LaFamilia.info - 29.06.2019
 

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Las condiciones actuales de vida hacen que las familias deban esforzarse un poco más por mantenerse sanas y sólidas, por eso estos hábitos propuestos por Stephen R. Covey, pueden ayudarlas a construir relaciones armoniosas, estables y felices.

 

Stephen R. Covey, escritor de fama mundial y formador de líderes empresariales, descubrió que los principios descritos en su exitoso best-seller, Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, podían aplicarse también a las relaciones familiares.

 

Covey explica que las familias sólidas no surgen espontáneamente, sino que sus miembros necesitan combinar energía, talento, voluntad, visión y empeño. Por eso, en el libro Los 7 Hábitos de las Familias Altamente Efectivas, sintetiza las bases para conseguir el éxito en la vida familiar. A continuación una síntesis de estos siete puntos, publicada por la revista HacerFamilia:

 

1. Ser proactivo

 

Este hábito consiste en el ejercicio real de la libertad. La verdad innegable de que ni las circunstancias ni las emociones controlan nuestra vida, sino nosotros mismos. "Nuestra vida familiar sería mucho mejor si actuáramos conforme a nuestros valores más profundos, en lugar de dejarnos arrastrar por la emoción o las circunstancias del momento".

 

Este hábito es la base de todos los demás, ya que supone la capacidad de hacer elecciones, de dominar la propia la vida, de ser dueño de nuestras emociones y, en consecuencia, conseguir tener las relaciones personales que deseamos tener.

 

2. Empezar con un fin en la mente

 

Tener claro cuál es la razón de ser de la familia y cómo queremos llegar a ser es la clave del éxito de la batalla diaria. Si todos los miembros de la familia fueran conscientes de dónde está la meta y cómo llegar a ella, se dirigirían todas las fuerzas hacia ese fin.

 

Para lograrlo, Covey propone crear la "misión familiar", única y original de cada familia. Diseñar unos objetivos familiares que todos conozcan, de forma que puedan ser conscientes de cuándo se están desviando de la meta.

 

3. Poner primero lo primero

 

Este hábito está profundamente relacionado con el hábito anterior, si tenemos claro cuál es nuestro fin en la vida será más fácil poner primero lo primero. Para todo el mundo la familia es lo primero, pero la realidad es que es a lo último a lo que se dedica tiempo.

 

Conseguir distinguir lo urgente de lo importante es una cualidad fundamental tanto en la vida personal como profesional y muchas veces carecemos de ella. El papel que desempeña cada miembro de la familia es insustituible y no se puede delegar en nadie, por ello, para Covey "poner primero lo primero" es un hábito que debe trabajarse a diario para no dejarse arrastrar por la velocidad a la que la vida nos somete.

 

4. Pensar "Ganar-Ganar"

 

"Entendiéndonos y cooperando podemos hacer algo totalmente distinto que nos beneficie a los dos, mucho más de lo que conseguiríamos si cualquiera de los dos tuviera que ganar".

 

La verdadera unión familiar radica en la necesidad del beneficio de los demás miembros de la familia, el deseo de que todos estén felices y contentos, aun a costa del sacrificio personal. Es en la familia donde mejor se cultiva esta actitud ganar-ganar en la que padres, hermanos, abuelos, etc. interactúan entre ellos movidos por el afecto que se tienen y no por los intereses particulares.

 

5. Procurar primero comprender y después ser comprendido

 

La comprensión llevada hasta sus últimas consecuencias es de los hábitos más difíciles de lograr. Para Covey, los malos entendidos y la falta de comprensión hacia los demás son generalmente el centro del dolor y las rupturas familiares.

 

Ser comprendido es la primera muestra de amor que recibe alguien, sentirse querido pase lo que pase, es entonces cuando puede surgir una verdadera comunicación, una relación profunda.

 

6. Sinergizar

 

La sinergia es el fruto del trabajo y el esfuerzo conjunto, supone que 1+1 es igual a 3. La unión de los miembros de la familia potencia el beneficio que recibe cada uno de ellos por separado. La riqueza que entrañan las relaciones familiares es imposible de alcanzar en ningún otro sitio.

