Camila Sandoval - ElMercurio.cl
01.09.2014

 

Carmen, mamá de Elisa Oyarzún, de 13 años, reconoce no ejercer ningún control en el horario en que su hija puede usar el teléfono inteligente. “Pero a veces me asomo a su pieza de noche: si está su luz apagada y ella está usando el celular, hago que lo guarde”.

 

No obstante, Elisa hace el esfuerzo de no conectarse más allá de las doce, para no tener sueño al otro día. “En la noche converso con mis amigas por WhatsApp, reviso Facebook y uso una aplicación para leer libros. Una vez me quedé hasta las 2 de la mañana”, cuenta.

 

Entre los adolescentes, las horas de la noche parecen ser el momento de mayor actividad en las redes sociales. Aparentemente dormidos, se esconden bajo las sábanas de su cama para seguir usando sus teléfonos, tabletas y computadores.

 

Una tendencia que fue bautizada en Estados Unidos como “vamping”, de vampire (vampiro) y “texting” (enviar mensajes de texto). En Instagram, Tumblr y Twitter se puede ver cómo los jóvenes etiquetan sus fotos, sus estados y sus comentarios con el concepto #vamping. Aunque en América Latina este es un término relativamente nuevo, ya tiene su versión en español: #insomnio y #desvelados.

 

“El fenómeno por sí solo ocurre hace un tiempo, pero ahora experimenta un rápido crecimiento. Se puede ver en casi todos los niveles socioeconómicos”, dice Valeria Rojas, neuróloga infantil y presidenta del Comité de Medios y Salud de la Sociedad Chilena de Pediatría.

 

La recomendación médica para los adolescentes es dormir nueve horas como mínimo para asegurar un desarrollo saludable. Las consecuencias de no hacerlo son irritabilidad y pérdida de concentración.

 

“La falta de sueño puede desencadenar algunos síntomas que a veces se confunden con el déficit atencional, y eso hace que los padres consulten a un médico. A su vez, la luminosidad de la pantalla altera la generación de melatonina, que garantiza un sueño reparador, lo cual ocasiona pesadillas”, señala Rojas.

 

Existen dos razones que explicarían este fenómeno de desvelarse a causa de las redes sociales, opina Elías Arab, psiquiatra del Centro de Adolescentes y Jóvenes de Clínica Las Condes. La primera es que la noche les permite a los adolescentes una conversación más íntima con los otros, y la segunda es que no quieren quedarse fuera de su grupo de amigos, y para ello deben estar al día con los temas de conversación que en ese horario se dan en WhatsApp y en Facebook.

 

“Muchos adolescentes reclaman que no tienen tiempo para alcanzar a sus amigos en los videojuegos o que deben contestar sus mensajes inmediatamente, a cualquier hora”, comenta Arab.

 

Ambos especialistas concuerdan en que los padres deben poner límites a sus hijos y predicar con el ejemplo, como sacar el teléfono del dormitorio y cargarlo apagado.

 

“También deben inculcar la importancia de las relaciones cara a cara; de otro modo, los hijos establecerán relaciones superficiales con sus amigos y familiares”, recomienda Arab.

 

El problema, opina la neuróloga Valeria Rojas, es que “la ciencia todavía no descubre cuál será el efecto que tienen estos aparatos en los cerebros de niños y adolescentes”.

 

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LaFamilia.info
29.07.2013

 

En nuestra encuesta del mes, les preguntamos a los lectores cuál era la etapa más difícil en la crianza de los hijos, a la que respondieron en su mayoría, que era la adolescencia; seguida de la preadolescencia, la primera infancia, la juventud, y por último la escolar. Por eso, hemos elaborado algunas recomendaciones que les serán de ayuda a los padres con hijos adolescentes.

 

Lo primero: informarse

 

Cada etapa tiene sus “luchas” con relación a la crianza, pero es la adolescencia la que resulta más retadora para los padres, precisamente por los cambios hormonales que influyen en el plano físico y emocional de los chicos. De ahí que para aprender a manejar las posibles situaciones difíciles, es determinante conocer a fondo lo qué es lo que ocurre en la adolescencia, de esta manera se partirá del conocimiento y la compresión. El primer paso entonces es informarse y prepararse, incluso mucho antes de que los hijos se conviertan en plenos adolescentes.

