LaFamilia.info - 04.09.2015

 

20150709fyvFoto: Opusdei.org 

 

El 22 de abril celebramos el Día de la Tierra, por eso recordamos estos consejos del Papa Francisco publicados en su encíclica Laudato si´, la cual nos invita a una “conversión ecológica” y nos alienta a proteger y construir nuestra casa común con pequeñas acciones que derraman un bien en la sociedad.

 

La encíclica resalta además, el papel de la familia en esta misión: “En la familia se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la vida, como por ejemplo el uso correcto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados.”[1]

Siguiendo sus enseñanzas compartimos los siguientes consejos[2] para convertirlos en hábitos de vida:

1. Calefacción, abrigarse más y evitar prenderla.

 

2. Evitar el uso de material plástico y de papel.

 

3. Reducir el consumo de agua.

 

4. Separar los residuos.

 

5. Cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer.

 

6. Tratar con cuidado a los demás seres vivos.

 

7. Utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas.

 

8. Plantar árboles.

 

9. Apagar las luces innecesarias.

 

10. Dar gracias a Dios antes y después de las comidas.

 

“Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad.”

Notas:

[1] Encíclica Ludato si´, Papa Francisco. Capítulo Sexto, parte II, párrafo 213.

[2] Encíclica Ludato si´, párrafo 211.

Opusdei.org

 

 

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Zenit - 28.05.2015

 

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El Papa Francisco está realizando una intensa catequesis sobre la familia. En la audiencia papal del pasado miércoles 20 de mayo, ha reflexionado sobre la educación de los hijos como vocación natural de la familia. A continuación, apartes de la catequesis.


***

 

“Y continuamos reflexionando sobre la familia y hoy de una característica esencial de la familia, o sea, de su vocación natural a educar a los hijos para que crezcan en la responsabilidad de sí y de los otros. Lo que hemos escuchado del apóstol Pablo al inicio es muy bonito, muy bonito. Vosotros hijos obedeced a los padres en todo, eso agrada al Señor. Y vosotros padres, no exasperéis a los hijos, para que no se desanimen. Esto es una regla sabia, el hijo que es educado en escuchar a los padres, obedecer a los padres que buscan no mandar de una forma fea para no desanimar a los hijos.

 

Y por eso, esta relación entre padres e hijos es de una sabiduría, debe ser de una sabiduría, de un equilibrio grande. Hijos, obedeced a los padres, eso gusta a Dios. Y vosotros padres, no exasperéis a los hijos pidiendo cosas que no puede hacer. ¿Entendido?

 

Y eso se hace para que los hijos crezcan en la responsabilidad de los otros, parecería una constatación obvia, incluso también en nuestros tiempos no faltan las dificultades. Es difícil educar para los padres que ven a los hijos solo por la noche, cuando vuelven a casa cansados. Los que tienen la suerte de tener trabajo.

Y más difícil aún para los padres separados, con la carga de esta condición. Es muy difícil educar pero... pobres, han tenido dificultades, se han separado y muchas veces el hijo es tomado como rehén, el padre le habla mal de la madre, la madre le habla mal del padre. Y se hace mucho mal.

 

Yo os digo, matrimonios separados, nunca, nunca, nunca, tomar al hijo como rehén. Vosotros os habéis separado por muchas dificultades y motivos, la vida os ha dado esta prueba, pero que los hijos no sean los que lleven el peso de esta separación. Que los hijos no sean usados como rehén contra el otro cónyuge. Que los hijos crezcan escuchando que la madre habla bien del padre, aunque no estén juntos. Y que el padre habla bien de la madre. Para los matrimonios separados esto es muy importante, es muy difícil pero podéis hacerlo.

 

Pero, sobre todo, esta es la pregunta, ¿cómo educar? ¿Qué tradición tenemos hoy para transmitir a nuestros hijos?

 

Intelectuales “críticos” de todo tipo han acallado a los padres de mil manera, para defender a las jóvenes generaciones de los daños -reales o presuntos- de la educación familiar. La familia ha sido acusada, entre otras cosas, de autoritarismo, de favoritismo, de conformismo, de represión afectiva que genera conflictos.

De hecho, se ha abierto una fractura entre la familia y la sociedad. Entre familia y escuela. El pacto educativo hoy se ha roto. Y así, la alianza educativa de la sociedad con la familia ha entrado en crisis porque ha sido socavada la confianza recíproca.

