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07.02.2013

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
Comunicador Social y Periodista
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Es curioso. Siempre me ha llamado la atención aquellos empleados de cualquier organización que siempre llegan muy temprano y salen muy tarde. ¡Y además se llevan trabajo para la casa! Conocí a uno de ellos. Siempre llegaba antes de las 6 am (cuando el horario de entrada era a las 8 am) y salía pasadas las 8 pm (la hora de salida era a las 5:30 pm). Le pregunté irónicamente si tenía Pico y placa todos los días y me dijo que no, que tenía muchas cosas por hacer y no le alcanzaba el tiempo. Aclaro que el ejemplo era soltero pero existen casos de personas casadas, con hijos, que llevan el mismo ritmo laboral.

 

Otro caso. Una ex jefe de mi esposa, casada, sin hijos, trabajaba todo el día todos los días, incluidos los fines de semana y los festivos. Su esposo llevaba el mismo ritmo por lo que su vida en pareja se remitía a sentarse uno frente al otro y trabajar cada uno en sus actividades. A mi esposa la saturaba de correos después de la hora de salida, a las 8 pm, a las 10 pm, a las 4 am. La convocaba a reuniones por fuera de su horario laboral, entre otros. Mi esposa apagaba el celular, le explicaba que tenía vida más allá de la oficina, un esposo, una hija, que estaba esperando un segundo hijo. La jefe decidió no seguir trabajando con ella: necesitaba una trabajadora y no una mamá.

 

Otro más: ¿le pasa que usted o su pareja llega a casa cargado de carpetas, portafolios y documentos por una tarea asignada a última hora o porque no alcanzó por exceso de reuniones? Una última: ¿para llevar a su hijo al médico debe pedir permiso por escrito con al menos una semana de anticipación?

Estos casos me sirven como enlace para hablar de un tema que se está convirtiendo en uno de los grandes retos de la sociedad actual: cómo lograr que las empresas y sus directivos sean familiarmente responsables y desarrollen políticas que permitan compatibilizar la vida laboral, familiar y personal.

 

Ya existen iniciativas de gran alcance que buscan determinar en qué grado las empresas son contaminantes de la ecología humana, una disciplina, relacionada con la sociología, la antropología cultural, la psicología social, la demografía y la geografía humana dedicada al estudio de las conexiones de la población con el ecosistema, con el ambiente social, político, cultural, económico, etc.

 

En la actualidad, los cambios sociales y culturales están incidiendo y afectando fuertemente a la familia, espacio ideal e insustituible de desarrollo del capital humano y social tan necesario en la conformación y éxito de organizaciones fuertes y perdurables en el tiempo. A este panorama debemos adicionarle la alta movilidad laboral, la rotación, la "fuga" de empleados destacados, que llevan a que en ocasiones el trabajador atienda mucho mejor sus condiciones de trabajo como el tipo de actividad, remuneración, horarios, incentivos y estabilidad.

 

Es una realidad. Las empresas necesitan mano de obra que además de estar capacitada para hacer su trabajo bien, tenga como propios una serie de valores, principios, como la honestidad, el respeto, la lealtad, el compañerismo y demás que solamente la familia puede dar.

 

Ante esta transformación cultural, las empresas deben tener claro que antes del trabajador está una persona. Y todo comienza con el liderazgo y el ejemplo de los directivos de la organización para que sean agentes de cambio o por lo menos no sean una piedra en el camino. En principio deben tener en cuenta que es necesario integrar los valores de la familia a la misión y la visión de la compañía, para que no sea un propósito escrito en un papel para los clientes externos sino una realidad para quienes a diario trabajan y ponen lo mejor de sí. Y esos propósitos van desde dar ejemplo hasta desarrollar planes de formación e involucrar a la familia en las actividades de la empresa.

 

Para ello se deben desarrollar políticas de conciliación trabajo - familia y conformar un grupo de trabajo que no solamente las estudie, proponga, promueva y evalúe permanentemente sino que además las comunique a todos para que sea un proyecto institucional flexible y sostenible en el tiempo. Es darle una mano a las personas que tienen responsabilidades familiares comprendiendo que de una u otra manera la familia puede verse afectada por las actividades de la empresa.

