responsabilidad abrumadora. Puede ser divertida, pero también puede ser desafiante y agotadora, y trae consigo una gran cantidad de emociones. A veces necesitas un poco de seguridad de que estás en el camino correcto como madre, y esperamos que los principios que hemos enumerado ayuden a formar una mejor relación con tu hijo, para que realmente pueda durar toda la vida.

 

 

 

FamilyOn - 06.07.2020

 

Lucía Galán, reconocida pediatra española

 

Somos muchos los que la seguimos en redes sociales, en su blog, en su canal de YouTube… buscando consejos de la pediatra más famosa de España. Y ahora, por fin, acaba de publicar ‘El gran libro de Lucía, mi pediatra’, una guía completa sobre la salud de los niños, desde el nacimiento hasta la adolescencia.

 

En esta guía trata muchísimos temas, desde los cólicos del lactante, la fiebre, las intoxicaciones, ahogamientos, vómitos, alimentación… hasta las nuevas tecnologías, un tema que dice preocuparle especialmente y que daría para escribir un libro en sí mismo. A continuación reproducimos la entrevista de FamilyOn a la experta: 

 

Lucía, la OMS da unas recomendaciones clarísimas en cuanto al consumo de pantallas: De 0 a 2 años, cero pantallas. Entre los 2 y los 5 años, no exponerlos más de una hora al día. Entre los 5 y los 17 años, no más de dos horas al día, sin hacer excepciones los fines de semana. Sin embargo, el 54% de los niños y adolescentes no cumple con estas recomendaciones. ¿Qué consecuencias estamos ya sufriendo por no cumplir estas recomendaciones y tú estás viendo en consulta?

 

La inmensa mayoría de los padres no hemos sido educados en redes sociales porque no existían. Y eso hace que nos sintamos inseguros, no tengamos una referencia. Mis hijos, por suerte o por desgracia, han tenido una madre conectada a las redes y este ha sido un punto más en su educación. He tratado siempre de educarles en el uso responsable de las redes sociales y nuevas tecnologías.

 

Las consecuencias que estoy empezando a ver y que me preocupan es que hay padres que normalizan que niños muy pequeños jueguen con sus teléfonos móviles y su tiempo libre lo consuman con el teléfono. Y normalicen que, mientras están haciendo la compra en el supermercado, al niño lo sientan en el carrito y le dan un móvil para que se entretenga. Y normalizan que el niño de cuatro años esté en un restaurante con el resto de la familia y, en lugar de jugar con sus primos, esté enganchado a un dispositivo. Eso es lo que me preocupa, que los padres lo hayan normalizado. El niño necesita jugar y necesita correr y necesita aire libre y relacionarse con otros niños. Y el bebé de dos años, si lo llevas al supermercado, le gusta ver lo que compras, meter cosas en el carro, sacarlas… No es culpa de los niños. Cada uno tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad. Porque cuando hablamos de adicción a las pantallas, todos miramos a los adolescentes, pero a mi lo que más me preocupa ya no es esa adición, sino la normalización del uso de pantallas en niños tan pequeños.

 

¿Somos conscientes las madres y padres de por qué la OMS recomienda cero pantallas hasta los 2 años? ¿Conocemos las consecuencias de un exceso de pantallas?

 

Hoy en día hay mucha información sobre este tema. Los expertos nos dicen que el cerebro está en proceso de formación hasta los 20 años, pero es en los primeros años de vida en los que se forman los cimientos sobre los que luego se construye el resto de su desarrollo neurocognitivo. Las conexiones neuronales y cerebrales que establezcan en estos primeros años son vitales para su futuro desarrollo. Y esas conexiones no se establecen a través de una pantalla. Yo siempre les explico a los padres que vienen a mi consulta que el tiempo que pasa un niño de 1 año y medio delante de una pantalla, es tiempo que su cerebro está off, totalmente apagado. Porque ha dejado de percibir todos los estímulos que él necesita para desarrollarse de una forma saludable: el sonido de los pájaros, la voz de mamá, reconocer algo que se ha caído al suelo por el sonido que emite, el sabor de una fresa que se está comiendo…. Todos estos estímulos los estamos anulando. El niño necesita gatear, correr, caerse, aprende a esperar, saber consolarse de otra formas que no sea a través de un recurso externo como es una pantalla…

 

¿Qué hay de la relación existente entre el uso de tecnologías y la falta de concentración?

