CatholicLink - 05.09.2016

 

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A veces el rol de padrinos y madrinas de bautizo está un poco confundido, y tanto los ahijados como los padres, esperan algunas cosas que realmente no son sus reales funciones y que poco tienen que ver con el llamado que han recibido. De ahí que las siguientes explicaciones de Sebastián Campos en CatholikLink, sean tan apropiadas. Estas son siete ideas sobre la misión que tienes con tu ahijado:

 

Tu vida es tu curriculum

 

Como padrino has sido elegido por los padres (o al menos deberías serlo), más que por tu relación con ellos, por tu vida, por como vives tu fe, por el testimonio de tu lucha sincera por vivir los principios del Evangelio. Madrinas y padrinos son personas que por su testimonio de vida podrán dar luces al recién bautizado de cómo hacer para vivir como un buen cristiano durante toda su vida. ¡Comienza a vivirlo!

 

Das el mejor regalo

 

No esperamos que nuestra madrina o padrino nos de un regalo especial para navidad o para nuestro cumpleaños. Madrinas y padrinos el mejor regalo que puedes darle a tu ahijado es el regalo de la fe. Acompáñalo de forma cercana y sincera para que la vida espiritual y la relación con Jesús sean siempre parte fundamental de su vida como nuevo cristiano.

 

“Queridos, padres, padrinos y madrinas, si quieren que sus hijos sean verdaderos cristianos, ayúdenles a crecer 'inmersos' en el Espíritu Santo, es decir, en el calor del amor de Dios, en la luz de su Palabra. Por ello, no olviden invocar a menudo al Espíritu Santo, todos los días” (Papa Francisco, 2015).

 

No eres un padre sustituto

 

A veces se piensa que cuando te piden ser madrina o padrino, lo que te están pidiendo es que en caso de que los padres fallezcan tu te hagas cargo del pequeño. Uno no busca padrinos para tener padres de repuesto; uno los busca para que acompañen a los padres y les animen, al igual como lo hacen con el ahijado.

 

Se hacen familia espiritual y el amor y la fe los une, no una responsabilidad legal para con los niños si es que quedan huérfanos. Obviamente el compromiso espiritual no quita que te preocupes por el bienestar físico y material de tu ahijado.

 

Compartes lo mejor que tienes

 

Una madrina o padrino comparte su fe por lo tanto ha de tenerla, alimentarla y hacerla crecer. Es tu responsabilidad el estar preparado para responder a las dudas y para acompañar en los momentos oscuros a tu ahijado, no solo con apoyo económico y con los bonitos regalos, sino con la Palabra de Dios, con la esperanza cristiana y con mucho amor. A los padres de los niños y a los padrinos, así como a los familiares, el Papa Francisco les pidió: “ayudar a estos niños a crecer bien si se les da la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús”. Pero también, “hay que darlo con el ejemplo”.

 

Permaneces cerca

 

Esa es tu misión, acompañar, estar cerca. Es recomendado buscar dentro de la familia, pues es mucho más fácil asegurar un lazo firme con el ahijado. Entre los amigos también es buena idea, pero la intención es que sea alguien cercano, que no vea a su ahijado únicamente para las fiestas, sino que puedan compartir tiempo juntos, que conozca su proceso y su desarrollo como persona y como cristiano.

 

Practicas lo que predicas

 

Estando en la parroquia me ha tocado ver personas que llegan a pedir certificados de confirmación para ser padrinos o madrinas de alguien. Gente que nunca ha sido vista en la parroquia y que nadie conoce. No es que busquemos gente popular en los ambientes eclesiales, sino que buscamos personas asiduas a celebrar su fe, comprometidas con ella y con la vida de la Iglesia, de este modo podemos esperar que acompañe a su ahijado a misa, le explique los sacramentos y que pongan en práctica aquello que los hace familia: la fe. Si se, está difícil esta parte, pero los ideales debemos cuidarlos y luchar por alcanzarlos. Procura ser tu una madrina o un padrino así.

