Por LaFamilia.info - 05.09.2019

 

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Los juguetes son parte de la esencia de los niños, a través de ellos descubren y aprenden del mundo. Sin embargo, las pantallas han desplazado un poco los juguetes, y nosotros como padres debemos evitar que esto suceda.

 

Los expertos en psicología infantil explican en que la vida para el niño es puro juego, siendo el aprendizaje parte del entretenimiento. Algo que la pedagoga italiana María Montessori resume en su frase: “jugar es el trabajo de los niños”.

 

Por lo tanto, aquí hablaremos de la importancia del juego en el desarrollo sicopedagógico del ser humano, entendiendo por “juego” la actividad lúdica que se desarrolla en la infancia y que excluye las nuevas tecnologías: 

 

1. Los juguetes se especializan en cada edad y necesidad educativa

 

Hoy en día existen numerosas opciones, como las que hay en Joguiba, en donde podrás encontrar juguetes que se especializan en las diferentes etapas y necesidades educativas de cada momento. Por ejemplo, para los bebés están aquellos que fomentan sus sentidos, sensaciones, motricidad fina. Más adelante en la infancia, hay juguetes que enseñan los colores, las figuras, los animales. En la etapa escolar son un gran apoyo para el aprendizaje de letras, números, conceptos… Y así sucesivamente, cada juguete responderá a un objetivo determinado. 

 

2. Los juguetes estimulan la creatividad

 

Los juguetes ponen a volar la imaginación de los niños. A través de ellos identifican los roles, los oficios y las profesiones, aprenden la dinámica de las diversas situaciones que se viven en el mundo realidad y de la vida en sociedad. Asimismo, estimulan la actividad cerebral, como son por ejemplo los juegos de armar, los bloques, rompecabezas, juegos de mesa; estos incentivan la solución de problemas y la creatividad. 

 

3. Los juguetes incentivan la interacción humana

 

El juego es también un excelente medio para que los niños interactúen entre sí “cara a cara” y desarrollen habilidades de socialización, las cuales se han ido perdiendo debido a la era digital; tal como explica Catherine L´Ecuyer en su libro Educar en la realidad.

 

4. El juego aporta a la identidad del niño

 

Otro de los argumentos a favor del juego es su aporte a la construcción de la identidad, “se requiere el espacio y el tiempo para que los niños sean ellos mismos, para que se descubran en largos períodos de ocio y fantasía, para que puedan pensar por cuenta propia desarrollando su creatividad. Son los momentos en los cuales se dan cimientos para la formación de la vida interior y de la autenticidad” así lo explica el doctor Fernando Peñaranda, médico y magíster en desarrollo educativo y social, en el artículo “Deja que tus hijos jueguen”.

 

Como vemos los juguetes no son sólo muñequitos o cosas con los que los niños se entretienen, su función va más allá de una mera distracción, los juguetes hacen parte importante en el proceso educativo de los pequeños. Finalmente cabe anotar que no hay necesidad de gastar una fortuna, existen cantidades de opciones que se acomodan a los presupuestos de las familias.

 

 

Por Silvana Ramos / Catholic-link.com - 06.09.2019

 

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Debo confesar que este video me ha hecho erizar los pelos. No hace falta decirles cuánto tiempo paso frente al celular trabajando en un apostolado digital. Por más que me pongo horarios, siempre los quiebro. Y es que parece que se me salieran las cosas de las manos. La consigna era: «el celular para el trabajo, con los chicos, lo guardo».

 

Y resulta que no solo no he podido cumplir eso, sino que no pocas veces me encuentro viendo videos y respondiendo mensajes con mis hijos al lado. Mis hijos tiene ocho, siete y cuatro años respectivamente.

 

De un tiempo a la fecha, sin embargo, algo pasa. Entre el trabajo, los estudios y la casa, es como que quisiera sacarle el jugo al tiempo y en cada oportunidad que tengo miro el celular para ver si llegó un mensaje nuevo, si la página se cayó, si hay alguna falta en los posts. Si llegó un mensaje de la universidad, de la lavandería, el frutero, el gasfitero etc. En fin, siempre hay una buena excusa para estar consultando este aparatito que aborrezco tanto como lo necesito.

 

De pronto, en el universo de esas búsquedas, me encuentro con este maravilloso video. Y le tengo que dar toda la razón.