 

El consumo excesivo de pantallas a edades tempranas aumenta la hiperactividad de los niños. Al recibir múltiples estímulos luminosos y acústicos en una pantalla a la vez , se acostumbran a estos ritmos rápidos. Y el mundo real no es así. El niño, además, se acostumbra a recibir recompensas rápidas (tocan una tecla y, en seguida, suena un sonido o le dan una monedita…) que no tiene que ver con el mundo real. En la vida real no todo lo que hacen tiene una recompensa inmediata. Entonces, esos niños que han abusado de las tecnologías, cuando vuelven a conectar con el mundo real, están como desubicados, se mueven muy rápido, no son capaces de centrar la atención… Si se pasan conectados un tarde no pasa nada, pero si el consumo de pantallas durante horas forma parte de su rutina, luego no les puedes pedir que se sienten a leer un libro, un objeto en el que no hay luces ni sonidos, donde al tocar la página no hay recompensas inmediatas… Los padres tienen que ser conscientes de eso. Nosotros lo entendemos como adultos, porque nuestro cerebro ya ha recibido todos los estímulos y ha realizado todas las conexiones que necesitamos para desarrollarnos, pero los niños no. Los niños necesitan caricias, besos, susurros, caerse, levantarse… Todo eso va estableciendo esas conexiones. Por no hablar de las emociones que, a través de las pantallas, no se captan. Es fundamental para los niños establecer un apego seguro con sus progenitores, sus familias… Y esto, a través de una pantalla, no es posible.

 

Lucía, has dicho que tú siempre has tratado de introducir este tema como un punto fundamental en la educación de tus hijos. ¿Tienen unas normas en casa en cuanto al uso?

 

Por supuesto. En la habitación no hay televisión, ni móvil, no ordenador. Mientras estamos paseando o realizando alguna actividad en familia, no hay móvil. Los tiempos de juegos se pactan con horarios y les anuncio con antelación cuando se tienen que desconectar, no les desconecto sin previo aviso. Luego tenemos unas normas específicas para redes sociales: no pueden aceptar a personas que no conocen personalmente, no cuelgan fotos en redes de las que luego, de mayor, se puedan arrepentir. No suben fotografías que no aporten nada…Tenemos que incluir el uso de las tecnologías, redes sociales… como un punto fundamental en la educación de nuestros hijos. A nosotros nadie nos educó en esto, no lo necesitábamos, pero nuestros hijos sí lo necesitan.

 

 

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Por Patricia Benayas/Empantallados.com - 08.06.2020

 

Foto: freepik

 

El teletrabajo era algo que siempre estaba en el aire. Es decir, todo el mundo hablaba de él y sus beneficios pero solo unos pocos lo practicaban. Desde el mes de marzo nos hemos encontrado en una situación sin precedentes: un confinamiento a nivel mundial. Esto ha obligado a que todos nos convirtamos en expertos teletrabajadores a marchas forzadas. Y lo cierto es que la fórmula no resulta sencilla si además hay niños en casa.

 

Así que desde Empantallados nos comparten los siguientes consejos para hacer del teletrabajo una experiencia positiva y mejorar tu productividad. Cada familia es un mundo y no todos estos consejos van a resultar útiles, así que toma lo que mejor se adapte a tu situación.

 

1. Monta tu espacio de trabajo

 

Es muy importante que reserves en casa un lugar que sea tu despacho provisional. Siempre que sea posible, que esté apartado de las zonas de paso donde hay más ruido y que tus hijos (por lo menos, los mayores) tengan claro que no pueden entrar o salir cuando deseen. Recuérdales que llamar a la puerta es una gran costumbre de este siglo.

 

2. Establece un horario

 

Y sobre todo compártelo en alguna zona visible de la casa para que lo conozcan y así evitarás, en la medida de lo posible, distracciones.

 

3. Compartan juntos el descanso

 

Una vez que te hayas instalado en tu despacho, es importante que no te encierres allí para siempre. Recuerda que tus momentos para tomar un café ahora los puedes compartir con tu familia.

 

4. No sufras

 

Habrá días mejores y otros peores, pero los niños seguirán siendo niños y tendrán sus más y sus menos, como nosotros, durante el confinamiento, de modo que cada día es un día nuevo.

 

5. Auriculares para días locos

 

Quizá puede ayudarte utilizar auriculares con música para evadirte un poco y trabajar con ritmo. Si la música te distrae, y el ruido que hay en casa no acompaña, puedes probar con un invento de toda la vida: ¡ponte audífonos!

