LaFamilia.info
28.09.2009

 

 

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Un preadolescente, por defecto, es un ser distraído, indolente, olvidadizo. Con frecuencia parece ausente y su interés decae con facilidad, tanto en su vida social como familiar, y no digamos en su vida académica. No se lo tome como algo personal, estas actitudes no son del todo voluntarias, vienen provocadas en parte por los fuertes cambios hormonales que sufren los preadolescentes. Habrá que ayudarle a vencerse a si mismo, pero sin olvidar que su aprovechamiento del tiempo no será nunca como el de un adulto. Por eso es importante los padres estén preparados para asumir esta etapa de los hijos y saber afrontar las diferentes situaciones que se suelen presentar, he aquí algunas ideas básicas para los padres de preadolescentes:

 

1. Procure que su hijo tenga modelos

 

Descubra por que personas famosas siente admiración su hijo: un deportista, un actor de cine o un cantante de moda. Cualquiera de ellos tendrá una apretada agenda, llena de compromisos y no pocos esfuerzos y vencimientos personales, que su hijo tal vez no imaginaba. Una buena dosis de realismo le vendrá bien para ir adquiriendo una visión más racional, las personas que viven holgazaneando y a pesar de ello triunfan en la vida son un producto de ficción.

 

2. Sea usted mismo un modelo

 

Su hijo hará lo que usted haga, no lo que diga. Aparentemente los adolescentes no se fijan en sus padres. Nada más lejos de la realidad: saben perfectamente si somos o no puntuales, ordenados, trabajadores, los adolescentes se sienten atraídos por los adultos coherentes, de modo que sirve de poco “predicar” y luego no ir por delante.

 

3. No pierda el tiempo con largos sermones esporádicos

 

Un seguimiento cercano, aunque no agobiante, es más eficaz que una buena reprimenda cada vez que llegan unas calificaciones inferiores a las esperadas. Los chicos necesitan que les recordemos a menudo, con cordialidad pero con firmeza, que es lo que les toca hacer en ese momento.

 

4. Ayúdele a optimizar el esfuerzo

 

Debido a las dificultades propias de esta edad puede hacerse más costoso el trabajo intelectual. Necesita herramientas para aprovechar con eficacia sus ratos de estudio (método, elaboración de esquemas,...) y evitar así los largos ratos sentados delante de los libros, que resulta improductivos y tediosos.

 

5. Intente motivarle con planes que le ilusionen

 

Un partido de fútbol, un programa que le guste (y que sea adecuado), una película en cine o en casa. Siempre es más fácil esforzarse cuando hay una recompensa, y en estas edades la simple satisfacción del deber cumplido no suele ayudar demasiado.

 

6. Mantenga el espíritu deportivo y el buen humor

 

Es posible que en la batalla para conseguir que su hijo preadolescente aproveche el tiempo sufra tantas derrotas como victorias o incluso más; es necesario no desfallecer, no tirar la toalla, porque así él aprenderá también a recomenzar las veces que haga falta, sin desánimos.

 

7. Evite comparaciones

 

Hay que desterrar comentarios como “Fíjate en tu hermana que saca tiempo para recibir unas clases particulares” o “mira a tu amigo Alejo, entrena doce horas a la semana y además saca excelentes notas”. Cada uno es cada uno, y en el preadolescente lo único que provocan las comparaciones es rebeldía y mal humor.

 

8. Busque el equilibrio

 

Busque un equilibrio entre la necesaria flexibilidad y la irrenunciable firmeza en criterios básicos que garanticen un orden: horarios, control de contenidos y del tiempo dedicado al ocio (internet, tv, juegos electrónicos...)

 

9. Asegúrese de que su hijo sabe que usted le entiende

 

A su edad, la escala de valores tiene poco que ver con la nuestra. En nuestras manos está que cada conversación no degenere en discusión. No intentemos agotar los temas, decir la última palabra. Una actitud más conciliadora y abierta resulta más provechosa. Si notan que les comprendemos, aumentará su confianza y tendremos mucho ganado.

 

Fuente: sontushijos.org

LaFamilia.info
08.06.2009
 

 

El Trastorno Bipolar no es sólo para los adultos. Actualmente, es muy común ver adolescentes que padecen este desorden y de no ser tratado a tiempo puede ser muy peligroso para la salud mental del joven.