 

Cuando logre implementar todo eso, tener una empresa que abre los espacios necesarios para aquellos que tienen familia, está generando una cultura organizacional que va más allá de "ser buen gente con sus empleados". Está logrando mejorar el bienestar de sus empleado gracias a la armonización de la relación trabajo - familia; está aumentando la confianza, la comunicación y el compromiso del trabajador con su empresa y su equipo directo de trabajo; la gestión del trabajo se mide por objetivos y no por ver al empleado todos los días sentado de 8 a 8; ayuda a disminuir el tiempo y los costos de desplazamiento y puede hacer uso efectivo y eficaz de las nuevas tecnologías y telecomunicaciones. No olvide que además optimiza el uso de espacios y hasta reduce gastos.

 

Finalmente, usted como propietario y/o directivo también se verá beneficiado. Tendrá más tiempo para su familia, para tomar café con su esposa, hacer tareas y jugar con sus hijos, visitar a la abuela; además, podrá trabajar desde su casa acompañado de una taza de chocolate que solamente allá saben preparar. Si usted es feliz en su hogar lo será en su empresa. Lo mismo ocurrirá con sus empleados.

 

Dejemos atrás esa filosofía que el empleado que llega primero y sale de último es el más comprometido. No lo es ni con la empresa ni con su familia...

 

Con información de "Ser empresa familiarmente responsable, una ventaja competitiva" de la Cátedra de la Empresa Familiar del IESE Business School de la Universidad de Navarra.

 

*Este artículo fue publicado en el Blog “P@dres de hoy” de ElTiempo.com y de propiedad del mismo autor. Se reproduce en LaFamilia.info con su autorización.

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
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Después de unas merecidas vacaciones, en las cuales se pudo aprovechar el tiempo en familia, jugar con los hijos, tomar el sol y subir algunos kilos (más de lo esperado según mi médico), también se sacó algún momento para ver algunas series, en mi caso la mayoría de ellas infantiles, que además de divertirme me pusieron a pensar muchas cosas, buena parte de ellas ya me referí en otra publicación, pero que bien merece la pena compartir con los lectores de LaFamilia.info.

 

A mis hijas les gusta ver “Hanna Montana”, “Camp Rock”, “High School Musical”, “Herbie”, todas ellas del sello Disney, el emporio mundial del entretenimiento, la felicidad y la alegría. En todos esos programas la protagonista principal es una angelical niña, de hermoso cabello, mirada tierna, quien vive una serie de aventuras, llenas de acción, risa y romance.

 

Esas niñas, catalogadas como “las princesas de Disney”, se convierten rápidamente en íconos, en punto de referencia para millones de niñas alrededor del mundo ya que son portada de revistas, están en camisetas, videojuegos, cantan, bailan, hacen espectáculos en vivo, en fin. Son centro de todas las miradas, envidiadas por muchas, especialmente porque ser parte del mundo Disney es una plataforma a la fama garantizada.

 

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Sin embargo, no todo es color rosa. Muchas de ellas, ya adolescentes hoy día, viven serios problemas que mencionaremos muy por encima:

 

BritneySpears, la princesa del pop, era la estrella de los musicales de Disney y ahora carga encima un divorcio, con adicciones, peleas familiares y demás.

 

Cristina Aguilera, del exitoso programa "Mickey Mouse Club". La otrora angelical niña rubia comenzó a presentar problemas alimenticios, romances turbios y hasta separaciones muy desagradables.

 

Demi Lovato del programa "Camp Rock" presenta desórdenes alimenticios, auto mutilación, acusaciones de abuso de drogas y problemas emocionales y físicos.

 

Lindsay Lohan, la inocente niña pelirroja de la película "ParentTrap" y de “Herbie”, noticia por sus múltiples escándalos, borracheras, abuso de drogas, acusaciones de robo y hasta la cárcel.

 

MileyCyrus, la famosa "Hannah Montana", cuyos padres se divorciaron y pelean por quedarse con la fortuna de su hija, es famosa por sus “picantes” fotos en Internet. Además, su mamá sale con el vocalista de una banda de rock reconocido por su afición a las prostitutas y el exceso de drogas y alcohol.

 

Vanessa Hudgens, la inocente Gabriela de "High School Musical', que la pasó muy mal cuando varias fotos suyas desnuda circularon por Internet. Esas fotos eran para su novio... (Sobre el sexting recomiendo leer este artículo).

