Blogs LaFamilia.info - 25.01.2016

 

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Foto: Pixabay

 

Flaco favor hacemos a los niños, especialmente si son nuestros hijos, cuando llenamos nuestras redes sociales con imágenes de ellos en vestido de baño y poses de modelo.


Un fenómeno de las redes sociales que ha llamado la atención es el “sharenting”, formada a partir de la palabra share (compartir) y parenting (crianza de los hijos). De allí surgieron los sharent, es decir, los padres de familia que publican fotos y comentan acontecimientos de la vida de sus hijos desde que estos son pequeños. Por ese motivo se afirma que los niños de los últimos cinco años pertenecen a la primera generación de seres humanos cuya vida se encuentra totalmente documentada en Internet, desde los tres meses de gestación, pasando por el parto, el gateo, sus primeros pasos, etc. Cada vez es más común que los niños tengan un “nacimiento digital” previo a su nacimiento físico.

 

Según una investigación llevada a cabo por AVG, una de las más importantes empresas de seguridad informática, más de un tercio de los niños tienen huella digital de su vida antes del primer año de vida. Incluso muchos niños tienen huella digital desde antes de nacer gracias a la moda de subir las ecografías.

 

La mayoría de fotos o comentarios que muchos padres de familia publican en sus redes sociales sobre las ocurrencias de los niños provocan sonrisas, pucheros, algunas lágrimas y montones de “me gusta” en Facebook y otros tipos de redes sociales, pero quienes estudiamos estos fenómenos debemos advertir que las consecuencias de esta huella digital para esos niños son impredecibles por lo que hemos de ser extremadamente cautelosos cuando vayamos a compartir cualquier imagen, especialmente si el menor de edad, incluso nuestro hijo o hija, está en vestido de baño y además le pedimos que pose “sensual”, “coqueta”, “traviesa”.

 

¿Saben los padres de familia a dónde pueden ir a parar las fotos de sus hijos con más piel que ropa? ¿Saben los padres de familia que sus hijos tienen derecho a la intimidad y la privacidad? ¿Saben qué pasará con esa imagen en 20 años? Aunque nuestros hijos pueden ser pequeños, muchas de las cosas que hacen están dentro de la esfera de la vida privada de la familia. Nada ganamos con repetirles a diario sobre el pudor, el manejo adecuado de su cuerpo, cuando somos los primeros en dejarlos sin pudor, sin intimidad, exponiendo su cuerpo fruto de una enfermiza necesidad de recibir la aprobación del otro, poniendo en riesgo a supuestamente nuestros tesoros…

 

Resulta alarmante, especialmente en esta época de vacaciones que acaba de pasar, ver a amigos y familiares publicar decenas de imágenes de sus hijos e hijas en bikini, en la piscina, en la playa, en salida de baño, luciendo bronceado, todos ellos menores de 15 años de edad.

 

A ellos, con cariño, pero con firmeza, les recuerdo que una de las recomendaciones básicas que se hace para el manejo adecuado de la intimidad en las redes sociales, es NUNCA publicar una foto de un niño en vestido de baño o paños menores (Leer “10 claves para no exponer a sus hijos en redes sociales”). Vuelvo y pregunto: ¿saben a dónde pueden ir a parar las fotos de sus hijos? Y pregunto además: ¿por qué no publican fotos de ustedes en vestido de baño, bronceados y con mirada coqueta?

 

Dejo finalmente un video sobre el tema. Debemos ser cuidadosos, prevenidos y sobretodo, respetuosos de la vida y el cuerpo de nuestros hijos.

 

 

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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Blogs LaFamilia.info - 28.09.2015

 

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Foto: Pixabay 

 

Todos, familia, escuela, sociedad, debemos poner de nuestra parte para que los menores de edad no caigan en la trampa y su vida cambie para siempre. O se acabe…

 

Seguramente el término grooming lo ha venido escuchando, pero no sabe a ciencia cierta qué es, cómo opera y cómo es que logra que un menor de edad se desnude frente a la pantalla del computador o la tableta, tomando la decisión más nefasta de su vida.