 

Aunque en la adolescencia es normal que se presenten cambios emocionales como pasar de un estado a otro en pocos minutos, en el Trastorno Bipolar los cambios son más extremos y repetitivos de lo común. Sin embargo, no se alarme si usted observa que el adolescente presenta uno o varios de los síntomas, ésta es una enfermedad que aparece en la niñez o adolescencia pero continúa en la adultez, por lo tanto, no es cuestión de la edad, es un problema sicológico crónico que debe ser atendido profesionalmente.

 

¿Qué es el Trastorno Bipolar?

 

También se conoce con el nombre de Síndrome o Enfermedad Maníaco Depresiva. Es un desorden continúo en el estado de ánimo o humor, que oscila entre extremadamente altos (euforia, manía) y extremadamente bajos (depresión). La gente con Trastorno Bipolar puede pasar rápidamente de manía a depresión y nuevamente a manía.

 

Quienes sufren de este Trastorno, fluctúan entre la alegría y la tristeza, de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.

Esta enfermedad puede afectar a cualquiera. Algunos afirman que se debe a un desequilibrio químico de una sustancia del cerebro. Sin embargo, si uno o ambos padres tienen un Desorden Bipolar, hay mayor probabilidad de que los hijos desarrollen el desorden. La historia familiar de abuso de drogas o del alcohol puede también estar asociada con un mayor riesgo para desarrollar el Desorden Bipolar.

 

Características de los períodos altos (maniáticos)

 

  • - Cambios de humor severos en comparación a otros jóvenes de la misma edad y ambiente: o sentirse demasiado contento, o reírse mucho, o estar demasiado irritable, enfadado, agitado o agresivo.
  • - Imagen poco realista de la autoestima: por ejemplo, el adolescente que se siente todopoderoso o como un súper héroe con poderes especiales.
  • - Energía desmedida: habilidad de poder estar durante días sin dormir y sin sentirse cansado.
  • - Hablar excesivamente: el adolescente no deja de hablar y lo hace muy rápido, cambia de tema constantemente y no permite que lo interrumpan.
  • - Distracción: la atención del adolescente pasa de una cosa a otra constantemente. Les cuesta concentrarse.
  • - Su comportamiento es arriesgado y repetitivo: puede presentarse abuso del alcohol, drogas y sexo.

 

Características de los períodos bajos (depresivos)

  • - Irritabilidad, depresión, tristeza persistente, llanto frecuente.
  • - Pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.
  • - Disminución en la capacidad para disfrutar de sus actividades preferidas.
  • - Quejas frecuentes de malestares físicos, tales como el dolor de cabeza y de estómago.
  • - Nivel bajo de energía, fatiga, mala concentración y queja constante de sentirse aburrido.
  • - Cambio notable en los patrones de comer o de dormir, tales como comer o dormir en exceso.

 

Tratamiento para el Síndrome Maníaco Depresivo

Los trastornos del estado de ánimo, entre los que se incluye el síndrome maníaco depresivo, con frecuencia pueden tratarse de manera eficaz. El tratamiento se basa en una evaluación integral del adolescente y de la familia teniendo en cuenta:

  • - La edad, su estado general de salud y sus antecedentes médicos.
  • - La gravedad de los síntomas.
  • - La tolerancia a determinados medicamentos o terapias.
  • - Las expectativas para la evolución del trastorno.
  • - La opinión de los padres o cercanos.

- El tratamiento puede incluir: medicamentos que estabilicen los estados de ánimo, antidepresivos, psicoterapia, terapia familiar, consulta en la escuela del adolescente, entre otros.

- El rol de los padres es vital en este proceso, gran parte del éxito de éste depende de su apoyo y entorno familiar en que el joven vive.

 

Fuentes: American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, University of Virginia Health System, familydoctor.org

José Luis Sancho Acero
18.05.2009

 

 

 

Los estudios sobre drogas señalan tres grandes grupos de factores que intervienen en el consumo o en la prevención: factores personales, sociales y familiares.

 

La familia centrándonos en el último grupo es un agente clave en la prevención de conductas de riesgo ya que en ella, como ámbito natural de socialización primaria de la persona, se desarrollan los comportamientos, actitudes y valores básicos que el individuo perfeccionará a lo largo de su existencia.

 

La experiencia muestra que las interacciones que se producen entre los miembros de una familia acaban repercutiendo en su funcionamiento general. La piedra lanzada al lago y las ondas que van recorriendo toda la superficie del agua es una socorrida metáfora de cómo actúan las interacciones en el sistema familiar.

