Luisa Restrepo/Catholic-link.com

 

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Muchas veces pasamos por alto hechos cotidianos, pero que en su sencillez, son manifestaciones concretas del amor de Dios. Por eso, en este tiempo de Cuaresma y acogiendo las palabras del Papa Francisco de hace algún tiempo, compartimos con los lectores estos actos sencillos de caridad que proponen desde el sitio Catholic-link.com.


***

 

La caridad no se limita a la ayuda material, aun siendo verdaderamente necesaria, no lo es todo. Toda obra de caridad auténtica es, por lo tanto, una manifestación concreta del amor de Dios a los hombres y por ello se vuelve anuncio del Evangelio.

 

1. Sonreír ¡Un cristiano siempre es alegre!
No nos damos cuenta pero cuando sonreímos aligeramos la carga a quienes nos rodean. Cuando vamos por la calle, en el trabajo, en la casa, en la universidad. La felicidad del cristiano es una bendición para los demás y para uno mismo. ¡Quién tiene a Cristo en su vida no puede estar triste!

 

2. Dar las gracias siempre (aunque no "debas" hacerlo)

Nunca te acostumbres a recibir porque lo necesitas o porque tienes "derecho a". Todo lo recibes como un regalo, nada te "lo deben" aunque hayas pagado por ello. Da siempre las gracias. Es más feliz quien es agradecido.

 

3. Recordarle a los demás cuánto los amas
Tú sabes que los amas... ¿y ellos? Las caricias, los abrazos y las palabras nunca sobran. Si Jesús no se hubiera hecho carne, nosotros jamás habríamos entendido que Dios es Amor.

 

4. Saludar con alegría a esas personas que ves a diario
Seguro es quien abre la puerta, quien limpia, quien contesta las llamadas. Lo ves a diario y al saludarlo le recuerdas que es importantísimo lo que hace. Tanto tu trabajo como el de él/ella se hace más a gusto si le haces ver que es valioso para otros, que su presencia cambia las cosas.

 

5. Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor
¿Qué puede hacernos más humanos que saber escuchar? Cada historia que te cuentan te une más con el otro: sus hijos, su pareja, la jefa, el profesor, sus preocupaciones y alegrías ... tú sabes que no sólo son palabras, son partes de su vida que necesitan ser compartidas.

 

6. Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita
¿Qué más podemos decir? No importa si es un problema de matemáticas, una simple pregunta o alguien que tiene hambre ¡jamás sobra la ayuda! Todos necesitamos de los demás. Aunque suelas ayudar, recuerda que tu también eres necesitado.

 

7. Levantarle los ánimos a alguien
Sabes que no anda bien o nada bien y no sabes qué hacer. Decides sacarle una sonrisa para hacerle saber que no todo es malo. Siempre es bueno saber que hay alguien que te ama y que estará siempre a pesar de las dificultades.

 

8. Celebrar las cualidades o éxitos de otro
Solemos callarnos lo que nos gusta y nos alegra de los demás: sus éxitos, sus cualidades, sus buenas actitudes. Simples frases como "¡Felicidades!", "Me alegro mucho por ti" o "Ese color te queda muy bien" le han hecho el día a tu compañero y nos ayudan a vernos entre nosotros como Dios nos ve.

 

9. Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita

¿Te has imaginado alguna vez que tu prenda favorita de cuando tenías 17 años, ahora es la favorita de una adolescente que no tiene mucho que ponerse? Si eres hermano mayor, lo sabes. Por eso es bueno acostumbrarnos a valorar lo que tenemos y si tenemos más de lo que necesitamos, regalarlo nos ensancha el corazón y protege del frío a otro.

 

10. Ayudar cuando se necesite para que otro descanse
Esto se vive en las familias: cuando uno descansa otro trabaja. Nada más hermoso que saber que alguien más ya comenzó a hacer algo que necesitabas por ti o que siempre puedes pedir ayuda. Cuando nos ayudamos mutuamente a llevar las responsabilidades diarias la vida es más llevadera.

