Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 01.02.2016

 

20160102fyvInmaculadaFoto: Cortesía de Inmaculada Fotografía para LaFamilia.info (www.inmaculadafotografia.com)

 

Compaginar profesión y vida de familia puede resultar igualmente arduo para hombres y mujeres. No obstante, mientras que ellas soportan la carga de la doble dedicación, ellos se frenan ante los obstáculos y permiten que el trabajo gane claramente la partida.


En cierto modo, dicen los expertos, los hombres con hijos afrontan una lucha semejante a la que libraron las mujeres, pero al revés. El papel de las madres en el hogar se daba por supuesto, y tuvieron que abrirse hueco en el trabajo. Ahora, los padres necesitan que se les reconozca en la práctica que sus obligaciones familiares exigen mucho más que llevar dinero a casa.


La solución radical sería hacerse amo de casa. Pero lo cierto es que muy pocos papás se han planteado en serio esa posibilidad y la descartan porque la familia no podría mantenerse solo con el sueldo de la madre. Esto contribuye a que, por ejemplo en Estados Unidos, la gran mayoría (70%) de los hogares con padre, madre y niños, los dos trabajen fuera, y cuando no es así, en casi todos los casos (97%), es ella la que se queda. De igual modo, el motivo económico se va atenuando, pues ya casi en una de cada cuatro parejas con dos sueldos, la mujer gana más que el hombre.


Menos flexibilidad laboral para hombres


Y es que para muchos padres tener un hijo afecta claramente su actitud. Al sentir más fuerte la llamada del hogar, ya no están tan dispuestos a hacer excesos por la empresa. Aunque manifiestan no tener un cambio drástico en sus aspiraciones profesionales, sí coinciden en percibir otra idea del éxito, más global y equilibrada.


Pero las buenas intenciones de todos no tienen tanta repercusión práctica. Los empleados con hijos pequeños, por citar un caso, sufren una sutil discriminación porque, de hecho, se supone que sus responsabilidades paternas no les afectará mucho ni les demandará mayor tiempo, a diferencia de lo que se acepta en el caso de las madres. Y aún los que dicen tener más facilidades por parte de los jefes, confiesan que a menudo no se atreven a aprovecharlas, y cuando se toman algún tiempo para atender una emergencia familiar, suelen hacerlo de modo “extraoficial”, sin pedirlo formalmente.


En suma, en la sociedad del presente hay menos flexibilidad laboral por razones familiares para los padres que para las madres, y la diferencia se debe en parte a la mentalidad dominante. Así, las mujeres se plantean con naturalidad pedir un permiso extenso o suspender la carrera profesional por algún tiempo para atender a los hijos pequeños; los hombres, en cambio, no. Cuando se reincorporan al trabajo tras la maternidad, las mujeres suelen pedir horario reducido o flexible, cosa que pocos hombres hacen cuando tienen un hijo.


Tareas domésticas: quién las hace


No es extraño, pues, que no se haya alcanzado la equiparación entre los sexos en cuanto a la dedicación de tiempo al hogar, pese a las ideas igualitarias de los nuevos papás. Si se hacen cuentas resulta que, en los matrimonios en que trabajan fuera, tanto ella como él, la mujer emplea una media de 28 horas semanales en tareas domésticas, mientras que el marido, 12 horas menos, en buena parte porque los hombres tienen, por término medio, una semana laboral más larga (datos de la Encuesta Nacional de Familias y Hogares en E.U.).


Tal desigualdad no es exclusiva de Estados Unidos. La detecta también el estudio “Creciendo en Australia” (Growing Up in Australia), que sigue desde 2004 la trayectoria de 10 mil niños de este país –y sus familias–. Además, examina por separado a cada progenitor y muestra que el padre dedica a los hijos la mitad de tiempo que la madre.


Por ejemplo, los niños de 4 y 5 años pasan 12.1 horas diarias con la madre y 6.1 horas con el padre (incluido el tiempo nocturno). Lo que no significa que la madre esté sola con el hijo durante 6 horas al día, sino más, pues el padre se ocupa él solo del niño no más de 30 minutos los días laborales y casi 90 minutos los fines de semana.


También, en el caso australiano, la jornada laboral se muestra decisiva. En efecto, la disparidad se acorta mucho si la mujer tiene un empleo de 35 horas o más por semana; en tal caso, ella pasa con el niño 9.2 horas diarias, y el marido, 7.7 horas. En cambio, la máxima diferencia se da cuando la mujer no tiene empleo (7.2 horas más ella que él) o el marido trabaja 55 horas o más por semana (6.9 horas). Se vuelve a ver que compaginar empleo y familia es un problema de dos.


