Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 15.09.2020

 

 

Farid Diek es un joven mejicano, emprendedor Social, Co-fundador de Ecü, conferencista, músico y escritor. Lo que lo hace más reconocido es su empresa Ecü que nace a partir de una problemática social, creando un calzado con suela de llanta reciclada para así darle una solución alterna al problema del desecho de llantas. La empresa tiene como propósito lograr un modelo de negocios que inspire a los jóvenes a sumarse a las diferentes problemáticas que existen en el país y se resuelvan a poner en práctica el emprendimiento social. Quiere además, eliminar el problema de las llantas y concientizar a la población de la vida minimalista. 

 

A este reconocido joven empresario de 27 años, le gusta compartir lo que le ha ayudado a ser exitoso a su corta edad. Participó hace poco en el Simposio Internacional virtual Matrimonio y Familia con una interesante conferencia que tituló: Tres ejercicios prácticos para enfrentar la adversidad.

 

Aquí les cuento cuáles son sus sugerencias, que no es más que un consejo práctico de cambiar el chip mental para asumir la vida, desde otra perspectiva. 

 

Primer ejercicio

 

Este ejercicio invita a apreciar la vida recordando diariamente que nos vamos a morir. Parece una paradoja. Reflexionar sobre esta temporalidad puede ser horrible o muy bello. ¿Por qué muy bello? Esa es la pregunta que nos intriga. Así lo explica: la escasez de un objeto hace que aumente su valor. La muerte sirve para recordar que la vida es finita, la muerte representa la escasez de la vida. La vida adquiere un gran valor que hay que apreciar, aprovechando el tiempo, disfrutando los momentos y a los seres queridos. Esto determina lo que haces, dices y piensas. Discernir entre lo que es importante y no lo es. Te ayuda a canalizar tus deseos hacia lo trascendente, para no dejar las cosas para después, para dejar a un lado los miedos e ir por lo significativo. 

 

Para ilustrar este concepto, cuenta la anécdota de un general estoico después de ganar una batalla. Entra entre vítores y alabanzas propios del triunfo, tenía detrás suyo a un esclavo con una única responsabilidad, recordarle que esa gloria era efímera , él le repetía: “memento morti”. De esta manera, el general podía mantener el control de sí mismo, con los pies en la tierra. 

 

Segundo ejercicio

 

Este ejercicio trata de que introduzcas en tu vida dosis sutiles de “disconfort“ como ducharse con agua fría, dormir en el piso, ayunar, decir no a situaciones placenteras que son pequeñas renuncias en situaciones ordinarias de cada día. Estos actos que él llama de “disconfort” te preparan para enfrentar la adversidad. Al vivir esto voluntariamente te hace más agradecido con lo que tienes además de robustecer la voluntad...

 

Salir de la comodidad vuelve a la persona más resiliente y la entrena para ser la persona que quiere ser, la hace ser más agradecida con lo que se tiene y la prepara para cuando las cosas se ponen duras y difíciles. Lo compara con los soldados que en tiempo de paz, ejercitan tareas sin el enemigo visible. Se cansan con ejercicios aparentemente innecesarios, ¿para qué?  Para estar preparados cuando todo sea inevitable. Y también menciona a los atletas. “Si deseas que un hombre no caiga ante una crisis, entrénalo antes de que la crisis llegue”.  

 

Tercer ejercicio

 

Consiste en aprender a aceptar lo que sucede en la vida, aún las partes oscuras. La vida no tiene la obligación de ser como tú deseas. Lo mismo sucede con las personas. No se trata de aceptarlo de forma pasiva, se trata de estar dispuesto a darle una oportunidad a lo que sigue. Hay que dar lo mejor de sí siempre y que pase lo que tenga que pasar. Epítecto decía: No busques que todo suceda como tu deseas, mejor desea que todo ocurra tal como ocurre y te irá bien. 

 

El resentimiento ocurre cuando tenemos cierta expectativa de algo y no termina sucediendo en realidad . “Sufrimos más en la imaginación que por la realidad”.

 

A ver si logramos poner en práctica estos ejercicios que Farid nos sugiere para salir adelante después de estos tiempos difíciles que estamos viviendo.

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 13.08.2020

 

 

Mi  primer hijo nació el mismo día del cumpleaños de mi mamá Laurina, el 12 de mayo. Mi mamá lo consideró su mejor regalo y todos me felicitaban con gran alegría y alborozo hasta que llegó la abuela Lina y me dijo: “Perdiste tu  tranquilidad para toda tu vida”. ¡Quedé atónita!

 

¿Cómo es que la abuela me felicita de esa manera? No podía entenderlo. La abuela Lina era muy positiva y de apuntes muy sabios, por lo cual no salía de mi estupor. Ella pertenece a una generación de mujeres de un talento y sabiduría natural que criaban a sus hijos con gran maestría. 