 

El porqué del comportamiento

 

“A veces, se muestran irreflexivos, se angustian, o entran en pánico. Su conducta resulta algo extraña y muchas veces ´desconcertante´...” A muchos padres se les puede hacer familiar esta descripción de la autora Carmen Gómez, pero todo tiene un porqué. La autora destaca tres elementos que explican dicho comportamiento:

 

La angustia: es uno de los fenómenos más frecuentes en el adolescente. Esta angustia a veces se expresa en forma de miedos, o de sentimientos de extrañeza, o en “nostalgias”. Otras veces se elabora en forma de rebeldía, depresión, soledad... etc.


La inseguridad: Junto a la angustia, e inseparable de ella, surge la inseguridad. El adolescente se nota incierto ante sí y ante lo que le rodea, por eso es ambivalente frente a la mayoría de las cosas.


La introversión: La inseguridad y la angustia, unidas a su capacidad de conceptualización, conducen al adolescente a un “meterse en sí mismo”. Se vuelve introvertido y se plantea una serie de cuestiones acerca de él mismo: ¿Quién soy yo?, ¿qué quiero?, ¿adónde voy? No le resulta fácil contestarse: no se comprende a sí mismo y por eso piensa que los demás tampoco le comprenden. Esto lo desanima, duda de sí, se siente inseguro y todo ello contribuye a que se aísle (se encierra en su habitación, por ejemplo).

 

Manejar la autoridad asertivamente

 

Los padres no pueden perder el miedo a exigir y a ejercer la autoridad en la familia, pero sin perder el cariño, la cercanía, la comunicación y la alegría. Por lo tanto no se necesitan gritos, ni amenazas, basta unas palabras firmes para dar una orden. Se debe evitar a toda costa “salirse de casillas”, ser irrespetuosos al corregirles, e igualarse a su comportamiento inmaduro; de ser así, los padres perderán toda autoridad. Tampoco se debe hacer lo contrario de lo que se le exige a los hijos; hay que ser coherentes.

 

Los límites y normas deben estar más presentes que nunca, es ahora cuando más las requieren. También se les debe asignar deberes, es la única forma de que aprendan a ser responsables y a valorar el esfuerzo.

 

Comunicación, la mejor herramienta

 

Es usual que los padres les hablen mucho a sus hijos y les escuchen poco. Escuchar sus opiniones, sentimientos, alegrías y dificultades constituye un aspecto determinante para lograr la confianza del adolescente porque constituye el verdadero diálogo.

 

 

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Teresa Arnaboldi – HacerFamilia.net
08.01.2013

 

El consumo de bebidas energéticas y sus sucedáneos se hace cada vez más común entre los jóvenes. No existe regulación alguna para su venta a pesar de que el abuso de ellas puede producir trastornos en la salud.

 

Debido a las leyes de protección a los menores de edad, los jóvenes están buscando alternativas para estimularse a la hora de salir en la noche. Una de estas opciones son las bebidas energéticas y sus derivados, que proliferan día a día y que también son usados para pasar de largo las noches estudiando. A raíz de este nuevo mercado de compradores, hoy se pueden ver sucedáneos de las bebidas como chicles, polvos que se mezclan con agua, shots energéticos e incluso versiones light de las gaseosas.

 

Sin embargo, es importante aclarar que estas bebidas no serían energéticas, sino que bebidas euforizantes o estimulantes. Al respecto, los especialistas coinciden en que es el abuso y consumo excesivo el que podría provocar problemas en el organismo, pero no su consumo aislado, ya que el contenido de cafeína de una lata de 250 ml. corresponde tan sólo a 80 miligramos, que es lo mismo que una taza de café de cafetera de filtro. Ello está lejos del mito popular que dice que una lata es más que cuatro tazas de café expreso. Según Héctor López, cardiólogo de la Clínica Santa María, sobre un consumo de 400 mg. empiezan a aparecer los efectos colaterales.

 

El mito del esfuerzo físico

 

El doctor Jordi Sapena de la Universidad Central de Barcelona del Centro Médico Teknon -fundación que ha realizado estudios científicos- ha señalado en distintas publicaciones, que hay que distinguir entre las bebidas energéticas que proporcionan energía, agua y sales minerales que se consumen durante el esfuerzo físico, y las bebidas estimulantes o euforizantes mal llamadas “energéticas” que contienen sustancias psicoestimulantes.