 

Según una investigación realizada por la empresa de seguridad informática ESET que abordó a 400 jóvenes arrojó como resultado que un 36% de jóvenes entre 14 y 29 años en América Latina reportó haber sufrido algún tipo de ataque mientras navegaba por la Internet.

 

El grooming de menores en Internet es un fenómeno que podríamos traducir como “engatusamiento” o “acicalamiento” y que se utiliza para describir las prácticas online de ciertos adultos (criminales) para ganarse la confianza de un menor fingiendo empatía, cariño, etc. con fines de satisfacción sexual (obtener imágenes del menor desnudo realizando actos sexuales). Por tanto está relacionado con la pederastia y la pornografía infantil en Internet. De hecho el grooming es en muchas ocasiones la antesala de un abuso sexual y de la explotación sexual de niños.

 

¿Cómo funciona? Su hijo navega por Internet, en páginas infantiles. En el apartamento de arriba, en el del lado, en la torre del frente, a dos cuadras, o en otra ciudad, un ciber delincuente rastrea la dirección IP que tenemos asignadas por nuestro proveedor de servicios de Internet y deduce muy fácilmente que es un menor. De inmediato contacta al menor y se da inicio a 4 pasos:

 

1. Enganche: Aquí el acosador formula interrogantes al menor con el fin de conocerlo. El predador busca alimentar la confianza del niño.

 

2. Fidelización: En esta etapa el acosador quiere que el niño se apegue a él para garantizar que el contacto no se pierda.

 

3. Seducción: Como ya ha conseguido halagarlo, ahora el niño se sentirá en deuda por lo que fácilmente accederá a peticiones del criminal. Aquí es cuando le pide que se desnude, que haga actos obscenos; el menor accede, inocente, pensando que es un juego, y el ciber predador captura todo en imagen y video.

 

4. Acoso: Al tener en su poder toda la información que requería, el acosador procederá a extorsionar: más cuerpo, más actos, dinero, para no subir la información a Internet.

 

Cierre los ojos un segundo y piense en su hijo desnudo en Internet. Recuerde el caso de Amanda Todd, cuya vida se apagó a causa de una situación como esta.

 

¿Qué podemos hacer? Hay varios aspectos que debemos tener en cuenta:

 

- No proporcionar imágenes o informaciones comprometedoras a nadie nunca.

- No ceder al chantaje en ningún caso puesto que ello supone aumentar la posición de fuerza del delincuente.

- Pedir ayuda a familiares y a las autoridades.

- Tener en cuenta que la intimidad y la privacidad son innegociables, no andamos exponiéndolas por ahí, a cualquiera. El respeto por nuestro cuerpo comienza por nosotros mismos.

- Debemos tomar acciones preventivas. Ayudemos a que nuestros niños hagan uso seguro, responsable y constructivo de Internet.

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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Blogs LaFamilia.info - 03.07.2015

 

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Internet es un mundo por descubrir. En tiempos en donde la sobrecarga de información es abrumante, y en donde muchos malintencionados se aprovechan de la ingenuidad y el desconocimiento que reina, pues de repente su hijo se topa con algún contenido inapropiado para su edad y para su vida. Por esa razón se hace urgente, vital, que los padres de familia tomemos las acciones necesarias para que la navegación de nuestros hijos sea lo más segura posible desde un computador o desde un dispositivo móvil.

 

Internet ofrece muchos beneficios como acceso ilimitado a la información, mayor oportunidad de conocimiento, democratización de opiniones y conceptos e incluso la ilimitada posibilidad de participar, comunicar e interactuar. Sin embargo, también presenta muchos riesgos: sexting, grooming, ciberacoso, pishing, entre otros, además de los desórdenes derivados de la adicción a la web y a la tecnología, por lo cual los asiáticos la denominan “la heroína electrónica”.