 

¿Qué querría ella decirme con esas palabras? Conociéndola bien era indudable que su mensaje no sería que perdería esa alegría y el gozo de ser mamá! Al pensar en ello traduzco y entiendo su mensaje como la apertura a una nueva realidad que nos hace entregarnos a un reto que siendo el más natural no deja de ser a la vez el más difícil. Es enfrentarse al temor de no saber si se están haciendo las cosas bien, que no llore, que no se lastime, que no se enferme, más adelante que no le deje la novia, en pocas palabras que no sufra nunca, que sea feliz! 

 

¿Qué significa perder la tranquilidad?

 

Perder la tranquilidad es levantarse varias horas en la noche a amantar al bebé y/o darle el biberón, situación difícil de explicar: la contradicción de perder el sueño, sentir cansancio convertida en una gran satisfacción que se experimenta, y que viene a ser como un bálsamo que invade el ser de una pletórica alegría. 

 

Perder la tranquilidad se traduce en esa pérdida de la paciencia por tener que enseñarle a sentarse bien, no hablar con la boca llena, a decir "por favor", "gracias", todos los días, repitiéndolo varias veces al día creyendo que nunca lo va a aprender hasta que un día una amiga nos dice: “Cómo es tu hijo de educado, ¡es un príncipe!”. Se llena de orgullo ese corazón de mamá y la respuesta es una amplia sonrisa. Se siente haber ganado una medalla olímpica. 

 

Perder la tranquilidad es siempre querer hacer lo mejor, darles el consejo oportuno, pero sin ir más allá de invadir su autonomía. Es además exigirse para darles un buen ejemplo, lo cual redunda en mejorar como persona. 

 

Perder esa tranquilidad se experimenta cuando se tiene que ser maestra, amiga, enfermera, policía, chofer, diseñadora, cocinera, payaso, bombero… Al tiempo que ejercemos esas “profesiones,” vemos como crecemos en creatividad, versatilidad…

 

No hay mejores maestros que los hijos, nos enseñan y nos hacen ver que no hay imposibles cuando por ellos sacamos lo mejor de nosotras. Con ellos aumentamos la capacidad de servicio a los demás dejando de pensar en nosotras mismas. 

 

Perder la tranquilidad es saber que ya es independiente, que llegó el día en que ya no me necesita como antes  pero a sabiendas que desde esa independencia el corazón sabe que me ama, aunque no me necesite: “Nunca experimenté tanto amor a mi madre que cuando estaba criando mis propios hijos.” 

 

El mayor desafío de perder la tranquilidad lo viven hoy en cuarentena las mamás trabajadoras, con hijos pequeños y marido en casa. Es un reto que ninguna de nosotras había tenido antes y que les obligará poner a prueba todo lo aquí escrito. 

 

Son maestros de oración porque por ellos elevamos plegarias diarias a Dios y la Virgen, las que se intensifican cuando están enfermos o en dificultades, es cuando más rezamos. 

 

Esa pérdida de la tranquilidad se convierte en plenitud que hace a las mamás unos seres generosos, alegres, comprometidos, afortunados, serviciales, devotos, creativos, laboriosos… es un profundo sentimiento indescriptible de amor. “Lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado” nos recuerda San Josemaría Escrivá. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 19.12.2018

 

Foto: Cathopic 

 

Para  esta época se vive en el mundo entero un alboroto inusitado: se encienden millones de luces de colores, se intercambian mensajes de alegría y de buenos deseos como también regalos para expresar cariño, solidaridad, agradecimiento, admiración… Se cantan villancicos…

 

Se oye por doquier: -“Ya llegaron,”  -“Acá llegan la víspera de Navidad…” Son los seres queridos que hacen un alto con el fin de reunirse para celebrar en familia. 

 

¿Qué vamos a celebrar el 24?

 

¿Y qué es lo que todos vamos a celebrar? ¿Quién es el responsable de semejante alboroto mundial?

 

Tú y yo tenemos clara la respuesta. Tú y yo sabemos quién es el responsable, sabemos quien es ÉL: ¡Jesús! Estamos celebrando el cumpleaños de Jesús, nacido en Belén hace 2018 años. Vino para mostrarnos cuál es el camino para llegar al cielo y disfrutar de Él eternamente. 

 

Lo que no parece estar muy claro para algunos, es el sentido de esta celebración y a quién hay que regalar de primero antes que a todos los demás. 

 

Ya sabemos dónde y qué vamos a comer, como también cuáles son los regalos y a quiénes los vamos a dar.  Aquí viene la pregunta del millón: ¿Y cuál es el regalo que le tienes preparado al cumplimentado? Porque dijimos que tú y yo tenemos claro quién es ÉL.

 

Entonces ¿Ya lo has preparado? ¿Cuánto hay que invertir en ese regalo? 