 

 

¿Pero cómo puede influir la familia en conductas de consumo de drogas de sus miembros adolescentes? Sin perder de vista que la adolescencia, como etapa evolutiva específica, se convierte en un periodo que favorece la experimentación con sustancias. La percepción de su invulnerabilidad, característica del adolescente, puede inducirle a probar sustancias peligrosas en un estado anímico de aparente control o de ausencia de problemas

Previamente, conviene recordar algunos conceptos sobre la utilización de las drogas.

 

Modelos de consumo


El consumo de sustancias puede responder a los siguientes patrones:

  • - Uso: Consumo que no produce consecuencias negativas en el individuo porque no las utiliza habitualmente o las cantidades ingeridas son mínimas.
  • - Hábito: Consumo repetido que, aunque no implica el incremento de la dosis, sí puede conducir a la dependencia.
  • - Abuso: Uso excesivo o inapropiado de una sustancia.
  • Los adolescentes españoles que consumen drogas se mueven entre el uso y el hábito, y no tienen por qué estar relacionados con el mundo de la marginalidad y la delincuencia, como ocurría en los años ochenta. En la actualidad, el consumidor adolescente de drogas apenas consume heroína, que es la sustancia más estrechamente relacionada con entornos de marginalidad social.

Tipo de sustancias


Según el Plan Nacional de Drogas, en lo que se refiere a las sustancias legales, en el año 2000 un 68'5% de los adolescentes consumió alcohol y un 25'3% tabaco. Entre las drogas ilegales destaca el cannabis con un 28'5% de jóvenes que lo habían probado, seguido de la cocaína y de las drogas de diseño. Frente a patrones tradicionales de consumo, que primaban una sustancia principal en alternancia con esporádicas pruebas con otras, los adolescentes actuales son policonsumidores: suelen ingerir diversas sustancias en función del contexto de ocio en el que se encuentren.

 

Factores de riesgo en las familias

 

Los estudios sobre factores de riesgo asociados al consumo, señalan los siguientes factores relacionados con la familia.

 

Sobreprotección: Exceso de protección por la angustia que sienten los padres ante unos hijos cada vez más autónomos. Ésta produce en el adolescente poca autonomía, irresponsabilidad, escaso sentido crítico y dificultad para tomar decisiones ya que en todo momento va a necesitar la aprobación, deseada o no, de sus progenitores. Un adolescente que acaba asumiendo las consecuencias de esta sobreprotección puede presentar una seria dificultad para establecer relaciones grupales o hacerlo de forma dependiente, porque estará excesivamente vinculado a sus padres o asumirá que él, como individuo, debe ser objeto de aprobación en toda relación y tratará de cumplir expectativas aunque no tengan nada que ver con su escala de valores.

 

Falta de comunicación: Dificultad para escuchar o responder adecuadamente por parte de los padres. El adolescente suele quejarse de lo "poco comprendido" que es por sus progenitores, pero no es a esto a lo que nos referimos cuando hablamos de esa dificultad en escuchar o responder. El problema aparece cuando el adolescente, por su lado, y los adultos, por el suyo, perciben que se mueven en mundos totalmente incomprensibles para el otro. Entonces los padres tienden a establecer un paralelismo continuo entre sus experiencias y las que no acaban de entender en su hijo. La situación genera introversión, inseguridad y ansiedad en el joven puesto que percibe que su mundo emocional es cuestionado constantemente. Que el adolescente asuma esto como natural supondrá dependencia en las relaciones sociales, problemas de integración y excesiva subordinación al grupo ya que necesitará ganar ese lugar que no encuentra en su familia.

 

Dificultad para fijar límites: La permisividad o rigidez de los adultos son igualmente dañinos para el adolescente y aún más nociva será la oscilación entre ambos sin un motivo definido. La permisividad acarrea dificultades para interiorizar normas debido a que la ausencia de ellas en el entorno familiar impedirá, al no comprender su necesidad social, la generalización a otros medios. La rigidez genera falta de flexibilidad en el cumplimiento de las normas o una tendencia a la transgresión de las mismas, además de condenar al adulto a una actividad permanente para normativizar todo. La oscilación entre ambos extremos expone al adolescente a una situación de indefensión, en la que no sabe qué es lo que se espera de él. Esto se traduce en un liderazgo impositivo o en una inhibición relacional, dos extremos desequilibrados y despersonalizantes que impiden que el sujeto se manifieste como realmente es.

