Encuentra.com
01.05.2011

 

Aconteció en Roma, una hermosa noche de mayo a fines del siglo XVIII. Un niño pobre reunió a sus compañeros y los guió a una estatua de María, a cuyos pies ardía una lámpara según costumbre de esa santa ciudad. Ahí, esas voces frescas cantaron la Letanía de Nuestra Señora. El pequeño grupo se volvió a reunir al día siguiente. Esta vez los acompañaban más niños. La siguiente vez las mamás se unieron a la pequeña asamblea. Pronto nuevos grupos se formaron y la devoción se popularizó rápidamente.

 

Las almas piadosas, preocupadas por el desorden en la conducta que el regreso de la primavera propicia y acrecienta, vieron en esta devoción la mano de Dios. Su cooperación con tal designio providencial fue promover la devoción como un acto solemne y público de reparación. Así fue fundado el Mes de María.

“Es el mes en que, en los templos y en las casas particulares, sube a María desde el corazón de los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y veneración. Es también el mes en el que desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la Divina Misericordia”. (Pablo VI, Mense Maio)

 

“El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”. (Juan Pablo II, Mayo 1979)

 

Los cristianos, que queremos estar siempre cerca de María, le podemos ofrecer algo especial durante el mes de mayo: romerías, visitas a alguna iglesia dedicada a la Virgen, pequeños sacrificios en su honor, ofrecimiento del estudio o del trabajo bien acabado o el rezo más atento del Santo Rosario.

 

1 de mayo: María es la Madre de Dios


“Cuando la Virgen respondió que sí, libremente, a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo divino asumió la naturaleza humana: el alma racional y el cuerpo formado en el seno purísimo de María.

 

La naturaleza divina y la humana se unían en una única Persona: Jesucristo, verdadero Dios y, desde entonces, verdadero Hombre; Unigénito eterno del Padre y, a partir de aquel momento, como Hombre, hijo verdadero de María: por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo encarnado, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad que ha unido a sí para siempre —sin confusión—la naturaleza humana.

 

Podemos decir bien alto a la Virgen Santa, como la mejor alabanza, esas palabras que expresan su más alta dignidad: Madre de Dios”.10

 

  • Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Decir con amor, a lo largo del día, muchas jaculatorias a la Virgen, tales como “Madre de Dios, eres omnipotente en tu intercesión”.

 

2 de mayo: María es la criatura más perfecta 

 

“La llena de gracia, la que es objeto de las complacencias de Dios, la que está por encima de los ángeles y de los santos llevó una existencia normal.

María es una criatura como nosotros, con un corazón como el nuestro, capaz de gozos y de alegrías, de sufrimientos y de lágrimas. Antes de que Gabriel le comunique el querer de Dios, Nuestra Señora ignora que había sido escogida desde toda la eternidad para ser Madre del Mesías. Se considera a sí misma llena de bajeza: por eso reconoce luego, con profunda humildad, que en Ella ha hecho cosas grandes el que es Todopoderoso”.11

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Cuidar especialmente las miradas de amor a cuadros e imágenes de la Santísima Virgen que veamos en nuestra casa, en la Iglesia, o en las calles, rezando alguna jaculatoria al mismo tiempo.

 

3 de Mayo: La Trinidad beatísima y María

 

“María, Hija de Dios Padre, por la Encarnación del Señor en sus entrañas inmaculadas es Esposa de Dios Espíritu Santo y Madre de Dios Hijo”.12

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Rezar un “Avemaría” cada vez que el reloj marque una nueva hora.

 

4 de Mayo: La familia de María, la Trinidad en la tierra

 

“No es por eso extraño que la Iglesia se alegre, que se recree, contemplando la morada modesta de Jesús, María y José. Es grato -se reza en el Himno de maitines de esta fiesta- recordar la pequeña casa de Nazaret y la existencia sencilla que allí se lleva, celebrar con cantos la ingenuidad humilde que rodea a Jesús, su vida escondida. Allí fue donde, siendo niño, aprendió el oficio de José; allí donde creció en edad y donde compartió el trabajo de artesano. Junto a El se sentaba su dulce Madre; junto a José vivía su esposa amadísima, feliz de poder ayudarle y de ofrecerle sus cuidados”.13

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Un repaso amoroso de su vida junto a Jesús mientras recitamos los misterios gozosos del Santo Rosario.