 

Los síntomas son muchos. Por ejemplo, en la escuela se han erosionado las relaciones entre padres y los profesores. A veces hay tensiones y desconfianza recíproca; y las consecuencias naturalmente recaen en los hijos.

 

Por otro lado, se han multiplicado los llamados “expertos” que han ocupado el rol de los padres también en los aspectos más íntimos de la educación. Sobre la vida afectiva, la personalidad y el desarrollo, sobre los derechos y los deberes, los “expertos” saben todo; objetivos, motivaciones, técnicas.

 

Y los padres deben solo escuchar, aprender y adecuarse. Privados de su rol, se convierten a menudo en excesivamente cargantes y posesivos en lo relacionado con los hijos, hasta no corregirles nunca.

 

¡Pero tú no puedes corregir al hijo! Tienden a confiar cada vez más a los ‘expertos’, también para los aspectos más delicados y personales de su vida, dejándoles en la esquina solos; y así los padres corren el riesgo de autoexcluirse de la vida de sus hijos. ¡Y esto es gravísimo!

 

Hoy... no, pensemos... hay casos... no digo que sucede siempre... pero hay casos. La maestra en la escuela, regaña al niño y hace un escrito a los padres.

 

Yo recuerdo una anécdota personal, yo una vez cuando estaba en cuarto de primaria dije una palabra fea a la profesora. Y la profesora, buena mujer, hizo llamar a mi madre. Mi madre vino al día siguiente, han hablado entre ellas y luego me llamaron. Y mi madre, delante de la profesora me explicó que lo que había hecho era algo feo, que no se debe hacer, pero con mucha dulzura lo hizo mamá. Y me dijo que pidiera perdón a la maestra.

 

Yo lo hice y después me quedé contento porque pensé, ha terminado bien la historia. Pero ese era el primer capítulo. Cuando volví a casa, comenzó el segundo capítulo. Imaginadlo vosotros.

 

Hoy, la maestra, hace una cosa como esta y el día siguiente, uno de los padres o los dos van a regañar a la profesora porque los técnicos dicen que a los niños no hay que regañarles así. ¡Han cambiado las cosas! Los padres no deben autoexcluirse de la educación de los hijos.

 

Es evidente que este enfoque no es bueno: no es armónico, no es dialógico, y en vez de favorecer la colaboración entre la familia y las otras agencias educativas, las escuelas, los gimnasios, tantas agencias educativas, las contrapone.

 

¿Cómo hemos llegado a este punto? No hay duda de que los padres, o mejor, ciertos modelos educativos del pasado, tenían algunos límites. ¡No hay duda! Pero es verdad que hay errores que solo los padres están autorizados a hacer, porque pueden compensarles de una forma que es imposible para otros.

 

Por otro lado, lo sabemos bien, la vida nos ha dejado poco tiempo para hablar, reflexionar, debatir. Muchos padres están “secuestrados” por el trabajo, papá y mamá deben trabajar, y por otras preocupaciones, avergonzados por las nuevas exigencias de los hijos y de la complejidad de la vida actual, que es así, debemos aceptarla como es, y se encuentran como paralizados por el miedo a equivocarse.

 

El problema no es solo hablar. Es más, un “dialogismo” superficial no lleva a un verdadero encuentro de la mente y del corazón. Preguntémonos más bien: ¿tratamos de entender ‘donde’ los hijos están realmente en su camino? ¿Dónde está realmente su alma, lo sabemos? Y sobre todo ¿lo queremos saber? ¿Estamos convencidos que ellos, en realidad, no esperan otra cosa?

 

Las comunidades cristianas están llamadas a ofrecer apoyo a la misión educativa de las familias, y lo hacen sobre todo a la luz de la Palabra de Dios. El apóstol Pablo recuerda la reciprocidad de los deberes entre padres e hijos: “Vosotros, hijos, obedeced a los padres en todos; eso agrada al Señor. Vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desanimen”.


En la base de todo está el amor, lo que Dios nos dona, que “no falta el respeto, no falta el propio interés, no se enfada, no tiene en cuenta el mal recibido… todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. ¡También en las mejores familias es necesario aguantarse y es necesaria mucha paciencia! El mismo Jesús ha pasado a través de la educación familiar.

 

Deseo que el Señor done a las familias cristianos la fe, la libertad y la valentía necesarias para su misión. Si la educación familiar encuentra el orgullo de su protagonismo, muchas cosas cambiarán a mejor, para los padres inciertos y los hijos desilusionados.

