Por LaFamilia.info - 07.01.2021

 

 

El 2020 fue un año diferente, con dificultades, con cambios, pero también un año que aprendimos muchísimo. Gracias a todos los lectores que nos acompañaron en el 2020, recibimos ochocientas mil visitas, más de 46.000 seguidores en redes sociales y ¡visitantes de todo el mundo!

 

 

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Por José Pichel/El Confidencial - 05.01.2021

 

Foto: jcomp

 

Las primeras vacunas contra el covid no son para todos los públicos. Las autorizaciones de uso de emergencia para la vacuna de Pfizer y BioNTech del Reino Unido y Canadá especifican que está destinada a mayores de 16 años. En EEUU, el comité asesor que recomendó la aprobación de esta vacuna a la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) optó por el mismo límite de edad, pero el asunto provocó cierto debate recientemente, puesto que contó con 17 votos a favor de entre los 22 miembros que formaron parte de este grupo independiente de expertos. Algunos optaban por no vacunar a ningún menor de 18 años. En este caso, no es una cuestión de prioridades: sencillamente, los niños no podrán inmunizarse, al menos de momento. ¿Por qué? La falta de ensayos clínicos en esta población aconseja cautela. “El grueso de los estudios de Pfizer y BioNTech se ha realizado a partir de los 18 años, con solo unos pocos voluntarios de 16 y 17, pero se asume que los resultados de la población adulta joven son aplicables a partir de los 16”, explica a Teknautas Ángel Hernández Merino, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). “Por razones de prudencia, a los niños siempre se les deja en último lugar, los ensayos que se emprenden con ellos necesitan una base de conocimiento y de seguridad mayor”, añade.

 

En lo que afecta a España y al resto de los países de la Unión Europea, el 27 de diciembre es la fecha elegida por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) para arrancar con la vacunación masiva. El listón también se pondrá en los 16 años. Del mismo modo, todo hace indicar que el resto de las vacunas que vayan recibiendo autorizaciones —la de Moderna es la siguiente en la lista— contarán con el mismo límite de edad, porque nadie ha incluido a la población infantil en los ensayos clínicos en fase 3. “Una vez que en los primeros meses se compruebe que estas vacunas tienen un buen perfil de seguridad y una buena eficacia, se dará vía libre a los estudios en niños”, señala el experto. Tanto Pfizer como tres de sus competidoras (Moderna, AstraZeneca y Janssen) ya han presentado a los organismos reguladores sus planes para realizar los estudios en niños, como mínimo a partir de los cinco años. Algunos ya llevan más adelantados los ensayos en adolescentes (entre 12 y 16 años). No obstante, habrá que esperar entre seis meses y un año para tener los resultados completos.

 

La ventaja es que el número de participantes puede ser mucho más reducido que en el caso de los adultos. En realidad, en los grandes ensayos clínicos que han dado paso a las primeras vacunas se planificaron estudios con 40.000 personas para que en el menor plazo posible se pudieran obtener resultados —es decir, un número de infectados entre los participantes estadísticamente significativo como para comparar la incidencia del covid entre el grupo de vacunados y el grupo que recibe placebo—, pero, sin esta situación de urgencia, habría sido suficiente un ensayo con muchos menos voluntarios. Ahora, en el caso de los niños, hay menos prisas y el diseño de los ensayos clínicos infantiles podrá mejorarse gracias a la experiencia acumulada en los adultos. Una de las razones por las que es menos urgente el desarrollo de las vacunas para niños es que los menores de edad apenas sufren la enfermedad. Lo sabemos desde el inicio de la pandemia: casi no hay registros de casos graves y es probable que tampoco se infecten ni contagien el covid con tanta facilidad, aunque estos aspectos aún no se han demostrado. ¿Cuál es la explicación? En los últimos meses, numerosos estudios han tratado de aclarar desde diferentes puntos de vista por qué los menores están mejor protegidos ante el coronavirus y probablemente la respuesta sea una mezcla de distintos factores, según analizaban distintos expertos hace días en ‘Nature’.

 

Varias hipótesis compatibles

 

“Los niños son contagiadores, que nadie se equivoque, lo que pasa es que tienen una clínica más leve”, explica Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). Todo apunta a que uno de los principales motivos se encuentra en el comportamiento de su sistema inmunitario. “Tienen una respuesta de células T o memoria inmunológica mucho más virgen. A medida que pasan los años, irán entrenando su sistema inmunitario frente a muchos patógenos, pero a edades tempranas estos linfocitos no han estado expuestos a casi nada y cuando llega el coronavirus rápidamente inducen una respuesta”, comenta. En cambio, en los adultos, estas células ya estarían demasiado especializadas, atacando solo a los invasores que ya conocen. De alguna manera, el sistema inmunitario de un adulto está más fatigado a medida que pasan los años.

