Por Daniel Danta - 16.10.2020

 

Foto: freepik

 

¿Sabías que utilizar las pantallas antes de dormir tiene efectos negativos para la salud? Una de las principales dificultades que nos estamos encontrando con los adolescentes a nivel académico es el bajo rendimiento que presentan durante las primeras horas de clase, ya que muchos se quedan dormidos o están en “modo avión”. Este fenómeno viene generado por el uso del móvil hasta altas horas de la noche, manteniendo conversaciones por WhatsApp, consumiendo pornografía, reproduciendo vídeos de YouTube y TiK-Tok o jugando a videojuegos de moda como “Fornite” o “Among us”.

 

Este fenómeno que está bastante extendido entre muchos de los adolescentes se denomina “vamping” porque hace alusión a la nocturnidad. El uso de las pantallas antes del descanso libera en el cerebro de nuestros hijos adolescentes una gran cantidad de dopamina, que lo estimula debido a los inputs que recibe, de ahí que no puedan conciliar el sueño.

 

Esto genera un problema, no solo supone un bajo rendimiento académico, sino que puede derivar en distintas adicciones, en un trastorno del sueño e incluso en un cansancio extremo. Todo ello se puede presentar en el adolescente como un estado permanente de ira y desmotivación cuando han de desenvolverse fuera de las pantallas.

 

La etapa de la adolescencia se caracteriza por una intensa búsqueda de la identidad, falta de autoestima y una gran inestabilidad emocional. Y es en el entorno de las pantallas donde el adolescente erróneamente encuentra refugio, puesto que no se exponen directamente ante las muchas dudas y cuestiones que le surgen en su madurez.

 

Como terapia familiar a la hora de educar a nuestros hijos en esta cuestión, los padres hemos de dar ejemplo con el uso de las tecnologías ya que, en ocasiones, cuando venimos de trabajar seguimos conectados al móvil. Debemos mejorar la comunicación padres-hijos buscando el mejor momento para ello. Se ha de pactar unas reglas, trazar un horario de uso (apagando el wifi durante el descanso) y proponer un lugar de uso que sea de paso como el salón. Sólo así crearemos un entorno seguro y apropiado para un buen uso de las tecnologías.

 

 

*Por Daniel Danta. Especialista en asesoramiento en la adolescencia. Publicado en ufnmedical.es

 

 

 

FamilyOn - 18.08.2020

 

 

En una época marcada por la inmediatez de las redes sociales, el amor y las relaciones interpersonales también han encontrado su hueco en el mundo digital. Como quien elige un vestido o se compra unos zapatos online, buscar pareja también está a nuestro alcance a golpe de clic y, por supuesto, de nuestros hijos.

 

Aplicaciones como Tinder están siendo todo un éxito entre los jóvenes. Además, teniendo en cuenta las circunstancias que hemos pasado los últimos meses en los que hemos reducido el contacto físico y social, el uso que los jóvenes han hecho de estas apps de contactos ha alcanzado cotas elevadísimas. Según el último estudio de Smartme Analytics, durante el confinamiento en España el uso de Tinder aumentó un 94% entre los menores de 35 años.

 

Para los que no tengan mucha idea de cómo funciona Tinder, se trata de una red social que permite que los usuarios se creen un perfil en el que pueden elegir varias fotos suyas, indicar su edad, su trabajo o estudios, una pequeña descripción sobre sí mismos, sus canciones favoritas o incluso su lista de Spotify. Una vez hecho esto, el usuario/a ya puede empezar a navegar por la red y buscar amigos, pareja o lo que más le apetezca.

 

Tinder ofrece un catálogo inacabable de solteros y solteras que se encuentran dentro de la distancia que el mismo usuario ha configurado previamente. Entonces, si alguno de estos perfiles encaja dentro de las preferencias del usuario/a que está usando esta app, le dará clic al botón de like o desplazará su perfil hacia la derecha. En caso contrario, podrá rechazar a los candidatos que no le gusten desplazando a la izquierda. Cuando dos personas se dan like mutuamente, se produce el match, lo que les permite empezar a hablar por medio del chat de la misma aplicación. Parece fácil y cómodo, ¿verdad?

