DLF - 21.10.2020

 

foto: prostooleh

 

El señor Ricardo, de 72 años, es un hombre que lee todo lo que le llega a las manos, y está bien enterado de las noticias nacionales e internacionales; desde hace tres años está en cama, y sólo se levanta de vez en cuando con la ayuda de su esposa, de su hija Olga y de su bastón.

 

Olga es doctora, y dice que su papá está bien atendido; pero a veces le duele en el corazón un deseo que él tiene: “quiere… es más, anhela y espera poder ir a Nueva York para ver jugar a los Yankees, pues, además de la lectura, el beisbol es su gran pasión”.

 

Si bien es cierto que muchos adultos mayores experimentan cambios notables respecto las décadas anteriores, que han perdido habilidades físicas o carecen de una óptima salud mental, o que tienen importantes cambios en su estado de ánimo, es falso que ahora sean como “niños grandes”.

 

Si queremos contribuir a su bienestar, es necesario abandonar esta idea. Pensar así es querer creer que sus necesidades se limitan a la protección y los cuidados, dejando de lado que son personas con intereses y sueños propios, explican Liliana García de los Cobos, psicóloga e integrante de la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de México y Sarahi Elvira Franco, de la Fundación para el Bienestar del Adulto Mayor I.A.P

 

Si bien hay sueños difíciles de alcanzar -pero no imposibles-, hay otros para los que sólo les falta el incentivo psicológico, ese aliento que les permite fijarse metas y activarse. Como familia, es importante desprendernos de los mitos culturales respecto a la vejez, y afrontar con nuestros adultos mayores los desafíos por venir.

 

¡Ayudemos a motivarlos! Para lograrlo, nos dan algunas sugerencias:

 

Cuando las aplicamos vemos mayores beneficios de orden físico, psicológico y social en la persona.

 

1. Valorarlos

 

Crear contextos positivos desde sus historias; es decir, hacerles ver que sus experiencias nos han enriquecido, y nos son útiles para la vida actual.

 

2. Integrarlos

 

Hacerlos parte de las labores cotidianas o reparaciones que se realicen en el hogar, haciéndoles notar que su experiencia y consejos son valiosos.

 

3. Involucrarlos

 

Incluirlos en las soluciones de los inconvenientes que se presenten.

 

4. Animarlos

 

Motivarlos al uso de la tecnología y enseñarles a manejarla; su interés puede partir principalmente de su necesidad de comunicarse con amigos o familiares que aprecian.

 

5. Aprovecharlos

 

Pedirles que nos enseñen alguna de sus habilidades, como el baile, el canto, o lo que les guste hacer.

 

6. Entusiasmarlos

 

Platicar sobre lo que les gustaría hacer a futuro, como ir a cenar, visitar algún lugar de la ciudad, etc.

 

7. Llenarlos de esperanza

 

Conversar con ellos sobre algo que les gustaría aprender o emprender; los planes crean sueños, y los sueños generan vida.

 

*Publicado originalmente en desdelafe.mx

 

 

Autor anónimo - 21.07.2020

 

Foto: freepik

 

Durante la pandemia tenemos días buenos y también es normal tener días difíciles, que sentimos que esta situación nos supera... Sin embargo, reflexiones como las que leerás a continuación, te harán caer en cuenta que en realidad hay mucho para agradecer y que no deberíamos quejarnos por estar en casa, pues hay personas y familias que la están pasando muy mal con sus seres queridos enfermos. Compartimos con ustedes este mensaje de autor anónimo que anda circulando por las redes:

 

***  

 

No considero aislamiento el tener que quedarme en casa con quien yo amo. El aislamiento es lo que están viviendo los enfermos graves...

 

Deja de decir que estás aburrido, molesto porque no puedes salir de casa; mientras que todos los que están en el hospital quieren irse a casa.

 

Entonces, agradece a Dios si tienes que quedarte en casa, estás en el mejor lugar que podrías estar... en tu casa y no un hospital.