 

Al parecer, esta buena respuesta de los niños frente al virus se centraría en la proteína S del SARS-CoV-2, la llave que abre la cerradura de los receptores ACE2 de las células para infectarlas. “Es probable que sea una respuesta más eficaz que la que ocurre en los adultos y que por eso sean más asintomáticos”, comenta el experto. Los niños producen más anticuerpos dirigidos a dicha proteína S, mientras que en los adultos abundan los anticuerpos dirigidos a otra molécula del coronavirus, la proteína de la nucleocápside, según un estudio de la Universidad de Columbia (EEUU). Este tipo de anticuerpos se generan cuando la cantidad de virus ya es muy grande, pero “son los menos protectores”.

 

Esa respuesta rápida y eficiente explicaría también por qué muchos menores dan negativo en la PCR incluso cuando han tenido síntomas o si han convivido estrechamente con familiares contagiados. Un estudio de Australia publicado en ‘Nature’ en noviembre ofreció esa evidencia: los autores siguieron a tres niños de una familia que tenían síntomas y cuyos padres fueron diagnosticados. A pesar de que les hicieron 11 pruebas durante 28 días, nunca dieron positivo, pero sí desarrollaron anticuerpos que evidenciaron que habían pasado la enfermedad. Por eso, los inmunólogos creen que es posible que el sistema inmunitario de los niños elimine el virus de una forma tan fulminante que sea indetectable en los hisopos.

 

Otra de las hipótesis que ha ganado peso es que los niños tengan una inmunidad entrenada más potente. “Se ha demostrado que algunas vacunas, como la de la tuberculosis o incluso la de la gripe, activan células de la respuesta innata, no las de memoria inmunológica específica adaptativa, sino la inmunidad natural, la primera línea de combate frente al virus”, comenta el experto. Por lo tanto, ¿tienen más inmunidad innata? Esta idea choca contra la evidencia de que sí sufren muchas otras infecciones. Sin embargo, una explicación alternativa es que esa inmunidad innata puede reforzarse a medida que reciben distintas vacunas, dentro del calendario de vacunación infantil habitual, y que esto sí sería suficiente frente al covid. Aunque no está demostrado, los expertos creen que puede ser una de las explicaciones más factibles.

 

Una idea que también se baraja es que los niños tienen menos receptores ACE2 en las vías respiratorias y, por lo tanto, menos probabilidades de que entre el virus en sus células. Esta posibilidad sí tendría influencia en la susceptibilidad al contagio. “Todo puede contribuir y seguro que no hay un único factor, como ocurre casi siempre en biología y en medicina”, señala López Hoyos.

 

La excepción que confirma la regla son ciertos casos graves que se recogen como síndrome inflamatorio multisistémico. Estadísticamente, los casos son muy pocos y los expertos se inclinan por la posibilidad de que tengan una explicación genética. “Ya sabemos que, en general, la genética tiene su importancia en el covid y también podría ocurrir con este caso”, afirma el presidente de la SEI. Para empezar, “la genética contribuye de forma clara a la respuesta inmune, algunas personas reaccionan frente a microorganismos mejor que otras”. Aunque no se sabe cuál puede ser la clave, es probable que el factor genético sea múltiple.

 

En cualquier caso, el retraso en la vacunación de los niños no parece que pueda tener mucha incidencia en ellos, pero ¿tendrá alguna consecuencia para la evolución de la pandemia en general? “Creo que no se va a conseguir un control de la pandemia si no se incluye a los niños”, opina Hernández Merino. En un país tan envejecido como España, la población infantil representa el 15% del total, pero en otros países puede llegar a ser casi la mitad.

 

En cambio, López Hoyos no cree que la vacunación infantil suponga un escollo a la hora de dar por controlada la pandemia. “Entre las personas que se vacunen y las ya infectadas es probable que en 2021 superemos el 70% de inmunización” —cifra que se da como orientativa para alcanzar una posible inmunidad de grupo—, incluso sin contar con los niños. No obstante, es probable que los ensayos clínicos infantiles ya hayan dado frutos a finales del año que viene y se pueda completar la inmunización en este grupo poblacional.