 

Cómo cambia el concepto de amor y de las relaciones entre los jóvenes

 

Aunque a primera vista todo nos parezca maravilloso, los que tienen hijos e hijas jóvenes, adolescentes o que se están iniciando (o les queda poco) en las relaciones amorosas, sabrán de lo que hablo cuando digo que Tinder nos causa muchísimas dudas, reticencias y preocupaciones.

 

La primera de ellas tiene relación, por supuesto, con el hecho de quedar con alguien a quien no conoces en persona y que puede haber mentido en su perfil. La psicóloga Patricia Ramírez, respecto a esto, nos aconseja que transmitamos a nuestros hijos e hijas ciertas premisas para que sus encuentros puedan ser seguros: “es importante que queden siempre en un lugar público las primeras veces, si es posible para tomar café en lugar de por la noche, que de alguna manera se puedan sentir protegidos por el entorno. Hay que explicarles también que hay mucha gente que en estas redes sociales miente con las fotos o con la edad, y que hay que estar muy alerta para hacer preguntas que les ayuden a descubrir la verdad. Y, por supuesto, hay que advertirles de las expectativas,  si tu expectativa es quedar con alguien con quien tener un noviazgo, pues Tinder, a lo mejor, no es el lugar más adecuado. Además, tienen que ser sinceros y, si conocen a alguien, que expongan cuál es su proyecto en esta relación para no sentirse engañados”.

 

Tinder: ¿inmediato y superficial?

 

Como hemos indicado anteriormente, el proceso para conocer gente en estas aplicaciones de contactos no dista demasiado del proceso de elegir y comprarte unas zapatillas online. Exceptuando, por supuesto, que con las zapatillas no nos puede surgir un match, sino simplemente un enamoramiento a primera vista unidireccional.

 

Pero, salvando las distancias, estas apps nos convierten a la vez en usuarios y en productos, con una prevalencia del físico como principal factor a la hora de elegir si desplazar a la derecha o a la izquierda. Respecto a este tema, Patricia Ramírez opina que “las cosas superficiales son en función del objetivo que tenga cada persona. Entonces, tenemos que entender que en esta aplicación hay gente que igual solo trata de tener un encuentro sexual, y otra gente que busca relaciones más formales o más duraderas. Yo creo que el que tú elijas en función del físico es lo que hemos hecho toda la vida a primera vista”.

 

La psicóloga añade que “normalmente nosotros empezamos a quedar con alguien que físicamente nos parece atractivo, la mayoría de las veces, también hay otras que no, que alguien nos ha parecido muy gracioso o nos ha gustado su sentido del humor o te atrae por otra serie de circunstancias… Pero normalmente nos fijamos cuando ligamos en aquella persona que físicamente nos atrae, por el motivo que sea, no tiene porqué ser porque sea guapo, te puede parecer interesante, alto…”.

 

Respecto a la inmediatez que proporciona Tinder, Patricia Ramírez apunta que es la misma inmediatez que podemos encontrar en demás redes sociales como Instagram, Facebook o Twitter.

 

“Por eso hay que educar a la gente en valores, que aprendan a decidir qué hacer con su tiempo, decidir cuándo contestar y a saber poner límites a los amigos que de alguna forma exigen que nuestra respuesta sea inmediata. Yo creo que la inmediatez no la da tanto la red social, sino el comportamiento de cada uno: pensando que puede traicionar las expectativas de sus amigos o que si no contesta puede ser rechazado, así que tenemos que entrenar a nuestros hijos para que sepan poner límites, que sepan gestionar y respetar su tiempo y para que elijan con qué personas estar si tienen estas demandas y estas exigencias”, señala la psicóloga.

