Por Silvana Ramos / Catholic Link - 26.06.2020

 

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Aceptemos que nos quejamos casi sin parar de las nuevas generaciones. Que el chat, que el celular, que las redes sociales, que si no tienen la tablet el mundo se les acaba y en fin. Poco nos ponemos a pensar en cómo, nosotros, los de las generaciones intermedias, aquellos que o no crecimos con este tipo de tecnología o crecimos a la par de ellas nos estamos comportando, sobre todo frente a nuestros hijos.

 

Qué falta de educación es que estés hablando y no te miren a los ojos mientras preguntas o cuentas algo importante. Ya nos desgastamos enseñándoles a los chicos que se saluda siempre, que se habla mirando a los ojos. Qué fastidio que no entiendan a la primera.

 

Seguro los demás pensarán que son unos mal educados. Y claro al final los que quedan mal somos nosotros los padres. Esos padres que los hemos educado mal. Pero en esta época la cosa es distinta, la culpa la tiene esa tecnología que nos está quitando espacios. ¿Te suena familiar?

 

 

¿Qué es el phubbing y cómo se sienten tus hijos cuando los ignoras?

 

Queja tras queja y como es frecuente solemos mirar al otro, criticar el comportamiento ajeno y reflexionar poco en el nuestro. ¿Sabes cómo se siente tu hijo cuando te está contando algo y tú pareces ignorarlo? Podrías decir que siente lo mismo qué tú cuando te ignoran, pero no es así. Se siente peor, mucho peor.

 

El phubbing es ese comportamiento que se ha generalizado, no solo en los más jóvenes, sino en todos. Sí, en todos, de una u otra manera. Cada vez que preferimos depositar nuestra atención en el celular y no en la persona que tenemos en frente. Todos con un celular en la mano o con cualquier dispositivo, bajo una serie de excusas que creemos válidas terminamos tarde o temprano ignorando a quien tenemos a nuestro lado.

 

Lo más grave sucede cuando quienes se comportan de esta manera son los padres. Aquellos que deberían estar incondicionalmente a su lado, de pronto también van desapareciendo. Y aunque pueda parecer un chiste, está muy lejos de serlo.

 

La comunicación con los hijos

 

Ya de por sí la comunicación con los hijos suele tener sus dificultades como para ponerle aún más. Ignorar a nuestros hijos, es comunicarles que no nos importan. Que nuestro amor por ellos está condicionado al tiempo que nos «sobre». Que hay cosas mucho más importantes en nuestras vidas. Y eso tiene un efecto grande en su autovaloración y autoestima.

 

Podrán creer que es una exageración, pero créanme que no lo es. En edades muy tempranas esta práctica puede dejar consecuencias de las que luego nos arrepentiremos. Por mencionar algunas, los chicos crecerán sin compartir espacios exclusivos entre la familia. Buscarán comunicaciones «hondas» a través de una pantalla, cosa que finalmente afectará el tipo de vínculo y relaciones afectivas.

 

Pueden percibir que un dispositivo es más importante que ellos. Sin mencionar el fomento a la utilización de las pantallas en edades tempranas con las consecuencias que cada día conocemos más. El phubbing suena ahora más peligroso ¿verdad?

 

Cuando tu hijo te hable, deja todo. Míralo a los ojos y préstale atención. No hay mejor tiempo invertido que ese. Lo demás puede esperar siempre. 

 

Hagamos que el phubbing desaparezca de nuestras vidas y esforcémonos por compartir más tiempo de calidad en familia.

 

 

 

 

Por Patricia Benayas/Empantallados.com - 08.06.2020

 

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El teletrabajo era algo que siempre estaba en el aire. Es decir, todo el mundo hablaba de él y sus beneficios pero solo unos pocos lo practicaban. Desde el mes de marzo nos hemos encontrado en una situación sin precedentes: un confinamiento a nivel mundial. Esto ha obligado a que todos nos convirtamos en expertos teletrabajadores a marchas forzadas. Y lo cierto es que la fórmula no resulta sencilla si además hay niños en casa.

 

Así que desde Empantallados nos comparten los siguientes consejos para hacer del teletrabajo una experiencia positiva y mejorar tu productividad. Cada familia es un mundo y no todos estos consejos van a resultar útiles, así que toma lo que mejor se adapte a tu situación.