 

11. Corregir con amor, no callar por miedo
Corregir es un arte. Muchas veces nos encontramos en situaciones que no sabemos manejar. El mejor método es el amor. El amor no sólo sabe corregir, sino que sabe perdonar, aceptar y seguir adelante. No tengas miedo de corregir y ser corregido, eso es una muestra que los demás apuestan por ti y quieren que seas mejor.

 

12. Tener buenos detalles con los que están cerca de ti
Sabes lo que le gusta mejor que nadie, ¿por qué no aprovechar eso? Nada se disfruta más que aquello que es dado con amor, él se gana unos minutos de descanso y tú una sonrisa auténtica. Salir de uno mismo y pensar en los demás siempre es mejor y alegra el corazón.

 

13. Limpiar lo que uso en casa
Para una buena convivencia, sabes que es importante organizar y limpiar lo que usas. Hay una voz dentro de ti que te dice que deberías ayudar un poco más de lo que quisieras... Y sorprendentemente te sientes muy bien de hacerlo.

 

14. Ayudar a los demás a superar obstáculos
De chiquitos lo hacíamos, ¿por qué no hacerlo ahora? Ayudarle a alcanzar el transporte, a cargar sus maletas, a cruzar la calle o regalarle unas monedas para que pueda pagar. Esos detalles nunca se olvidan. Eres el extraño que aún cree en la humanidad.

 

15. Llamar por teléfono a tus padres
Ahora tú vives solo, te mueves solo y quizá tienes tu propia familia. Sin embargo, tus padres aún se conmueven cuando les haces saber que piensas en ellos. Estar atentos a lo que necesitan o simplemente saber cómo están es algo que no te cuesta mucho y es un gesto enorme de gratitud.

 

¡Que en este tiempo de Cuaresma, los gestos de caridad, cumplidos generosamente, permitan a cada uno avanzar en el camino hacia Cristo, que no cesa de salir al encuentro de los hombres! (Benedicto XVI)

 

LaFamilia.info - 01.12.2014

 

papafrancisconino

 

El papa Francisco se destaca por su estilo comunicativo profundo pero al mismo tiempo simple, cercano y contundente; lo que hace que sus mensajes sean de gran inspiración y acogida por católicos y no católicos de todo el mundo. Y cuando habla de la familia, ¡sí que es cierto! ¡Es sabiduría pura! A continuación una recopilación de las frases más populares sobre la familia dichas por el Pontífice:

 

1. “En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús”

 

2. "Cuando nos preocupamos por nuestras familias y sus necesidades, cuando entendemos sus problemas y esperanzas... cuando sostienen la familia, sus esfuerzos repercuten no sólo en beneficio de la Iglesia; también ayudan a la sociedad entera"

 

3. “Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. No digamos la suegra perfecta... Existimos nosotros, los pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón”.

 

4. “Tener un lugar a donde ir, se llama hogar. Tener personas a quien amar, se llama familia, y tener ambas se llama Bendición.”

 

5. “Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad. Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana.”

 

6. "¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!”

 

7. “Preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y a que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de sus hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de los padres”.

 

8. “En la vida, la familia experimenta tantos momentos bellos. El descanso, los almuerzos juntos, las salidas al parque, al campo, la visita a los abuelos, la visita a una persona enferma, pero si falta el amor, falta la alegría, la fiesta, y el amor siempre nos los da Jesús. Él es la fuente inacabable.”

 

9. "El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva. Pero su aporte a la sociedad supera el nivel de emotividad. El matrimonio no procede del sentimiento amoroso efímero, sino de una unión de vida total”.

 

10. "El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre al marido. Crecer también en humanidad, como hombre y mujer”.

 

11. “Todos nos equivocamos, y a veces alguno se ofende en la familia, en la pareja; fuerte algunas veces… Yo digo “vuelan los platos”, ¿eh? Se dicen palabras fuertes, pero escuchen este consejo: no terminen el día sin hacer las paces. La paz se rehace cada día en la familia. Pidiendo perdón: “perdóname” y se recomienza de nuevo.”

 

12. “Un matrimonio no tiene éxito sólo si dura, es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos.”