 

¿Tiene su hijo una tableta o teléfono móvil con Android? ¿Pasa horas concentrado en el aparato? ¿Sabe usted a ciencia cierta qué navega, qué mira, con quién habla? Pues bien, ha llegado el momento de aprender a establecer controles parentales sobre estos aparatos, que le permitan controlar y evitar riesgos sin sacrificar la diversión de sus hijos.

 

Kids Place

 

Puede ocurrir que usted, en el afán de una visita y para que su hijo no moleste, le entregue su celular para que se entretenga y se mantenga al margen de la visita. Pero es un riesgo porque usted no sabe a ciencia cierta qué puede llegar a hacer su hijo con el teléfono: recibir una llamada, desconfigurar, comprar por error, resetear, etc. Kids Place lo que hace es crear una zona segura para que los niños interactúen con el celular de forma segura.

 

Esta aplicación le permite configurar una pantalla de inicio personalizada con las aplicaciones que usted defina, bloquear la señal para evitar la entrada y salida de llamadas y además establecer un pin de seguridad para entrar y salir de la aplicación.

 

Secure Teen Parental Control

 

Esta aplicación actúa como filtro para evitar que su hijo adolescente acceda, intencionalmente o por error, a contenido inadecuado y perjudicial para él. Además de una programación de uso 24 horas, los 7 días de la semana, para controlar el uso que su hijo hace del dispositivo, también le ayuda a ubicar geográficamente al menor y asegurarse que donde está no corre ningún peligro. Todo de manera remota, desde el panel de control parental.

 

Kids Zone

 

Mediante tres sencillos pasos, Kids Zone permite bloquear las aplicaciones que no son adecuadas para los niños y algunas otras funcionalidades del teléfono. Primero hay que crear el perfil del niño y añadir sus aplicaciones favoritas, después eligir un fondo de pantalla y por último, establecer un PIN secreto para bloquear el dispositivo. Kids Zone bloquea el envío de llamadas y mensajes de texto, así como la conexión a Internet, a menos que hayas añadido un navegador web a las aplicaciones seleccionadas.

 

Screen Time

 

Esta es una aplicación muy útil ya que le permite administrar y controlar el tiempo que sus hijos pasan en los dispositivos. Todo funciona gracias al temporizador de uso, incluso la administración de contenidos para que a cierta hora, por ejemplo en las noches, ya queden inactivos los juegos y solo funcionen las aplicaciones de lectura.

 

Si su hijo lleva el dispositivo móvil al colegio, usted lo programa para que queden inactivas las aplicaciones de juegos o redes sociales, dejando solamente aquellas que le puedan ser útiles en clase.

 

Qustodio

 

Con esta aplicación se puede conocer la actividad en línea de sus hijos, páginas que visitan, actividad en redes sociales, personas con las que interactúan, bloquear acceso a páginas nada adecuadas, establecer horarios de uso.

 

Una sexta: recientemente fue lanzada Mspy. Dicen sus creadores que es una aplicación de monitoreo parental de fácil uso y muy completa.

 

Todas las herramientas que vimos, y las miles que existen similares, son de gran ayuda, pero deben ir de la mano del acompañamiento para que su hijo haga uso seguro, responsable y constructivo de las redes sociales. Hay que enseñarles y no solamente irnos por el camino de utilizar todas aplicaciones como sobreprotectores. Nuestros hijos tienen derecho a su intimidad pero para eso debemos enseñarles a que la respeten, la hagan respetar y respetan la de los demás.

 

Acompañar, guiar, orientar y formar son mejores estrategias que vigilar.

 

Nota: Imágenes tomadas de los sitios web de cada aplicación.

