ReL - 25.09.2020

 

 

La pediatra Meg Meeker, conocida por sus libros Padres fuertes, hijas felices, y Héroe. Cómo ser el padre fuerte que tus hijos necesitan, retoma esta temática ahora con Educar hijas fuertes en una sociedad líquida (editorial Palabra). Han pasado unos años. La doctora acumula 30 años de experiencia pediátrica y descubre ahora nuevos peligros.

 

Entonces la autora se mostraba muy preocupada por cómo dañan a los niños y adolescentes los trastornos alimenticios (anorexia, bulimia, sobrepeso excesivo), los daños de la ruptura emocional y el sexo prematuro, y el abuso del alcohol y las drogas. Ahora suma a todo eso nuevas preocupaciones:

 

- la adicción a las pantallas

 

- la confusión sexual por la ideología del "género fluido"

 

- y la cultura del victimismo, que no forma a chicas fuertes sino a chicas quejosas que echan la culpa de todo a "la sociedad" y "los demás"... que es lo que han visto hacer a sus padres. El libro es anterior al coronavirus, que puede convertirse en otro chivo expiatorio ("soy víctima de la crisis de la pandemia").

 

Leer a Meg Meeker anima a querer ser mejor padre y no desanima porque no propone imposibles. A menudo, basta simplemente con que papá esté más tiempo por casa o que parezca estar cerca, que dedique algunos ratos a estar con la niña y escuchar sus cosas, y que sepa decirle "no" a toda una serie de cosas, empezando por "no puedes ir a esa fiesta que no supervisa ningún adulto y donde sospecho que habrá alcohol". También mamá debe hacerlo. Las adolescentes dicen no necesitar a los adultos, pero sí los necesitan y mucho.

 

El libro ayuda a padres y madres de niñas y de adolescentes, y lo que enseña se puede aplicar también a jóvenes adultas.

 

"En bachillerato sabrán lo que es beber y fumar, enrollarse y acostarse con cualquiera; y muchas pensarán que eso es precisamente lo que se espera de ellas, aunque en realidad lo odien, como así ocurre. Ya en segundo año de carrera, si no antes, conocerán a chicas que sufren ansiedad y depresión y sabrán de chicos que se han suicidado a su edad", advierte la doctora.

 

El libro se estructura en 11 capítulos que son 11 recomendaciones a padres:

 

1. Conoce su corazón

 

No importa lo gruñona o huraña que sea tu hija, quiere 4 cosas: amar, ser amada, tener vínculos intensos (con sus padres, con un par de amigos... necesita pocos vínculos intensos, no muchos vínculos superficiales) y cuidar de los demás (peluches, animales, hermanitos, niños, amigos en apuros). La relación firme con Dios, explica la doctora Meeker, ayuda en estas 4 cosas, ya que implica amar a Dios, saberse amada por Dios, tener un vínculo firme con Dios y saber que Dios nos impulsa a servir a los demás.

 

2. Contesta a sus 4 preguntas existenciales

 

¿De dónde vengo? ¿Es importante mi existencia, tengo valor y significado? ¿Hay una normal moral para vivir? ¿A dónde voy, qué pasará conmigo? "Tu hija ha nacido con un instinto que la impulsa a encontrar las respuestas a estas cuatro preguntas existenciales". Si los padres dan la sensación de que el valor de su hija depende de sus notas, éxitos deportivos, artísticos o popularidad, acabarán sufriendo mucho. Si las niñas piensan que su valor depende de los likes de Instagram o parecer sexy, también.

 

La doctora Meeker es directa: "céntrate en una sola cosa, enséñale que fue creada por un Dios que es Padre y que es Amor. En estos tiempos decir algo así puede resultar controvertido, pero es cierto. Nada le dará a tu hija un sentido más profundo de valor personal como decirle que Dios la creó por una razón. Lo digo como pediatra que ha podido comprobarlo en innumerables ocasiones durante su práctica. Las chicas que tienen fe son inmensamente más felices y fuertes".

