Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 05.10.2018

 

 

 

“El Señor Dios tomó al hombre y le colocó en el jardín del Edén para que lo trabajara y lo cuidara “. Génesis 2,5

 

“La realidad humana del trabajo aparece desde el instante en que Dios coloca al hombre en el Edén y le encarga su custodia y su atención (...) el hombre es creado para trabajar. El hombre nace para trabajar como las aves para volar” (Amigos de Dios 57).

 

El trabajo es un fin natural del hombre, al tiempo todo hombre alberga en su interior el deseo de ser feliz. Esto nos lleva a pensar cómo hay que conjugar estas dos realidades en el diario vivir. Tolstoi dejó escrita una frase rotunda: “La condición esencial de la felicidad del hombre es el trabajo, pero el trabajo debe estar siempre unido al disfrute de la vida”. Trabajar es lo que le permite a la persona realizarse a si misma, ser útil a los demás y construir una sociedad más justa y más humana. 

 

Trabajar mucho, trabajar bien, trabajar con amor, servir en el trabajo… constituye una realidad muy necesaria para todos lo que estamos tratando de contribuir a hacer de este mundo uno más humano, más justo y más feliz.

 

Las anteriores son consideraciones que se me vienen a la cabeza al pensar en que el pasado 2 de octubre se cumplieron 90 años de fundado el Opus Dei por San Josemaría Escrivá de Balaguer. Y que el trabajo es un eje clave de la espiritualidad de esta institución de la Iglesia. 

 

En esas numerosas reuniones filmadas que existen de San Josemaría con multitud de personas de todas clases, razas y condiciones sociales, siempre me ha impresionado la fuerza con que habla de que los cristianos “sepamos colocar a Cristo Señor Nuestro en la cumbre  de todas las actividades humanas honestas” (Amigos de Dios, n.58) y que hemos de amar apasionadamente este mundo nuestro para mejorarlo y ofrecerlo a Dios mediante el trabajo santificado. También el Papa Francisco ha recalcado esta realidad del trabajo en su último documento magisterial: Gaudete et Exultate, Alegraos y Regocijaos. 

 

“Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a otros con el trabajo” constituye la esencia del mensaje principal con el que San Josemaría fundó el Opus Dei hace 90 años y que conserva una vigencia cada vez mayor. En Colombia y en el mundo entero nos vendría muy bien vivirlo.

 

Este no es un camino para privilegiados o para personas que se apartan del mundo sino para todos los cristianos que trabajan en medio del mundo como personas normales que viven el día a día para ganarse el pan y procurar el sostenimiento propio y el de su familia. Siendo, además un ciudadano igual a los demás ciudadanos que trabajan por el bien común de su pueblo, ciudad, región o país. 

 

En conclusión, se trata de un mensaje particularmente actual en una sociedad de mujeres y hombres enmarcada dentro de una civilización de trabajo. Y con estas ideas que expone el Fundador del Opus Dei, la actividad profesional, lejos de caracterizarse únicamente por un limitado enfoque de autorrealización personal, es también ocasión de tener un encuentro personal y cotidiano con Dios, de darle gloria y servir a los demás.

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 01.10.2018

 

Foto: Freepik/senivpetro

 

Hace poco en una tertulia de amigas, una de ellas nos documentó sobre la importancia de la Inteligencia Emocional en el matrimonio. Ella se basó sobre el estudio de Daniel Goleman, psicólogo de renombre internacional, reconocido por su trabajo sobre este tema en particular. En una de sus más recientes publicaciones titulada “Como ser líder", puntualiza los hallazgos respecto a la capacidades personales que producen un rendimiento sobresaliente dentro de las organizaciones.

 

Las destrezas relacionadas con la Inteligencia Emocional, mostraron ser el doble de relevantes que las capacidades técnicas y cognitivas. Cuanto más alta era la posición de una persona considerada como de magnífico rendimiento, más se percibía que sus capacidades relacionadas con la inteligencia emocional eran la razón de su efectividad. Cerca del 90% de las competencias que distinguen los lideres eran también atribuibles a esta capacidad, adicionalmente se encontró que las divisiones que dichos líderes dirigían sobrepasaban en un 20% los beneficios económicos.

 

¿Qué es la inteligencia emocional?

 

Es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos. La persona, por lo tanto, es inteligente (hábil) para el manejo de los sentimientos. Gran parte de nuestras decisiones son influenciadas en mayor o menor grado por la Inteligencia emocional.

 

Los componentes de la inteligencia emocional son: autoconocimiento, autocontrol, automotivación, empatía y las habilidades sociales.

