Empantallados.com - 08.05.2020

 

 

Durante la cuarentena hay días buenos, otros no tanto... Lo cierto es que nos hemos dado cuenta que debemos atender muchos frentes al mismo tiempo, ¡nos hemos convertido en unos verdaderos multitaskers! Por eso cae como "anillo al dedo" este video de empantallados.com, así como ellos dicen: "este video es para todas las personas que no sabemos en qué día de la cuarentena vivimos y hemos descubierto que somos capaces de hacer en casa mil cosas a la vez". 

 

Gracias empantallados.com por subirnos el ánimo con este video, ¡no dejes de verlo!

 

 

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Por Riqui Muñoz - 23.04.2020

 

 

 

Ella es Lucía, la hija mayor de Riqui @papaymas e Inés, una niña de 9 años que quiso plasmar en una carta lo que sentía frente a esta pandemia que estamos viviendo.

 

A través de su padre nos llega este video y aquí lo compartimos con ustedes. Con toda seguridad, al igual que nosotros, les emocionará escuchar de su dulce voz tantas verdades, tanta sabiduría en cada palabra, las cuales representan también los sentimientos de los niños frente a esta situación que nos ha cambiado la vida a todos. Sin más, los dejamos con el video. 

 

 

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Por Juanjo Romero / infocatolica.com - 06.03.2020

 

 

 

Candace Bushnell, escritora y columnista, famosa por haber escrito «Sex and the City» («Sexo en Nueva York» en España o «Sexo en la ciudad» en otros países de Hispanoamérica). Un libro que da lugar a una serie de televisión y dos películas protagonizadas por Sarah Jessica Parker, una escritora de Nueva York que elige su independencia sobre la maternidad (y sí, por independencia puedes entender eso en lo que estás pensando).

 

Ahora al llegar a los 60 años se arrepiente de no sólo de no haber tenido hijos, sino de haber elegido su carrera en lugar de tenerlos, se encuentra «verdaderamente sola»

 

Le dijo al Sunday Times:

 

«Cuando tenía treinta y cuarenta años, no lo pensé. Luego, cuando me divorcié y tenía más de cincuenta años, comencé a ver el impacto de no tener hijos y de estar realmente solo. Veo que las personas con niños tienen un ancla de una manera que las personas que no tienen hijos no la tienen.»

 

Creo que es indudable que si los hubiese tenido, Sex and the City no habría existido tal como es. Habríamos ganado todos.

 

Esa pérdida del sentido de la maternidad y paternidad nos va a dejar una sociedad muy distinta a la que hemos vivido, llena de seres infecundos que todo lo más imaginan una realidad incomprensible para ellos, por falta de referentes, «anclas». Porque esto va más allá de derivas personales o de situaciones demográficas.

 

El profesor García de Leániz en uno de los artículos más sugerentes de este verano, La desaparición de los hijos, lo analiza estupendamente. Habla de datos («La mitad de nuestros jóvenes no tendrá ni siquiera un nieto») o de futuro social (una sociedad que va bien materialmente pero es «incapaz de explicar y fundamentar por qué es un bien que haya hijos que los puedan disfrutar»), y, para mí lo más interesante, desliza algunas consecuencias sociológicas de que no haya hijos (negritas suyas):

 

La repercusión de esta anomalía normalizada de la ausencia del hijo en la configuración doméstica -y de la vida humana misma- es ya evidente. Un informe de Funcas expone que el número de hogares con un núcleo conyugal sin hijos pasó de 1,5 a 4,4 millones entre 1977 y 2015, es decir, se triplicó una tendencia que, como se ve, sigue al alza. El cambio que han experimentado los hogares españoles -y, por tanto, la textura de la vida humana- durante las últimas décadas es notorio: en la España actual, cuatro de cada diez hogares son de pareja con hijos; una cuarta parte, de pareja sin hijos; y otra cuarta parte, unipersonales; el resto están compuestos fundamentalmente por hogares de núcleo monoparental y un grupo reducido se halla formado por hogares habitados por personas sin relación familiar entre ellas.

 

Todo ello supone un acontecimiento histórico sin parangón que atraerá la atención perpleja de los futuros historiadores y pensadores (si es que quedan), cuando afronten la desaparición de la paternidad y maternidad en nuestras categorías vitales. Lo cual supone un modelo de sociedad basado en la extinción paulatina de esa otra realidad que llamamos nuestros hijos, es decir, nuevas personas y por tanto nuevos comienzos. Una sociedad terminal que hace que, usualmente, ya tengan familias numerosas (a partir de tres hijos) progenitores con hondas convicciones cristianas -ciertamente, una minoría que coincide con el franco declive del catolicismo en nuestro país- o fieles del Islam afincados aquí.