 

Quizás sea hora de transformar tu casa en un lugar maravilloso para quedarse, un lugar de paz y no de guerra, de abrazo y no de distanciamiento.

 

Mira con otros ojos la situación que estás viviendo:

 

Haz de tu casa una fiesta: escucha música, canta, baila...

 

Haz de tu casa un templo: Ora, reza, medita, pregunta, agradece, alaba, suplica...

 

Haz de tu casa una escuela: Lee, escribe, dibuja, pinta, estudia, aprende, enseña...

 

Haz de tu casa una tienda: Limpia, ordena, organiza, decora, etiqueta, mueve de lugar, vende, dona ...

 

Haz de tu casa un restaurante: Cocina, come, prueba, crea recetas, cultiva especias, planta un huerto...

 

En fin... haz de tu casa, de tu familia si la tienes, ¡un mundo maravilloso!

 

Autor anónimo

 

 

Más de este tema: 

La nueva normalidad

¿Puede el aislamiento tener efectos psicológicos en los niños?

¿Cuánto tiempo más podré aguantar con los niños en casa?

 

LaFamilia.info - 04.03.2020

 

Foto: Freepik

 

Muchos padres podrían afirmar que organizar el tiempo en familia es una virtud que se aprende poco a poco, y es que, si de por sí es complicado acertar con planes que se adapten a los gustos de todos los miembros del núcleo familiar, esto se vuelve un reto aún mayor cuando los niños pasan a ser adolescentes, edad en la que ya tienen sus propias preferencias. 

 

Sin embargo, dejarlos solos en esta etapa es un gran error. Sabemos que es característico de la edad la rebeldía, curiosidad e indecisión, por eso más que nunca debemos acogerlos e integrarlos a la dinámica familiar. Así que debemos buscar actividades que despierten el interés de los jóvenes y que al mismo tiempo les haga sentir que su familia está ahí para lo que necesiten, siendo este el nexo para la reconstrucción de la confianza intrafamiliar.

 

En este sentido, algunas ideas de planes constructivos para realizar en familia pueden ser los siguientes:

 

Ir a ver una película al cine: Una película apta para todos los públicos, palomitas y muchas risas son un puente hacia la confianza de los adolescentes.

 

Acudir a una obra teatral: No hace falta soportar una tediosa obra de teatro clásica, es posible obtener entradas para disfrutar de un jovial humorista, para deleitarse con un concierto o incluso para emocionarse con alguno de los musicales que tanto se están popularizando últimamente.

 

Realizar planes culturales: Al igual que en el caso anterior, visitar museos alternativos como el Museo de Ciencia y Tecnología podría despertar la sed estudiantil de los jóvenes, del mismo modo que conocer las imponentes catedrales del país podría aumentar su interés por el arte y la religión.

 

Visitar un parque de atracciones: La pubertad es una etapa de cambios en la que las hormonas se disparan, provocando frustración y sed de emociones fuertes. ¿Por qué no redirigir esa propensión a la agresividad hacia una fuente de liberación de adrenalina como una montaña rusa?

 

Compartir un día en la naturaleza: Tanto un día de actividades en el campo como pasar el fin de semana en una casa rural, podrían contribuir a que los jóvenes reconecten con ellos mismos al estar alejados de las presiones de los iguales y de las banalidades del mundo urbano.

 

Noche de juegos familiares y comida a domicilio: No todo tiene por qué ser en la calle. Divertirse con juegos de mesa, ver una serie o incluso pedir unas hamburguesas a domicilio son planes muy sencillos pero que cumplen con los gustos de los jóvenes y pueden propiciar su apertura a la conversación.

 

Voluntariados: En ocasiones, las comodidades y los lujos nos hacen obviar lo afortunados que somos, por lo que reconectar con nuestro lado más humano por medio de la ayuda al prójimo podría contribuir a una mayor unión familiar, así como a un regreso del adolescente a sus valores de caridad, amor y buen hacer.

