Por Lucía Chamat/Aleteia Colombia - 18.06.2020

 

Instagram | @danielaalvareztv 

 

El testimonio de la joven colombiana Daniella Álvarez, quien ha confiado su vida a Dios, seguramente servirá para que muchos crean.

 

“Hoy te doy gracias Señor, Virgencita, familia y a todos ustedes por estar siempre conmigo. Mi fe, mi tranquilidad y optimismo se lo debo a Dios. He vivido momentos muy difíciles, experimentado los dolores más fuertes que puedan imaginar, ya solo me falta un paso. Vendrán meses difíciles, pero estoy segura que viene lo mejor para mi vida. Oren por mí”.

 

Así, con fortaleza, optimismo y fe, empezó a contar en redes sociales la ex Señorita Colombia Daniella Álvarez que le amputarían su pie izquierdo por una isquemia que le afectó sus extremidades inferiores, luego de una cirugía para extraer una masa en su abdomen.

 

Un día después, el sábado 13 de junio, ya en recuperación, publicó fotos con su familia para compartir su “nueva versión”: “Amo mi cuerpo igual que antes, estoy feliz de estar aquí en este mundo para superar todos los retos que vienen en mi nueva vida. Sé que de la mano de Dios TODO lo lograré. “Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar” vamos para adelante!!”, escribió parafraseando a la mexicana Frida Kahlo.

 

Su gran testimonio de fe ha generado cientos de cadenas de oración y miles de comentarios de admiración y solidaridad en todo el mundo, desde personalidades famosas hasta ciudadanos que no la conocen, sacerdotes que oran por su salud y familiares y amigos que la han vivido con ella esta difícil etapa.

 

Uno de esos mensajes lo envió la modelo brasileña Paola Antonini, a quien hace cinco años le amputaron su pierna izquierda tras sufrir un grave accidente de tránsito y compartió con la exseñorita Colombia su testimonio y experiencia con la prótesis.

 

“El milagro es que estoy viva”

 

Daniella –de 31 años, quien en el 2011 ganó el título de Señorita Colombia y representó a su país en Miss Universo– empezó a sentir molestias en su colon el pasado mes de marzo. Los primeros controles médicos dictaminaron que tenía un tumor muy pequeño en el abdomen.

 

“Me dijeron que debían retirarme una masita del tamaño de una moneda de 200 pesos… cuando entraron a sacármela, estaba pegada a la aorta… que se cerró. El mismo día me operaron y los doctores hicieron la reconstrucción con un injerto que no funcionó bien con mi cuerpo. En la tercera operación quedó bien, pero causó una isquemia del ombligo hacia abajo y nunca pudo llegar la sangre suficiente a los pies”, contó en video en su cuenta de Instagram.

 

Eso no la venció, su confianza en Dios y el apoyo de tantas personas la sostuvo. Guiada por los médicos decidió no tener su pie y utilizar prótesis, para continuar bailando, practicando deportes y trabajando como siempre lo ha hecho esta comunicadora social, embajadora de Unicef, modelo y conductora de programas de radio y televisión.

 

“El milagro es que estoy viva, puedo compartir todavía con ustedes, puedo estar aquí hoy contándoles la historia”, dijo con total entereza, en lo que sin duda es una renuncia a la vanidad de tener un cuerpo perfecto y darle valor a lo realmente importante, la vida.

 

Daniella segura que tan pronto pueda utilizar una prótesis volverá a bailar, una de sus grandes pasiones, como lo demuestra en sus redes sociales, donde se comprueba que es experta en ritmos caribeños. También es deportista, aunque ya no practica el salto alto, salto largo o la natación como lo hacía en sus épocas de estudiante, cuando ganaba competencias y a la par se destacaba por sus buenos resultados académicos.

 

Una joven sensible y solidaria

 

Daniella nació en Barranquilla, ciudad del caribe colombiano, donde siendo muy pequeña la conoció el sacerdote Jaime Marenco, quien era compañero de trabajo de la mamá de la joven. El año en que lo ordenan sacerdote fue el mismo año en que Daniella participó en Miss Universo y viajó con una especial bendición del padre, actualmente director de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal Colombiana.

 

En 2015 la invitó a apoyar un banquete de solidaridad que organizan anualmente en la Arquidiócesis de Barranquilla y durante cuatro años fue madrina de las obras sociales que allí realizan: “Descubrimos una joven sensible, interesada por los más pobres y consciente de que ese era un trabajo fundamentado en la fe y la caridad. Hoy veo cómo esta situación de salud la ha acercado más a Dios, le ha permitido descubrir que los momentos adversos se convierten en bendición”, dice el padre Marenco.

 

El sacerdote resalta cómo Daniella ha logrado reunir a muchos para orar en momentos de incertidumbre: “Cuando somos solidarios superamos hasta el límite de la religión y manifestamos la misericordia humana que recibimos de la fuente divina de Dios”. Eso se evidencia en las muchas oraciones de los últimos días, como el Santo Rosario convocado por la modelo Carolina Cruz que reunió miles de personas el pasado fin de semana.

 

La transformación de los reinados de belleza

 

Daniella Álvarez fue elegida como reina de Colombia en el evento conocido como Concurso Nacional de Belleza, competencia que nació en 1934 y se realiza en la ciudad de Cartagena. Durante décadas tuvo gran importancia y millones de seguidores, la transmisión de televisión fue por muchos años la de mayor número de espectadores y a su alrededor se movía mucho dinero.

 

Hoy, al igual que la mayoría de reinados de belleza del mundo, se ha transformado, no tiene la relevancia de antes y ha perdido el interés del público. Las razones son varias: las críticas por la degradación a que exponían a las jóvenes participantes, a la mujer se le valora por aspectos diferentes a su belleza física, hay muchos otros temas de entretenimiento para el público en general y los escándalos que han rodeado a varios de estos concursos le han restado importancia y seguidores.

 

La gran mayoría de reinas de belleza en Colombia continúan una carrera en los medios de comunicación, el modelaje o inician empresas particulares, aprovechando la popularidad que estos eventos les dan.

 

Daniella Álvarez también la aprovechó para ayudar a los más necesitados a través de obras sociales y, como dice el padre Jaime Marenco: “Ya no serás la reina nacida de un concurso, sino que serás la reina de Dios, instrumento de Dios para muchas cosas”.

 

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