Por Vivian Forero/Blogs LaFamilia.info - 15.03.2021

foto: Rawpixel

El liderazgo es una capacidad o habilidad intrínseca en la persona que va retoñando y compenetrándose en la forma de actuar de cada una; se hace presente al resolver situaciones, al interactuar con los demás, al poner ese toque especial en cada instante y circunstancia de la vida. Debido a la importancia que reviste el poder desarrollar esta manera de ser y de hacer, voy a desarrollar este tema dentro de la cotidianeidad del liderazgo, enfocado hacia los diferentes espacios en los cuales interactuamos; no sólo en el empresarial, pues necesitamos líderes desde los diversos espacios o dimensiones de nuestra vida: en el hogar, la comunidad, las amistades, la sociedad en general. Líderes que emprendan caminos justos, prometedores, que construyan y guíen por la senda del bien a los demás. Que procuren trabajar por un mejor mundo para todos.

Por ello, de la mano del liderazgo siempre deberá estar la formación de la conciencia. Vivir con la conciencia tranquila es la señal del deber cumplido, claro está que esto es determinante cuando tenemos bien formada la conciencia. ¿Y qué significa formar la conciencia? ¿Cómo se logra? ¿O cómo se alcanza tal fin? Una conciencia bien formada nos ayuda a discernir lo que está bien o mal, aquello que nos engrandece o nos perjudica; las acciones que nos llevan por la búsqueda de la mejora o lo contrario, de lo que nos guía por el camino de los vicios o de lo incorrecto. Pero ¿cómo sabemos cuándo algo está bien o mal? La recta intención de las cosas es el determinante para responder a esta pregunta y más cuando lo unimos a la Ley Natural y a los principios éticos.

La conciencia se va formando desde que somos niños, con las primeras enseñanzas de papá y mamá; se va orientando desde el colegio y se fortalece con la madurez y la toma de decisiones con lo aprendido; de aceptar las normas que nos ayudan a vivir en comunidad y a respetar a los demás.

Un buen líder por tanto, debe tener presente también el saber orientar a los demás hacia el bien (no al individual), visionando formar a las personas a su alrededor y con un tacto sutil, irá buscando a los futuros líderes. Debe ser un ciclo vital necesario, pues no somos “inmortales, inmunes o de alguna forma indispensables” como lo expresó Hamel en una adaptación de Las 15 enfermedades del liderazgo, según el Papa Francisco.

A continuación relaciono actitudes vitales en una persona y las comparo con llaves para abrir la puerta del liderazgo en nuestras vidas. 

1. La coherencia como sello personal

El sello personal de un buen líder deberá ser su unidad de vida, que no es más que pensar, hacer y sentir de manera coherente. Que no se contradiga a sus principios con la manera de actuar o de expresar las ideas, que sea íntegro al tomar decisiones, al emprender proyectos y al dar posicionamiento a su imagen. Una persona coherente siempre será un modelo a seguir y más cuando busca dentro de su proceder, el ayudar, comprometer, hacer vida los principios básicos como el respeto, la tolerancia, la justicia, la alegría y la mejora continua.

Hoy en día se siguen a muchas personas por ejemplo, en las redes sociales, y son tantas las ideas equívocas que se quieren seguir e imitar de ellas; gastamos horas interminables del día en ver sus publicaciones, sin dejar nada positivo en la formación personal. Qué estamos buscando? Necesitamos a verdaderos líderes, aquellos que tengan como objetivo máximo preocuparse por los demás, no sólo divertir o hacerse “famosos” por aparecer haciendo algo gracioso o muchas veces inmoral. Revisemos a nuestro alrededor a cuántas personas estamos posicionando en un liderazgo mal enfocado. Y ayudemos a que poco a poco sembremos el respeto por la vida, por las buenas costumbres, por la delicadez de tratar bien a los demás, de luchar por el bien de todos, de mejorar la cultura actual y formar a los líderes que al pasar de los años, serán los que trabajen y sigan cuidando al mundo en general.

Ejercer el liderazgo de manera coherente significa entonces, entre otros ejemplos, los siguientes:

• Cambiar el programa de televisión o serie si no nos deja algo positivo para nuestra formación.

• Cuidar los mensajes que escribimos o compartimos en las redes sociales que van en contra de la dignidad de la persona.

• Dejar de seguir en redes sociales a aquellos personajes que denigran de los demás.

• Construir con nuestros mensajes, formas de expresión y tratar a los demás, en vez de destruir.

• Dejar de imponer ideas o pensamiento personales pasando por encima de los principios y bien común.

Entonces una primera llave para ganarse el prestigio y la buena fama para abrir la puerta que conduce a ser un líder será: La Coherencia de vida, que está unida a la conciencia y a darse a conocer de una manera transparente y sincera; esa persona que dé ejemplo con su forma de actuar; que haga siempre lo correcto y que sea imparcial al tomar decisiones.