 

El papel de las madres y padres

 

A pesar de que, como hemos indicado unas líneas más arriba, a algunos padres y madres nos pueda causar recelo esta manera de que nuestros hijos se relacionen, tenemos que aceptar que Tinder ha venido para quedarse (al menos por el momento). El gran auge que han vivido las apps de contactos durante el confinamiento, y el tiempo (inexacto) durante el que tendremos que seguir limitando nuestras relaciones y contactos sociales, parecen indicar que esta será una alternativa más que se instaurará en nuestros modos de socialización y, especialmente, entre los jóvenes.

 

Por eso Patricia Ramírez nos aconseja que nuestro papel como madres y padres sea el de el de hablar, de generar confianza, decirles que estamos aquí para lo que haga falta, el de sacar temas de conversación interesantes respecto a esto pero sin que sea directamente porque ellos se hayan abierto la aplicación, y por supuesto no controlar y no meternos dentro para ver qué hacen, porque eso rompería la confianza y la complicidad que podemos tener con ellos”.

 

También apunta que “la clave está en educar en valores para que los jóvenes hagan un uso responsable de las redes sociales y de plataformas como Tinder, generar un clima de confianza para que ellos puedan comentar con nosotros todo aquello que hacen, y aun así, aunque generes un clima de confianza no te asegura que ellos quieran compartirlo, porque nosotros tampoco lo hicimos cuando teníamos su edad”.

 

Hace un tiempo se hizo viral un tweet en el que una chica (ahora no recuerdo quién) afirmaba que, si algún día tenía hijos o hijas, quería educarlos de forma que, cuando les pasara algo, no pensaran: “Madre mía si se entera mi madre…”, sino que pensaran: “Tengo que contarle esto a mi madre YA”. Ese debe ser nuestro objetivo, hablar con ellos, hacerles saber que estaremos ahí cuando nos necesiten, sin invadir su espacio, sin obligarles a comunicarse, pero estando, siempre.

 

*Publicado originalmente en FamilyOn

 

FamilyOn - 21.07.2020

 

Foto: senivpetro

 

Durante esta etapa de confinamiento pueden estar surgiendo rencillas y problemáticas agravadas por el hecho de estar encerrados. Y es que es justo en la adolescencia cuando los jóvenes empiezan a desligarse poco a poco de nosotros, sus padres, prueban el sabor de la independencia, comienzan a salir, a conocer gente, a enamorarse, a dejar de ser niños… Es un proceso de cambios y de evolución, un proceso que ahora mismo se ha visto interrumpido de golpe, sin previo aviso y con pocas herramientas para sobrellevar una situación tan complicada.

 

Muchas madres y padres están preocupados por sus hijos adolescentes, pues no saben cómo el confinamiento va a afectar a sus hijos, tienen miedo de que todo sea una riña constante o no saben bien qué medidas tomar en cuanto a límites y normas en casa. Por eso, compartimos a continuación la siguiente entrevista de FamilyOn con Ángel Peralbo, psicólogo, docente y escritor de libros como “Adolescentes: tu hijo no es tu enemigo” o “El adolescente indomable”, y le hemos trasladado todas las preguntas que teníamos sobre cómo llevar este confinamiento cuando tenemos hijos adolescentes, con la intención de que nos guíe y nos aclare todas estas dudas.

 

En estas semanas que llevamos de confinamiento son muchos los padres y madres de adolescentes que comparten una gran preocupación por el bienestar emocional de sus hijos, pues ven que esta situación está suponiendo un gran reto para ellos. ¿Qué podemos hacer los padres y madres para ayudarles a gestionarlo de la mejor manera posible?