 

13. "Veo la santidad en una mujer que cría a sus hijos. En un hombre que trabaja para llevar a casa el pan. En los enfermos. En las religiosas... Esta es la santidad común".

 

14. "Aquello que pesa más que todas las cosas es la falta de amor. Pesa no recibir una sonrisa, no ser recibidos. Pesan ciertos silencios. A veces, también en familia, entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos. Sin amor, el esfuerzo se hace más pesado, intolerable"

 

15. “En el Padrenuestro decimos: 'Danos hoy nuestro pan de cada día”. El matrimonio puede aprender a rezar así: 'Danos hoy nuestro amor de cada día'”.

 

16. "El verdadero vínculo es siempre con el Señor. Todas las familias, tienen necesidad de Dios: todas, ¡todas! Necesidad de su ayuda, de su fuerza, de su bendición, de su misericordia, de su perdón. Y se requiere sencillez. ¡Para rezar en familia se requiere sencillez! Cuando la familia reza unida, el vínculo se hace fuerte"

 

17. “El amor de dos esposos es una realización, una realidad que crece, y podemos decir que es como construir una casa, y esa casa se construye juntos, no solos”.

 

18. "La verdadera alegría viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente en el camino de la vida"

 

19. “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Madura a la vez que nos damos a los otros”.

 

20. "La familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor".

 

21. “Hoy, la familia es despreciada, es maltratada, y lo que se nos pide es reconocer lo bello, auténtico y bueno que es formar una familia, ser familia hoy; lo indispensable que es esto para la vida del mundo, para el futuro de la humanidad".

 

Fuente: Ana Cabreira – About.com

 

 
P. Thomas Rosica - Zenit
 

Foto: Freepik

 

Durante este tiempo de deseo y de espera del Señor, se nos invita a rezar y a profundizar en la Palabra de Dios, pero estamos llamados ante todo a convertirnos en reflejo de la luz de Cristo, que en realidad es el mismo Cristo.

 

De todas formas, todos sabemos lo difícil que es reflejar la luz de Cristo, especialmente cuando hemos perdido nuestras ilusiones, cuando nos hemos acostumbrado a una vida sin luz y ya no esperamos más que la mediocridad y el vacío. Adviento nos recuerda que tenemos que estar listos para encontrar al Señor en todo momento de nuestra vida. Como un despertador despierta a su propietario, Adviento despierta a los cristianos que corren el riesgo de dormirse en la vida diaria.

 

¿Qué esperamos de la vida o a quién esperamos? ¿Por qué regalos o virtudes rezamos en este año? ¿Deseamos reconciliarnos en nuestras relaciones rotas? En medio de nuestras oscuridades, de nuestras tristezas y secretos, ¿qué sentido deseamos encontrar? ¿Cómo queremos vivir las promesas de nuestro Bautismo? ¿Qué cualidades de Jesús buscaremos para nuestras propias vidas en este Adviento? Con frecuencia, las cosas, las cualidades, los regalos o las personas que buscamos y deseamos dicen mucho sobre quiénes somos realmente. ¡Dime qué esperas y te diré quién eres!

 

Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.

 

Algunas sugerencias en este tiempo de Adviento

 

1. Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.

 

2. Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros.

 

3. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.

 

4. Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.

 

¡Alégrense porque el Señor está cerca!

 

P. Thomas Rosica

Jorge Enrique Mújica, LC - Actualidadyanalisis
24.03.2014

 

Al explicar cosas a veces complejas de explicar, el Papa Francisco tiene el don de la brevedad sin detrimento de lo que es necesario incluir al decir lo que dice. Lo ha vuelto a hacer al explicar el sacramento de la reconciliación (penitencia o confesión) en la catequesis del miércoles 19 de febrero de 2013. Los cinco párrafos centrales son estos:

 

«En la celebración del Sacramento de la reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.

 

Alguno puede decir: “Yo me confieso solamente con Dios”. Sí, tú puedes decir a Dios: “Perdóname”, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote.

 

“Pero, padre, ¡me da vergüenza!”. También la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Porque cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un ‘sinvergüenza’. La vergüenza también nos hace bien, nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios, perdona.