 

Es hora de que los padres y las madres vuelvan de su exilio, porque se han autoexiliados de la educación de sus hijos, que vuelvan de su exilio y asuman plenamente su rol educativo. Esperemos que el Señor nos dé esta gracia de no autoexiliarse en la educación de los hijos. Y esto solamente pueda hacerlo el amor, la ternura y la paciencia.”

 

 

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Por Zenit - HazteOir - 12.03.2015

 

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La estructura familiar tiene una influencia significativa en los resultados educativos de los hijos. Así lo afirma un reciente estudio publicado por el Center for Marriage and Families, parte del Institute for American Values, con sede en Nueva York.

 

La directora del centro, Elizabeth Marquardt, atrajo una gran atención el año pasado con su libro sobre los efectos del divorcio en los hijos. El estudio más reciente elaborado por el centro se titulaba «Family Structure and Children's Educational Outcomes», un trabajo que se basa en un extenso estudio de la investigación académica más reciente.

 

Los hijos, afectados por el divorcio de sus padres desde preescolar hasta la Universidad


La estructura familiar afecta a todos los niveles de la educación, desde el preescolar hasta el universitario, sostiene el escrito. Esto se debe a que lo que ocurre en la familia tiene una gran influencia sobre toda una serie de comportamientos infantiles, como el mal comportamiento escolar, el consumo de drogas y alcohol, la actividad sexual y el embarazo adolescente, y los problemas psicológicos.


En un arco de 35 años, la proporción de niños en Estados Unidos que han sido criados en hogares con los dos padres ha descendido de modo significativo -de cerca del 85% en 1968 hasta el 70% en el 2003- mientras que la proporción de niños que viven en hogares con un solo progenitor se ha casi duplicado. Antes de alcanzar los 18 años, la mayoría de los niños norteamericanos es probable que pasen una parte significativa de sus infancias en un hogar con un solo progenitor.

 

Problemas emocionales en los niños más pequeños

 

Es tres veces menos probable que los niños de 3 y 4 años que crecen con sus propios padres casados experimenten problemas emocionales o de comportamiento como el desorden de déficit de atención.


En general, los niños que viven con sus propios padres casados tienen menos problemas de comportamiento en comparación con los niños cuyos padres están viviendo juntos pero no están casados. También existen diferencias en el área de la salud física. Los niños en familias con un solo progenitor están en general menos sanos que los niños en otros tipos de familia.


Estas diferencias en una edad tan temprana pueden establecer pautas de comportamiento educativas que persisten en niveles educativos posteriores, advertía el estudio.


En la escuela primaria, la habilidad de los niños para manejarse en temas básicos y a su nivel es más débil en aquellos que no viven con sus propios padres casados. Por ejemplo, los de cuarto grado con padres casados logran mayor puntuación en comprensión de lectura, comparados con estudiantes que viven en familias de adopción, con madres solteras, y en otros tipos de familias. Vivir en una familia de un solo progenitor está también relacionado con descensos en los resultados en matemáticas de los niños.


Hasta un cierto punto, los problemas financieros ocasionados por vivir en una familia monoparental explican algunos de los resultados negativos, pero no todos. El matrimonio en sí mismo tiene también un impacto que puede medirse con los resultados educativos.


Efectos en la escuela secundaria y más adelante

 

Entre los adolescentes, las consecuencias negativas debidas a la estructura familiar son notablemente más graves. Afectan a temas tales como el índice de abandonos escolares, el índice de graduaciones, y la edad del primer embarazo.


El escrito explicaba que los estudios llevados a cabo tanto en Suecia como Estados Unidos muestran que a los niños que viven en familias divididas les va peor a nivel educativo. De hecho, cada año que un niño sueco o norteamericano pasa con su madre sola o en adopción reduce los logros educativos generales del niño a la mitad.


El escrito comentaba que estas similitudes entre los niños en Estados Unidos y Suecia en familias divididas están poniendo de relieve especialmente las dramáticas diferencias de estas dos naciones tanto en políticas familiares como en áreas como la desigualdad de ingresos.


Cuando llegan a la universidad, los adolescentes de familias divididas siguen pagando un alto precio. Esto incluye consecuencias negativas como un nivel de asistencia a la universidad más bajo.


Asimismo, los jóvenes, especialmente las mujeres, que crecen con sus propios padres casados tienden a casarse más tarde. Las investigaciones muestran un nexo entre el hecho de retrasar el matrimonio y mayores logros educativos entre las mujeres jóvenes.