 

Algunos dirán que la fama, el dinero y el acoso permanente de los medios de comunicación pueden llevar a que cualquier persona se salga del camino. Y es verdad, siempre y cuando no se cuente con la orientación adecuada, con unas fuertes estructuras familiares, basadas en la moral, el amor, la auto trascendencia, el respeto y la vida. Cuando todo eso falta, las angelicales niñas se convierten en unas jovencitas que a diario luchan contra sus propios demonios.

 

Para mí, como para cualquier padre de familia, mis hijas son unas princesas. Por ese motivo los invito a que trabajemos, con el acompañamiento del colegio y/o universidad para que sean las princesas de la casa y nunca una imitación de las princesas de la televisión.

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
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Mucho se viene debatiendo la manera como las tecnologías han afectado nuestras vidas. Y la discusión no se centra únicamente en la forma y figura de los dispositivos, en si usan o no mandos a distancia o la cantidad de cosas que un celular puede hacer actualmente. No. La discusión ha tomado un camino que nos lleva a pensar si esas tecnologías, si las redes sociales están transformando la esencia del ser humano, su identidad.

 

Para comenzar debemos tener claro que nuestra identidad se va constituyendo por la identificación con ideas, costumbres, hábitos, lugares, creencias, grupos, etc., que en el curso de nuestras vidas se presentan para nuestra experiencia o conocimiento y que finalmente nos lleva a elegir, a decidir y a defender una causa que creemos justa, valiosa moral y socialmente y que nace y se consolida en un abierto y permanente diálogo consigo mismo, con los demás, con la realidad.

 

Ahora bien, esa identidad se ha puesto a prueba en los tiempos actuales. Con la llegada de las redes sociales a través de Facebook y Twitter, las personas comenzaron a crear perfiles, una identidad mediante la cual el resto de las personas se sienten identificadas ya sea como amigos o como seguidores.

 

Esos perfiles incluyen fotos, datos personales, gustos, preferencias y hasta creencias. Todo depende de la cantidad de información que usted quiera compartir.

 

 

Además, los comentarios que usted comparte responden a esa identidad y puede ser muy variada. En redes sociales usted puede encontrar todo tipo de personas que escriben sobre todo tipo de temas: desde música, hasta política, deportes, sexo, violencia, cine, arte, medio ambiente y bobadas, porque abundan muchas bobadas.

 

Cada uno es libre de publicar lo que quiera y de encargarse de develar su intimidad y privacidad, pero lo que no se está entendiendo es que mis amigos o seguidores van creándose una idea de quién soy yo de acuerdo con lo que publico. Esto ha llevado a que, según estudios realizados en el Reino Unido, poco a poco se tienda a la despersonalización del individuo, a que cada vez seamos menos nosotros en la red y cada vez seamos más parecidos a lo que el mundo quiere con tal de obtener un like.

 

Lo anterior ha degenerado en que muchas personas, especialmente los adolescentes, con tal de agradar y ser aceptados, desarrollen una identidad online que no necesariamente corresponde a la identidad offline, a la de la vida real.

 

Lo más triste de eso es que, además de ser personas sin una identidad definida, sus padres no tienen ni idea lo que sus hijos son. Muchos le piden acceso a la cuenta de su hijo, o se convierten en sus amigos o seguidores para monitorear lo que ellos hacen. No sospechan que les dieron un perfil falso, el bueno, mientras que el de los amigos muestra a otra persona.

 

Debemos tener en cuenta que ahora nos encontramos en una era offline y una online. Debemos formarnos para conocer sus alcances, para ganarnos la confianza de nuestros hijos. Debemos trabajar por preservar la verdadera identidad humana.

 

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13.12.2012

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
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Hace un par de días estuve en un concurrido lugar al norte de Bogotá con mi familia. Aprovechando el verano de diciembre, nos fuimos a correr, saltar, jugar y aprovechar uno de los pocos espacios verdes que tiene la ciudad, tan llena de cemento, basuras sin recoger y huecos.

 

Allí hay una pista de karts. Mi hija mayor, amante de la aventura, me pidió el favor que le permitiera correr con la responsabilidad de manejar con precaución y ser respetuosa de sus “rivales” de pista.

