Carmelo López-Arias / ReL - 29.03.2019

 

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La relación personal de los adolescentes con sus amigos ha decrecido enormemente en la última década, en la misma proporción que ha crecido su sensación de soledad.

 

Quien advierte de ello es Jean Twenge, madre de tres hijos y profesora de Psicología en la Universidad de San Diego, donde se ha especializado en los problemas de la denominada iGeneración, esto es, los adolescentes y jóvenes contemporáneos de la hiperconectividad vinculada a dispositivos móviles. A quienes describe en el libro que les ha consagrado como "menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y absolutamente nada preparados para la vida adulta".

 

Y con una dificultad añadida: la soledad. En un reciente artículo en The Conversation, que resume un estudio publicado por ella y sus colaboradores en Psicology of Popular Media Culture, a partir de 2007 la generalización del teléfono móvil con acceso a redes sociales ha transformado completamente los patrones de ocio común de los adolescentes y jóvenes, hasta convertirles en "la generación más solitaria que se recuerda".

 

Dos gráficas lo muestran palmariamente:

 

 

La gráfica muestra el porcentaje de jóvenes que ven a sus amigos "casi todos los días". 

 

Los de 17-18 años (en rojo en la gráfica: 12º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron del 52,25% en 1976 al 43,31% en 2010, una caída del 17% a lo largo de 34 años. A partir de ahí, el desplome es significativo: del 43,31% en 2010 al 27,60% en 2017, una caída del 36% en siete años.

 

Los de 15-16 años (en rosa en la gráfica, 10º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron el 53,45% en 1991 al 40,80% en 2010, una caída del 23,67% en 19 años. Y luego, del 40,80% en 2010 al 26,20% en 2017, una caída del 35,78% en siete años.

 

Los de 13-14 años (en naranja en la gráfica, 8º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron del 52,04% en 1991 al 37,90% en 2010, una caída del 27,17% en 19 años. Y luego, del 37,90% en 2010 al 25,90% en 2017, una caída del 31,66% en siete años.

 

Estamos, pues, ante un proceso que es obedece a muchas razones y ya se presentaba antes de 2010, pero que a partir de esa fecha se acelera sin que exista otra causa identificable que el uso de móviles para la interacción social.

 

"Nos preguntamos entonces si esa tendencia tendría consecuencias en los sentimientos de soledad", explica Twenge antes de introducir el segundo resultado del estudio. Y así es:

 

 

La gráfica muestra el porcentaje de adolescentes y jóvenes que se identificaron con la afirmación "Muchas veces me siento solo". 

 

En los de 17-18 años, el porcentaje pasa del 22% en 2007 al 38,80% en 2017, un crecimiento del 76,36% en diez años.

 

En los de 15-16 años, pasa del 21,40% en 2007 al 32,40% en 2017, un crecimiento del 51,40% en diez años.

 

En los de 13-14 años, pasa del 20,10% en 2007 al 28,00% en 2017, un crecimiento del 39,30% en diez años.

 

Un cambio generacional

 

Lo significativo de estos cambios es que no son individuales, sino generacionales. En efecto, como señala Twenge, otros estudios señalan que no se produce un desplazamiento de los contactos activos (físicos) a los pasivos (mediante móvil), y que los adolescentes y jóvenes más hiperconectados no son necesariamente los que ven menos físicamente a sus amigos.

 

¿Cómo explicar la aparente contradicción?

 

Tiene que ver, explica, con la dinámica "del grupo frente a la del individuo". En un grupo de amigos siempre hay algunos más sociales y dispuestos a salir y verse con los demás, y otros menos propensos a ello. Una vez que todos se conectan a redes sociales, los patrones de conducta suelen repetirse. Así, el más social y más conectado sigue saliendo, aunque menos, porque pasa más tiempo en casa con las redes. Sin embargo, los menos sociales se ven más afectados por el menor tiempo que aquel pasa ahora con ellos. Si a la vez son menos propensos a mantener actividad en las redes sociales, su situación de soledad se agrava: "¿Quién querrá salir con ellos si la mayor parte de sus amigos están solos en su habitación con Instagram?"