 

 

El tiempo pasa volando, construye relaciones hermosas, no pierdas el tiempo, mira a tus hijos a los ojos, conócelos y ayúdalos a conocerse. Que un celular no te quite la vida, que sea un instrumento en el momento necesario. Cuiden los momentos importantes, establezcan reglas familiares que los conduzcan a amarse más, a escucharse y darse abrazos infinitos. 

 

La labor de padre muchas veces nos sobrepasa, nos agota, pero recuerda, que la vida de tus hijos pequeños está en tus manos por muy poco tiempo. Es un regalo inexplicable, invaluable, valóralo.

 

*Publicado originalmente en Catholic-Link

 

Por Ana Mas Villaseñor / Empantallados.com - 15.07.2019

 

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Resulta que tu hijo(a) ya lleva un buen tiempo frente a la pantalla (tablet, móvil, tv...) y le dices: "bueno, ya es suficiente, apaga ya", y a continuación estalla en llanto y aparece la temida pataleta o rabieta. Pues eso se llama frustración y los padres de hoy debemos aprender a manejarla, sobretodo con el tema del uso de las pantallas. Por eso este artículo de la Dra. Ana Mas Villaseñor, te será de gran ayuda. 

 

***

 

¿Qué es la frustración? ¿Cómo puedo manejarla? ¿Puede la frustración traumatizar a mi hijo? Seguro que te has preguntado esto muchas veces. Y cuando se trata de limitar el uso de las pantallas, encontramos que esta emoción aflora en nuestros hijos con más frecuencia de la que nos gustaría. Como en otras áreas de la educación, las pantallas nos brindan una buena oportunidad para seguir educando las emociones.

 

La frustración, una emoción necesaria

 

Hemos desarrollado la creencia de que las emociones negativas son malas. Creemos que el sufrimiento nos vuelve personas taciturnas y oscuras, pero esto no siempre es verdad. Todas las emociones son necesarias y cada una tiene su función, también las menos agradables.

 

La frustración es una sensación desagradable que aparece cuando algo se interpone entre mis objetivos y yo. Este malestar nos impulsa al cambio, nos motiva para encontrar la solución que nos permitirá alcanzar el objetivo; es decir, la frustración tiene una función y nos puede resultar útil si aprendemos a manejarla.

 

Algunas estrategias adecuadas para manejar la frustración son:

 

Hablar de ello: las personas encontramos alivio en la expresión de las emociones negativas porque nos sentimos comprendidas y apoyadas. Esta respuesta del entorno nos hace sentir seguros ante lo que percibimos como una amenaza del bienestar. Contar nuestras cosas y recibir una respuesta acogedora, contrarresta el malestar provocado por la frustración. Por otra parte, al compartir mi preocupación tengo más posibilidades de encontrar una solución adecuada ya que ‘dos cabezas piensan más que una’.

 

Analizar el problema y buscar una solución: como ya hemos visto, la aparición de un sentimiento negativo puede estimularnos positivamente. Nuestras facultades se centran en remediar el conflicto, aumentando la probabilidad de encontrar una solución adecuada.

 

Templar la emoción: a veces la frustración genera tal impacto emocional, que lo más adecuado es dejar que se enfríe antes de decidir qué hacer.

 

La anticipación: una estrategia eficaz para las rabietas y reacciones desproporcionadas por pantallas

 

La rabieta o reacción desproporcionada por el contrario no puede considerarse una estrategia adecuada para manejar la frustración porque:

 - Lejos de obtener la comprensión y el apoyo del entorno, generamos desconcierto y enfado, añadiendo más conflictos a la situación inicial.

- Ante la agresividad es habitual que los que me rodean huyan, evitándo el peligro que supone alguien fuera de control, lo que me hace sentir solo e incomprendido.

- Pierdo la oportunidad de que los demás quieran ayudarme.

- Normalmente, cuando perdemos el control, nos sentimos culpables y esto aumenta nuestra frustración.

 

Es decir, con la rabieta lo único que consigo es continuar con el mismo conflicto añadiéndole incomprensión, culpabilidad, soledad y más frustración.

 

En la medida en la que las rabietas aumentan el sufrimiento del niño, lo más indicado es evitarlas y lo mejor para ello es la ANTICIPACIÓN: el niño va a sentirse frustrado al dejar de utilizar la pantalla; por lo que contamos con una oportunidad de oro para enseñar a nuestros hijos a manejar la frustración.

