Por Dolors Massot/Aleteia.org - 16.11.2020

 

foto: jcomp

 

No solo se trata de resistir: ser resiliente es también ser flexible. Adaptarse a la nueva situación nos hará más fuertes.

 

La resiliencia es una de las virtudes que más nos pueden ayudar en estos tiempos de pandemia, porque es una de las formas de vivir la fortaleza. El que es resiliente, es fuerte. Y en la situación actual, todos de un modo u otro necesitamos serlo.

 

Normalmente, se habla de resiliencia como sinónimo de resistencia. Decimos que es resiliente el que aguanta, por ejemplo, en una mala época llena de contrariedades. O el que resiste una tanda de insultos injustos y no responde con violencia. Es el que soporta un esfuerzo continuado para no ceder ante una dificultad que le llega.

 

Ahora, por ejemplo, es tiempo de aguantar y sobreponerse a la pérdida inesperada de familiares y amigos que han sido víctimas (directas o indirectas) del COVID-19. Y para eso es muy importante que el que quiera ser resiliente tenga motivos poderosos para serlo: el sentido de la vida nos ayuda a ir cuesta arriba, aunque sea difícil y doloroso. Para un creyente, el mensaje evangélico es un ancla: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”.

 

La resiliencia nos ayuda a enfrentar un golpe económico. Con la crisis provocada por la pandemia del coronavirus, es probable que hayamos sufrido un bajón importante en los ingresos personales y familiares. Y eso requiere aplomo para encajarla nueva situación y no desanimarse.

 

Lo mismo ocurre con quienes han perdido el trabajo. Es duro estar en el paro y hay que decirse que esta situación pasará, que no es definitiva, y que volverán a darse épocas mejores. Acto seguido, ponerse manos a la obra para buscar otro empleo.

 

La flexibilidad es clave

 

Pero además la resiliencia tiene un aspecto que es clave: la flexibilidad. Un cable es fuerte por el peso que resiste, pero también medimos su calidad por la capacidad para moverse, de forma que lo podamos hacer pasar por una esquina o un desnivel.

 

La adaptación a las nuevas circunstancias es vital. ¿Imaginas un cable rígido, que se rompiera al moverlo? De poco nos serviría que fuera muy fuerte si no se adaptara a las paredes de casa o a un terreno irregular.

 

Esto es aplicable a nuestra vida: en pandemia, ser flexibles nos puede ser de gran utilidad. Y además, es claro signo de inteligencia:

 

Si has perdido el empleo, no tengas inconveniente en cambiar de tipo de trabajo. 

Que no te frene la mentalidad de “yo solo acepto trabajos de mi especialidad”. Sé flexible y busca en otros sectores.

 

Si el confinamiento repercute en la actividad académica de tus hijos, adáptate.

Si han cambiado los horarios o incluso se da la circunstancia de que deben estudiar desde casa, no pierdas el tiempo en lamentos. Pon los medios para que lo antes posible los niños puedan estudiar. Prepara el espacio de su “nueva aula”.

 

En las conversaciones, resiste el comentario negativo y dale la vuelta.

Ya sabemos que hay malas noticias y que los datos sanitarios son demoledores, pero infunde en los demás ánimo y esperanza. Cambia el enfoque con un comentario de apoyo, un gesto de solidaridad y de ayuda.

 

Ante la pandemia, sé proactivo. Sal de ti mismo.

El Papa Francisco nos lo recuerda como objetivo de su última encíclica “Fratelli tutti”: “Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad” (n. 8). Desde ahora mismo, piensa a quién y en qué puedes ayudar y por este orden: tus familiares, tus amigos, tu entorno.

 

No insistas en seguir haciendo lo que ya no se puede hacer o no es recomendable hacer.

Por ejemplo: cambia de chip a la hora de planificar la celebración de Navidad y propón un plan alternativo usando las nuevas tecnologías. O cambiar el modo de estar en contacto con los amigos: ya no es recomendable una reunión física, pero puede haber otros modos de hablar y verse.

 

Mejor que antes

 

La persona resiliente es la que ante una dificultad dice: “Lo haré de otro modo y lo haré mejor que antes”.

 

Hay una forma de ejercitar la resiliencia que nos va enriquecer todavía más: vivirla en equipo. Seremos más fuertes y flexibles si ayudamos a otros a pensar nuevos modos de hacer. Así que la frase se transforma en: “Lo haremos mejor que antes”.

 

 

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