 

5 de Mayo: La Inmaculada Concepción

 

“¿Cómo nos habríamos comportado, si hubiésemos podido escoger la madre nuestra? Pienso que hubiésemos elegido a la que tenemos, llenándola de todas las gracias. Eso hizo Cristo: siendo Omnipotente, Sapientísimo y el mismo Amor, su poder realizó todo su querer… Es la explicación más clara de por qué el Señor concedió a su Madre, desde el primer instante de su inmaculada concepción, todos los privilegios. Estuvo libre del poder de Satanás; es hermosa—tota pulchra!—, limpia, pura en alma y cuerpo”.14

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Renovar las promesas del bautismo, renunciando a Satanás, al mundo, y a sus vanidades.

 

6 de Mayo: La encarnación, María se convierte en el primer tabernáculo

 

“Si buscáis a María, encontraréis a Jesús. Y aprenderéis a entender un poco lo que hay en ese corazón de Dios que se anonada, que renuncia a manifestar su poder y su majestad, para presentarse en forma de esclavo. Hablando a lo humano, podríamos decir que Dios se excede, pues no se limita a lo que sería esencial o imprescindible para salvarnos, sino que va más allá. La única norma o medida que nos permite comprender de algún modo esa manera de obrar de Dios es darnos cuenta de que carece de medida: ver que nace de una locura de amor, que le lleva a tomar nuestra carne y a cargar con el peso de nuestros pecados”.15

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Rezar puntualmente (a mediodía) y con devoción, el “Angelus”.

 

7 de Mayo: María es nuestro ejemplo en la vida ordinaria

 

“No olvidemos que la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios!”16

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Cuidar el trato amable y servicial con aquellos cerca de nosotros.

 

8 de mayo: El nacimiento del Niño Dios

 

“Iesus Christus, Deus Homo, Jesucristo Dios-Hombre. Una de las magnalia Dei, de las maravillas de Dios, que hemos de meditar y que hemos de agradecer a este Señor que ha venido a traer la paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. A todos los hombres que quieren unir su voluntad a la Voluntad buena de Dios: No sólo a los ricos, ni sólo a los pobres!, ¡a todos los hombres, a todos los hermanos! Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre”.17

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: A Jesús mismo cuando lo recibamos en la Sagrada Comunión.

 

9 de mayo: María recibe a los pastores

 

“Es preciso mirar al Niño, Amor nuestro, en la cuna. Hemos de mirarlo sabiendo que estamos delante de un misterio. Necesitamos aceptar el misterio por la fe y, también por la fe, ahondar en su contenido. Para esto, nos hacen falta las disposiciones humildes del alma cristiana: no querer reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos, a nuestras explicaciones humanas, sino comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres”.18

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Hacer varios sacrificios pequeños —cosas que nos cuesten un poco, como privarse de algo en las comidas— y ofrecerlos a Jesús por medio de María.

 

10 de mayo: María presenta a Jesús en el templo

 

“Maestra de caridad. Recordada aquella escena de la presentación de Jesús en el templo. El anciano Simeón aseguró a María, su Madre: mira, este niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel y para ser el blanco de la contradicción; lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, a fin de que sean descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones de muchos. La inmensa caridad de María por la humanidad hace que se cumpla, también en Ella, la afirmación de Cristo: nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos”.19

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Visitar algún templo dedicado a la Virgen y llevarle alguna ofrenda de flores.

 

11 de mayo: María recibe a los Reyes Magos

 

“Entrando en la casa, vieron al Niño con María, su Madre. Nuestra Señora no se separa de su Hijo. Los Reyes Magos no son recibidos por un rey encumbrado en su trono, sino por un Niño en brazos de su Madre. Pidamos a la Madre de Dios, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! Su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo”.20

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Hacer algunas visitas a pobres o enfermos llevándoles el cariño de nuestra presencia.

 

12 de mayo: La Sagrada Familia huye a Egipto

 

“El misterio de María nos hacer ver que, para acercarnos a Dios, hay que hacerse pequeños. En verdad os digo -exclamó el Señor dirigiéndose a sus discípulos-, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos.

 

“Hacernos niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino”.21

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Visitar a un enfermo o a una persona solitaria y compartir el gozo de la confianza absoluta en Dios.