 

Algunos sostienen, dice Twenge, que "los adolescentes, simplemente, han decidido comunicarse de otra forma, y que el auge de la comunicación electrónica no es preocupante". Pero hay estudios que hablan de "epidemia" de depresión y angustia entre los jóvenes, y de infelicidad. No se puede sostener, concluye, que "la comunicación electrónica sea tan buena para mitigar la soledad y la depresión como la interacción cara a cara... Hay algo en el hecho de tener al lado a otra persona -el contacto físico, la mirada, la risa- que no puede ser sustituido por la comunicación digital. El resultado es una generación de adolescentes más solitaria que nunca".

 

¿Causa y efecto?

 

En otro artículo sobre esta cuestión en Psychology Today, Twenge recoge los datos de otro de sus estudios, que muestra que "los adolescentes que pasaron más tiempo ante las pantallas eran menos felices, más depresivos y con un riesgo de suicidio", relación que se mantenía incluso teniendo en cuenta otros factores como el sexo, la raza o el estatus socioeconómico. 

 

Con todo, la concurrencia de hechos no es lo mismo que causalidad, comenta ella misma: pudiese ser que las personas con mayor tendencia a la depresión buscasen más las pantallas. Pero cita tres estudios que apuntan claramente a una relación de causa-efecto. Dos encontraron que, "mientras el mayor uso de redes sociales conducía a la infelicidad sin embargo la infelicidad no conducía aun mayor uso de redes sociales. Ambos estudios se referían a Facebook, como el tercero, que es directo y orientado a definir causalidad. En este último, se crearon dos grupos aleatoriamente, uno tuvo acceso a Facebook durante una semana, y el otro no: "Los que dejaron de usar Facebook acabaron la semana más felices, menos solitarios y menos deprimidos".

 

Si surgen evidencias de que el incremento de la infelicidad de adolescentes y jóvenes (un hecho empíricamente demostrado), tiene otras causas, Twenge se muestra dispuesta a estudiarla: "Pero, por el momento, el smartphone es el agente de cambio más probable, así que es el que yo estoy considerando con mis propios hijos, y lo que creo que otros padres deberían también considerar".

 

*Publicado originalmente en ReL

 

 

LaFamilia.info - 07.09.2018

 

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El 10 de septiembre se celebra el Día Mundial de Prevención del Suicidio, iniciativa que busca poner el tema en la agenda pública, haciendo énfasis en la necesidad de su prevención. 

 

La conducta suicida se ha ido incrementando alrededor del mundo, incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha declarado un problema de salud pública. Según datos de esta entidad, anualmente, cerca de 800 000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. En el año 2016, el suicidio fue la segunda causa principal de defunción en el grupo de 15 a 29 años en todo el mundo. Y no solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, en 2016, más del 79% de los suicidios en todo el mundo tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos.

 

El suicidio es un problema complejo en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales; sin embargo los trastornos mentales (especialmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol) son los principales.

 

Cada suicidio es una tragedia que afecta a las familias y deja una huella imborrable en ellas; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas. 

 

Señales de alarma

 

Teniendo en cuenta que las redes sociales se han convertido en un espacio en que los jóvenes se expresan libremente, incluso muchos manifiestan deseos de acabar con su vida por estos medios, Facebook ha lanzado una guía sobre cómo ayudar a un amigo. Esta campaña busca promover la prevención del suicidio en alianza con el Instituto Hispanoamericano de Suicidología, Decide Vivir México, The Jed Foundation y The Clinton Foundation, organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan promoviendo el bienestar emocional, para compartir posibles señales de alarma que te indican que alguien puede estar sufriendo, angustiado o necesitando ayuda, las cuales compartimos a continuación. 

 

Así que presta atención a estados, publicaciones, mensajes, fotos o videos que incluyan los siguientes temas:

 

1. Comentarios relacionados con sentirse solo, sin esperanza, aislado, inútil o como una carga para los demás: “Siento que estoy en un agujero”; “No quiero volver a levantarme de la cama”; “Déjenme en paz”; “Todo lo hago mal”.

