estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva

Por LaFamilia.info - 18.01.2010 (Actualizado 30.11.2015)

 

20152311mFoto: Pixabay

 

Así como hablamos en un artículo sobre cómo llevarse bien con los suegros, también es importante conocer las características que debe tener una buena suegra, pues tantos chistes y bromas alrededor del tema, pueden tener algo de realidad... Hay errores cometidos por los padres que pueden terminar dañando la relación matrimonial de sus hijos, sin ser esa su intención.

 

No cabe duda que es difícil cuando los hijos se van de casa a conformar una nueva familia; no obstante, el mayor deseo de un padre es que sus hijos sean felices, así en algunos casos, no sea la vida que se hubiese querido para ellos.

 

Por eso, una vez que los hijos contraen matrimonio, la actitud de los padres ha de ser de acompañamiento y apoyo, no de críticas ni comentarios destructivos que perturben su armonía. De allí la importancia de conocer las actitudes que pueden llegar a afectar la vida conyugal de los hijos.  

Principales errores de las suegras

El respeto es el que debe reinar en la relación suegros – nuera/yerno, mantenerse al margen de las decisiones y del modo de vida de los hijos y sus familias. Los siguientes son los principales errores que se deben evitar a toda costa:

 

- Tratar de tener autoridad en el hogar del hijo.

 

- Criticar los gustos de la nuera en la decoración de la casa que pertenece -exclusivamente- a la pareja de casados.


- Imponer su propia manera de criar, tratar y educar a los nietos.


- Reclamar mediante comentarios subliminales que el hijo casado siga viviendo en su hogar, pues en el fondo no desea vivir la separación que implica el matrimonio de un hijo.


- Ser cómplice de todos los errores que comete el hijo y entonces se forman como dos bandos: por un lado mamá e hijo(a) y por otro, la esposa(o) quien cada vez se siente más frustrada(o) al no poder ayudar a que su pareja se corrija.


- Hacer toda clase de “maromas” para capturar la atención del hijo sin importarle que descuide su propia relación matrimonial.

 

 

Nueve grandes consejos 

 

Partiendo de los errores descritos, compartimos los siguientes consejos propuestos por Sylvia Villarreal desde el portal arvo.net, los cuales son muy acertados para las madres que pronto serán suegras, o para aquellas que ya lo son -nunca es tarde para reconstruir una buena relación-.

1. No juzgues. Por lo regular desde que conocemos a la pareja de nuestro hijo, nos formamos una idea en nuestra mente de cómo es. Sin embargo, busca la oportunidad para conocerla mejor y no te dejes llevar por cómo crees que ella es, ¡mejor trátala para conocerla más!

 

2. Pon siempre de tu parte. Por un momento, ponte en su lugar y piensa que ella/él siempre tratará de agradarte porque eres la mamá de la persona que ama; así es que tú también pon de tu parte para iniciar una verdadera amistad.

 

3. No te entrometas. Recuerda que los problemas de pareja son de dos únicamente. No trates de ayudar a solucionarlos porque puede resultar peor, ni mucho menos pongas a tu hijo en contra de su cónyuge. Sólo ellos podrán tomar una decisión de lo que deben hacer.

 

4. Dale el lugar que le corresponde. Es verdad que como madres sentimos que merecemos el amor completo de nuestros hijos, sin embargo, debes entender que ahora su pareja tiene prioridad. La idea que dice “si a este mundo no llegaron con esposa(o), primero está la madre”, es totalmente errónea. Así como tú un día lo hiciste, ellos ahora han formado una familia que está antes que nada.

5. No la hagas quedar mal. Es obvio que con tu experiencia sabes mucho más cosas que tu nuera y te queda mucho más rica la comida o mejor planchada la ropa. Pero no es necesario que se lo recuerdes siempre y mucho menos en público, ¡al contrario! Felicítala cuando decida hornear el pastel de chocolate que tanto le gusta a tu hijo (aunque no haya esponjado perfectamente). De nuevo ponte en su lugar y date cuenta de lo mal que se siente que te digan que te equivocaste, y sobre todo si se trata de tu suegra.

6. No le des consejos no pedidos. Muchas veces con la intención de ayudar aconsejamos a nuestras nueras/yernos de cómo educar a los hijos y hasta cómo tratar a nuestra pareja, pero no debe de ser así. Ellos son los únicos que tienen la completa autoridad y decisión de saber cómo actuar. Lo mejor es que esperes a que sean ellos quienes te pidan tu opinión.