 

Estás dispuesto a asumir la responsabilidad de forma indefinida

 

El bautismo abre las puertas del cielo al bautizado, ya es parte de la Iglesia, es hijo de Dios y con vocación de Vida Eterna. Quien acepta ser madrina o padrino lo hace de forma indefinida, como una muestra de amor hacia su ahijado, pero también como un servicio a Dios, acompañando a este nuevo cristiano en su desarrollo y madurez.

 

Quien acepta este reto y esta responsabilidad lo hace para siempre, pues la calidad de hijo de Dios es eterna, por lo tanto tu tarea de amor, compañía, cuidado y orientación no termina cuando tu ahijado se hace adulto, sino que continúa por toda la vida.

Por LaFamilia.info - 29.02.2016

 

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En este 2016 el Papa Francisco nos ha pedido vivir la misericordia de manera especial. Por eso en este tiempo de Cuaresma, debemos llevar a la acción esta invitación que nos hace el Santo Padre.


Las obras de misericordia «nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu (…). Por eso, expresé mi deseo de que “el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio”». Ha dicho el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2016.


Partiendo entonces de sus palabras, exponemos las siguientes formas de vivir la misericordia:


1. Ayudar a los más necesitados


Es ver a Cristo en los pobres y enfermos, es salir al encuentro de quién más necesita de nuestra ayuda: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos; son las propuestas del Santo Padre. Y todo esto en el día a día, en personas concretas que están, de alguna manera, cerca de nosotros.


2. Enseñar al que no sabe


Es dedicar un poco de tiempo para compartir nuestros conocimientos con alguien que lo necesite: puede ser un compañero de trabajo, un niño de la calle que no sabe leer, prestar nuestros servicios en un voluntariado o fundación, o enseñar a las personas que trabajan en nuestra casa u oficina.


3. Dar buen consejo al que lo necesita y consolar al triste


Todos en algún momento hemos necesitado una voz de aliento. Por eso debemos estar prestos a escuchar al otro y ser empáticos, es decir, tratar de conectarnos con la situación del otro sin juzgarlo, ni reprocharlo. Busquemos la iluminación del Espíritu Santo para darle un buen consejo y consolar su tristeza.


4. Corregir al que se equivoca


Es sano corregir al otro, hacerle caer en cuenta de su error pero hacerlo de buena forma, con amor todo es bien recibido.


5. Perdonar al que nos ofende


“¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices”. Frase del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud 2016.


6. Soportar con paciencia las personas molestas


Ante los defectos de los otros tenemos dos caminos: llenarnos de ira, rencor y envenenarnos; o respirar profundo, ser pacientes y no dejar que nos roben nuestra paz. La segunda opción es la que nos permite tener un espíritu sano y un corazón tranquilo.


7. Orar por los vivos y los difuntos


Hablar con Dios y poner en sus manos a nuestras personas cercanas, rezar por sus necesidades y orar también por los que ya han partido.


«La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar».


“Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios”. Papa Francisco.

 

 

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Pildorasdefe.net /LaFamilia.info – 17.08.2015

 

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La muerte nos asusta a todos; vernos indefensos y frágiles nos genera incertidumbre, preguntas, malestar, incluso algunas veces preferimos evadir el tema. No obstante, lo que estamos llamados a hacer, es entender el verdadero sentido de la muerte. Para ello, compartimos los siguientes aspectos que proponen desde el portal Pildorasdefe.net, los cuales nos darán una visión cristiana de la misma:

1. Recurrir a los sacramentos: Unción de los enfermos, confesión y comunión


Cuando este momento se acerca se debe procurar dejar este mundo libre de cargas y pecados, recibir la unción de los enfermos, confesarse y comulgar. De esta forma, al llegar la muerte, será el encuentro con Cristo. Debemos procurar que si un ser querido se encuentra en esta situación, busquemos un sacerdote cercano para que vaya a visitar al enfermo y pueda irse en gracia de Dios.

 

2. Comprender que la muerte es un estado liberador


Cristo quiso liberarnos con amor y entrega. Al resucitar, Él venció a la muerte y nosotros debemos vivirla comprendiendo que un ciclo terreno termina, e inicia el tiempo de gracia, al lado de Dios y su corte celestial.