 

Al margen del rol que ocupemos dentro de la familia o grupo, cada persona somos distintas en cuanto a nuestra forma de entender, de reaccionar, de asimilar, de reflexionar, en definitiva de digerir lo que está pasando. Por ello es importante, que como primer paso, padres y madres observen con atención y sin intención, es decir, no dando por supuesto nada y sí estando atentos a los indicadores que en la adolescencia hablan más sobre cómo se encuentran los hijos. A los adolescentes les molesta profundamente que se dé por hecho que por ser adolescentes piensan, sienten o actúan de determinada manera y en cambio, valoran muy positivamente que nos interesemos por ellos desde la incondicional muestra de que nos puedan contar lo que quieran. De la observación, los padres podrán ver si sus hijos adolescentes tienden a aislarse, están más irritables, o simplemente si tienen estados emocionales que les delatan. Les será de gran ayuda, facilitar un entorno de regularidad y relativa calma para que se sientan lo suficientemente tranquilos como para expresar y compartir, aunque sea mínimamente al principio, cómo se sienten. Cambios de humor, irritabilidad, estilos de respuesta alterados, …, especialmente cuando supongan un cambio claro con las semanas previas al confinamiento.

 

Estamos pasando mucho tiempo con ellos encerrados en el mismo espacio y, por lo tanto, los encontronazos son más frecuentes. ¿Cómo podemos evitar que todo sea motivo de discusión en casa?

 

La interrelación entre los miembros de la familia se basa mucho en estilos acostumbrados, por ello es posible que en parte, el confinamiento esté reflejando formas de comunicación que ya existían previamente; pese a esto, puede que los primeros días nos instaláramos en interacciones, discusiones y encontronazos y sin ser muy conscientes, ya se estén instaurando como habituales.

 

La primera idea realista que hemos de tener es que el conflicto es consustancial a las relaciones humanas y, por ello, el foco lo tendremos que poner en aprender a gestionarlos de la mejor manera posible, desde la calma, desde la búsqueda siempre del entendimiento por encima de todo; por ejemplo, con los adolescentes será mucho más inteligente encontrar una fórmula pactada que la mejor fórmula, por mucho que como padres siempre queremos lo mejor, el mejor horario, el mejor resultado, la mejor actitud, la mejor respuesta… ajustar expectativas al momento que vivimos, lo cual no significa en absoluto, hacer dejación de todo, sino buscar ese punto de equilibrio. En ocasiones se evita el conflicto olvidándose de que el adolescente está en casa. La solución es involucrarle como uno más, sentándole y pidiéndole que se implique, según su capacidad y disposición. Solo una actitud positiva, paciente y que permite a los padres entender que cada día vuelve a ser una oportunidad para seguir intentar la mejora de todo aquello que lo requiera.

 

Muchos padres y madres sienten los malos comportamientos de sus hijos adolescentes como una ofensa hacia ellos, como un ataque personal, sin embargo, en muchas ocasiones se trata de la forma que tienen ellos para expresar su desahogo emocional, ¿no es así?

 

En las relaciones, los círculos cuanto más íntimos son, más nos permiten que nuestros estados emocionales estén presentes y lideren muchas veces, el tono de la relación, a veces incluso, cuando en otros entornos nunca se darían. Como estilo acostumbrado, se dicen cosas y se utilizan formas, que ofenden, que alteran, que llegan a lo más hondo, aún cuando siempre representan más el estado emocional del adolescente que se expresa, que ninguna otra característica ni de los padres, ni del contenido. Ejemplo de ello, es el “Te odio” o “Eres la peor madre”.

 

El entorno familiar es, queramos o no, donde los hijos llegan a conocer sus propios límites, los de sus padres y madres y donde aprenden a regularse emocionalmente, aunque esto no será tarea fácil.

 

Algunos jóvenes están expresando sus emociones en forma de enfados o discusiones, pero también hay otras expresiones de este malestar que nos preocupan, como la tristeza, la ansiedad, problemas del sueño… ¿hay algo que podamos hacer los padres en este sentido?

