LaFamilia.info
03.05.2013

 

¿A quién se le habrá ocurrido repetir las Aves Marías tantas veces? ¿Qué sentido tiene? Todos conocemos la bella oración que es el Santo Rosario, ¿pero conocemos su origen y su significado?

 

Una leyenda cuenta que un hermano lego (son los miembros de una orden religiosa que se ocupan de labores manuales y de los asuntos seculares de un monasterio, para que así los monjes de coro, se puedan dedicar a la vida contemplativa) de la Orden de los Dominicos, no sabía leer ni escribir, por lo que no podía leer los Salmos, como era la costumbre en los conventos de la época. Entonces, cuando terminaba sus labores por la noche se iba a la capilla del convento, se hincaba frente a la imagen de la Virgen María, y recitaba 150 avemarías (el número de los salmos), luego se retiraba a su celda a dormir.

 

Por la mañana, de madrugada, se levantaba antes que todos sus hermanos y se dirigía a la capilla para repetir su costumbre de saludar a la Virgen. El Hermano Superior notaba que todos los días, cuando él llegaba a la capilla para celebrar las oraciones de la mañana con todos los monjes, había un exquisito olor a rosas recién cortadas y le dio curiosidad, por lo que preguntó a todos quién se encargaba de adornar el altar de la Virgen tan bellamente, a lo que la respuesta fue que ninguno lo hacía, y los rosales del jardín no se notaban faltos de sus flores.

 

Días después, el hermano lego enfermó de gravedad; los demás monjes notaron que el altar de la Virgen no tenía las rosas acostumbradas, y dedujeron que era el hermano quien ponía las rosas. ¿Pero cómo? Nadie le había visto nunca salir del convento, ni sabía que comprara las bellas rosas.

 

Una mañana les extrañó que se hubiera levantado pero no lo hallaban por ninguna parte. Al fin, se reunieron en la capilla, y cada monje que entraba quedaba asombrado, pues el hermano lego estaba arrodillado frente a la imagen de la Virgen, recitando extasiado sus avemarías, y a cada una que dirigía a la Señora, una rosa aparecía en los floreros. Así al terminar sus 150 saludos, cayó muerto a los pies de la Virgen. Por eso se dice que cada Ave María es una preciosa rosa para la Virgen, y cada Rosario completo es una corona de rosas para Ella.

 

Con el correr de los años, Santo Domingo de Guzmán (se dice que por revelación de la Santísima Virgen) dividió las 150 avemarías en tres grupos de 50, y los asoció a la meditación de la Biblia: Los Misterios Gozosos, los Misterios Dolorosos y los Misterios Gloriosos, a los cuales el Beato Juan Pablo II añadió los Misterios Luminosos.

 

Vale la pena recordar que entre las variadas apariciones de la Santisma Virgen, Ella siempre ha insistido en el Rezo del Rosario. Es así como, por ejemplo, el 13 de Mayo de 1917 en un pueblo de Portugal, la Santísima Virgen insistió con vehemencia el rezo del Rosario a los tres pastorcitos, en una de sus muchas apariciones a estos tres videntes.

 

Significado del Santo Rosario

 

“La rosa es la reina de las flores, y así el Rosario es la rosa de todas las devociones, y por ello la más importante de todas.” *Catholic.net.

 

Entre las varias formas y modos de honrar a la Madre de Dios, es el rezo del Santo Rosario y la vivencia de éste en carne propia. Con el Rosario, podemos tener un momento de unión con Dios, a través de la Virgen María, mediante la meditación de los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús y su Madre. Por tanto, "rezar el Rosario no significa ocultarse en algún lejano rincón, viviendo apartados del mundo. Significa más bien, prepararnos para aceptar cargar la cruz: la nuestra y la de los demás, de la misma manera que Jesús y María cargaron la suya; lo que significa: enfrentar problemas y dificultades y, sin embargo, no amargarse por eso; experimentar desprecios y humillaciones y, sin embargo, nunca albergar deseos de venganza; avanzar por el camino del hombre que cree en el Dios que nos salva y que todo lo renueva." *Virgenmariaauxiliadora.com

 

Catholic.net - 27.03.2016

 

20162703pascuaFoto: Pixabay

 

Muchas veces nos quedamos sólo en la tradición sin conocer cuál es su origen. Aquí te contamos la historia de los huevos de Pascua. 