 

Pautas por tramos de edad

 

Niños sin dominio del lenguaje (hasta los 3 años)

 

La exposición a pantallas debe ser mínima. En este periodo, es difícil trabajar habilidades para manejar la frustración por su escaso dominio del lenguaje. Lo mejor es tener rutinas claras que el niño puede aprender. Esto le permite predecir lo que va a ocurrir y, al disminuir la incertidumbre, disminuimos la ansiedad y la probabilidad de rabietas en general.

 

Si aparece la rabieta permanerecemos firmes pero calmados; no podemos devolverle la pantalla ni negociar con él porque estaríamos dando por buena la rabieta, pero tampoco podemos gritar ni perder el control porque estaríamos validándola (si mis papás hacen ‘rabietas’ yo también) . Es importante comprender que el niño no ‘me esta montando la rabieta’ sino que me está expresando su frustración.

 

Niños no adolescentes (3-9 años)

 

Es bueno anticiparles la aparición de la frustración y elaborar un plan para manejarla cuando aparezca. Evitaremos frases del tipo ‘¿pero te vas a poner insoportable cuando toque apagar la tele?’ Lo mejor es validar la emoción y normalizarla, mostrando nuestra comprensión y ofreciendo estrategias adecuadas para gestionarla.

 

Por ejemplo: puedes ver un capítulo de la serie (delimitamos el uso) pero es posible que cuando termine el capitulo te sientas enfadado. Esto es normal, a mí también me ocurre (planteo la aparición de la emoción, la causa de la misma y la normalizo al hacerle ver que a mí también me ocurre). Decirle que si se siente frustrado y tienes ganas de gritar, puede:

 

- Cerrar los ojos muy fuerte y hacerte el invisible hasta que pase el enfado.

- Meter las manos en los bolsillos y apretar los puños hasta que pase el enfado.

- Tomar mucho aire y soltarlo despacito hasta que pase el enfado.

 

Estas estrategias son técnicas que recomendamos a los padres en la consulta y ayudan al niño a templar la emoción, dándole tiempo para pensar, permitiéndole gestionar la situación de manera adecuada.

 

Pre-adolescentes y adolescentes (a partir de 10 años)

 

El objetivo en los adolescentes, en relación con la limitación de las pantallas, es doble. Por una parte debemos trabajar el manejo de la frustración; y en segundo lugar, la autonomía.

 

Una estrategia interesante para fomentar la autonomía es negociar con el adolescente el tiempo de utilización del dispositivo, para hacerle corresponsable de los limites y las consecuencias. El objetivo es que él aprenda a ordenar su conducta basándose en argumentos razonables y no en sus emociones o apetencias.

 

No debemos perder de vista que, el fin último de la educación es ayudar a nuestros niños a ser felices. Esto exige alcanzar el equilibrio entre: la autoafirmación, que se manifiesta en la defensa de mi identidad y mis intereses; y la necesidad de sentirnos integrados socialmente, que requiere el cumplimiento de las normas y una relación respetuosa con los demás. Para obtener dicho equilibrio es preciso conocer las propias emociones y gestionarlas adecuadamente, construyendo una personalidad única que nos permitirá conquistar nuestra libertad.

 

*Ana Mas Villaseñor es graduada en Medicina por la universidad de Navarra y actualmente está en su cuarto año de formación como Médico Interno Residente de psiquiatría. Desde su perfil de Instagram @anamasvilla (Maravillosa.Mente)  escribe sobre psiquiatría y ofrece tips de salud mental y educación. Es madre de dos hijos.

 

Semana.com - 12.08.2019

 

Foto: Freepik 

 

Sabemos que no hay una única fórmula para educar a los hijos, y que la intuición, el sentido común y el amor de padres, son factores de gran importancia; sin embargo, ser padres también es un aprendizaje y podemos prepararnos como lo hacemos para nuestros demás roles. Así que por eso te compartimos este artículo publicado en Semana.com, el cual habla de 8 roles que los padres debemos asumir en la crianza de los hijos. 

