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Categoría: Blog Prince Martínez
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Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 13.08.2020

 

 

Mi  primer hijo nació el mismo día del cumpleaños de mi mamá Laurina, el 12 de mayo. Mi mamá lo consideró su mejor regalo y todos me felicitaban con gran alegría y alborozo hasta que llegó la abuela Lina y me dijo: “Perdiste tu  tranquilidad para toda tu vida”. ¡Quedé atónita!

 

¿Cómo es que la abuela me felicita de esa manera? No podía entenderlo. La abuela Lina era muy positiva y de apuntes muy sabios, por lo cual no salía de mi estupor. Ella pertenece a una generación de mujeres de un talento y sabiduría natural que criaban a sus hijos con gran maestría. 

 

¿Qué querría ella decirme con esas palabras? Conociéndola bien era indudable que su mensaje no sería que perdería esa alegría y el gozo de ser mamá! Al pensar en ello traduzco y entiendo su mensaje como la apertura a una nueva realidad que nos hace entregarnos a un reto que siendo el más natural no deja de ser a la vez el más difícil. Es enfrentarse al temor de no saber si se están haciendo las cosas bien, que no llore, que no se lastime, que no se enferme, más adelante que no le deje la novia, en pocas palabras que no sufra nunca, que sea feliz! 

 

¿Qué significa perder la tranquilidad?

 

Perder la tranquilidad es levantarse varias horas en la noche a amantar al bebé y/o darle el biberón, situación difícil de explicar: la contradicción de perder el sueño, sentir cansancio convertida en una gran satisfacción que se experimenta, y que viene a ser como un bálsamo que invade el ser de una pletórica alegría. 

 

Perder la tranquilidad se traduce en esa pérdida de la paciencia por tener que enseñarle a sentarse bien, no hablar con la boca llena, a decir "por favor", "gracias", todos los días, repitiéndolo varias veces al día creyendo que nunca lo va a aprender hasta que un día una amiga nos dice: “Cómo es tu hijo de educado, ¡es un príncipe!”. Se llena de orgullo ese corazón de mamá y la respuesta es una amplia sonrisa. Se siente haber ganado una medalla olímpica. 

 

Perder la tranquilidad es siempre querer hacer lo mejor, darles el consejo oportuno, pero sin ir más allá de invadir su autonomía. Es además exigirse para darles un buen ejemplo, lo cual redunda en mejorar como persona. 

 

Perder esa tranquilidad se experimenta cuando se tiene que ser maestra, amiga, enfermera, policía, chofer, diseñadora, cocinera, payaso, bombero… Al tiempo que ejercemos esas “profesiones,” vemos como crecemos en creatividad, versatilidad…

 

No hay mejores maestros que los hijos, nos enseñan y nos hacen ver que no hay imposibles cuando por ellos sacamos lo mejor de nosotras. Con ellos aumentamos la capacidad de servicio a los demás dejando de pensar en nosotras mismas. 

 

Perder la tranquilidad es saber que ya es independiente, que llegó el día en que ya no me necesita como antes  pero a sabiendas que desde esa independencia el corazón sabe que me ama, aunque no me necesite: “Nunca experimenté tanto amor a mi madre que cuando estaba criando mis propios hijos.” 

 

El mayor desafío de perder la tranquilidad lo viven hoy en cuarentena las mamás trabajadoras, con hijos pequeños y marido en casa. Es un reto que ninguna de nosotras había tenido antes y que les obligará poner a prueba todo lo aquí escrito. 

 

Son maestros de oración porque por ellos elevamos plegarias diarias a Dios y la Virgen, las que se intensifican cuando están enfermos o en dificultades, es cuando más rezamos. 

 

Esa pérdida de la tranquilidad se convierte en plenitud que hace a las mamás unos seres generosos, alegres, comprometidos, afortunados, serviciales, devotos, creativos, laboriosos… es un profundo sentimiento indescriptible de amor. “Lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado” nos recuerda San Josemaría Escrivá. 

 

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princeblogPrince Martínez
Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >