LaFamilia.info - 04.03.2020

 

Foto: Freepik

 

Muchos padres podrían afirmar que organizar el tiempo en familia es una virtud que se aprende poco a poco, y es que, si de por sí es complicado acertar con planes que se adapten a los gustos de todos los miembros del núcleo familiar, esto se vuelve un reto aún mayor cuando los niños pasan a ser adolescentes, edad en la que ya tienen sus propias preferencias. 

 

Sin embargo, dejarlos solos en esta etapa es un gran error. Sabemos que es característico de la edad la rebeldía, curiosidad e indecisión, por eso más que nunca debemos acogerlos e integrarlos a la dinámica familiar. Así que debemos buscar actividades que despierten el interés de los jóvenes y que al mismo tiempo les haga sentir que su familia está ahí para lo que necesiten, siendo este el nexo para la reconstrucción de la confianza intrafamiliar.

 

En este sentido, algunas ideas de planes constructivos para realizar en familia pueden ser los siguientes:

 

Ir a ver una película al cine: Una película apta para todos los públicos, palomitas y muchas risas son un puente hacia la confianza de los adolescentes.

 

Acudir a una obra teatral: No hace falta soportar una tediosa obra de teatro clásica, es posible obtener entradas para disfrutar de un jovial humorista, para deleitarse con un concierto o incluso para emocionarse con alguno de los musicales que tanto se están popularizando últimamente.

 

Realizar planes culturales: Al igual que en el caso anterior, visitar museos alternativos como el Museo de Ciencia y Tecnología podría despertar la sed estudiantil de los jóvenes, del mismo modo que conocer las imponentes catedrales del país podría aumentar su interés por el arte y la religión.

 

Visitar un parque de atracciones: La pubertad es una etapa de cambios en la que las hormonas se disparan, provocando frustración y sed de emociones fuertes. ¿Por qué no redirigir esa propensión a la agresividad hacia una fuente de liberación de adrenalina como una montaña rusa?

 

Compartir un día en la naturaleza: Tanto un día de actividades en el campo como pasar el fin de semana en una casa rural, podrían contribuir a que los jóvenes reconecten con ellos mismos al estar alejados de las presiones de los iguales y de las banalidades del mundo urbano.

 

Noche de juegos familiares y comida a domicilio: No todo tiene por qué ser en la calle. Divertirse con juegos de mesa, ver una serie o incluso pedir unas hamburguesas a domicilio son planes muy sencillos pero que cumplen con los gustos de los jóvenes y pueden propiciar su apertura a la conversación.

 

Voluntariados: En ocasiones, las comodidades y los lujos nos hacen obviar lo afortunados que somos, por lo que reconectar con nuestro lado más humano por medio de la ayuda al prójimo podría contribuir a una mayor unión familiar, así como a un regreso del adolescente a sus valores de caridad, amor y buen hacer.

 

 

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Colaboración de Maria José Calvo para LaFamilia.info - 09.03.2020

 

 Foto: jcomp

 

La maravilla de la persona requiere la maravilla de la familia. Algo ¡imposible de exagerar…! Cuando los padres, gracias al amor recíproco, traemos un hijo a este mundo, nos convertimos en los primeros y principales educadores suyos. Y esa misión nos capacita para ser verdaderos líderes, dar lo mejor de cada uno, y lograr lo mejor de ellos. 

 

En esta entrañable tarea, lo más importante es quererles de veras por quienes son. A veces, vemos niños muy simpáticos y agradables, y pensamos qué suerte han tenido esos padres… Pero, nada más lejos de la realidad. Lo habitual es que lo estén aprendiendo de sus padres, y haya un trabajo laborioso, de artesanía, escondido tras esa conducta que aflora.

 

Porque, la persona se “construye” y se forja en la familia. Es donde encuentra ese ambiente saturado de cariño y confianza, donde ve y aprende a través de los ojos de su madre, de su padre, donde percibe cómo se quieren y se tratan entre sí… Y todo eso le llena de confianza y seguridad, ayudándole a construir su personalidad. Ese ambiente deja una huella indeleble en la vida de cada uno.

 

Los niños no salen buenos o malos…, sino que se hacen y rehacen en la familia, al saberse queridos de ese modo tan específico y entrañable, simplemente por quienes son: por ser personas ¡singulares!, ¡únicas!, valiosísimas.

 

Es el amor en el que se encuentra inmerso el que le ayuda a desarrollarse y forjar su mejor personalidad. No solo en las primeras etapas de la vida, sino especialmente, cuanto mayor es la plenitud y capacidad de amar de esa persona. Y nunca está “terminada”, siempre puede hacerse y rehacerse: ¡mejorar!