7. Cuando algo anda mal... Cuando sientas que tu nuera se ha “pasado de la raya”, actúa inteligentemente y no hagas más grande el problema. Nunca vayas con el chisme a contárselo a tu hijo (es una posición difícil para él). El solo se dará cuenta tarde o temprano de lo que ocurre y sabrá qué hacer.

8. Propicia un ambiente de cordialidad. Sorpréndelos con una rica cena en casa, o proponiendo actividades juntos: un día de campo, ir de compras (sólo con tu nuera) o ir al cine.

9. Sé atenta. Cada vez que sientas que tu nuera puede necesitar ayuda (al organizar una fiesta, cuando se encuentra enferma o que acaba de dar a luz) nunca está de más que ofrezcas sinceramente tu apoyo para lo que se requiera e independientemente de la respuesta, siéntete feliz y propicia un ambiente cordial.


Más de este tema >

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (6 Votes)
estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
 
Por LaFamilia.info
 

Foto: Freepik

 

Los celos no son simples reclamos, cuestionamientos, dudas sobre la pareja; los celos son sólo la punta de un enorme iceberg. Detrás de los celos, se encuentran profundos problemas arraigados a la persona que los padece.


Los celos son un sentimiento de temor a perder a la persona amada. Se dice que en pequeñas dosis y de forma controlada, son muestras de afecto que pueden ayudar a mantener vivo el amor. El problema surge cuando los celos se convierten en un sentimiento enfermizo, permanente e intenso que surge sin tener causas justificadas, provocando crisis en la relación.

La raíz del problema

Comúnmente la persona celosa afirma que el problema está en el otro, pero en realidad es todo lo contrario. Existen varias razones que explican el surgimiento de los celos:

Inseguridad: el hombre o la mujer celoso(a), sufre una inmensa inseguridad de lo que ella es y de lo que posee. En algunos casos puede deberse a situaciones difíciles del pasado o modelos de educación, que han dejado una marca en su forma de ser. Comúnmente este tipo de personas, no sólo son inseguros en su relación amorosa, también lo son en los diferentes espacios donde se desarrolla. Además, suelen ser temerosos y demorados para la toma de decisiones.

 

Baja autoestima: por lo general el típico celoso siente que no es lo suficiente atractivo, inteligente, extrovertido, etc. para satisfacer a su pareja. Se sienten “menos” y por eso creen que su pareja está buscando en otras personas lo que ella no es. Si uno se ama a sí mismo, la comparación con los otros disminuye y cuando la competencia no existe, se es menos vulnerable a sentir celos.

 

¿Amor o apego?: es completamente falso la creencia que afirma que entre más celos más se ama. Una relación asfixiante, donde la libertad es cohesionada y continuamente hay reclamos sin motivos reales, se le denomina apego. Por el contrario, el amor es libre y busca la felicidad del otro.

 

Egoísmo y necesidad de llamar la atención: pensar que somos la única persona en el mundo, que merecemos toda la atención de nuestra pareja, es una muestra de egoísmo. El perfil psicológico de la persona celosa, se caracteriza por querer ser el centro de atención, captar el interés de los demás, debido a que constantemente necesitan sentir estimación y por ello demandan aprobación.

 

Sentir poder sobre el otro: así como explica Rebeca Reynaud en su artículo: “Ninguna persona `pertenece´ como si fuera un objeto. Los hijos no son `propiedad´ de los padres; los esposos no son propiedad uno del otro, pero se pertenecen de un modo mucho más profundo. Los seres humanos no se pertenecen como una posesión, como una cosa, sino en la responsabilidad. Se pertenecen porque aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse”.

 

Cómo liberarse de los celos

Lo primero que hay que hacer es intentar apartar los pensamientos obsesivos. Los celosos dan muchas vueltas a la imaginación, y puede llegar a convencerse de que lo que pasa en su mente es verdad. Piense que de seguir así puede enfermarse. Así que debe seguir tres pasos principales:

  • - Aceptar que lo que está sintiendo.
  • - Pedir ayuda.
  • - Reforzar la autoestima.

