ReL 

 

 

En este tiempo de reflexión, es bueno hacer un alto en el camino para proponernos verdaderos cambios en nuestra vida, no sólo para ser más felices sino para mejorar nuestro entorno. Las siguientes son pequeños gestos del día a día que ayudarán en este propósito. 

 

1. Reconcíliate con aquel familiar o amigo del que estás distanciado. Hazle una llamada; escríbele una carta o mándale un simple Whatsapp. Dile que ya es hora de hablar, de sentarse a charlar, de desenmarañar esos entuertos...

 

2. Dile a tus padres, a tus abuelos, a tu mujer o tu marido, a tus hijos... que los quieres. A lo mejor nunca les has dicho a tus padres: gracias. Agradecer todo lo que han hecho por ti en su vida. Sus sacrificios, sus renuncias...

 

3. Reza por un difunto. Es la mejor forma de ayudarle. Darle las gracias por su vida y pedirle a Dios que lo tenga cerca de Él lo antes posible.

 

4. Llama a un anciano, a una persona sola o a un enfermo. Da igual la excusa. Lo agradecerán seguro. "Pierde el tiempo" con ellos. Hazles sentir que los quieres.

 

5. Juega con tus hijos. Y juega a lo que te digan. ¿A muñecas? Pues a muñecas. A fútbol, pues a darle al balón. 

 

6. Felicita los cumpleaños de tus familiares y amigos. Esa fecha es muy especial para todos. Si no recibimos llamadas de los más cercanos nos venimos abajo pensando que no somos queridos. Apúntate los cumpleaños de todas las personas que quieras, o bien bájate alguna aplicación en tu móvil. Y llámales o mándales un mensaje por el móvil. Con este pequeño gesto ya habrás hecho a una persona feliz...

 

7. No juzgues ni critiques. Sí, ya sé que Manolito es un pelmazo, pero no sabes su historia ni por qué se comporta así. Ayúdale; no le critiques. Y pídele al Espíritu Santo que te muestre cómo Dios ama a esta persona y cómo lo comprende. Pídele que te dé el don de amar a Manolito como Dios le ama... Sí, así de ambicioso.

 

8. Regala una sonrisa. Aunque sea una al día. Pero que no te vayas a dormir sin haber regalado una sonrisa.

 

9. Deja de gruñir y de protestar. Suprime las quejas. Posiblemente tengas razón en muchos de tus desahogos... pero no construyen ninguna relación. Más bien destruyen y crean rencores que envenenan el corazón y el ambiente. Proponte abstenerte de gruñir, protestar o reñir, al menos una vez al día.  

 

10. Gracias, perdón, por favor. Acostúmbrate a utilizar esas tres palabras con los que te rodean.

 

11. Confía en Dios. Ten fe. Dale la oportunidad de que haga milagros en tu vida. Confíale aquel problema que no te deja vivir, o esa cruz que se te hace cada vez más pesada. Pídele al Señor que se encargue Él y que haga el milagro. Deja de lado tus fuerzas y cédele todo el protagonismo... y ten confianza.

 

12. Da gracias a Dios. Dale gracias al Señor todas las mañanas por ese día, por todo lo bueno que te va a pasar... por tu vida entera. "¡Es que he tenido muchos problemas!" Sí, seguro; la vida es dura. "Es un valle de lágrimas", como dice la oración. Pero alaba al Señor por todo lo bueno que te ha dado a lo largo de tu vida. Alábale con fuerza aunque no tengas ganas. Tu felicidad depende, en buena medida, de reconocer que Dios te ama y te bendice todos los días, y que todo lo bueno que eres y que tienes te lo ha dado Él.

 

13. Dale las gracias a aquella persona que fue un ángel de la guarda en tu vida. A lo mejor fue un amigo que te defendió en aquella pelea; o un maestro que confió en ti cuando tú considerabas que no valías nada. También alguien que te dio una primera oportunidad en el trabajo... Aunque hayan pasado 30 años... dale las gracias. Dile por teléfono o por Whatsapp que todavía recuerdas lo que significó ese gesto contigo, y que por eso le das las gracias, ya que esa acción te cambió la vida.