 

2. Muestras de irritabilidad y hostilidad fuera de lo común: “Odio a todo el mundo”; “A la mie**a con todo”.

 

3. Muestras de comportamientos impulsivos: conducción imprudente, un cambio significativo y, sobre todo, un aumento en el consumo de sustancias o exposición a otros riesgos. 

 

4. Publicaciones sobre insomnio: “Son las 3 de la mañana y sigo sin poder dormir”. 

 

5. Abandono de las actividades cotidianas: “Vuelvo a faltar a prácticas de química, no valgo para nada”; “Otro día más bajo las sábanas”.

 

6. Uso de emoticonos negativos: uso repetido de emoticonos que describen los siguientes estados de ánimo. 

 

Aunque puede ser difícil, sobre todo en Internet, saber si alguien está exagerando, siendo sarcástico o hablando en serio, cuando amenaza con quitarse la vida, siempre hay que tomarlo en serio. Estos son algunos ejemplos de frases que puede decir una persona con tendencias suicidas:

 

7. Hablar del suicidio o de querer morir: “No quiero seguir viviendo”; “Todo el mundo estaría mejor sin mí”; “No tengo motivos para vivir”.

 

8. Desesperación emocional intensa y urgente o culpa o vergüenza intensas, sentirse atrapado: “No puedo soportar más [el dolor]”; “No hay salida”; “Estoy acabado”; “Siento mucho los problemas que causé a todo el mundo”.

 

9. Mostrar rabia o buscar venganza: “Les daré una lección a todos”; “Se arrepentirá”.

 

10. Despedirse, desprenderse de bienes personales: “Los voy a extrañar a todos”; “Ya no se tendrán que preocupar más por mí”.

 

11. Glorificar o idealizar la muerte o hacer que la muerte parezca un acto heroico: “La muerte es bella”.

 

12. Preguntar dónde o cómo obtener medios potencialmente letales, como el acceso a pastillas o armas.

 

 

Colaboración FamiliyandMedia.eu - 09-01.2018

 

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¿Cómo influye el uso de los social media en la percepción que tienen las mujeres de su cuerpo?

 

Un reciente estudio titulado The Mediating Role of Appearance Comparisons in the Relationship Between Media Usage and Self-Objectification in Young Women, publicado en la revista de psicología Young Women - Psychology of Women Quarterly intenta responder a esta pregunta investigando la relación entre la imagen que tienen las mujeres del propio cuerpo y la utilización de distintos tipos de media: Facebook, internet, televisión y revistas.

 

En concreto, el estudio examina el fenómeno de la auto-objetivación del cuerpo femenino. La premisa es que la imagen de las mujeres ofrecida por los medios de comunicación, muchas veces se concentra en su aspecto físico, más que en sus capacidades o su personalidad. Por esta razón, exponerse a los media que promueven la imagen de la mujer como objeto sexual provoca, en las adolescentes, verse a través de esta clave de lectura.

 

Esta teoría, llamada teoría de la objetivación, pone en guardia ante los aspectos más peligrosos de este fenómeno: la auto-objetivación puede llevar a trastornos alimentarios, trastornos de ansiedad, a avergonzarse del propio cuerpo, y a la depresión.

 

La encuesta fue realizada en el Reino Unido sobre una muestra de 150 chicas de edades comprendidas entre los 17 y los 25 años, que contestaron a cuestionarios relativos a:

● Cómo utilizan los media;

● Su tendencia a comparar su aspecto físico con el de los demás;

● La costumbre de comparar su cuerpo con el de grupos concretos de personas - como amigos o conocidos- en Facebook.

 

Los resultados han mostrado que el uso de Facebook está vinculado al fenómeno de la auto-objetivación, ya que es el social network por excelencia del aspecto físico. En efecto, Facebook es el lugar donde se comparten fotos personales y se reciben comentarios valorativos de los amigos virtuales, reforzando o debilitando así la confianza en sí mismos.

 

Sólo en 2013, en Facebook se compartieron 250 mil millones de fotografías; esto, unido a la creciente popularidad del medio entre las mujeres jóvenes, y el tiempo que éstas dedican a los social network (unas dos horas al día, según el Australian Bureau of Statistics), nos ilustran el poder de las imágenes que vemos desfilar en el timeline para la construcción de la percepción del cuerpo femenino.

