LaFamilia.info
01.11.2010

 

 

Durante el mes de noviembre la Iglesia Católica recuerda de manera especial a los Fieles Difuntos, es decir a las personas que han partido de este mundo para pasar a la vida eterna junto al Padre, animando a ofrecer oraciones y sacrificios por su salvación eterna.

 

El Obispo José Sánchez González, explica en su artículo de Ecclesia Digital: “Durante el mes de noviembre, la Iglesia nos invita a pensar en la vida en su etapa definitiva más allá de la muerte. (…) En el segundo día del mes, en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, se no recuerda nuestra comunión y nuestra obligación para con los que, como nosotros fueron bautizados e incorporados a la Iglesia y hoy, separados temporalmente por la muerte, pueden estar necesitando de nuestra ayuda por la oración y los sufragios ofrecidos por ellos, al mismo tiempo que pueden ser nuestros intercesores ante el Señor Misericordioso.”

 

Conmemoración de los Fieles Difuntos

 

La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

 

Según la Enciclopedia Católica*, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica (dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la primitiva Iglesia acostumbraba anotar los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar).

 

Después, en el siglo sexto, era costumbre en los monasterios benedictinos tener una conmemoración de los miembros difuntos en Pentecostés. En España, en tiempo de San Isidoro (m. 636), había un día semejante el sábado antes de la Sexagésima (el sexagésimo día antes del Domingo de Pascua) o antes de Pentecostés.

 

En Alemania existió una ceremonia consagrada a orar por los difuntos, el 1 de octubre. Esto fue aceptado y bendecido por la Iglesia. San Odilo de Cluny (m. 1048) ordenó que se celebrara anualmente, en todos los monasterios de su congregación, la conmemoración de todos los fieles difuntos. De allí se extendió entre las otras congregaciones de los benedictinos y entre los cartujos. Más tarde, varios obispos, se acogieron a dicha celebración.

 

Con el paso de los años, la Iglesia Católica instauró el 2 de noviembre como la fecha oficial para conmemorar a los fieles difuntos.

 

Costumbres y tradiciones

 

Por esto días en la mayoría de los países, en especial católicos, los camposantos lucen arreglos florales, las velas iluminan los osarios y las Misas por los difuntos se hacen más notables.

 

Entre todas, la cultura Azteca se destaca por ser la más pintoresca para celebrar el día de los difuntos. Se dice que esta costumbre mexicana está relacionada con el ciclo agrícola tradicional. Los indígenas hacían una gran fiesta en la primera luna llena del mes de noviembre, para celebrar la terminación de la cosecha del maíz. Ellos creían que ese día los difuntos tenían autorización para regresar a la tierra, a celebrar y compartir con sus parientes vivos, los frutos de la madre tierra.

 

Para los aztecas la muerte no era el final de la vida, sino simplemente una transformación. Creían que las personas muertas se convertirían en colibríes, para volar acompañando al sol, cuando los dioses decidieran que habían alcanzado cierto grado de perfección.

 

Mientras esto sucedía, los dioses se llevaban a los muertos a un lugar al que llamaban Mictlán, que significa “lugar de la muerte” o “residencia de los muertos” para purificarse y seguir su camino.

 

Los aztecas no enterraban a los muertos sino que los incineraban. La viuda, la hermana o la madre, preparaba tortillas, frijoles y bebidas. Un sacerdote debía comprobar que no faltara nada y al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones. Las cenizas eran puestas en una urna junto con un jade que simbolizaba su corazón.

 

Los misioneros españoles al llegar a México aprovecharon esta costumbre, para comenzar la tarea de la evangelización a través de la oración por los difuntos.

La costumbre azteca la dejaron prácticamente intacta, pero le dieron un sentido cristiano: el día 2 de noviembre, se dedica a la oración por las almas de los difuntos. Se visita el cementerio y junto a la tumba se pone un altar en memoria del difunto, sobre el cual se ponen objetos que le pertenecían, con el objetivo de recordar al difunto con todas sus virtudes y defectos y hacer mejor la oración.