 

El matrimonio como empresa

 

El matrimonio es una empresa por lo tanto abordaremos la unidad matrimonial desde el entendimiento de la inteligencia emocional recurriendo a dos de sus componentes claves, el conocimiento de uno mismo y en como nos relacionamos con los demás. 

 

Es humano ver siempre los problemas desde fuera de nuestro alcance. Es más sencillo “pasar el balón” que  considerar seriamente ser los responsables, creemos que nuestra felicidad depende de lo que el resto del mundo alrededor brinde. 

 

Conocimiento de uno mismo 

 

Es el primer elemento sugerido por Goleman. No existe una manera más eficiente de mejorar lo que nos afecta, que haciéndonos responsables de nuestro propio conocimiento y crecimiento personal. Conocernos plenamente, sacar el tiempo para ello, es entonces la mejor inversión que podamos hacer. Es crecer interiormente, en palabras de Goleman: “una insistente conversación interior que nos libra de ser prisioneros de nuestros sentimientos y por tanto nos permite crear un ambiente de confianza, justicia, donde la productividad se eleva, las luchas se minimizan”.  

 

Para concluir este primer componente, preguntémonos: ¿Me conozco bien? ¿Tengo claros mis puntos de lucha para mejorar? ¿Son el reflejo de lo que mis cercanos me han manifestado?

 

Cómo nos relacionamos con los demás

 

Es este el segundo elemento que propone Goleman. De lo que guardas en tu corazón brotan tus acciones. Goleman profundiza la empatía y la habilidad social, como competencias que fortalecen la forma en que nos relacionamos con los demás, tener profunda consideración de los sentimientos de los demás para tomar decisiones inteligentes y la habilidad social como la capacidad para construir relaciones.

 

En consonancia con el tema de la unidad matrimonial, podríamos decir que es la forma como nos relacionamos con nuestro cónyuge. Aquí alguna pautas que pueden ser útiles para fortalecer aún mas ese estrecho vínculo del que somos participes: 

 

1. Paz y tranquilidad en el hogar son requisitos indispensables.

 

2. Aceptar los  defectos del otro y respetar su libertad.  Ámense como son, ambos se complementan,  díganse las cosas con cariño.

 

3. Perdón, Perdón, Perdón. Es el secreto más grande, perdonarse mutuamente. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 20.10.2017

 

Foto: Freepik 

 

Muchos definen la intimidad como un “límite entre lo público y lo privado, entre lo confidencial y aquello que puede mostrarse”- podemos decir que en numerosas ocasiones el concepto de intimidad sobrepone al de privacidad o confidencialidad. Aquí queremos resaltar que la intimidad es mucho más que lo meramente privado, “intimidad es un término que lleva implícito otro término, profundidad”.

 

¿Qué es la intimidad?

 

La definición en el Diccionario de la Real Academia Española: “Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”.

 

“…La intimidad es una necesidad humana y un derecho natural del hombre. El término intimo viene de intimus que significa “lo más interior”. A esto es a lo que me referiré hoy, a aquello que se guarda en lo más interior. 

 

La intimidad es un derecho fundamental, es lo que realmente le pertenece a cada persona, es la fuerza  y señorío. Según Ilva Hoyos: “…se manifiesta en el dominio que la persona tiene sobre si misma, su vida, sus actos, su integridad física su intimidad, su honor”…

 

¿Qué te pertenece de tu cuerpo? Lo que guardas de la vista de los demás. ¿Qué le pertenece a tu alma? Tus pensamientos, tus sentimientos más profundos, tus amores que cuidas y compartes sólo con la persona indicada.

 

La intimidad está amenazada

 

Comparo la intimidad a un iceberg, ese témpano profundo de hielo que luce muy normal a la vista pero que es muy difícil de quebrantar. Recordemos la historia del Titanic. Cuando se ha desarrollado una intimidad profunda y fuerte, los embates de la vida se enfrentan con entereza y se mantiene la paz interior. De lo contrario cuando no se posee una intimidad sólida y profunda, esos embates resquebrajan el ánimo y pueden llevar a la persona a perder el equilibrio emocional que se requiere en los momentos difíciles. Como ejemplo puedo dar la vida de los artistas que ventilan todo a la luz pública. Muchos tienen una vida bastante infeliz y con finales trágicos.

 

Si la intimidad es un derecho fundamental que lo protege la Constitución, a los personajes públicos no se les respeta. Al cometer un error íntimo hacen leña del árbol caído para vender más revistas sacándoles a relucir los trapitos al sol.

 

Hoy más que nunca este derecho y el cultivo de la intimidad se ven amenazados, primero que todo en las redes sociales, también en programas de TV horario triple A, donde se exponen los más bajos instintos de los protagonistas. Se destapan y ventilan los sentimientos, los gustos, los disgustos de manera ordinaria y vulgar. Recordemos el refrán popular muy diciente al respecto: “La ropa sucia se lava en casa.”

