ReL/Aleteia - 26.03.2020

 

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En muchos países nos encontramos confinados por el coronavirus. Esto ha obligado a suspender las clases presenciales por lo que millones de niños están ahora en sus casas junto a sus padres, muchos de los cuales tienen que teletrabajar. 

 

Ante esta situación excepcional que se está viviendo en los hogares, las familias que en el mundo han optado estos años por el homeschooling, es decir, por la educación en el hogar, están ofreciendo algunos sencillos consejos a los padres para ayudarles en este momento de prueba. Y aunque las dificultades son palpables también se abren posibilidades para conocer mejor a los hijos y desarrollar con ellos algunas de sus capacidades. Estos son algunos consejos de estos padres veteranos que publica la versión en inglés del portal Aleteia

 

1. No intentes recrear la escuela en tu casa

 

El confinamiento en los hogares se alarga y todavía no hay certeza de cuando acabará. Como padres es bueno ayudar a los niños a aprender juntos pero no hay que intentar replicar su día a día escolar en casa.

 

Según estos padres veteranos en la educación en el hogar hay que resistir al impulso de planificar cada minuto porque aunque es bueno tener objetivos, un horario muy rígido puede ser sofocante. Es importante avanzar pero ser flexibles. De hecho, avisan que se necesitan semanas para convertir el salón de casa en un aula en el que haya un ritmo, unas pautas.

 

“Si su hijo tiene que ir a la escuela en casa mientras esté en cuarentena, tenga en cuenta que puede hacerlo todo en 2-3 horas, fácilmente. O podrían sentirse más cómodos para que su cerebro lo haga en 8 con muchos descansos y distracciones en el medio. No intentes forzar algo, el entorno es completamente diferente y eso tendrá un impacto. No es bueno ni malo, simplemente es así”, afirman estos padres expertos.

 

2. Leer en voz alta

 

Muchos padres que practican el homeschooling coinciden en la importancia de leer en voz alta. A los niños de todas las edades les encanta que les lean y aprenden mucho de esta manera.

 

Leer en voz alta con ellos realmente une a toda la familia. Inspira a los niños en su juego, fomenta su imaginación, amplía su vocabulario y su comprensión lectora. Es además una forma fantástica de aprender sobre todas las materias.

 

3. Si trabajas desde casa hay un salvavidas: ¡audiolibros!

 

En este tiempo de confinamiento debido al coronavirus hay muchas familias en las que las clases en casa se complican porque además deben compaginarlos con el teletrabajo. Una solución para cuando se necesita mantener a los hijos ocupados durante un buen rato sin que la televisión entre en escena son los audiolibros. Además, en niños mayores de cuatro años se les puede poner un audiolibro mientras se les da algo que hacer con sus manos (plastilina, dibujos…).

 

4. Deja espacio para el aburrimiento

 

Un consejo de padres veteranos en homeschooling: no intentes mantener a tus hijos todo el día con una infinidad de actividades. De hecho, el aburrimiento debe tener también su espacio y conduce a la creatividad y al aprendizaje. Si los padres intentan pasar todo el día entreteniendo a sus hijos acabarán quemados muy pronto.

 

“Deje a sus hijos solos, y puede que te sorprenda en qué tipo de aprendizaje fuera de lo común se sumergen. Y todos estarán más felices si  se deja suficiente tiempo en su día para jugar y explorar de forma abierta y no estructurada”, afirman estos padres.

 

5. Sigue a tu hijo

 

Este tiempo de confinamiento ofrece la oportunidad a los padres de sumergirse de manera más profunda en los intereses de los niños. Ahora es un buen momento para que los niños aprendan sobre cosas que le interesen. Si por ejemplo desde la ventana se ve una roca o una montaña y pregunta: "¿De dónde vienen las rocas?", aprovéchalo. Investiga y aprended sobre ello hasta que los niños estén satisfechos. Para ello, es bueno preguntar qué le interesa al niño y sobre qué quiere aprender. Puede ser una gran oportunidad.