 

Cada persona es un gran regalo: el mayor regalo que podamos imaginar. Por eso, descubrir y tratar a los demás como personas, como seres de aportaciones, como seres relacionales, con sus cualidades específicas y fortalezas, y su singular capacidad de pensar en los demás…

 

En la familia es donde se aprende lo importante de la vida, de las personas que nos quieren. Y donde cada una puede ser ella misma, única, especial, excepcional; y a la vez, ayudar a los demás, con su cariño, su tiempo, sus cualidades cultivadas. Es decir, donde se realiza como persona, amando a los que tiene cerca.

 

Todo ello precisa tiempo y cariño, conversar con ellos, sabiendo escuchar con el corazón. Hay que prestarles atención, saber motivarles, con optimismo, con la belleza de unos valores humanos nobles, con nuestra  amabilidad… Transmitir con coherencia un ideal de vida, con unas pocas normas importantes y claras, que vayan iluminando y marcando un sendero. Mostrarles con la vida y el trato a los demás un modo de ser y de relacionarse propio de una persona, para ayudarles a lograr su mejor personalidad; pero ¡¡la suya!!, con sus talentos específicos.

 

Como decía la Madre Teresa, “no te preocupes si tus hijos no te escuchan…, ¡te están mirando todo el día!” Esto es muy consolador, también con adolescentes.

 

Esto se puede concretar, entre los dos, en planes de acción, con pequeños objetivos y unos medios para lograrlos. Y con una motivación adecuada en cada caso. Así se va configurando un proyecto personal para cada hijo. Atendiendo a sus distintas facultades, como es la inteligencia, sin olvidar el corazón, y la capacidad de actuar de forma libre. Es decir, con una voluntad entrenada en pequeñas cosas.

 

Y serán capaces de pensar en los demás, de acometer retos que los engrandezcan como personas. De esta suerte, aprenden a hacer las tareas de la casa por amor, y a demostrar el cariño. Primero en la propia familia, y luego con amigos, en el colegio…: se desborda eficaz en otros ámbitos.

 

Porque, el fin último de toda educación es enseñarles y hacerles capaces de amar. Por eso la necesidad de que se sientan de veras queridos, y de que perciban cómo se quieren sus padres entre sí. Es lo que les permitirá aprender a amar. La persona solo crece cuando ama: así va conquistando su plenitud, y como consecuencia es más feliz. Si quieres hijos felices, ¡enséñales a amar!

 

*Colaboración de María José Calvo para LaFamilia.info. Médico de familia por la Universidad de Navarra. Orientadora familiar y conyugal por IPAO, y a través del ICE de la Universidad de Navarra. Colaboradora habitual en la revista “Hacer Familia”. Blog personal: optimistaseducando.blogspot.com

 

 

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ACI - 08.11.2019

 

Foto: jcomp 

 

El Arzobispo de Nueva York, Cardenal Timothy Dolan, alentó a recuperar una serie de “ricas tradiciones” muchas veces olvidadas por los católicos, y que considera “poderosamente providenciales para mantener a las familias unidas, fuertes, saludables y santas”.

 

En una publicación en su blog, titulada “Nuestras bellas tradiciones católicas”, el Cardenal Dolan dijo que “nosotros en la Iglesia tenemos un tesoro de actos de oración y devoción, simples, caseros, probados que mantienen fuertes a los matrimonios y las familias, enamorados y cerca de Dios”. El problema, advirtió, es que hemos olvidado y no ponemos en práctica muchas de estas tradiciones. “Necesitamos toda la ayuda posible en estos días de tensión, confusión y desafío en la vida matrimonial y en la familia”, señaló.

 

Estas son las 13 tradiciones que recomienda recuperar el Arzobispo de Nueva York, aunque aseguró que “pueden ciertamente añadir (más) a la lista”:

 

1. Celebraciones alegres pero sencillas de bautismos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios y aniversarios de matrimonio.

 

2. Adorar a Dios fielmente juntos como una familia en la Misa dominical, y preservar los regalos de tiempo de calidad y una comida juntos, al menos en el Día del Señor, si no se puede más a menudo durante la semana.

 

3. Tener agua bendita, crucifijo, Biblia e imágenes de Jesús, María y los santos en nuestras casas.

 

4. Una verdadera celebración del Adviento, mientras nos preparamos a celebrar el nacimiento de Jesús.

 

5. Una atención especial a la preparación del pesebre de Navidad en la casa.

 

6. El cumplimiento en familia de la Cuaresma, especialmente a través de prácticas penitenciales comunes, mayor compasión por los pobres, enfermos y necesitados, y acercamiento como familia al sacramento de la reconciliación.