En definitiva, armonizar las responsabilidades del trabajo con el cuidado de los hijos y la atención del hogar, solo es posible si existe el propósito de papá y mamá de querer compartir el tiempo y distribuir tareas. Esto es clave para que haya un equilibrio y ambos padres puedan disfrutar de sus hijos y, al mismo tiempo, de otras actividades. El éxito radica en la buena administración del tiempo y que los dos pongan un poquito de su parte.


Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 15-3/12.  Adaptado de Aceprensa. Instituto de La Familia, Universidad de La Sabana.

 

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Por LaFamilia.info - 11.01.2016

 

20161101fyvFoto: Pixabay 

 

Durante las festividades de fin de año las familias suelen reunirse; los que están lejos de casa viajan a su encuentro y así cada hogar está colmado del calor de familia. Pero ya es hora de recomenzar la vida ordinaria y todos han de retornar a sus lugares de origen... Para algunos padres, esta ausencia de los hijos se convierte en motivo de desánimo y tristeza.

 

El hogar que hasta hace poco era un hervidero de risas y encuentros es ahora silencioso y solitario, “¿qué va a ser de nosotros?”. Cada vez que los hijos se van de casa es como la primera vez, revivimos el dificil momento de cuando salieron del nido...

 

Para quienes enfrentan el "síndrome del nido vacío" Ghislaine Demombynes coautora del libro Hijos adultos: ¿Qué tan cerca, qué tan lejos? Del apego a la autonomía” comparte con nosotros cuatro pasos que ayudarán a transformar esta experiencia:

Primero, atender nuestro dolor

 

Aceptarlo y valorarlo porque nace de nuestro inmenso amor por nuestros hijos. Acobijar nuestro dolor, tenerle paciencia, como a un cachorro que llora. Estamos iniciando un cambio en nuestras vidas e intentaremos confiar en que lo que nos espera -una vez que el dolor haya pasado- estará lleno de satisfacciones.

 

Segundo, aprovechar lo que viene

 

Tenemos más tiempo disponible, menos responsabilidades en el hogar: es el momento de ocuparnos de nosotros mismos. Muchos no tenemos esa costumbre, hasta ahora nuestros hijos han sido nuestra prioridad, nos hemos ocupado de ellos y no de nosotros. Nos cuesta preguntarnos: ¿Qué quiero hacer? ¿Cuál actividad deseo explorar? ¿Cómo aprovechar este momento en mi relación de pareja? Podríamos hasta sentirnos culpables de aprovechar las oportunidades, como si eso fuera traicionar nuestro rol de padre o madre.

 

La realidad es que al ocuparnos de nosotros mismos, les estaremos haciendo un bien a nuestros hijos, seremos unos padres activos y satisfechos con los cuales ellos querrán relacionarse de ahora en adelante.

 

Tercero, nuestros hijos necesitan otro tipo de atención

 

La relación con nuestros hijos adultos va a transformarse para el bien de todos. Ya no tenemos porqué opinar ni aconsejarles si no nos preguntan. Es preferible dejar que tomen sus decisiones y consoliden su confianza en sí mismos: cuando seguimos demasiado pendientes de ellos estamos enviándoles el mensaje que no los creemos capaces. Nuestro rol ahora es de alentar su empoderamiento. En la medida en que ayudamos a nuestros hijos a independizarse de nosotros, estaremos construyendo relaciones futuras más nutritivas para ambos.

 

Cuarto, recordar las etapas del cambio:

 

-Temor: Tendremos miedo al cambio, miedo al vacío en la casa, miedo a perder lo que teníamos.

 

-Resistencia: Algunos padres intentamos mantener la misma relación -de protección u autoridad- como cuando los hijos eran adolescentes. Otros insistimos en mantener un contacto muy estrecho sin respetar la individualidad de nuestro hijo.

 

-Aceptación: Al ver que nuestros hijos se desenvuelven solos y a la vez siguen pendientes de nosotros, nos damos cuenta que hay ventajas para todos en esta nueva realidad. Celebramos sus logros, los acompañamos en sus fracasos con la confianza de que el fracaso es sólo una lección para el éxito futuro.

 

-Crecimiento: Al cambiar, por el bien de nuestros hijos, también encontramos nuevas facetas de nosotros mismos, mayor independencia y nuevas posibilidades: habremos crecido como personas y nos convertiremos en un modelo para nuestros hijos.

