LaFamilia.info
27.08.2012

 

 

A medida que los hijos crecen, van demandando más zonas de autonomía e independencia, hasta llegar a la etapa de la adolescencia en la cual estos deseos, se hacen más fuertes y se convierten en manifestaciones de su propia naturaleza.

 

La adolescencia es un momento de cambios físicos, intelectuales y emocionales que provocarán situaciones de dificultad. No obstante, es la época en donde las personas más necesitan de una figura de autoridad asertiva, acompañada de amor, escucha y comprensión. ¿Hasta dónde respetar la libertad del adolescente sin dejar de velar por su bienestar?

 

La confianza como herramienta

 

La formación genera confianza; y es ésta, la base fundamental del proceso educativo de los hijos. Cuando se ha educado con firmeza y cariño desde las primeras edades, los padres adquieren esta herramienta la cual les permite confiar en sus hijos, y ellos a su vez, en sus padres.

 

La confianza genera la oportunidad de negociar lo que es negociable, situación que favorece la relación paternal, puesto que los hijos se sienten importantes y escuchados en la toma de decisiones. De esta manera, se desarrolla en el inconsciente del adolescente, un sentimiento de culpa al fallar a esa confianza depositada por los padres. Asimismo, la confianza tiene otro ingrediente: la sinceridad, la cual se construye enseñándole a los hijos a decir siempre la verdad por grave que sea. Esta actitud es el resultado de la confianza que se ha construido en los hijos.

 

Sin embargo, la confianza no es sólo una actitud de los padres, es también un estímulo que los hijos deben ganarse demostrando buen comportamiento, obediencia, respeto, acato de la norma, etc.

 

El manejo de la autoridad

 

Al hablar de este tema, vale aclarar que la autoridad es un deber de los padres y por lo tanto, no se debe ver desplazada por las pretensiones del adolescente. Pero tampoco se pueden negar las necesidades que posee este ciclo y la realidad de “dejar ser” a los hijos, quienes ya emprenden su propio rumbo.

 

Una de esas principales características de la adolescencia, es la necesidad de la independencia. Es normal que a esta edad, los chicos quieran pasar más tiempo con sus amigos que con su familia, y esto no tiene porqué ser tomado como un desaire o rechazo por parte de los jóvenes. Lo importante es velar para que los valores permanezcan como protagonistas de la educación y se busquen espacios de reunión familiar, los cuales obviamente, serán pocos comparados a los que se vivían cuando eran unos niños.

 

No quiere decir por tanto, que los hijos disfruten de plena autonomía y libertad cuando aún no se está preparado para tomar las riendas de su vida. Los padres están en la obligación de negar un permiso, de exigir respeto, etc. sin dejar de lado el espacio propio que los adolescentes solicitan.

 

La prudencia de los padres

 

David Isaacs le dedica unas cuantas páginas a la virtud de la prudencia en su libro Virtudes para la convivencia familiar. En estas líneas explica que la prudencia es la que facilita una reflexión adecuada antes de enjuiciar cada situación:

 

“Los padres que desarrollen esta virtud estarán en mejores condiciones de ver con claridad lo que buscan y encontrar, luego, las vías adecuadas a estos fines y determinar, así, la actuación correcta. (…) La imprudencia –que incluye la precipitación, la inconsideración, y la inconstancia- está muy relacionada con la falta de dominio de las pasiones. La imprudencia puede llevar a los padres a prejuzgar a sus hijos o a encasillarlos.”

 

Del mismo modo, la prudencia en la educación del adolescente, invita a los adultos a respetar las características y necesidades del joven, por ejemplo: cuando quiere estar solo, cuando no quiere hablar, cuando ríe a carcajadas o cuando llora hasta el cansancio. Por eso es un error burlarse del hijo adolescente o hacer charlas sobre él delante de otras personas, creándole inseguridad y malestar.

 

La toma de decisiones

 

Desde que los hijos son pequeños, los padres deben permitir que ellos tomen algunas decisiones teniendo en cuenta su edad y nivel de dificultad que está dispuesto a asumir, con el fin de que vayan formando conciencia de las consecuencias de los actos y la importancia de pensar antes de actuar.

 

En el caso especial de los adolescentes, el autor David Isaacs explica: “Hay dos criterios principales que ayudan a determinar los campos en que los padres deben seguir tomando las decisiones. Me refiero a decisiones que pueden conducir al hijo a una situación de peligro físico o moral innecesario. Por lo demás, será bueno favorecer la toma de decisiones por parte del hijo, siempre teniendo en cuenta los criterios mencionados anteriormente.”