2. La verdad como la mejor aliada

De acuerdo a Manuel Bru, “la crisis de nuestro tiempo es una crisis de verdad, y por ello, de bondad y de amor. Es el relativismo. Si no hay verdad y falsedad, si todo puede ser verdadero o falso a la vez, o no serlo nunca, entonces tampoco hay bien y mal, y tampoco amor y desamor”. Es tan dura esta triste realidad. Por ello, un verdadero líder siempre se debe inclinar hacia la búsqueda de la verdad, aquella comunicación sincera, considerada y transparente, basada en la confianza y en la objetividad, dejando a un lado el relativismo que nos ha hecho tanto daño en la actualidad.

Pero debemos considerar algunos aspectos que están unidos a la verdad, como los son: la confianza, la objetividad, la comunicación y la consideración. 

La confianza está enmarcada dentro de la familiaridad que se establece en los vínculos y en las relaciones personales. Es muy fácil dar confianza cuando se recibe, ¿pero cómo ganarse la confianza? Si nos remontamos a ejemplos sencillos de cuando éramos adolescentes, podríamos reconocer que era sencillo ganarse la confianza de los padres; si nos portábamos bien, ellos confiaban, pero sino, la desconfianza afloraba en cada conversación. Entonces, la confianza estará unida también a la credibilidad de nuestros actos y a la manera como llegamos a los demás. Regino Navarro, en su libro Los Valores son el Jefe, definió acertadamente la importancia de la confianza, “la vivencia de este valor conduce tanto a procurar ganarse la fe y la aceptación de los otros, como a esperar con seguridad lo mejor de los demás”.

Otro aspecto importante es la objetividad. Es sinónimo de imparcialidad, neutralidad y ecuanimidad. Si somos imparciales y evitamos irnos por el camino de la emotividad o el juzgar de acuerdo a sentimientos o pareces, sería mucho más fácil encontrar la verdad de las cosas. Por tanto, el ser objetivos nos apropiará de la verdad, dejando de lado lo personal.

La comunicación es el motor de las buenas relaciones y la búsqueda de la verdad; ayuda a construir vínculos sanos y armónicos. Saber decir las cosas, esperar el momento oportuno para construir con los demás, dejar a una lado la subjetividad, entre otros, son aspectos vitales para comprenderse y avanzar.

Y por último, la consideración. Las demás personas a nuestro alrededor son importantes también. Debemos bajarnos del “Yo” y subirnos en el “Nosotros”. Las relaciones exitosas están basadas en la cortesía, la atención a los demás, el respeto y el aprecio. Entonces, si existe el respeto, cuidaremos el expresarnos de los demás y tendremos siempre presente la veracidad, sin juzgar o señalar, buscando siempre hacer el bien con nuestros actos.

Concluyendo entonces esta idea, la segunda llave para abrir la puerta del liderazgo es entonces actuar siempre con la verdad como nuestra amiga, la cual nos ayudará a ser ejemplo a seguir y por consiguiente, transformar el mundo.

3. La excelencia como el camino seguro

Cuando buscamos la excelencia en nuestra vida, es decir, la magnificencia, grandiosidad y perfección de nuestros actos, estamos sembrando semilla para hacer las cosas bien hechas. Asegurando cada proceso para que el resultado sea el mejor. Un líder trabajará siempre por su mejor versión, aquella que procure dar lo máximo para obtener un bien, una satisfacción personal del deber cumplido.

Recordaré en este espacio una reflexión sobre la excelencia, planteada desde el conocimiento de nosotros mismos, de nuestros talentos y alcances. “Nadie puede dar de lo que no tiene”… dicho popular muy cierto, que nos debe llevar a reflexionar que primero nos debemos a nosotros mismos en formación, en decisión y voluntad para lograr lo que queremos. Un inicio exitoso es poder contemplar los aciertos que tenemos, con sinceridad, sin disfrazar lo que nos falta o hemos dejado de hacer. Conociendo estos avances podremos ajustar lo que nos hace falta, emprendiendo con endereza la marcha hacia la búsqueda de la excelencia en cada etapa de nuestra vida.

Mirarnos a nosotros mismos es la primera tarea para vivir la excelencia como mejora personal para ser un líder a seguir. El preocuparse permanentemente por superar los obstáculos, aprender de la experiencia, practicar la reingeniería en los procesos de la vida (cambiar estructuras del pensamiento y comportamientos y adaptarnos a la vida misma).

La tercera llave para abrir la puerta hacia el liderazgo es la excelencia como herramienta de mejora, teniendo presente que somos perfectibles.

4. El bien común como búsqueda permanente

“Ponernos en los zapatos del otro” y “hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran” son dichos populares que describen esta cuarta llave. Porque “un verdadero líder es aquel que tiene la capacidad de moverse entre la parte dura de los negocios y las situaciones que apelan al corazón, incluso contribuir al bien común aunque este se desarrolle en un entorno hostil” (Luis Huete).

