Blogs LaFamilia.info
22.09.2014

 

 

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Imagen tomada de: microscienceperu.blogspot.com

 

Debemos partir de la certeza que en las redes sociales, especialmente Facebook, no solamente están sus amigos y conocidos. También se encuentra gente mala, muy, pero muy mala.

 

Los padres de familia vivimos orgullosos de nuestros hijos. Como la familia es el único lugar en donde se ama realmente a la persona por lo que es, pues amamos a nuestros hijos de una manera increíble, a tal punto que nuestro Facebook está destinado y dedicado, en muchos casos, a exaltar la belleza, capacidades, destrezas y actividades de los menores (hijos, sobrinos).

 

Sin embargo, publicar información y/o fotos de los chiquitines puede ser muy peligroso ya que no podemos saber a ciencia cierta quienes las van a ver y para qué las pueden utilizar (pornografía por ejemplo…). Por ese motivo es necesario que tome atenta nota de estas 10 normas que debe tener en cuenta antes de publicar imágenes de sus hijos y/o sobrinos en las redes sociales:

 

1. Jamás se debe ver en la foto los lugares, como colegio o parques, que el menor de edad frecuenta. Esto le daría señales a los criminales de los lugares donde lo pueden encontrar.

 

2. Evite publicar imágenes en donde el menor aparezca al lado del automóvil y mucho menos que se vea claramente la placa.

 

3. Esta es de sentido común: evite publicar información, además de la imagen, en donde indique nombre, apellido y edad. Incluso sea cuidadoso para que el archivo original no contenga esa información.

 

4. Nunca publique información que contenga las actividades y los horarios del pequeño. Por ejemplo: “Hoy clase de arte a las 5 pm en La Calleja”.

 

5. Por favor evite comentarios sentimentales. Me explico: si está de viaje no publique una foto en donde el texto sea algo como “los extraño mucho, ya el sábado nos veremos”. Eso es decirle a los criminales: “sigan, adelante, están solos. ¡Y hasta el sábado!”.

 

6. Como está de moda geolocalizar las imágenes que tomamos con celulares y tabletas, es recomendable que desactive esa herramienta ya que le está dando información de más a los malandros.

 

7. Esta es muy lógica: por favor no publique imágenes en donde el niño o niña aparezca con el uniforme y el escudo del colegio en donde estudia. ¡Y mucho menos si el menor aparece en ropa interior o vestido de baño!

 

8. Advierta a familiares y amigos para que no comparta la información si usted de repente se pasó de comunicador…

 

9. Tenga en cuenta que una vez publicada la información ya es PÚBLICA, es decir que desde ese momento es IMPOSIBLE borrarla.

 

10. Una pregunta antes de publicar: ¿tengo el derecho, o por lo menos es responsable, publicar información de mis hijos o sobrinos sin su consentimiento? ¿Te gustaría que alguien publicara tu vida en la web?

 

Lamentablemente debemos tener en cuenta que en Internet abundan los malos, los criminales, que se aprovechan, en muchos casos, de nuestra inocencia e ingenuidad. Queremos exaltar a nuestros hijos y sobrinos, pero eso tiene sus riesgos. Por eso hay que ser cuidadosos.

 

Creo que se escapa una norma 11: así como cuidamos a nuestros niños en el mundo real, en la calle, así de precavidos debemos ser en el mundo virtual…

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

 

Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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Juan Camilo Díaz - Blogs LaFamilia.info
15.09.2014

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez

Comunicador Social y Periodista
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Para muchos la familia y el colegio son dos instituciones que deben trabajar cada una en lo suyo. Lo cierto es que tanto la familia como la escuela cumplen un papel fundamental en la formación de la persona humana.

 

Un estudio realizado en el 2012 buscó indagar qué aspectos tenían en cuenta los padres de familia al momento de escoger el colegio para sus hijos. Y en orden de importancia el primer lugar lo obtuvo la planta física, seguido del bilingüismo, las electivas (deportes, artes) y en los últimos lugares estuvieron el proyecto educativo (PEI) y la planta profesoral.