 

Es fundamental entonces que los padres tomen conciencia de las condiciones de su hijo adolescente, de las necesidades normales de la edad y de los valores inquebrantables del hogar. Teniendo esto claro, la relación con el hijo adolescente fluirá mejor y se beneficiará la convivencia familiar.

 


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Por LaFamilia.info 

 

20162706adFoto: Pixabay

 

No hay duda que las generaciones modernas van a un ritmo más acelerado de lo que se acostumbraba anteriormente; y es lo que sucede hoy con los “noviazgos” a tempranas edades. Una realidad para la que ni padres ni hijos, se encuentran preparados. ¿Qué hacer ante esta situación? En LaFamilia.info te orientamos al respecto.

 

Una mirada al entorno

 

Son muchos los fenómenos que pueden estar acelerando los procesos naturales que deben ser vividos en cada etapa de la vida, pero tal vez los más contundentes, son aquellos relacionados con el avance tecnológico y los medios de comunicación, los cuales imprimen en el mundo moderno, un ritmo tan vertiginoso que se sale de control. A esto hay que sumarle, el bombardeo constante de mensajes que los niños reciben a través de dichos medios, gran parte de ellos, emitiendo “modelos” poco aptos para su formación ética, precisamente en una edad donde el criterio aún se halla en formación, obteniendo así unos jóvenes desorientados y confusos.

 

De igual forma, la soledad de los niños y jóvenes, la descomposición de las familias, el poco tiempo del que disponen los padres para estar con sus hijos, la carencia de normas y límites, entre otros tantos, también afectan de forma directa esta situación.

 

Así pues, aparte de reconocer que existen unas condiciones en nuestra sociedad -imposibles de evitar-, la mejor alternativa entonces, es trabajar desde los hogares para que nuestros hijos se enfrenten al mundo con una voluntad firme, un conjunto de valores inalterables, un respeto por la autoridad y una familia que espera en casa rebosada de amor, comprensión, escucha y apoyo.

 

¿“Noviazgo” adolescente?

 

La adolescencia es una etapa de intensos cambios corporales, emocionales e intelectuales. Es una constante montaña rusa de emociones y sentimientos, por ello sus manifestaciones agresivas o afectivas al extremo. Es aquí donde las hormonas se vuelven inquietas y los jóvenes comienzan a vivir sensaciones hasta el momento desconocidas, como por ejemplo la atracción sexual.

 

Partiendo de esta base, se podría decir que lo que se presenta a estas edades no es propiamente un noviazgo; más bien es un estado de “enamoramiento” que se limita a una atracción física, la cual puede ser confundida fácilmente con el verdadero amor y llevar a consecuencias irreversibles en la vida de los adolescentes.

 

Decimos pues que el auténtico noviazgo, es aquella relación entre un hombre y una mujer, en donde su vínculo de amor, los lleva a vivir un tiempo de maduración para culminar en su fin principal: el matrimonio. Por tanto, hablar de algo de tanta envergadura como el compromiso marital a los quince años, es algo salido de contexto.

 

“El noviazgo en los jóvenes, suele ser una relación muy inestable, que se ve afectada por la inexperiencia propia de la juventud. También influyen terceras personas que juzgan, presionan, imponen, prohíben, etc. Por lo general, los noviazgos adolescentes no son duraderos, por la misma inestabilidad física y emocional de los jóvenes, que muchas veces lo hace insostenible. (…) El inconveniente de la adolescencia, es no saber lo que se quiere, y sin embargo quererlo a toda costa, aquí y ahora, sin fijarse en el tiempo y circunstancias.” Explica el autor Francisco Gras de Micumbre.com, “El noviazgo explicado a los hijos adolescentes”.

 

¿Prohibir, aceptar, vigilar… qué hacer?

 

Como es apenas comprensible, algunos padres entran en pánico cuando se enteran que sus hijos de doce o trece años han iniciado una relación de noviazgo, otros reaccionan de forma agresiva, llegando incluso a tomar posturas extremas como prohibir la relación o imponer drásticos castigos, mientras que otro grupo de padres, opta por darle de largas a la situación e ignorar por completo lo que sucede con los hijos. Ah… y no ha de faltar aquellos que alcahuetean o aprueban estos noviazgos prematuros.