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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Blogs LaFamilia.info - 27.07.2015

 

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Foto: Taringa.net

 

Hay dos realidades: la primera, es que los menores hacen uso de las redes sociales; la segunda, que aumenta de forma alarmante el mal uso de estas poderosas herramientas de comunicación, interacción y publicación de información. ¿Qué podemos hacer?

 

Según estudios realizados, en Google se registran alrededor de 2,7 billones de búsquedas en menos de 5 minutos, lo que significa que los menores pueden tener acceso a un sinnúmero de información y a cada instante, por lo que tanto padres como docentes deben estar alerta. Sin embargo, la utilización de las redes sociales como Twitter, Facebook, Messenger, Instragram, entre otros, no son “malos” por sí solos, como lo menciona el profesor Hugo Campos en su artículo titulado Jóvenes: preocupa el mal uso de redes sociales, donde indica que “hay que encaminar la conciencia del uso de estas tecnologías, que es absolutamente buena, pero la cuestión está en saber usarla”.

 

El caso de Ángela (*) es terrible. Ni su personalidad tranquila ni su buen promedio académico le sirvieron para evitar ser víctima de sus compañeros en las redes sociales. Su “pecado”: ser obesa. La tildaban de “gorda cebosa”, “fea”, “que mejor no existiera”, todo eso publicado, a la vista de todos, por algunos de sus compañeros de clase, criminales, que además compartían semejante aberración con sus amigos y desconocidos sin considerar que eso llevó a que ella intentara suicidarse. ¿Y el colegio? Cosas de niños, hay que hablar con ellos…

 

Diego Jaramillo, profesor colombiano de la Universidad de Los Hemisferios en Quito (Ecuador), llamó la atención sobre lo vulnerables que están los menores que tienen cuentas en redes sociales sin seguridad, privacidad y control de la información que publican. Para Jaramillo “estos problemas se originan, principalmente, por la falta de comunicación entre padres e hijos. Debemos hablar mucho con ellos, mirar sus cosas, porque ellos no se dan cuenta del peligro que corren”. ¿Cuáles peligros? Sexting, pornografía, cibermatoneo, oversharing, vamping, entre otros. (Leer Diez normas antes de publicar información de sus hijos en redes sociales”). (Leer: Sexting: ¿en riesgo la intimidad de sus hijos?”) (Leer: Qué hacer si su hijo sufre cibermatoneo)

 

Por eso, relaciono cinco principios básicos que debemos tener en cuenta para que los menores hagan uso seguro, responsable y constructivo de las redes sociales:

 

1. Respetar la edad mínima – La norma general indica que los menores de 15 años no deben tener cuenta ni perfil en redes sociales ya que están expuestos a una enorme cantidad de riesgos ya mencionados, riesgo que aumenta por la inmadurez física, social, psicológica y emocional que los puede llevar a ser víctimas o victimarios.

 

2. Comunicación permanente – Es urgente que los padres de familia, como principales educadores de sus hijos, según principios y valores, derecho-deber insustituible e inalienable, mantengan una permanente comunicación con sus hijos, conociendo de primera mano qué hacen, qué publican y qué comparten sus hijos en redes sociales, orientando sobre los riesgos y ayudando a evitar que sus hijos sean víctimas y/o victimarios. Abra el espacio de diálogo, que sus hijos sepan que ante cualquier eventualidad pueden contar con usted.

 

3. Si es privado e íntimo, no lo publique – Recuerde a sus hijos permanentemente que nunca proporcionen información personal familiar: edad, dirección, identificación, teléfono, etc. Que tengan cuidado con el e-mail y los archivos adjuntos, cuando no conocen quién los envía. Que nunca abra correos sospechosos y menos de personas o empresas que desconoce.