 

El estudio concluye que el fenómeno de la auto-objetivación surgido por el uso de Facebook está relacionado con el hecho de que las chicas tienen una tendencia a comparar su aspecto físico con el de otras mujeres.

 

La comparación entre el propio aspecto físico y el ajeno, tiene lugar sobre todo con sus coetáneos, amigos o conocidos, más que en relación a celebridades. Esto se debe a que el estilo de vida es más similar, y los coetáneos representan un ideal físico más fácilmente alcanzable.

 

Por esto es fácil comprender el poder de los nuevos medios, en especial los social network como Facebook, sobre la percepción que las mujeres jóvenes tienen de su cuerpo.

 

Y es fundamental hacer comprender a las chicas -sobre todo a las adolescentes- que existe una clara separación entre la realidad y el mundo online.

 

Debemos enseñarles que cada mujer es única e irrepetible, espléndida en sí misma; que los estereotipos con los que nos tropezamos todos los días son modelos inexistentes. Toda mujer tiene sus defectos, incluso aquellas que parecen perfectas. Lo que marca la diferencia es aceptar las propias imperfecciones y gustarse tal como somos. Éste es el secreto para tener una relación serena consigo misma y con el mundo que nos rodea. Por eso, queridas chicas, hay que cerrar los smartphone y dejar de obsesionarnos.

 

*Por Fabiana Aloisi. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info  

 

 

ReligionConfidencial/13.07.2018

 

 

 

El cerebro de los adolescentes es un cerebro en crecimiento y cuando consumen alcohol se producen daños en zonas específicas, según explica Jesús Paños, responsable de la Unidad de Psicología Clínica de Infancia y Adolescencia del Hospital San Rafael de Madrid. “No hace falta que hablemos de un consumo regular para que aparezcan graves complicaciones permanentes en nuestro sistema nervioso central, una ingesta leve o algunas intoxicaciones es suficiente para hacerlo”.

 

Una de las áreas que se ve más afectada es el hipocampo, una estructura fundamental para el aprendizaje y la memoria. Escáneres cerebrales realizados en jóvenes alcohólicos revelan que el hipocampo de éstos es significativamente más pequeño que el de los otros adolescentes que no beben alcohol, informa Europa Press.

 

Controlar los impulsos 

 

Además, el alcohol puede dañar otra estructura fundamental, los lóbulos prefrontales, añade el psicólogo clínico. “Esta área se encarga de permitirnos programar acciones, empatizar, planificar, anticipar consecuencias de nuestros actos, controlar nuestros impulsos y mantener intactos nuestros circuitos atencionales. Todas estas funciones son necesarias para aprender, madurar y hacernos responsables y autónomos”, señala Paños.

 

Lamenta que los jóvenes incurren en una contradicción, ya que “beben para mejorar su estima y parecer mayores y sin darse cuenta se lo impiden al hacerlo”. El experto recuerda que es importante dar información a la población, pero no es suficiente para cambiar conductas o actitudes, “se hace necesario algo más. Aprender habilidades y cambiar actitudes”.

 

Hablarles con claridad

 

El experto apuesta por “hablarles con claridad de los efectos indeseables de las drogas y sus consecuencias, no ser modelo de consumo para ellos, entrenarles en hábitos saludables, desarrollar junto a ellos un ocio sano y un interés por actividades que despierten su atención por hacerlas en grupo y superarse".

 

Asimismo, cree que hay que “educarles en valores, mejorar sus habilidades de comunicación y sus habilidades de relación social, mejorar su estima, enseñarles a pensar y razonar y a identificar y manejar sus emociones, hacerles autónomos, gratificar sus progresos, ser personas significativas y cercanas a sus problemas, escucharles, ponerles límites y razonarlos, ser flexibles, saber dialogar y llegar a acuerdos, ponerles normas además de expresarles afecto y amor, y confiar en ellos y expresárselo”.