 

A los padres que dicen que prefieren dejar que crezca la niña para que ella elija si cree en Dios o no, les responde: "enséñale primero quién es ÉL y luego déjala elegir. En cualquier caso elegirá por sí misma llegado el momento, pero mientras tanto la habrás puesto en el buen camino. Esta es la cuestión más vital, y si la evitas, privarás a tu hija de una formación en la fe y la religión, y la dejarás en la ignorancia más absoluta y peligrosa".

 

3. Mamá: eres mentora, aliada y pegamento

 

Las hijas ven a sus madres como las procuradoras de seguridad, confort, amor y fiabilidad, y si tienen una gran relación, querrá estar más cerca de ella que de su mejor amiga. La madre persevera, se engancha como un pegamento a lo largo de la vida. Es mentora, porque orienta a su hija con su ejemplo, y también con instrucciones y enseñanzas directas, y hablando de sentimientos, de mujer a mujer. Meeker previene contra las madres demandantes, controladoras, las distantes y las que tratan de ser "amiga" de la hija (sólo cuando la hija es ya adulta e independizada la madre puede pasar a ser amiga; antes, debe permanecer firme como autoridad y guía).

 

4. Papá: sé su primer amor, protector y líder

 

Este capítulo retoma muchos temas de su libro Padres fuertes. Las virtudes que una niña ve en su padre son las que buscará en un chico para que sea su marido.  "Inevitablemente, los padres son la plantilla de la que las niñas obtienen su modelo de hombre. Las niñas que crecen con un vínculo fuerte con sus padres de pequeñas crecen más seguras de sí mismas. Y si tienen más confianza en sí mismas, disfrutarán de relaciones más saludables con los hombres, estará más lejos de ser sexualmente activa de adolescente, de quedarse embarazada, enamorarse de chicos machistas, crueles o egoístas". La niña quiere que papá le proteja y la adolescente, aunque se queje, espera que su padre se esfuerce por protegerla. Un padre que pregunta cada tarde "qué tal el día" a su hija huraña acaba consiguiendo mucho. Vale la pena buscar excusas para estar juntos.

 

5. Ayúdala a controlar las pantallas

 

"El principal miedo que antes sentían los padres por sus hijos adolescentes era el sexo, las drogas y el alcohol. Ahora la principal preocupación son las redes sociales. Si antes te preocupaba una teleserie, apagabas el televisor. Hoy no es tan sencillo, el contenido es peor, la pornografía explícita es común y popular y muchas plataformas de redes sociales han llegado de forma perniciosa hasta los corazones de las adolescentes generando adicción. Los miedos paternos están más que justificados".

 

Como pediatra, Meeker sabe que el uso intenso de redes sociales va ligado a la depresión. Además, "todas las adolescentes se comparan entre sí y tienen grandes inseguridades, en 30 años de práctica pediátrica nunca he conocido una excepción a esta regla". En Internet este "valorarse por los likes" se hace más grave y dañino.

 

Los padres deben limitar al máximo las pantallas y móviles: dejarlos a la entrada de casa, prohibirlos en las comidas, limitarlos a un par de ratos al día, etc...

 

6. Enséñale un feminismo saludable versus un feminismo tóxico

 

Aquí la doctora Meeker cuenta ejemplos de su época universitaria y otras chicas que conoció entonces. Habla de la Revolución sexual y de cuatro olas de feminismo. Pero la realidad es que tras todo eso, las mujeres son menos felices (estudio La paradoja de la felicidad femenina decreciente, de Stevenson y Wolfers), las mujeres tienen más ansiedad y depresión, están más solas, muchas ven al hombre como enemigo, los niños son desechables (el aborto daña a bebés, a mujeres, a todos) y hay una guerra feminista contra la feminidad.

 

7. Hábitos alimentarios, imagen corporal y justo equilibrio

 

Obesidad, anorexia, bulimia... a principios de siglo XXI ya eran un problema grave, pero con las redes sociales e Internet aparecen nuevas variantes y problemas; pornografía, sexting y un bombardeo de imágenes de chicas sexis es el modelo que reciben las adolescentes y sus amigas. Que la madre diga constantemente "estoy gorda, tengo que adelgazar" hace pensar a la niña que la guerra por el peso y la figura es lo más importante (y no debe ser así). El libro da muchos consejos sobre alimentación y disciplina familiar en la comida.