 

*Publicado originalmente en El Confidencial

 

 

LaFamilia.info - 01.10.2020

 

Foto: freepik/xb100

 

El controvertido proyecto de ley que reglamenta la eutanasia en Colombia, lastimosamente dio su primer paso en el Congreso de la República. La Comisión Primera de la Cámara aprobó la iniciativa en su primero de ocho debates, en medio de una discusión que se extendió durante tres sesiones. 

 

Es lamentable como se refieren a "muerte digna" cuando se habla de eutanasia. Para nosotros, los defensores de la vida, se trata de un flagelo en la llamada “Cultura del descarte”, como la denomina el Papa Francisco, en el que “la vida se valora cada vez más por su eficiencia y utilidad, hasta el punto de considerar como «vidas descartadas» o «vidas indignas» las que no se ajustan a este criterio”. 

 

Así que a continuación compartimos la noticia publicada en el diario El Tiempo, para conocer a profundidad el proceso. 

 

***

 

Desde 1997, la Corte Constitucional despenalizó la eutanasia y le pidió al Congreso que legislara al respecto. A partir de entonces se han presentado 12 proyectos de ley en el país relacionados con la reglamentación de la eutanasia, todos con un resultado en común: se han hundido.

 

Según el Ministerio de Salud, en Colombia se han practicado 92 eutanasias reportadas a esta entidad por enfermedades oncológicas y no oncológicas, en mayores de edad, entre 2015 y marzo de 2020. Sin embargo, aún no existen reglas claras, con rango de ley.

 

Reyes Kuri, quien lidera este nuevo intento, le dijo a EL TIEMPO que esta iniciativa es relevante, pues “a algunos médicos les da miedo por no tener la claridad suficiente sobre la delgada línea entre homicidio y eutanasia, pues no hay una ley que dé seguridad jurídica”.

 

Requisitos para solicitar la eutanasia los siguientes:

 

- La persona solicitante deberá ser mayor de 18 años de edad.

 

- La persona solicitante deberá presentar un sufrimiento intolerable causado por una enfermedad terminal o enfermedad incurable avanzada.

 

- La persona solicitante deberá tener competencia mental para expresar la solicitud y dar su consentimiento para la realización del procedimiento de eutanasia.

 

- El consentimiento deberá ser libre, inequívoco, informado y reiterado.

 

- Únicamente un profesional de la medicina podrá realizar la eutanasia.

 

¿Cómo se haría el trámite?

 

En primera instancia, la persona que se encuentre dentro de las condiciones mencionadas anteriormente, podrá solicitar ante el médico tratante la realización de la eutanasia.

 

En caso de que la persona decida continuar con el proceso, se establecerá el cumplimiento de requisitos por medio de las valoraciones especializadas necesarias, incluyendo las atenciones relacionadas con la recepción de cuidados paliativos, en un término no mayor a 10 días.

 

Tras ello, el médico que recibió la solicitud informará al Comité Científico - Interdisciplinario, que se han completado estas condiciones para que inicie su proceso de verificación.

 

El Comité deberá sesionar, una vez y haya recibido la notificación de una solicitud de eutanasia para iniciar el seguimiento de esta, completadas las valoraciones de establecimiento de requisitos, sesionará para verificar los requisitos e informará su decisión a la persona solicitante.

 

"Las actuaciones del Comité se darán en los mismos diez días establecidos para el trámite de la solicitud", señala el proyecto.

 

El siguiente paso es que el comité le solicitará a la persona la reiteración de la solicitud y en caso de que la respuesta sea positiva y procederá a programar el procedimiento en un tiempo no superior a quince días atendiendo el interés y la voluntad de la persona solicitante.

 

La iniciativa pasa ahora a manos de la Plenaria de la Cámara, donde deberá surtir su segundo de cuatro debates.

 

 

ACI / 20.12.2020

 

 

Durante el rezo del Ángelus de este Domingo 20 de diciembre el Papa Francisco advirtió que “el consumismo ha secuestrado la Navidad” por lo que invitó a imitar la generosidad de la Virgen María para preparar mejor la próxima Navidad.

 

En primer lugar, el Santo Padre invitó “para que Jesús nazca en nosotros, preparemos el corazón, vayamos a rezar, no nos dejemos llevar por el consumismo: debo comprar los regalos… esa frenesí de hacer cosas, ¡lo importante es Jesús!”.

 

“El consumismo, hermanos y hermanas, nos ha secuestrado la Navidad. El consumismo no está en el pesebre de Belén, está la realidad, la pobreza, el amor”, afirmó.