 

 

Por último la experta sugiere: "Debemos dar la bienvenida a un nuevo tipo de relación con nuestros hijos. Empezar a construirla requiere de nuestra dedicación y coraje para enfrentar el cambio. De nosotros depende amargarnos o disfrutar de esta nueva etapa en la vida de todos."

 

 

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ACI - 10.11.2015

 

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Ante el aval de la Corte colombiana para la adopción de niños por parejas homosexuales, es válido recordar las palabras que pronunció el Papa Francisco sobre este tema en el pasado Congreso Internacional sobre la complementariedad entre hombre y mujer (Vaticano, noviembre de 2014):

 

El Santo Padre dijo que “la familia sigue siendo fundamento de la convivencia y la garantía contra la escisión social”, indicó para después referirse a que “los niños tienen el derecho a crecer en una familia, con un padre y una madre, capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su maduración afectiva”.

 

El Pontífice alertó luego ante la trampa “de ser cualificados con conceptos ideológicos” ya que “la familia es un hecho antropológico y no podemos calificarla con conceptos de naturaleza ideológica que solamente tienen fuerza en un momento de la historia, y después caen”.

 

"No se puede hablar hoy de familia conservadora o familia progresista: la familia es familia”, remarcó el Papa.

 

Durante su intervención y en referencia al tema del Congreso, el Pontífice ha explicado que en efecto, en la complementariedad del hombre y la mujer se basa “el matrimonio y de la familia, que es la primera escuela donde aprendemos a apreciar nuestros dones y los de los demás, y donde comenzamos a aprender el arte de vivir juntos”.

 

El Papa se ha referido a también a las dificultades que se viven en la familia, tales como el “egoísmo y el altruismo, entre razón y pasión, entre los deseos inmediatos y los objetivos a largo plazo” pero “las familias ofrecen también el ambiente en el que resolver estas tensiones”.

 

Para el Papa Francisco, “cuando hablamos de complementariedad entre hombre y mujer en este contexto, no debemos confundir tal término con la idea simplista de que todos los roles y las relaciones de ambos sexos están cerrados en un modelo único y estático”. “La complementariedad asume muchas formas, porque cada hombre y mujer aportan la propia contribución personal al matrimonio y a la educación de los hijos. La propia riqueza personal, el propio carisma personal, y la complementariedad se convierte así en una gran riqueza” que además de un “bien” es también “belleza”, dijo ante los participantes del Congreso.

 

El Santo Padre aseguró después que “en nuestro tiempo el matrimonio y la familia están en crisis” porque “vivimos en una cultura de los provisional, en el que cada vez más personas renuncian al matrimonio como compromiso público”. 

 

“Ésta revolución en las costumbres y en la moral –prosiguió el Papa Francisco- ha ondeado a menudo la ‘bandera de la libertad’, pero en realidad ha llevado a una devastación espiritual y material a muchas personas, especialmente a los más vulnerables”.

 

“Es cada vez más evidente que el decline de la cultura del matrimonio está asociado a un aumento de pobreza y a una serie de numerosos otros problemas sociales que golpean de forma desproporcionada a las mujeres, los niños y los ancianos”, aseguró en el nuevo Aula del Sínodo.

 

Por otro lado, el Santo Padre dijo que “la crisis de la familia ha dado origen a una crisis de la ecología humana, ya que los ambientes sociales, como los ambientes naturales, tienen necesidad de ser protegidos”.

 

Además, “si la humanidad ha comprendido la necesidad de afrontar aquello que constituye una amenaza para nuestros ambientes naturales, somos lentos –somos lentos en nuestra cultura, también en nuestra cultura católica– en reconocer que también nuestros ambientes sociales son un riesgo”.

 

Por tanto, “es indispensable promover una nueva ecología humana y hacer que vaya adelante” e insistir “sobre los pilares fundamentales que rigen una nación: sus bienes inmateriales”, sostuvo el Papa Francisco.

 

“La familia sigue siendo fundamento de la convivencia y la garantía contra la escisión social”, indicó para después referirse a que  “los niños tienen el derecho de crecer en una familia, con una padre y una madre, capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su maduración afectiva”.

 

El Santo Padre quiso recordar de nuevo la exhortación apostólica Evangelii gaudim, en la que “he puesto el acento sobre la contribución ‘indispensable’ del matrimonio en la sociedad” una contribución que “supera el nivel de emotividad y de las necesidades contingentes de la pareja”. A continuación, se mostró contento “por el énfasis puesto en vuestro congreso sobre los beneficios que el matrimonio puede llevar a los hijos, a los cónyuges mismos y a la sociedad”.