 

1. Monta tu espacio de trabajo

 

Es muy importante que reserves en casa un lugar que sea tu despacho provisional. Siempre que sea posible, que esté apartado de las zonas de paso donde hay más ruido y que tus hijos (por lo menos, los mayores) tengan claro que no pueden entrar o salir cuando deseen. Recuérdales que llamar a la puerta es una gran costumbre de este siglo.

 

2. Establece un horario

 

Y sobre todo compártelo en alguna zona visible de la casa para que lo conozcan y así evitarás, en la medida de lo posible, distracciones.

 

3. Compartan juntos el descanso

 

Una vez que te hayas instalado en tu despacho, es importante que no te encierres allí para siempre. Recuerda que tus momentos para tomar un café ahora los puedes compartir con tu familia.

 

4. No sufras

 

Habrá días mejores y otros peores, pero los niños seguirán siendo niños y tendrán sus más y sus menos, como nosotros, durante el confinamiento, de modo que cada día es un día nuevo.

 

5. Auriculares para días locos

 

Quizá puede ayudarte utilizar auriculares con música para evadirte un poco y trabajar con ritmo. Si la música te distrae, y el ruido que hay en casa no acompaña, puedes probar con un invento de toda la vida: ¡ponte audífonos!

 

6. Desconecta

 

Cuando acabes de trabajar significa que has terminado de trabajar. Aprovecha esos momentos para relajarte, descansar y seguir disfrutando de los tuyos.

 

 

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Mathilde De Robien/Aleteia.org - 22.05.2020

 

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Aunque en muchos lugares del mundo ha comenzado el desconfinamiento progresivo tras semanas encerrados sin poder salir, para muchos padres el día a día no ha cambiado mucho porque sus hijos todavía no volverán al colegio y ni saben cuando lo harán. Se trata de una situación complicada para todos, niños incluidos.

 

Hace ya dos meses que los padres apenas tienen tiempo para respirar entre las tareas de la escuela en casa, las actividades para entretener a los pequeños, las labores del hogar y el teletrabajo, si es el caso, en compañía de la querida prole.

 

Aunque el periodo de desconfinamiento concede ya algunas libertades adicionales, el agotamiento parental es evidente. Ciertamente, no pasa en todas las familias, explica Moïra Mikolajczak, doctora en psicología y especialista en burn out que invita a imaginar la paternidad como una balanza donde se pone en una bandeja las cosas que aumentan el estrés parental y en la otra las cosas que lo aligeran.

 

En algunas familias, el confinamiento ha aportado menos limitaciones horarias, menos trayectos, más flexibilidad y, por tanto, ha contribuido a relajar la atmósfera familiar. En cambio, en otras familias, la bandeja de “estrés parental” ha explotado con el colegio en casa sumado al teletrabajo, la ausencia del apoyo de los abuelos, el aumento de las tareas del hogar y ninguna salida de placer para desconectar.

 

Aunque este extraño periodo ha permitido a algunos reconectar con su paternidad y maternidad de manera positiva, otros están rozando o ya han llegado a un preocupante agotamiento. Estos últimos son los más vulnerables al burn out parental, caracterizado, entre otras cosas, por un sentimiento de saturación y la pérdida de placer en el papel de padre o madre.

 

Si tienes alguna de estas sensaciones, estos siete consejos de Moïra Mikolajczak pueden ayudarles a evitar el “auténtico” burn out.

 

1. No te esfuerces en jugar y entretener todo el día a tus hijos

 

“El que nuestros hijos estén en casa no significa que debes pasar todo el día jugando con ellos, mucho menos que cedas a juegos que no te gustan”, recomienda la investigadora.

 

“En estos tiempos inéditos, la calidad prima sobre la cantidad”. Da prioridad a los momentos o juegos en los que tu también disfrutas. Es inútil “sacrificarse” lanzándose a una partida de Risk o de Monopoly si detestas esos juegos.

 

2. Flexibilidad

 

En situaciones excepcionales, medidas excepcionales. “No se es un mal padre por modificar algunas reglas con el fin de favorecer la vida juntos durante este periodo”, explica Moïra Mikolajczak.

 

Algunas reglas, como las que regulan las pantallas, por ejemplo, pueden flexibilizarse o pueden instaurarse otras. Lo importante es que haya una comunicación sobre estas reglas que regirán durante el "confinamiento en casa".

 

“Una vez propuestas las reglas, hay que seguirlas; contribuyen a crear rutinas vitales que alivian la carga mental”.