 

***

 

Oración al fallecimiento de un ser querido

 

¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

 

Fuentes: *Enciclopedia Católica de ACI, revistaecclesia.com, Catholic.net, Conoze.com, Devocionario.com

Por LaFamilia.info
 

 

 

Resulta complejo para el ser humano la comprensión del dolor y el sufrimiento. Por desgracia, quien resulta en el banquillo de los acusados es Dios, a sabiendas que Él en su amor infinito, siempre quiere lo mejor para sus hijos. Todo ser humano necesita encontrar un sentido para el dolor, que inevitablemente llega. Para los cristianos es más fácil encontrar este significado.

 

¿A quién le gusta sufrir? Se supone que a nadie, pero lo cierto es que la vida, en su camino hacia la felicidad, se encuentra colmada de tropiezos inesperados, algunos determinados por nuestro actuar como otros ajenos a nuestra voluntad. Este recorrido, a ciencia cierta, se hace más llevadero si el Señor acompaña cada paso del andar, puesto que la fe todo lo puede.

 

Juicios no justos

 

Nada más apropiado al tema, que el pensamiento del Papa Juan Pablo II acerca del dolor humano, expresado en la Carta apostólica Salvifici Doloris:

 

“Dentro de cada sufrimiento experimentado por el hombre, y también en lo profundo del mundo del sufrimiento, aparece inevitablemente la pregunta: ¿por qué? Es una pregunta acerca de la causa, la razón; una pregunta acerca de la finalidad (para qué); en definitiva, acerca del sentido. Esta no sólo acompaña el sufrimiento humano, sino que parece determinar incluso el contenido humano, eso por lo que el sufrimiento es propiamente sufrimiento humano. (…) Y es bien sabido que en la línea de esta pregunta se llega no sólo a múltiples frustraciones y conflictos en la relación del hombre con Dios, sino que sucede incluso que se llega a la negación misma de Dios.”

 

En igual orden, el escritor Jesús David Muñoz de Virtudes y Valores anota: “Es normal hacernos la pregunta: ¿por qué Dios no quitó el sufrimiento del mundo? ¿Por qué dejó algo que nos molesta tanto?... Sin embargo, esta posición de la criatura que juzga al creador no es en nada justa. Decirle a Dios lo que debe hacer y lo que no debe hacer suena a broma, pero es muchas veces la manera en la que reaccionamos. Nuestra actitud ante el dolor no debe ser la de juzgar a Dios y darle consejos de cómo ser Dios, sino más bien la de buscar encontrar lo qué quiere enseñarnos, las lecciones que quiere que saquemos. ¡Se puede sacar tanto bien de las situaciones adversas y de los sufrimientos!”

 

El amor le gana al dolor

 

El sufrimiento en sí mismo, no se puede definir como algo bueno, pues es difícil disfrutar de algo tormentoso, no obstante, lo que hace la diferencia es la actitud del ser humano frente a éste, el provecho, el aprendizaje y los hallazgos que se presenten a través del dolor, en definitiva, el alimento espiritual a través del amor de Dios.

 

Un ejemplo claro que ilustra lo anterior: “la Madre Teresa de Calcuta no se sentó a contar cuántos pobres había en la India y a suspirar por esta triste situación. No, ella se puso a trabajar y aprendió a amar. (…) Ante la realidad del dolor podemos vivir amargados, renegando o incluso odiando a Dios toda la vida o puede convertirse en una oportunidad para ejercitarnos en el amor.”

 

“(…) Dios es bueno, pero esto no significa que no exista el sufrimiento y el dolor. Dios es tan bueno, que incluso de lo malo puede sacar un bien mayor. Incluso del mal, del dolor más atroz, Dios puede sacar algo mejor. Es cuestión de estar atentos a descubrirlo.”*

 

Fuentes: *¿Un tesoro escondido en el sufrimiento? Por Jesús David Muñoz L.C., Virtudes y Valores - Catholic.net; Carta apostólica Salvifici Doloris del Sumo Pontífice Juan Pablo II, 1984.

 

***

 

No desperdiciar el sufrimiento

Colaboración de Coloquios de J.M.
 

El sufrimiento es un compañero en la vida de todas las personas con penas y dolores que amargan la existencia, pero lo importante no es cuánto se sufre sino cómo se sufre. Para Benedicto XVI “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito”. La experiencia de la enfermedad y el sufrimiento puede convertirse en una escuela de esperanza, madurez y unión con Dios que beneficia a toda la Iglesia.