 

El Papa Francisco exhortó luego a los participantes del Congreso a enfatizar “el compromiso definitivo en lo relacionado con la solidaridad, la fidelidad y el amor fecundo responde a los deseos más profundos del corazón humano”.

 

Por ello, ha invitado a hacer presentes a los jóvenes que representan el futuro: “es importante que no se dejen involucrar por la mentalidad dañina de lo provisional y sean revolucionarios para la valentía de crear un amor fuerte y duradero, es decir, de ir contra corriente”.

 

 

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LaFamilia.info - 15.06.2010

 

Los derechos de la familia son:


1. El derecho de todo hombre a fundar una familia a tener los recursos apropiados para mantenerla;
2. El derecho a ejercer su responsabilidad en el campo de la transmisión de la vida;
3. El derecho a la intimidad de la vida conyugal familiar;
4. El derecho al matrimonio uno e indivisible;
5. El derecho a creer y profesar la propia fe, y a difundirla;
6. El derecho a educar a los hijos de acuerdo con las propias tradiciones e instituciones adecuadas, siempre que no se lesionen los derechos de los demás y, en especial, los derechos de Dios;
7. El derecho a la seguridad física, social, política y económica;
8. El derecho a una vivienda apropiada, para una vida familiar digna;
9. El derecho de expresión y representación ante las autoridades públicas, económicas, sociales, culturales y ante las inferiores tanto por sí misma como por medio de asociaciones.


Carta de los Derechos de la Familia


Es un documento aprobado por JUAN PABLO II el 22-X-1983, fruto de las preocupaciones del Episcopado mundial. Esta Carta de los Derechos de la Familia es una nueva iniciativa de la Iglesia para la promoción y defensa de la institución familiar que se ha enviado a lo gobiernos organismos internacionales y autoridades interesadas en la misión de la familia.


Puntos claves de la Carta

1. Toda persona tiene derecho a establecer una familia;
2. El matrimonio exige el libre consentimiento de los esposos;
3. No a la anticoncepción, esterilización y aborto;
4. Igualdad de todos los niños en el derecho a la protección social;
5. Derecho de los padres a elegir y controlar los centros educativos;
6. No al divorcio que atenta contra la familia;
7. Derecho a la libertad religiosa de los miembros de la familia;
8. Las familias tienen derecho a asociarse;
9. Derecho a la propiedad familiar y a la seguridad social;
10. Derecho al salario familiar justo;
11. Derecho a la ayuda estatal.

Alfonso Mendiz - 14.09.2015

 

20151409fyvFoto: Catálogo IKEA

 

IKEA ha presentado su nueva campaña publicitaria “Alrededor de la mesa”, que ha sido creada por la agencia MRM/McCann.

 

Su lema da continuidad al concepto lanzado el año pasado: “Nada como el hogar para amueblarnos la cabeza“. Con el nuevo eslogan, IKEA pretende resaltar la enorme importancia emocional que tiene en nuestras vidas el mundo que vivimos “alrededor de la mesa”.

 

La mesa es el lugar de comunicación por excelencia de los que conviven en el hogar y alrededor de ella compartimos ideas, sentimientos, vivencias y planes de futuro. Sobre la mesa expresamos quienes somos, tratamos los temas más relevantes de nuestras vidas y educamos a los más pequeños, transmitiéndoles nuestros valores. Es por tanto un mundo en el que habitan nuestras emociones y mostramos nuestro cariño y afecto por los demás. 

 

El spot está protagonizado por la mesa más “poderosa” del mundo: la mesa del despacho oval de la Casa Blanca. A lo largo del anuncio esta peculiar mesa nos relata cómo envidia a las mesas de los hogares normales y modestos, donde se cuece lo que de verdad importa: celebramos cosas que merecen la pena, recibimos valiosos consejos, aprendemos lecciones magistrales para la vida y se toman las decisiones que de verdad cambiarán el mundo. Por eso cualquier mesa noble querría disfrutar, al menos una vez en la vida, de una comida familiar.

 

Como señala Gabriela Díaz-Guardamino, directora de marketing de IKEA Ibérica: “Comer es mucho más que compartir una deliciosa comida. Es la ilusión de prepararla juntos, experimentar con nuevas recetas, poner una mesa bonita, disfrutar de una larga sobremesa. En definitiva sobre la mesa compartimos, ante todo, emociones. Por eso, cuando nos sentamos a comer, nos importa lo que hay sobre la mesa, pero, por encima de todo, nos importa lo que hay alrededor de ella”.

 

 

Fuente: Publicidad y Cine con Valores - alfonsomendiz.blogspot.com.es

 

 

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