 

3. Que ayuden en casa

 

Cuando tu hijo ayude en casa en el día a día, no olvides agradecérselo y hacerle sentir que cada gesto, por pequeño que sea, es importante y que su ayuda es útil.

 

Dado el carácter inédito de la situación, modifica el reparto habitual de las tareas del hogar entre los miembros de la familia. Eso nos aligerará, nos liberará un poco de tiempo y hará más autónomos a nuestros hijos.

 

Puedes incluir a los más pequeños en el reparto, con misiones a su medida como ordenar los juguetes que tengan tirados por su dormitorio, por ejemplo.

 

“Es una buena ocasión para desarrollar la ayuda mutua y la colaboración intrafamiliar”, señala Moïra Mikolajczak.

 

4. Organizar juntos el día a día 

 

“Los niños no tienen el hábito de marcar el ritmo del día; habitualmente, es otra persona la que se encarga de hacerlo por ellos en la escuela y en casa. Por tanto, corren el riesgo de sentirse rápidamente desocupados, de no saber qué hacer, de ir desnortados de una tarea a otra”, explica la especialista.

 

Por eso acuden tantas veces al día a solicitar la atención parental y esta desocupación termina por cansar. Lo ideal es construir con ellos una planificación básica de la semana, alternando actividades creativas (dibujar, hacer manualidades…), actividades para que se desfoguen físicamente, actividades “intelectuales” para los más mayores (leer, estudiar, hacer los deberes del colegio), momentos de relajación, un tiempo tranquilo de soledad, momentos en que los mayores se ocupen de los pequeños, momentos de contacto (aunque sea virtual) con sus amigos y momentos de juego con los padres.

 

5. Escoger los combates

 

Desde luego, no es buen momento para entrar en conflicto con un niño o un adolescente. Con tan poca escapatoria, el ambiente familiar puede degenerar muy rápido. “Establece una lista de los comportamientos para los que te sientes preparado para soportar, e identifica los dos o tres comportamientos que consideras intolerables". 

 

"Avisa a los hijos de que estarán más “relajados” en relación a algunas cosas, pero que permanecerán intransigentes con otras”.

 

6. Adiós a Superman y Superwoman

 

A muchos nos encantaría poder continuar teletrabajando y ser unos padres alegres y disponibles y hacer una labor mejor que en la escuela profundizando más en cada lección. Sin embargo, “no puedo ser trabajador, padre y profesor al mismo tiempo… Es imposible, bajo pena de desfilar directos hacia el burn out. Aquí también hay que elegir… y aceptar que elegir significa renunciar”, alerta la investigadora.

 

7. Cuida a tu pareja 

 

Moïra Mikolajczak recuerda que, según múltiples estudios, los padres que se quedan en casa son los más vulnerables al burn out parental. ¡Y la situación actual hace que ambos padres tengan que experimentar la vida de ama y amo de casa! Por eso, es importante expresar al cónyuge todo el reconocimiento correspondiente a esta experiencia a través de palabras amables o pequeños cuidados.

 

*Publicado originalmente en Aleteia.org

 

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FamilyOn.es - 01.06.2020

 

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En la mayoría de los países llevamos alrededor de dos meses confinados y ya en algunas partes han comenzado a flexibilizar la salida de los niños, sin embargo, se ha presentado algo que no esperábamos: muchos chicos no quieren salir de casa: ¿Es normal? ¿Debemos preocuparnos? ¿Es algo pasajero? ¿Tenemos que hacer algo las madres y padres para revertir la situación? Para responder a esto, compartimos la siguiente entrevista con la psicóloga infantil Silvia Álava Reyes, publicada en FamilyOn

 

***

 

Silvia, nos escriben muchas madres y padres diciéndonos que sus hijos no quieren salir a la calle, que prefieren quedarse jugando en casa. ¿Es algo normal? ¿Cuándo debemos preocuparnos?

 

Los niños acusan mucho más los cambios que los adultos, sin embargo, su capacidad de adaptación es mucho mayor. Por eso, algunos niños y niñas prefieren quedarse en casa jugando, como han estado haciendo estas últimas semanas, a salir a la calle. En esta situación es muy importante averiguar el porqué, dado que no es lo mismo que el motivo sea que están a gusto y cómodos en casa jugando, a que sea porque les da pereza o porque tienen miedo. En cada caso habría que ir trabajando la situación para ir “activándoles”, pero especialmente en el caso de que tengan miedo.