 

8. Afianza su fe en Dios

 

La doctora Megan ofrece 13 datos sobre beneficios de la fe en la salud física y mental (tomados del estudio de 2012 de Harold G. Koening sobre "Religion, Spirituality and Health"). "Los agnósticos y ateos rechazan la fe porque la consideran irreal, un cuento de hadas, pero por lo que he podido comprobar, la fe proporcionará a tu hija un sentido sustancial de la realidad: la comprensión de que forma parte de un todo mayor que ella misma, que no todo gira a su alrededor".

 

Como doctora y pediatra constata: "la búsqueda de una satisfacción personal plena no es un estilo de vida saludable, no aporta felicidad, más bien procura desgracias, por lo que he podido constatar". La autora en el libro propone "5 formas de transmitir la fe a tu hija": incluye dar ejemplo y rezar.

 

9. Ayúdala a desarrollar una sexualidad saludable

 

En este tema, en libros anteriores, la doctora exponía datos sobre las enfermedades sexuales y sus estragos entre los jóvenes, y la depresión grave, que va ligada a la actividad sexual temprana (y es causa y efecto de más soledad). Aquí también lo hace, y los estudios siguen siendo contundentes. Y, como hace 20 años, las redes y la TV y el ambiente invitan a las adolescentes al sexo. "Sé sexualmente activa y no estarás sola, porque serás popular, al menos entre los chicos", es la gran promesa (que no se cumple: los novios usan y dejan a la chica después de aprovecharla, se extiende la fama de que es una desesperada que irá con cualquiera, etc...)

 

Pero en nuestra época se añade la propaganda de género que desde la infancia insiste a las niñas: "¿cuál es tu género? ¿A lo mejor eres un niño con cuerpo de niña?" Y la propaganda LGTB: si eres poco popular entre los chicos, quizá eres lesbiana o bisexual y puedes probar con las de tu sexo. ¡Serás distinta, especial y al menos te querrá alguien! Todo esto, desde los 12 años. La doctora da 10 consejos para padres, que incluyen el ser un buen modelo, facilitar el hablar de estos temas y mantener unas reglas muy claras.

 

10. Ayúdala a encontrar buenas amigas y a hacer frente a las malas

 

La doctora constata que las adolescentes necesitan una o dos amigas íntimas, en profundidad. Los padres deben apoyar eso, incentivarlo y animarlo. Por el contrario, ser "muy popular" y tener infinidad de amigas no es maduro ni es sano. Ya en la vida adulta sí es bueno tener una gran red de contactos amistosos, que se añaden a las amistades íntimas de siempre. Las amigas íntimas ayudan a que una chica se exprese, se entienda mejor, sea más sincera, sienta conexión y felicidad, madure... Para detectar a las amigas malas y tóxicas, el libro ofrece una lista (la "malota", la idólatra, la reina del drama, la que nos usa como desagüe...)

 

11. Ayúdala a ser una mujer fuerte, no una víctima

 

Como pediatra, la autora ha visto muchas niñas echadas a perder por padres sobreprotectores que consentían todas las perezas y vanidades de su hija, quizá porque "pobrecita, como es más bien fea/gorda/torpe/mal estudiante, etc..." "Si soy víctima se me consiente todo", aprenden muchos niños y niñas. Y en la vida adulta vivirán así, presentándose como víctimas en vez de crecer en virtud y fuerza. Los padres deben educar a sus hijos en la independencia, en vivir sin miedo ni rencor, en asumir riesgos y fracasos razonables...

 

Es este un libro fácil de leer, lleno de docenas de ejemplos y casos claros, un libro que necesitan desesperadamente muchos padres y madres y que nos ayudará a orientarnos, como avisa el título, "en una sociedad líquida", especialmente hostil a nuestros hijos, sobrinos y nietos.

 

 

Revista Misión - 21.09.2020

 

Foto: freepik

 

Las pantallas han cobrado un protagonismo inusual en los hogares con la pandemia. Se han convertido en ventanas para asomarnos al exterior, y poco a poco han empezado a llenar el tiempo escolar, laboral y también mucho tiempo de ocio de padres e hijos. Ante esta realidad, debemos hacer un plan y buscar alternativas como las que comparten en el siguiente escrito de Isis Barajas publicado en la Revista Misión.