 

Señales de alarma

  • - Necesita controlar todos los movimientos de su pareja.
  • - Piensa que su cónyuge lo considera ingenuo(a) y que lo puede engañar.
  • - No le gusta que su pareja salga sola o con amigos.
  • - No le gusta que su pareja lleve cierto tipo de ropa sensual.
  • - Arma una escena de celos sin motivos.
  • - Desconfía de lo que su pareja le dice.

 

Reflexiones para una persona celosa

  • - Piense que su pareja está con usted porque lo quiere como eres.
  • - Si usted tiene amistades, ¿no es lógico que su pareja también las tenga?
  • - Cuando le asalten las dudas, cálmese y luego hable sobre ellas.
  • - No se puede desconfiar de alguien que confía en usted.
  • - Su pareja es libre de estar a su lado y lo ha escogido a usted.
  • - Su pareja es una persona y no una propiedad.

 

Fuentes: hacerfamilia.cl, netdoctor.es, almas.com.mx, catholic.net, pulevasalud.com, vivirenpareja.cl

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.33 (3 Votes)

Valoración del Usuario: 2 / 5

estrella activaestrella activaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
LaFamilia.info
27.05.2009
 

Las palabras tienen un alcance inimaginable. Al igual de la gran capacidad para transmitir amor, las palabras pueden llegar a hacer mucho daño, aún cuando esa no es la intención.

Cuando uno le dice al ser amado: “Te quiero, pero...”, estamos poniendo una limitación, ya que sus palabras implican: “No te querré a menos que te dispongas a hacer lo que yo digo”.

Es diferente si decimos: “Te quiero, y preferiría que...”, de esta manera comunicamos un amor incondicional, además de la petición de que la otra persona reconozca nuestras necesidades y preferencias.

 

La palabrita “pero”

Usada de forma automática, en especial en el matrimonio, este “pero” puede ser encubiertamente destructivo. Al usar la fórmula: “Te quiero, pero...”, se está invalidando su amor. De modo similar, al decir a nuestra pareja: “Es verdad, pero...” lo que esto implica, es que la vivencia o los sentimientos de la otra persona no son válidos o no vienen al caso. La palabra “pero” ha negado todo lo que nuestro cónyuge podría haber dicho.

Piense cómo se siente si su cónyuge le dice “estoy de acuerdo contigo, pero” o “te quiero, pero”. Con sólo sustituir la palabra por “y” se crea una experiencia comunicativa totalmente diferente. Por ejemplo, si uno dice: “Es verdad, y déjame compartir contigo mi vivencia de lo que sucedió”, o “Es muy válido lo que me dices, y fíjate ahora cómo viví yo la misma situación”. La palabra “pero” crea desacuerdo y resistencia, la palabra “y” introduce el acuerdo y aporta intimidad a la comunicación.

También influye el cómo se dice

No se trata sólo de lo que uno dice, sino de cómo lo dice. Se le pueden poner límites al esposo(a) cuando mantiene una actitud de amor y de sensibilidad ante sus necesidades. Pero cuando se toma una actitud defensiva o se hacen las veces de juez, no hay diálogo posible, ni sirve de nada decir “y” en vez de “pero” para llegar a una solución satisfactoria para ambos esposos.

Dicho de otra manera, nada de lo que aquí se recomienda es simple cuestión de forma: ¡Hay que tomarse bien a pecho la diferencia fundamental que existe entre decirle al cónyuge: “Te quiero, y...” o “Te quiero, pero...”!

“Pero te quiero”

Así como los efectos de “te quiero, pero” son negativos, lo mismo sucede con “pero te quiero”. Esta protesta, que tan comúnmente se oye, está señalando que aunque pueda sentir mucho amor no lo está expresando con vehemencia, y por lo tanto, la pareja no se lo creerá.

Casi todos tendemos a amar a nuestra pareja de la manera que deseamos que nos amen. Una clave para que la unión dure toda la vida es dejar de insistir con aquello de “pero yo te quiero” y tratar de descubrir cómo nuestro cónyuge recibe la expresión de ese amor.

Las acciones también cuentan

Para muchos, no son sólo las palabras “te quiero” o “te amo”, sino determinadas acciones las que expresan el amor. Por ejemplo, puede suceder que cuando un hombre dice a su esposa: “Te quiero, tesoro”, ella le responda:

  • No es verdad. Si me quisieras, todavía me mirarías y me acariciarías con amor, como cuando empezábamos a salir juntos. Ya no me sorprendes con pequeñas atenciones, ni me invitas a un romántico viaje juntos.