 

El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos. Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus casas.

 

Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma. Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.

 

Uno de estos primeros cristianos, se acordó un día de Pascua, de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar. A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús resucitó.

 

Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que regalamos hoy en día.

 

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Por LaFamilia.info

Foto: Freepik-Jcomp 

 

La Cuaresma es tiempo de conversión. Uno de sus propósitos es el cambio personal. Es la oportunidad de hacer una mirada interior para renunciar a todo lo que nos contamina el espíritu y el corazón, y que en últimas nos aleja del amor.

 

A veces nos preocupa mucho el mundo en que vivimos, la vida de los demás, los errores que otros comenten, la sociedad que nos rodea... ¿Y nuestra situación personal? ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Contaminado o limpio? ¿Cómo son nuestras acciones? ¿Nuestros pensamientos? ¿Lastimamos a otros con nuestras actitudes?

 

La Cuaresma es tiempo de purificación, en el cual se nos recuerda la tentación al egoísmo, el poder, el odio, los juicios, el orgullo, la soberbia, las palabras que destruyen, la mentira, la envidia, la ira… Y es que como ser humanos que somos, podemos caer en las debilidades pero al mismo tiempo poseemos una maravillosa herramienta que es el discernimiento, es decir, la conciencia para reconocer lo que está incorrecto en nuestras vidas y lo que nos hace daño a nosotros y a las personas cercanas.

 

De modo que la Cuaresma es el momento para “dejar morir en nosotros todo aquello que nos aleja de Dios y de los demás, que nos impide abrazar su voluntad y construirla en nuestras vidas. (…) Por eso Dios quiere que examinemos nuestro corazón y dejemos que su Espíritu lo llene, para poder vivir como Él enseña, para poder realizar su Proyecto.” *Buenasnuevas.com

 

De igual modo, el Obispo David L. Ricken, aconseja: “Atrevámonos a ver quiénes somos, cómo estamos viviendo nuestra existencia. Abramos nuestro corazón de par en par. No permitamos que nuestro corazón acabe siendo el sediento y hambriento por cerrado en sí mismo. Podemos acabar siendo nosotros, auténticos hambrientos y sedientos, y estar Cristo tocando a nuestras puertas y sin embargo cerramos el corazón.”

 

Para que ese cambio sea verdadero, el Señor nos invita a ayunar, es decir, a renunciar de aquello que nos contamina (odio, rencor, envidia, egoísmo, indolencia…) y que nos alejan de su modo de vida. La Cuaresma es también una buena ocasión para ejercitar el autocontrol en aspectos que nos cuesten esfuerzo.

 

Así pues, de diferentes formas recibimos un mensaje persistente en el tiempo de Cuaresma: ser mejores seres humanos, lo cual se logra viviendo a imagen y semejanza de Dios, y de este modo, seremos felices. Esto implica dejar que sea Dios sea nuestra guía, nuestra luz, y sea Él el que trace nuestras acciones, sentimientos, actitudes, valores y pensamientos.

 

Como recomendación final, traemos a colación estas palabras: “Durante la Cuaresma, cuando nos enfrentamos a nuestras propias debilidades, la tentación es sentirnos molestos y frustrados. "¡Qué mala persona soy!" Pero esa es una lección errónea. Dios nos llama a ser pacientes y a vernos como Él nos ve, con un amor incondicional.” *Obispo David L. Ricken en usccb.org

 

Preguntas de reflexión

- ¿Qué actitudes, situaciones, realidades de tu vida endurecen tu corazón y lo hacen insensible a los demás?

- ¿Qué es lo que verdaderamente importa para Dios? Revisa tu vida a partir de estas enseñanzas.

- Cuando encuentro algo en mi corazón que contraría el plan de Dios en Mi, ¿acudo al Sacramento de la reconciliación?