 

6. Desconecta

 

Cuando acabes de trabajar significa que has terminado de trabajar. Aprovecha esos momentos para relajarte, descansar y seguir disfrutando de los tuyos.

 

 

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Por Silvana Ramos / Catholic Link - 26.06.2020

 

Foto: freepik 

 

Aceptemos que nos quejamos casi sin parar de las nuevas generaciones. Que el chat, que el celular, que las redes sociales, que si no tienen la tablet el mundo se les acaba y en fin. Poco nos ponemos a pensar en cómo, nosotros, los de las generaciones intermedias, aquellos que o no crecimos con este tipo de tecnología o crecimos a la par de ellas nos estamos comportando, sobre todo frente a nuestros hijos.

 

Qué falta de educación es que estés hablando y no te miren a los ojos mientras preguntas o cuentas algo importante. Ya nos desgastamos enseñándoles a los chicos que se saluda siempre, que se habla mirando a los ojos. Qué fastidio que no entiendan a la primera.

 

Seguro los demás pensarán que son unos mal educados. Y claro al final los que quedan mal somos nosotros los padres. Esos padres que los hemos educado mal. Pero en esta época la cosa es distinta, la culpa la tiene esa tecnología que nos está quitando espacios. ¿Te suena familiar?

 

 

¿Qué es el phubbing y cómo se sienten tus hijos cuando los ignoras?

 

Queja tras queja y como es frecuente solemos mirar al otro, criticar el comportamiento ajeno y reflexionar poco en el nuestro. ¿Sabes cómo se siente tu hijo cuando te está contando algo y tú pareces ignorarlo? Podrías decir que siente lo mismo qué tú cuando te ignoran, pero no es así. Se siente peor, mucho peor.

 

El phubbing es ese comportamiento que se ha generalizado, no solo en los más jóvenes, sino en todos. Sí, en todos, de una u otra manera. Cada vez que preferimos depositar nuestra atención en el celular y no en la persona que tenemos en frente. Todos con un celular en la mano o con cualquier dispositivo, bajo una serie de excusas que creemos válidas terminamos tarde o temprano ignorando a quien tenemos a nuestro lado.

 

Lo más grave sucede cuando quienes se comportan de esta manera son los padres. Aquellos que deberían estar incondicionalmente a su lado, de pronto también van desapareciendo. Y aunque pueda parecer un chiste, está muy lejos de serlo.

 

La comunicación con los hijos

 

Ya de por sí la comunicación con los hijos suele tener sus dificultades como para ponerle aún más. Ignorar a nuestros hijos, es comunicarles que no nos importan. Que nuestro amor por ellos está condicionado al tiempo que nos «sobre». Que hay cosas mucho más importantes en nuestras vidas. Y eso tiene un efecto grande en su autovaloración y autoestima.

 

Podrán creer que es una exageración, pero créanme que no lo es. En edades muy tempranas esta práctica puede dejar consecuencias de las que luego nos arrepentiremos. Por mencionar algunas, los chicos crecerán sin compartir espacios exclusivos entre la familia. Buscarán comunicaciones «hondas» a través de una pantalla, cosa que finalmente afectará el tipo de vínculo y relaciones afectivas.

 

Pueden percibir que un dispositivo es más importante que ellos. Sin mencionar el fomento a la utilización de las pantallas en edades tempranas con las consecuencias que cada día conocemos más. El phubbing suena ahora más peligroso ¿verdad?

 

Cuando tu hijo te hable, deja todo. Míralo a los ojos y préstale atención. No hay mejor tiempo invertido que ese. Lo demás puede esperar siempre. 

 

Hagamos que el phubbing desaparezca de nuestras vidas y esforcémonos por compartir más tiempo de calidad en familia.

 

 

 

 

FamilyOn.es - 01.06.2020

 

Foto: freepik

 

En la mayoría de los países llevamos alrededor de dos meses confinados y ya en algunas partes han comenzado a flexibilizar la salida de los niños, sin embargo, se ha presentado algo que no esperábamos: muchos chicos no quieren salir de casa: ¿Es normal? ¿Debemos preocuparnos? ¿Es algo pasajero? ¿Tenemos que hacer algo las madres y padres para revertir la situación? Para responder a esto, compartimos la siguiente entrevista con la psicóloga infantil Silvia Álava Reyes, publicada en FamilyOn

 

***

 

Silvia, nos escriben muchas madres y padres diciéndonos que sus hijos no quieren salir a la calle, que prefieren quedarse jugando en casa. ¿Es algo normal? ¿Cuándo debemos preocuparnos?