 

 

6. Enseñar habilidades para la vida

 

Todo este tiempo no estructurado en el hogar es una oportunidad propicia para enseñar a los niños más mayores sobre habilidades prácticas que les serán muy útiles en su vida. La limpieza y la cocina son prioridades, son algunas de las cuestiones más básicas. Pero hay mucho más que pueden dominar durante este tiempo: clases de pintura, coser o aprender cuestiones de electricidad, carpintería o fontanería. Aprender idiomas a través de internet o incluso observar el teletrabajo de los padres en ciertos asuntos puede ser también muy útil en su formación.

 

7. Aprovechar bien el tiempo de la mañana

 

A primera hora de la mañana, después del desayuno y de ducharse, es cuando la mayoría de los niños están en su mejor momento. Su capacidad de atención es máxima y están frescos. Piensa cuidadosamente en lo que quieres enfocarte durante esta valiosa hora del día.

 

Hacer el trabajo más importante a primera hora de la mañana simplificará enormemente el día. De hecho, el tiempo enfocado de la mañana es muy popular entre los padres que optan por el homeschooling.

 

8. Prudencia en el tiempo frente a la pantalla

 

El mundo vive una crisis internacional sin precedentes y muchos padres lo están afrontando como buenamente pueden pues deben además trabajar desde casa.  El tiempo frente a la pantalla puede ser una excelente manera para que los niños aprendan mientras los padres pueden hacer otras cosas (como trabajar desde casa).

 

Dicho esto, si se puede limitar o evitar por completo el tiempo de pantalla es posible que te sorprendas al descubrir que la vida en el hogar es más fácil. Muchos niños, especialmente los menores de 6 años reaccionan mal cuando se debe apagar la pantalla.

 

Eliminar el tiempo frente a la pantalla puede evitar altibajos y mantener las cosas en equilibrio. Una madre explica que aprendió “esta lección de una manera difícil. Tengo tres hijos menores de 6 años y, después de muchas pruebas y errores, descubrí que se comportan mucho mejor en días sin pantalla. Hago todo lo posible para limitar la televisión y las películas a 2-3 veces por mes, y guardo esas raras ocasiones para cuando realmente lo necesito (llamadas telefónicas de trabajo, por ejemplo)”.

 

9. Déjalos jugar

 

El juego es claramente lo mejor para la educación de la primera infancia, y los beneficios del juego no se evaporan a medida que los niños crecen. Jugar es una forma poderosa de aprender para niños de todas las edades.

 

Los niños pueden aprender a través de juegos de mesa. El juego imaginativo no es una distracción de su educación. Puede ser la parte más importante de su educación, ya que es a través del juego que sintetizan y dan sentido a todo lo que han aprendido.

 

 

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Por Aleteia.org - 16.03.2020 

 

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El abandono de los hijos no sólo implica el abandono físico, existen otras formas que muchas veces pasan desapercibidas, y que también tienen bastantes implicaciones en la autoestima y en el bienestar emocional y psicológico de los niños. 

 

En un artículo realizado por Orfa Astorga y publicado en el portal Aleteia, la autora describe que "existen muchas formas de abandono que suelen no ser evidentes y que han adquirido aceptación en muchas conciencias".

 

Formas de abandonar a los hijos

 

A continuación veremos cuáles son algunas de estas formas que nos menciona Astorga y de la cual todos debemos mantenernos alertas.

 

1. Cuando los padres no tienen tiempo para su hijo

 

Los padres han decidido optar por su importante "autorrealización", donde el tiempo es "oro" y no da para pensar en otros, aunque ese otro sea el hijo.

 

Lo resuelven entonces apelando al malentendido tiempo de calidad y dándoles bienes no debidos, como lo son todos los carísimos artilugios electrónicos, entre otras cosas, y pagándoles además costosos colegios con horarios de 7.00 a.m. a 7.00 p.m. que incluyen clases extracurriculares.

 

2. Tiempo mal invertido

 

Cuando el tiempo que se le debe al hijo se invierte en el club, el gimnasio, en reuniones sociales, dejando su educación al internet, la televisión o la nana.

