Blogs LaFamilia.info
08.10.2012

 

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
Comunicador Social y Periodista
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El pasado domingo 30 de septiembre el periódico El Tiempo, en su sección “Debes leer”, publicó un artículo titulado “El amor en la era del Skype” en donde abordaban el tema de las relaciones sentimentales que logran perdurar a pesar de la distancia física y gracias al uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

 

El tema llamó poderosamente mi atención ya que es relacionado con mis temas de estudio. Así que me puse a leerlo detenidamente. Inicialmente hablan de las ventajas que las plataformas de comunicación en la red ofrecen para mantenerse en contacto con los seres queridos. Y sí. Es cierto, son muy útiles para comunicarse con los seres queridos. En mi caso, cuando estoy fuera de casa, en algún viaje académico, son muy útiles para establecer contacto con mi familia. Sin embargo, siempre queda un vacío…

 

A manera de ejemplo, el artículo trae el caso de una pareja colombo argentina que ha podido mantener su relación sentimental gracias al Blackberry, el IPad, el celular, la Internet, el Skype y demás. Hablan de la manera como, gracias a esos recursos, pueden pasar “tiempo juntos” e incluso cenar y hasta “compartir” momentos especiales como el cumpleaños de una de las suegras en donde uno de ellos estuvo presente, cantando el feliz cumpleaños, mediante una tableta.

No quiero meterme en la relación, pero si sería bueno que la pareja supiera que esa relación basada en el código binario de las computadoras está incompleta. La tecnología es un medio no un fin, y por eso se debe comprender que a pesar de las “ventajas” que puede llegar a darles, es simplemente eso: una herramienta más que no hace a la relación como tal.

 

La vida humana, el individuo, es un ser que se construye basado en su experiencia y conocimiento, buena parte de ello producto de la relación e interrelación con el otro, con todos aquellos que le rodean. Inicialmente es la familia, sigue la escuela, los amigos, los colegas, en fin, una interminable lista de individuos con quienes establece contacto en mayor o menor medida.

 

¿Qué tal que en vez de entregarme a mis padres cuando nací me enviaran a otro lado y me dieran un IPad para comunicarme con ellos y así intentar generar esa valiosa estructura llamada familia? Sería imposible simplemente porque existe un aquí y ahora que se llama realidad. La otra es virtual, es decir, su existencia está predeterminada por una compleja codificación de ceros y unos.

 

Ahora, hablar de relaciones sentimentales vía web sí que es difícil. En el mundo virtual el inicio o fin de una relación está mediada por la apertura o cierre de la tapa del computador o por el botón de encendido de la tableta. En resumen, así como es de fácil entrar en una relación es fácil salir de ella.

 

Finalmente, como padres de familia debemos orientar a nuestros hijos para que comprendan que la tecnología facilita pero no lo hace todo. Si no prestamos atención a esto, no nos llevemos las manos a la cabeza cuando alguno de nuestros hijos nos quiera presentar a su novio o novia y nos demos cuenta que antes debemos conectarnos a la red…

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
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Es usual que culpemos a la televisión de muchos de los males que aquejan a nuestra sociedad.Que la crisis de la familia es porque hay muchos televisores en casa; que los jóvenes viven alejados de la realidad, abusando del alcohol y las drogas por los modelos televisivos que les presentan; que la sociedad va por mal camino, casi a la autodestrucción, por lo que “la cajita mágica” le muestra a diario. Si bien estoy exagerando, es claro que los actuales contenidos televisivos que nos presentan, especialmente los dos canales privados del país, se centran en contenidos poco innovadores, respetuosos por las audiencias, basados en historias en donde prima el morbo, la violencia, los antivalores y la creación de antihéroes.

 

Pero no podemos únicamente centrarnos en la televisión. Hoy día debemos hablar de múltiples pantallas, hermanas de la televisión por su forma y funcionamiento, en donde muchos de los contenidos televisivos se ven replicados. Hasta hace poco hablábamos de la TV, la radio, la prensa escrita pero hoy encontramos muchos dispositivos, fuertemente vinculados a la Internet, llevando a la interactividad, a la creación del prosumer (consumidor y productor de contenidos), a la desaparición de las franjas horarios, a la infoxicaxión y a la permanente interactividad entre usuarios.

 

Cuando en casa hay niños, el asunto toma otras dimensiones. Nuestros niños son nativos digitales, que llegaron con el chip de la tecnología y para quienes resulta más atractivo un Ipad o un videojuego que una guitarra o una bicicleta. ¿Cómo controlar el consumo mediático de una generación la cual se encuentra en un entorno en donde Internet, los smartphones, los videojuegos y demás hacen parte de su hábitat cotidiano,llevándolos a convertirse en una generación multipantalla?

 

Una posible respuesta es hacer pedagogía, enseñar y crear hábitos de uso y consumo de esas pantallas. Y los llamados a hacerlo son los padres de familia. Sin embargo surge la eterna pregunta de cómo hacerlo.