 

14. Sé tú un ángel de la guarda. Dale la oportunidad a alguien. Aunque sea un desconocido. Si eres empresario, contrata a un empleado más. "Es que no lo necesito". Haz un pequeño esfuerzo. A esa persona le puede cambiar la vida ese gesto. A un compañero de escuela o de trabajo que esté aislado, acógele. Habla con él, muestra interés por sus cosas... dale confianza. Intenta intregrarle entre los compañeros. Transmíteles los aspectos de su personalidad más atrayentes... Sé su ángel de la guarda.

 

15. Mira a los ojos a un indigente. No lo rehuyas. Si puedes darle alguna ayuda, adelante, pero si no llevas nada párate un momento y mírale a los ojos. Escúchale. Intenta comprenderle. Transmítele amor con tu mirada. Si puedes abrazarle o cogerle las manos, hazlo. Sonríele y dale una palabra de esperanza.

 

16. Deja de ser un fiscal acusador de ti mismo. No te juzgues tan duramente. Sé un poco más indulgente contigo mismo. Al menos una vez al día no te acuses con fiereza por haber hecho tan mal aquél asunto.

 

17. Y no seas fiscal acusador de los demás. Al menos una vez al día no corrijas con dureza a los demás.

 

18. Visita a un preso en la cárcel. "¡Pero si no conozco a ninguno!". Vale. Contacta con los grupos que van todas las semanas a las cárceles. 

 

19. Ofrece una ayuda económica a organizaciones caritativas. Que ayudará a paliar las dificultades de los más débiles de la sociedad. Basta con unas monedas, pero si tienes más...

 

20. ¿Necesitas algo? Es una buena pregunta que podemos hacer, una vez al día, a alguna persona que nos encontremos.

 

*Publicado originalmente en ReL

 

Colaboración Family and Media - 07.11.2016

 

20160711vFoto: Pixabay 

 

Esta es precisamente la cuestión, saber utilizar correctamente las redes sociales, ser capaces de hacer de ellas un buen uso para difundir valores, ideas, esperanzas y emociones.

 

En el siguiente decálogo de Eduardo Arriagada, profesor de Periodismo y Convergencia Digital en la Universidad Católica de Santiago de Chile, se brindan una serie de reflexiones sobre cómo poder usar de manera inteligente las redes sociales.

 

1. Las redes sociales son un espacio para conversar y compartir

 

La gran diferencia entre los nuevos medios y los tradicionales está en la interactividad: mientras la televisión, la radio y la prensa se basan esencialmente en mensajes “unilaterales” -de emisor a receptor- con escasa o nula posibilidad de interacción, en los nuevos medios en cambio, la interactividad entre fuente y destinatario es la regla, con un continuo intercambio de mensajes y con la inversión de papeles. El usuario se convierte en emisor de mensajes y simultáneamente destinatario de los mensajes de los demás. El fruto de esta relación es la conversación, el diálogo. La conversación es fundamental para nuestra sociedad y para la persona. Es el mejor aspecto de la globalización actual, siempre que respete la persona y no cree desigualdades.

 

2. En las redes sociales las personas quieren conversar entre ellas y no con las instituciones

 

A las personas les gusta compartir información con otras personas en la web. La tecnología sin “humanidad” sirve de poco. Es una forma de aprobar y hacer propio el pensamiento de otra persona que consideran especial. No tendría el mismo efecto si ese mismo mensaje naciera de una institución o de un ente. Parecería creado por una autoridad, una caja vacía sin nombre y sin corazón.

 

3. En el flujo comunicativo, la inmediatez adquiere una grande importancia

 

En las redes sociales la inmediatez del mensaje y el relativo tiempo de respuesta lo es todo. Aún más cuando se quiere difundir una buena idea a través de las redes sociales y construir un debate abierto y fecundo.

 

4. Una conversación en las redes sociales funciona si somos capaces de escuchar a nuestro interlocutor

 

Una consecuencia directa del carácter conversacional de las redes sociales es que estamos obligados a escuchar a nuestro interlocutor, seguir su respuesta (a un tuit nuestro, a un comentario, etc.). De hecho, bien pensado, escuchar al prójimo es la esencia misma de las redes sociales.