Y si él se siente herido y responde diciendo “pero si yo te quiero”, es que no ha entendido el mensaje. En su preocupación por el trabajo u otra actividad, se ha olvidado de acariciar a su mujer de la especial manera que hace que ella se sienta amada. En vez de protestar, ese hombre haría mucho mejor si cada dos o tres meses organizara un día especial de amor para su mujer. En él podría incluir las flores favoritas de ella, una cena romántica, un fin de semana en un hotel donde les sirvan el desayuno en la cama, una sesión de masaje... y volver a mirarla a los ojos de aquella manera tan especial. Eso es lo que la esposa necesita para recuperar la vivencia del amor de él, y lo que él necesita para que sus palabras sean creíbles.

.................................................................................................................

Plan de acción

Especialmente en las conversaciones sinceras de corazón a corazón, si aprenden a usar las cuatro frases siguientes, podrán alcanzar un mejoramiento en su relación. He aquí las cuatro frases:

  • Te quiero (o te amo), y...
  • Te aprecio, y...
  • Estoy de acuerdo contigo, y...
  • Respeto tu punto de vista, y...

Lo primero que están haciendo, al usar estas cuatro frases, es consolidar el amor, el aprecio, el respeto y el acuerdo entre ambos. Cada uno está validando el punto de vista de su cónyuge. Están construyendo el vínculo y reconociendo la comunicación, en vez de hacer caso omiso al otro y de denigrar lo que él/ella tiene que decir. Además, crean un vínculo mediante el cual ambos pueden aceptar las situaciones y reconocer que pueden tener puntos de vista diferentes. Estas cuatro frases le ayudarán a evitar conflictos innecesarios, a comunicarse con claridad y a disfrutar de una intimidad creciente.

 

Fuente: Manual de Funcionamiento del Matrimonio. Corporación CED.

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)
estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
Por LaFamilia.info - 21.07.2009 

 

20140306m2 Foto: Allfreedownload.com

 

Pasar de la vida de solteros a la de casados, lleva consigo grandes cambios en las parejas, estos son varios consejos para acoplarse lo mejor posible.

Después de la luna de miel todo cambia. Ya la vida se comparte con otra persona, ahora no son “mis” deseos, prioridades, gustos, acciones, sino “nuestros”. Es natural entonces que en este proceso de acoplamiento se presenten algunas trabas. Por ello, se debe hacer un gran esfuerzo para fortalecer el matrimonio en esos primeros años y cimentar unas bases sólidas para el futuro de la relación. Ten en cuenta los siguientes puntos: 

Las sorpresas de la convivencia

Aunque haya existido un noviazgo serio y duradero, la convivencia puede traer consigo algunas sorpresas que durante la relación previa no habían aparecido. Algunos defectos que hasta el momento habían sido tan solo "simples fallas", en el matrimonio pueden convertirse en terribles defectos, los cuales muchas veces llevan a conflictos matrimoniales. Por consiguiente, es fundamental trabajar en las propias debilidades que afectan al otro e impedir que se vuelvan motivo de discusión. También, habrá que fortalecerse en algunos valores como la paciencia, la solidaridad, el servicio, la flexibilidad, la tolerancia, la laboriosidad, entre otros.

Las cosas claras desde el principio

Lo que se haga desde un principio marcará la relación de por vida. Desde el primer día de matrimonio, se harán de establecer normas de convivencia que evitarán aprietos en los próximos años. Hablar con sinceridad y establecer acuerdos mutuos, ayudarán a sobrellevar los pequeños conflictos de la mejor manera.

Repartición de tareas

Atrás se quedó la comodidad de la casa paterna en donde mamá solía ayudar a mantener todo en orden, la comida caliente y servida en la mesa, la ropa debidamente lavada, etc.; se ha ido para conformar una nueva familia. Ahora las labores domésticas deberán ser repartidas entre los esposos y buscar un equilibrio para evitar la sobrecarga de tareas. Además, no olvidemos que el rol del hombre en los tiempos actuales ha cambiado mucho, ahora ambos tienen la responsabilidad de velar por el hogar y tanto hombres como mujeres desarrollan las actividades domésticas.

Temas de sumo cuidado

El manejo del dinero, la familia política, la sexualidad y los planes futuros como los hijos, deben tratarse con mucha cautela y desde los inicios del matrimonio. Son temas que causan controversia y pueden convertirse en los motivos de posibles crisis conyugales. Así que si durante el noviazgo no se tocaron estos asuntos, es mejor que lo hagan cuanto antes.