 

Lo importante con el sufrimiento es no dejarlo en lamentos sino ofrecerlo a Dios por intenciones concretas. Por eso el Pontífice pide a los enfermos “ofrecer los sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocación y su ministerio sea rico en frutos espirituales”. También se aplica a la acción humanitaria de las personas que acompañan al enfermo y que sufren de alguna forma al acompañarle.

LaFamilia.info
12.07.2010

 

 

El 16 de julio celebramos el día de Nuestra Señora del Carmen, llamada también la “Estrella del mar” y la “Flor del Carmelo”, una de las advocaciones de la Virgen con mayor devoción en distintos países en todo el mundo.

 

Historia de la devoción

 

Los orígenes del nombre de Carmen hay que buscarlos en la región de Galilea, en un monte de la población marítima de Haifa y que recibe el nombre de Carmelo, que en hebreo significa “jardín”.

 

Cuenta el Libro de los Reyes, que en este monte vivían numerosos ermitaños, profetas que oraban y rendían culto a Dios, y entre los que se hallaba el profeta Elías.

 

Corría el año 300 a.C, cuando una gran sequía azotó Galilea, entonces el profeta Elías subió al monte Carmelo para implorar lluvia. Desde la cumbre de aquel monte, divisó una nube blanca, que emergía de las aguas del mar y subía al cielo, manando abundante agua.

 

Comprendió, entonces Elías, siempre según la interpretación veterotestamentaria, que la visión era un símbolo de la llegada del Salvador, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones.

 

Desde entonces, aquella comunidad se dedicó a rezar por la que sería la madre del Redentor, iniciando así lo que constituyó el germen de la Orden del Carmelo o Carmelitas, cuya devoción hacia la Virgen permitió que naciese una nueva advocación: Nuestra Señora del Carmen.

 

¿Por qué el 16 de julio?

 

San Simón Stoock fue un carmelita inglés que vivió durante el siglo XIII y que fundó diferentes monasterios carmelitas por Europa. Cuenta la historia que San Simón era muy devoto de la Virgen, a la que siempre rogaba un privilegio para su orden.

 

El 16 de julio de 1251, cuenta su hagiografía que se le apareció la Virgen llevando en sus manos un escapulario y pronunciando estas palabras: “Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno”.

 

Es a partir de entonces cuando nace la imagen de la advocación de Nuestra Señora del Carmen: el Niño y la madre sujetando el escapulario, la figura típica de dicha devoción mariana.

 

Por este motivo, la fecha elegida para celebrar la festividad de la Virgen del Carmen fue el 16 de julio, correspondiendo a la fecha en que la Virgen se le apareció a San Simón Stoock.

 

Patrona de marineros

 

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con la Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

 

En el siglo XVIII, cuando ya era muy popular la fiesta de la Virgen del Carmen en España, el almirante mallorquín Antonio Barceló Pont de la Terra (1716-1797), impulsó su celebración entre la marinería que él dirigía. Fue a partir de entonces cuando la marina española fue sustituyendo el patrocinio de San Telmo, por el de la Virgen del Carmen.

 

También una antigua leyenda cuenta que un barco inglés se hallaba en medio de un feroz huracán. Las olas lo azotaban sin piedad y el fin parecía cercano. Un ministro protestante llamado Fisher en compañía de su esposa e hijos y otros pasajeros fueron a la cubierta para suplicar misericordia y perdón.

 

Entre la tripulación se encontraba el irlandés John McAuliffe. Al mirar la gravedad de la situación, el joven abrió su camisa, se quitó el Escapulario y, haciendo con él la Señal de la Cruz sobre las furiosas olas, lo lanzó al océano. En ese preciso momento el viento se calmó. Solamente una ola más llegó a la cubierta, trayendo con ella el Escapulario que quedó depositado a los pies del muchacho.

 

Durante lo acontecido el ministro había estado observando cuidadosamente las acciones de McAuliffe y fue testigo del milagro. Al interrogar al joven se informaron acerca de la Santísima Virgen y su Escapulario. El Sr. Fisher y su familia resolvieron ingresar en la Iglesia Católica lo más pronto posible y así disfrutar la gran protección del Escapulario de Nuestra Señora.