 

13 de mayo: Vida oculta en Nazaret

 

“Me gusta volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda la vida de Nuestro Señor en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa y lo entretiene. Verle crecer, ante los ojos enamorados de su Madre y de José, su padre en la tierra. Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús durante su infancia y, en silencio, aprenderían mucho y constantemente de Él. Sus almas se irían haciendo al alma de aquel Hijo, Hombre y Dios. Por eso la Madre —y, después de Ella, José—conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador”.22

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Cumplir con perfección y alegría, y por amor a la Santísima Virgen, mis deberes profesionales.

 

14 de mayo: María pierde y halla al Niño Jesús

 

“La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertemos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a Él, para decirle que no lo perderemos más”.23

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Una buena confesión de nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia.

 

15 de mayo: María En Las Bodas De Caná

 

“San Juan conserva en su Evangelio una frase maravillosa de la Virgen, en una escena que ya antes considerábamos: la de las bodas de Caná. Nos narra el evangelista que, dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que Él os dirá. De eso se trata; de llevar a las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Domine, quid me vis facere?, Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.24

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Obedecer cuando nos dan un encargo.

 

16 de mayo: María junto a la Cruz

 

“En el Calvario, junto al patíbulo, reza. No es una actitud nueva de María. Así se ha conducido siempre, cumpliendo sus deberes, ocupándose de su hogar.

 

Mientras estaba en las cosas de la tierra, permanecía pendiente de Dios”.25

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Repetir muchos actos de contrición, pidiendo a nuestra madre que los ofrezca a su hijo crucificado.

 

17 de mayo: María, madre dolorosa

 

“Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Qué podía hacer Ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso—como una espada afilada—que traspasaba su Corazón puro”.26

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Soportar en silencio cualquier dificultad, dolor o pena, uniéndonos al dolor de nuestra madre. Podemos decir la siguiente oración: “Quiero estar a tu lado, Virgen dolorosísima, fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas, consumando mi sacrificio con tu martirio, sosteniendo mi corazón con tu soledad, amando a mi Dios y tu Dios con la inmolación de mi ser. Amén”.27

 

18 de mayo: María es corredentora con Cristo

 

“Con razón los Romanos Pontífices han llamado a María Corredentora: de tal modo, juntamente con su Hijo paciente y muriente, padeció y casi murió; y de tal modo, por la salvación de los hombres, abdicó de los derechos maternos sobre su Hijo, y le inmoló, en cuanto de Ella dependía, para aplacar la justicia de Dios, que puede con razón decirse que Ella redimió al género humano juntamente con Cristo. Así entendemos mejor aquel momento de la Pasión de Nuestro Señor, que nunca nos cansaremos de meditar: stabat autem iuxta crucem Iesu mater eius, estaba junto a la cruz de Jesús su Madre”.28

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Ofrecer por medio de María cinco pequeños sacrificios en memoria de las cinco llagas del Señor.

 

19 de mayo: La fe de María

 

“Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios”.29

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Rezar la oración “Acordaos” por la salvación de cada una de las personas que están más cerca de nosotros.

 

20 de mayo: La esperanza de María

 

“Nuestra Señora, hecha partícipe de modo pleno de la obra de nuestra salvación, tenía que seguir de cerca los pasos de su Hijo: la pobreza de Belén, la vida oculta de trabajo ordinario en Nazaret, la manifestación de la divinidad en Caná de Galilea, las afrentas de la Pasión y el Sacrificio divino de la Cruz, la bienaventuranza eterna del Paraíso.

 

Todo esto nos afecta directamente, porque ese itinerario sobrenatural ha de ser también nuestro camino. María nos muestra que esa senda es hacedera, que es segura. Ella nos ha precedido por la vía de la imitación de Cristo, y la glorificación de Nuestra Madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación; por eso la llamamos spes nostra y causa nostrae laetitiae, nuestra esperanza y causa de nuestra felicidad”.30

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Una sonrisa aún cuando no sintamos ganas de sonreír a los demás.

 

21 de mayo: La oración de María

 

“Supliquemos hoy a Santa María que nos haga contemplativos, que nos enseñe a comprender las llamadas continuas que el Señor dirige a la puerta de nuestro corazón. Roguémosle: Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia”.31

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Una visita a Jesús presente en el Santísimo Sacramento.