 

Todos los casos anteriores, no son la mejor forma de afrontar la situación. Cuando los padres se inclinan por la prohibición sin dar argumento alguno, se causa el efecto contrario: el noviazgo se hace aún más atractivo y se abre el camino para que los episodios de rebeldía y/o desafío de la autoridad paterna, se hagan presentes. Al mismo tiempo, el castigo tampoco es la solución, pues el problema no está en enamorarse, sino en la ausencia de unas condiciones necesarias para ello. En cuanto a “hacerse el de la vista gorda” frente algo tan trascendental, será un silencio que hará tanto daño como el mismo castigo. Con relación a aprobar este tipo de noviazgo, es algo que corresponde a los amigos de los hijos, no a los padres, quienes deben brindar las orientaciones adecuadas desde su óptica de responsabilidad y madurez.

 

Lo que los padres deben hacer, es enseñarles a sus hijos a dominar sus impulsos y deseos, deben ayudarles a fortalecer su voluntad, a identificar las consecuencias de cada acto, a valorar su cuerpo como su mayor tesoro, a respetar la integridad de la otra persona, a ser asertivos y fomentar su autoestima, a saber enfrentar las presiones externas (amigos, publicidad, series, películas, música, etc.) Asimismo, se les debe explicar que cada cosa tiene su debido tiempo, se debe vivir lo propio de cada etapa, sin adelantarse al curso natural.

 

Para ello, los padres han de utilizar el diálogo como su mejor aliado, conversar con sus hijos de este tema con mucha naturalidad, y tal vez anticiparse, antes de que los hijos busquen información en otras fuentes, la mayoría de ellas erradas. A través de estas charlas, se les debe advertir sobre los peligros que asumen con un noviazgo anticipado y las consecuencias de iniciar una vida sexual temprana, como puede ser un embarazo no deseado, la dificultad para lograr proyectos profesionales, enfermedades que comprometen los sueños de cada quien, la materialización del cuerpo –promiscuidad-, etc.

 

Además, los padres deberán valerse de la autoridad con la que fueron dotados, así que en casa deben existir unas reglas claras, firmes y razonables sobre el comportamiento de los hijos en relación a sus noviazgos. También es importante expresarles cariño a los hijos, que se sientan comprendidos, apoyados, amados y bienvenidos.

 

Para finalizar: “La responsabilidad de los padres en la educación de los hijos, no es transferible, ni negociable. Los hijos son víctimas del silencio de sus padres, pero responsables de sus actos, si no han puesto los medios para informarse bien, de lo que es el noviazgo y los peligros que pudiera conllevar” señala Francisco Gras.

LaFamilia.info
28.09.2009

 

 

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La etapa de la adolescencia implica una serie de cambios de la estructura psicológica del individuo, que se pueden resumir de la siguiente manera:

 

- Descubrimiento de la propia identidad.


- Ambivalencia entre infancia y madurez. Se descubre a sí mismo con rasgos de adulto y rasgos de niño.


- Inseguridad ante la ambigua realidad. Como consecuencia de lo anterior aparece en el adolescente una gran inseguridad en sí mismo.


- Máscaras. Para disimular la inseguridad necesita protegerse, para lo cual usa máscaras de comportamiento, que impiden a los demás darse cuenta de la realidad. Esto es un mecanismo inconsciente.


- Agresividad, como máscara, para proteger la inseguridad.


- Rebeldía, otra máscara. Cada adolescente tiene una forma distinta de ser agresivo. A veces con violencia verbal o de comportamiento y otras en forma de ensimismamiento.


- Necesidad de llamar la atención. Narcisismo. Como manifestación del descubrimiento de su propia realidad. Quiere decir a todo el mundo “yo soy yo”.


- El amparo al grupo. El grupo proporciona refugio a la inseguridad personal y da fortaleza ante la amenaza de los adultos.


- Conocer los límites. La mayoría de los comportamientos de los adolescentes obedecen a una razón: saber cuáles son los límites de los adultos, por eso los someten a prueba haciendo cosas disparatadas.

 

 

 

LaFamilia.info
16.11.2009

 

 

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Una queja común de los padres de adolescentes es que su hijo pasó de ser una persona tierna, amable y buen genio a ser un joven retraído, rebelde y altanero. ¿A qué se debe este drástico cambio?