 

 

Más artículos de este tema >

 

Autor desconocido - 15.07.2020

 

Foto: freepik

 

Solo se es niño una vez, por eso todo niño tiene derecho a una infancia feliz, tiene derecho a comportarse como niño, a ser aceptado y amado en la familia. Estos son los derechos de los pequeños: 

 

1. Todo niño tiene derecho a nacer, aunque este derecho prive a sus papás de comprarse un carro nuevo.

 

2. Todo niño tiene derecho a ver que su verdadero papá vive con su verdadera mamá, a pesar de que pueda acostumbrarse a anacronismos.

 

3. Todo niño tiene derecho a una infancia alegre y divertida, aunque los mayores no nos merezcamos su sonrisa.

 

4. Todo niño tiene derecho a ser querido, sobre todo si es una “pelota”.

 

5. Todo niño tiene derecho a que sus papás le den besos y expresiones de afecto.

 

6. Todo niño tiene derecho a hablar con sus papás, para ellos habría que esconder todas las pantallas.

 

7. Todo niño tiene derecho a pelearse con sus hermanos, para ello tiene que tenerlos. 

 

8. Todo niño tiene derecho a contradecir respetuosamente a sus papás, aunque estos en “sus tiempos”, no pudieran hacer lo mismo con los suyos.

 

9. Todo niño tiene derecho a una educación integral y coherente, aunque se exponga a ser normal cuando mayor.

 

10. Todo niño tiene derecho a saber cómo nacen los niños al pie de la letra, pero no es necesario que encima de ese pie aparezca una imagen pornográfica.

 

11. Todo niño tiene derecho a recibir una educación sexual sana, o sea, más o menos como la recibieron sus abuelos, con las variaciones destraumatizadoras a que dé lugar.

 

12. Todo niño tiene derecho a caerse en la bici, para ello sería necesario que le diéramos la oportunidad de aprender a manejar bicicleta.

 

13. Todo niño tiene derecho a respirar aire puro, aunque se acostumbre.

 

14. Todo niño tiene derecho a vivir un mundo irreal, pero de una manera natural sin drogarse.

 

15. Todo niño tiene derecho a ser libre en todas sus cosas, aunque esta libertad nos fastidie a los mayores.

 

16. Todo niño tiene derecho a pensar, aunque llegue a descubrir que los mayores somos… como somos.

 

17. Todo niño tiene derecho a que le crean, sobre todo si dice la verdad, que es la mayoría de las veces.

 

18. Todo niño tiene derecho a ser escuchado. Nos sorprenderíamos de las cosas tan sensatas que dice.

 

19. Todo niño tiene derecho a preguntar, incluso lo que nosotros no sabemos.

 

20. Todo niño tiene derecho a ser distinto de los demás hermanos, aunque sea la "oveja negra" de la familia.

 

21. Todo niño, por último tiene derecho a comportarse como un niño y a ser tratado con toda la dignidad de un niño y a ser tratado con toda la dignidad de un futuro hombre libre.

 

*Fuente desconocida

 

Más artículos de este tema >

 

Colaboración de Maria José Calvo para LaFamilia.info - 09.03.2020

 

 Foto: jcomp

 

La maravilla de la persona requiere la maravilla de la familia. Algo ¡imposible de exagerar…! Cuando los padres, gracias al amor recíproco, traemos un hijo a este mundo, nos convertimos en los primeros y principales educadores suyos. Y esa misión nos capacita para ser verdaderos líderes, dar lo mejor de cada uno, y lograr lo mejor de ellos. 

 

En esta entrañable tarea, lo más importante es quererles de veras por quienes son. A veces, vemos niños muy simpáticos y agradables, y pensamos qué suerte han tenido esos padres… Pero, nada más lejos de la realidad. Lo habitual es que lo estén aprendiendo de sus padres, y haya un trabajo laborioso, de artesanía, escondido tras esa conducta que aflora.