 

Efectivamente existen problemas llamados exteriorizados y otros, denominados interiorizados; estos corresponden precisamente a la tristeza, ansiedad, psicosomáticos, etc., es decir, que no se ven directamente sino que los adolescentes los padecen especialmente de forma interna. Los padres han de buscar pistas indirectas como por ejemplo, cambios muy bruscos en su aparente estabilidad emocional, o estados mantenidos en el tiempo con aparente apatía general y poca energía observable, o disminución de las ganas de comer o todo lo contrario, ganas impulsivas de comer. Mi consejo a los padres es no basar las estrategias en las reacciones “típicamente paternales o maternales” como pueden ser las de insistir hasta la saciedad, para que coman, o para que duerman, o estar demasiado encima. Es preferible tratar de mostrarles un alto interés por aquello que les pueda preocupar, sea lo que sea y si no lo quieren compartir, mostrar apoyo incondicional y paciencia para que se vaya sintiendo cómodo, pero dejándole aire. Si se sienten escuchados, serán los propios adolescentes quienes darán señales de querer contar.

 

Se habla bastante de lo mal que lo pueden pasar los niños pequeños durante esta cuarentena. Sin embargo, en la adolescencia nuestros hijos empiezan a experimentar cambios, gozar de cierta independencia, y ahora han tenido que renunciar a eso y pasar más tiempo con nosotros, sus padres, justo en una etapa de sus vidas en la que suelen renegar completamente de nosotros. ¿Crees que ellos son los que peor pueden estar pasando esta etapa?

 

Considero que cada etapa tiene sus ventajas, sus puntos de apoyo pero también sus debilidades o lo que les puede hacer más vulnerable, especialmente en situaciones como el confinamiento. Si en circunstancias normales, los adolescentes viven su independencia especialmente fuera de casa, ahora lo hace en mayor medida aislándose dentro de su habitación, su fortaleza. La libertad que esto les proporciona, unida a la conexión que la red con el mundo exterior les permite, son sus grandes altares y les facilita mucho el encierro al que nos estamos todos viendo sometidos. Aún así están sus emociones que pueden entrar y salir de cierta ebullición así como su motivación que puede ir desde la euforia al aburrimiento a lo largo de una sola jornada. Y a esto hay que unir que los puntos de convivencia con sus padres a lo largo de un día también son más. La parte positiva de todo esto puede ser precisamente conseguir establecer un orden que permita canalizar todo ello para encontrar el equilibrio emocional, una motivación dosificada y hacer de la convivencia una oportunidad para mejorarla y combinarla perfectamente con la libertad que desea el adolescente.

 

¿Cómo puede afectar este periodo a nuestros hijos adolescentes? ¿Qué secuelas se pueden derivar del confinamiento y cómo podemos prepararnos para hacerles frente?

 

Tenemos que mirar lo que está ocurriendo como una realidad que nos impone una capacidad de adaptación más allá de lo que nos hubiéramos imaginado. Por ello, y porque la mentalidad adolescente cambia rápido y fluctúa entre un futuro que ven como lejano y un presente, del que muchas veces huyen y se evaden. Dado que habrá consecuencias en su curso lectivo, en su orden y horarios y en sus familias, a nivel de salud en muchos casos y económicos en otros, prepararnos para ello supondrá como primer paso que permitamos que sean conscientes de la realidad para que puedan aceptarla y esto se consigue reflexionando sobre ella, asumiendo las emociones que nos generen, todas sin discriminación, evitando que la mente se escape constantemente a través de las distracciones que hoy están a nuestro servicio. El segundo aspecto importante será involucrarlos en la dinámica familiar como uno más, más allá del niño que ya no es y muy cerca del adulto que casi es. Respetar el tiempo de cada uno, la necesidad del espacio personal pero también el trabajo colaborativo dentro de casa.

 

Muchos padres nos han comentado que durante el confinamiento se ha dificultado la imposición de límites, de manera que a algunos les preocupa que sus hijos se estén convirtiendo en los jefes de casa. ¿Qué consejo nos das para evitar que ocurra esto?

 

Si una adolescencia natural, y por lo tanto dentro de la normalidad, implica que los hijos pongan a prueba el entorno, a través de sus críticas, resistencias, manipulaciones, insistencias, etc., también necesita que el entorno, padres principalmente, se mantengan seguros, resistentes y firmes, imperturbables y asertivos.