 

También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decirle al sacerdote esas cosas que pesan tanto en mi corazón: uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia y con el hermano. Por eso, no tengan miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la fila para confesarse siente todas estas cosas – también la vergüenza – pero luego, cuando termina la confesión sale libre, grande, bello, perdonado, limpio, feliz. Y esto es lo hermoso de la Confesión.

 

Quisiera preguntarle, pero no responda en voz alta ¿eh?, responda en su corazón: ¿cuándo fue la última vez que se confesó? ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo: ¿cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado? Y si ha pasado mucho tiempo, ¡no pierda ni un día más! Vaya hacia delante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús, allí, ¿eh? Y Jesús es más bueno que los curas, y Jesús te recibe. Te recibe con tanto amor. Sea valiente, y adelante con la Confesión».

 

*Fotografía tomada durante la JMJ 2013, Río de Janeiro - Brasil.

Vicente Franco Gil - ForumLibertas
07.06.2013

 

Estudios realizados por diferentes entidades de consumidores aseguran que en este año, a pesar de la dureza de la crisis económica en algunos países, los padres se resisten a dejar de celebrar la Primera Comunión de sus hijos.

 

Con todo, afirman dichos estudios que el coste es similar al de años anteriores, y que las familias lo siguen celebrando por todo lo alto. Otros informes, de diversas entidades, certifican que el coste medio de una boda civil se aproxima a los 20.500€ (algo así como 26.000 dólares americanos) coste que asciende a 25.000€ para las celebraciones de las bodas religiosas.

 

Por cuanto antecede, es significativo y llama la atención que, a tenor del contenido literal y conclusivo de estos estudios e informes, las conmemoraciones religiosas lleven como aparejado irremisiblemente un gasto adicional del que es difícil que las familias puedan zafarse. O dicho de otra manera, parece ser que las Primeras Comuniones, las bodas católicas y las Confirmaciones estén vinculadas a una sangría pecuniaria que, por ende, desarticula en mayor o menor medida a las economías domésticas. Ciertamente lo esencial en los actos religiosos referenciados es, o por lo menos debería ser, el Sacramento en sí, es decir, que los niños reciban al Señor por primera vez animándoles a que lo sigan recibiendo asiduamente durante toda su vida, que los cónyuges contraigan un compromiso esponsal ante Dios y ante su Iglesia, y que al confirmarse los adolescentes se conviertan en verdaderos testigos de Jesucristo.

 

Consecuente y apriorísticamente, no existe una relación de causalidad entre las aludidas celebraciones religiosas y el dispendio que se genera a cuenta de aquellas. Así las cosas, y desde un profundo respeto a la libertad de cada cual para hacer lo que crea conveniente según sus criterios y circunstancias, que quede claro que la Iglesia Católica no impone, ni siquiera sugiere, seduce o incita, ningún tipo de desembolso dinerario tal como el que se determina en los informes de los expertos, excepto aquellos donativos estipulados para el sostenimiento del culto, cosa que por otro lado es loable.

 

En una sociedad de consumo en donde importa quizá más la apariencia que el saber estar, donde se otorga demasiado protagonismo al qué dirán, y donde se fomenta el derroche en vez de la coherencia y el sentido común, es lógico que se dilapide en muchas ocasiones gastando por encima de las posibilidades de quienes se endeudan hasta las cejas en detrimento del fundamento y fin del credo al que, libre y voluntariamente, han decidido acceder.

 

Además, conviene resaltar que la fiesta no está reñida con la fe, pues evidentemente este tipo de ceremonias religiosas comportan una gran alegría y satisfacción. Asimismo, deberíamos reflexionar acerca de si prima en nuestras conciencias el boato y la pedantería o, por el contrario, valoramos más la naturaleza intrínseca del acto ceremonial religiosos al que, moderadamente y con buen gusto, se puede conciliar con un ágape sencillo y con un vestuario respetuoso y sobrio, los cuales no supongan en cualquier caso un menoscabo en el cómputo presupuestario.

 

 

 

 

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