 

22 de mayo: La perpetua virginidad de María

 

“La pureza, la humildad y la generosidad de María contrastan con nuestra miseria, con nuestro egoísmo. Es razonable que, después de advertir esto, nos sintamos movidos a imitarla; somos criaturas de Dios, como Ella, y basta que nos esforcemos por ser fieles, para que también en nosotros el Señor obre cosas grandes. No será obstáculo nuestra poquedad: porque Dios escoge lo que vale poco, para que así brille mejor la potencia de su amor”.32

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Rezar al dar las horas el “Bendita sea tu Pureza”.

 

23 de mayo: María, reina de los Apóstoles

 

“Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre. Los problemas de nuestros prójimos han de ser nuestros problemas. La fraternidad cristiana debe encontrarse muy metida en lo hondo del alma, de manera que ninguna persona nos sea indiferente. María, Madre de Jesús, que lo crió, lo educó y lo acompañó durante su vida terrena y que ahora está junto a Él en los cielos, nos ayudará a reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado, que se nos hace presente en las necesidades de nuestros hermanos los hombres”.33

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Decir una palabra amable, tener una conversación amistosa con las personas que trabajamos o convivimos.

 

24 de mayo: María, auxilio de los cristianos

 

“Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición —Monstra te esse Matrem—, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal”.34

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Cinco misterios del Rosario además de los misterios de este día.

 

25 de mayo: María, madre nuestra

 

“Te aconsejo (…) que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces”.35

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Repetir la jaculatoria “Madre mía, Esperanza mía” cada vez que hacemos una pausa en nuestro trabajo.

 

26 de mayo: María es el camino hacia Jesús

 

“María, a quienes se acercan a Ella y contemplan su vida, les hace siempre el inmenso favor de llevarlos a la Cruz, de ponerlos frente a frente al ejemplo del Hijo de Dios. Y en ese enfrentamiento, donde se decide la vida cristiana, María intercede para que nuestra conducta culmine con una reconciliación del hermano menor —tú y yo— con el Hijo primogénito del Padre.

 

“Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que Él os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entre gamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal”.36

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Enseñar a un amigo o a un niño a recitar el Rosario.

 

27 de mayo: María, madre del amor hermoso

 

“Porque eso es lo que explica la vida de María: su amor. Un amor llevado hasta el extremo, hasta el olvido completo de sí misma, contenta de estar allí, donde la quiere Dios, y cumpliendo con esmero la voluntad divina. Eso es lo que hace que el más pequeño gesto suyo, no sea nunca banal, sino que se manifieste lleno de contenido. María, Nuestra Madre, es para nosotros ejemplo y camino. Hemos de procurar ser como Ella, en las circunstancias concretas en las que Dios ha querido que vivamos”.37

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Rezar tres Avemarías cada noche, antes de ir a dormir, y hacerlo cada vez con mayor afecto.

 

28 de mayo: La Asunción, María es llevada en cuerpo y alma a los cielos

 

“María ha subido a los cielos en cuerpo y alma, ¡los ángeles se alborozan! Pienso también en el júbilo de San José, su Esposo castísimo, que la aguardaba en el paraíso. Pero volvamos a la tierra. La fe nos confirma que aquí abajo, en la vida presente, estamos en tiempo de peregrinación, de viaje; no faltarán los sacrificios, el dolor, las privaciones. Sin embargo, la alegría ha de ser siempre el contrapunto del camino”.38

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Una sonrisa cuando alguien nos corrija o juzgue erróneamente.

 

29 de mayo: María es reina del cielo

 

“Ella vive y nos protege; está junto al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, en cuerpo y alma. Es la misma que nació en Palestina, que se entregó al Señor desde niña, que recibió el anuncio del Arcángel Gabriel, que dio a luz a Nuestro Salvador, que estuvo junto a Él al pie de la Cruz.

 

“En Ella adquieren realidad todos los ideales; pero no debemos concluir que su sublimidad y grandeza nos la presentan inaccesible y distante”.39

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Rezar una “Salve” cada vez que el reloj marque una nueva hora.

 

30 de mayo: María es la medianera de todas las gracias

 

“Con su poder delante de Dios, nos alcanzará lo que le pedimos; como Madre quiere concedérnoslo. Y también como Madre entiende y comprende nuestras flaquezas, alienta, excusa, facilita el camino, tiene siempre preparado el remedio, aun cuando parezca que ya nada es posible”.40

 

Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Visitar a un amigo o familiar al que queramos exhortar a ir a confesión sacramental.