 

¿Cuáles son los principales motivos por los que los niños prefieren quedarse en casa? ¿Miedo, comodidad, se han adaptado a la situación y no la quieren cambiar?

 

Los niños pueden no querer salir de casa por múltiples motivos: desde “me da pereza”, “quiero quedarme jugando”, o “prefiero estar con la consola, viendo la tablet…” a “me da miedo contagiarme o ponerme malo”.

 

También puede ser que no vean atractivo el plan de salir a la calle, dado que no pueden ir al parque, ni jugar con amigos… ya que hay que cumplir de forma estricta las medidas de seguridad… Es muy importante preguntarles qué les ocurre. Mientras en los dos primeros caso intentaremos animarles a que salgan y si fuese necesario, incluso podemos ponernos más firmes, para que les de el aire y hagan algo de ejercicio; cuando los niños tienen miedo no deberíamos forzarles a salir hasta que estén preparados.

 

¿Cómo podemos ayudar las madres y padres a nuestros hijos si han desarrollado miedo a salir de casa a causa del virus?

 

Si nuestro hijo o hija tiene miedo lo primero que tenemos que hacer es validar su emoción. Eso implica decirle: “entiendo que tengas miedo”. Todas las emociones son lícitas, sentimos lo que sentimos y nadie debe de juzgarlo. Decirle: “no tengas miedo” no es un buen comienzo, dado que, si él o ella tiene miedo, no se sentirá comprendido.

 

Un buen inicio para comenzar el acercamiento y abrir un punto de encuentro podría ser: “entiendo que tengas miedo. Es normal tener miedo, porque llevamos mucho tiempo escuchando que hay que tener mucho cuidado con el coronavirus y que nos podemos infectar o contagiar a los demás. Sin embargo, si salimos con cuidado, con mascarilla, no tocamos nada… no nos va a pasar nada”.

 

En estos casos no conviene obligarles a salir, pero sí que pueden ver como sus hermanos salen, y que nosotros salimos a dar un pequeño paseo. A la vuelta podemos contarles nuestra experiencia, que hemos ido con mucho cuidado y que no nos ha ocurrido nada…

 

Les invitaremos a salir cada día, esperando a que se animen. Una vez dado el primer paso, iremos poco a poco, al principio sólo daremos una vuelta a la manzana, después un poco más lejos… y por supuesto, siempre cumpliendo las medidas de seguridad.

 

Y si la causa de no querer salir a la calle no es el miedo, sino que se han adaptado a la situación y les resulta cómoda, ¿qué debemos hacer los padres? ¿Obligarles a salir es una solución?

 

En el caso de que no salgan por vaguería o comodidad, sí que hay que actuar de otra forma. Quizás el primer día les dejaremos en casa, pero con la firme promesa de que al día siguiente saldrán, y como ya están avisados, ese día tendrán que cumplir su compromiso. Es bueno que los niños se muevan y que les de el aire fresco. No olvidemos los beneficios del ejercicio físico, de la luz del sol, de oxigenarse, tanto a nivel físico como “intelectual”, viendo otras cosas, otras situaciones, a otras personas…

 

Salir a la calle no es sinónimo de jugar con otros niños, de hecho, esto no está permitido aún. ¿Qué consecuencias puede tener este aislamiento social forzado para los niños?

 

Nunca habíamos vivido una situación como esta. Sabemos que los niños que han pasado cuarentenas registran niveles medios de estrés postraumático cuatro veces superiores a los que no han estado en cuarentena y que los efectos negativos de la cuarentena son significativamente mayores si esta dura más de 10 días. Teniendo en cuenta estos datos y con los resultados preliminares sobre el efecto que está teniendo el confinamiento en los menores a nivel emocional (más ansiedad, estrés post traumático, depresión, dificultades de concentración…) podemos pensar que la situación con los menores puede llegar a ser complicada.

 

Quizás tanto tiempo sin convivencia con sus iguales puede llegar a afectar al desarrollo de sus habilidades sociales, por eso es importante procurar que hablen con sus amigos y sobre todo, que los adultos no cedan ante todos sus deseos. Que aprendan a negociar qué vamos a hacer, a qué vamos a jugar… dado que es una de las bases de la interacción social y, a la vuelta, el resto de tus amigos no harán siempre lo que ellos quieran.

 

Con esta situación que estamos viviendo, ha aumentado el tiempo de consumo de tecnología en casi todos los hogares. Los niños no se quedan fuera de esto. ¿Hay riesgo de que vinculen en exceso su ocio a la tecnología y luego no sepan divertirse sin ella?