 

La Virgen del Carmen en el mundo

 

España es uno de los países donde más arraigada se encuentra esta advocación, allí es patrona del mar, de la Marina y de varias regiones. También lo es del Ejército de los Andes, que liderado por el general José de San Martín, gestó la independencia de Argentina, Chile y Perú. Es considerada Reina y Patrona de Chile, de sus Fuerzas Armadas y de Carabineros; es patrona de los transportadores en Colombia; en Perú es “Patrona del Criollismo”; en Bolivia es la patrona de la Nación y de sus Fuerzas Armadas; y en Venezuela es la patrona del Ejército. Igualmente hay santuarios en varios países como Puerto Rico, Panamá, Guatemala, Argentina entre muchos otros.

 

Fuentes: ACI, catholic.net, nauticajonkepa.wordpress.com, corazones.org

 

***

La Virgen del Carmen y el escapulario 

P. Hernando Uribe
 
  • La Virgen del Carmen es la Reino y Hermosura del Carmelo. Es la Madre de los Carmelitas, entre los cuales figuran los grandes místicos S. Teresa de Jesús y S. Juan de la Cruz. El amor lo es todo para ellos, porque Dios es amor.
  • El escapulario es el distintivo de la Virgen del Carmen. El escapulario es un vestido hecho para llevar sobre pecho y espalda en honor a la Virgen del Carmen, símbolo de su protección, que ayuda en la vida y protege en la muerte, y lleva al cielo.
  • El vestido es un símbolo maravilloso que cubre y llena de elegancia.
  • Vestido es ropaje. El vestido es símbolo de lo que lleva por dentro el que se lo pone. Puede ser un ropaje que indica bueno o malos sentimientos.
  • La Virgen del Carmen nos dejó el escapulario como invitación a vivir de buenos sentimientos y a evitar los malos.
  • Son malos los sentimientos que nos hacen daño, como la tristeza, la amargura, la desconfianza, la desilusión, la ira, la envidia, la venganza, la rabia, el odio, la pereza. Este ropaje nunca lo debemos utilizar porque nos afea, nos enferma y hasta nos mata.
  • Debemos usar el ropaje de los buenos sentimientos. La alegría, la confianza, la fortaleza, la paciencia, la acogida, la comprensión, la generosidad, el perdón, y por encima de todos, el amor. Es el ropaje que siempre debemos utilizar. Así demostramos que somos hijos de la Virgen del Carmen.
  • El uso del escapulario tiene como finalidad recordarnos siempre que somos tiernamente amados de María y de su Hijo Jesús. Un amor que siempre nos llenará de salud y felicidad.
  • Por el escapulario, un vestido amoroso, la Virgen del Carmen nos muestra su amor y su protección maternal.
  • El que quiera ser feliz que o use aceptando los compromisos que tiene, que nos hacen felices si los cumplimos con fidelidad.
LaFamilia.info
09.08.2010

 

 

El dolor y la enfermedad son circunstancias que hacen parte de la realidad humana, para ello la Iglesia fundó el Sacramento de la Unción de los enfermos, con el fin de hacer presente a Dios, de una manera sacramental, en el momento del dolor, además de conceder una gracia especial para enfrentar las dificultades propias de una enfermedad grave o vejez.

 

La Unción une más íntimamente al enfermo y a la Pasión de Cristo, otorgándole fortaleza, paz, ánimo, además del perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse; y en la medida de la voluntad de Dios, puede restablecerlo totalmente.

 

Este sacramento es un soporte espiritual que provee paz consigo mismo y con Dios en situaciones donde la vida se halla en estado frágil; la Unción es una forma de entregarnos en las manos de Dios.

 

Casos en que puede aplicar el sacramento

 

El Catecismo de la Iglesia Católica cita a la Constitución apostólica del 30 de noviembre de 1972, que menciona que en adelante, en el rito romano, se observará lo siguiente:

 

«El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: "Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad"».

 

De igual forma el 1514 del CIC aclara: «La Unción de los enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez».