 

31 de mayo: La Visitación, María canta del amor de Dios

 

“Dios se interesa hasta de las pequeñas cosas de sus criaturas: de las vuestras y de las mías, y nos llama uno a uno por nuestro propio nombre. Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios.

 

“Nuestra vida se convierte así en una continua oración, en un buen humor y en una paz que nunca se acaban, en un acto de acción de gracias desgranado a través de las horas. Mi alma glorifica al Señor -cantó la Virgen María- y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava, por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso, cuyo nombre es santo”.41

 

 Ofrezcamos hoy a nuestra madre, la Virgen María: Propagar entre nuestros familiares y amigos la devoción del Santo Rosario y rezarlo diariamente con la mente concentrada y el corazón lleno de afecto.

 

Tomado de Encuentra.com

Pascuaderesurreccion.org
 
 

Foto: Freepik  

 

Cada signo tiene un significado profundo, que muchas veces se nos escapa. Cada signo nos está hablando de Jesús, nos sitúa ante su presencia real en cada uno de nosotros, en la comunidad reunida en su nombre, en el sacerdote que preside la celebración, en la palabra que se proclama, en el pan y el vino que se nos regala como alimento... A continuación, reconoceremos algunos de los signos que vivimos en cada Eucaristía y que nacen fundamentalmente de la Pascua de Jesús.

 

Pascua significa el paso de Dios que libera al pueblo. Es el compromiso de Dios con su pueblo, su alianza y contrato. A nosotros, que nos consideramos seguidores de Jesús, se nos invita a unirnos a Él, a optar definitivamente por Él.

 

Celebramos la Pascua en la medida en que nuestra vida sea reflejo y actualización de la vida de Jesús. Nuestro seguimiento a Jesús ha de actualizar dos dimensiones: nuestra opción y adhesión personal a Jesús y nuestro compromiso por realizar lo que Él hizo: crear la fraternidad. Y este camino lo hacemos como Iglesia. No somos islas separadas, somos una comunidad que refleja la vida de Jesús. Los signos de nuestras celebraciones solamente tienen sentido si los vivimos como pueblo de Dios, como Iglesia.

 

El signo de la palabra

 

Las personas se comunican de muchas formas y en ellas se comprometen. La Palabra es, quizás, la expresión más humana de comunicación. Dios se quiere hacer comprensible para nosotros y nos habla con palabras que sean accesibles a nuestra realidad. Jesús es la Palabra de Dios, es el modo de hablar de Dios.

 

Las lecturas que se proclaman en cada Eucaristía expresan la historia de esa Palabra de Dios, se nos presentan estas lecturas para que abramos nuestros ojos al proyecto de acción de Dios entre los hombres. Acudimos a la Palabra para descubrir y notar qué dice Dios y, sobre todo, qué quiere decirnos hoy y ahora. Porque la Palabra de Dios es una Palabra viva y eficaz.

 

La Palabra de Dios nos invita a acogerla con una actitud especial: apertura, escucha, respeto. De ese modo ponemos los medios necesarios para que esa Palabra entre en nuestro corazón y dé su fruto.

 

El signo de la luz tinieblas

 

Descubrimos la necesidad de la luz cuando no la tenemos. De noche encendemos las luces para ver, si estamos en el monte la linterna para guiarnos y entrar en la tienda, cuando pasamos por un túnel los focos del coche nos orienta. Si vemos a un ciego que no percibe la luz caemos en la cuenta de su necesidad: alguien le ha de llevar de la mano.

 

Pero no solamente se ve con los ojos. La vida de pecado, es decir, la vida alejada de los demás y de Jesús es una vida en tinieblas, sin horizonte, sin claridad. A veces decimos “no lo veo claro”, “no veo lo que quieres decir”... En todos esos momentos somos ciegos, necesitamos que alguien nos ponga en el corazón una luz para iluminar nuestro futuro, nuestro camino.

 

Jesús se nos presenta como la luz que ilumina nuestra tiniebla, la esperanza que da sentido a la sinrazón de muchas decisiones equivocadas. Es una luz que no se agota, que la recibimos y la transmitimos a los demás, como cuando encendemos nuestra vela y la ofrecemos a los demás. Solamente la persona que recibe la luz de Jesús puede iluminar a los demás.

 

El signo del agua

 

Desde hace algunos años vivimos en algunos países y zonas del planeta una situación climatológica rara: una gran sequía y fuertes inundaciones. El agua, que es necesaria para la vida, falta. El agua, cuando se desborda, puede destruir.