 

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ReL / Concapa – 23.10.2017

 

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La libertad y la autonomía son competencias que el adolescente debe construir progresivamente respetando las normas y los acuerdos alcanzados con sus padres. Para planificar las primeras salidas nocturnas del hijo adolescente, la entidad española CONCAPA (Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos) propone el siguiente decálogo, aquí publicamos un resumen de éste:

  

1. Partir de una posición de coherencia entre los padres

 

Independientemente de la situación de la pareja (incluida la circunstancia de que los progenitores se encuentren separados o divorciados), se debe adoptar una posición común y coherente antes de dar el paso de hablar con el hijo(a) de sus primeras salidas nocturnas. En caso de desacuerdo, deben alcanzar algún nivel de compromiso que les permita enviar un mensaje claro y consistente al adolescente.

 

En este asunto no caben las posturas ambiguas ni la inhibición porque son los padres, ambos padres, los que deben dar el permiso para salir de noche. La educación es una responsabilidad que debe ser asumida de forma conjunta y cooperativa por ambos progenitores y, en situaciones que exigen decisiones firmes como las que nos ocupan, es imprescindible que además sean coherentes.

 

2. Crear las condiciones más adecuadas para el diálogo

 

El peor error que se puede cometer consiste en ir posponiendo las decisiones para abordarlas unas horas o unos minutos antes de la salida. Ten la certeza de que esos mensajes de última hora (“¡No bebas!” “¡Vuelve pronto!”) no tienen ninguna utilidad e incluso pueden ser contraproducentes. Si queremos dialogar, es imprescindible plantearlo con suficiente antelación. Para ello, tienes que hacerle saber a tu hijo o hija de forma directa y explícita que es preciso hablar sobre este asunto: “Queremos hablar contigo sobre la salida que quieres hacer el próximo fin de semana”.

 

De igual modo, es muy importante elegir un buen momento para hablar, un momento en el que tanto padres como el adolescente estén tranquilos, poco ocupados y dispongan de tiempo suficiente para dialogar con serenidad.

 

3. Establecer una buena comunicación

 

Si de verdad dejas gestionar de forma razonable y eficaz el reto que representan las primeras salidas de tu hijo, es fundamental debatirlo con calma para captar todo lo que él o ella quiere expresaros con sus palabras y su comportamiento. Ten en cuenta que, para comprender a un adolescente, hay que ir más allá del lenguaje verbal y prestar especial atención a lo que transmite con su lenguaje no verbal: miradas, posturas, gestos, emociones, silencios…

 

Además, cuida tu manera de hablar: haz preguntas abiertas y no preguntas cerradas donde sólo pueda contestar “sí” o “no” (por ejemplo “¿Qué piensas de ese lugar al que vas?” “¿Cuál es tu opinión sobre esa chica?”). Evita los discursos largos que pueden ser percibidos como moralizadores. Expón sinceramente tus preocupaciones utilizando el “yo”, porque así podrás expresar lo que piensas y sientes y tu hijo percibirá la autenticidad de tu exposición. Evita las descalificaciones, los reproches, y las acusaciones (“Ya se sabe lo desastre que eres”, “Tú eres un ingenuo”, “Temo que te metas en algún lío como siempre…”). Ten la seguridad de que un diálogo entre un acusador y un acusado está condenado al fracaso.

 

Exprésale claramente el comportamiento que esperas de él. Tómate el tiempo necesario para explicarle claramente sus peticiones y sus deseos y verifica que el mensaje ha sido comprendido tal y como tú quisiste transmitirlo. Es clave evitar confusiones y malentendidos.

 

4. Permanecer firmes ante un eventual chantaje emocional

 

Es frecuente que, si tu hijo o hija no obtiene de forma inmediata lo que desea -dejarle regresar a una determinada fiesta-, recurra al chantaje emocional: “Eres un mal padre (o madre)”, “Lo que pasa es que no tienes confianza en mí” o la frase definitiva de “A los demás sí les dejan”. De ahí que uno de los principales retos a los que deberás enfrentarte es resistir el chantaje emocional que suponen este tipo de argumentos.

 

En primer lugar, es preciso que permanezcas firme en tus proposiciones y racionalices el tema. Para los adolescentes, la cuestión de la normalidad es importante; lo que ellos consideran “normal” tiene una gran influencia sobre sus opiniones y sus decisiones. Sin embargo, no siempre esa valoración de normalidad que les presentan tiene una base real; si profundizas un poco, comprobarás que “todos los demás” no son en ocasiones más que determinados amigos especialmente relevantes para él o ella.