 

Es normal que durante el confinamiento el tiempo de “pantallas” tanto de los niños como de los adultos se haya incrementado, pero lo que puede llegar a ser malo, no es tanto el uso de pantallas (dentro de unos límites razonables), como el tipo de contenido que se consume.

 

No obstante, no es bueno que a ninguna edad el ocio se reduzca a la tecnología. La vida es mucho más que una pantalla.

 

Es importante que los niñas y niñas disfruten de la compañía de sus familiares, que se rescaten los juegos tradicionales, que puedan hacer ejercicio como parte del ocio y, sobre todo, que no utilicemos las nuevas tecnologías como un “chupete emocional”, es decir, cuando me da miedo enfrentarme a mis emociones o cuando siento emociones desagradables (aburrimiento, miedo, tristeza, ira)…, como no quiero ser consciente de ellas, las intento tapar con el uso de pantallas.

 

La ONG Save the children alerta de que 1 de cada 8 niños sufre estrés a causa del confinamiento. ¿Cómo podemos las madres y padres ayudarles a reducir esa ansiedad o a evitar que la sufran?

 

Para evitar que nuestros hijos sufran lo menos posible durante el confinamiento, recomendaría:

 

1. Observa cómo estás gestionando la situación. Los niños son esponjas y absorben todo lo que ven y, sobre todo, lo que sienten sus adultos de referencia, que principalmente son su padre y su madre.

 

2. Crea un clima de confianza, donde los niños confíen y entiendan que puedan hablar de sus preocupaciones y de lo que sienten. Deja espacios libres de interferencia y elementos distractores.

 

3. Habla de las emociones. Es importante dejar que los niños expresen qué es lo que sienten, y para ello los primeros que debemos de hacerlo somos los adultos. Verbalizar lo que sentimos no implica contarles a nuestros hijos nuestras preocupaciones de adultos, pero sí decirles cuando estamos tristes, alegres, enfadados…

 

4. Valida sus emociones. Por ejemplo, cuando te diga que está triste o le veamos más “apagadillo”, le puedes decir “creo que estás triste, ¿es así? ¿quizás es porque echas de menos a tus amigos? ¿quieres que les hagamos una vídeo llamada?”

 

5. Mantén horarios y rutinas. A los niños saber qué es lo que va a ocurrir en cada momento les da mucha seguridad. Cuándo comemos, cuándo hacemos los deberes, la hora de la ducha… es una forma de darles tranquilidad.

 

6. Intenta mantener la calma. La situación es complicada, y gestionar la incertidumbre muy difícil, sin embargo, si conseguimos tramitarles serenidad será más fácil para todos.

 

7. Pon el foco en lo importante. Lo prioritario durante esta pandemia es atender las necesidades emocionales de nuestros hijos. No tanto que los deberes estén perfectos y el salón limpio y súper recogido.

 

8. Antes de irse a la cama reserva un tiempo para leer un libro y estar tranquilos, nos servirá para bajar el nivel de energía y así conciliar mejor el sueño y también para ofrecerles un nuevo espacio para contar cómo se sienten.

 

9. Practica alguna técnica de relajación, como puede ser la respiración, usar botellas de la calma, meditaciones para niños…

 

10. Haz un diario emocional, en el que puedan escribir lo que sienten cada día, o si son más pequeños que puedan expresarlo a través de un dibujo.

 

 

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AsistencialMedica - 06.04.2020

 

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¿Qué efectos psicológicos puede tener el aislamiento y/o cuarentena en los niños? Esta es una de las preguntas que están rondando en la cabeza de muchos padres en este momento, y aunque Catherine L'Ecuyer nos daba un parte de tranquilidad afirmando que «si los padres están bien, los niños también», también está claro que el Coronavirus nos ha cambiado la vida a todos de un día para otro, y es normal que en este tiempo los niños pueden llegar a sentir miedo, angustia, tristeza, soledad… 

 

Así que nos dimos a la tarea de investigar sobre el tema y encontramos la siguiente información publicada por una institución de asistencia médica que puede ser de mucha ayuda para las familias. 

 

***

 

Los expertos señalan que en algunos niños se pueden prestar alteraciones de 3 tipos: 

 

- Alteraciones a nivel corporal: sueño, pesadillas, miedos nocturnos, comer más o menos de lo habitual.

- Alteraciones en el comportamiento: irritabilidad, rebeldía.

