LaFamilia.info
22.08.2011

 

 

anemiaembarazo

 

La anemia es una enfermedad que puede aparecer durante el periodo de gestación y aunque es frecuente que esto ocurra, es importante un diagnóstico a tiempo para evitar complicaciones tanto en la madre como en el bebé.

 

La anemia se refiere a la disminución de los niveles de hemoglobina -proteína que se encuentra en los glóbulos rojos- la cual transporta el oxígeno desde los pulmones hacia el resto del cuerpo. Esta es una de aquellas enfermedades que se vuelven más proclives a aparecer en el embarazo, debido a los cambios que se presentan en el organismo de la madre para proveerle al feto los sustentos necesarios para su formación.

 

Aunque una atención oportuna impide que se convierta en una complicación grave, es un tema de cuidado, pues se puede alterar el crecimiento del feto y en algunos casos es posible que se ocasione un parto prematuro.

 

Generalmente la anemia presenta síntomas diversos que varían de acuerdo a la persona, pero los más comunes son la palidez en el rostro, cansancio extremo, mareos y fatiga. Con una prueba de sangre, el médico conocerá la situación de la madre.

 

El hierro: punto clave

 

La causa más usual de anemia durante el embarazo es la deficiencia de hierro; mineral que ayuda a producir la hemoglobina. El feto obtiene el hierro necesario proveniente de la madre, de manera que ella tendrá que producir mayores cantidades de hierro para poder abastecer al bebé y a la vez dejar unos depósitos para su propio consumo.

 

A medida que el feto se va desarrollando, aumenta su demanda de glóbulos rojos. Es por esto que las mujeres gestantes requieren duplicar su dosis, ya sea a través de suplementos vitamínicos como de nutrientes que contiene la dieta diaria. Los alimentos ricos en hierro son las carnes rojas y de cerdo, aves, algunos mariscos, frutos secos, cereales, pastas, avena, vegetales verdes oscuros como espinacas y brócoli, papas, frijoles, nueces, entre otros.

 

Una vez el bebé sale del vientre, lo normal es que se recobren los niveles corrientes de hemoglobina en la madre. Sin embargo, los médicos explican que al momento del nacimiento, se pueden presentar hemorragias que requieren nuevamente un tratamiento adecuado, además de la lactancia que puede acentuar la anemia. Por tanto, la ingesta de hierro debe postergarse después del parto, con el objetivo de contrarrestar esa pérdida de glóbulos rojos.

 

De otro lado, el ácido fólico, es una vitamina que junto al hierro contribuye a la formación de hemoglobina y también puede ocasionar un tipo de anemia, aunque es algo atípico.

 

¿Cómo prevenirla?

 

Lo ideal sería que la mujer se preparara meses antes de la concepción con una ingesta de hierro apropiada. Asimismo, llevar una buena alimentación desde las primeras semanas de gestación hasta el parto, asegura en parte, que la anemia no haga presencia.

 

No obstante, algunos especialistas son partidarios de acompañar la dieta con suplementos, pues consideran que la ingesta de alimentos ricos en hierro como única medida, no logra suministrar las necesidades de hierro. Por tanto, es una recomendación preventiva que no hará ningún daño y al contrario, proveerá muchos beneficios para la madre y su bebé.

 

Fuentes: familydoctor.org, hacerfamilia.net, maternofetal.net, salud.com, hola.com

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