 

Porque, la persona se “construye” y se forja en la familia. Es donde encuentra ese ambiente saturado de cariño y confianza, donde ve y aprende a través de los ojos de su madre, de su padre, donde percibe cómo se quieren y se tratan entre sí… Y todo eso le llena de confianza y seguridad, ayudándole a construir su personalidad. Ese ambiente deja una huella indeleble en la vida de cada uno.

 

Los niños no salen buenos o malos…, sino que se hacen y rehacen en la familia, al saberse queridos de ese modo tan específico y entrañable, simplemente por quienes son: por ser personas ¡singulares!, ¡únicas!, valiosísimas.

 

Es el amor en el que se encuentra inmerso el que le ayuda a desarrollarse y forjar su mejor personalidad. No solo en las primeras etapas de la vida, sino especialmente, cuanto mayor es la plenitud y capacidad de amar de esa persona. Y nunca está “terminada”, siempre puede hacerse y rehacerse: ¡mejorar!

 

Cada persona es un gran regalo: el mayor regalo que podamos imaginar. Por eso, descubrir y tratar a los demás como personas, como seres de aportaciones, como seres relacionales, con sus cualidades específicas y fortalezas, y su singular capacidad de pensar en los demás…

 

En la familia es donde se aprende lo importante de la vida, de las personas que nos quieren. Y donde cada una puede ser ella misma, única, especial, excepcional; y a la vez, ayudar a los demás, con su cariño, su tiempo, sus cualidades cultivadas. Es decir, donde se realiza como persona, amando a los que tiene cerca.

 

Todo ello precisa tiempo y cariño, conversar con ellos, sabiendo escuchar con el corazón. Hay que prestarles atención, saber motivarles, con optimismo, con la belleza de unos valores humanos nobles, con nuestra  amabilidad… Transmitir con coherencia un ideal de vida, con unas pocas normas importantes y claras, que vayan iluminando y marcando un sendero. Mostrarles con la vida y el trato a los demás un modo de ser y de relacionarse propio de una persona, para ayudarles a lograr su mejor personalidad; pero ¡¡la suya!!, con sus talentos específicos.

 

Como decía la Madre Teresa, “no te preocupes si tus hijos no te escuchan…, ¡te están mirando todo el día!” Esto es muy consolador, también con adolescentes.

 

Esto se puede concretar, entre los dos, en planes de acción, con pequeños objetivos y unos medios para lograrlos. Y con una motivación adecuada en cada caso. Así se va configurando un proyecto personal para cada hijo. Atendiendo a sus distintas facultades, como es la inteligencia, sin olvidar el corazón, y la capacidad de actuar de forma libre. Es decir, con una voluntad entrenada en pequeñas cosas.

 

Y serán capaces de pensar en los demás, de acometer retos que los engrandezcan como personas. De esta suerte, aprenden a hacer las tareas de la casa por amor, y a demostrar el cariño. Primero en la propia familia, y luego con amigos, en el colegio…: se desborda eficaz en otros ámbitos.

 

Porque, el fin último de toda educación es enseñarles y hacerles capaces de amar. Por eso la necesidad de que se sientan de veras queridos, y de que perciban cómo se quieren sus padres entre sí. Es lo que les permitirá aprender a amar. La persona solo crece cuando ama: así va conquistando su plenitud, y como consecuencia es más feliz. Si quieres hijos felices, ¡enséñales a amar!

 

*Colaboración de María José Calvo para LaFamilia.info. Médico de familia por la Universidad de Navarra. Orientadora familiar y conyugal por IPAO, y a través del ICE de la Universidad de Navarra. Colaboradora habitual en la revista “Hacer Familia”. Blog personal: optimistaseducando.blogspot.com

 

 

Más artículos de este autor > 

 

5 Tips para educar en las tecnologías

 

Cuándo introducir a los niños en el mundo digital

 

8 Características de la adolescencia que todo papá debe conocer

 

 

 

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

            

logo pie

© 2020 Corporación CED - all right reserved - desarrollado por Webpyme