 

«La desaparición de la paternidad y maternidad en nuestras categorías vitales». Ayuda a entender la escala de valores en las acciones de gobierno, en todos los sentidos, y en los objetivos de las personas. También en la Iglesia. Las madres y padres (extendido a los espirituales) tienen una concepción distinta, o al menos, más precisa de conceptos como protección, dar la vida, para siempre, compromiso, sacrificio, dejar poso, alegría, preocupación, llevar a hombros para que el alzado se luzca, señorío, hogar, patria, perdón, educar, futuro, heredad, …

 

*Publicado originalmente por infocatolica.com

 

 

Por David Ramos/ACI Prensa - 09.03.2020

 

Foto: Google 

 

En qué momento comienza la vida humana? Desde hace décadas la ciencia ha tenido una clara respuesta: la fecundación. A continuación recordamos 5 ocasiones en las que la ciencia señaló que la vida humana comienza en la fecundación.

 

1. Libro de Embriología Médica de Jan Langman

 

En 1975, en la tercera edición del famoso libro Medical Embriology (Embriología Médica), de Jan Langman, se explicó que “el desarrollo de un ser humano comienza con la fecundación, un proceso por el cual dos células altamente especializadas, el espermatozoide del macho y el ovocito de la hembra, se unen para dar lugar a un nuevo organismo, el cigoto”.

 

La edición más reciente del libro insiste en que “el desarrollo comienza con la fecundación”.

 

2. Fundamentos de la Embriología Humana, de Keith Moore

 

El libro Essentials of Human Embryology (Fundamentos de la Embriología Humana, de Keith Moore –publicado en 1988–, coincide en que “el desarrollo humano comienza tras la unión de los gametos masculino y femenino o células germinales durante un proceso conocido como fecundación (concepción)”.

 

El óvulo fertilizado, “conocido como cigoto”, indica el libro, “es una célula diploide grande que es el principio, o primordio, del ser humano”.

 

3. Un estudio publicado por Nature

 

“El ciclo de vida de los mamíferos comienza cuando un espermatozoide entra en un óvulo”, aseguró un estudio publicado en 2010 en la revista Nature por Yukinori Okada y otros científicos, con el título “A role for the elongator complex in zygotic paternal genome demethylation”.

 

4. Una nueva investigación en 2012

 

Una investigación realizada por Janetti Signorelli y otros científicos en 2012 concluyó que “la fertilización es el proceso por el cual los gametos haploides macho y hembra (espermatozoide y óvulo) se unen para producir un individuo genéticamente distinto”.

 

5. "El Ser Humano en Desarrollo", de Moore, TVN Persaud y Mark Torchia

 

En 2015, en la última edición de su libro The Developing Human: Clinically Oriented Embryology (El Ser Humano en Desarrollo: Embriología Clínicamente Orientada), los científicos Keith Moore, TVN Persaud y Mark Torchia aseguraron que “el desarrollo humano es un proceso continuo que comienza cuando un ovocito de una hembra es fertilizado por un esperma de un macho”.

 

“El desarrollo humano comienza en la fertilización cuando un espermatozoide se funde con un ovocito para formar una sola célula, el cigoto”, escribieron.

 

Los científicos señalaron además que “todas las principales estructuras externas e internas son establecidas entre la cuarta y la octava semana” y “los brotes de las extremidades superiores son reconocibles a los días 26 o 27 como pequeñas hinchazones en las paredes del cuerpo ventrolateral”.

 

Para el final de la octava semana, indicaron, “el embrión tiene características humanas inequívocas; sin embargo, la cabeza aún es desproporcionadamente grande, constituyendo casi la mitad del embrión”.

 

 

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ReL - 25.02.2020

 

 

 

El arzobispo de París, Michel Aupetit, médico que ejerció once años la profesión antes de entrar en el seminario, acaba de publicar un libro sobre la encíclica más definitoria del pontificado de Pablo VI: "Humanae Vitae. Una profecía", donde defiende con contundencia aquella intervención del Papa Giovanni Battista Montini "sobre la regulación de la natalidad" que no solo puso en valor la ley natural en las relaciones conyugales, sino que resultó ser premonitoria de los males sociales que causaría la anticoncepción.

 

Con motivo de la aparición del libro, monseñor Aupetit fue entrevistado por La Nef:

 

-La Humanae vitae es una de las encíclicas más impopulares: ¿por qué volver a ella cincuenta años más tarde y correr el riesgo de ser criticado?