 

"La clave para crear sinergia es aprender a valorar, incluso a celebrar, las diferencias". En la familia, cada uno aporta sus cualidades, virtudes, capacidades que perfeccionan a los demás y les complementan. Es, además, en la aceptación sincera de los defectos ajenos donde se crece como persona.

 

7. Afilar la sierra

 

El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente si no se ponen los medios para frenarlo. Stephen Covey afirma: "Afilar la sierra significa preocuparse de forma habitual y firmemente de renovar las cuatro dimensiones de nuestra vida: física, social, mental y espiritual. Si la sierra se afila de un modo adecuado y de una manera equilibrada, cultivarás todos los demás hábitos empleándolos en las propias actividades de renovación".

 

Es dedicar un tiempo a parar, a pensar, a recomponerse. La reflexión profunda de nuestra vida familiar para renovar y alimentar las raíces que la sostienen.

 

Los siete hábitos de las familias altamente efectivas es el reto de las familias que aspiran a lo más alto.

 

 

 
Por LaFamilia.info
 

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La generosidad nos brinda paz, alegría y nutre el espíritu, tanto propio como el de los otros; por eso es una importante lección que debemos transmitir a los hijos desde las primeras edades. 

 

Ser generosos es darse a los demás de forma desinteresada; es brindar lo que el otro necesita, no lo que nos sobra, y debe darse en el momento oportuno, lo que puede significar esfuerzo y hasta sacrificio.  

  

El autor Francisco Gras en uno de sus artículos, habla sobre esta virtud y el papel que tenemos los papás en esta misión: “Los padres deben motivar a los hijos hacia la generosidad, explicándoles situaciones donde podrían ellos mismos ejercer voluntariamente, la generosidad con su dinero, tiempo, juguetes, ropa, libros, posibilidades de perdón, ayuda, cariño, buenos tratos, etc. Encauzándoles para que actúen con su iniciativa personal, en ayudar a los demás.”

 

Pero poco o nada servirá la cátedra si los hijos no ven ejemplos reales en su hogar. Por eso como primera instancia, los padres deben demostrar ellos mismos la vivencia de la generosidad, para luego poder transmitirla a los hijos. Estas son 10 maneras de promover esta virtud en casa:

 

1. Hacer constantemente una revisión de las cosas de cada miembro de la familia para ver qué puede dar a los demás, compartiendo lo que le sirve y le gusta, no únicamente lo que le sobra. Acostumbrarse a tener solamente lo necesario.

 

2. Reconocer y animar a los miembros de la familia a que tengan un acto de servicio o generosidad, fomentando acciones de servicio voluntarias, sin que nadie lo tenga que pedir. Evitar a toda costa burlas o bromas que inhiban esta actitud.

 

3. Practicar la moderación y la sencillez, hay que educar en el ser y no en el tener.

 

4. Dar prioridad a las necesidades de los otros. Vivir la generosidad significa renunciar a nuestros deseos, gustos y caprichos para darle prioridad a otras personas.

 

5. Ser hospitalarios. Recibir con gusto y alegría a los amigos y visitantes atendiéndoles y haciendo que se sientan bien.

 

6. Velar por las necesidades de los que están cerca: personal de servicio, amigos, vecinos, familiares, compañeros, etc.

 

7. Dar siempre lo mejor de cada uno. Sonreír, ser amables, practicar las buenas maneras.

 

8. Escuchar y enseñar a los hijos a escuchar, ya que esto es dar nuestro tiempo, atención y dedicación a quien quiere compartir con nosotros.

 

9. Agradecer en familia todos los dones que se han recibido de manera gratuita. Valorarlos y atender a los que no tienen tanto como nosotros. Evitar a toda costa quejarnos por lo que no tenemos.

 

10. Nadie es el centro, todos somos importantes. Se maleduca convirtiendo a los hijos en el centro de atención, permitiendo que hagan todo lo que quieran y tomando decisiones que deberían estar a cargo de los padres. Esta es una actitud que motiva a las personas a volverse egoístas.