 

En esta línea, el Pontífice exhortó a vivir la solidaridad con los más necesitados y sugirió que “en estos tiempos difíciles, en lugar de quejarnos de lo que la pandemia nos impide hacer, hagamos algo por los que tienen menos: no el enésimo regalo para nosotros y nuestros amigos, sino para una persona necesitada en la que nadie piensa”.

 

Imitar a la Virgen María

 

Al reflexionar en el pasaje del Evangelio del cuarto y último Domingo de Adviento del Evangelio de San Lucas que relata la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María, el Santo Padre alentó a preparar “el corazón como el de María, libre del mal, acogedor, dispuesto a acoger a Dios”.

 

En este sentido, el Papa destacó que la respuesta de la Virgen María “Hágase en mí según tu palabra” es “la invitación a dar un paso concreto hacia la Navidad. Porque si el nacimiento de Jesús no toca nuestra vida, la tuya, la mía, pasa en vano”.

 

“Que la Virgen nos ayude a decirlo con nuestra vida con la actitud en estos últimos días para prepararnos a la Navidad”, animó el Santo Padre.

 

Asimismo, el Pontífice destacó que el anuncio que recibió María parecía “un anuncio de alegría pura, destinado a hacer feliz a la Virgen” porque las mujeres de esa época soñaban con convertirse en la madre del Mesías.

 

Sin embargo, el Santo Padre recordó que “junto con la alegría, esas palabras predicen a María una gran prueba. ¿Por qué? Porque en aquel momento estaba ‘desposada’ con José, no estaba casada” y agregó que “en una situación como esa, la Ley de Moisés establecía que no debía haber relación ni cohabitación. Por lo tanto, si tenía un hijo, María habría transgredido la Ley, y las penas para las mujeres eran terribles: se preveía la lapidación”.

 

“Ciertamente el mensaje divino habrá colmado el corazón de María de luz y fuerza; sin embargo, se encontró ante una decisión crucial: decir ‘sí’ a Dios, arriesgándolo todo, incluso su vida, o declinar la invitación y seguir con su camino ordinario”.

 

De este modo, el Santo Padre se detuvo en el famoso fiat de María con la expresión “Hágase en mí según tu palabra” para destacar la respuesta generosa que “no es una resignación” y explicó que “no expresa una aceptación débil y desganada, sino que expresa un deseo fuerte y vivo. No es pasiva, sino activa. No sufre a Dios, se adhiere a Dios. Es una enamorada dispuesta a servir a su Señor en todo e inmediatamente. Podría haber pedido más tiempo para pensarlo, o más explicaciones sobre lo que pasaría; quizás podría haber puesto algunas condiciones... En cambio, no se toma tiempo, no hace esperar a Dios, no aplaza”.

 

“¡Cuántas veces nuestra vida está hecha de aplazamientos, incluso nuestra vida espiritual! Por ejemplo, sé que me hace bien rezar, pero hoy no tengo tiempo, mañana, aplazamos las cosas; sé que ayudar a alguien es importante, si debo hacerlo, lo haré mañana. La misma cadena de aplazamientos”, advirtió el Papa.

 

Por último, el Santo Padre concluyó que “a las puertas de la Navidad, María nos invita a no aplazar, a decir sí” y reconoció que “cada ‘sí’ cuesta, pero siempre es menos de lo que le costó a ella ese valiente y decidido ‘sí’, ese "hágase en mí según tu palabra" que nos trajo la salvación”.

 

“Y nosotros ¿cuáles ‘sí’ podemos decir?”, preguntó.

 

A continuación, el Evangelio comentado por el Papa Francisco:

 

San Lucas 1,26-38

 

26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

 

29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 2 Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»

 

34 María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.»

 

38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

 

 

 

Por Carmen Elena Villa/ReL - 01.10.2020

 

Foto: Documento El Buen Samaritano 

 

La conocida parábola del Buen Samaritano habla de tres actitudes que tienen tres hombres que se encuentran con un herido en la calle: ignorarlo, rechazarlo o ayudarle. Al finalizar esta sencilla historia que cuenta Jesús en el evangelio de San Lucas, un samaritano atendió al herido con un amor y nobleza extremos, hasta el punto de quedarse endeudado y de decir al posadero que a su regreso pagaría lo que faltara por la recuperación de aquel hombre.