 

***

 

Un informe elaborado por la plataforma Empantallados señala que el 48 por ciento de las familias españolas adquirió nuevos dispositivos durante el confinamiento de la primavera pasada y que el ocio digital de los hijos se multiplicó considerablemente. De lunes a viernes, los niños pequeños consumían casi 4 horas de pantalla para el ocio (un 76 por ciento más que antes del confinamiento) y los hijos mayores alcanzaban las 5 horas diarias dedicadas al entretenimiento digital (un 68 por ciento más que antes). A esto, por supuesto, había que añadir el tiempo dedicado a seguir las clases online o a realizar tareas escolares a través de aplicaciones digitales.

 

Un oportuno “retorno” 

 

La inercia creada durante esos meses preocupa a muchos padres que ven que ahora no es tan sencillo desprender a sus hijos de los hábitos de consumo abusivo de pantallas que han adquirido. Por ello, la doctora en Educación y Psicología, Catherine L’Ecuyer, nos explica que lo último que hay que hacer es tirar la toalla o conformarse “con lo que hay”: “En educación, no hay puntos de no retorno, pero hay líneas rojas que al cruzarse crean inercias o vicios que son difíciles de romper”. Para retomar las riendas, L’Ecuyer recalca que es necesaria “una decisión conjunta de los padres, un plan de acción decidido y constancia a la hora de llevarlo a cabo”. 

 

Si nuevos rebrotes del virus acaban encerrándonos de nuevo en casa, L’Ecuyer insiste en la necesidad de que los padres tengan un plan preestablecido. “La improvisación pasa factura: acabas dejándote llevar por las modas, por lo que hace el vecino o lo que manda el colegio. Nosotros somos los primeros educadores y cuando actuamos por inercia lo que hacemos es abdicar de esa responsabilidad”, recalca. 

 

Esta autora de libros de éxito como Educar en el asombro y Educar en la realidad (Plataforma Editorial) sostiene que el riesgo de adicción a las pantallas es mayor en los niños que en los adultos. “Para un adulto, el locus de control es interno cuando usa la tecnología como una herramienta de trabajo; sin embargo, cuando está navegando sin rumbo, el locus de control es externo y entonces está a remolque de los estímulos externos”, explica. En cambio, “para los niños el riesgo de la adicción siempre existe, porque ellos multitarean cuando tienen acceso a estos dispositivos y aún no tienen la madurez suficiente para gestionar esas herramientas de forma responsable”. Por esta razón, insiste en que “la educación para el uso de los dispositivos no es consecuencia de usarlos, sino que ocurre en el mundo real: solo es posible cuando hay templanza, fortaleza, capacidad de inhibir estímulos, comprensión de la diferencia entre lo público y lo privado, etc. La mejor preparación para el mundo online es el mundo offline”.

 

La literatura como aliada

 

“Restringir la tecnología sin más no es un buen recurso”, explica Catherine L’Ecuyer. “Es necesario dar alternativas excelentes: hacer pan, volar una cometa por un balcón, coser mascarillas de tela, aprender a poner una bajera, limpiarse bien los dientes, hacer un sofrito, leer libros, cuidar de una planta, escuchar música, ver películas clásicas, coser un botón, limpiarse los zapatos…”. La baronesa Susan Greenfield, neurocientífica, señalaba que “el reto para padres y profesores es configurar el entorno para que sea más atractivo para un niño ver la vida en tres dimensiones que sentarse delante de la computadora”. Y si hay una actividad que L’Ecuyer recomienda sin paliativos es la lectura: “La literatura enseña a escribir y a hablar con propiedad. Ayuda a entender los matices y la complejidad de la psicología humana. Sin embargo, muchísimos niños hoy en día no se han leído los clásicos. El confinamiento era una ocasión ideal para hacerlo, pero hemos preferido enchufarles a una tableta que prescribir la lectura de 10 obras maestras. Es incomprensible”.

 

 

Por LaVidaLucida.com - 13.07.2020

 

Foto: senivpetro - freepik 

 

Ser una madre es sin duda el trabajo más difícil que jamás tendrás. Los puntos altos pueden ser los mejores momentos de tu vida, pero los bajos son despiadados. Si no estás peleando con tu adolescente o luchando para que tu bebé deje de llorar, estás preocupada por todo, desde su vida social hasta su dieta. Al final del día, todas quieren ser una buena madre, la mejor mamá que se pueda ser. Pero siempre quedan huecos que hace pensar que las cosas se pueden hacer mucho mejor.