 

Esos resultados son evidencia suficiente para asegurar que para muchas familias el tema del colegio es un asunto que se resuelve con buenos edificios, inglés y natación y los aspectos fundamentales, como qué identidad tiene el colegio, cuáles son sus principios, modelo pedagógico y vocación, apoyada por un grupo de docentes que además de cartones debe saber enseñar, no tienen mucha importancia.

 

Es bueno recordar que la función educativa de la familia es esencial, original y primaria que se deriva de la transmisión de la vida y que no puede ser sustituida por nadie. El colegio no es sustituto de una tarea que les corresponde naturalmente a los padres de familia.

 

El colegio, palabra que viene del latín collegium (asociación de colegas, que estudian juntos), debe estar a la altura de esa responsabilidad: apoyar la función educativa de la familia, impartiendo conocimientos adecuados, enfocados hacia la verdad, respetando el ideario de papá y mamá.

 

Lastimosamente muchos padres de familia se desconectan del diario vivir de sus hijos en el colegio, “porque para eso pago una pensión, para que los formen”, delegando totalmente la educación para la vida, ajenos a muchas situaciones que hoy día, para nuestro pesar, algunos colegios hacen de manera equivocada, aprovechando el distanciamiento familia-hijos-colegio.

 

Un colegio debe ser ejemplo de relación con los padres de familia, respetando la educación y el ideario de los padres, ayudando, no imponiendo. Y además deben ser modelo, pero no ocurre siempre.

 

Colegios que buscan desconocer la naturaleza humana no son los llamados a enseñar biología ni ciencias; colegios que manipulan frases y conceptos de científicos, teólogos, escritores y demás para vender una idea y acomodar sus intereses, no pueden enseñar literatura ni investigación; colegios que matonean y hostigan a los padres de familia, incluso llamándolos a sus propias casas, porque no están de acuerdo con sus iniciativas, no pueden enseñar respetos, ni derechos, ni tolerancia, tres aspectos que quieren imponer a la fuerza (¡vaya contradicción!); colegios cuyas rutas se atraviesan, utilizan carriles prohibidos o violan normas de tránsito y seguridad, no pueden enseñar sobre competencias ciudadanas; colegios que utilizan a los niños para promover anti valores no pueden enseñar ni llamarse colegio.

 

Y lo que describo antes sucede, ante el desconcierto de familias interesadas y el desconocimiento de otros que no tienen ni idea de lo que el colegio de su hijo hace o busca hacer. Estos colegios se aprovechan de los vacíos, de la incomunicación en todo sentido, de la fragilidad humana, estatal, legal de la familia colombiana para deformar, dañar, engañar.

 

Y eso ocurre además en algunos centros “artísticos”, de espectáculos preparados por y para niños, que forman en baile y canto pero deforman en identidad. Y lo peor: a consciencia de sus directivos, que son expuestos en los medios como “formadores” de nuevos talentos y que piensan en la niñez, cuando precisamente acaban con ella.

 

Cuidado padres de familia. Escoger el colegio debe ir más allá de la cancha de fútbol, los buses último modelo, del bono, del inglés y de la sala de computo abarrotada de IMac. Escoger colegio es depositar la confianza en una institución para que de una mano, desde su saber, a la función educativa que nos corresponde.

 

Tener claro el tipo de educación que queremos para nuestros hijos, informarnos, mirar opciones y sobretodo hacer permanente seguimiento a las actividades del colegio, teniendo en cuenta que siempre guarde similitudes con el ideario y pensamiento de casa, ayudan a evitar que uno que otro colegio se descarrile e intente, a punta de fuerza y hostigamiento, reemplazar algo que solo nos corresponde a nosotros.

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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16.06.2014

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
Comunicador Social y Periodista
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Que reyes, modelos, cantantes, motociclistas, domadores de animales, actores y otros no se casen o que sus matrimonios duren lo que dura el cubrimiento mediático no es argumento para afirmar que el matrimonio pasó de moda.