 

SergeTisseron, Psiquiatra Infantil, Psicoanalista y Doctor en Psicología, nacido en Francia, director de Investigaciones de la Universidad París OuestNanterre, plantea una manera de hacerlo. Investigador sobre las relaciones que mantenemos con las imágenes, con las redes sociales y la influencia psíquica en los bebés, en los niños y en los adolescentes, el Dr. Tisseron propuso la “Regla 3-6-9-12”, una guía para los padres de familia sobre las edades adecuadas para el uso de cada una de las tecnologías, que ha sido divulgada por la Asociación Francesa de Pediatría Ambulatoria (AFPA). Las cinco reglas son:

 

1) Evitar las pantallas antes de los 3 años. Numerosos trabajos ponen de manifiesto que el niño menor de 3 años no gana nada al exponerlo con frecuencia a las pantallas.

 

2) No utilizar consolas de juegos portátiles antes de los 6 años. Tan pronto como los videojuegos se introducen en la vida del niño acaparan toda su atención en detrimento de otras actividades como el juego, las actividades al aire libre, la interrelación con otros niños.

 

3) Nada de Internet antes de los 9 años y cuando puede ingresar debe hacerlo acompañado de un maestro o de los padres, quienes deben explicarles las tres reglas básicas del uso de Internet: todo lo que se publica allí es público; todo lo que se sube a Internet quedará allí eternamente, y no todo lo que se encuentra allí es de fiar.

 

4) Internet sólo a partir de los 12 años. Su utilización debe ser con prudencia, los padres deben acompañarlo y definir reglas de uso, horarios y utilizar controles de contenidos ofrecidos por los proveedores del servicio.

 

Si bien pueden existir objeciones a algunas de las normas, la Regla 3-6-9-12 es un buen punto de partida, pero no es suficiente. Es importante, además, controlar el tiempo que están frente a las pantallas a toda edad, verificar los contenidos que nuestros niños ven, escuchan, navega, etc.

 

Las reglas y fórmulas pueden existir, pero es nuestro deber como padres velar porque nuestros hijos cuenten con el acompañamiento de quienes tenemos la responsabilidad primaria de formarlos y educarlos.

 

Pd. Con la venia de la Dirección Editorial de Lafamilia.info, los invito a visitar mi blog en ElTiempo.com (http://www.eltiempo.com/blogs/padres_del_hoy/). Trata temas relacionados con los aquí publicados, que se complementan perfectamente en el camino de reflexionar como padres acerca de la comunicación y las tecnologías, la familia y la infancia.

 

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Juan Camilo Díaz Bohorquez
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Está hecho. Los estudios en Colombia muestran que en nuestros hogares existe un televisor por cada miembro de la familia, es decir, si en su casa son cuatro hay cuatro televisores; sin son seis hay seis televisores.

 

Ese fenómeno responde en parte a que cada día existen más facilidades para adquirir uno de estos aparatos, cada vez con mejor tecnología, diseño y funcionalidades, que se pueden ubicar en cualquier parte de la casa. Pero también a que la televisión es el medio de comunicación de mayor desarrollo y penetración en la sociedad. Mientras que la TV se gastó solamente 32 años en lograr convertirse en lo que es hoy día, otros medios como la radio o el cine se demoraron 64 y 100 años respectivamente.

 

Y es que la televisión es un mundo que traspasa cualquier lógica. Para los niños la TV es el medio ideal para separarse del mundo adulto, encontrar nuevas cosas, lenguajes, ficciones, aventuras, personajes e historias. Para los padres de familia es el “mueble” perfecto para premiar o castigar a los hijos o como niñera. ¿Cuántas veces no hemos premiado con ver televisión a nuestros hijos por tomarse toda la sopa de apio? ¿O hemos utilizado la TV para que distraiga a los niños mientras estamos ocupado en otras cosas?

 

Nosotros mismos nos hemos encargado de generarle “responsabilidades” a la TV, de convertirla en una más de la casa, con tareas y deberes. Además, la ubicamos en cuanto espacio existe. He visto hogares con televisor en cada alcoba, en el estudio, en la cocina, en el cuarto del servicio doméstico…

 

Ni que decir de los computadores, de los celulares, de las tabletas. Es sorprendente ver como somos consumidos por los aparatos, por la tecnología, por las redes, por los sitios en donde exponemos la vida. Establecer una conversación cara a cara con otra persona se convirtió en un desafío: se está más pendiente de la llamada, del Facebook, del chat, del pin, en fin, un sinnúmero de dinámicas que están llevando casi al colapso a la comunicación interpersonal.

 

Los aparatos nos agobian. Estamos llenos de cables, dispositivos, memorias, unidades de disco, en fin. Creemos estar conectados al mundo, pero cada vez es más evidente la soledad que nos rodea.

 

Por último, todo esto afecta a la familia. Es común ver a padres con sus hijos en un restaurante almorzando, pero cada uno está pendiente de su aparato. No hablan, no se miran, no ríen. No hay familia. Lo que hay es un grupo de tecno adictos que ojalá algún día comprenda que antes del aparato está la persona humana.

 

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