 

El antiguo pueblo judío busca la libertad de Egipto y rompe con esa situación atravesando el Mar Rojo. El paso por esa agua se convierte en un signo: refleja la muerte a una esclavitud y abre el nuevo camino de la libertad. Jesús, con su vida y su muerte, inicia la historia de un nuevo pueblo, la Iglesia, la comunidad de sus seguidores. De ahí que el agua del Bautismo sea para los seguidores de Jesús el signo del paso de la muerte a la vida, del egoísmo al amor, del yo al nosotros.

 

El signo del pan y el vino

 

Cualquier celebración de fiesta, de aniversario, tiene siempre una expresión concreta en torno a la mesa: compartir una comida es una de las expresiones que más se repite en todos los pueblos como signo de alegría, gozo y unión. Un plato y un vaso tomados junto a las personas que se ama y se estima, ayuda a crear un ambiente y una atmósfera realmente sinceros.

 

En su deseo de hablar un lenguaje que los hombres pudiéramos entender, también Dios quiso que en torno a una mesa se juntaran sus seguidores y compartieran una comida de fiesta. Con ello celebraban el paso del Señor, la Pascua. Jesús deseó celebrar con sus amigos más íntimos esta cena, su última cena entre los hombres, no sólo para compartir lo que habían vivido, sino también para ofrecer un nuevo camino, una nueva comida. Jesús quiso quedarse entre ellos: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”. Por estas palabras se hace alimento para que acudamos a Él y tomemos fuerza para seguir su camino.

 

Compartir entre nosotros el alimento de Jesús no es solamente asistir a la Eucaristía y comulgar el pan. Ciertamente es “eso y algo más”: es compartir los gestos de Jesús, es hacer realidad su actitud de servicio, de perdón, de ayuda, de tolerancia.

 

Jesús nos dice que hemos de unirnos a Él, hemos de comer su cuerpo y beber su sangre para que tengamos vida, una vida que no acaba, una vida que se transmite a los demás. Y en el día a día hemos de actualizar su presencia y sus gestos, conscientes de que la celebración de la misa es la expresión más profunda de su amor por todos los hombres.

LaFamilia.info
13.12.2010

 

 

oracionfindeano

 

Antes de finalizar el año, es oportuno un momento de comunicación con Dios para expresarle gratitud por el don de la vida, la salud, la familia, el trabajo; también perdón por las fallas cometidas e implorarle su protección en el nuevo año que comienza.

 

***

 

Señor, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de Ti.

 

Gracias por la vida y el amor,
por las flores, el aire y el sol,
por la alegría y el dolor,
por cuanto fue posible y por lo que no.

 

Te ofrezco cuanto hice en este año,
el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos.

 

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

 

Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón.
Perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.


Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

 

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.


Por todos mis olvidos, descuidos y silencios,
nuevamente te pido perdón.

 

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario,
y te ofrezco estos días a Ti,
pues sólo Tú sabes si los llegaré a vivir.

 

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

 

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, 
llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

 

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad
y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno.


Que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

 

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí,
encuentren en mi vida un poquito de Ti.

 

Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad.

 

Amén

 

Autor desconocido

 
Por Luis J. Gutiérrez Montes - Catholic.net
 

Foto: Cathopic.com 

 

La ceniza no es amuleto de protección ni nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. La ceniza es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo sobre la muerte que es el Domingo de Resurrección.

 

La ceniza como signo positivo

 

Las cenizas que se utilizan en este día, se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior, lo cual nos recuerda que lo que fue signo de triunfo, pronto se reduce a nada.

 

Anteriormente al imponer la ceniza se decía: “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”, palabras tomadas del Génesis (Gen 3;19), recordándonos como dice el mismo Génesis, que Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Era un mensaje que nos hacía ver lo transitorio de la vida y nos obligaba a pensar lo frágiles que somos y en que no debemos dar tanta importancia a las cosas materiales de esta vida, sino reflexionar en lo fundamental, que es la preparación para la vida eterna.

 

Aunque desde luego, todo esto es muy importante, es necesario que dejemos de ver el Miércoles de ceniza y en general, la Cuaresma como algo negativo: arrepentimiento, muerte, regreso al pasado y verlo como un signo positivo, un renovar y recorrer junto a Jesús el camino, hasta llegar a la Pascua de Resurrección, que es el triunfo sobre la muerte, la alegría de la vida eterna.