 

7. Dar a los niños nombres bíblicos y cristianos.

 

8. Tomar con mucha seriedad los deberes de los padrinos en el bautismo y la confirmación.

 

9. Pedir a un sacerdote que bendiga un nuevo hogar.

 

10. Peregrinaciones familiares.

 

11. Reunirse en torno a familiares que están enfermos y moribundos, y unirse en la fe en el momento de la muerte y el entierro.

 

12. Recordar a los padres y a los miembros de la familia en la Misa, en el aniversario de su muerte.

 

13. Pedir la bendición de los padres expectantes y la intercesión especial para parejas que luchan por concebir un bebé.

 

 

 

Acolfan - 28.01.2020

 

Foto: Freepik

 

Las familias numerosas han tenido históricamente un papel fundamental en el desarrollo de la sociedad. Este video de la Asociación Colombiana de Familias Numerosas (Acolfan) muestra cómo estas familias son constructoras de paz y prosperidad.  

 

 

Por Silvana Ramos/Catholic-Link 

 

 

 

Nos encontramos en un momento especial de la historia en el que se cuestionan los roles dentro y fuera de casa. Los estereotipos muchas veces se satanizan y pareciera que el despliegue personal tiene que ver casi y exclusivamente con el desarrollo y la capacidad de diversión y disfrute individual, es decir «hacer lo que quiera».

 

En este contexto voltear la mirada y reconocer el trabajo que hace un ama de casa, no solo no se hace difícil sino que muchas veces es catalogado como una labor inferior. El hogar es visto más como un lugar de encierro y sufrimiento que como un lugar de despliegue y alegría.

 

El siguiente video representa muy bien esta realidad. 

 

  
  

 

Cuidar a los hijos, administrar la casa, limpiar, cuidar a los ancianos, lavar, planchar, cocinar, y tener la casa básicamente en orden y cuidada no es un trabajo menor. Es un trabajo bastante exigente que necesita de una serie de habilidades que, afortunadamente, muchas mujeres descubren naturalmente, pero que no estaría demás que puedan capacitarse y prepararse con anticipación. No solo para poderlo hacer eficientemente sino disfrutando de él y administrando mejor el tiempo.

 

Millones de mujeres alrededor del mundo se dedican a esta labor, esto influido tanto por la naturaleza como por la cultura. Si es la madre la que lleva al hijo en el vientre y su presencia es de suma importancia durante los primeros años del niño, es necesario que alguien salga a conseguir los medios económicos para sostener (económicamente) al hogar, labor que ha recaído en los varones principalmente.

 

El valor de una mujer en el hogar

 

Pareciera que esta distribución del trabajo nos hizo mal entender que quien traía el dinero al hogar gozaría de una posición de privilegio e incluso muchas veces de dominación frente al que no lo hacía. Hoy por hoy creo que tenemos el conocimiento suficiente para entender que si bien hemos incorporado esta distinción en nuestra vida, no es la correcta. 

 

La labor dentro de casa, que en su mayoría desempeñan las mujeres, es de un valor enorme. Recuerdo cuando mi esposo y yo discutimos la posibilidad de mi renuncia laboral para dedicarme al cuidado cercano de los niños. No fue una decisión fácil, y mucho tenía que ver con la sensación de perder mi «independencia», por no aportar económicamente al hogar.

 

Mi esposo, astutamente, hizo un ejercicio matemático. Calculó cuánto valía la hora de mi trabajo (según lo que ganaba mensualmente en la oficina), y llegó a la conclusión, que por el número de horas diarias (muchas más que en la oficina), finalmente estaría aportando más de lo que aportaría trabajando en un empresa.

 

Decisiones que se toman juntos

 

Agradezco este ejercicio, pues en ese momento sirvió de motivación. Hoy mirando hacia atrás no cambiaría por nada la decisión que juntos tomamos. No solo porque eventualmente mis hijos crecieron y yo tuve espacios para desarrollarme en otras labores intelectuales, sino porque la experiencia de conocer, cuidar y administrar mi hogar, se convirtió en una actividad valiosísima para mí.

 

Disfruto hacerlo porque a quienes impacta mi labor directamente es a quienes más amo. Porque además mi labor es reconocida por todos los miembros de mi familia. Porque ser ama de casa (mi labor principal) es para mi una alegría y un lugar de despliegue personal.

 

Reconocer esta labor no solo se hace necesaria por justicia, sino que creo que necesita ser vista con otros ojos. No se trata de un carga, no se trata de un trabajo menor, no se trata de algo de menor categoría y jamás se debería tratar como la responsabilidad única de una sola persona.

 

Ser ama de casa debería verse como una labor de amor colaborativa, donde todos los miembros colaboran. Sí, tal vez bajo la «gerencia» de la madre, teniendo como objetivo el bien común, movidos por el amor profundo del uno al otro, por el amor de una familia.

 

*Publicado originalmente en Catholic-Link

 

 

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