 

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El 19 de marzo se celebra el día de San José, festividad que en algunos países como España, Honduras y Bolivia, sirve de inspiración para conmemorar también el Día del Padre. Por eso, es tan oportuno hablar de San José como modelo para los padres y esposos de las familias actuales.

 

San José, esposo de la Virgen María, padre adoptivo de Jesús y patrón de la Iglesia universal. Su vida es ejemplo de humildad, paciencia, prudencia, obediencia, castidad, fidelidad, valentía, esfuerzo. Fue un hombre de fe, quien asumió con amor y entrega total el tesoro que se le depositó en sus manos: “de José se puede y debe aprender la más grande obediencia y fe que jamás haya existido, no es sencillo aceptar lo que él aceptó, la misión que se la había encomendado era una tarea titánica, la cual solamente Él podía haberla llevado a cabo, tal como lo hizo, sin más ni menos.”*

 

San José era el protector de la Sagrada Familia y al igual que los padres de hoy, era el pilar, el que se esforzaba para conseguir el sustento diario. Fue una vida de trabajo, de ahí que lo denominen “José obrero”. Pero lo más bello, era que San José no se reducía a su papel de proveedor, sino que junto a María, educó a Jesús, lo acompañó en todas sus misiones, lo apoyó, lo crió, lo amó.

 

El Papa Juan Pablo II se refirió a San José con la siguientes palabras: “La extremada discreción con que José desempeñó el papel confiado por Dios subraya aún más su fe, que consistió en ponerse siempre a la escucha del Señor, tratando de comprender su voluntad, para obedecerla con todo el corazón y con todas sus fuerzas. Por este motivo, el Evangelio lo define como hombre «justo» (Mateo 1, 19). El justo, de hecho, es una persona que reza, vive de fe, y trata de hacer el bien en toda circunstancia concreta de la vida.”

 

“De allí que en este mes que tanto se aprovecha para hablar de los padres, de festejarles y darles el reconocimiento que se merecen, ya sea por su fortaleza, por su lucha constante para llevar el sustento o por cualquier otro motivo, será necesario tomar el ejemplo Santo de José, el carpintero, el esposo de María, el Padre putativo, el esposo casto, el justo, el Santo Protector de la Iglesia Universal.”

 

*Textos del artículo del Blog Tuplandivino

 

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Foto: San José con el niño Jesús; Convento de las Visitantinas, Ciudad del Este, Paraguay - Padre Jordi Rivero.

P. Evaristo Sada - La-oracion.com
17.09.2012

 

 

 

Muchas personas pasan de la formalidad de los rezos al gusto por la oración, ¿cómo se logra? El Padre Evaristo Sada brinda estas sugerencias, quien afirma además que el cambio se da cuando se corrige o mejora el propio concepto de oración, cuando se adoptan las actitudes adecuadas y se recibe una gracia de Dios.

 

Para cada punto hay dos alternativas. Se sugiere repasarlos con calma, preguntándose a sí mismo qué se ajusta más al modo de pensar, de actuar o la actitud en el día a día de la vida de oración.

 

1. ¿Recitación o encuentro?

 

a) Mi oración consiste en rezos, en pronunciar oraciones escritas como si fueran fórmulas mágicas que "funcionan" por sí mismas. Muchas veces las recito de modo impersonal, sin darme cuenta de lo que hago y de lo que digo. Veo la vida de oración sobre todo como un quehacer, como actos o actividades piadosas.

 

b) Mi oración es un encuentro de amistad con Dios. Creo que es lo más personal de mi vida y abarca toda mi existencia. Mi oración es mi relación viva con Dios, que se concreta en algunos momentos dedicados exclusivamente a Él y que procuro prolongar a lo largo de toda la jornada, sabiendo que Dios me está mirando y cuidando siempre.

 

2. ¿Formalidades o corazón?

 

a) Pongo más atención en cumplir la formalidad del rito, en la materialidad de las fórmulas que pronuncio, que en la actitud con que lo hago.

 

b) Centro mi atención en poner todo el corazón cuando dialogo con Dios.

