Catholic.net
13.04.2009

 

 

La Pascua es la gran fiesta de los cristianos. Todo es nada en comparación de las fiestas Pascuales, en las que celebramos el sentido más profundo de nuestras vidas, el misterio de la vida eterna, que se hace presente en nuestras vidas cotidianas.

 

Reflexiones de Pascua

 

La Pascua trae consigo una alegría que no podemos pasar por alto, debemos vivirla intensamente en nuestros corazones y llevar a la práctica reflexiones como estas:

1. Ser cristiano, es creer en la resurrección de Cristo. No somos cristianos por el hecho de creer en la cruz, en el sufrimiento y en la muerte. Somos cristianos porque creemos en la resurrección, en la liberación, en la vida y en la alegría.

 

2. En el fondo de nuestro corazón hemos de tener la seguridad de que toda prueba se transforma en gracia, toda tristeza en alegría, toda muerte en resurrección.

 

3. No creer en la alegría es casi aceptar a renunciar a nosotros mismos, a nuestra experiencia, a nuestra desconfianza, a nuestras quejas. Nuestra alegría es la medida de nuestro apego a Dios, a la confianza, a la esperanza, a la fe. Nuestra negativa a la dicha es nuestra negativa a Dios. Dios ocupa en nuestras vidas el mismo lugar que la alegría.

 

4. Los padres de la Iglesia decían que no hay más que un solo medio para curar la tristeza: dejar de amarla. Creer en Dios es creer que Él es capaz de hacernos felices, de darnos a conocer una vida que deseamos prolongar por toda la eternidad. Porque, para muchos de nosotros, la cuestión difícil no está en saber si tienen fe en la resurrección, sino en saber si sienten ganas de resucitar, no en esta pequeña vida nuestra, egoísta, dolorosa y ciega. Si esto hiciera, el prolongar indefinidamente esa vida, sería más un castigo que una recompensa.

 

5. La fe en la resurrección no puede brotar más que de un amor verdadero. Cristo nos ha dado a conocer ese amor que no pasa: “La fe y la esperanza pasarán, pero la caridad vive para siempre”.

 

6. Nuestra fe, nuestra esperanza de resucitar para nosotros y para los demás, depende estrechamente de nuestra capacidad de resurrección, están a la medida de nuestra fuerza de amar.

 

7. Para que podamos experimentar una vida de amor y de fe, tenemos que morir a nuestras faltas, a nuestras tristezas y a nuestros resentimientos. No existe Pascua para nosotros, si no aceptamos morir en esa zona de nuestra propia alma en la que estamos demasiado vivos: en nuestras agitaciones, nuestros temores, nuestros interesases, nuestro egoísmo. Y si no aceptamos resucitar en esa zona en la que estamos demasiado muertos: resucitar a la paz, a la fe, a la esperanza, al amor y la alegría.

 

8. No existe Pascua sin una buena confesión: un morir a nosotros mismos, a nuestros caprichos, para resucitar a la voluntad de Cristo, que es amor, esperanza, renovación, cariño.

 

9. No existe Pascua sin una comunión pascual: un salir de nuestras costumbres, de nuestro pan y nuestra vida, para saborear otro pan, otra vida, un pan de la sinceridad, de entrega a los demás, una vida de amor, de fe y de alegría.

 

Algunas preguntas para hacerse en Pascua

  • ¿En qué medida soy un cristiano alegre?
  • ¿Qué es lo que más me gusta de la vida?, ¿Qué cosas dan sentido a mi vida?
  • ¿Qué es lo que más me está costando de mi vida de hoy?, ¿Qué es lo que me hace sufrir o doler?
  • ¿Qué quiero decirle a Jesús resucitado en esta Pascua?, ¿Qué es lo que necesito de la vida, para mi vida, para mi historia de hoy?

Eso es la fiesta de Pascua: un cambio de vida, un pasar de esta vida nuestra a otra admirable, maravillosa, que será nuestra vida para siempre, en la casa del Padre celestial.

LaFamilia.info
02.03.2009

 

 

Desde el pasado miércoles de ceniza se inició la Cuaresma, un período de preparación para la Semana Santa. Estas 40 frases han sido parte de los mensajes que el Papa Benedito XVI ha trasmitido a lo largo de su pontificado con motivo de la Cuaresma.