 

¿Cuándo  se puede y debe compartir la intimidad? 

 

Se abre la intimidad para proteger derechos afectados al interior de la familia, ej. maltrato físico que hay que denunciar.

 

También cuando esa apertura redunda en beneficio personal o de otra persona: comparto mi intimidad con aquel que sufre, padece por algo que yo he sufrido y al compartir mi experiencia intima puede ayudarle a aliviar su dolor o a encontrar una solución.

 

Cuando visitamos el médico, el sacerdote, el psiquiatra y abrimos nuestra alma, nuestro corazón buscando una cura.

 

La compartimos con la persona amada de corazón. 

 

En los ratos de oración con Dios es cuando se crece y fortalece la intimidad.

 

Hablando del tema, mi amiga Lucía, me envió el siguiente texto: “La parte más intima de una mujer no la tendrás nunca mientras la desnudas, la tendrás mientras la escuchas. La parte más intima de una mujer, la tendrás cuando toques un punto que nunca nadie más ha tocado así: su alma.”

 

Desarrollar, fortalecer, cuidar, guardar y proteger esa intimidad es una tarea que todo padre de familia debe aprender y enseñar a sus hijos desde pequeños porque esto posibilita el desarrollo integro de la personalidad. Ese cultivo de la intimidad ampliará su capacidad para relacionarse con los demás de manera armónica, le enseñará a confiar y a creer en el otro.

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 24.09.2018

 

Foto: Freepik

 

Recuerdo que al hacer las entrevistas a los padres de los nuevos alumnos y pedirles que describieran brevemente su familia, muchos se referían a su familia de origen, número de hermanos, lugar donde habían crecido… Les dejaba terminar. De inmediato les hacía caer en la cuenta que ellos dos formaban una nueva familia, cuyos orígenes habían descrito pero era este el momento de “su familia.” Nunca faltaron las risas y apuntes graciosos que aterrizaban su realidad. 

 

Ya habían pasado varios años, eran padres de un niño(a)  en edad escolar y todavía venía a su mente, como primera referencia, la familia de origen antes que la suya propia. ¿Es natural que esto suceda? Sí. 

 

Era aquel un buen momento para reflexionar sobre el mandato evangélico: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” Mateo: 19:5

 

La familia política

 

Hoy vamos a pensar sobre esa relación con la familia del otro. Lo primero que se me viene a la mente es la palabra “suegra”, ¡ni siquiera “suegro”! Se ha generalizado que la suegra es sinónimo de entrometida, alguien que se debe tener bien lejitos. Los chistes son innumerables. El tema es un paradigma social irreversible. 

 

Más de una vez se me ha solicitado que escriba cómo debe ser el comportamiento de una suegra y viceversa, el de una nuera. Me pide una suegra: “Escribe, escribe, cómo se debe respetar a las suegras”.

 

Regla de oro 

 

Una de las reglas de oro es comprender que uno, sea nuera o yerno, suegra o suegro, se convierte en la persona que se debe hacer querer, pues al hijo o a la hija ya se le quería.

 

Aquí vale la pena destacar lo que hay en el canto de la cabuya de parte y parte. La mamá de varones, tiene que aceptar que su nuera tirará más para la casa de sus papás, confiará más en su mamá que en su suegra, estará más a gusto en medio de sus hermanos y tíos y disfrutará más del ambiente donde creció. Por otro lado, el hombre añorará los sabores de la cocina de la casa de la mamá.

 

Anécdotas para aprender

 

Aquí un apunte de Gina, sobrina política, a quien su marido Joaquín, le reclamaba, al saborear una gelatina, el punto exacto de la textura de la gelatina que al llevársela a la boca le producía un no se qué, ¡que ni él mismo podía explicar! Y  eso lo lograban en la casa de su mamá. Hasta que Gina decidió que la gelatina se la hicieran en casa de su suegra. Asunto arreglado. 

 

Hablando del tema, me cuenta Eva María, que cuando se casó, entre los regalos que recibió, había un cuaderno de puño y letra de su suegra con las recetas de los platos que más le gustaban a su hijo Carlos. Suegra sabia.

 

Y no puedo dejar de mencionar el consejo que una vez le oí a  Clara Victoria: “Una suegra debe tener siempre la cartera abierta y la boca cerrada.”

 

Cada uno de los cónyuges aportará a ese nuevo hogar los valores de su familia de origen que deben aprender a conjugar para formar una nueva familia donde resplandezca lo mejor de cada uno. 

