IFFD Chile - 19.02.2021

 


foto: freepik 

 

“Me lo cambiaron”, “ya no es el mismo de antes”, “¿qué le pasa?”… son pensamientos que retumban en nuestra mente cuando tenemos un hijo adolescente en casa, y lo cierto es que la respuesta está en nuestras manos pero no la queremos ver: nada más y nada menos que la llegada de la adolescencia.

 

Además de los cambios físicos que suceden en el cuerpo del ser humano durante este ciclo, surgen cambios en la personalidad que requieren del conocimiento y de la preparación de los padres para comprenderlos mejor y saber abordar las situaciones que surgirán en el camino, por eso a continuación compartimos los tres grandes cambios que los padres de adolescentes deben hacer para sobrevivir a la adolescencia de sus hijos.

 

1. Pasamos de gerentes a ser coach en la vida de nuestros hijos

 

Cuando nuestros hijos son pequeños tenemos que manejar prácticamente todos los aspectos de sus vidas. Establecemos la hora de dormir, planificamos las comidas y programamos citas con el médico. Organizamos viajes compartidos y tomamos todas las decisiones importantes: adónde irán a la escuela, si irán al campamento y adónde iremos de vacaciones. Y cuando nuestros hijos son pequeños, en su mayor parte, aprecian tener padres involucrados y cariñosos. Es genial que otra persona administre su calendario y lo lleve a sus actividades.

 

Pero una vez que los niños llegan a la adolescencia, necesitan comenzar a manejar sus propias vidas y tienden a despedirnos como sus gerentes. Los padres que son demasiado controladores, aquellos que no renuncian a sus funciones de gerente, generan rebelión. No hacen esto porque sean malos niños, sino porque necesitan recuperar un sentido de control sobre sus propias vidas.

 

Es momento de seguir siendo guías y acompañantes, pero entregar las riendas de la toma de decisiones a nuestros adolescentes. No es que nunca más digamos que no. Tampoco dejamos de hacer cumplir las reglas de nuestra familia. Solo se trata de que comenzamos a involucrar más a los adolescentes en la creación de las reglas y les dejamos tomar sus propias decisiones, lo que de todos modos harán.

 

Dejar que nuestros hijos se conviertan en los principales tomadores de decisiones NO significa que nos volvamos permisivos, indulgentes o desconectados. Significa que nuestro tipo de apoyo hacia ellos cambia. Renunciamos a nuestro papel como su jefe de personal y nos volvemos más como entrenadores de vida. Hacemos preguntas y brindamos apoyo emocional.

 

2. Hablarles desde el respeto. No desde la compasión o como si fueran débiles

 

A nivel cerebral los adolescentes pueden ser mitad jóvenes adultos independientes, mitad niños pequeños, pero están enormemente motivados para volverse 100% autónomos… incluso estando conscientes de que, en algún nivel, todavía necesitan nuestro apoyo y guía.

 

Cuando les damos a nuestros adolescentes mucha información, especialmente cuando se trata de información que realmente no quieren o que creen que ya tienen, puede parecerles infantilizante. Incluso si entregamos la información como lo haríamos con otro adulto, los adolescentes a menudo se sentirán irrespetados por el mero hecho de nuestra instrucción.

 

Entonces, cuando sea el momento de mencionar el tema sobre el que deseamos influir en nuestro hijo adolescente, hablemos como lo haríamos con alguien con el estatus social más alto posible, alguien a quien realmente respetamos. Si el adolescente se siente irrespetado, molestado, abrumado, presionado o infantilizado, todas las apuestas están perdidas. Esto, porque el hito de esta etapa es comenzar a desarrollar su identidad y a mirarse a sí mismo, quién es y quién quiere ser. Si tomaran al pie de la letra nuestros comentarios no podrían cumplir con ese hito. Esto, obviamente, siempre en una atmósfera de buen trato, respeto, de que los padres tenemos que hacer nuestro trabajo de guías y supervisores. Eso debemos siempre transmitirlo.

 

3. Aceptar que se vienen muchas conversaciones difíciles

 

Hablar con los adolescentes sobre sus vidas puede resultar estresante. Lo que comienza como una conversación casual puede convertirse rápidamente en un campo minado emocional. Es difícil lograr escuchar y aguantarnos de comenzar a opinar antes de tiempo.

 

Pero los adolescentes de hoy están lidiando con cosas realmente difíciles, y los padres necesitamos crear espacios seguros para que nuestros adolescentes hablen sobre las cosas difíciles.

 

Esto requiere mucho coraje. La forma más sencilla de aumentar nuestra capacidad (y, francamente, nuestra disposición) para tener conversaciones incómodas con nuestros adolescentes es practicar haciéndolo a pequeños pasos. En lugar de pensar en tener una “gran charla”, aborde un tema difícil con observaciones breves y preguntas sencillas. Deje que los adolescentes lideren; nuestro valor real viene cuando escuchamos en lugar de instruir. Incluso cuando tenemos mucho que decir, es más importante darles la oportunidad de hablar, de entender lo que están pensando en un entorno de bajo riesgo. Practica mantener la calma a pesar de la incomodidad. Continúa respirando profundamente. Sigue relajando tus hombros. Fíjate en tu malestar y dale la bienvenida. No hay nada que temer.

 

Por más difícil que sea para nosotros, nuestros adolescentes van a cometer errores. Cuando lo hagan, nuestra ansiedad excesiva no ayudará. Sin embargo, lo que ayudará es nuestra tranquila presencia. Estas son más buenas noticias, porque es mucho más agradable practicar la presencia tranquila que asustarse.

 

Sobre todo, nos ayudará recordar que sus vidas son sus vidas. Es su viaje, no el nuestro. Nuestro papel no es guiarlos por la vida como lo haríamos con las marionetas, sino ayudarlos a sentirse seguros. Para eso, solo necesitamos entrenar en lugar de administrar, escuchar en lugar de instruir y respirar a través de nuestra incomodidad.

 

*Publicado en IFFD Chile / Fuente: Greater Good Magazine

 

 

 

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