 

5. El objetivo principal de las redes sociales es involucrar a la comunidad

 

A diferencia de los medios tradicionales, en las redes sociales el objetivo primordial es crear participación, cambiar ideas, establecer lazos, suscitar emociones y aprobaciones, trasformar los seguidores en usuarios ocupados y activos. Un ejemplo: la cuenta de Twitter del Papa Francisco. Hoy un tweet suyo genera cerca de 10 mil respuestas, en comparación con las mil de media de Obama.

 

6. El éxito de una “comunidad” depende de los contenidos publicados

 

La mejor forma para obtener seguidores en las redes sociales es ofrecer siempre contenidos con un valor añadido. Puede ser información práctica y útil, consejos y sugerencias, e incluso exhortaciones e ideas. Las cuestiones fundamentales del hombre como la paz, el amor, la justicia, la libertad, exigen ser difundidas y defendidas siempre en voz alta. Las redes sociales pueden ser un buen altavoz.

 

7. Hay que circunscribir el tema de la conversación

 

La llave del éxito de las redes sociales es encontrar el tema idóneo que genere una conversación. Pero el tema tiene que ser siempre específico. Si es genérico o ambiguo, se crea confusión o no engancha. Hace falta abordarlo con coherencia, con transparencia y manifestándose abiertos a la crítica.

 

8. En las redes sociales la sencillez es fundamental

 

La sencillez paga. En la vida, como en las redes sociales, el uso de términos complejos, abstrusos, aleja a las personas. Hay que ser sencillos al expresar una idea.

 

9. En las redes sociales la artificiosidad tampoco funciona

 

La naturalidad nos acerca a los otros y nos ayuda a ser comprensibles. 

 

10. Las redes sociales son un lugar para dejarse ver

 

Pero este lugar exige sobre todo el respeto de quien nos escucha, ser auténticos, trasparentes, verdaderos respecto a los sentimientos y las emociones.

 

 

*Por Fabrizio Piciarelli -Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info.

 

 

Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 24.10.2016

 

20161024vFoto: Pixabay 

 

Los cambios en la vida personal y profesional de muchos han sido tan potentes, que son ellos mismos quienes están impulsando esta estrategia para que su efectividad se conozca en todo el mundo. Algunos han oído hablar de coaching recientemente, cuando los resultados positivos de utilizar esta metodología se van haciendo visibles.


A Sócrates se le puede llamar el padre del coaching. No sistematizó la mayéutica, pero podemos afirmar que puso las bases de la metodología del coaching, ya que se basó en el diálogo entre maestro y discípulo con la intención de llegar a la esencia o rasgos universales de la persona y de las cosas de manera inductiva.

 

La idea básica consiste en que el maestro no inculca al alumno el conocimiento, pues rechaza que su mente sea un receptáculo o cajón vacío en el que se puedan introducir las distintas verdades. Para Sócrates, es el discípulo quien extrae de sí mismo el conocimiento.


El coaching es un recurso potentísimo. No es el único, pero desde mi punto de vista uno de los más aconsejados, ya que aquello que la persona descubre por sí misma, lo interioriza como experiencia personal y lo conserva en el tiempo como recurso interno. Así, aprende a verse y a ver la vida desde otro ángulo y esta capacidad le enriquece y le hace más humano y comprensivo.


El coaching es un proceso de acompañamiento profesional que hace el coach (entrenador) al coachee (persona que recibe el proceso) para que este último alcance su objetivo antes, más y mejor. Claro que la persona podría alcanzar por sí sola el objetivo, pero el coaching lo que le va a facilitar es que lo haga antes, con las ventajas que esto supone.


Se aprende a ser más libre, aceptando la realidad como es y a desarrollar la propia creatividad para diseñar estrategias personales, hacia el logro. Distinguir lo que claramente uno quiere, con respecto a lo que quieren los demás y actuar con congruencia, sin necesidad de demostrar nada a nadie, da paso a sentirse en paz y más feliz. También las metas profesionales se pueden definir mejor y marcarse un plan de acción consecuente y asequible, que nos lleva a conseguir objetivos M.A.R.T.E (medibles, alcanzables, retadores, temporalizados, específicos y ecológicos).