Comportamiento problemático

 

El escrito subrayaba cierto número de los patrones de comportamiento negativo más evidentes en los niños de familias divididas.


- Mala conducta en la escuela. La desintegración familiar se asocia, en los chicos, con una incidencia mayor de comportamiento anti social en el aula.
Los niños de hogares con sus propios padres casados tienen muy pocas incidencias de mala conducta en la escuela.


- Asistencia escolar y retraso. Los estudiantes de familias divididas abandonan las clases en un índice de un 30% superior al de los hogares unidos. Estas diferencias existen debido en parte a que los hogares divididos parecen menos capaces de supervisar y controlar a sus hijos.


- Fumar, consumo de drogas ilegales y alcohol. Los adolescentes de familias divididas es más probable que fumen, consuman drogas y alcohol, incluso cuando se controlan factores importantes como la edad, el sexo, la raza y la educación familiar. Un estudio encontró que la estructura familiar tiene una relación significativa con el apego familiar, con las familias unidas con un mayor apego. A su vez, el apego familiar tiene un efecto directo y disuasorio sobre el tabaquismo adolescente y el consumo de drogas ilegales.


- Actividad sexual y embarazo adolescente. Los adolescentes de familias divididas son más proclives a ser activos sexualmente. No parece que haya diferencias significativas en el comportamiento sexual entre adolescentes de familias adoptivas y los de familias de un solo progenitor. La similitud en el comportamiento sexual de estos dos grupos de adolescentes sugiere que el volverse a casar presenta algunos riesgos con respecto a controlar de forma efectiva el comportamiento adolescentes y el trasmitir valores que disuadan de las relaciones sexuales tempranas.


- Actividades ilegales. Estar en una familia adoptiva o de un solo progenitor a los 10 años eleva a más del doble la probabilidad de que un niño sea arrestado a los 14 años. Un estudio encontró era más probable que los chicos adolescentes en familias sin el padre biológico fueran encarcelados que los adolescentes de las familias unidas. Los jóvenes que nunca han vivido con sus padres biológicos tienen más probabilidades de ser arrestados.


- Problemas psicológicos. Para los niños, crecer sin sus propios padres casados está relacionado con altos niveles de estrés, depresión, ansiedad, y baja autoestima, durante sus años de adolescencia; problemas que pueden reducir su capacidad de concentración y atención en la escuela. La investigación muestra de modo fundado que el divorcio de los padres tiene efectos emocionales negativos durante la infancia, adolescencia y edad adulta.

 

Recomendaciones para mejorar


El escrito concluye con recomendaciones para mejorar. Para empezar, dado que muchos niños crecen en familias divididas, los programas y las políticas deberían ayudar a las familias a compensar de la mejor forma que puedan los efectos negativos ligados a estas estructuras familiares.


Y lo más importante, el escrito concluye que política educativa y política familiar deberían ir de la mano. Si queremos niños con mejor educación, necesitamos consolidar las familias, afirma. Apoyar el matrimonio permitirá que un número mayor de niños tenga éxito a nivel educativo y prospere socialmente, sostenía el escrito.

Opusdei.org - 18.05.2015 

 

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El Papa Francisco está realizando una intensa catequesis sobre la familia. En las audiencias ha hablado sobre las madres, los padres, abuelos y abuelas, hijos e hijas… Resaltamos algunas de sus frases, recogidas en el libro electrónico: Catequesis sobre la familia (Vol. I)

 

1. “Es en la familia donde aprendemos a abrirnos a los demás, a crecer en libertad y en paz." Audiencia General, 18 de febrero de 2015

 

2. “Y ésta es la gran misión de la familia: hacer lugar a Jesús que viene, recibir a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos, porque Jesús está allí." Audiencia General, 17 de diciembre de 2014.

 

3. “Sí, ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino es también una elección de vida: ¿qué elije una madre? ¿Cuál es la elección de vida de una madre? La elección de vida de una madre es la elección de dar vida. Y esto es grande, esto es bello." Audiencia General, 7 de enero del 2015.

 

4. “Las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. "Individuo" quiere decir "que no puede ser dividido". Las madres, en cambio, se "dividen" ellas, desde cuando acogen un hijo para darlo al mundo y hacerlo crecer". Audiencia General, 7 de enero del 2015.

 

5. “Para ser un buen padre, lo primero es estar presente en la familia, compartir los gozos y las penas con la mujer, acompañar a los chicos a medida que van creciendo." Audiencia General, 4 de febrero de 2015.