-Cuando la Palabra de Dios o una enseñanza de la Iglesia no son comprendidas, les compete a los obispos hacer que se comprendan, con pedagogía. No se trata de ser masoquista para ser criticado, sino de hablar con valentía, no por ir contracorriente, sino para establecer una roca sobre la que poder apoyarnos para no ser arrastrados por el oleaje embravecido. Por otro lado, el propio Papa Francisco nos ha invitado a redescubrir la encíclica Humanae vitae en su exhortación apostólica Amoris laetitia (AL 222).

 

-La anticoncepción, al separar la sexualidad de la procreación, separa también la sexualidad del amor. ¿No tiene origen en esta primera separación una gran parte de nuestras desviaciones éticas?

-La sexualidad está ordenada a la fecundación en todas las especies animales. Esto es verdad también para la humanidad. Pero en el ser humano, la capacidad de plantearse un acto libre para hacer una elección le permite asumir las contingencias fisiológicas y hormonales para aprender a amar de verdad. Es este amor a imagen de Dios el que da grandeza al hombre y la mujer. La sexualidad se convierte, entonces, en un lenguaje ordenado al don de la persona, un don que abre a la vida. Amor y Vida está indefectiblemente unidos. Es este vínculo el que el Papa resalta cuando habla de unión y procreación. Esto es verdad para todos nuestros actos humanos. Cuando están planteados a través del amor comprometen nuestra humanidad convirtiéndose en fuente de vida.

 

-Usted establece un vínculo entre anticoncepción, infidelidad y descenso de la moralidad, como también con la pérdida del respeto a la mujer. ¿Nos podría explicar este vínculo?

-En realidad, es el Papa San Pablo VI el que anuncia proféticamente la pérdida del "respeto a la mujer... sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico" (n. 17). La feminidad se expresa también a través de los ritmos de la fecundidad, que son manifestación de la relación de la mujer con la vida, la muerte, el tiempo y la eternidad. Negar estos ritmos es negar una parte de la feminidad y, por tanto, también de la masculinidad. Siempre es a través del otro que accedemos plenamente a lo que somos. ¿Por qué privar a la pareja, la familia, la sociedad de este camino de humanización? Pablo VI denuncia las consecuencias de esta negación: abre "el camino fácil y amplio... a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad" (n. 17). Denuncia también "el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales" (n. 17). Por último, aclara que con los medios modernos de comunicación se corre el riesgo de exacerbar los sentidos y toda forma de pornografía. Lo que él describió es lo que vemos en nuestra sociedad. ¿No es esto ser profeta?

 

-Usted habla de la "fecundidad que vincula la pareja a Dios, esa relación con el don de la vida que es el verdadero bien común de una sociedad". ¿Nos lo puede explicar?

-La vida orgánica siempre es un misterio. Para que pueda emerger, se necesitaron constantes físicas particulares cuyo más mínimo cambio, el más ínfimo, podría haber causado la esterilidad del universo. Pero más allá de esta verdad científica [pincha aquí para ampliar esta referencia al "principio antrópico"] se plantea la cuestión de una fecundidad que no es sólo la mera transmisión de la vida. Cuando Dios dice "sed fecundos", esto significa que el hombre y la mujer se convierten en responsables de la fecundidad y que son ellos los que transmiten la vida, no de una manera instintiva, sino libremente en concordancia con el acto creador de Dios y la bondad divina sobre las criaturas. El don de la vida es el verdadero bien que todos tenemos en común. La vida es lo que nos une los unos a los otros y este vínculo es el fundamento de toda sociedad. El Papa Francisco insiste sobre esta función social de la unión del hombre y la mujer: "Sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad" (Amoris laetitia, 52).

 

-Llegados a este punto, ante un tema zanjado (la sexualidad desenfrenada), la Iglesia, lejos de ser anticuada o inhumana por las exigencias recordadas en la Humanae vitae, ¿no es una de las últimas guardianas de una libertad y una verdad a la que muchos aspiran en el fondo de su corazón? ¿Cuál es su experiencia al respecto como sacerdote?

-Nada está definitivamente zanjado. Los excesos de una época siempre conllevan un movimiento de equilibrio hacia los excesos inversos. Por lo tanto, es necesaria una formación seria, sobre todo en antropología, que es la materia más ignorada actualmente, con el fin de poder permanecer en pie firmemente ante las olas procelosas del fariseísmo y el borreguismo.

 

*Publicado originalmente en ReL. Traducción de Elena Faccia Serrano.

 

 

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