 

Éstas disminuyen la sensación y la percepción de fatiga física y mental por parte de quien las toma, pero el esfuerzo físico que se hace es el mismo. Entonces, al disminuir la percepción de cansancio, se puede someter al organismo a esfuerzos superiores a los que tolera cada individuo. Es por esto que no se debe confundir las bebidas estimulantes con las bebidas energizantes para los deportistas. Para estas actividades las más indicadas son las isotónicas. Su función es mejorar la absorción de agua y suplementar las pérdidas de sales minerales y azúcares que se producen durante el ejercicio físico.

 

En Chile, las marcas de bebidas energéticas auspician campeonatos de deportes extremos para que se las asocie con actividades físicas como son los rallys, torneos de snowboard, skate, surf y otros eventos.

 

Entre los efectos secundarios más habituales del abuso de las “energizantes” se encuentran: aumento de la presión sanguínea, mareos, incoordinación motora y la sensación de ansiedad e inquietud. A estos efectos se añade la fatiga intensa tanto física como psíquica que aparece una vez pasado el efecto estimulante de la bebida. “Puede producir aumento de taquicardias en personas con riesgos al corazón, incluso arritmias, insomnio y temblor muscular si las cantidades son importantes”, agrega el doctor López.

 

El cardiólogo añade que la recomendación a nivel mundial de la cafeína es que no la tomen los niños y los adolescentes si es que la consumen, que sea en cantidades mínimas. “La cafeína es un alcaloide y en su exceso puede producir dos fenómenos: adicción, ya que si no se toma, los individuos se sienten inquietos, y también puede producir dependencia, que significa que la persona necesita cada vez más cantidad para no tener la sensación que se produce cuando se deja de tomar”, explica.

 

Efectos colaterales de una mezcla dañina

 

Para los jóvenes se está haciendo habitual mezclar bebidas “energéticas” con alcohol y el efecto que se produce al abusar de estas mezclas es altamente nocivo. Lo estimulante de la cafeína neutraliza temporalmente los resultados depresores del alcohol, lo que produce una disminución de la sensación de embriaguez y lleva muchas veces a consumir cantidades de alcohol superiores a las que el organismo está preparado para asumir y metabolizar en condiciones normales.

 

“El individuo que abusa de la ingesta de los combinados de alcohol y bebidas estimulantes puede no ser consciente de su estado etílico y, por ello, creerse apto para realizar tareas para los que no está preparado, como la conducción de vehículos, el manejo de maquinarias o actividades de riesgo. El alcohol también potencia la acción diurética de la cafeína, habiéndose reportado casos de deshidratación intensa con estos combinados”, dice el doctor Jordi Sapena.

Héctor López agrega que cuando se juntan estas dos sustancias en exceso, se suman los efectos colaterales del alcohol con la cafeína, lo que genera que haya mayores posibilidades de tener taquicardias, además se puede producir gastritis o inflamación del estómago.

 

La última alarma sobre este tema la dio la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos, quien alertó a cuatro compañías y les exigió retirar del mercado sus bebidas energizantes, por considerarlas un problema de seguridad pública.
 Las marcas vedadas incluían alcohol en su preparación, o sea un depresor y un potente estimulante, que puede provocar lo que se denomina como el estado de wide-awake drunk o un estado de borrachera despierta. Las marcas aludidas fueron: Core High Gravity HG, Lemon Lime Core Spiked, Moonshot, Four Loko y Joose and Max.

 

Para decidir prohibir las bebidas con cafeína y alcohol, la FDA revisó literatura científica para ver los efectos de las sustancias juntas, consultaron a expertos y realizaron análisis de laboratorios. Un estudio publicado en la revista “Addictive Behaviors” demostró que las personas que bebían alcohol mezclado con bebidas energéticas eran tres veces más propensos a abandonar un bar altamente intoxicados y tenían cuatro veces más probabilidades de tratar de manejar, que los clientes de bares que bebían sin cafeína.
Otro estudio publicado en la revista “Alcoholism: Clinical & Experimental Research” dice que que el alto consumo de bebidas energéticas se asoció con la dependencia del alcohol y su consumo excesivo.