 

Jesucristo también "dijo" sus oraciones, rezaba con los Salmos, pero no se quedaba en el rito y la letra, sino que se dirigía a su Padre con todo su corazón de Hijo de manera íntima y afectuosa: le llamaba Abbá, Padre querido.

 

3. ¿Apariencias o verdad?

 

a) Sobre todo cuido las apariencias exteriores del cumplimiento de mis compromisos espirituales (el hacer). Voy a la oración sólo porque "tengo que cumplir" mis compromisos espirituales y me limito a lo que es obligación estricta. Rezar me resulta fastidioso y digo "tengo que rezar".

 

b) Sobre todo cuido la autenticidad profunda de mi encuentro personal con Dios (el ser). Me acerco a Dios con humildad, mi relación con Él es de respeto y confianza. Me presento con toda naturalidad como hijo, criatura, pecador y peregrino, ante su Padre, Creador, Salvador y Guía. Voy a la oración con gusto, "porque quiero" estar con Jesús y digo "quiero orar".

 

4. ¿Técnicamente correcto o diálogo familiar?

 

a) En mi oración me preocupo mucho de aplicar correctamente el método establecido y de cumplir lo que está prescrito. "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí." (Mc 7)

 

b) Mi oración es un diálogo familiar, espontáneo, en un clima de profunda libertad interior, íntimo y lleno de afecto, sobre la base de un método que he venido madurando y personalizando.

 

5. ¿Palabras y palabras o silencio y escucha?

 

a) Hablo demasiado en la oración.

 

b) En mi oración prevalecen el silencio y la escucha.

 

6. ¿Rutina o frescura?

 

a) Voy a la oración de manera rutinaria.

 

b) Procuro afrontar mis espacios de oración de manera siempre fresca.

 

7. ¿Cronómetro o tiempo de calidad?

 

a) Me preocupo mucho de medir los tiempos en la oración.

 

b) Procuro que el tiempo que dedico a Dios sea tiempo de calidad.

 

8. ¿Mucho pensar o mucha fe?

 

a) Leo mucho en la meditación, pienso mucho, hago muchos razonamientos, "hago teología".

 

b) Lo que más me interesa es Él, Su Palabra, descubrir y disfrutar Su presencia en la Eucaristía y en mi propio corazón en un clima de fe y amor.

 

9. ¿Dispersión o atención?

 

a) Mi tiempo de oración se me va en distracciones, estoy disperso, pensando en otras cosas.

 

b) Mi oración es atención amorosa a la presencia de Dios en mi corazón y en toda la creación y los acontecimientos de mi vida.

 

10. ¿Un peso que soportar o fuente de paz?

 

a) Cuando termino de rezar experimento liberación porque ya cumplí. Si en lo que piensas y haces prevalece lo que está escrito en el inciso a) de los 10 puntos, es comprensible que la oración te resulte cansada y fastidiosa. Lo más seguro es que después de un tiempo termines por abandonarla.

 

b) Cuando termino de rezar experimento la paz que produce el encuentro personal de amor con Dios. Si lo que piensas y haces es lo que está en el inciso b) seguramente disfrutas mucho tu vida de oración. No deja de ser exigente y costosa, pero cada día le tomas más gusto y sientes el deseo y la necesidad de rezar.

 

 

Volvemos a la pregunta inicial: ¿Cómo pasar de los rezos que cansan a la oración que se disfruta? Si te identificas con algunas afirmaciones del inciso a) sugiero que tomes una por una y te propongas hacer tuya la afirmación correspondiente del inciso b).

 

Ten paciencia, la transformación se da paulatinamente. Y lo más importante: Cultiva el deseo de estar a Su lado, de crecer en tu amistad personal con Dios y pídele todos los días: "Señor, enséñame a orar, dame la gracia de amarte cada día más y mejor."

 

Orar es una gracia que Dios nos quiere conceder. Y en nuestra relación con Él, Él da el primer paso. Esta certeza ha de llenarnos de confianza y alentar nuestra perseverancia en la oración cotidiana.

 

Fuente: yocreo.com

 

 

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