Al no ser aún una profesión regulada, como le pasaba antes al periodismo, cualquiera puede decir que es coach. Pero es importante tener referencias personales y acreditaciones que validen las competencias profesionales, ¡no vale todo, ni todos!


Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de la Revista Apuntes de Familia. Autor: Rite, Reyes (2016). "El coaching está de moda". P. 20-23. Ed. 32. Instituto de La Familia, Universidad de La Sabana.

Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 31.10.2016

 

20163110vFoto: Freepik

 

Me conmovieron las palabras de Irene Villa que leí recientemente: “Para poder vivir, lo más inteligente es perdonar”. Al releerlas ahora me siguen conmoviendo, no porque procede de alguien que ha perdido las dos piernas en un terrible atentado terrorista, sino, sobre todo, porque llegan hasta el fondo del problema vital del perdón.


La fuerza de estas palabras no radica sólo en que muestran la grandeza de un corazón capaz de perdonar a sus agresores; su fuerza estriba –me parece- en su valiente apelación a la inteligencia. El perdón no es sentimentalismo edulcorado; es una condición indispensable para poder vivir una vida plenamente humana.


En contraste con esta afirmación, no es difícil ver a nuestro alrededor muchas personas que hacen del rencor el doloroso centro de su vida y, a veces, incluso el principal motor de su existencia. Cuántos hermanos que no se hablan, vecinos que no se tratan, matrimonios que se separan entre violentas recriminaciones. A esas situaciones extremas se llega casi siempre porque se piensa ingenuamente que no hace falta hablar, que no hace falta pedir perdón, que el tiempo solucionará la afrenta.


Lo que hace falta no es dejar pasar el tiempo, sino aplicar la inteligencia para limpiar bien la herida; para distinguir entre la agresión y el agresor, entre la ofensa y la persona que la ha causado; para descubrir un camino del perdón.


En muchos entornos la reacción casi instintiva ante la agresión –real o quizá sólo posible- es precaverse construyendo muros que protejan, delimitando muy bien las responsabilidades, funciones y competencias de unos y de otros, y arbitrando unos sistemas públicos de control.


Todos tenemos la experiencia de que esta actitud es, a la postre, dañina para una convivencia humana de calidad, ya sea en una empresa, en una comunidad de vecinos o en la sociedad en general.


La experiencia humana muestra que mientras se identifica al agresor con la ofensa, no es posible que cicatrice la herida ni, tampoco, el perdón. Más aún, si con el tiempo la herida cierra, el sordo resentimiento que queda contra el agresor es capaz de reabrir la herida, incluso la ensancha, cada vez que voluntaria o involuntariamente reviva en la imaginación.


Ese rencor es capaz de llenar la vida de un ser humano incapacitándolo para el perdón. Según J. Christoph Arnold, autor de El arte perdido de perdonar, estas personas “constantemente defienden su indignación: sienten que el hecho de haber sido heridas tan profunda y frecuentemente les exime de la obligación de perdonar, pero son quienes más lo necesitan”. Una sociedad realmente democrática sólo puede construirse donde hay perdón, donde se olvidan los agravios y se perdona a los agresores.

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de la Revista Apuntes de Familia. Autor: Jaime Nubiola (2016). “Lo inteligente es perdonar” P. 4-5. Ed. 33. Instituto de La Familia, Universidad de La Sabana.

Por LaFamilia.info - 17.10.2016

 

20161710vFoto: Freepik 

 

Saber relacionarse, escuchar, tomar decisiones acertadas, manifestar sentimientos, manejar emociones y  ser  empáticos y asertivos, son habilidades que hacen la vida mucho más amena y son las vías para lograr el éxito y la felicidad en todos los aspectos de la misma (personal, familiar, laboral, social).

 

Daniel Goleman, unos de los principales expositores de este concepto, afirma que “si bien una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestro equipaje genético, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, la evidencia respaldada por abundantes investigaciones demuestra que las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida, si para ello se utilizan los métodos adecuados”.