 

Accedí. ¿Cómo decirle no a la niña de mis ojos? Pues bien, pagué la boleta, hicimos la fila y esperamos a que le colocaran el casco y le asignaran su kart. Como todo un papá, desde la baranda le indicaba que el pedal verde era para acelerar y el rojo para frenar; que la bandera amarilla era porque había algún problema en la pista y debía reducir la velocidad; la azul para dejar pasar a alguien y la de cuadros indicando que quedaba una sola vuelta. Ahora caigo en cuenta que de algo sirvió desvelarme viendo a Montoya en la Fórmula 1…

 

Y salió mi hija rauda y veloz por esa pista. Al principio no la perdí de vista entre rectas y curvas y cada vez que pasaba por donde yo estaba ubicado le gritaba que iba bien, que tranquila, que acá estaba papá. Pero en un momento me perdí, me desconecté de mi hija. La razón: un niño no mayor a 9 años que estaba en la pista, corriendo a alta velocidad, rebasando a otros participantes, cerrándolos, siendo imprudente. Me dije ojalá y no pase nada con él a la vez que me preguntaba porque ese afán de ser el primero. ¿Alcanzar la gloria? ¿Ganar una medalla? ¿Ganar un estímulo económico? Ninguna de las anteriores estaba en juego, entonces ¿por qué tanta insistencia en alcanzar el primer lugar?

 

La respuesta estaba al lado mío. El papá de ese niño no hacia más que gritarle que más rápido, “sin miedo Daniel*, sin miedo”, “hágale que usted puede ganar”. Me quedé mirando asombrado. Incluso Daniel* hizo que otro participante se fuera contra las llantas de protección y el papá apenas dijo riendo “ese Daniel si es la embarrada, ¡acelere, acelere mijo, uno menos!”…

 

Terminó la carrera y Daniel* llegó primero. Apenas se bajó levantó los brazos en señal de victoria, botó el casco (había que entregarlo, no botarlo) y corrió hacía su papá quien le dijo “así se hace, ganamos”.

 

Mi hija llegó en los últimos puestos y el niño de las llantas seguía allá, intentando ser sacado.

 

Me quedé pensando acerca del ejemplo que como padres les damos a nuestros hijos. Pareciera que los educamos para ser los “vencedores”, “los primeros” en todo: en karts, en el colegio, en la vida, y de repente nos olvidamos que hay otras cosas que realmente hacen a un triunfador: el amor, el respeto, los valores, la ética, etc.

 

El ejemplo es fundamental. Tal vez le pedimos mucho a nuestros hijos, basados en nuestras propias derrotas y frustraciones. Que no digan mentiras pero somos los más mentirosos; les decimos que no pueden ver TV y nunca nos levantamos del sofá y menos cuando juega Falcao; les exigimos respeto por los demás pero en la vía soy violento, no cedo el paso, cierro a los demás.

 

Daniel* llegó primero en karts. Muy bien. Pero me inquieta conocer qué tiene en su corazón, qué presión lleva cuando a su lado está un papá que lo obliga a ganar como pueda así sea pisoteando a los demás. Un papá que seguramente llevó a su familia de regreso a casa por la Autopista a toda velocidad, cerrando a todo el mundo, porque siempre hay que ser un “ganador”.

 

Nota 1: * Nombre cambiado para no herir susceptibilidades.

 

Nota 2: Este servidor sale a unas merecidas vacaciones con su familia. A todo el equipo de Lafamilia.info muchas gracias por este espacio. A los lectores, mis mejores deseos en estas fiestas. Que el 2013 los llene de bendiciones y mucho amor familiar. Nos vemos en enero del otro año.

 

 

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Muy pocos se enteraron o muy pocos le prestaron atención. Absortos por la caída libre de un hombre desde los límites del planeta, atentos de la cantidad de registros que este intrépido austriaco rompería y orando porque llegara sano y salvo a tierra, el mundo dejó pasar un hecho que realmente si era importante: la muerte de Amanda Todd.

 

¿Quién era Amanda Todd? Nacida en 1996 en Canadá, Amanda era una niña como cualquier otra. Le gustaba jugar, pasarla bien y como toda persona de su edad, tener amigos y divertirse. Como suele suceder en muchos hogares, Amanda tenía acceso ilimitado e incontrolado a Internet y lo afirmo de esta manera porque no se puede explicar de otra manera que una niña a los 11 años de edad tenga Facebook y pase buena parte de su tiempo navegando por la red.