 

Basándose en esta parábola, la Congregación para la Doctrina de la fe publicó el pasado 26 de septiembre un documento denominado El Buen Samaritano, sobre el suicidio asistido y la eutanasia.

 

Habla de cómo un enfermo en etapa terminal lo que más necesita es el cuidado y cariño de sus seres queridos, presenta ricas reflexiones sobre el misterio de la fragilidad y la vulnerabilidad y nos recuerda que nadie, por más saludable que esté, se encuentra exento de contraer una enfermedad o sufrir un accidente que le dé un giro a su vida. 

 

“El buen samaritano” nos invita a tener una mirada contemplativa ante la vida y nos exhorta a “acogerla así como es, con sus fatigas y sufrimientos, buscando reconocer en la enfermedad un sentido del que dejarse interpelar y guiar”.

 

Por ello la Iglesia ve con dolor y preocupación aquellas manifestaciones de la llamada “Cultura del descarte”, como la denomina el Papa Francisco, en el que “la vida se valora cada vez más por su eficiencia y utilidad, hasta el punto de considerar como «vidas descartadas» o «vidas indignas» las que no se ajustan a este criterio”.

 

En esta cultura nacen algunos eufemismos y se manipulan términos como “muerte digna”, “calidad de vida” o “compasión”.

 

Los dos primeros conceptos son vistos desde una “perspectiva antropológica utilitarista, que viene vinculada preferentemente a las posibilidades económicas, al «bienestar», a la belleza y al deleite de la vida física, olvidando otras dimensiones más profundas – relacionales, espirituales y religiosas – de la existencia”. 

 

La compasión es también entendida como un respeto a la “libertad” de aquel que quiera acabar con su vida, en lugar de acoger al enfermo, ofrecerle afecto, atención y medios para aliviar sus angustias. Pero, sea cual sea la salida que se busca ante una enfermedad terminal, el sufrimiento, “lejos de ser eliminado del horizonte existencial de la persona, continúa generando una inagotable pregunta por el sentido de la vida”.

 

El documento destaca algunos abusos que ya se dan en países donde eutanasia es legal hace años y donde, por ejemplo, se le aplica a personas jóvenes con problemas como depresión o trastornos psiquiátricos. Aquí no se trata de enfermedades terminales sino de males crónicos, dolorosos por supuesto, pero que son perfectamente tratables con terapias, medicinas y sobretodo con mucho amor. En varios casos, señala el texto, la petición de la eutanasia es el grito desesperado del paciente que se siente solo, que se ve a sí mismo como una carga.  Por ello invita a familiares y amigos a acompañar a los enfermos con una “presencia amorosa, humana y cristiana” que “supera toda forma de depresión y no cae en la angustia de quien, en cambio, se siente solo y abandonado a su destino de sufrimiento y de muerte”.

 

La Iglesia sabe que es durísima la situación de un enfermo terminal, por ello no puede ir en contra de lo que Jesús mismo enseñó y busca entender que el respeto a la vida va más allá de las creencias religiosas. En el documento aparecen unas indicaciones pastorales que pueden resultar ásperas a simple vista, pero que están basadas en la coherencia entre lo que se cree y se vive. Por ejemplo, un sacerdote no puede absolver a alguien que haya pedido la eutanasia a menos que se arrepienta y se retracte de hacerlo. Para que haya absolución en la confesión es necesario un arrepentimiento de corazón y un propósito de enmienda y en el caso de que el enfermo persista en su decisión de terminar con su vida, estas condiciones no se dan. Tampoco puede un sacerdote estar presente cuando al paciente se le suministre la sustancia que finalmente lo matará, como si estuviese bendiciendo procedimiento que se contradice con la fe que profesa y transmite. Son medidas dolorosas pero necesarias para dar un mensaje de esperanza en lugar de manifestar el acuerdo con una práctica que responde más a una falsa compasión que a la caridad anunciada por Cristo. 

 

“El buen samaritano” nos invita a vivir un amor más profundo, (“hasta que duela, como decía la Madre Teresa) a trascender la mirada hacia aquel enfermo, hacia aquel anciano, inútil muchas veces ante los ojos del mundo pero precioso ante los ojos de Dios. Nos invita a vivir el mandato de la caridad en grado sumo y nos que recuerda, como dice el texto, que el derecho a la vida, “sostiene todo otro derecho, incluido el ejercicio de la libertad humana”.

 

*Carmen Elena Villa, es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y actualmente reside en Santiago de Chile. Trabaja en el área de pastoral y de comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

Publicado originalmente en ReL

 

 

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