 

3. Que otros lo cuiden más tiempo

 

Se abandona a los hijos cuando se le deja todo el día con los abuelos "porque lo cuidaran bien y lo quieren mucho".

 

4. No acompañarlo en sus estudios

 

Cuando al hijo adolescente se le envía por años a estudiar en un internado a otro país, porque importa más que aprenda una lengua extranjera, en vez de acompañarlo en una etapa de crecimiento en la que tanto necesita el acompañamiento, el refuerzo afectivo de los padres y su cercanía personal.

 

5. Superficialidades

 

Cuando el hijo se convierte solo en la tarjeta de presentación de sus padres, que condicionan su aceptación personal a que sea un brillante estudiante; con un futuro promisorio en donde supuestamente tendrá colocación segura en el mercado de trabajo, sin riesgo de desempleo, muy bien retribuido económicamente y con una posición social por la que pueda contraer matrimonio con una joven de abolengo.

 

El joven es, con esta actitud, forzado a ser protagonista de la novela rosa de los padres.

 

6. Medir solo resultados

 

Cuando lo padres olvidan que la verdadera educación se da en el ser de los hijos, y solo lo miden por los resultados en el tener, saber, hacer.

 

7. Se le niega la escucha

 

Cuando se niegan a escuchar, a comprender y comunicarse para ayudarlos a dirigir con plena libertad su propia vida, cualquiera que sea su vocación y ser feliz, se está abandonando a los hijos.

 

8. Usar a los hijos como resguardo

 

Cuando los hijos los padres están en conflicto entre ellos, y usan los hijos como "guantes de boxeo" en sus frecuentes peleas.

 

9. Tratar a los hijos como posesiones

 

Cuando los padres se divorcian y tratan la tutela de los hijos, como si discutieran por la casa o el coche, sin considerar el gran daño que les hacen.

 

10. Exceso de trabajo

 

Cuando el hijo ayuda demasiado a los padres trabajando, de tal manera, que se le considera más que nada como un sujeto que es útil, productivo, rentable.

 

11. Son víctimas de los fracasos de los padres

 

Cuando se convierten en válvula de escape de la presión que sienten los padres ante las pruebas de la vida, siendo entonces violentados, humillados.

 

12. No valorar el amor de los hijos

 

Estás abandonando a tus hijos cuando desconoces que su valor más excelente es saber amar, acogiendo al hijo solo por ser quien es, desposeído de todo. Que un amor así, estructura la personalidad armónica del hijo mediante la identificación y experiencias vividas con ellos.

 

Con todos estos datos podemos decir que el abandono infantil resulta cuando los padres o las personas encargadas de los cuidados de los niños, no dan la suficiente atención, supervisión, afecto y apoyo afectivo necesario para garantizar la salud del niño, su seguridad y el bienestar, tanto físico como emocional.

 

 

Por Carolina Guzmán García / @abcdemifamilia - 24.02.2020

 

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¿Alguna vez te has preguntado si validas las emociones de tus hijos, o de lo contrario las niegas con frases como: “No llores, sé fuerte”, “llorando no solucionas nada”, “si estás triste no eres agradecido”? 

 

Pues lo cierto es que la base de la Inteligencia Emocional es el conocimiento de las emociones y este aprendizaje comienza en la infancia. Sobre este tema, compartimos con ustedes el siguiente escrito de Carolina Guzmán, además de ser mamá de cinco niñas y ser la creadora del blog @abcdemifamilia, tiene una Maestría en Asesoría Familiar de la Universidad de la Sabana y estudios en disciplina positiva, quien nos brinda ejemplos claros y prácticos para que validemos las emociones de nuestros hijos. 

 

***

 

Quiero contarte que mi inquietud por la crianza ha sido fruto de mi propia experiencia con la maternidad, con el nacimiento de mi tercera hija todo se revolcó. Me pregunté muchas cosas sobre la educación que estaba dando a mis hijas y qué había recibido en mi niñez. El estudio, los libros y la vida misma, se han encargado de revelarme lo maravilloso que es la maternidad y hoy con orgullo puedo decir que ser mamá de 5 muñecas es algo que disfruto y no que padezco, por eso quiero compartirte unas reflexiones que han nacido de la lectura de una de mis autoras preferidas: Jane Nelsen, para que descubramos el maravilloso mundo de validar una emoción, en primer lugar para nosotros como padres y en segundo lugar para nuestros hijos!