 

Los niños acusan mucho más los cambios que los adultos, sin embargo, su capacidad de adaptación es mucho mayor. Por eso, algunos niños y niñas prefieren quedarse en casa jugando, como han estado haciendo estas últimas semanas, a salir a la calle. En esta situación es muy importante averiguar el porqué, dado que no es lo mismo que el motivo sea que están a gusto y cómodos en casa jugando, a que sea porque les da pereza o porque tienen miedo. En cada caso habría que ir trabajando la situación para ir “activándoles”, pero especialmente en el caso de que tengan miedo.

 

¿Cuáles son los principales motivos por los que los niños prefieren quedarse en casa? ¿Miedo, comodidad, se han adaptado a la situación y no la quieren cambiar?

 

Los niños pueden no querer salir de casa por múltiples motivos: desde “me da pereza”, “quiero quedarme jugando”, o “prefiero estar con la consola, viendo la tablet…” a “me da miedo contagiarme o ponerme malo”.

 

También puede ser que no vean atractivo el plan de salir a la calle, dado que no pueden ir al parque, ni jugar con amigos… ya que hay que cumplir de forma estricta las medidas de seguridad… Es muy importante preguntarles qué les ocurre. Mientras en los dos primeros caso intentaremos animarles a que salgan y si fuese necesario, incluso podemos ponernos más firmes, para que les de el aire y hagan algo de ejercicio; cuando los niños tienen miedo no deberíamos forzarles a salir hasta que estén preparados.

 

¿Cómo podemos ayudar las madres y padres a nuestros hijos si han desarrollado miedo a salir de casa a causa del virus?

 

Si nuestro hijo o hija tiene miedo lo primero que tenemos que hacer es validar su emoción. Eso implica decirle: “entiendo que tengas miedo”. Todas las emociones son lícitas, sentimos lo que sentimos y nadie debe de juzgarlo. Decirle: “no tengas miedo” no es un buen comienzo, dado que, si él o ella tiene miedo, no se sentirá comprendido.

 

Un buen inicio para comenzar el acercamiento y abrir un punto de encuentro podría ser: “entiendo que tengas miedo. Es normal tener miedo, porque llevamos mucho tiempo escuchando que hay que tener mucho cuidado con el coronavirus y que nos podemos infectar o contagiar a los demás. Sin embargo, si salimos con cuidado, con mascarilla, no tocamos nada… no nos va a pasar nada”.

 

En estos casos no conviene obligarles a salir, pero sí que pueden ver como sus hermanos salen, y que nosotros salimos a dar un pequeño paseo. A la vuelta podemos contarles nuestra experiencia, que hemos ido con mucho cuidado y que no nos ha ocurrido nada…

 

Les invitaremos a salir cada día, esperando a que se animen. Una vez dado el primer paso, iremos poco a poco, al principio sólo daremos una vuelta a la manzana, después un poco más lejos… y por supuesto, siempre cumpliendo las medidas de seguridad.

 

Y si la causa de no querer salir a la calle no es el miedo, sino que se han adaptado a la situación y les resulta cómoda, ¿qué debemos hacer los padres? ¿Obligarles a salir es una solución?

 

En el caso de que no salgan por vaguería o comodidad, sí que hay que actuar de otra forma. Quizás el primer día les dejaremos en casa, pero con la firme promesa de que al día siguiente saldrán, y como ya están avisados, ese día tendrán que cumplir su compromiso. Es bueno que los niños se muevan y que les de el aire fresco. No olvidemos los beneficios del ejercicio físico, de la luz del sol, de oxigenarse, tanto a nivel físico como “intelectual”, viendo otras cosas, otras situaciones, a otras personas…

 

Salir a la calle no es sinónimo de jugar con otros niños, de hecho, esto no está permitido aún. ¿Qué consecuencias puede tener este aislamiento social forzado para los niños?