 

Consejos prácticos

 

1. Las dos por igual

 

Valora a las dos familias de origen por igual, porque son las raíces de la persona que queremos.

 

2.  Evita comparaciones

 

Nunca critiques, ni faltes al respeto y menos insultes a tu familia política. Romper relaciones: ¡Jamás! Evita las comparaciones: somos diferentes, no mejores ni peores.

 

3. Valora, disfruta

 

Valora a cada miembro de tu familia extensa y elige como disfrutar de su compañía.

 

4. Perdona y pide perdón

 

Los conflictos pueden llegar, hablarlos para solucionarlos. Pedir perdón y perdonar es un triunfo mayor que estancarse en el rencor.

 

5. Tú tampoco eres perfecto(a)

 

La familia es un regalo, son los cimientos de nuestra vida, así que aunque las relaciones no sean como nos gustaría, hay que dedicarle tiempo a escuchar, cuidar, aceptar, perdonar y disfrutar. No son perfectos, pero nosotros tampoco, gracias a Dios. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 30.09.2017

 

Foto: Freepik 

 

Estaba hace unos días con mi nuera Vicky, mi hijo Roberto y el chiquito Roberto Jr., acompañando al otro de sus hijos Ricardo, quien jugaba un partido de fútbol. Se inicia el juego y Vicky suspirando dice: “Ya comienzo a sufrir.” El pequeño Roberto, de cuatro años, con un gesto de extrañeza le pregunta: “Mami, ¿qué es sufrir?” Nos miramos todos. Les confieso que no recuerdo exactamente qué le dijo su mamá. Me quedó, sin embargo,  la inquietud de cuál sería una respuesta para ti y para mi. 

 

Como reflexionamos durante la pasada Semana Santa sobre la pasión y muerte de Jesús en la cruz,  he querido escribir sobre aquella pregunta: “Mami, ¿qué es sufrir?”

 

Hoy con el diccionario en la mano encuentro el significado de sufrir: “Daño, dolor, una enfermedad, un castigo. Sentir un daño moral. Recibir con resignación un daño moral o físico. Sostener, resistir. Aguantar, soportar. Satisfacer por medio de una pena…”

 

Ha sido a través de sufrir la muerte y muerte de cruz que Jesús nos ha redimido, nos ha abierto las puertas del cielo. Lo hizo por amor: “No hay amor más grande que este: dar la vida por sus amigos.”(Jn. 15,13)y después de ese sufrimiento llegó la alegría de la Resurrección. 

 

El ejemplo de San Juan Pablo II

 

“Los últimos años del pontificado de Juan Pablo II no tuvieron una importancia menor, por el testimonio humilde de su pasión. Esta humildad, esta paciencia con la que aceptó casi la destrucción de su cuerpo, la incapacidad cada vez mayor de usar la palabra, él que había sido maestro de la palabra. Así, nos mostró visiblemente la verdad profunda de que el Señor nos redimió con su cruz, con la Pasión, como acto supremo de su amor. Nos mostró que el sufrimiento no es sólo algo negativo, sino que es una realidad positiva; que el sufrimiento aceptado por amor a Cristo, por amor a Dios y a los demás, es una fuerza redentora, una fuerza de amor, y no menos poderosa que los grandes actos de la primera parte de su pontificado. Nos enseñó un nuevo amor a los que sufren. Todos nosotros -en un mundo que vive de activismo, de juventud, de ser joven, fuerte, hermoso, de lograr grandes cosas- debemos aprender la verdad del amor que se convierte en pasión, y precisamente así redime al hombre y lo une a Dios amor. Por consiguiente, quiero dar las gracias a todos los que aceptan el sufrimiento, a los que sufren con el Señor. Y quiero animar a todos a tener un corazón abierto a los que sufren. Oremos, pues, por todos los que sufren y hagamos lo que esté de nuestra parte para ayudarles en la medida en que podamos, con gran respeto por el valor de la vida humana. Debemos amar a los que sufren, no sólo con palabras, sino con toda nuestra acción y nuestro compromiso. Sólo así somos cristianos realmente.” Benedicto PP. XVI. El VIII.MMVIII – Australia

 

Cuando toca a la puerta

 

San Josemaría Escrivá de Balaguer, en su libro Vía Crucis, novena estación, nos invita a reflexionar:

 

“Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades. 

 

Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. El no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.

 

Omnia in bonum! (Todo es para bien) ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!”

 

El Padre Pío nos enseña: “El sufrir es de todos. El saber sufrir es de pocos.”

 

Y no hay duda que al final llega la alegría como nos ha llegado la de Jesús Resucitado. 

 

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Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación. Más artículos de este autor >

 

 

 

 

 

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