 

Signos de que eres una buena madre

 

Cada madre tiene su acercamiento individual a lo que es la crianza, sin embargo, a veces, como madres sentimos que no estamos criando de la manera correcta. Pero este sentimiento de insuficiencia es usualmente infundado. Aquí está la cosa: ser una buena madre no es tan duro como se ha hecho pensar. De hecho, son las cosas simples las que realmente importan. Echa un vistazo a ocho señales de que estás haciendo bien tu trabajo.

 

1. Estás agotada

 

Nadie dijo que la maternidad era un paseo por el parque. Las buenas madres ponen generalmente el horario de comer, de dormir, de jugar y de bañarse de sus niños antes del suyo, y eso, generalmente significa, algunas noches de sueño perdido y no mucho tiempo muerto durante el día.

 

2. Conoces tus prioridades

 

Criar a tu hijo para ser un adulto exitoso y feliz viene antes que cualquier otra cosa. Esto significa que los valores que tú aceptas, como la bondad y la perseverancia, deben ser integrados en la vida de tu hijo. Esto generalmente significa que eres el ejemplo, permitiendo que tu niño aprenda sobre tus valores por su cuenta.

 

3. Lo apoyas

 

A pesar de que priorizas tus valores, tu hijo depende de ti para el estímulo en su vida cotidiana. La estimulación mental es la forma en que un niño crece en casi todas las edades, y estar allí para ellos al margen y animándolos en sus esfuerzos, significa que estás haciendo algo bien.

 

4. No tienes miedo de hacer cumplir las reglas

 

Una buena madre sabe cómo ser enfática cuando su hijo se está portando mal. Muchas madres se esfuerzan por ser amigas de sus hijos, pero sabes que no es tu trabajo. Independientemente de la edad de tu hijo, entiendes la importancia de establecer reglas consistentemente en tu casa, y si desobedecen, saben que enfrentarán consecuencias. Este es uno de los elementos de construcción de carácter más importantes de ser madre. Por lo general, conduce a adultos seguros y disciplinados.

 

5. Sabes la importancia de la libertad y la diversión

 

La disciplina es importante cuando se es madre, pero eso es sólo un lado de la moneda. Divertirte con tu hijo es lo que finalmente fortalecerá tu relación y traerá enriquecimiento a la vida de un niño. Tu hijo sabrá que hay tiempo de trabajo y tiempo de juego, y necesita saber que estarás allí para ambas cosas.

 

Esto significa que tomas un tiempo sustancial fuera de tu día para divertirse o jugar juntos. Podría significar llevarlo al parque o al acuario, o podrían estar jugando en casa o en el patio trasero. Asegurarte de que tu hijo reciba su dosis diaria de diversión, es una de las principales responsabilidades de ser madre.

 

El cerebro de un niño es más absorbente en sus primeros años, y permitir que nuestro hijo aprenda, significa darles la libertad de explorar y descubrir por sí mismos. Puedes sentir que quieres sostener su mano en todos lados, como en su primer día de escuela. Pero cada niño necesita llegar a una comprensión del mundo que les rodea por su cuenta. Mantenerlos constantemente protegidos de la realidad, puede impedir que se desarrollen de una manera saludable.

 

6. Tus hijos son educados

 

¿Alguna vez ha estado en un avión y un niño mal portado se sienta detrás de ti, pateando tu asiento y haciendo ruido? Y los padres se quedan allí sin intervenir. No quieres ser ese padre. Bueno, los buenos padres no sucumben a sus hijos. “Por favor” y “gracias” deben ser las bases del lenguaje de tu hijo y deben comenzar a entender las señales sociales tan jóvenes como sea posible. Nunca es demasiado pronto para enseñar respeto.

 

7. Tus hijos quieren mostrarte afecto

 

Si hay una cosa que todos sabemos acerca de los niños, es que lloran. Mucho. Si se han raspado su pierna o otro niño ha herido sus sentimientos, deben encontrar la comodidad en tus brazos. El tacto de una madre suele ser algo instintivo, no puede aprenderse a menos que tengan esa conexión, por lo que tu hijo pequeño debe buscar ese amor y afecto de ti.