 

6. “El padre trata de enseñarle lo que el hijo aún no sabe, corregir los errores que aún no ve, orientar su corazón, protegerlo en el desánimo y la dificultad. Todo ello con cercanía, con dulzura y con una firmeza que no humilla." Audiencia General. 4 de febrero de 2015.


7. “Ser hijos nos permite descubrir la dimensión gratuita del amor, de ser amados antes de haber hecho nada para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, e incluso antes de venir al mundo. Es una experiencia fundamental para conocer el amor de Dios." Audiencia General, 10 de febrero de 2015.

 

8. “Una sociedad que descarta a sus mayores es una sociedad sin dignidad, pierde sus raíces y se marchita; una sociedad que no se rodea de hijos, que los considera un problema, un peso, no tiene futuro." Audiencia General, 10 de febrero de 2015.


9. “¡Qué bello es el aliento que el anciano logra transmitir al joven en busca del sentido de la fe y de la vida! Es verdaderamente la misión de los abuelos, la vocación de los ancianos. Las palabras de los abuelos tienen algo de especial para los jóvenes. Y ellos lo saben." Audiencia General, 11 de marzo de 2015.

 

10. “Los niños nos recuerdan otra cosa bella; nos recuerdan que somos siempre hijos. Incluso si uno se convierte en adulto o anciano, aún si se convierte en padre, si se ocupa un lugar de responsabilidad, por debajo de todo esto permanece la identidad de hijo. Todos somos hijos. Y eso nos vuelve a llevar siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado nosotros, sino que la hemos recibido." Audiencia General, 18 de marzo de 2015.

 

Tomado de: Opusdei.org

 

Por Susana Ariza, Blog Familia en Construcción - 09.03.2015

 

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Probablemente, estas siete ideas básicas sirvan también para evitar el estrés en general, pero está claro que en casa funcionan, y que se pueden aplicar de maravilla para generar un ambiente familiar relajado y tranquilo, cualidades imprescindibles para favorecer el desarrollo afectivo y emocional de nuestros hijos. Donde haya un ambiente sin estrés, nuestros hijos estarán a gusto y, por lo tanto, haremos más fácil su desarrollo integral.


1. Asumir nuestras limitaciones


La primera clave cuando planificamos nuestro tiempo es ponernos límites a nosotros mismos. Asumir hasta dónde podemos llegar, con qué fuerzas contamos para alcanzar nuestros objetivos diarios. Medir nuestro tiempo disponible, nuestro nivel de cansancio, las actividades que tenemos que realizar y PRIORIZAR. Si no somos realistas con lo que podemos hacer y lo que no, terminaremos el día, o la semana, nerviosos, irritados, y transmitiremos esa tensión al ambiente familiar. Es mejor hacer menos, reservarnos tiempo solo para lo imprescindible, que ir corriendo de aquí para allá con recados triviales que luego irán en contra de nuestra propia estabilidad.


2. Calcular generosamente los tiempos que necesitamos para cada cosa


Las madres de familia acostumbramos a ir con prisas a todas partes. Tenemos muchas obligaciones y poco tiempo para llevarlas todas a cabo. Por eso, además de priorizar y elegir las más importantes, también es muy útil calcular bien los tiempos para no ir con la sensación de que llegamos tarde a todas partes. Si tenemos que ir, por ejemplo, a una charla del colegio de nuestros hijos a las tres de la tarde y calculamos que vamos a tardar unos tres cuartos de hora en tener todo organizado antes de salir de casa, es bueno añadir a ese tiempo otra media hora para asegurar cualquier imprevisto. Esto, obviamente, es algo que debe hacer cualquiera, pero en nuestro caso es más importante todavía, porque a los imprevistos que le pueden surgir a cualquiera (como que haya habido un accidente y nos tiremos un buen rato en un atasco o que el policía de turno decida pararnos justo ese día para pedirnos los papeles...) se pueden sumar mil imprevistos más como que el pequeño de la casa decida hacer sus necesidades en el momento de salir de casa, cuando ya le hemos puesto el abrigo.


3. Dormir bien y suficiente


Ésta es una de las principales claves que afectan a nuestro estado de ánimo. Por eso, es importante estar siempre descansados. En este caso, podríamos invertir la máxima: "no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana"... Priorizar el sueño, aunque a veces tengamos la sensación de que irnos a la cama media hora después que nuestros hijos sea como no haber hecho nada en todo el día... Pero no, en serio, vale la pena acostarse temprano para no pagarlo al día siguiente con todo el que se nos ponga por delante.