 

El Concilio Vaticano II propuso cambiar el texto y la idea anterior y substituirlo por el primer mensaje de Jesús: «Conviértete y cree en el Evangelio (Mc 1;1,15)»

 

Pero ¿qué significa convertirse?, ¿qué es creer?, ¿qué quiere decir Evangelio?

 

Convertirse: en el Antiguo Testamento significaba regresar, era un arrepentirse de la vida actual y dar marcha atrás. Un volver al cumplimiento de la ley. En el Nuevo Testamento con Jesús cambia totalmente el significado, es seguirlo a Él, incluye desde luego el arrepentimiento de las faltas y la penitencia, pero no debe quedar ahí, es ver y caminar hacia delante, es aceptar el don gratuito de la salvación que nos ofrece directamente Dios.

 

El cristianismo no empieza por la ley, a la que respeta, pero a la que supera y trasciende a través del amor y por la gracia, la que se nos da y nos llega por la iniciativa de Dios y después el hombre acepta la gracia y da su amor al convertirse, volviendo así al amor un flujo continuo entre Dios y el hombre.

 

Creer: la fe es la entrada al nuevo camino; es iniciarlo, permanecer y confiarse; es responder sí a la propuesta de Dios; es entregarse a la palabra creadora del mundo y a la verdad; es creer en un solo Dios en Tres Personas, descubriéndolo en Cristo Jesús.

 

Evangelio: Evangelio es una palabra de origen griego que significa “Buena Noticia” o “Buena Nueva”. Es la palabra de Dios, del Dios-Hombre, de Jesús, inspirada por el Espíritu Santo a los cuatro evangelistas, que narran la vida, los milagros y el mensaje de Jesucristo.

 

¿Y cuál es la Buena Nueva? Es la nueva y definitiva alianza de Dios con el hombre, enviando a su propio hijo, para nuestra salvación; Es aceptar la invitación a la felicidad eterna, es seguir a Jesús, tal como Él mismo nos dijo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sin mí» (Jn 14; 6)

 

Momento de reflexión, perdón y cambio

 

La Cuaresma debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a dónde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

 

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos al Sacramento de la Reconciliación (que antes llamábamos confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestros semejantes y finalmente con Dios.

 

Esta reconciliación está integrada por el arrepentimiento, la confesión, la penitencia y finalmente la conversión.

 

El arrepentimiento debe ser sincero; reconocer tanto las faltas que hemos cometido así como las acciones y obligaciones que debimos haber hecho y tener el firme propósito de corregirnos, (como decimos en el “Yo Pecador”: en pensamiento, palabra, obra y omisión).

 

La confesión de nuestros pecados; el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

 

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

 

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

 

Es un tiempo también de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Debemos perdonar a todos antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

 

Inés María Somolinos - HacerFamilia
29.11.2010

 

 

 

En la vida social hay unas formas, unas “reglas” de buena educación, unas maneras de tratarse, y hasta un protocolo. Una persona se muestra a sí misma, también a través de ellas. En la religión también hay unos modos de relacionarnos con Dios, mostrarle nuestra fe, nuestra reverencia y nuestro amor. Se la podría llamar la “urbanidad de la piedad”.

 

Cuando Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente, lo primero que le dice es “sácate las sandalias... el lugar que pisas es santo”. Nos habla del necesario respeto de lo divino, del sentido de lo sagrado. Jesús se vio obligado a poner orden en el Templo de Jerusalén, echando a los mercaderes y cambistas que deshonraban la casa de Dios. Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre: el amor y la confianza que proceden de la filiación divina no conllevan -sería un contrasentido- una falta de respeto o igualdad de situación delante de nuestro Creador.

 

En el colegio estamos formando a nuestros alumnos. Parte de esa formación consiste en enseñarles a comportarse delante de Dios y a tratar las cosas santas. Es por esto que debemos cuidar las posturas, gestos, etc. de manera especial. Además, por la edad de aprendizaje en la que están y porque son muchos alumnos, conviene insistir en unas normas fijas, sobre todo para que se les quede grabado un estilo.

 

“Las formas forman” si se les pone contenido -es amor, no será formalidad- y si se entiende la razón de ser de cada una. Por eso no es exagerado. Las normas de comportamiento en el oratorio tienen una finalidad pedagógica. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios.