 

Un buen día, cuando estaba en séptimo grado, como ella misma lo relata en su video publicado en You Tube, alguien la contactó a través de la web. Inicialmente comenzaron a conversar sobre cosas de niños y con mucha paciencia su interlocutor se fue ganando la confianza de Amanda resaltando lo hermosa que era. Es que eso precisamente caracteriza a los pederastras: su enorme paciencia para "hacer amigos". Pues bien, pasó el tiempo y un buen día su "amigo" le dijo que le mostrara sus senos. Amanda cayó en la trampa y se los mostró en la webcam. Al poco tiempo, su "amigo" le informó que debía hacerle un "show" o si no le enviaría su foto en topless a todos sus amigos...

 

Inicialmente Amanda se negó y no volvió a tener noticias de aquel individuo. Sin embargo, lo que ella consideraba era un asunto cerrado era apenas el inicio de una pesadilla. Al poco tiempo, en plena época de navidad, la policía le informó que su foto estaba circulando por Internet.

 

Esto por supuesto comenzó a dañar a Amanda. Vino la depresión, la ansiedad y el uso de drogas y alcohol (recuerden que para ese momento era una niña no mayor de 15 años). Para empeorar la situación, el abusador creo un perfil en Facebook (¿dónde están los controles que supuestamente esta social media tiene?) en donde su foto del muro, la foto principal, era la imagen de Amanda.

 

Vinieron varios cambios de ciudad, de colegio, de barrio, en fin, una serie de acciones para tratar de escapar. Pero ¿cómo lograr escapar de algo que está por todo el mundo? ¿Cómo recuperar una foto de Internet? Fue golpeada brutalmente en uno de los colegios a donde llegó y por ese motivo intentó suicidarse varias veces cortándose o tomando blanqueador. Los mensajes insultándola y deseándole la muerte eran frecuentes, mensajes de niños de su edad, de personas que jamás se imaginaron que precisamente eso era lo que iba a suceder...

 

Finalmente Amanda se suicidó el pasado 10 de octubre, pero antes dejó un video grabado y montado en You Tube titulado "Mi historia: La lucha, la intimidación, el suicidio y las autolesiones" ("My Story: Struggling, bullying, suicide and self harm" en inglés) en el cual, utilizando fichas redactadas a mano, Amanda cuenta su historia de bullying ycyberbullying.

 

Lastimosamente el caso de Amanda Todd no es el único. Es usual encontrar noticias de niños y adolescentes que toman un arma y cobran venganza contra aquellos que los acosan y humillan; En Colombia sucede también, pero los goles de Falcao nos enceguecen: en un estudio realizado por la Universidad de Los Andes, en donde se estudió la respuesta de cerca de 55 mil estudiantes en 589 municipios del país, alumnos de los grados quinto y noveno, se encontró que el 29% de los estudiantes de 5º y el 15% de 9º manifestaban "haber sufrido algún tipo de agresión física o verbal por parte de algún compañero" (Ver nota del periódico Vanguardia Liberal). Incluso, hay registros de casos de bullying que han llevado a la muerte como la de John Alexander Larranondo, quien falleció a causa de una golpiza que le propinaron unos compañeros con antecedentes de violencia contra otros alumnos (Ver nota Infobae América).

 

Estos son apenas unos casos; existen muchos más. Por eso han surgido iniciativas para tratar de prevenir el acoso en todas sus manifestaciones. La iniciativa En TIC Confío del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones es una de ellas. Su sitio web, www.enticconfio.com, es un completo portal de información, asesoría, ayuda y casos que permite a grandes y chicos enterarse de esta problemática y aprender sobre el uso responsable de las Tic´s. La corporación sin ánimo de lucro Red PaPaz es una iniciativa que surgió en el 2003 de un grupo de padres de familia y educadores preocupados por el desarrollo de la infancia colombiana. Ellos han diseñado una serie de estrategias como www.teprotejo.org en donde se puede denunciar la pornografía infantil, la intimidación escolar, el consumo de alcohol por parte de menores de 18 años y los contenidos inapropiados en radio y TV. Igualmente se destaca el portal www.lafamilia.info, quienes tratan estos y muchos otros grandes temas de ayuda a los padres de familia.

 

Así como ellos hay muchos que trabajan el tema del bullying. Sin embargo, la tarea queda corta si en casa no hablamos con nuestros hijos, no los conocemos, si no pasamos tiempo con ellos, jugamos y les enseñamos a prevenir todos aquellos actos que puedan llegar a atentar contra su integridad moral y física.

No espere a que sea tarde para responder a la pregunta planteada como título de este escrito: ¿hay una Amanda Todd en su casa?

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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