 

Así que, ya sea un abrazo, un beso o simplemente una mano afectuosa para enjugar sus lágrimas, ellos deben sentirse protegidos y a salvo contigo, y en reciprocidad, ellos deben dar también esa afección física.

 

8. Si tienes un adolescente, se sienten avergonzados de ser vistos contigo

 

Tome la comodidad en esto. La adolescencia traerá consigo un feroz deseo de independencia y sus vidas sociales comienzan a dominar todo lo demás. Por lo tanto, no te sientas desanimada o desmoralizada si tu hijo quiere distanciarse de ti en público o incluso en casa. Significa que están creciendo, y su amor por ti a los catorce años es el mismo que tenían a los cuatro años. Los niños sólo tienen una forma extraña de mostrarlo.

 

Conclusión

 

La maternidad es una responsabilidad abrumadora. Puede ser divertida, pero también puede ser desafiante y agotadora, y trae consigo una gran cantidad de emociones. A veces necesitas un poco de seguridad de que estás en el camino correcto como madre, y esperamos que los principios que hemos enumerado ayuden a formar una mejor relación con tu hijo, para que realmente pueda durar toda la vida.

 

 

 

melodijolola.com - 06.08.2020

 

Foto: peoplecreations

 

Las palabras son muy poderosas: se quedan en nuestra mente, impactan nuestro ser, nuestra autoestima y dejan huellas en nosotros, tanto si son positivas como negativas; y más si estamos hablando de la educación de los hijos. Es por eso que debemos tomar consciencia de cada cosa que les decimos a los hijos y procurar por usar un lenguaje apropiado, sano, positivo y constructivo.  

 

Entre las nueve palabras que no se debe decir a los hijos, se encuentran las siguientes:

 

1. Mandón

 

El problema de aplicar este término a un niño o niña, es con fines de criticarlos sin pensar en el daño psicológico que se les puede causar. Es decir, al llamarlos así, se les hace ver desde niños, las pocas posibilidades de adquirir el papel de líder. En ese sentido hay que buscar alguna alternativa que le haga saber que no debe de tener tanta rudeza con sus amigos o con las personas que interactúe.

 

2. Consentido

 

El hecho de tener muy consentido a un hijo, depende netamente de los papás, y en ese sentido, el carácter con el que crezcan, es atribuido con la total responsabilidad a ellos. Puede ser un daño que perjudique directamente su vida, pues cuando lleguen a una edad adulta, querrán seguir teniendo todas las oportunidades a sus pies y en ese sentido, pueden frustarse al ver que la vida no es tan fácil como se la hicieron ver sus padres en su niñez.

 

3. Listo

 

Llamar así a un niño, puede ser un arma de dos filos, pues por un lado, elogiarlo de manera repetitiva puede levantarle el autoestima, pero lo cierto es que, las personas suelen ser listas en un determinado tema y en otros no. Por lo que llamarlos así, pudiera causar un problema al grado de que cuando se enfrente a un problema que no puede resolver por sí solo, podría causarle una crisis de identidad. Es mejor para el pequeño que se elogien las virtudes concretas que le han permitido resolver un problema. Así, el "qué listo eres" se convierte en algo mucho más útil: "Me encanta la forma en que te concentraste con esto para encontrar una solución".

 

4. Egoísta

 

Los niños son egocéntricos por naturaleza de forma inherente. Y no desarrollan por completo la teoría de la mente hasta que no cumplen 3 años. Es decir, ellos actúan por instinto sin saber a quién hace sentir mal su comportamiento o su despotismo. En ese etapa, si se les llama egoístas, definitivamente no van a comprender el término. Una vez que crecen, hay que hacerles saber de otra forma que no deben actuar egoístamente para no entorpecer (entre otras cosas) su interacción con sus familiares, amigos, etc.

 

5. Mentiroso

 

El primer problema que se desprende de llamarles bajo este término es que los niños no actúan con maldad cuando mienten, por lo que al estar escuchando que se les llama así, van creando una mentalidad dañina que puede afectar en su futuro. El segundo problema es que se pasan por alto todos los logros intelectuales que ha alcanzado un niño al decir una mentira, logros que, de hecho, deberían celebrarse.