 

Es usual que en los diferentes medios de comunicación, medios que viven del rating, la audiencia y la venta de ejemplares, afirmen que el matrimonio pasó de moda. Pero eso no es lo alarmante: lo que aterra es que esa aseveración, que ocupa sus portadas y con la que abren sus emisiones, evidencia un profundo desconocimiento de lo qué es y representa la institución matrimonial como bien útil para la sociedad.

 

¿Bien útil para la sociedad?, se preguntarán los periodistas de entretenimiento, quienes usualmente cubren estos temas y cometen la ligereza de afirmar que estamos ante el ocaso de la institución matrimonial en el mundo occidental gracias al “ascenso de la mujer en la sociedad ya que el acceso de ellas a la educación y al campo laboral ha hecho que tengan un proyecto de vida con mayores oportunidades en comparación con las mujeres del pasado, a quienes les esperaba el matrimonio y una existencia como amas de casa”, como lo afirmó una reconocida revista semanal. Craso error de quien escribe la nota puesto que fundamenta su argumento sobre la premisa de “mujer soltera empleada en empresa es feliz” y “mujer casada, mamá y dedicada a su familia es infeliz”.

 

Vale la pena recordarles (y a algunos enseñarles) que el matrimonio no es una cosa que se inventó de la noche a la mañana. Es fruto de la reflexión y la experiencia milenaria de la humanidad, que de acuerdo con 53 intelectuales de diferentes ciencias y creencias reunidos en la Universidad de Princeton, representa un bien común, un bien útil para la sociedad (Ver: “El matrimonio, un bien común”).

 

Como vemos la institución matrimonial es más que dos personas que se unen en una inolvidable fiesta, llena de lujos, detalles, regalos, invitados y demás. El matrimonio, que es sobrenatural, es la unión libre y voluntaria de un hombre y una mujer, basada en el amor y sin límites en el tiempo. ¡Qué grandeza! ¡Unión, voluntad, complementariedad, amor y tiempo! ¡Cuánto significado encontramos en cada una de esas palabras que forman un todo: matrimonio!

 

Ahora bien, además de bien útil para la sociedad, que para algunos puede llegar a sonar gaseoso, la academia y la ciencia también han aportado con investigaciones serias, concretas, que evidencia, aún más, los beneficios del matrimonio:

 

Por ejemplo, un estudio realizado a 3,5 millones de personas en Estados Unidos, y presentado en la conferencia anual del American College of Cardiology que se celebra en Washington, la salud cardíaca está vinculada con el estatus conyugal. Dice el estudio que “para los casados, el riesgo de contraer cualquier enfermedad cardiovascular es un 5 por ciento menor en comparación con los solteros. Los riesgos de padecer enfermedades coronarias también fueron más bajos entre los casados en comparación con los viudos o divorciados.” (Ver aquí)

 

De acuerdo con Social Trends Institute, reconocida organización que aborda estudios sociales, del matrimonio y la familia, el compromiso matrimonial mejora la calidad de las relaciones de la pareja y de esta con los hijos, y las parejas casadas son más solventes que las parejas de hecho o las familias monoparentales. En contraste, los hijos educados fuera del matrimonio son más proclives a divorciarse o convertirse en padres solteros; el divorcio y los nacimientos fuera del matrimonio incrementan el riesgo de pobreza tanto para los hijos como para sus madres; además, el divorcio (o el no llegar a casarse) incrementa el riesgo de fracaso escolar en los hijos, quienes además sufren más ansiedad psicológica y más enfermedades psíquicas.

 

Y así, como los argumentos (¡estos sí lo son!) mostrados antes, podemos encontrar miles de razones a favor del matrimonio.

 

¿Cómo algo que representa y aporta salud, estabilidad, proyecto de vida, responsabilidad, unidad, lealtad, fidelidad, caridad, auto trascendencia, madurez, estabilidad y mucho más puede pasar de moda?