 

4. Respeto y buen trato – Muchos consideran que Internet es un mundo de anonimato en donde todo vale. Sin embargo, eso no es tan cierto ya que la enorme cantidad de información que publicamos a diario hace que seamos más fácilmente ubicables y reconocidos de lo que pensamos. Por eso debemos enseñarles a los niños a utilizar de forma adecuada todas estas herramientas, en su momento,utilizando buena redacción, gramática, no compartiendo aquello que ofende y maltrata, evitando contenidos inadecuados. Además, y muy importante, respetando al otro, siendo considerado, poniéndose en los zapatos del otro.

 

5. Lo publicado es imposible de borrar – Tenga en cuenta que una vez publicada la información ya es PÚBLICA, es decir que desde ese momento es IMPOSIBLEborrarla. Recuerde este punto a sus hijos siempre y que lo tengan en cuenta antes de publicar algo.

 

Debemos estar ahí, debemos acompañarlos, debemos orientarlos. Iniciemos dando un buen ejemplo y ayudando a que los menores hagan buen uso de las redes sociales.

 

(*) Nombre cambiado

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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Blogs LaFamilia.info - 10.06.2015

 

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Más allá de si se trataba de un juego para invocar a los espiritus de ultratumba o una estrategia de mercadeo, lo cierto es que esta situación es una oportunidad de mejorar nuestra tarea como padres de familia.

 

Charlie-Charlie es un juego que consiste en poner en equilibrio dos lápices en forma de cruz encima de una hoja dividida en cuatro con las palabras “Sí” y “No”, las cuales utilizará ‘Charlie’, un “demonio”, para responder a las preguntas que le hagan. Todo comenzó en las redes sociales en Estados Unidos, cuando la productora Warner Brothers inició la promoción de su película “La Horca”, en donde la trama hace referencia al juego, tipo ouija casera.

 

Fue noticia toda la semana pasada: convulsiones, desmayos, asombro, terror, espiritus, lápices que supuestamente se mueven, exorcismos, niños engolosinados, enfermos, poseídos y padres de familia sin capacidad de reacción o en el peor de los casos desenterados de este tema, fueron algunos de los aspectos que envolvieron a los medios que se hacen agua la boca con estos temas.

 

Pero a pesar de lo crudo que pueda sonar esta situación, que incluso, dicen algunos, ha llevado al suicidio a varios adolescentes, Charlie-Charlie nos deja grandes enseñanzas a los padres de familia sobre nuestro ausentismo, ese desinterés en los asuntos de nuestros hijos, y especialmente esa loca idea que tenemos de ser los mejores padres y seres humanos cuando le regalamos a los niños todo tipo de dispositivos con un plan ilimitado de datos sin ton ni son.

 

Primera lección: La soledad no deja nada bueno

 

Para muchos padres de familia, el cuidado y supervisión de sus hijos no es una tarea sencilla de realizar. El trabajo, las distancias, el tráfico, las cuentas y demás son obstáculos para poder estar con sus hijos el tiempo que quisieran. Pero también es una dolorosa realidad que para algunos padres el ser solamente proveedores, darles un techo, ropa y comida es más que suficiente para decir “misión cumplida”. Y ni hablar de aquellos que creen que comprándole a sus hijos toda clase de dispositivos con planes de datos ilimitados, por aquello del mito del “chip tecnológico”, cumplen con su tarea educativa, abandonándolos a su suerte en medio de sitios web y aplicaciones, sin tener el menor cuidado de supervisar qué hacen y con quién o quiénes se conecta en la red.

Con urgencia, como sea, debemos recuperar el tiempo con nuestros hijos, acompañarlos, guiarlos para el uso seguro, constructivo y responsable de las tecnologías y para todas aquellas situaciones propias de la vida.