- Alteraciones en su estado de ánimo: miedo, tristeza, ansiedad. 

 

¿Cómo podemos ayudarlos?

 

Los expertos recomiendan entonces:

 

Hablar con ellos

 

- Explicarles de forma clara y sencilla lo que está sucediendo, adaptarnos a su edad y a su madurez, transmitiendo calma y seguridad. 

 

- Ser sinceros de que se trata de un virus peligroso, pero que la mayoría de las personas se recuperan, enfatizando en la importancia de tener los hábitos de higiene correspondientes para cuidar de no enfermarnos y evitar posibles contagios.

 

- Contarles sobre los síntomas frecuentes: fiebre, tos y falta de aire.

 

Escucharlos

 

- Preguntarles qué saben del coronavirus para aclarar posible información errónea. Si hay algo que desconocemos la respuesta, podemos incluso buscarla juntos en sitios confiables, MSP, OMS.

 

Preguntarles cómo se sienten al respecto, validar lo que están sintiendo y recordarles que cuentan con nosotros ante cualquier duda o inseguridad. No generar un tabú en referencia al tema, los niños son sumamente sensibles a lo que no se dice en su entorno y esto incrementa en mayor medida sentimientos de miedo y ansiedad.

 

Protegerlos

 

- Evitar el bombardeo excesivo de información, cuidar las conversaciones adultas frente a ellos, ¡no alimentemos más su miedo! Necesitan adultos que los guíen y transmitan seguridad.

 

- Contarles que tenemos que confiar en las recomendaciones de las personas que cuentan con el conocimiento y herramientas necesarias para protegernos del virus.

 

- Propiciar espacios de comunicación con los familiares y amigos que no están viendo, ya que también pueden sentirse preocupados por su bienestar.

 

Proponer actividades

 

Es importante tener presente que los niños no sólo sufren del corte abrupto de sus rutinas, sino también, en muchos casos donde no hay un patio en casa o grandes espacios, pierden el contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento corporal. En este momento, al igual que los adultos, se ven restringidas áreas fundamentales para su desarrollo y bienestar físico y emocional. Por esta razón es que los agentes de Salud insistimos en la importancia fundamental de proponer rutinas adaptadas a la situación actual, así como actividades que involucren a la familia en conjunto y a cada uno de forma individual.

 

Para quienes pueden quedarse en casa con su familia, sostener y contener el aislamiento no es sencillo. Tener presente que pueden surgir momentos donde el propio malestar facilite los roces y las dificultades vinculares. Para ésto, de ser posible, es útil que los adultos puedan coordinar entre ellos al menos media hora para tomar un baño tranquilos, leer un libro, o simplemente descansar. De no contar con otro adulto que facilite la tarea de sostener a los más pequeños, teniendo en cuenta la situación particular, las pantallas pueden darnos un tiempo de respiro para volver a cargar energías y estar disponibles de una mejor manera.

 

Estos son algunas actividades: ¡a ponernos creativos!

 

Rutina: Crear una rutina adaptada al momento actual. Proponer horas para levantarnos, (no olvidar sacarnos el pijama y vestirnos), baño, hacer tareas de la escuela, hablar con amigos por teléfono, comidas, juegos en familia, sueño.

 

Compartir las tareas de la casa en general. Cocinar, preparar la mesa para la comida, doblar ropa, ordenar, barrer. Proponer un momento para la limpieza, pudiendo pensar juntos que ésto también es una forma de cuidarnos entre todos y que necesitamos de su colaboración para lograrlo. (Aquí te damos más ideas: Tareas hogareñas que pueden hacer tus hijos según su edad)

 

Jugar y jugar. Según las edades esto puede cambiar. Con lo más pequeños, es una oportunidad para observar su creatividad, sin muchas propuestas preestablecidas dejarnos llevar por su imaginación e ingenio. Con los más grandes, proponer juegos clásicos y conocidos, de mesa, cartas, etc. pero también acercarnos a lo que ellos hacen habitualmente, con seguridad más de uno disfrute de las pantallas. En este sentido CUIDAR de todos modos el tiempo de exposición a estos juegos.

 

¡A mover el cuerpo! Aunque el espacio sea pequeño, aunque no haya patio, busquemos la forma de movernos. Bailar con canciones conocidas o inventadas, correr, saltar, o expresión corporal libre, movernos “como si” …. como si fuera un perro, un elefante … ¡o una hoja!

 

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