 

Recordemos que la muerte y resurrección de nuestro Señor nos permite que compartamos con Él la vida eterna.

3. Entender que la muerte no es un castigo sino la entrada a la vida eterna


La muerte entró al mundo para purificar el pecado que heredamos de nuestros primeros padres, todos estamos convocados a ir con el Creador de la vida y entregar cuentas de cómo hemos vivido en esta tierra. No necesariamente la enfrentaremos cuando estemos enfermos o ancianos, será cuando se nos llame al encuentro con Dios Padre, quizás en el momento menos esperado.

 

4. Conservemos con amor el recuerdo de nuestros seres queridos que han partido


Si bien ya no están físicamente con nosotros, todas sus enseñanzas y los momentos compartidos viven en nuestros corazones, honremos siempre su memoria como un tesoro invaluable que nos acompañará en nuestra vida.

5. Acompañar, aconsejar y ayudar a los familiares de quien ha fallecido


Cuando se ha perdido a alguien, generalmente nos refugiamos en la soledad, el llanto y el silencio, la depresión, la inapetencia y el estrés.

 

Nuestra tarea cristiana es acompañar, aconsejar y ayudar a los familiares, recordarle con alegría, procurando que se distraigan y vean en la muerte no un fin, sino un continuar en el amor de Dios, que tiene preparado un lugar para cada uno de nosotros.

6. Evitemos caer en depresiones prolongadas, busquemos ayuda y soporte espiritual


Aunque nos duele que un ser querido haya partido y sentimos un vacío en ese tiempo y espacio que compartía con nosotros, hay que evitar caer en depresiones prolongadas, primeramente porque sabemos que a quien se ha ido no le hubiese gustado vernos así, y segundo, porque contamos con la esperanza cristiana de que, quien ha creído y vivido en el Señor, tiene vida eterna en Él.

 

Si nos es difícil levantarnos del duelo, busquemos ayuda en un sacerdote o director espiritual para sobrellevar el dolor, será muy útil.


7. Respetar el luto y evitar hablar de dinero o herencias en los momentos más sensibles


Es posible que la persona fallecida haya dejado algunos bienes que corresponden a los hijos o las personas que comparten un rasgo de consanguinidad.

Todo tiene su tiempo apropiado, y es lamentable ver familias que, aun cuando no ha ocurrido la muerte o está muy reciente, tienen rencillas por temas materiales.


8. Es recomendable donar la ropa y cosas usadas por nuestro familiar difunto


Es una buena obra de caridad donar las prendas que la persona usó a una beneficencia, casa hogar o refugio, de esta forma corresponderemos con la obra de misericordia de vestir al desnudo. Otra razón es que muchas veces estas cosas materiales a las cuales nos apegamos nos hacen mucho daño, no nos permiten superar el dolor que ocasionado por la pérdida y dejar a nuestro familiar descansar en paz.

9. Evitemos caer en prácticas supersticiosas o de Nueva Era para mitigar nuestro dolor


Algunas personas u organizaciones en su afán, no de compartir el dolor sino de lucrarse de éste, ofrecen rituales que no son compatibles con la verdadera vida cristiana. El dolor no puede desviarnos de nuestra fe, nuestra confianza siempre debe estar puesta en Dios y en sus promesas, es su gracia la que nos ayudará a continuar.

10. Orar por el eterno descanso de quienes han partido


Es esencial y la mayor obra de amor que podemos tener con nuestro ser querido. En muchos de nuestros países de habla hispana se acostumbra, al día siguiente de la cristiana sepultura, reunirse en torno a la oración o “novenario” para ayudar al difunto durante la purificación que le corresponda en el purgatorio. Debemos hacerlo con mucha fe, ofreciendo la Eucaristía por su eterno descanso, rezando el Santo Rosario, la Coronilla de la Misericordia, etc.

 

Fuente: Pildorasdefe.net

 

 

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Por Diego López/ACI 

 

miercolesdeceniza1Foto: Public Domain 

 

A una semana del inicio de la Cuaresma, compartimos el siguiente escrito el cual recuerda algunas cosas esenciales que todo católico debe saber para poder vivir intensamente este tiempo.


1. ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?


Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.


El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que al término de la Misa, se bendice e impone la ceniza hecha de los ramos de olivo bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior.


2. ¿Cómo nace la tradición de imponer las cenizas?


La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.


La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI (once), la Iglesia de Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.


3. ¿Por qué se impone la ceniza?


La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Iglesia, más precisamente en el artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia:


“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.


4. ¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?


La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.


La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).


5. ¿Dónde se puede conseguir la ceniza?


Para la ceremonia se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.


6. ¿Cómo se impone la ceniza?


Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras Bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».


7. ¿Qué hacer cuando no hay sacerdote?


Cuando no hay sacerdote la impartición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda por una liturgia de la palabra.


Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, solo puede realizarla sacerdote o diácono.


8. ¿A quién se puede imponer la ceniza?


Puede recibir este sacramental cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 ss.) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».


9. ¿Es obligatoria la imposición de las cenizas?


El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.


10. ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la frente?


Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.


11. ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?


El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y abstinencia, como en el Viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional.


La idea es realizar algún tipo de abstinencia u ofrecimiento al Señor.

 

 

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Por LaFamilia.info – 30.03.2015

 

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La Cuaresma que finaliza con la Semana Santa, es un camino de crecimiento espiritual para ratificar, ante nosotros mismos y ante los demás, que Dios ha pasado por nuestras vidas para hacernos mejores personas, por lo que nos comprometemos a ser testimonios de esa conversión. Este realmente, es el sentido de la Semana Santa, que cada quien sea una vivencia de fe a la luz de Cristo.

 

Y para que ese cambio sea verdadero, el Señor nos invita a dejar morir en nosotros todo aquello que nos aleja de Él y de los demás. Es también una buena ocasión para ejercitar el autocontrol en aspectos que nos cuesten esfuerzo.


Las siguientes recomendaciones podrán ser un buen plan de mejora personal pues parten de las falencias que, por lo general, todos caemos en algún momento.


1. No haré lo que no me gusta que me hagan. Más que un propósito, debe ser una ley de vida. Es la mejor forma de romper con el círculo vicioso que conduce a estados negativos.


2. Seré cumplidor de mis obligaciones. Esto se resume en cumplir con los deberes que cada quien ha asumido con rectitud, responsabilidad, compromiso, y en especial con amor.


3. Seré amable con los demás. No hay duda que las personas amables viven mejor, pues este valor produce felicidad, armonía, paz interior; además tiene el poder de “desarmar corazones”: libera al otro de las emociones negativas.


4. No guardaré rencores ni sentimientos tóxicos. El resentimiento, agresividad, odio, rencor, deseo de venganza, enferman el espíritu, dañan el cuerpo y producen desequilibrio psicológico. Son toxinas que pueden no damnificar al otro; pero sí perjudican mucho a quien las experimenta. (Leer también: Cómo tener un espíritu saludable)


El perdón es el único remedio para apabullar estos sentimientos negativos que alejan la felicidad, apagan las ilusiones, y destruyen la paz interior.


5. No hablaré mal de los otros. “Un mal comentario puede acabar una amistad, enterrar una institución, manchar un buen nombre, desmoronar una vida. El mejor modo de no meterse en vidas ajenas es no hablar nunca de los demás.” *Fragmento del artículo “Ser cada día mejor” de BuzonCatolico.es


Además, no podemos olvidar que también somos humanos y por consiguiente, nos equivocamos. Hay que enfocarse mejor en lo bueno que cada quien tiene, así evitamos que los errores y defectos de los demás nos atormenten, robándonos así la tranquilidad que tanto buscamos.


6. Me concentraré en lo mío. No hay que dedicar tiempo a investigar si los demás realizan bien su trabajo, si rectifican sus errores, si son buenos esposos o que tal lo hacen como padres de familia. Hay que dejar a un lado los asuntos ajenos y destinar toda la conciencia, cuidado y dedicación a la propia vida.

 

 

 

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