 

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LaFamilia.info
03.05.2008

 

 

La familia es el lugar natural de la educación. Los lazos que se crean en ella son los más fuertes y profundos. Como lo afirmó varias veces  el Papa Juan Pablo II, la persona dentro de la familia es "querida por sí misma", "no está en función de nada ni de nadie", "no es considerada desde el aspecto utilitario o del valor material".

 

La familia es como un observatorio a todas las distancias. El comportamiento en casa es el más verdadero, mientras que en el colegio, en la calle, con otras personas -a no ser que sean muy amigas- presentamos de algún modo una apariencia.

 

Familia vs medios de comunicación

 

En la familia los padres enseñan y educan con su propia vida, con su personalidad y con su amor; transmiten virtudes y las "contagian", a sus hijos. Sin embargo, la televisión y los demás medios de comunicación están tratando contrarrestar el papel de la familia como educador primario. Según el autor Fernando Hurtado del portal almudi.org, por culpa de los medios audiovisuales buena parte de los chicos de hoy en día se expresa del mismo modo y con el mismo argot, viste con el mismo estilo, tiene principios de razonamiento idénticos, y una visión de la sexualidad, del matrimonio y de la religión similar a la que trasmiten los medios.

 

De acuerdo al autor, “detrás de esta identidad de conducta en la que desaparece la creatividad personal en aras de la uniformidad, las mismas ideas llegan a todos, del mismo modo, sin aparato crítico. Lo bueno y lo malo se presenta "cocinado en la televisión", y  es digerido y asimilado por todos. Como no se presenta otra alternativa cultural, o se presenta descalificada, casi no cabe resistencia.”.

 

Ante esta influencia apabulladora, la familia es la fuerza mediática para contrarrestar la influencia negativa de muchos programas televisivos.¿Qué hacer ante esta situación? Descubrir todo el potencial humano que como padres tenemos, el cual está en cosas pequeñas y en cosas grandes:

 

El ejemplo tiene un alcance visual. Los chicos captan los modos de ser de sus padres, aunque no sepan razonarlo; comprenden lo importante o lo relativo, las conductas buenas o reprobables; ven lo bueno de manera coherente y lo destacado en la conducta de sus padres.

En la conversación y trato se ve el amor y la ternura. Si se es amable, se enseña a los hijos la amabilidad. Ser luminosos y abiertos  en el rostro, en la mirada, en la decoración de la casa. Mostrar limpieza y elegancia de cuerpo y de vestido. Ver como un horror la deslealtad y la mentira y generar convivencia.

En la familia se enseña a rezar. De padres auténticamente amadores de Dios, proceden los hijos cristianos.

A leer y a conversar se aprende en la familia. Los ratos de tertulia, con temas determinados, en los que cada uno opina con libertad y confianza, enseñan a profundizar y a dialogar. Tantas decisiones "caseras" se deberían tomar "democráticamente", teniendo en cuenta el gusto de todos y su opinión. Esto ayuda a que se vean los "porqués" razonados de la selección que los papás han hecho de los programas televisivos.

 

Mientras más costumbres propias tenga una familia, y cuanta más categoría humana alcancen las mismas, mayores lazos de cohesión se forman entre sus miembros y mejor pertrechado estará cada uno de los hijos con esas ideas-fuerza que configuran la auténtica personalidad.

 

Fuente: Fernando Hurtado de almudi.org

 
Por LaFamilia.info
 
 

Los buenos modales o normas de cortesía no son simples “formalismos”,  son mucho más que eso: demuestran respeto, interés por el otro, cultura, dignidad, madurez... y somos los padres quienes debemos fomentarlos en nuestros hijos. 

 

Las buenas maneras son la expresión de lo mejor que hay en nosotros para darnos a los demás, como una muestra de respeto y atención, ubicándonos ambas partes en el mismo nivel y dándole a entender al otro que es tan valioso como lo soy yo. Además, expresan el nivel de conciencia que tenemos hacia la dignidad de los otros.

 

¿Y qué pasa con la sociedad moderna?