 

¡Validando emociones!

 

Todos los seres humanos experimentamos sentimientos, desde que somos niños descubrimos las emociones y es responsabilidad del adulto validar la emoción (reconocerla, ponerle nombre), aún cuando para el niño sea difícil gestionarla. Para los niños es difícil controlar su emoción, si se sienten enojados, frustrados, tristes probablemente quieren manifestarla pegándole a alguien, tirando algún juguete o insultando al adulto con cosas como: ¡no te quiero!

 

¿Qué hacer en estos casos? El adulto debe moderar y validar, acá hay algunos ejemplos:

 

- Veo que estas enojado, tal vez necesites un tiempo para tranquilizarte y ahora podemos conversar. (Hay niños que cuando se les dice esto, no aceptan que nos movamos del lugar y los dejemos solos) si podemos acompañarlos en silencio hagámoslo, generalmente la validación del sentimiento permite que el niño se abra a conversar o a buscar otra solución.

 

- Entiendo que te estés frustrada, pero eso no justifica que le pegues a tu hermana, ¿cómo crees que se siente ella cuando le pegas?

 

- Yo también me he sentido así y quisiera salir corriendo o gritar, pero he aprendido que respirando, tomando agua, recibiendo un abrazo, etc… logro calmarme y ver las cosas diferentes.

 

Importante: Validar el enojo, no significa que está bien pegarle a otro. El problema no es sentir sino la manera en que manifestamos eso que sentimos. Es correcto sentir rabia pero no es correcto pegar a otro porque tengo rabia.

 

Para los padres de hoy es difícil validar sentimientos, no porque no los sintamos sino porque fuimos educados sin que nos los validaran, todo el tiempo estamos evitando sentir. De niños nos dijeron cosas como: “Los niños son fuertes y no lloran”, “llorando no solucionas nada”, “si estas triste no eres agradecido” y de alguna manera nos - bloquearon- para aprender a reconocer no solo los sentimientos de nuestros hijos, sino los nuestros.

 

Esto implica un entrenamiento, empezar a nombrar las emociones básicas y luego avanzar a otras menos comunes, aceptar que nuestros hijos las nombren y escuchar sin debatir (“Mami es que tengo rabia”, responder “no no tienes rabia, tienes es cansancio” es un claro ejemplo de un control emocional que no permite al niño autonomía emocional”)

 

Fórmula de honestidad emocional:

“Me siento_________________ porque___________________ y quisiera___________________”

 

“Me siento triste porque perdí mi juguete y quisiera encontrarlo”

 

¿Ante esta afirmación qué sentimos? Seguramente la mayoría sentimos claridad de cómo podemos ayudar a nuestro hijo, pero nuevamente para que nuestros hijos logren expresarlo primero los debemos entrenar.

 

“Me siento enojada cuando mi hermana me pega, porque me duele y quisiera que no lo siga haciendo”.

 

Importante: Conversar cuando los niños están alterados es difícil, siempre será mejor tener un tiempo de enfriamiento, de calma.

 

Otra cosa importante: Las rutinas previenen muchas situaciones que generan enojo en los niños, cuando tenemos rutinas, disminuimos la cantaleta porque no es la mamá o el papá el que indica que sigue si no la tabla de rutinas. No es lo mismo: Hora de bañarse que la mamá diga “debes bañarte ya”.

 

 


Algunas ideas para hacer tablas de rutinas

 

 

3 ideas para el manejo de emociones

 

 


Paletas con emociones

 


Botiquín Emocional
Diver-max, Abrazadol, Vita-felicidad, Vita-amor, Max-confianza, Desenfadasol

 

 


Rueda de opciones

  

 

Este documento ha sido inspirado en el libro A-Z Disciplina Positiva Jane Nelsen, Lynn Lott y H. Stephen Glenn.