 

Segunda lección: El colegio, un apoyo fundamental

 

Una compañerita de mi hija en el colegio, de 9 años, llegó con el cuento de Charlie Charlie. Invitó a varias de sus amigas a que lo jugaran. Dos de ellas dieron aviso a las profesoras puesto que en casa les habían hablado de los riesgos de esta actividad. El colegio tomó cartas en el asunto, reunió a las niñas en su totalidad y les explicó qué peligros corrían. Pero esto no pasa en todas las instituciones, algunas de ellas más pendientes del pago oportuno de la pensión que del bienestar de la persona. Y peor cuando la comunicación familia–colegio es nula…

 

La familia, como educadora natural y principal de la persona humana, debe contar siempre con el apoyo y complemente del colegio en el cual estudian sus hijos para manejar conjuntamente este tipo de situaciones y otros que se pueden presentar.

 

Tercera lección: En el mundo virtual también hay riesgos

 

Se nos metió en la cabeza que lo virtual no representa ningún riesgo más allá de insultos, fotos indebidas, algún tipo de fraude, entre otras cosas, pero, conscientes de ello, publicamos más de la información necesaria, exponemos nuestra intimidad, publicamos información de nuestros hijos, geolocalizamos las imágenes e incluso compartimos datos relacionados con direcciones, cuentas, horarios y más.

 

Cosas como el cibermatoneo, el sexting, la pornografía infantil en línea y mucho más, nos deben servir de ejemplo y espejo para por fin ser conscientes de los riesgos que existen en la web.

 

Así como cuidamos a nuestros hijos de los peligros del mundo real, por ejemplo que no hable con desconocidos, debemos ejercer los mismos controles preventivos para el mundo virtual.

 

Cuarta lección: No menospreciar las situaciones

 

¿En cuántas ocasiones nuestros hijos quieren comentarnos alguna situación y no prestamos atención o no le damos la importancia que merece? Y solamente reaccionamos cuando ya no hay nada que hacer.

 

Supe un caso, de una niña de 15 años, quien en estado depresivo intentó suicidarse tomando una enorme cantidad de pastillas y calmantes. Una amiga advirtió la situación e informó a la mamá quien encontró a su hija vomitando y mareada. Simplemente le dijo: “Cuando mueras me avisas, antes no me hagas perder el tiempo”.

 

Una de las tareas fundamentales de los padres de familia es prestarle atención a sus hijos, escucharlos, para así conocer cómo están, qué viven, sienten, piensan y aspiran. ¿Si no es conversando, atendiendo sus inquietudes, cómo más? Ese lazo es irrompible, nadie lo puede cortar y genera un hermoso vínculo entre los padres y sus hijos.

 

Abramos espacios de diálogo frecuente, demos la importancia que cada situación requiere y evidenciemos un total interés por sus cosas.

 

Quinta lección: Más amor, menos chips

 

Al amor no lo reemplaza nada; al amor, al verdadero amor no lo sustituye ni el más avanzado de los computadores, ni la tableta más potente ni la aplicación de moda. El amor de un padre o de una madre no puede ser sustituido por chips, alumimio ni una inentendible red de unos y ceros.

 

Dejemos atrás, bien atrás, esa creencia que “a la falta de afecto y tiempo, bueno están los objetos”. Los niños son felices con aparatos y dispositivos, pero saben en su corazón que lo tuvieron todo materialmente hablando menos familia, y eso les duele, es una herida para siempre.

 

Para finalizar, Charlie-Charlie no vale la pena. Como tantos, son viles estrategias comerciales tras nuestra atención y dinero. Pero la Familia-Familia es un bien incalculable, un bien útil para la sociedad. Y está en nuestras manos mantenerla como el mejor blindaje posible para que nuestros hijos no caigan en la trampa de los malosos y tramposos del más allá y del más acá.

 

Imagen tomada de: www.cosasdeeducacion.es

 

*Este artículo fue publicado en ElTiempo.com y se reproduce en LaFamilia.info con autorización del autor.

 

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Esposo y padre de familia. Comunicador Social y Periodista. Magister en Educación con Énfasis en Desarrollo Humano y Valores. Diplomado en Familia. Profesor investigador del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana. Investigador, consultor y gestor de proyectos en Comunicación, Familia e infancia. 
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