El bien común no es sencillo de interiorizar ni llevar a la práctica, porque lo que siempre buscamos en la mayoría de las veces, es el bien individual. Lo que nos conviene, lo que necesitamos. Sin visionar un bien general o colectivo. Ser líder en el ámbito en el cual estamos es ver holísticamente, es considerar como un todo algo que está segmentado. Actualmente nos hemos especializado tanto que así caminamos por la vida. Si miramos las profesiones, ya hay tantas especialidades. Así sucede en el trabajo, en la alimentación, y muchas veces en la familia. Cada uno defiende su postura, su especialidad, su forma de ver la vida, sus hobbies, sus espacios personales. Y nos olvidamos que somos un “todo” y que para tal fin debemos esforzarnos. 

Es muy difícil caminar o avanzar solos. O también obtener éxitos aisladamente. Siempre necesitaremos de los demás. Santo Tomás de Aquino lo descubrió en uno de sus pensamientos: “La ley es la prescripción de la razón, ordenada al bien común, dada por aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad”. Un líder se preocupa por el cuidado y aseguramiento de su comunidad, de ese grupo de personas que tiene a su cargo y bajo su responsabilidad.

La cuarta llave es buscar el bien común entendido como la capacidad de pensar en los demás también para alcanzar oportunidades para todos y buscar con tenacidad lo mejor en cada acción realizada.

5. El coaching como ciclo vital de vida

Hoy en día se visualiza el coaching como un ciclo de acompañamiento y optimización de procesos; se parte de la motivación y valoración de su mismo para proyectarse a los demás. Ese mismo proceso se debe interiorizar de manera permanente siendo guías y orientadores de las personas que tenemos a nuestro cargo; se debe vivir la virtud de la paciencia y la capacidad de escuchar. Un buen líder logrará que cada persona recorra sus cien metros y que el equipo, de manera unida, gane la carrera; obtenga los resultados deseados y se trabaje por metas comunes.

Se requiere también de la retroalimentación de los aprendizajes, el reconocimiento de los logros, o por el contrario, el compromiso de los aspectos a mejorarse.

La quinta llave entonces será, el coaching como técnica de preparación y entrenamiento para redireccionar las acciones, reconociendo aspectos fuertes y superando dificultades presentadas, convirtiendo el liderazgo en el camino hacia la transformación del contexto en el cual estamos.

6. La felicidad como el medio y no solo el fin

Siempre hemos escuchado que el fin máximo es la felicidad. Quisiera enfocar nuestro camino por la vida a que la felicidad debe ser el medio y no solo el fin. Cuando vivimos queriendo alcanzar la felicidad posiblemente dejamos de vivir y disfrutar el ahora. Por ello el liderazgo se debe enfocar hacia la vivencia y la búsqueda de la felicidad, viviendo el amor y la entrega para que exista un sentido trascendente en la vida, en todo lo que hace y en todo lugar en el cual se encuentre.

Además, un líder siempre deberá gozar de un reconocimiento especial porque al tener puesta su camiseta, tendrá un sentido de pertenencia y un amor infinito por lo que hace. Y si tiene a Dios en su corazón, qué más podrá desear. 

La sexta llave es tener presente esa búsqueda de la felicidad intrínseca, que se plasme en cada acción y se involucre en el trato a los demás. Sonreír de vez en cuando nos acercará cada vez más a la felicidad, que no es más que la saciedad espiritual, que rebosa con tranquilidad a pesar de los problemas o dificultades. 

7. El compromiso para el alcance de metas comunes

Un líder se compromete, se involucra, se siente responsable de las consecuencias de sus actos. Busca permanentemente optimizar su tiempo y enseña a los demás a tener calidad para lograr los objetivos propuestos. Tiene una voz interior que lo orienta a revisar constantemente sus acciones y de reconocer el valor del trabajo en equipo.

Requiere también del orden que es la base del éxito porque como decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “¿Virtud sin orden? —¡Rara virtud!”. Cuando una persona aprende a ser ordenada, lo transmite a su alrededor, lo visualiza en cada rol que desarrolla y procura interiorizarlo desde sus pensamientos e ideas, hasta el manejo de su tiempo.

La séptima llave, que complementa a todas las anteriores, es el compromiso, que conlleva a consolidar el trabajo de un equipo: en la pareja, en la familia, en el trabajo, etc.

¡Vale la pena intentarlo! Los animo a poner en práctica algunas de las reflexiones para convertirnos en lo líderes que el mundo está esperando. En los líderes del siglo XXI.

¿Qué otra llave consideras importante para abrir la puerta del liderazgo? Escríbela en los comentarios.

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Vivian Forero Besil

Especialista en Pedagogía e Investigación en el aula, Licenciada en Educación Básica y especialista en Gerencia de Instituciones Educativas. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso niño. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.