 

En la Iglesia hay unas normas litúrgicas que garantizan el cuidado del culto a Dios. Una especie de “protocolo” para lo sagrado: modos sobre cómo debemos tratar a Dios y las cosas de Dios.

 

También hay una serie de cuidados que no están preceptuados como leyes litúrgicas, pero que siempre han vivido los cristianos piadosos como expresión de reverencia y amor. Es parte del tesoro del patrimonio espiritual de la Iglesia.

 

Jesús resume toda la ley de Dios en un solo mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma”. Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. Y si no se nota... es que es demasiado débil.

Hemos de estar atentos para que la confianza no degenere en falta de respeto: sería ofensivo para con Dios. Nadie en sus cabales podría decir “porque te quiero tanto, no te respeto, te trato mal y te ofendo”. No puedo amar lo que no respeto. Tampoco lo que no venero.

La dignidad, la delicadeza son necesarias, ya que como seres compuestos de alma y cuerpo, expresamos nuestros afectos, nuestra fe y todo lo espiritual a través del cuerpo.

 

Con nuestras maneras, nos mostramos a nosotros mismos. Con el cumplimiento de los modales y normas de buena educación se muestra la “calidad humana” de una persona. Así también, con la urbanidad de la piedad muestra nuestra fe, esperanza y amor. Es respeto y elegancia, aplicado a las cosas de Dios.

 

Buena educación en el oratorio

 

El buen comportamiento en el oratorio no se limita a las celebraciones litúrgicas. Una vez que se ha entrado en el oratorio, se está en un lugar sagrado. Es para rezar. Hay que estar en silencio. Por eso preferimos llamarlo “oratorio”: hay que respetar con el silencio también a los que rezan. Incluso cuando no está reservado el Santísimo Sacramento en el sagrario.

 

Desgraciadamente, en general, se descuida bastante el silencio y se charla con cierta soltura, dentro de la iglesia. Esto hace que por más que insistamos nunca insistiremos demasiado... Silencio no es un mero no hablar. Expresa respeto, veneración. Es ya una forma de culto, ante Jesús presente en la Eucaristía. Es necesario para descubrir a Dios y poder escucharlo. Tiempo de recogimiento y meditación. Tenemos que ser capaces de silencio.

 

También es conveniente evitar distracciones. Curiosidad de mirar quién entra o sale. Quién estornudó... Peinarse en el oratorio… (hacerse la coleta en la mesa es de mala educación, tanto más en el oratorio)

 

Elegancia en el vestir: cuanto más elegantes, mostramos más respeto y amor. Es por eso que, además de ir decentes (faldas de largura adecuada y no ir transparentes ni escotadas) conviene ir bien arreglados (en concreto: llevar el pelo recogido de modo adecuado, por ejemplo no llevar moñitos sujetos con un bolígrafo o un lápiz…)

 

Las posturas en el oratorio

 

Al entrar en el oratorio; lo primero, buscar el sagrario, para saludar el Señor con una genuflexión.

 

La genuflexión es un acto de adoración, por lo que sólo se hace delante de Dios. La rodilla derecha toca el suelo, con el cuerpo erguido, mirando hacia el sagrario.

En general, en las posturas no hace falta estar firmes... pero tampoco apoyados en la pared, ni recostados en el banco.

 

Cuando estemos sentados, es más adecuado no estar pegados unas a otras, y es importante no abrir mucho las piernas. Tampoco se cruzan las piernas en el oratorio, ya que es un signo de distensión y no es elegante hacerlo. No apoyar los pies en los reclinatorios (se estropean los reclinatorios y se mancha de polvo quien después se arrodille).

 

En la fila para comulgar, vamos preparándonos a recibir al Señor. Supone recogimiento interior (concentrados, sin la curiosidad de mirar para todos lados, darse vuelta, etc.). Al devolver la bandeja de la comunión, no darle la espalda al sacerdote y al Santísimo.

 

Luego de la Comunión, viene la Acción de gracias. Se calcula que las especies sacramentales tardan 10’ en deshacerse dentro del cuerpo, por respeto y devoción existe la costumbre de quedarse dando gracias desde nuestro interior durante ese tiempo.

 

Inés María Somolinos es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora del Colegio Ayalde – España.

 

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

            

logo pie

© 2021 Corporación CED - all right reserved - desarrollado por Webpyme