 

Ronald Ferguson, autor del libro 'La fórmula: Desbloqueo de los secretos para criar niños altamente exitosos' , además investigador y economista, realizó una investigación junto al periodista Tatsha Robertson para establecer qué estilos de crianza inciden en el éxito de los niños. Entrevistaron a estudiantes de Harvard y a sus padres. También incluyeron perfiles de padres que habían logrado tener hijos exitosos a temprana de edad: como el funcionario electo estatal más joven del país y la madre de los CEOs de YouTube y la compañía de genética 23andMe. 

 

“Queríamos estudiar los recuerdos de los padres no solo para establecer lo que habían planeado, sino también sus intenciones como padres y lo que los llevó a tener esas intenciones. En cuanto a su crianza, Tatsha y yo hicimos muchas entrevistas bastante abiertas con muchos adultos jóvenes y sus padres, y nos preguntábamos qué ocurría una y otra vez”, le explica Ferguson a The Harvard Gazette

 

Así surgieron los ocho roles que presentaron como una fórmula para la crianza de los hijos, pues se repetían en muchos padres que tenían hijos exitosos. 

 

1. Compañero de aprendizaje temprano

 

Antes de iniciar la escuela, los padres deben incentivar el aprendizaje a una edad temprana sin extralimitarse. La mayoría de los jóvenes que entrevistaron podían leer palabras básicas cuando empezaban el jardín de infancia. Algunos de ellos describieron lo que llamamos el "efecto de inicio temprano", que ocurrió cuando su maestra de jardín se entusiasmó con el hecho de que podían leer y les gustó la forma en que se sentían.

 

2. El ingeniero de vuelo

 

El padre se asegura que el entorno en el que crece su hijo le proporciona lo que necesita. Por ejemplo, el ingeniero de vuelo supervisa que el niño está obteniendo lo que necesita de la escuela e intervendrá, si es necesario, para obtenerlo.

 

3. El reparador 

 

Al asumir este rol, el padre se asegura de que no se pierda una gran oportunidad, ni siquiera por falta de recursos. Los padres podrían estar viviendo en la pobreza, pero si ven una oportunidad que consideran esencial para el éxito de sus hijos en la escuela o en la vida, están dispuestos a caminar por las paredes para obtenerla.

 

4. El revelador

 

Mostrar a los niños las maravillas del mundo en un museo, en la biblioteca pública, en un parque, en los lugares para conocer a personas que los padres quieren que el niño sepa. Actividades que no necesita mayor presupuesto y por el contrario enriquecen las experiencias y ayudan a fomentar la curiosidad.  

 

5. El filósofo 

 

Al asumir este rol, los padres ayudan a sus hijos a encontrar un propósito. Si los niños de 3 años hacen preguntas profundas, los padres filósofos no evaden esas preguntas; tratan de responder de una manera que se agrega a la comprensión de la vida del niño.

 

6. El modelo

 

Los valores, las creencias, las actitudes que todo padre que su hijo emule, son las que el padre debe transmitir.   

 

7. El negociador 

 

De acuerdo con Ferguson es el padre que enseña a un niño a ser respetuoso, pero también a cómo abogar por sí mismo, y los entrena sobre cómo defender sus intereses y tratar con las personas que ejercen el poder y la autoridad.

 

8. El GPS

 

El padre guía, es la voz de los padres en la cabeza del niño después de que el niño ha salido de casa, entrenando al joven adulto a través de nuevas situaciones en la vida.

 

Lo ideal es asumir estos 8 roles desde el principio. Sin embargo, para las personas que tienen hijos mayores, Ferguson recomienda que los padres sintonicen con sus hijos y se conviertan casi en estudiantes de sus hijos para descubrir cómo ayudarlos a ser seres humanos plenamente realizados. 

 

“No solo es pasar tiempo con ellos, sino que intencionalmente, incluso estratégicamente, hacer cosas como tener una conversación consecuente en el momento adecuado o llevar al niño a visitar algunos lugares que van a ampliar la comprensión del niño o entrenarlo sobre cómo negociar algunos desafíos que enfrentan en la escuela o fuera del hogar”, concluyó.

 

 

ReL - Sapos y Princesas - 25.06.2019

 

Foto: Freepik 

 

Los padres son el pilar para un niño, sobre todo en los primeros años de vida. La influencia de los padres y la familia en la salud psicológica del menor es decisiva. Algunas de las maneras en que esta relación se convierte en tóxica o perjudicial para el niño, están relacionadas con características del sistema familiar y del rol que ocupan en la familia, así como con el estilo de crianza y las conductas de los padres. 