 

6. Princesa

 

El contratiempo con esto, radica en fomentar la autosuficiencia, el valor y una imaginación libre para conocer otros roles que no tengan que ver con castillos y príncipes apuestos. Sin embargo, ese entorno soñado, no va a rodearla por siempre, por lo que desde pequeñas hay que ayudarles a que pongan los pies sobre la tierra.

 

7. Rompecorazones

 

Durante las edades tempranas de los niños, llamarles así, podría generar un adelanto significativo en su etapa de enamoramiento, haciendo que pierda la realidad sobre lo que le corresponde vivir como niño. Lo que se sugiere, es que no se le llame así de manera innecesaria e irresponsable, ya que esto podría acarrear problemas graves en su futuro.

 

8. Estúpido

 

Evidentemente es una palabra que subestima a los niños (incluso a los adultos) al grado de que cuando uno se equivoca durante una actividad que está realizando, es muy común autonombrarse así. Y se hace tan cotidiana esta forma de llamarle así a las personas, que no hay manera de reparar el daño mental que se va formando antes esta forma tan humillante de llamarlas así.

 

9. Tonto

 

Es sin duda, una de las formas más ofensivas y denigrantes de llamarle así a una persona, y con mayor razón a un niño... Cuando se cae en el error de llamarle así a una persona, no hay marcha atrás de reparar las grietas que pueda generar en una relación cualquiera que ésta sea, como padre-hijo, maestro-alumno, jefe-empleado, etc. Así es que es mejor, buscar una alternativa mucho más sutil para hacerle saber a la persona o al niño en este caso, lo que se piensa de él o ella pero siempre buscando la mejoría, nunca agrediendo u ofendiendo.

 

 

*Con información de chispa.tv y melodijolola.com

 

 

 

FamilyOn - 06.07.2020

 

Lucía Galán, reconocida pediatra española

 

Somos muchos los que la seguimos en redes sociales, en su blog, en su canal de YouTube… buscando consejos de la pediatra más famosa de España. Y ahora, por fin, acaba de publicar ‘El gran libro de Lucía, mi pediatra’, una guía completa sobre la salud de los niños, desde el nacimiento hasta la adolescencia.

 

En esta guía trata muchísimos temas, desde los cólicos del lactante, la fiebre, las intoxicaciones, ahogamientos, vómitos, alimentación… hasta las nuevas tecnologías, un tema que dice preocuparle especialmente y que daría para escribir un libro en sí mismo. A continuación reproducimos la entrevista de FamilyOn a la experta: 

 

Lucía, la OMS da unas recomendaciones clarísimas en cuanto al consumo de pantallas: De 0 a 2 años, cero pantallas. Entre los 2 y los 5 años, no exponerlos más de una hora al día. Entre los 5 y los 17 años, no más de dos horas al día, sin hacer excepciones los fines de semana. Sin embargo, el 54% de los niños y adolescentes no cumple con estas recomendaciones. ¿Qué consecuencias estamos ya sufriendo por no cumplir estas recomendaciones y tú estás viendo en consulta?

 

La inmensa mayoría de los padres no hemos sido educados en redes sociales porque no existían. Y eso hace que nos sintamos inseguros, no tengamos una referencia. Mis hijos, por suerte o por desgracia, han tenido una madre conectada a las redes y este ha sido un punto más en su educación. He tratado siempre de educarles en el uso responsable de las redes sociales y nuevas tecnologías.

 

Las consecuencias que estoy empezando a ver y que me preocupan es que hay padres que normalizan que niños muy pequeños jueguen con sus teléfonos móviles y su tiempo libre lo consuman con el teléfono. Y normalicen que, mientras están haciendo la compra en el supermercado, al niño lo sientan en el carrito y le dan un móvil para que se entretenga. Y normalizan que el niño de cuatro años esté en un restaurante con el resto de la familia y, en lugar de jugar con sus primos, esté enganchado a un dispositivo. Eso es lo que me preocupa, que los padres lo hayan normalizado. El niño necesita jugar y necesita correr y necesita aire libre y relacionarse con otros niños. Y el bebé de dos años, si lo llevas al supermercado, le gusta ver lo que compras, meter cosas en el carro, sacarlas… No es culpa de los niños. Cada uno tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad. Porque cuando hablamos de adicción a las pantallas, todos miramos a los adolescentes, pero a mi lo que más me preocupa ya no es esa adición, sino la normalización del uso de pantallas en niños tan pequeños.