 

De cualquier forma, aunque fuera cierto que otros padres lo autorizan, no debes sentirte cuestionado ni empujado a aceptar determinadas decisiones que no compartes. Las pautas educativas, las normas y los límites no tienen por qué ser los mismos en cada hogar. Tu hijo debe aprender que las reglas de juego pueden ser distintas en una u otra familia, además, recuerda que son los padres los responsables de tomar la disposición final.

  

5. Desarrollo de las salidas: poner normas y límites

 

Un aspecto fundamental es conocer lo más posible el desarrollo de la salida. Para ello, pídele que te cuente qué va a hacer. Si no tiene nada previsto -algo relativamente frecuente-, pregúntale sobre el lugar o lugares a los que va a ir y las personas con las que va a salir.

 

Puede que las informaciones que te dé no sean claras. En ese caso, pídele que sea preciso. Si, a pesar de todo, tienes dudas sobre el lugar y las condiciones de la salida, no dudes en hablar con los padres de sus amigos tras haber advertido, eso sí, a tu hijo o hija de tu intención de hacer ese contacto.

 

Tan importante como conocer las actividades que piensan realizar durante la salida es conocer el ambiente en el que se va a producir, porque de este modo podremos anticipar posibles situaciones de riesgo a las que nuestro hijo o hija va a estar expuesto. Toda la información recogida facilitará el proceso de negociación con tu hijo o hija acerca de las normas y límites necesarios para la salida. A partir de ahí, trata de que las reglas sean razonables, claras y seguras, y ten la suficiente flexibilidad para ir adaptándolas si fuera necesario.

 

6. Negociar la hora de regreso a casa

 

La hora de regreso a casa es sin duda el más representativo de los conflictos que generan las primeras salidas nocturnas de los adolescentes en el hogar. De hecho, esta decisión centra muchas discusiones entre padres e hijos adolescentes; pero, como todas las cuestiones educativas, no admite soluciones simples. Comenzando porque la visión del mundo y de los hijos que tienen los padres constituye el principal punto de partida. Dicho de otro modo, el establecimiento de un horario más limitado o más amplio y la flexibilidad con que se administra no es más que uno de los indicadores que reflejan las pautas educativas que estás siguiendo con tu hijo o hija adolescente.

 

Cada familia tiene la potestad de establecer éste y otros límites relacionados con la educación de sus hijos en el ejercicio de sus competencias parentales. Pero hay tres premisas que conviene fijar:

 

La primera premisa que debe quedar clara es la necesidad de que los padres, de forma negociada siempre que sea posible, establezcan horarios de regreso a casa. No pienses que inhibirse es más neutro o más democrático; al contrario, las ambivalencias y los silencios son otra forma de enviar mensajes a tu hijo, sólo que en este caso el mensaje será de permisividad y desinterés y perderás una ocasión extraordinaria de apoyarle en su proceso de autonomía.

 

La segunda premisa es que los horarios, como cualquier otro límite, deben ser estables, sin que ello impida que puedan modificarse ante acontecimientos o circunstancias especiales.

 

La tercera es que los horarios deben plantearse de modo progresivo y deben irse modulando en función de dos aspectos fundamentales: la edad y madurez del adolescente y el grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos en las salidas anteriores. Estaríamos hablando, pues, de una independencia por etapas.

 

En resumen, los horarios deben ser razonables, negociados con los hijos siempre que sea posible, adaptados a la edad, las características de cada adolescente y otras circunstancias objetivas (nivel de seguridad de la zona por la que va a moverse durante la salida, existencia o no de transporte público, época vacacional o de estudio, etc.). Además, deben ser progresivos en función de su maduración y el cumplimiento de sus compromisos.

  

A medida que los hijos vayan cumpliendo sus compromisos y mostrando un mayor grado de responsabilidad, se podrán ir ampliando progresivamente los horarios hasta alcanzar aquel nivel que se considere irrenunciable, puesto que lo que se pretende en última instancia es que los chicos se responsabilicen de sus propias acciones y decisiones.

