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Categoría: Espiritualidad
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Infovaticana - 19.03.2020

 

Foto: Freepik 

 

Que ‘cuarentena’ y ‘Cuaresma’ tengan el mismo origen etimológico está resultando providencial, porque el obligado encierro de estos días nos ofrece una ocasión especial para vivir la conversión y el espíritu de penitencia de estas fechas. Así lo ve José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, y así lo predica en un video que ha hecho público.

 

“El mundo tiembla por la crisis generada por un microorganismo”, dice Munilla en el inicio del video. “Esta Europa nuestra, en la que nos sentimos tan seguros de nuestro estado del bienestar, de repente entra en crisis de una manera totalmente inesperada (…) De repente experimentamos nuestra vulnerabilidad, somos vulnerables. Teníamos construidos todos nuestros proyectos encima de un castillo de naipes, que se viene abajo. Es una experiencia de vulnerabilidad ante la que nos encontramos”.

 

Esto convierte la situación creada en un tiempo de gracia, añade. “Es importante en este momento reflexionar, ponernos en presencia de Dios y buscar una palabra de sentido”, dice el obispo, que señala que recuerda que Dios es providente y “conduce el hilo de la historia a buen puerto. No acontece nada sin que Él lo permita, sin que Él tenga un designio de salvación en cuanto acontece”.

 

Munilla hace hincapié en que nuestra civilización ha olvidado sus raíces cristianas y perdido sus valores, y que en esas circunstancias necesita un tratamiento de choque para volver a ellos. “Los tiempos duros dieron a luz personas fuertes. Las personas fuertes dieron a luz buenos tiempos. Los buenos tiempos dieron a luz personas débiles. Y las personas débiles, finalmente, han dado luz tiempos difíciles”. Una razón que lo ha llevado a plantear una gran pregunta: “¿Acaso este microorganismo, este virus, forme parte también de una providencia en la que estemos llamados a renacer, a ser fuertes, a ser firmes a redescubrir el sentido y raíz de nuestra vida (…) a entender que por un lado no somos nada, que somos muy humildes, muy pequeños, que no somos nada sin la gracia de Dios, pero que con Dios lo somos todo?”.

 

Esta pequeñez percibida es fundamental, es la llamada a la humildad, a reconocer nuestra insignificancia. “Es el momento de la obediencia humilde y responsable, pensando en el bien común. Siendo humildes renunciando a los propios planes, pensando en el bien común de los demás. ¡Tiempo de obediencia!”.

 

La cuarentena obliga, además, a tener un tiempo libre inesperado que debemos aprovechar. “Voy a cuidar el orden, para que el orden cuide de mi”, señala Munilla tomando palabras de San Agustín. Luego dice que es una gran oportunidad para “vivir este tiempo como un regalo de Dios para crecer, para madurar”.

 

Para el obispo de San Sebastián, permanecer encerrados en casa supone, ante todo, “un tiempo de gracia” que llama a una mayor vivencia de la fe. “A veces ayunar – paradójicamente -, puede ser algo que nos prepare para disfrutar más las cosas. El que no es capaz de ayunar, luego no es capaz de disfrutar”, señala Mons. Munilla, quien también convoca a vivir la cuarentena aprovechando la lectura diaria y en profundidad de la Palabra de Dios, personalizándola y estudiándola. Dice, además que es oportunidad “para que en este tiempo hagamos un buen examen de conciencia (…) de los diez mandamientos de la ley de Dios”, que preparen a la Comunión.

 

Y que mientras dure el confinamiento, se realicen las comuniones espirituales que significan: “yo me preparo, deseo estar bien preparado para recibir a Jesucristo”. “Este es un momento de gracia para que aprendas a orar, para que aprendas a estar con Él, para que aprendas a quedarte en silencio”, continúa el prelado. Pensar en los demás Cerrando el video, Mons. Munilla recuerda que la pandemia es una situación que “nos hace pensar en los demás”, siendo una ocasión “para darnos cuenta que el prójimo existe”. “Es una gran oportunidad para amarlo, para ser sensible, para ponernos en su situación. Para que Dios nos de la gracia del olvido de nosotros mismos por amor a los demás (…) Cuando llegamos a amar a los demás hasta el olvido de nosotros mismos, es un momento en el que espiritualmente crecemos exponencialmente”, reflexiona. Finalmente, antes de orar a Nuestra Señora, llamando a dirigirse a Ella en “la vocación que nos sea más entrañable”, recordó que es tiempo de Cuaresma, y por lo tanto, preparación para la Pascua, además de ser el mes de San José, “en el que Marzo nos prepara especialmente para conducirnos de una manera humilde, sigilosa, hacia Jesucristo”.

 

*Publicado originlmente en Infovaticana