 

1. Que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación [la confesión] y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. (2009)

 

2. El ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. (2009)

 

3. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (2009)

 

4. Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia. (2009)

 

5. Ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. (2009)

 

6. Esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio. (2009)

 

7. La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. (2009)

 

8. Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios. (2009)

 

9. El ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos (...).Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. (2009)

 

10. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. (2009)

 

11. “Quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (San Pedro Crisólogo). (2009)

 

12. Que la Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. (2009)

 

13. La Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. (2008)

 

14. La limosna representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. (2008)

 

15. ¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! (2008)

 

16. No somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo. (2008)

 

17. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad. (2008)

 

18. No hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa en los cielos. (2008)

 

19. La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. (2008)

 

20. Quien sabe que “Dios ve en lo secreto” y en lo secreto recompensará, no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza. (2008)

 

21. Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos. (2008)

 

22. Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. (2008)

 

23. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos. (2008)

 

24. Podemos aprender [de Cristo] a hacer de nuestra vida un don total; imitándolo estaremos dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. (2008)

 

25. Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna. (2008)

 

26. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la cruz consuma el sacrificio de su vida por toda la humanidad. (2007)

 

27. En el misterio de la cruz se revela plenamente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. (2007)

 

28. Miremos a Cristo traspasado en la cruz. Él es la revelación más impresionante del amor de Dios (...). En la cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: tiene sed del amor de cada uno de nosotros. (2007)

 

29. El Todopoderoso espera el «sí» de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. (2007)

 

30. Sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. (2007)

 

31. La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por él. (2007)

 

32. Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo «eucarístico», en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y cada palabra. (2007)

 

33. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como «Señor y Dios» cuando metió la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor.

 

34. Cristo «me atrae hacia sí» para unirse a mí, a fin de que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor. (2007)

 

35. De ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. (2006)

 

36. Quien no da a Dios, da demasiado poco. (2006)

 

37. Es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo. (2006)

 

38. Mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene. (2006)

 

39. La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza (2006).

 

40. Aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza», le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo.

 

Fuente: opusdei.es

LaFamilia.info
02.02.2006

 

 

Con el Miércoles de Ceniza comenzó la Cuaresma, ese periodo de cuarenta días que concluye inmediatamente antes de la misa vespertina del Jueves Santo. En esta época, la Iglesia nos estará recordando constantemente la necesidad de purificarnos y de quitar de nuestro corazón todo aquello que nos aparte de Dios nuestro Padre.

 

La Cuaresma es un tiempo de reflexión y de cambio de vida. Es el acto de contrición del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

 

A través de la penitencia, la persona que le ha faltado a Dios repara sus faltas y demuestra su arrepentimiento. ¿Pero qué es la penitencia? Es un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a enmendar el pecado cometido.

 

La penitencia del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura habla de tres formas de hacer penitencia:

  • el ayuno
  • la oración
  • la limosna

 

“Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia.” (Código de Derecho Canónico, canon 1249).

 

Tiempos penitenciales

 

Según el Código de Derecho Canónico, en la Iglesia universal “son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.”

La Cuaresma se vive desde el siglo IV cuando se manifestó la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia.

 

Estos 40 días deben ser un retiro colectivo, en los cuales la Iglesia, tal como lo hizo Jesucristo en sus 40 días de oración en el Monte de los Olivos, se prepara para la celebración y conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

 

Para vivir la Cuaresma bien no hay que hacer nada extraordinario. Basta con hacer mejor lo que es ordinario en la vida de todo cristiano. Ante todo orar cada día, aunque sean unos pocos minutos.

 

Es importante preparar una buena confesión, tranquila, reposada, que sea un sincero reconocimiento de nuestros pecados ante Dios y ante la Iglesia; el punto de partida de una vida más piadosa y más fraternal. Y por último, hay que procurar que los buenos propósitos se vean traducidos en obras de caridad, de justicia y de generosidad.

 

Sobre el ayuno y la abstinencia

 

Como lo dijimos anteriormente, el ayuno y la abstinencia son dos formas de penitencia comunes en la época de la Cuaresma. Estas prácticas nos recuerdan nuestra condición de humanos y nos ayudan a olvidarnos de todas las tentaciones que a diario nos apartan de Dios.

 

Con estas prácticas sometemos la voluntad para fortalecerla con virtudes como la templanza, la sobriedad y la humildad. Hacer sacrificios y penitencia por costumbre o porque todos lo hacen, no tiene sentido y no favorecen el crecimiento del hombre, que en conclusión es lo que se pretende.

 

Fuentes: Buzón Católico; catholic.net; encuentra.com

LaFamilia.info
01.02.2008

 

 

El Miércoles de Ceniza, es la ocasión que marca el comienzo de la Cuaresma y por tanto de preparación para la Semana Santa. La Cuaresma es el lapso litúrgico de conversión marcado por la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Este es el tiempo en el que los cristianos debemos arrepentirnos de nuestros pecados y cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

 

En el Miércoles de Ceniza el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las ramas usadas en el Domingo de Ramos del año previo. Este es un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de acercamiento a Dios.