 

El no cumplimiento de la normas de tránsito; la impuntualidad; el comportamiento inadecuado en las aulas; la ausencia de palabras como “buenos días”, “gracias”, “hasta luego”; la manera de comer de los niños y jóvenes; el mal uso del móvil en reuniones, aulas, teatros, iglesias; la ausencia de urbanidad en los buses con ancianos o mujeres embarazas; la falta de cortesía entre vecinos, compañeros de trabajo, de estudio… Son muestras de falta de educación del día a día que cada vez se hacen más presentes, todo da a entender que ya no existe la conciencia suficiente de su importancia, como sí lo era hace algunas décadas. Basta con recordar la insistencia permanente que hacían los padres y abuelos en la adecuada conducta social.

 

Adicional a esto, también hay que darle cabida al hecho de que los padres están fuera de los hogares la mayor parte del tiempo, cuando sabemos que algunos de los factores determinantes en el aprendizaje de estas conductas son la observación y el ejemplo, y si los padres están ausentes… ¿de quién aprenderán? Tampoco olvidemos la pérdida de la tradicional cena familiar, pues es común observar que ahora cada quien come en su habitación o en el horario que más se le acomode, dejando de lado la mejor ocasión para enseñar buenos modales a los hijos.

 

La invitación entonces, es a preservar los espacios existentes y crear nuevos, en donde los padres interactúen con sus hijos y no deleguen la enseñanza de los buenos modales a nada ni nadie –incluido el colegio-. Igualmente es crucial el buen ejemplo que reciban de los adultos cercanos, pues de qué vale reclamarles a los hijos que no hablen mientras coman, escuchen a quien les habla, saluden, apaguen el celular en la misa; si los padres salen en el auto y no dan paso al peatón o al subir al ascensor no dan una sonrisa amable a los demás. Hay que tener presente que los hijos siempre están en permanente observación de sus principales modelos: los padres.

 

Tips de cortesía y buena crianza

 

La puntualidad es cultura y por consiguiente ser impuntuales crea malestar, además del abuso del tiempo del otro. Hay que sembrar en los hijos este buen hábito desde que son pequeños; claro está que en las primeras edades, la tarea será exclusiva de los padres, ya que los niños no tienen la autonomía necesaria y serán los adultos quienes deban llevarlos a tiempo al colegio, clases extra escolares, citas médicas, cumpleaños de amigos, etc.

 

El saludo debe convertirse en un hábito de la vida diaria y debe aplicarse a todas las personas con la que nos topamos a diario (cónyuge, hijos, empleada, portero, jefe, compañeros de estudio o trabajo, desconocidos, etc.)

 

Los gritos y las malas palabras, además de una falta de respeto, denotan desequilibrio emocional y falta de autocontrol.

 

Saber comportarse al tomar los alimentos, es una expresión básica que merece toda la atención del caso. Las comidas diarias de toda familia, son la mejor oportunidad para educar a los hijos en la buena conducta en la mesa. Asimismo, se le debe hacer igual acento tanto a las cenas en restaurantes o casas ajenas, como en las del propio hogar.

 

Las personas mayores, con discapacidades físicas, familias con niños o mujeres embarazadas, tienen prelación en los puntos de pago, estacionamientos, ubicación en sitios públicos, entre otros. Un muy buen gesto de urbanismo es cederle el asiento a estas personas o dejarlas adelantar en las filas de espera.

 

Mirar a los ojos a quien nos habla, denota que se le está prestando toda la atención, como también es un indicio de autoconfianza y autoestima.

 

El sonido de un celular en medio de una clase, conferencia, reunión, cita, película, misa… desconcentra a quien está hablando y causa desagrado en los demás.

 

Buen gusto en el vestir, de acuerdo a la ocasión, de tal manera que la presentación personal sea expresión de la valía personal y del respeto a los demás.

 

La postura corporal es un lenguaje no verbal de gran impacto y debe ir acorde al contexto en el que se esté presente.

 

Una sonrisa siempre será un gesto amable y de buen gusto.