 

Hay muchos que sí están en la onda pero otros están todavía a tiempo para ponerse al día con el regalo del cumplimentado.

 

En una alocución en YouTube el Padre Sebastián Correa, Capellán de la Universidad Gabriela Mistral en Maipú, Chile, compara los corazones de las personas que se preocupan sólo de los preparativos materiales, con las bolas de adorno del árbol. Él dice que al quebrarlas se encuentran vacías en su interior. Así quedan esos corazones que han celebrado, sin tener en cuenta el sentido válido de estas fiestas. 

 

El regalo del cumplimentado

 

Le dedicamos tiempo, ingentes esfuerzos y dinero a muchos preparativos relacionados con la Navidad. Existen maneras más sencillas y significativas.

 

Cuando vamos a regalar siempre pensamos qué le podría gustar a esa persona, a veces indagamos a través de un familiar o amigo cercano. Pues Jesús mismo nos ha dejado dicho lo que a Él le gustaría recibir de regalo. El Padre Sebastián nos lo recuerda: “En Mateo 25,32 Jesús nos dice: “Cuanto hagas con uno de estos más pequeños, a mi me lo estás haciendo”.

 

A la vez, él hace referencia a que ese es un llamado a vivir las Obras de Misericordia, por lo tanto, si tú vives una Obra de Misericordia le vas a hacer un regalo al mismo Jesús. “Las Obras de Misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales: 

 

Obras de misericordia Corporales:

 

• Visitar y cuidar a los enfermos.

• Dar de comer al hambriento.

• Dar de beber al sediento.

• Dar posada al peregrino.

• Vestir al desnudo.

• Visitar a los presos.

• Enterrar a los difuntos.

 

Estas siete obras de Misericordia Corporales van acompañadas de siete Obras de Misericordia Espirituales:

 

• Enseñar al que no sabe.

• Dar buen consejo al que lo necesita.

• Corregir al que se equivoca.

• Perdonar al que nos ofende.

• Consolar al triste.

• Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

• Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos”.

 

El Padre Sebastián termina su alocución diciéndonos: “Aquí catorce ideas de cómo hacerle un regalo que le agrade a Jesús. Quedan muy pocos días, ponte manos a la obra y regálale muchos de esos regalos a Jesús que va a estar muy feliz! Y así también se llenará tu corazón”.

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 17.07.2020

 

Foto: freepik

 

Aceptar es valorar lo que hay, lo que tienes.

 

Aceptar proviene del corazón, viendo un mensaje en cada situación.

 

Aceptar es entender que lo que me está ocurriendo es lo mejor que me puede pasar.

 

Aceptar no es conformarse y resignarse porque es lo que hay.

 

Aceptar no es añorar, recordar, llorar, comparar…

 

Aceptar es saber que sólo existen dos días en todo el año en que no puedo hacer nada. Uno es ayer y otro es mañana porque no se si lo tendré. Vivamos el presente, el hoy, como decía mi hermano Carlos: “La vida es YA!  Y pon fe y esperanza en lo viene. 

 

Encontremos la raíz a todas estas expresiones.

 

Elegir… Aceptar…

 

A menudo se considera que el único ejercicio auténtico de la libertad consiste en elegir entre diferentes posibilidades, la que más nos conviene:  “elegir el lugar de vacaciones, la profesión, el nombre de nuestros hijos. …Soñamos con la vida como si ésta fuese un inmenso supermercado en el que cada estante despliega un amplio surtido de posibilidades del que poder tomar, a placer y sin coacción, lo que nos gusta y dejar lo demás…” Es cierto que esa facultad de elegir entre distintas posibilidades es un hecho cierto y bueno. 

 

Otra cara de la moneda 

 

Hay otra dimensión de la libertad que tenemos que conocer, otro modo de ejercer la libertad y es “aceptar lo que no hemos elegido.” 

 

¿Y esto cómo es?

 

Es en los casos cuando se nos pide “elegir” lo que nunca hemos querido e incluso lo que nunca hubiéramos querido a ningún precio, una enfermedad por ejemplo.  Hay que entrenarse en la vida a la “gustosa aceptación” de muchísimas cosas que parecen ir en contra de mi libertad e integridad.  Aceptar nuestras limitaciones, fragilidad, impotencia ante una situación que la vida nos  impone. En este momento en la situación que estamos viviendo cuesta mucho acoger y aceptar la perdida de la salud, el trabajo, un ser querido, perder el negocio, la autonomía…

 

¿Cuál es la respuesta?

 

¡Ojo! Es en estas circunstancias cuando nos atrapa la queja, la insatisfacción y una actitud egocentrista que no nos deja ver más allá. Es entonces cuando perdemos la paz. 

 

Por el contrario debemos hacer brotar sentimientos de gratitud por lo vivido, por lo que tengo aunque sea poco,  y renovar la esperanza por lo que vamos a conseguir.