 

Chicles energéticos

 

Hace unos meses se reportó en Italia un caso grave de alteración física en un adolescente causada por “chicles energéticos”. El joven entró en el servicio de urgencias de un hospital muy agitado y agresivo y aseguró que no había ingerido drogas, pero sentía malestar abdominal, dolor al orinar y picor en las piernas. Los médicos que examinaron al joven encontraron elevada presión arterial, agitación en el ritmo respiratorio y un excesivo ritmo cardiaco.

 

La madre del joven descubrió dos paquetes vacíos de “chicles energéticos” en su mochila e informó de la situación al hospital. El joven reconoció que se había comido todos los chicles en apenas cuatro horas. En total consumió 320 mg. de cafeína, que es el equivalente a cuatro tazas de café. Algunos días más tardes, este joven presentó un ritmo cardiaco bajo, síntomas de somnolencia y se desenvolvía con reflejos retardados. Casi una semana después, el joven ya se encontraba completamente recuperado.

 

Hace poco tiempo aparecieron en Chile estas gomas de mascar que son de absorción sublingual, lo que permite una absorción más rápida de la cafeína en el organismo. Cada chicle equivale a dos latas energizantes. El último que apareció se llama “L.A. Fuel”, importado desde la República Checa. El envase contiene 7 unidades sin azúcar y con sabor a menta. Un paquete de estos chicles equivale a consumir 14 bebidas energéticas.

LaFamilia.info
17.03.2014

 

Preocupante y muy peligrosa resulta la nueva moda que acecha a los adolescentes y jóvenes de hoy. Consiste en autolesionarse para “aliviar” un sufrimiento emocional. Problemas de fondo como baja autoestima, falta de atención paterna y ansiedad, serían algunas de las causas.

 

Lo que antes era una práctica de los denominados “Emos”, ahora es una moda de los jóvenes comunes y corrientes. Organizaciones internacionales indican que el cutting (de «cutter», cuchillo) se presenta en chicos de 13 a 21 años de edad, y sostienen que un factor que agrava la situación es la cantidad de información que hay en la web -les explican con lujo de detalle cómo hacerse los rasguños o cortes superficiales en distintas partes del cuerpo-. Cabe anotar que la mayoría de los chicos no se cortan con la intención de suicidarse, sino que son “llamados de atención”. Pero, ¿qué buscan con ello? En LaFamilia.info consultamos varias fuentes y esto fue lo que encontramos.

 

¿Por qué lo hacen?

 

Los adolescentes se cortan por varios motivos, los cuales se pueden sintetizar en tres principales: baja autoestima y problemas emocionales; entorno familiar o situación puntual difícil (muerte o enfermedad de un ser querido, divorcio de los padres, cambio de residencia o de colegio…); y por último, presión social.

Por lo general los chicos que se autolaceran tienen síntomas depresivos e inseguridad, y presentan una clara incapacidad para manejar las emociones y asimilar las frustraciones, por eso al no poder exteriorizar el dolor, la rabia, la soledad y los temores, se lastiman el cuerpo.

 

Este acto evidencia además un deseo inminente de llamar la atención. “Las personas que se cortan a veces dicen que sienten que no encajan en ningún sitio o que nadie las comprende.” Anotan los expertos de KidsHealth.org. En este caso habría que analizar el entorno familiar: la relación que tiene el joven con sus padres, el tiempo que comparten juntos, el afecto que le demuestran, la forma de comunicarse (palabras hirientes, rudeza, juicios que afectan la autoestima del hijo); así como una tendencia a la sobreexigencia en el estilo educativo paterno.

 

El psiquiatra Mario Torruco Salcedo, añade que una causa común de las autolesiones es la dificultad para controlar los impulsos. “Todos hemos tenido, alguna vez en la vida, ganas de golpear a alguien o ganas de golpearnos, pero no lo hacemos, esto se debe a que la parte de nuestro cerebro que está encargada de filtrar y controlar nuestros impulsos deja que se realicen únicamente ciertas conductas, las que no nos producen daño a nosotros mismos o a otras personas, y las que están “socialmente aceptadas”. Sin embargo, en algunas ocasiones este filtro no funciona adecuadamente, y es entonces cuando realizamos conductas inapropiadas”.

 

Y añade: “En el caso de los adolescentes, la parte del cerebro encargada de filtrar y controlar los impulsos no está totalmente desarrollada. Las emociones están a flor de piel, todo se siente con mayor intensidad”, indica el especialista en declaraciones a la agencia EFE.