 

Así que todos en nuestro camino de mejora personal, podemos trabajar en estas habilidades:  

 

1. Autocontrol, el dominio de uno mismo

 

Es la capacidad de controlar emociones y evitar que dominen la situación; es no actuar por impulsos. También se refiere al hecho de no tomar decisiones en momentos de alta tensión, euforia, ansiedad o desespero.

 

“La capacidad de pensar, de planificar, concentrarse, solventar problemas, tomar decisiones y muchas otras actividades cognitivas indispensables en la vida pueden verse entorpecidas o favorecidas por nuestras emociones. Así pues, el equipaje emocional de una persona, junto a su habilidad para controlar y manejar esas tendencias innatas, proveen los límites de sus capacidades mentales y determinan los logros que podrá alcanzar en la vida” (Daniel Goleman, Inteligencia Emocional, Editorial Kairós).

 

2. Autoconocimiento

 

El autoconocimiento es la base de una alta inteligencia emocional, pues permite el autocontrol y la comprensión de sí mismo, las cuales a su vez, son las vías principales para establecer objetivos de mejora.

 

3. Pensamiento positivo

 

El entusiasmo, positivismo y motivación propia, son estímulos necesarios para el éxito. Es como dice Goleman, “canalizar las emociones hacia un fin más productivo”.

 

Este pensamiento positivo se pone a prueba en las situaciones más espinosas: es ahí cuando perseverar, hacer frente a los contratiempos y asumir una actitud optimista, demuestran “el gran poder de las emociones como guías que determinan la eficacia de nuestros esfuerzos”.

 

Este punto también contempla el hecho de evitar quedarse estancado en las malas experiencias del pasado, y al contrario, saber pasar la página, dejarlas atrás para emprender con entusiasmo nuevos caminos sin rencores, negativismo, deseos de venganza, rabia, etc. 

 

4. Empatía, ponerse en el lugar del otro

 

La empatía es hoy en día, una de las actitudes psicológicas más valoradas por las empresas. Esto se debe a que las personas empáticas gozan de buenas relaciones interpersonales favoreciendo el trabajo en equipo y el liderazgo. También es fundamental en la vida familiar, pues propicia una convivencia armoniosa entre los miembros. (Leer también: En los zapatos del otro: la empatía)

 

Es la habilidad de ponerse en el lugar del otro para entender sus necesidades, sentimientos y problemas. Para lograrlo se requiere escuchar activamente a las personas y captar sus emociones, para así obtener una relación cercana y comprensiva. La empatía permite la comprensión de las emociones y actos ajenos sin tener que estar de acuerdo necesariamente.

 

 Esta virtud requiere también aprender a alejarse del “yo” –mis excusas, razones, ideas, pensamientos- para pensar desde la óptica del otro. Este aprendizaje hace que se amplíen las percepciones y se evite juzgar a los demás cegándose en un punto de vista.

 

5. Asertividad

 

Olga Castanyer autora del libro ´La asertividad: expresión de una sana autoestima´ explica: “La persona asertiva conoce sus propios derechos y los defiende, respeta a los demás, por lo que no piensa ganar en una disputa o conflicto sino que busca de forma positiva los acuerdos” (La asertividad: expresión de una sana autoestima. Ediciones Desclée de Brouwer, 1997).

 

También es propio de la conducta asertiva, saber identificar el momento más propicio para defender los pensamientos personales, habrán circunstancias en que lo mejor será permanecer en silencio. (Leer también: El arte de saber decir “no”).

 

En resumen, el reto de la inteligencia emocional es lograr una armonía entre nuestro pensar y nuestro sentir. Así como lo explica Daniel Goleman en su libro: “En muchísimas ocasiones, estas dos mentes mantienen una adecuada coordinación, haciendo que los sentimientos condicionen y enriquezcan los pensamientos y lo mismo a la inversa. Algunas veces, sin embargo, la carga emocional de un estímulo despierta nuestras pasiones, activando a nivel neuronal un sistema de reacción de emergencia, capaz de secuestrar a la mente racional y llevarnos a comportamientos desproporcionados e indeseables”.

 

Por eso, estas cinco habilidades que están al alcance de todos, representan enormes beneficios para nuestra vida, vale la pena trabajar en ellas.  

 

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

            

logo pie

© 2021 Corporación CED - all right reserved - desarrollado por Webpyme