 

*Colaboración de Carolina Guzmán García, creadora del Blog @abcdemifamilia. Se reproduce con autorización de la autora. Si tienes inquietudes puedes escribir a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Por Ricardo Camargo - 02.03.2020

 

Foto: prostooleh

 

Cuando se toma la decisión de formar una familia se hace con la ilusión de vivir felices, de compartir con la persona elegida todos los días de la vida; de llegar juntos hasta la vejez, hasta que la muerte los separe. 

 

Si esa es la intención de los enamorados al momento de unir sus vidas: “para siempre”, ¿por qué hay tantos casos de divorcio, infidelidad y abandono del hogar?

 

Parece que la sociedad moderna ha desconfigurado el significado del amor, reduciéndolo a un sentimiento. Para comenzar con este decálogo, vale la pena aclarar que el amor es una decisión, como sostiene Tomás Melendo: “Amar es un acto exquisitamente humano, el más humano que cabe efectuar; un acto inteligente, voluntario y responsable, muchas veces esforzado, siempre generoso, liberal, libre” .

 

Es por eso que el amor está llamado a perseverar más allá de un sentimiento. Es la decisión de querer permanecer a pesar de las dificultades; la decisión de continuar con el firme propósito de conseguir esa felicidad tan anhelada.

 

En conclusión, el amor es una decisión que conlleva una acción permanente; por eso, se puede afirmar que la familia se construye día a día, se hace en los detalles, en el perdón y en muchos actos concretos de amor.

 

A continuación te presentamos diez actos concretos de amor que contribuirán a hacer realidad ese sueño de ser una familia feliz, aún en las dificultades.

 

1. Cuidar el matrimonio cada día como quien cuida a un recién nacido 

 

Proteger ese hogar con el mismo esmero, dedicación y amor con el que ambos cuidan a un hijo que acaba de nacer.

 

2. Poner siempre al cónyuge en primer lugar, por encima de los papás y los hijos 

 

La felicidad en el hogar empieza con la sana relación de los esposos. El mejor regalo para los hijos es ver que sus padres se aman; el mejor regalo para los padres es ver a sus hijos con un matrimonio feliz. Los vínculos paterno-filiales, además de construirse, vienen dados por la naturaleza, pues padre e hijo comparten la misma sangre; sin embargo, el vínculo de los esposos permanece por una decisión, no hay algo más que los mantenga unidos que el amor.  

 

3. El amor es fecundo, y el matrimonio está llamado a dar vida

 

Se es fecundo en los hijos, fruto del amor de los cónyuges; en los sueños cumplidos, en ver al otro crecer como persona y alcanzar la felicidad; en el servicio, como familia, a los demás; en la capacidad de inspirar a otros, desde el ejemplo, a construir familia y a perseverar en ella.

 

4. Comunicarlo todo 

 

No guardarse las cosas por temor, hablar de las cosas que parecen insignificantes, pero que pueden hacer daño; hablar en el momento adecuado, en el lugar adecuado, con el tono adecuado y a la persona adecuada, es decir al cónyuge. Hablar de lo bueno y lo malo. De lo que se siente y se espera. Hablar, hablar y hablarlo todo, es decir, no hacer cosas que no se puedan contar.

 

5. Ser transparentes en el manejo de la economía

 

Saber que los cónyuges están llamados a ser uno sólo aún en el manejo de la economía. El matrimonio no es una empresa de socios que se divide por mitades; es una unión en la que ambos están llamados a luchar por las metas comunes, incluidas las financieras. Cuando se maneja una economía unificada y transparente no hay secretos sobre los ingresos o los egresos, no hay “tuyo” y “mío”, sino “nuestro”.

 

6. Conquistarse cada día

 

Para mantener vivo el anhelo de seguir amando, Cristian Conen propone vivir los cuatro rituales del amor: 1) beso y abrazo diario, para que no falten las caricias en el matrimonio. 2) Día de esposos: un tiempo a la semana a solas con tu cónyuge, a solas para los dos, idealmente fuera de casa. 3) Fin de semana familiar: al menos una vez al mes, el núcleo familiar comparte actividades que todos disfrutan. 4) Celebrar el aniversario: con más alegría que con la que se celebran los cumpleaños. Si es necesario sacar un préstamo, no será un gasto… será una inversión.