 

No obstante, la Iglesia ha dispuesto algunas excepciones permitiendo que en casos puntuales, este sacramento se suministre a personas que enfrentarán una cirugía compleja o a aquellas mujeres que pueden tener dificultades al dar a luz.

 

Preguntas y respuestas del Sacramento

 

Existen dudas y desconocimiento al respecto, pero una información correcta y a tiempo, puede hacer mucho por los pacientes que se encuentran en esta situación. Lo siguiente, ayudará a despejar algunas inquietudes:

 

¿Quién puede recibir el Sacramento?
El sacramento de la Unción de los enfermos lo puede recibir cualquier fiel que comienza a encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o vejez. El mismo fiel lo puede recibir también otras veces, incluso cuando el estado grave se produce como recaída de un estado anterior por el que ya había recibido el sacramento, o bien si se presenta otra enfermedad grave. La celebración de este sacramento debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo.

 

¿Quién administra este Sacramento?
El sacramento de la Unción de los enfermos sólo puede ser administrado por los sacerdotes (obispos o presbíteros).

 

¿Cómo se celebra este Sacramento?
La celebración del sacramento de la Unción de los enfermos consiste esencialmente en la unción con óleo, bendecido si es posible por el obispo, sobre la frente y las manos del enfermo (en el rito romano, o también en otras partes del cuerpo en otros ritos), acompañada de la oración del sacerdote, que implora la gracia especial de este sacramento.

 

¿Qué es el Viático?
El viático es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida terrena y se preparan para el paso a la vida eterna. Recibida en el momento del tránsito de este mundo al Padre, la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y resucitado, es semilla de vida eterna y poder de resurrección.

 

Fuentes: Catecismo de la Iglesia Católica, Evangelización.org, Aciprensa, Catholic.net, Catecismo básico del católico

LaFamilia.info
21.06.2010

 

 

El 26 de junio, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Recordamos algunas de sus sabias reflexiones dedicadas a las familias, las cuales están más vigentes que nunca.

 

“Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar. La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar.”

Es Cristo que pasa, 23

 

Disfrutar del propio hogar

 

“Pero que no olviden que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad; en el aprovechamiento también de todos los adelantes que nos proporciona la civilización, para hacer la casa agradable, la vida más sencilla, la formación más eficaz.”
Conversaciones, 91

 

Convivencia

 

“Fomenta tu espíritu de mortificación en los detalles de caridad, con afán de hacer amable a todos el camino de santidad en medio del mundo: una sonrisa puede ser, a veces, la mejor muestra del espíritu de penitencia.”
Forja, 149

 

“Que sepas, a diario y con generosidad, fastidiarte alegre y discretamente para servir y para hacer agradable la vida a los demás. Este modo de proceder es verdadera caridad de Jesucristo.” 
Forja, 150

 

“Has de procurar que, donde estés, haya ese “buen humor” —esa alegría—, que es fruto de la vida interior.”
Forja, 151

 

“Cuídame el ejercicio de una mortificación muy interesante: que tus conversaciones no giren en torno a ti mismo.” 
Forja, 152

 

Libertad y responsabilidad

 

“Los padres pueden y deben prestar a sus hijos una ayuda preciosa, descubriéndoles nuevos horizontes, comunicándoles su experiencia, haciéndoles reflexionar para que no se dejen arrastrar por estados emocionales pasajeros, ofreciéndoles una valoración realista de las cosas. Unas veces prestarán esa ayuda con su consejo personal; otras, animando a sus hijos a acudir a otras personas competentes: a un amigo leal y sincero, a un sacerdote docto y piadoso, a un experto en orientación profesional.

 

Pero el consejo no quita la libertad, sino que da elementos de juicio, y esto amplía las posibilidades de elección, y hace que la decisión no esté determinada por factores irracionales. Después de oír los pareceres de otros y de ponderar todo bien, llega un momento en el que hay que escoger: y entonces nadie tiene derecho a violentar la libertad.