 

Además de los cambios físicos que suceden en el cuerpo del ser humano en este ciclo, surgen ciertos desajustes en la personalidad que requieren del conocimiento y de la preparación de los padres de familia para saber abordar las situaciones conflictivas que se pueden presentar.

 

Extraemos algunas ideas del artículo publicado en sontushijos.org escrito por Tania Santiago, licenciada en Filología, sobre los principales problemas que se presentan en el interior de un adolescente y cómo actuar al respecto:

 

La autoestima

 

Una de las mayores preocupaciones de los adolescentes es su apariencia. El cuerpo está en pleno cambio, les salen granos… no es de extrañar que los adolescentes pasen tanto tiempo mirándose al espejo. Si tu hijo no es feliz con lo que ve (pocos los son) esto puede mermar su autoestima.

Intenta evitar hacer bromas sobre su físico, y también es un error hacerles pensar que no tiene importancia. Para lo que en tu opinión es una tontería para ellos representa un mundo.

 

Intenta explicarle que la gente apenas nota lo que a ellos dan tanta importancia. Cuanto mejor se sientan los adolescentes con ellos mismos, su autoestima será mejor y tendrán más armas para enfrentarse a los problemas de cada día.

 

Las frustraciones

 

Para algunos adolescentes es fácil vencer las frustraciones, ya sea en el ámbito deportivo, los exámenes o sus relaciones personales, pero para otros puede suponer una grave crisis. Si tu hijo reacciona mal cuando tratas de ayudarle a tratar sus emociones, intenta que entienda sus emociones antes de enfrentarse a un fracaso de forma efectiva.

 

Necesita saber que le apoyas aunque sus resultados académicos o deportivos no sean los esperados. Si tu hijo no consigue los resultados académicos esperados, ayúdale a tener en cuenta que todo el mundo tiene resultados que no se espera alguna vez en la vida y que si se ha esforzado: eso es lo que importa.

 

Los sentimientos

 

Algunos adolescentes, especialmente los chicos, tienen menos facilidad para expresar lo que sienten. La vergüenza, la irritabilidad, la decepción son emociones difíciles de aflorar y a veces solo el enfado es lo único que saben transmitir.

 

Si tu hijo adolescente tiene dificultades para identificar y articular lo que siente, simplemente pregúntale: “¿Estás molesto por algo? ¿Te preocupa algo?” Esto puede ayudar a ambos a identificar lo que siente. Otros encuentran en la actividad deportiva una forma de transmitir sus emociones. Un tercer grupo simplemente necesita espacio para pensar en sus problemas y en sus decepciones.

 

El desorden

 

El desorden es un campo de batalla muy común entre padres y adolescentes. Si te vuelves loco con el abrigo tirado en medio, o las toallas tiradas en el baño, respira profundo y sigue adelante. Simplemente tener en cuenta que no lo hace para molestarnos, es un reflejo de que sus pensamientos están en otra parte.

Su cuarto es su espacio privado y deberíamos respetarlo, incluso el adolescente más desordenado se cansa alguna vez de tanto desorden y decide ordenar de vez en cuando.

 

Consejos para los padres

 

  • - Muchos padres son controladores cuando sus hijos son pequeños, en parte porque toman la mayor parte de las decisiones por ellos, pero esto cambia cuando los hijos crecen y se hacen adolescentes.
  • - Debemos aceptar que no podemos controlarles con órdenes o amenazas que seguramente rechazarán porque están tratando de crecer como individuos, pero nuestro ejemplo puede ser de gran ayuda para que se formen como personas.
  • - No le ignores cuando hable o te trate con desprecio, los padres nos merecemos que nos hablen con respeto y de forma aceptable.
  • - Recuerda que el conflicto y las pequeñas batallas serán algo inevitable, pero establece claramente los límites y negocia gradualmente para ir soltando las amarras.
  • - En lo que sea posible, permite a los adolescentes que tomen sus propias decisiones y que aprendan de sus errores.
  • - Si una regla se rompe, aplicar un castigo justo; cuando actúan como si te odiaran es porque están confundidos o molestos o enfadados por nuestros intentos de controlarles.

Fuente: sontushijos.com

LaFamilia.info
19.04.2010

 

 

musica

 

El reggaetón, el rock, la bachata, el pop, la electrónica, el rap y los demás ritmos contemporáneos que escuchan los hijos, algunas veces transmiten mensajes que no están acordes a nuestros valores o estilos de vida, ¿qué hacer como padres ante esta situación?