 

7. Ser los mejores amigos

 

Tener una relación tan íntima con tu cónyuge que no necesites un mejor amigo o una mejor amiga fuera de casa; saber que los mejores planes son en compañía de tu cónyuge y que de todas las personas en el mundo, es en él/ella en quien más confías.

 

8. Perdonarse cada vez que sea necesario 

 

Es decir, siempre. Tener crédito ilimitado en perdón, sabiendo que pedir perdón implica arrepentimiento, sinceridad y compromiso de no volverlo a hacer. No irse a dormir peleados, ni hacer de cuenta que “nada pasó”. Pedir perdón y perdonar. El perdón implícito hace mucho daño. 

 

9. Lo que es importante para tu cónyuge debe ser importante para ti 

 

Amar es querer el bien del otro por encima del propio; es darles la prioridad a las cosas que para tu cónyuge son importantes y especiales, aun cuando eso implique que debas renunciar a ciertas cosas. Si ambos se están esmerando por darle prioridad a lo del otro, serán dos buscando la felicidad del otro.

 

10. Planear para no improvisar 

 

La familia es un proyecto en común, en el que todos sus miembros son importantes, por eso es necesario planear –ojalá anualmente– lo que como familia quieren conseguir durante el año, teniendo en cuenta lo que quieren los esposos y los hijos. Así todos tendrán un mismo norte y podrán cumplir sus sueños juntos.

 

*Colaboración de Ricardo Camargo para LaFamilia.info. Trabajador social, con Maestría en curso en Dirección de Recursos Humanos, director de Ser Fraterno; esposo y papá

 

 

Por Isabel Molina Estrada / Revista Misión - 17.02.2020

 

 

 

Diversos estudios han demostrado que hoy las madres pasan el doble de tiempo con sus hijos de lo que lo hacían hace 50 años y que los padres pasan con ellos cuatro veces más. Sin embargo, la interferencia constante del móvil en ese tiempo juntos tira por la borda este logro. El estudio El impacto de las pantallas en la vida familiar, de Empantallados.com, denuncia que “en general, los padres realizan un uso más intensivo de las pantallas que sus hijos, nativos digitales”.

 

“¿Por qué preferimos estar enganchados al móvil a disfrutar con las personas que tenemos cerca?”, se pregunta para Misión María Zalbidea, una de las expertas consultadas por el estudio de Empantallados "El impacto de las pantallas en la vida familiar. Hogares hiperconectados: el comportamiento de padres e hijos en un entorno multipantalla". Es cierto que los padres no solo usan el móvil para divertirse, también les ayuda en su trabajo o en la gestión del hogar. Sin embargo, “si estás en casa contestando e-mails mientras los niños hacen sus deberes, es importante que ellos sepan que son lo primero para ti y que no compiten por tu atención”, reclama Zalbidea. ¿Y cómo se logra? Esta analista en tendencias digitales y autora del blog Cosiendo la brecha digital da ocho claves.

 

1. Gobierna tú

 

“Soy una fiel defensora de las ventajas que nos ha traído la tecnología y creo con firmeza que se puede hacer un uso responsable y saludable de los dispositivos en el día a día. Pero tenemos que ponerlos a nuestro servicio, y no al revés:  Yo gobierno mis dispositivos y les hago el hueco que quiero en mi vida. Si no, estos acaban por gobernarnos a nosotros”, sentencia Zalbidea.  Y añade: “Nuestros hijos tienen que ver que, igual que intentamos comer sano, hacer ejercicio o no abusar del alcohol, hacemos el esfuerzo de controlar nuestro uso del móvil”.

