FamilyOn - 06.07.2020

 

Lucía Galán, reconocida pediatra española

 

Somos muchos los que la seguimos en redes sociales, en su blog, en su canal de YouTube… buscando consejos de la pediatra más famosa de España. Y ahora, por fin, acaba de publicar ‘El gran libro de Lucía, mi pediatra’, una guía completa sobre la salud de los niños, desde el nacimiento hasta la adolescencia.

 

En esta guía trata muchísimos temas, desde los cólicos del lactante, la fiebre, las intoxicaciones, ahogamientos, vómitos, alimentación… hasta las nuevas tecnologías, un tema que dice preocuparle especialmente y que daría para escribir un libro en sí mismo. A continuación reproducimos la entrevista de FamilyOn a la experta: 

 

Lucía, la OMS da unas recomendaciones clarísimas en cuanto al consumo de pantallas: De 0 a 2 años, cero pantallas. Entre los 2 y los 5 años, no exponerlos más de una hora al día. Entre los 5 y los 17 años, no más de dos horas al día, sin hacer excepciones los fines de semana. Sin embargo, el 54% de los niños y adolescentes no cumple con estas recomendaciones. ¿Qué consecuencias estamos ya sufriendo por no cumplir estas recomendaciones y tú estás viendo en consulta?

 

La inmensa mayoría de los padres no hemos sido educados en redes sociales porque no existían. Y eso hace que nos sintamos inseguros, no tengamos una referencia. Mis hijos, por suerte o por desgracia, han tenido una madre conectada a las redes y este ha sido un punto más en su educación. He tratado siempre de educarles en el uso responsable de las redes sociales y nuevas tecnologías.

 

Las consecuencias que estoy empezando a ver y que me preocupan es que hay padres que normalizan que niños muy pequeños jueguen con sus teléfonos móviles y su tiempo libre lo consuman con el teléfono. Y normalicen que, mientras están haciendo la compra en el supermercado, al niño lo sientan en el carrito y le dan un móvil para que se entretenga. Y normalizan que el niño de cuatro años esté en un restaurante con el resto de la familia y, en lugar de jugar con sus primos, esté enganchado a un dispositivo. Eso es lo que me preocupa, que los padres lo hayan normalizado. El niño necesita jugar y necesita correr y necesita aire libre y relacionarse con otros niños. Y el bebé de dos años, si lo llevas al supermercado, le gusta ver lo que compras, meter cosas en el carro, sacarlas… No es culpa de los niños. Cada uno tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad. Porque cuando hablamos de adicción a las pantallas, todos miramos a los adolescentes, pero a mi lo que más me preocupa ya no es esa adición, sino la normalización del uso de pantallas en niños tan pequeños.

 

¿Somos conscientes las madres y padres de por qué la OMS recomienda cero pantallas hasta los 2 años? ¿Conocemos las consecuencias de un exceso de pantallas?

 

Hoy en día hay mucha información sobre este tema. Los expertos nos dicen que el cerebro está en proceso de formación hasta los 20 años, pero es en los primeros años de vida en los que se forman los cimientos sobre los que luego se construye el resto de su desarrollo neurocognitivo. Las conexiones neuronales y cerebrales que establezcan en estos primeros años son vitales para su futuro desarrollo. Y esas conexiones no se establecen a través de una pantalla. Yo siempre les explico a los padres que vienen a mi consulta que el tiempo que pasa un niño de 1 año y medio delante de una pantalla, es tiempo que su cerebro está off, totalmente apagado. Porque ha dejado de percibir todos los estímulos que él necesita para desarrollarse de una forma saludable: el sonido de los pájaros, la voz de mamá, reconocer algo que se ha caído al suelo por el sonido que emite, el sabor de una fresa que se está comiendo…. Todos estos estímulos los estamos anulando. El niño necesita gatear, correr, caerse, aprende a esperar, saber consolarse de otra formas que no sea a través de un recurso externo como es una pantalla…

 

¿Qué hay de la relación existente entre el uso de tecnologías y la falta de concentración?

 

El consumo excesivo de pantallas a edades tempranas aumenta la hiperactividad de los niños. Al recibir múltiples estímulos luminosos y acústicos en una pantalla a la vez , se acostumbran a estos ritmos rápidos. Y el mundo real no es así. El niño, además, se acostumbra a recibir recompensas rápidas (tocan una tecla y, en seguida, suena un sonido o le dan una monedita…) que no tiene que ver con el mundo real. En la vida real no todo lo que hacen tiene una recompensa inmediata. Entonces, esos niños que han abusado de las tecnologías, cuando vuelven a conectar con el mundo real, están como desubicados, se mueven muy rápido, no son capaces de centrar la atención… Si se pasan conectados un tarde no pasa nada, pero si el consumo de pantallas durante horas forma parte de su rutina, luego no les puedes pedir que se sienten a leer un libro, un objeto en el que no hay luces ni sonidos, donde al tocar la página no hay recompensas inmediatas… Los padres tienen que ser conscientes de eso. Nosotros lo entendemos como adultos, porque nuestro cerebro ya ha recibido todos los estímulos y ha realizado todas las conexiones que necesitamos para desarrollarnos, pero los niños no. Los niños necesitan caricias, besos, susurros, caerse, levantarse… Todo eso va estableciendo esas conexiones. Por no hablar de las emociones que, a través de las pantallas, no se captan. Es fundamental para los niños establecer un apego seguro con sus progenitores, sus familias… Y esto, a través de una pantalla, no es posible.

 

Lucía, has dicho que tú siempre has tratado de introducir este tema como un punto fundamental en la educación de tus hijos. ¿Tienen unas normas en casa en cuanto al uso?

 

Por supuesto. En la habitación no hay televisión, ni móvil, no ordenador. Mientras estamos paseando o realizando alguna actividad en familia, no hay móvil. Los tiempos de juegos se pactan con horarios y les anuncio con antelación cuando se tienen que desconectar, no les desconecto sin previo aviso. Luego tenemos unas normas específicas para redes sociales: no pueden aceptar a personas que no conocen personalmente, no cuelgan fotos en redes de las que luego, de mayor, se puedan arrepentir. No suben fotografías que no aporten nada…Tenemos que incluir el uso de las tecnologías, redes sociales… como un punto fundamental en la educación de nuestros hijos. A nosotros nadie nos educó en esto, no lo necesitábamos, pero nuestros hijos sí lo necesitan.

 

 

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