 

Pasan de moda las revistas, los tacones, los peinados, los artistas, las ideologías, los jeans, los ritmos musicales, etc., etc., etc., pero el matrimonio no, porque no es una moda: es un ser, sentir y vivir la vida.

 

Que el presidente de Francia ha tenido muchas novias y es infiel; que Brad Pitt y Angelina Jolie no se han casado (aunque los rumores afirman que tomaron la correcta decisión de hacerlo); que Shakira y Piqué no han contraído nupcias, que tal y tal viven en pareja, en fin, eso es una realidad pero no son argumentos válidos para afirmar que el matrimonio pasó de moda.

 

En definitiva el matrimonio no ha pasado y no puede pasar de moda. El matrimonio se mantiene como una institución de amor y libertad, sin tener en cuenta números, cantidades y celebridades, y mucho menos espacios en blanco de la próxima edición que deben ser rellenados de cualquier forma.

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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28.07.2014

 

 

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El alto consumo de televisión por parte de los niños; la pésima programación que abunda en los canales nacionales y la necesidad de abrir espacios familiares y sociales, hace urgente que reconsideremos el consumo de televisión que actualmente tenemos.

 

Suena duro lo que voy a expresar, y me adelanto a excusarme con profesores, investigadores y amigos de la televisión que han sido tan generosos conmigo y mis estudios sobre el tema, pero llegó la hora de “desnarcotizarnos” de la televisión, el mueble más influyente, la niñera electrónica, que se apoderó de nuestros hogares, incluso del gimnasio, del café, del restaurante y hasta de los asientos de los vehículos y no hay quien la saque.

 

Y me refiero a “desnarcotizarnos” ya que la televisión es una especie de heroína que entra por los ojos y oídos, adormece, hipnotiza y genera una adicción con sus imágenes cada vez más nítidas, su sonido envolvente, su delgadez armoniosa y sus múltiples posibilidades convergentes. Me explico: el TV ya no solo sirve para ver TV; ahora en esa bendita pantalla de 22, 32, 42, 50 y más pulgadas, plano o curvo, podemos disfrutar videojuegos hasta el éxtasis; deleitarnos con música; navegar en Internet; recordar bellos momentos fotográficos y hasta decorar una insulsa zona social del pequeño apartamento donde vivimos.

 

Ahora bien, existen otras pantallas (celulares, Internet, tabletas) que han logrado robarle tiempo al consumo de TV. Sin embargo, vale la pena tener en cuenta que los niños pasan más de 2.5 horas diarias frente al TV (17.5 horas a la semana, 70 horas al mes, 840 horas al año) y que para la mayoría de los hogares la TV es muy importante e indispensable. Incluso, los estudios de la extinta CNTV, ahora ANTV, que NHNTV (No Hace Nada por la TV), indicaron que en Colombia existe un televisor por cada miembro del hogar, lo que evidencia aún más lo que representa para las familias este aparato que incluso es el que determina la decoración alrededor suyo. Es que tiene los espacios más privilegiados y las paredes más blancas a su disposición a pesar de los realities predecibles, las malas voces, los presentadores gritones, los periodistas protagonistas, los jurados fríos, los capos y más capos, los Tinos, Higuita´s y demás, acompañados de noticieros cada vez más vacíos y programas de concurso menos interesantes.

 

Creo que lo anterior es evidencia suficiente del poder que tiene la que para mí sigue siendo la reina de los hogares: la televisión.

 

Los niños, esos indefensos seres, expuestos a novelas coreanas, mexicanas, colombianas a toda hora, tienen que ir a canales internacionales para ver televisión de calidad producida para ellos ya que los canales privados colombianos no tienen nada que ofrecerles y ninguno de nosotros se inmuta para decirles que la franja infantil de Señal Colombia y de algunos canales regionales es un calmante en medio de la tragicomedia nacional llevada a la pantalla chica.