 

¿Qué significa la música para los adolescentes?

 

Hay que empezar por revisar el significado que tiene la música para los adolescentes, pues no es sólo cuestión de afinidades culturales o melomanía, sino que hay un trasfondo por investigar.

 

La música es el medio que usan los adolescentes para expresarse, es parte de su identidad y es la herramienta que usan para manifestar sus insatisfacciones con el mundo que los rodea; la música es una fragmento de su universo.

 

Las letras de las canciones son una representación de sus propias vivencias o de las que añorarían tener, pues además la música -al igual que la televisión y la publicidad- también cumple ese papel de “idealización” de una vida basada en “falsos modelos”.

 

Prohibir no es la solución

 

La música es una realidad imposible de abstraer, no podemos criar hijos en esferas de cristal, la sociedad les inserta sin su autorización estos ritmos sin ellos tener opción alguna de participar o no. Desde pequeños escuchan canciones que no son aptas a su nivel de comprensión y menos a su formación personal. Pero sólo durante las primeras edades los padres tienen parte del control, pues una vez crecen, es casi que imposible que no se topen ante esta música inadecuada. Sin embargo, los padres deben orientar a sus hijos, mas no impedir que se desarrollen normalmente en un grupo social.

 

Por tanto, hay que enseñarles a los hijos a reconocer los mensajes que la música nos transmite y que no están acordes con nuestros valores, nuestra educación y nuestra familia. Pero cuidado; hay que ideárselas para invitarlos a reflexionar sobre su música sin caer en discursos tediosos que lo único que logrará será aburrirlos produciendo el abandono de la comunicación.

 

Tampoco es recomendable prohibirles que escuchen sus melodías preferidas, eso sería coartar sus gustos y preferencias, y lo único que se logra en este caso es volverse los enemigos de sus hijos, siendo este el peor error que todo padre puede cometer.

 

¿Puede la música “deteriorar” a los chicos?

 

Como vemos, siendo la música tan importante para los jóvenes y muchas veces inadecuada para su formación, no se puede afirmar tampoco que ésta los "contamine" haciéndolos cambiar rotundamente su conducta.

 

Si en casa han recibido una formación integral rica en valores y principios morales, se cuenta con un ambiente familiar sano, equilibrado, en donde hay normas, límites, disciplina, respeto y está liderado por unos padres amorosos y responsables, la música no tiene por qué hacer estragos en los adolescentes. En este caso, simplemente la música será su hobbie preferido y pasará como una moda pasajera la cual tuvimos todos a su misma edad.

 

Pero, no existe la menor duda, que si en el hogar a faltado una figura materna o paterna que cumpla con los deberes principales de formadores de la persona, es muy posible que la música tenga algún papel influyente en el adolescente. Pues en este escenario, la música hace las veces de mamá, papá o familia cercana que está ausente en la vida del joven.

 

Postura de los padres

 

A los adolescentes hay que hablarles con argumentos, explicarles con razones de peso por qué ese mensaje vulgar y mal trato a la sexualidad -en el caso de algunas canciones de reggaetón-; o la violencia y negativismo -en el rock-; o el lenguaje grotesco –en el rap-; o el ambiente cargado de drogas –en el género de música electrónica-; no es conveniente para sus vidas y vayan desarrollando cada vez más la capacidad de ser autocríticos frente a estas representaciones musicales y también a las diferentes circunstancias propias de la vida diaria.

 

Así que los padres no deben desatender su papel de acompañantes, es fundamental que compartan tiempo con sus hijos, escuchen música con ellos (aunque terminen con dolor de cabeza), vean los videos juntos, se involucren en sus gustos, dialoguen con ellos, en fin, utilicen la música como elemento unificador; claro está que sin caer en exageraciones, es decir, nunca igualarse a ellos simulando que somos sus amigos adolescentes, ese no es el concepto, siempre debemos sostenernos en nuestro papel de padres.

 

Finalmente, el manejo que hagan los papás de este tema, determinará en gran parte, que esta experiencia sea beneficiosa o traumática. Recordemos que cuando los adolescentes son escuchados, se les trata con amor, comprensión y también exigencia, su respuesta será positiva y más cuando ven que sus padres quieren ser sus guías y no sus enemigos.

 

 

 

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