4. El fin de semana sirve para descansar, no para cansarse más


Igual que hay que descansar a diario, hay que descansar también del trabajo semanal. Esto, que parece una obviedad, puede no serlo. A veces, tenemos tantas ganas de aprovechar bien el fin de semana que nos cargamos de planes, nos llenamos de obligaciones, hasta el punto de que podríamos elaborar una tabla para organizar bien todos los tiempos y no perder ni un minuto en esos dos días y pico. Pero, a veces, cuando se tiene niños pequeños, o no tan pequeños, sentarse en el sofá a leer, descansar o echarse una siestecilla, es mucho más renovador. El fin de semana debe servir para reponernos del cansancio de la semana anterior y coger la siguiente con fuerzas renovadas. Si no, llega el lunes y no tenemos más remedio que hincharnos a cafés para poder seguir nuestro propio ritmo.


5. Evitar los gritos


A veces, los gritos son una consecuencia del estrés familiar; pero, a menudo, pueden ser también la causa. Ejemplo: llego a casa del cole con mis hijos descompuestos de cansancio y yo casi tan agotada como ellos. De pronto, mi hija se tropieza y empieza a gritar como una energúmena a lágrima viva. Tengo dos opciones: exclamarle algo así como "¡deja de gritar, que me vas a volver locaaaa!", o contar hasta tres, respirar hondo y decirle: "¿qué te pasa? ¿te has caído? ven, que te doy un beso y verás como se te pasa".


Todos sabemos lo que pasa si elijo la primera opción: se inicia una cadena de gritos difícil de atajar cuando ya se ha desatado. Sin embargo, con la segunda, probablemente la niña volverá a llorar por cualquier cosa al cabo del rato, fruto del agotamiento físico o mental de todo un día en el colegio; pero, poco a poco, irá relajándose ella y también el ambiente de alrededor.


6. Apagar el móvil en momentos determinados. ¡bendito modo avión!


Catherine L´Ecuyer expone en su libro Educar en el asombro (basándose en estudios científicos al respecto) que hay una cosa que es materialmente imposible para el ser humano: pensar en dos cosas al mismo tiempo, prestar atención a más de un asunto a la vez. Esto, aunque parece obvio, se nos olvida en el día a día. Con tantas tecnologías a nuestro alcance, especialmente, el móvil, siempre a punto para interrumpir indiscriminadamente cualquier situación, resulta fácil perder el centro de lo que estamos haciendo en cada momento.


Al final, ocurre que no hacemos bien ni una cosa ni la otra, ni hablar por teléfono o ver los mensajes, ni lo que sea que estemos haciendo en ese momento. Si, encima, eso que hacemos es estar jugando con nuestros hijos, o bañándoles o cenando con ellos o, simplemente, viendo una peli, lo que ocurre es que también ellos empiezan a divagar, a perderse o a aprovechar la ocasión para escurrirse discretamente e irse a otra habitación a dejar volar su imaginación: coger la fregona para dejar el suelo de la cocina ´brillante´, o meterse vestidos dentro del agua... o cien mil otras ideas que se les puedan ocurrir sin supervisión alguna. De pronto, cuelgas el teléfono y ¡se arma la gorda! Tarde. Mejor prevenir que curar. Evidentemente, eso no significa que nuestros hijos no deban aprender a comportarse cuando hacemos una llamada o paramos a hablar con alguien de camino a casa. Pero, a veces y sobretodo a ciertas horas del día, es mejor que esa llamada espere, que tener luego diez veces más de trabajo por culpa de dos minutos de distracción prescindible o acabar con la sensación de que no hemos hecho ni caso a nuestros hijos en toda la tarde.


7. Sonreír mucho y siempre


Una vez, escuché decir a un profesor de inteligencia emocional que la sonrisa genera felicidad en el ser humano. Y no era una afirmación gratuita, tenía su explicación: por lo visto, al ejercitar los cientos de músculos faciales que utilizamos para sonreír, nuestro cerebro genera un tipo de hormona (no me pidas datos científicos que solo me quedé con el concepto... jejeje) que produce una sensación de satisfacción. Así que, si en un momento dado nos sentimos cansados, saturados o malhumorados, puede que el mero hecho de esforzarnos para sonreír, a quien sea que esté con nosotros, nos haga sentirnos mejor y, poco a poco, esa sensación de malestar desaparezca, ¡en beneficio de toda la familia!


Fuente: Blog Familia en construcción - ReL

 

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