 

Y para ello es importante, que:

 

– Cuando los padres se sientan cuestionados, no lo vivan como algo inaceptable sino como profundamente ligado a que sus hijos ya no son unos niños y necesitan criticar como parte del aprendizaje de su nueva identidad.

 

– Cuando los adolescentes quieran manejar el ritmo de la familia, compartir esas ganas y facilitar que puedan opinar, coparticipar y asumir que es importante su contribución, aunque los padres seguirán manteniendo el liderazgo. Aquí será importante que los padres pierdan el miedo a negociar y flexibilizar como antes nunca han tenido que hacer cuando sus hijos eran más pequeños.

 

– No perder nunca el rumbo que marca el afecto pues si intentamos marcar límites desde la alteración y el enfado nos veremos inmersos en conflictos permanentemente.

 

Tenemos claro que es imprescindible establecer normas de uso de la tecnología y redes sociales, pero claro, ahora los dispositivos electrónicos son la forma en que los jóvenes mantienen su vida social y se abstraen un poco de toda esta situación. ¿Deberíamos ser un poco más permisivos respecto al uso que hacen de las nuevas tecnologías durante el confinamiento?

 

El confinamiento hay que verlo desde la aceptación, como una situación atípica y circunstancial pero también incierta en su duración y con la vista puesta en una futura recuperación y vuelta a la normalidad. Por ello tenemos que anticiparnos y todo aquello que establezcamos ahora, intentar plantearlo de tal forma que sea sostenible y evitar que nos genere problemas en el futuro. Las nuevas tecnologías son un arma de doble filo, pues ahora nos proporcionan esa puerta abierta al mundo exterior pero a la vez pueden facilitar un excesivo aislamiento por parte del adolescente, además de una apatía y aburrimiento por abusar de ellas y por otro lado, una futura vuelta a la normalidad complicada. La permisividad aquí debería de llegar hasta donde llegue el compromiso del adolescente por mantener otras distracciones que permitan que sea sostenible con momentos familiares, orden razonable en las horas de sueño, implicación en obligaciones dentro de casa y otras tareas que eviten que lo electrónico tenga esa exclusividad que tanto nos preocupaba antes y nos puede preocupar después.

 

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FamilyandMedia - 24.07.2020

 

Foto: freepik

 

En el 60% de los casos el primer smartphone se regala entre los 10 y 11 años. Sin embargo, hay un 28% que lo recibe incluso antes de los 10 años. Además, en el grupo de edad entre 10 y 12 años, el 54% también empieza a tener una vida social con la apertura de una cuenta en las redes sociales. Esto es lo que surge de la investigación italiana "Adolescentes y estilos de vida", llevada a cabo por el Laboratorio Adolescencia e Instituto de Investigación IARD (presidido por Carlo Buzzi, profesor de Sociología de la Universidad de Trento), con la colaboración de la Asociación Cultural Pediatras (ACP) y el Observatorio Permanente Jóvenes y Alcohol, presentada en Milán.

 

La encuesta se realizó entre noviembre de 2018 y mayo de 2019 sobre una muestra nacional representativa de 2019 estudiantes, del grupo de edad de 13 a 14 años.

 

En cuanto a los medios sociales más utilizados, se confirma la progresiva disminución de Facebook, cada vez más utilizado por los adultos y menos por los muy jóvenes, y el aumento de Instagram. WhatsApp está prácticamente "incrustado" en todos los adolescentes. Ya no pueden prescindir de él. Está omnipresente durante todo su día y se ha convertido en la herramienta exclusiva con la que comunicarse y mantener relaciones sociales.

 

Los teléfonos móviles y el sueño

 

Los resultados de esta investigación italiana ponen de relieve la precocidad del uso de las tecnologías por parte de los adolescentes italianos. Lo que lo hace aún más preocupante es el hecho de que, cuando el acceso a una red social requiere una edad mínima, los adolescentes en cuestión mienten sobre la inscripción:el 20% indica una edad aleatoria mientras que el 23% afirma ser mayor de edad, aunque no lo sea.