 

¿Presión social para cortarse?

 

Durante la adolescencia, el círculo social cumple un papel primordial. El joven es y se reconoce a través de las relaciones que sostiene con sus semejantes. De ahí que el adolescente sienta temor al rechazo como a nada en el mundo, temor que los lleva a ceder fácilmente a las insinuaciones de su grupo de amigos.

El carácter, la confianza en sí mismos y la determinación, son cruciales en esta edad, pues serán las herramientas que le ayudarán a tomar decisiones acertadas y evitar caer en conductas autodestructivas.

 

¿Qué hacer?

 

Cuando un padre de familia descubre que su hijo se está lastimando de esta forma, lo recomendable es hablar con él de inmediato, escucharlo sin presionarlo ni juzgarlo, y saber por qué lo hace. Es importante además un acompañamiento de un profesional, ya sea un sicólogo u orientador familiar para encontrar las verdaderas causas y trabajar sobre ellas para superarlas, evitando así que se agraven en la etapa adulta.

 

 

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Por LaFamilia.info
08.10.2012

 

 

20120810

 

La adicción a las drogas es una situación que se puede y debe prevenir desde la familia, en buena parte; sin descartar que la sociedad y otros factores tengan injerencia en ello. Por esta razón se recomienda a los padres no desentenderse del tema y asumir una posición activa ante esta realidad.

 

Este, como muchos otros aspectos educativos, se debe trabajar de manera preventiva -desde la primera infancia- y no cuando se ha convertido en un hecho real, lo cual dificulta la solución del problema. Claro está que cada etapa evolutiva tiene un nivel de complejidad que marca unas características y necesidades, lo importante es que al llegar la adolescencia ya se haya realizado todo un trabajo al interior de la familia. Estas son algunos pilares para prevenir el consumo de drogas.

 

Conocer a los hijos


Es el primer paso y determina algunas de las actuaciones de los progenitores. Cada hijo es diferente, por consiguiente los padres deben conocer sus particularidades y así poder impartir asertivamente los objetivos educativos para cada uno, aunque se deben conservar unas reglas y condiciones generales en el hogar.

 

Trabajar la autoestima


Desde el conocimiento de los hijos, los padres deben potenciar las fortalezas y trabajar las debilidades, ejercicio que genera en ellos confianza en sí mismos y los hace sentir fuertes ante los demás; este es el resultado del equilibrio en la balanza entre lo positivo y lo negativo de cada quien. Una sana autoestima es una especie de “blindaje” ante los ataques y rótulos tan dados a presentarse en las aulas; también es una herramienta que da criterio ante las opiniones de los otros para defender las propias convicciones. Y juega un papel fundamental en la aceptación grupal que tanta importancia adquiere en la adolescencia.

 

Reforzar la voluntad y el autocontrol


No todos tenemos la predisposición a las adicciones, pero es importante tener claro que esto puede suceder. Tiene entonces un valor importantísimo el ejercicio de la voluntad y el autocontrol. La voluntad genera la fuerza interior necesaria para luchar contra una situación no conveniente, lo mismo sucede con el autocontrol, el cual regula los impulsos y previene situaciones de riesgo.

 

Comunicación y confianza


Es un binomio inseparable; la relación padres-hijos y viceversa debe construirse bajo estos dos conceptos. Lo uno lleva a lo otro, es decir, una relación que se construye bajo la confianza, abre las puertas del diálogo. A su vez, la comunicación está vinculada a la escucha activa por parte de los padres, la cual hace que los hijos se sientan valorados y a su vez sepan que es la familia es lugar óptimo para resolver dudas sobre este y otros temas de riesgo.

 

Dentro de este diálogo, está el deber de los padres de hablar con sus hijos de los daños físicos y emocionales que genera el consumo de las drogas. Atrás debe quedar la idea que esta es una situación penosa y difícil de enfrentar, pues es una enseñanza de competencia exclusiva de los padres. La información dada en los colegios es un complemento, no es suficiente.

 

Como sabemos, la prevención es una misión de todos: familia, escuela y sociedad; no obstante es la primera la que se encuentra en nuestras manos y depende de nosotros, las demás son factores externos. Desde la familia se puede hacer mucho para evitar que los hijos tomen el camino incorrecto.

 

 

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