 

¿Somos conscientes las madres y padres de por qué la OMS recomienda cero pantallas hasta los 2 años? ¿Conocemos las consecuencias de un exceso de pantallas?

 

Hoy en día hay mucha información sobre este tema. Los expertos nos dicen que el cerebro está en proceso de formación hasta los 20 años, pero es en los primeros años de vida en los que se forman los cimientos sobre los que luego se construye el resto de su desarrollo neurocognitivo. Las conexiones neuronales y cerebrales que establezcan en estos primeros años son vitales para su futuro desarrollo. Y esas conexiones no se establecen a través de una pantalla. Yo siempre les explico a los padres que vienen a mi consulta que el tiempo que pasa un niño de 1 año y medio delante de una pantalla, es tiempo que su cerebro está off, totalmente apagado. Porque ha dejado de percibir todos los estímulos que él necesita para desarrollarse de una forma saludable: el sonido de los pájaros, la voz de mamá, reconocer algo que se ha caído al suelo por el sonido que emite, el sabor de una fresa que se está comiendo…. Todos estos estímulos los estamos anulando. El niño necesita gatear, correr, caerse, aprende a esperar, saber consolarse de otra formas que no sea a través de un recurso externo como es una pantalla…

 

¿Qué hay de la relación existente entre el uso de tecnologías y la falta de concentración?

 

El consumo excesivo de pantallas a edades tempranas aumenta la hiperactividad de los niños. Al recibir múltiples estímulos luminosos y acústicos en una pantalla a la vez , se acostumbran a estos ritmos rápidos. Y el mundo real no es así. El niño, además, se acostumbra a recibir recompensas rápidas (tocan una tecla y, en seguida, suena un sonido o le dan una monedita…) que no tiene que ver con el mundo real. En la vida real no todo lo que hacen tiene una recompensa inmediata. Entonces, esos niños que han abusado de las tecnologías, cuando vuelven a conectar con el mundo real, están como desubicados, se mueven muy rápido, no son capaces de centrar la atención… Si se pasan conectados un tarde no pasa nada, pero si el consumo de pantallas durante horas forma parte de su rutina, luego no les puedes pedir que se sienten a leer un libro, un objeto en el que no hay luces ni sonidos, donde al tocar la página no hay recompensas inmediatas… Los padres tienen que ser conscientes de eso. Nosotros lo entendemos como adultos, porque nuestro cerebro ya ha recibido todos los estímulos y ha realizado todas las conexiones que necesitamos para desarrollarnos, pero los niños no. Los niños necesitan caricias, besos, susurros, caerse, levantarse… Todo eso va estableciendo esas conexiones. Por no hablar de las emociones que, a través de las pantallas, no se captan. Es fundamental para los niños establecer un apego seguro con sus progenitores, sus familias… Y esto, a través de una pantalla, no es posible.

 

Lucía, has dicho que tú siempre has tratado de introducir este tema como un punto fundamental en la educación de tus hijos. ¿Tienen unas normas en casa en cuanto al uso?

 

Por supuesto. En la habitación no hay televisión, ni móvil, no ordenador. Mientras estamos paseando o realizando alguna actividad en familia, no hay móvil. Los tiempos de juegos se pactan con horarios y les anuncio con antelación cuando se tienen que desconectar, no les desconecto sin previo aviso. Luego tenemos unas normas específicas para redes sociales: no pueden aceptar a personas que no conocen personalmente, no cuelgan fotos en redes de las que luego, de mayor, se puedan arrepentir. No suben fotografías que no aporten nada…Tenemos que incluir el uso de las tecnologías, redes sociales… como un punto fundamental en la educación de nuestros hijos. A nosotros nadie nos educó en esto, no lo necesitábamos, pero nuestros hijos sí lo necesitan.

 

 

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