 

Además, sólo el 7% de la muestra afirma que duerme al menos 9 horas por noche, mientras que el 20% duerme incluso menos de 7 horas.

 

Además, el 72% de las mujeres y el 58% de los hombres afirman tener problemas para dormir, y declaran que sufren de insomnio real. Naturalmente, el teléfono móvil es el compañero de cama inevitable de estos adolescentes. La mayoría de los encuestados no lo apagan antes de irse a dormir y, a menudo, incluso durante la noche, envían mensajes de texto a sus amigos. Los efectos tienen un fuerte impacto en su descanso. El 15% de los que lo apagan y el 33% de los que lo dejan encendido dicen que duermen menos de siete horas por noche.

 

¿Pero qué hacen los adolescentes cuando no pueden dormirse? El 44% de las mujeres y el 36% de los hombres navegan en Internet o en redes sociales. Sólo un escaso 30% enciende la televisión y menos del 10% lee algunas páginas de un libro. Crece más y más, hay que decirlo, el insomnio por likes.

 

*Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

 

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FamilyOn - 26.06.2020

 

Foto: jcomp 

 

Perseguir los ideales de belleza puede convertirse en un camino tortuoso, sobre todo porque la mayoría de esos ideales son inalcanzables para la mayor parte de la población mundial. Para las chicas y mujeres, especialmente, la presión estética que fomentan muchas veces la publicidad, la moda, las redes sociales…, deviene una de las causas de los denominados trastornos de la conducta alimentaria.

 

Existe bastante confusión y desconocimiento sobre lo que son estos trastornos. Sara Bujalance, presidenta de la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia, explica que “los principales trastornos de la conducta alimentaria son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y el trastorno de la conducta alimentaria no especificado. Las principales características son una profunda insatisfacción con el cuerpo, alteraciones del hábito alimentario, un estado de ánimo deprimido e irritabilidad y aislamiento social”. Además, añade que “como existe mucha confusión y mucho desconocimiento sobre qué son realmente los trastornos de la conducta alimentaria, se tiende a infravalorar su gravedad (tienen la tasa de mortalidad más elevada dentro de las patologías mentales)”.

 

Existen diversos factores que influyen en este tipo de trastornos, sin embargo, Sara Bujalance apunta a que “la presión social actual por la delgadez, dirigida especialmente a la mujer, tiene una influencia muy elevada en el desarrollo tan masivo de los trastornos de la conducta alimentaria (1 de cada 20 adolescentes sufre un trastorno de la conducta alimentaria), y de cada 10 casos, 9 son mujeres”.

 

Los trastornos de la conducta alimentaria y el confinamiento

 

Esta etapa encerrados en casa ha sido complicada para todos, y las personas que sufren trastornos de la conducta alimentaria también se han visto afectadas. Como nos cuenta Sara Bujalance, “desde la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia hemos recibido casi el triple de consultas de las que recibimos habitualmente. Hemos detectado que en muchos casos se ha agravado la sintomatología del trastorno (irritabilidad, dificultad para comer, actividad física compulsiva, tristeza, aislamiento social, etc.) así como la confusión y angustia por parte de las familias, que en muchos casos han descubierto el trastorno en pleno confinamiento, sin saber qué hacer ante un problema tan grave”.

 

Además, también añade que “en otros muchos casos nos hemos encontrado que el acceso a los tratamientos durante el confinamiento se ha dificultado o reducido al eliminar toda la parte presencial”.

 

El papel de las redes sociales

 

Las redes sociales desarrollan un papel clave en cuanto al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria. Por una parte, por el culto a la imagen y la difusión de ideales de belleza, que muchas veces son ficticios (fotos retocadas, posturas imposibles…) y muchos de ellos enfermizos (subsumen la belleza a la delgadez necesaria, por ejemplo). “La presión social por tener una determinada imagen está amplificada por las redes sociales actualmente, así como todo lo que tiene que ver con el “postureo” y mostrar no sólo un cuerpo perfecto en redes, sino también una vida social, alimentación, estado de ánimo, etc., idealizadas y alejadas de la realidad humana. Por eso es tan importante educar a chicos y chicas en el desarrollo de un sentido crítico hacia lo que ven en redes y también en otros medios de comunicación”, señala la presidenta de la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia.

