Por Cecilia Zinicola/Aleteia.org - 30.09.2020

 

Foto: pixabay

 

Un día estoy bien y al siguiente mal, ¿me estoy volviendo loco?. Los días en tiempos de pandemia se viven de manera muy diferente. Hay días que sentimos que la energía es buena y podemos hacer mucho, pero otros no podemos ni siquiera levantarnos de la cama. Esta inestabilidad es normal debido a los cambios con los que tenemos que lidiar a diario.

 

Aunque no podemos tocarnos, estamos más sensibles que nunca y con mucha facilidad surgen los momentos de caídas por estados emocionales negativos que están a la orden del día. La ansiedad causada por sensaciones de vacíos que necesitamos llenar todo el tiempo y la angustia que aparece por un exceso en nuestra proyección sobre lo que puede ocurrir.

 

Cómo vivir determinará nuestro tránsito de buena o mala forma por esta gran inestabilidad. Tomar algunos pasos prácticos nos pueden ayudar a atravesar mejor las dificultades y los miedos que nos llegan como desafíos, quitarnos las presiones constantes y anclarnos en el presente para vivir de un modo realista, con una actitud más optimista y agradecida.

 

Primer paso: aceptar la realidad

 

El primer paso es aceptar que la situación escapa a nuestro control, que vivimos en la incertidumbre, que no podemos hacer todo lo que teníamos programado y que no vale la pena intentar forzar o evadir lo que ocurre. No se trata de rendirse o resignarse, sino de saber “soltar” lo que nos excede.

 

Trabajar amorosamente hacia una aceptación genuina nos permite mirarnos con más compasión a nosotros mismos y a los que nos rodean, a quitarnos el peso de esas realidades como cuando no llegamos a entregar un trabajo a tiempo o no pudimos cumplir con la rutina de ejercicio propuesta comprendemos que, como todos, estamos haciendo lo que podemos.

 

Lo único que podemos controlar es nuestra actitud frente a lo que nos pasa. Cuando elegimos “aceptar”, dejamos los prejuicios de lado y se abren nuevas oportunidades para generar conversaciones que permiten darnos un tiempo para expresar lo que sentimos. Eso nos quita, desde un punto muy humano, presión y malestar.

 

Segundo paso: adoptar una actitud flexible

 

El aceptar que todos los días van a ser distintos y que tenemos que enfrentar esos torbellinos emocionales, nos invita a adoptar una actitud más flexible que puede resultarnos algo incómoda al principio. La incomodidad es parte de la vida y hoy tenemos que vivir muchas situaciones incómodas. Ser flexibles nos va a permitir tener mejores días y de mayor calidad.

 

La flexibilidad aparece cuando entendemos que hay algo que podemos aprender o mejorar de nosotros mismos o de la situación que vivimos: “no puedo hacer mucho, pero voy a hacer algo que me haga bien”, “no soy capaz de tolerar esto porque refleja algo que tengo dentro”, “quería hacer muchas cosas, pero falló internet. Mañana será otro día para volver a empezar”.

 

Organizar rutinas claras para tener un patrón de actividades es esencial, pero también lo es incorporar esa actitud flexible para poder adaptarse en el momento preciso con una mirada hacia lo que es bueno. Bajar la exigencia hará que no terminemos agotados al final del día y que tengamos una nueva oportunidad, más tranquilidad y menos urgencias por hacer algo.

 

Tercer paso: agradecer todo lo que nos ocurre

 

Cuando uno acepta y se hace más flexible viendo las oportunidades, comienza a agradecer lo poco o mucho que tiene. Y cuando agradece es más fácil vivir en el presente, ubicarnos en el lugar que estamos y lo que estamos haciendo en este momento concreto haciendo posible que los miedos, que son anticipaciones del futuro, se disipen.

 

Al agradecer de manera explícita y verbal todo lo que nos ocurre, lo bueno y lo malo, comenzamos a vibrar más alto en la medida que nos conectamos con el amor, nos conectamos con Dios. El acto de dar las gracias nos abre la puerta para encontrar más generosidad, empatía y un aumento en el sistema inmunológico.

 

Cuarto paso: desarrollar la confianza en uno mismo

 

La persona paciente no es la que simplemente espera que la pandemia termine, sino la que está esperando con la confianza de que esto va a pasar y que va a salir distinto de este proceso. Pensar en diferentes formas de vivir, cómo empezar a cambiar prioridades y replantearse con quien compartimos la vida y qué nos hace felices hoy es clave.

 

El quedarnos en casa también hace referencia a una casa más adentro, la interior, que requiere limpieza, desinfección, revisar lo que necesitamos y cómo vivir mejor. El hacer que uno se lleve mejor con uno y tenga menos conflictos internos, nos hace más pacientes y cuando uno tiene esa confianza, recupera la calma en medio de las tormentas.

 

*Publicado originalmente en Aleteia.org

 

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