 

Si, sentarse cómodamente en el sofá a ver TV es un plan de ensueño, que nos quita tiempo, nos adormece, nos hace decirle al niño “ahora no, estoy viendo un programa”; que hace que el niño se comporte como el Sayayin, como la Violetta o quiera quedarse en casa simplemente esperando a que el día termine y que sus padres lleguen a casa cansados, después de horas de trabajo y horas en el miserable trancón, hechos despojo, deseando simplemente ver televisión y no hacer nada más.

 

¿Y las tareas? ¿Y el juego? ¿Y el parque? ¿Y la cena familiar? ¿Y la cometa? ¿Y la pelota? ¿Y la lectura? ¡Bah! Eso no importa ni interesa si tengo la televisión.

 

Arranquemos de tajo esa adicción televisiva. Apaguemos la tele, incluyendo sus bondades (los contenidos buenos, su mezcla audiovisual y mucho más) y comencemos a rehabilitarnos. Sudaremos, sentiremos un frío terrible, temblaremos, pero es parte del proceso.

 

Abramos espacio a otras actividades, pasemos más tiempo en familia, dialogando, jugando, leyendo, amando. Con el tiempo, rehabilitados, prenderemos el TV para verla como un medio más de entretenimiento y no como el centro de nuestras vidas.

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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09.05.2014

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
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Es mayo, denominado el mes de las madres. Es un momento del año en el cual expresamos nuestro gran amor y admiración con flores, perfumes, poemas, mariachis, serenatas, entre otros, manifestaciones que encierran ternura y buenos deseos. Así que aprovechemos las circunstancias del momento para recordar porque las queremos tanto.

 

Debemos comenzar teniendo en cuenta que cuando llegamos a su vida la cambiamos totalmente, moldeamos su cuerpo, le generamos malestar, cansancio, sueño, sin embargo ella, puntual, se despertaba cada 3 o 4 horas para alimentarnos, dejando atrás su situación, teniendo como premisa nuestro adecuado desarrollo. ¡Qué entrega y dedicación! Digno de alguien que nos ama por lo que somos: sus hijos.

 

Al enfermar, con fiebre, tos, gripa, era la primera en salir corriendo al pediatra ansiosa de información que le indicara que estábamos bien y podía pasar las noches en vela monitoreando nuestra temperatura.

 

¡Cómo olvidar sus lágrimas de nuestro primer día de clase! Eran de alegría por el nuevo camino que iniciábamos, con algo de pena por vernos lejos aunque fuera por un par de horas. Y ni hablar de las fiestas de cumpleaños que organizaba, en donde coordinaba todo, llamaba a los invitados, inflaba bombas, partía el pastel. ¡Y no faltaba el regalo que tanto anhelábamos y que ella nos entregaba!

 

Durante años se levantó primero, horas antes que nosotros, para preparar la lonchera, planchar la camisa del uniforme, alistarnos para el colegio y dejarnos ya fuera en el transporte escolar o en la misma puerta del colegio.

 

En cada presentación, en cada obra, en las izadas de bandera, en los juegos, allá estaba de primera, con sus ojos brillantes, orgullosa de nosotros sin importar la relevancia de nuestro papel. Y cuando llegaron las fiestas con los amigos en la noche, pasaba en vela, esperando nuestro regreso para asegurarse que estábamos bien en la seguridad que solo nuestro hogar nos puede brindar.

 

Ella estuvo ahí cuando nos rompieron el corazón, como una amiga leal. Sus consejos siempre fueron acertados a pesar del dolor que le causaba vernos lastimados. Y cuando nos graduamos de la universidad irradiaba una felicidad que le explotaba el corazón y el alma. Por esa razón es que presume del tema cada vez que puede con familiares y amigos.

 

Hoy recordamos más que nunca todas esas cosas agradeciendo al Creador la madre de nos dio. No fue una coincidencia, fue la Providencia la que nos permitió conocer al ser más hermoso sobre la faz de la Tierra: nuestras madres.

 

Por eso Madre solo hay una. Y hay una para cada uno de nosotros.

 

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