 

A continuación, Úrsula Perona, en la web Sapos y Princesas, describe 7 tipos de padres que se caracterizan por un estilo de crianza tóxico para sus hijos, pues afectan negativamente su sano desarrollo.

 

1. Padres con problemas psicológicos no tratados

 

Una de las circunstancias que podemos mencionar, es cuando los progenitores tienen problemas psicológicos no tratados. Los padres con depresión, ansiedad, trastornos de personalidad u otros problemas psicológicos que no están diagnosticados o no están recibiendo tratamiento, pueden presentar carencias y dificultades para cuidar adecuadamente a sus hijos. Para poder desempeñar adecuadamente la tarea de criar, primero debemos cuidar de nosotros mismos. Solucionar nuestros problemas psicológicos nos ayudará a encontrarnos equilibrados, fuertes y capaces de educar a nuestros hijos.

 

2. Padres maltratadores

 

Por supuesto los padres maltratadores, que utilizan con frecuencia la violencia física o verbal con sus hijos, crean un ambiente tóxico en casa, y minan la seguridad y la autoestima de los menores. Aprender otras maneras de poner límites es necesario. También observar si esa violencia tiene relación con una dificultad para gestionar la ira o la frustración.

 

3. Padres indiferentes

 

En el otro extremo estarían los padres indiferentes, aquellos tan permisivos y laxos en la educación de sus hijos que parece que éstos no les importen. La crianza implica una serie de sacrificios y renuncias que no todos los progenitores están dispuestos o preparados para asumir. Si ‘pasamos’ de nuestros hijos, si no les guiamos y educamos adecuadamente, el mensaje que les enviamos es que no nos importan. Que no vale la pena molestarse en educarles.

 

4. Padres manipuladores o extorsionistas

 

Hay otro tipo de padres, los manipuladores y extorsionistas. En este grupo podemos encontrar personas que instrumentalizan a los hijos: los usan sibilinamente para ‘solucionar’ los problemas de la pareja, para conseguir sus deseos o en general porque piensan que los niños están a su servicio. Puede haber más o menos consciencia en estos actos, pero desde luego, aunque no sean intencionados, perjudican gravemente a los niños.

 

5. Padres que se alían con los hijos para ir en contra de la pareja

 

Cuando los padres se alían con los hijos para ir en contra de la pareja, cuando se crean coaliciones entre uno o varios miembros de la familia, se producen alteraciones en el sistema familiar. Aquí el niño también está instrumentalizado, es utilizado para algo. Para que la madre o el padre tengan más fuerza frente a su pareja, para dejarle fuera del sistema familiar o para lograr cualquier objetivo. El niño es usado como paño de lágrimas, se convierte en confesor de alguno de los progenitores, ocupando un lugar en la familia que no le corresponde.

 

6. Roles cambiados: niños que cuidan de sus padres

 

Los roles cambiados es otra de las formas en que identificamos a las familias tóxicas. Niños que desde bien pequeños tiene que ‘cuidar’ de sus padres, bien porque tengan problemas físicos o mentales, o bien porque son explotadores. Niños que asumen responsabilidades que no les pertenecen. Niños forzados a madurar antes de tiempo y que se quedan sin infancia. De mayores puede que sean dependientes emocionalmente, inseguros, ansiosos… Niños a los que no se les ha permitido ser niños.

 

7. Padres que proyectan sus frustraciones en sus hijos

 

Y por último, los padres que proyectan sus frustraciones en sus hijos. Padres que no están satisfechos con su vida, que se sienten fracasados o infelices, y pretenden que sus hijos realicen aquello que ellos no han realizado. Que consigan éxito, sean famosos, bailen o canten o destaquen en el fútbol. Cualquier expectativa que los padres ponen sobre los hombros de sus hijos, y que no tienen que ver con los niños sino con ellos mismos, se convierten en una pesada carga para el niño y una fuente de insatisfacción y frustración.

 

Como vemos existen muchas conductas y situaciones que pueden convertir a la familia en un entorno tóxico. La familia es el sistema principal de interacción del niño, y debe ser un entorno cálido, equilibrado, que proporcione estabilidad y bienestar, y donde los problemas de los padres los resuelvan los padres, no los hijos.

 

 

 

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