 

Cuando se nos impone la ceniza expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

 

La Santa Ceniza tiene, entre otros, estos significados:

 

  • La condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte.
  • La situación pecadora del hombre.
  • La oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en nuestra ayuda.
  • La resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

Orígenes de la Cuaresma y la Ceniza

 

En el siglo IV se manifestó la tendencia a constituir la Cuaresma en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Sin embargo, el significado penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerado, aunque todavía se observa un espíritu de penitencia y de conversión.

 

En Roma era práctica común que los fieles comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua.

 

Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

 
LaFamilia.info
 

 

Foto: Freepik

 

Esta es la Semana Mayor del año, una festividad muy especial para los cristianos, donde nos revestimos de oración, reflexión y cambio. Esta guía publicada por ChurchForum nos brinda las pautas para vivir la Semana Santa día a día.

 

Domingo de Ramos
Aquí comienza la Semana Santa. Recordamos la entrada triunfal de Jesucristo a la ciudad de Jerusalén montado en un burrito. La gente le acompañaba con palmas y ramos, echándole porras por el camino. Pero Jesús sabía que en pocos días esta misma gente le iba a llevar a la muerte.

Hoy debo:
- Participar en la procesión de ramos.
- Asistir a la Santa Misa y recibir la Santa Comunión.
- Leer el evangelio de Lucas 19, 29 – 44.

 

Lunes Santo
Jesús entró a templo de Jerusalén y echó a todos los vendedores porque habían olvidado que la casa de Dios es un lugar sagrado de oración.

Hoy debo:
- Hablar a solas un buen rato con Cristo en el sagrario.
- Leer el evangelio de Lucas 19,45 – 20-7.

 

Martes Santo
Jesús estaba en la casa de un conocido cuando su amiga María le puso un perfume muy caro sobre la cabeza. A María le regañaron, pero Jesús la defendió diciendo: “esto ha sido como una preparación para mi entierro”.

Hoy debo:
- Hablar a solas un buen rato con Cristo en el sagrario.
- Leer el evangelio de Mateo 26,6-13.

 

Miércoles Santo
Es el día que Judas se puso de acuerdo con los enemigos de Jesús para entregárselo por el precio de 30 monedas de plata. ¡Por unos miserables centavos Judas traicionó a su mejor amigo!

Hoy debo:
- Hacer mi examen de conciencia para confesarme mañana.
- Ofrecer un sacrificio por la conversión de los pecadores.
- Leer el evangelio de Juan 12, 1-8.

 

Jueves Santo
Es el día en que Jesús nos dejó el regalo más precioso de su amor: la Santa Eucaristía. Prometió que estaría siempre entre nosotros y cambió el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre. En la última cena con sus amigos, les hizo sus sacerdotes para que nunca nos faltara ese sacramento maravilloso.

Hoy debo:
- Confesarme y recibir la gracia del sacramento del perdón.
- Asistir a la Santa Misa de la Cena del Señor y comulgar.
- Acompañar a Cristo durante la adoración nocturna.
- Leer el evangelio de Mateo 26,14-16.

 

Viernes Santo
Muchas cosas triste sucedieron este día: a Jesús le agarraron sus enemigos mientras rezaba en el huerto, le llevaron a juicio con falsas acusaciones, le escupieron, le azotaron, le pusieron una corona de espinas, le cargaron con una cruz pesadísima y le calvaron en ella, dejándole morir como un criminal. Sus amigos le dejaron solo en las manos de sus enemigos.

Hoy debo:
- Sería conveniente asistir a la ceremonia de la adoración a la Santa Cruz.
- Adorar al Señor en el Santo Sepulcro.
- Leer el evangelio de Lucas 22,39 –23,49.

 

Sábado Santo
Es un día muy triste porque Jesús yace en su tumba y sus amigos creen que todo se acabó. Pero también es un día de esperanza porque su madre, María, se acuerda de lo que dijo su hijo tantas veces en su vida: “Al tercer día resucitaré”.

Hoy debo:
- Rezar el rosario y consolar a María en su tristeza.
- Leer el evangelio de Lucas 23,50 – 56.

 

Domingo de Pascua
Es el día más feliz para el cristiano. ¡Jesús salió de su sepulcro! ¡Jesús cumplió su promesa! ¡Cristo mostró que el amor es más fuerte que la muerte! Aunque esta vida se nos haga muy difícil y aunque mis propios pecados me pesen, no puedo olvidarme de que Cristo me ha ganado el cielo.

Hoy debo:
- Asistir a la Santa Misa.
- Hacer mi propósito de cambio de vida.
- Festejar con mi familia el gran día de la resurrección.

 

Fuente: Church Forum

 

 

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