 

Pero no solo eso, las redes sociales también se han convertido en plataformas de difusión masiva de consejos que fomentan este tipo de trastornos. Este video nos explica quiénes son #mía y #ana, y pueden estar aconsejando a nuestras hijas y que forma parte de la campaña Por un uso Love de la tecnología de Orange. 

 

 

Sara Bujalance explica que “en los últimos años se han incrementado notablemente las páginas que hacen apología de los trastornos de la conducta alimentaria, las conocidas como #ana y #mia, en las que personas afectadas por el trastorno comparten información que es muy perjudicial para su salud”. Con este tipo de hashtags, miles de personas alrededor del mundo se aconsejan sobre cómo llevar a cabo estas prácticas (por ejemplo, los vómitos) sin que los padres se enteren, se difunden ideas extremas sobre la delgadez y la demonización de la gordura y el peso. En definitiva, prácticas muy peligrosas que no podemos dejar bajo ningún concepto que se conviertan en consejeras y referentes de nuestras hijas e hijos.

 

Qué podemos hacer las madres y padres

 

Sara Bujalance hace hincapié en que “las familias deben poner atención si observan cambios en la alimentación y/o incremento de la actividad física con el objetivo de adelgazar, preocupación por el cuerpo, cambios en el estado de ánimo, irritabilidad y aislamiento social. Si tienen la sospecha de un posible trastorno de la conducta alimentaria deben ser comprensivos y afectuosos con el chico o la chica, hablar con él o ella desde el afecto y, muy importante, ponerse en manos de un centro especializado en trastornos de la conducta alimentaria. Desde la asociación siempre insistimos mucho en este punto, el mejor tratamiento lo proporcionarán aquellos centros cuya experiencia y trabajo diario se centra en este tipo de trastornos”.

 

También tenemos que poner el foco en las redes sociales, “es importante que las familias y educadores favorezcan desde bien pequeños un uso saludable de las nuevas tecnologías enseñando a los niños y niñas a diferenciar entre lo bueno y lo malo que hay en internet, de la misma manera que les enseñamos a cruzar la calle para evitar atropellos”, señala Sara Bujalance.

 

Por último, cabe hacer mención a la función de la sociedad en su conjunto para hacer frente y prevenir este tipo de trastornos en los jóvenes. La presidenta de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia afirma que “se necesita la implicación de toda la sociedad porque nadie tiene la culpa de un trastorno de la conducta alimentaria, pero cada agente debe asumir su parte de responsabilidad”. Sara Bujalance hace referencia a:

 

- Lo mejor que pueden hacer las familias es criar desde la parentalidad positiva (buen trato, límites coherentes y claros), llevar a cabo al menos una comida al día en familia y educado desde un buen ejemplo, no sólo a la hora de desarrollar un hábito alimentario saludable sino también en la forma en la que nos relacionamos con nuestro cuerpo y, muy importante también, evitando hacer comentarios negativos sobre el cuerpo del chico o chica así como de las personas en general.

 

- Desde las escuelas deben implicarse también reforzando el respeto por la diversidad corporal y previniendo situaciones de bullying.

 

- Las empresas deben favorecer medidas reales de conciliación laboral y familiar para que las familias puedan realmente ocuparse de sus hijos e hijas con calidad, tal como hemos descrito anteriormente.

 

- La publicidad y los medios de comunicación deben también favorecer la aparición y difusión de cuerpos saludables, que representen la diversidad corporal real que existe en las calles.

 

- Los sanitarios y técnicos, sobre todo los que trabajan con menores de edad, deben poder identificar señales de alerta para derivar a los profesionales especializados lo antes posible y, por último, políticos y administraciones deben desarrollar programas para permitir que todo lo anterior sea posible.

 

*Publicado originalmente en Family On

 

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