 

Nunca habíamos vivido una situación como esta. Sabemos que los niños que han pasado cuarentenas registran niveles medios de estrés postraumático cuatro veces superiores a los que no han estado en cuarentena y que los efectos negativos de la cuarentena son significativamente mayores si esta dura más de 10 días. Teniendo en cuenta estos datos y con los resultados preliminares sobre el efecto que está teniendo el confinamiento en los menores a nivel emocional (más ansiedad, estrés post traumático, depresión, dificultades de concentración…) podemos pensar que la situación con los menores puede llegar a ser complicada.

 

Quizás tanto tiempo sin convivencia con sus iguales puede llegar a afectar al desarrollo de sus habilidades sociales, por eso es importante procurar que hablen con sus amigos y sobre todo, que los adultos no cedan ante todos sus deseos. Que aprendan a negociar qué vamos a hacer, a qué vamos a jugar… dado que es una de las bases de la interacción social y, a la vuelta, el resto de tus amigos no harán siempre lo que ellos quieran.

 

Con esta situación que estamos viviendo, ha aumentado el tiempo de consumo de tecnología en casi todos los hogares. Los niños no se quedan fuera de esto. ¿Hay riesgo de que vinculen en exceso su ocio a la tecnología y luego no sepan divertirse sin ella?

 

Es normal que durante el confinamiento el tiempo de “pantallas” tanto de los niños como de los adultos se haya incrementado, pero lo que puede llegar a ser malo, no es tanto el uso de pantallas (dentro de unos límites razonables), como el tipo de contenido que se consume.

 

No obstante, no es bueno que a ninguna edad el ocio se reduzca a la tecnología. La vida es mucho más que una pantalla.

 

Es importante que los niñas y niñas disfruten de la compañía de sus familiares, que se rescaten los juegos tradicionales, que puedan hacer ejercicio como parte del ocio y, sobre todo, que no utilicemos las nuevas tecnologías como un “chupete emocional”, es decir, cuando me da miedo enfrentarme a mis emociones o cuando siento emociones desagradables (aburrimiento, miedo, tristeza, ira)…, como no quiero ser consciente de ellas, las intento tapar con el uso de pantallas.

 

La ONG Save the children alerta de que 1 de cada 8 niños sufre estrés a causa del confinamiento. ¿Cómo podemos las madres y padres ayudarles a reducir esa ansiedad o a evitar que la sufran?

 

Para evitar que nuestros hijos sufran lo menos posible durante el confinamiento, recomendaría:

 

1. Observa cómo estás gestionando la situación. Los niños son esponjas y absorben todo lo que ven y, sobre todo, lo que sienten sus adultos de referencia, que principalmente son su padre y su madre.

 

2. Crea un clima de confianza, donde los niños confíen y entiendan que puedan hablar de sus preocupaciones y de lo que sienten. Deja espacios libres de interferencia y elementos distractores.

 

3. Habla de las emociones. Es importante dejar que los niños expresen qué es lo que sienten, y para ello los primeros que debemos de hacerlo somos los adultos. Verbalizar lo que sentimos no implica contarles a nuestros hijos nuestras preocupaciones de adultos, pero sí decirles cuando estamos tristes, alegres, enfadados…

 

4. Valida sus emociones. Por ejemplo, cuando te diga que está triste o le veamos más “apagadillo”, le puedes decir “creo que estás triste, ¿es así? ¿quizás es porque echas de menos a tus amigos? ¿quieres que les hagamos una vídeo llamada?”

 

5. Mantén horarios y rutinas. A los niños saber qué es lo que va a ocurrir en cada momento les da mucha seguridad. Cuándo comemos, cuándo hacemos los deberes, la hora de la ducha… es una forma de darles tranquilidad.

 

6. Intenta mantener la calma. La situación es complicada, y gestionar la incertidumbre muy difícil, sin embargo, si conseguimos tramitarles serenidad será más fácil para todos.

 

7. Pon el foco en lo importante. Lo prioritario durante esta pandemia es atender las necesidades emocionales de nuestros hijos. No tanto que los deberes estén perfectos y el salón limpio y súper recogido.

 

8. Antes de irse a la cama reserva un tiempo para leer un libro y estar tranquilos, nos servirá para bajar el nivel de energía y así conciliar mejor el sueño y también para ofrecerles un nuevo espacio para contar cómo se sienten.

 

9. Practica alguna técnica de relajación, como puede ser la respiración, usar botellas de la calma, meditaciones para niños…

 

10. Haz un diario emocional, en el que puedan escribir lo que sienten cada día, o si son más pequeños que puedan expresarlo a través de un dibujo.

 

 

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