 

2. Aparca la pantalla

 

Cada familia puede decidir en qué momentos del día quiere prescindir totalmente de las pantallas. Esos momentos de detox digital son necesarios para “charlar, charlar y charlar. Es decir, para tender puentes entre la propia familia y conocernos bien”, reclama Zalbidea. Además de los tiempos diarios sin interferencias digitales, “cada semana es bueno establecer unos tiempos de calidad para pasar con los hijos. Pregúntales qué les gusta y haz cosas a solas con cada uno de ellos, como montar en bici o en patines, leer con ellos esos libros que quieres que lean, o repasar esos vídeos de inventos en YouTube de los que siempre te habla y que nunca has visto. Y poner día y hora”, recomienda Zalbidea.

 

3. Centra tu atención 

 

La incapacidad de centrar la atención en una sola cosa es una condición que se conoce como “atención parcial continua”. Zalbidea explica que “hoy nos cuesta más entrar en profundidad en los temas y concentrarnos en las cosas. Vamos saltando de un lugar a otro, de un chat a otro, de una noticia a otra, y cuando la atención es parcial, lastra nuestras relaciones. Hoy nos cuesta más escuchar a un amigo que habla despacio, a un abuelo que repite las cosas… Nos gustaría hacer un salto de pantalla, pero no podemos. Así que aprende a quedarte ahí, a sonreír, a escuchar y a fomentar la capacidad de la espera”.

 

4. Saca el trabajo de casa

 

Hoy la oficina y los compañeros han entrado al hogar y cuesta separar el trabajar de la vida familiar. Zalbidea cuenta que a menudo se encuentra con padres a quienes sus hijos les han llegado a decir: “Papá, es que tú siempre estás hablando por el móvil”. “No nos engañemos –sentencia–, estar colgado a los auriculares del móvil no es estar en casa”. Para que el trabajo no interfiera en la vida familiar, la experta recomienda hacerse una planificación y tener claras las prioridades:  “Salvo que sea una urgencia o un imprevisto, los tiempos de trabajo y de estar en familia deben quedar claros”, señala.

 

5. Evita interrupciones

 

“Una vez escuché a Sherry Turkle, profesora del MIT y autora del libro En defensa de la conversación: El poder de la conversación en la era digital (Ático Bolsillo, 2019), decir que estamos educando a una generación que ha crecido sin mantener conversaciones sin interrupción”, explica Zalbidea. Y eso podemos cambiarlo. Diversos estudios han demostrado que la conversación sin interferencias entre padres e hijos es clave para el adecuado desarrollo del lenguaje en los niños y para mejorar su rendimiento escolar.

 

6. Vive el presente

 

“No descubro nada nuevo si digo que da pena ver a un padre columpiando a su hijo en el parque y mirando la pantalla del móvil que tiene en la mano. Como sociedad tenemos que cuidar estas cosas”, reclama María Zalbidea. “Si es del todo imprescindible utilizar el móvil durante el tiempo que pasamos con los niños, conviene que les expliquemos la razón: ‘Gabriela, papá está haciendo un pago urgente para comprar una cosa, pero enseguida se centrará de nuevo en ti’”.

 

7. Baja el ritmo

 

“La multitarea no nos la ha dado la tecnología; no hay nada más multitask que una madre: puede estar atendiendo a un niño que hace deberes mientras pela las patatas para la tortilla y piensa en la reunión que tendrá con un cliente al día siguiente”, comenta Zalbidea. Sin embargo, esta capacidad encomiable compite con la pérdida de atención, “una de las grandes plagas del siglo XXI”. Para combatirla, Zalbidea propone una revolución del silencio: “Recupera la capacidad de sopesar las cosas, de reencontrarte contigo mismo y de alimentar tu mundo interior. De esa forma, estarás en cada momento en lo que toca”.

 

8. Muéstrate disponible

 

“Por último, y sobre todo, tenemos que estar accesibles para nuestros hijos: para que nos cuenten, nos pregunten… Si nos ven con el móvil todo el día, pensarán que estamos ocupados, que no tenemos tiempo para ellos, y nos estaremos perdiendo momentos especialmente buenos para educar, charlar, comprender, empatizar y, en definitiva, quererles como ellos necesitan”.

 

*Publicado originalmente por la Revista Misión

 

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