 

Los padres han de guardarse de la tentación de querer proyectarse indebidamente en sus hijos —de construirlos según sus propias preferencias—, han de respetar las inclinaciones y las aptitudes que Dios da a cada uno. Si hay verdadero amor, esto resulta de ordinario sencillo. Incluso en el caso extremo, cuando el hijo toma una decisión que los padres tienen buenos motivos para juzgar errada, e incluso para preverla como origen de infelicidad, la solución no está en la violencia, sino en comprender y —más de una vez— en saber permanecer a su lado para ayudarle a superar las dificultades y, si fuera necesario, a sacar todo el bien posible de aquel mal.”
Conversaciones, 104

 

Amigos de vuestros hijos

 

“Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable.”

Es Cristo que pasa, 27

 

Hijos y vida familiar

 

“El matrimonio —no me cansaré nunca de repetirlo— es un camino divino, grande y maravilloso y, como todo lo divino en nosotros, tiene manifestaciones concretas de correspondencia a la gracia, de generosidad, de entrega, de servicio. El egoísmo, en cualquiera de sus formas, se opone a ese amor de Dios que debe imperar en nuestra vida. Este es un punto fundamental, que hay que tener muy presente, a propósito del matrimonio y del número de hijos.”
Conversaciones, 93

 

Rectitud en la vida matrimonial

 

“No es el número por sí solo lo decisivo: tener muchos o pocos hijos no es suficiente para que una familia sea más o menos cristiana. Lo importante es la rectitud con que se viva la vida matrimonial.”

Conversaciones, 94

 

Sentido de la educación

 

“Cuando alabo la familia numerosa, no me refiero a la que es consecuencia de relaciones meramente fisiológicas; sino a la que es fruto de ejercitar las virtudes cristianas, a la que tiene un alto sentido de la dignidad de la persona, a la que sabe que dar hijos a Dios no consiste sólo en engendrarlos a la vida natural, sino que exige también toda una larga tarea de educación: darles la vida es lo primero, pero no es todo.”
Conversaciones, 94

 

Choque generacional

 

“El problema es antiguo, aunque quizá puede plantearse ahora con más frecuencia o de forma más aguda, por la rápida evolución que caracteriza a la sociedad actual. Es perfectamente comprensible y natural que los jóvenes y los mayores vean las cosas de modo distinto: ha ocurrido siempre. Lo sorprendente sería que un adolescente pensara de la misma manera que una persona madura. Todos hemos sentido movimientos de rebeldía hacia nuestros mayores, cuando comenzábamos a formar con autonomía nuestro criterio; y todos también, al correr de los años, hemos comprendido que nuestros padres tenían razón en tantas cosas, que eran fruto de su experiencia y de su cariño. Por eso corresponde en primer término a los padres —que ya han pasado por ese trance— facilitar el entendimiento, con flexibilidad, con espíritu jovial, evitando con amor inteligente esos posibles conflictos.”
Conversaciones, 100

Confianza

“La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre.”
Conversaciones, 100

 

Educación en la piedad

 

“En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir —más que enseñar— esa piedad a los hijos.”
Conversaciones, 103

 

Ejemplo

“Que los niños vean en sus padres un ejemplo de entrega, de amor sincero, de ayuda mutua, de comprensión; y que las pequeñeces de la vida diaria no les oculten la realidad de un cariño, que es capaz de superar cualquier cosa.”

Conversaciones, 108

 

Dedicar tiempo a los hijos

“Escuchad a vuestros hijos, dedicadles también el tiempo vuestro, mostradles confianza; creedles cuanto os digan, aunque alguna vez os engañen; no os asustéis de sus rebeldías, puesto que también vosotros a su edad fuisteis más o menos rebeldes; salid a su encuentro, a mitad de camino, y rezad por ellos, que acudirán a sus padres con sencillez —es seguro, si obráis cristianamente así—, en lugar de acudir con sus legítimas curiosidades a un amigote desvergonzado o brutal. Vuestra confianza, vuestra relación amigable con los hijos, recibirá como respuesta la sinceridad de ellos con vosotros: y esto, aunque no falten contiendas e incomprensiones de poca monta, es la paz familiar, la vida cristiana.”
Es Cristo que pasa, 29

 

Proyección social

“De acuerdo: mejor labor haces con esa conversación familiar o con aquella confidencia aislada que perorando —¡espectáculo, espectáculo!— en sitio público ante millares de personas. Sin embargo, cuando hay que perorar, perora.”
Camino, 846

 

Tomado de: es.josemariaescriva.info

 

 

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