 

7. Utilizar un medio de transporte seguro

 

Un tema que debes abordar con tu adolescente antes de una salida nocturna es sin duda el del transporte de regreso a casa. Ante todo, recuérdale que no debe subir bajo ninguna circunstancia al vehículo de un desconocido. Tampoco si el conductor ha bebido alcohol o consumido otras drogas. Hay alternativas como el transporte público, el “conductor designado” o “conductor elegido” o ir por ellos. 

 

8. Negociar normas claras en relación con el alcohol y el dinero

 

El consumo de alcohol, y más aún si se hace de forma compulsiva hasta la embriaguez, es muy perjudicial para los adolescentes; como padre o madre estás obligado a usar tu influencia para incidir sobre el comportamiento de tu hijo adolescente en materia de consumo de alcohol y a prohibir su consumo. Habla con tu hijo sobre las consecuencias de la ingesta de alcohol.

 

Al igual que en los demás puntos de este decálogo, debes negociar con tu hijo o hija las reglas relativas al consumo de alcohol durante sus salidas de fin de semana, partiendo de un hecho incuestionable: en la mayoría de los países la ley prohíbe la venta y el consumo de alcohol a menores de 18 años. De igual modo, todos los expertos de la OMS y demás organismos oficiales consideran que en menores de 18 años cualquier consumo de alcohol, por pequeño que sea, resulta siempre desaconsejable.

 

Otro aspecto que puede ser objeto de negociación de cara a las salidas de fin de semana es el que se refiere a la disponibilidad del dinero de bolsillo. Los niños y los adolescentes aprenden a administrar el dinero sólo si pueden disponer de pequeñas cantidades con carácter regular. Administrar esa cantidad fija semanal o mensual con la cual debe afrontar gastos diversos (salidas, pequeñas compras, transportes…) les facilita también la asunción de responsabilidades. Evidentemente, la cantidad se debe corresponder con el presupuesto familiar y debe adaptarse a la edad y las aptitudes del adolescente para hacer un uso adecuado del dinero.

 

9. Transmitir información sobre los riesgos

 

El noveno punto de este decálogo incide en la necesidad de transmisión de información acerca de los riesgos que entraña el consumo de alcohol y otras drogas así como las circunstancias en que éste se produce. En este sentido, los padres deben ser realistas y modestos. No está en sus manos suprimir totalmente los riesgos, aunque sí trabajar para crear un contexto susceptible de disminuirlos: dándoles informaciones que les ayudarán a hacer elecciones acertadas, favoreciendo la adquisición de competencias que les permitirán mejorar su comportamiento y ayudándoles a tomar conciencia de las consecuencias de sus decisiones personales. Una vez más hay que recordar que se trata de una tarea educativa que requiere un trabajo a medio y largo plazo.

 

10. Finalmente, abordar el problema como una cuestión de confianza

 

La síntesis de todos los puntos anteriores podría ser que tu hijo adolescente necesita tener personas alrededor en quienes confiar, que le quieran incondicionalmente aunque se equivoque o se salte las normas, que le pongan límites para que aprenda a evitar peligros o amenazas, que le sirvan de modelo en su comportamiento, que aprenda a desenvolverse solo para ayudarle a crecer; personas con las que comunicarse para contarles todo aquello que le asusta o le inquieta, para reconocer sus emociones y expresarlas con la seguridad de encontrar apoyo.

 

En cuanto a tu tarea como padre o madre, la hemos resumido en una búsqueda constante de equilibrio entre las legítimas aspiraciones de autonomía de los adolescentes y las no menos legítimas obligaciones de proteger y cuidar a los hijos. Este equilibrio se ha sustentado fundamentalmente en el pilar de la negociación considerando que esta técnica educativa está tan lejos de la imposición como de la claudicación. Por tanto, negociar supone eliminar de nuestro vocabulario ese “¡Aquí no se habla más!”, pero sin que eso suponga renunciar a establecer unas reglas que consideramos ineludibles para su seguridad.

 

Ahora bien, dicho todo lo anterior, la clave para abordar adecuadamente el tema que nos ocupa es tratarlo como lo que es: una cuestión de confianza.

 

El artículo completo lo puedes leer aquí 

 

 

 

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