 

La aceptación de esta realidad es entender que lo que está ocurriendo es lo mejor que puede pasar.  Aceptar no es aguantar, es una actitud activa que prueba nuestra valía como personas y dependiendo de nuestra respuesta, creceremos y nos fortaleceremos como personas, como familia, como país. 

“Todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios.” Romanos 8:28-34

 

Conclusión

 

El auténtico mal es el miedo que nos sobrecoge y esto es la expresión de la incapacidad de abandonarnos en Dios con confianza.  Es por eso que además de la aceptación tenemos que vivir las virtudes de la fe y de la esperanza, abandonándonos en Dios con fe ciega. La luz vendrá más tarde: “Lo que yo hago, tú ahora no lo entiendes, lo entenderás después”, le dice Jesús a Pedro. Juan 13:7

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 08.11.2018 

 

 Foto: Freepik

 

Hace poco asistí a una charla de una joven mamá de tres hijos entre las edades de 5 y un año. Además de su trabajo en el hogar, Mariana se desempeña como una excelente ejecutiva en el área comercial de una exitosa empresa. La charla era sobre la formación de los hijos.

 

Entre el Ser y el Hacer

 

Nos contaba que normalmente al comenzar las clases en los  colegios, se tenía la primera entrevista con el profesor(a) y como es natural les pide que le hablen de su nuevo(a) alumno(a). ¿Qué es lo primero que viene a la mente cuando te preguntan que hables de tu hijo?

 

“Es muy deportista, le encanta bailar, tiene facilidad para los idiomas, es bueno para los números.” Si es más pequeño dicen: “Come solo, no usa pañal…”¿Les suena familiar?

 

Continuó su charla, que trataré de resumir, haciéndonos ver que todas esas respuestas se enfocan en las habilidades del niño, en el HACER. ¿Qué falta en esa respuesta? Lo realmente importante: “Es agradecido, venimos buscando que mejore en la obediencia, el orden y el respeto hacia los demás, siempre saluda a las personas por su nombre, es sonriente y cariñoso aunque le cuesta mucho perdonar.  Vemos que ejerce un liderazgo en su grupo y sentimos que la humildad es un valor importante a inculcarle…”

 

Esa última respuesta está centrada en el SER que es lo primero, luego viene el HACER para terminar con el TENER. Esto está muy relacionado con lo que se dice de alguien al morir: “Fue un médico brillante, empresario exitoso, diseñó el edificio más alto, escribió tantos libros, ganó una medalla de oro “… Cuando realmente lo importante es si entregó su vida por los demás, cariñoso, generoso, bondadoso, magnánimo, modelo para imitar, esposo fiel y padre ejemplar, persona íntegra…”

 

¿Cuál es tu legado?

 

Con frecuencia se oye decir: “Lo único que hay que dejar a los hijos es el estudio, en eso me gasto todo mi dinero. Si unos papás no pudieran pagar un estudio de alta gama a sus hijos, a diferencia de otros que tienen esa maravillosa oportunidad ¿estarían esos padres condenados a no poder dar nada valioso a sus hijos? ¡Claro que no! En ese momento yo recordé la intervención, en la Universidad Tecnológica, del científico Raúl Cuero, nacido en Buenaventura, quien entonces compartió sus vivencias, desde su infancia hasta los logros excepcionales conquistados en la NASA. Nos decía que su madre, una mujer analfabeta, le repetía constantemente: “Sé bueno, ¡eso es lo que importa!”

 

Lo más valioso 

 

Lo más valioso es la formación del SER, la formación en virtudes y como colofón, formarlos para que logren conquistar la vida eterna que es la tarea más importante. Ese fue el meollo de su charla. Que nuestros hijos descubran, a través del ejemplo de los padres que el centro y la motivación, es buscar vivir cara a Dios y hacer su voluntad. Lo que da cuerpo y respaldo a todo es aprender a “querer el querer de Dios”. Tarea fundamental de todo padre de familia, hablarle más a Dios de los hijos que a los hijos de Dios, dándoles ejemplo de una vida de piedad. 

 

Conclusión

 

En palabras de San Josemaría: “La solución está en vuestras manos, porque los niños- aún los más pequeñines- no lo son tanto y desde los dos años comienzan a ser testigos de vuestras vidas. Son jueces crueles, inexorables: ¿quién va a meterles en la cabeza, a esa edad, que sólo Nuestro Señor es el que puede juzgar? Los hijos juzgan todo lo que ocurre delante de sus ojos; por eso, si os ven piadosos y rectos, si ven que no reñís, si ven que tenéis un amor grande a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra; si ven que lucháis contra vuestros defectos y que procuráis ser buenos cristianos, ellos comenzarán a admiraros. Con eso, ya los estáis formando.” 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

 

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