 

Fuentes: Revista Hacer Familia, enbuenasmanos.com

Por LaFamilia.info

 

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Si es cierto que los niños necesitan autoridad y disciplina, tampoco debe olvidarse que precisan de un ambiente familiar donde existan momentos y espacios para la risa, el humor y la diversión. Puede que como padres estemos tan centrados en ayudarles a portarse correctamente y a adquirir buenos hábitos, que se nos olvida que bromear y reír son terapias que acercan a la familia y crean un ambiente alegre.

 

Los niños se encuentran en el período sensitivo para hacer del buen humor una forma de ser, una postura ante la vida. Fomentárselo les ayudará a contar con recursos para superar problemas y disgustos.

 

Para todo padre es satisfactorio saber que sus hijos mayores recuerdan su infancia como una época feliz, unos años en que la risa ocupaba una buena parte de las tertulias familiares. Por esto, la actitud con que los padres asumen la vida y la educación de los hijos, es decisiva en el ambiente alegre que se cree al seno del hogar.

 

Hogares poco risueños

 

Los hijos necesitan un ambiente en el que habitualmente se esté de buen humor. Y, cuando no es así, ese hogar va cayendo poco a poco en un sopor parecido a la tristeza, que nunca es productiva ni libera de los problemas.

 

Es preciso pensar si hacemos parte de aquellos padres que llegan cansados de trabajar y a quienes lo único que les apetece es ver la televisión o sumergirse en los móviles, cancelando a los hijos de su momento de ocio.

 

O los padres que piensan que jugar y reír no es cosa de adultos o personas serias. O los padres buenos, tranquilos, nada gruñones... pero que habitualmente no suelen sonreír.

 

Haz de la sonrisa un hábito

 

Estar de buen humor no cuesta tanto y además es mucho más gratificante. Hay que esforzarse por sonreír, aunque a veces se haga difícil. Así acabará por enraizarse en el carácter un sólido sentido del humor.

 

Los padres enseñan a reír a sus bebés al hacerles caricias, cosquillas, masajes y gestos graciosos... Sin embargo a medida que van creciendo, estas acciones van desapareciendo y en ocasiones se olvida el buen humor que existió al principio. Pero hay que recordar que los padres son los mismos y los chicos también, y quizá les sigue haciendo gracia esa mueca especial (cada uno tiene la suya) o alguna payasada imprevista.

 

Es momento de reírse en familia con más frecuencia y con las más simples "tonterías": ante las preguntas impertinentes o ingenuas de los pequeños, ante el desastroso resultado de un pastel casero preparado por ellos… Ver a sus padres riendo habitualmente -y serios y preocupados cuando haga falta, aunque sin perder la serenidad-  ayudará a los hijos a adquirir las bases de una personalidad segura. Como padre es un error pensar que si se muestra gracioso le restará autoridad ante los hijos.

 

Para tener en cuenta

 

- Siempre hay "momentos tontos" a lo largo del día que se pueden aprovechar para hacer reír a los hijos, recordando anécdotas divertidas, contando algún chiste, diciendo alguna frase ocurrente...


- Sorprenda a sus hijos con "locuras": por ejemplo haciendo voces raras imitando a ciertos personajes o con alguna broma en la cena.


- No hace falta gastar dinero para divertirse; es cuestión de creatividad e iniciativa.


- El humor y el optimismo son factores formidables para avivar la inteligencia. Proponga a sus hijos que organicen ellos una salida familiar, o una tarde especial... pero esté también dispuesto a hacerlo todo con sonrisa y buen humor.


- Puede ocurrir que los chistes que cuenten los hijos no le hagan gracia. Sin embargo escúchelos y ríase para que poco a poco vayan aprendiendo a soltarse.


- Hay que enseñarles a disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas presentes en la vida. Hacer de un simple paseo dominical toda una aventura, disfrutar de la conversación o de una cena... Para todo ello hay que pasarlo bien en familia.


- También hay que dejarles claro que la vida no es sólo reírse a todas horas; hay situaciones en las que hay que saber comportarse y conservar una postura más seria, como también hay conversaciones que requieren otro tono.

 

Fuente: Ricardo Regidor de Edufam y Aciprensa.

 

 

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