 

Situación familiar conflictiva: La relación conflictiva entre los padres produce cambios bruscos de comportamiento e incremento de la ansiedad en los hijos. Aunque el proceso evolutivo del adolescente le lleva a diferenciarse de su familia, ésta sigue siendo -aun por contraposición- la referencia central en su proceso de maduración. Una relación familiar conflictiva conlleva en el adolescente la dependencia del grupo que así intenta conseguir su amparo o la dificultad para establecer relaciones grupales que eviten el compromiso relacional que tanto dolor le causa en su familia.

 

Consumo excesivo de drogas por parte de los padres: No nos referimos exclusivamente a las drogas ilegales, el alcohol consumido por los padres puede ser una importante fuente de problemas en la familia. Asimismo hay que enfatizar que una actitud permisiva o el mismo consumo de sustancias tóxicas en los progenitores puede promover un aprendizaje por modelado y facilitar la incorporación del adolescente a grupos de consumidores.

 

Sobreexigencia: Exceso de expectativas sobre el adolescente. El afán de que los hijos obtengan éxito y logren las mejores oportunidades puede ocultar a los padres las verdaderas capacidades, necesidades y deseos de sus hijos. Y, en consecuencia, quizá estos pueden llegar a sentirse infravalorados. La sobreexigencia favorece la falta de motivación y añade dificultades para aceptar los fracasos. En las relaciones sociales, podría implicar rivalidad porque el joven sometido a sobreexigencia tenderá a pensar que se es bueno si se es mejor que otro.

 

Todos estos factores citados se correlacionan con el consumo de droga pero no lo implican necesariamente. Aun en el caso de que se diesen todas estas situaciones, el muchacho expuesto a ellas no está abocado a consumir, ni tan siquiera a probar, sustancias tóxicas. Es decir, no puede negarse la influencia de los factores de riesgo en el entorno familiar, pero no son los únicos, estos confluyen con otros factores individuales y sociales en el inicio y mantenimiento de las conductas de consumo.

 

¿Cómo proteger dentro de la familia?

 

No existen fórmulas magistrales para evitar el consumo de sustancias en los hijos adolescentes. Cada adolescente es diferente. Nada arreglará que hablemos de las drogas con nuestros hijos si antes no hubo un acercamiento sincero a su mundo emocional y el deseo de hacerles notar que pueden contar con nosotros cuando lo deseen y necesiten. Como dice Jaume Funes "no habrá posibilidad de ayudarles [a los adolescentes] cuando tengan problemas con el consumo de drogas si antes no se les prestó ayuda simplemente cuando tenían dificultades, cuando estaban en crisis"

 

En todo caso siempre podemos reconocer el mayor número de los factores de riesgo en nuestro ámbito familiar y transformarlos en factores de protección:

 

Protección orientada a la autonomía. Estar pendientes para evitar riesgos innecesarios pero pretendiendo que sean ellos los que vayan formando sus propios criterios. Se trata de que nuestro hijo tenga una autoestima alta y equilibrada que le permita desenvolverse sin lanzarse a riesgos innecesarios.

Comunicación. Escuchar desde las necesidades de los adolescentes. Intentar no juzgarles, invitarles a la reflexión y respetar sus decisiones.

Establecer unos límites claros y estables. Ayudarles a ser autónomos no implica permitir que hagan lo que quieran. Los límites producen, entre otras cosas, seguridad.

Coherencia. No podemos pretender que nuestros hijos no consuman sustancias tóxicas si nosotros no somos capaces de no excedernos o de mantener una posición sin ambigüedades al respecto. Los adultos quizá seamos capaces de buscar el equilibrio pero no olvidemos que la adolescencia es una etapa de extremos.

Exigencia. No se trata de pedirles lo imposible, pero tampoco de permitirles desaprovechar sus capacidades e ilusiones.

La información sobre la peligrosidad de las drogas no es suficiente y en ocasiones resulta ineficaz. La labor de los padres ha de estar orientada a establecer vínculos familiares sanos, a ocuparse y no "preocuparse" del ocio de sus hijos e incrementar la autoestima de los adolescentes para que sean ellos, desde su propia seguridad, los que puedan decir: "no".

 

 

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