Sencillas sugerencias para suavizar el impacto

Susana Bichara de masalto.com propone las siguientes sugerencias para las parejas recién casadas:

 

1. Hay que tomar las cosas con calma. No todo se logra hacer las primeras semanas, se debe ir paso a paso, instalarse primero con lo básico para luego ir agregando lo que falte. Tener paciencia uno con el otro y consigo mismo para no exasperarse.


2. Aceptar consejos. Según el dicho popular: más sabe el diablo por viejo que por diablo. Alguien que ya vivió esa experiencia, puede dar cuenta del camino andado. Siempre se aprende algo de los dichos de los mayores. Aún cuando los jóvenes no quieren recibir consejos de otra persona, y sólo los toman de lo que leen en las revistas o ven en la televisión, podrían ahorrarse mucho dinero y lágrimas si escucharan de vez en cuando lo que dicen sus padres o suegros.


3. Hay que pedir ayuda. Casi siempre, cuando se necesita algo, se puede conseguir quien dé una mano, pero si no expresa la pareja su necesidad de ayuda, será imposible que padres, hermanos o tíos puedan apoyar al nuevo matrimonio. Una recién casada que se queja de que nadie le enseñó a hacer la sopa de cebolla que le gusta a su esposo, se olvida de que con tan sólo una llamada a la suegra puede conseguir la receta, logrando aparte más integración con esa persona que se sentirá orgullosa de poder ayudar.


4. Hay que aprender a reírse de sus propios errores. Pronto pasará esa época de incertidumbre y se llegará a la plena madurez y se podrán resolver todos los problemas con absoluta decisión. Se habrá dejado de ser recién casado.

 

 

Más de este tema >

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 5.00 (1 Vote)
estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
LaFamilia.info
16.02.2009
 

Un matrimonio, como cualquier cuerpo sano, puede sufrir enfermedades. Así como para el cuerpo, para una unión conyugal “enferma” también existen terapias y “médicos” que en este caso son los consultores familiares, psicólogos, amigos, sacerdotes, etc., que puedan devolver la “salud” al matrimonio en crisis.

En el matrimonio se dan enfermedades de diversa intensidad. Los momentos más álgidos pueden llevar a insultos, al cierre de todo diálogo, incluso a la salida de él o de ella para pasar varios días en casa de otros familiares o amigos.

En los últimos años el número de separaciones y crisis dentro del matrimonio ha aumentado desmesuradamente, hasta el punto que muchas parejas tratan de buscar soluciones a sus problemas de comportamiento por medio de ayuda profesional.

Conviene aplicar en la vida matrimonial, dos consejos fundamentales de toda la medicina: la prevención y la curación. A veces la prevención consistirá en no tocar un tema espinoso. En otras ocasiones habrá que encontrar un momento adecuado para tender un puente.

Intervención curativa

Habrá otros momentos en los que será necesaria la intervención curativa. En algunas ocasiones, bastará con una medicina sencilla: un poco de silencio, ceder, pasar una notita escrita para pedir perdón, poner sobre la mesa un tema difícil y doloroso para aclarar lo sucedido, aunque eso cueste tragar mucha saliva...

Otras veces, sin embargo, se exigirá una operación más profunda, habrá que recurrir al “cirujano”. Cortar, limpiar, añadir nueva sangre por medio de transfusiones, incluso realizar un “trasplante de corazón” para que el viejo, ya incapaz de amar por la pesada carga del aburrimiento o por rencores alimentados todos los días, reciba nuevos bríos.

Pueden darse situaciones en las que se piense, como última solución, la separación. Pero, si seguimos con la analogía de la salud, veremos que esta medida es algo así como la aceptación de la muerte: dejamos de buscar el difícil camino de la medicina para dejar que la enfermedad destruya lo poco sano que quedaba en pie.

Nunca puede ser solución para la falta de amor el romper definitivamente una aventura que siempre puede volver a partir con nuevas velas hacia mares todavía desconocidos. Hoy que se habla tanto de la eutanasia, conviene reencontrar el auténtico sentido de la medicina: curar y ayudar. También los matrimonios deben superar la tentación de la muerte provocada, la desgracia del divorcio. La auténtica terapia matrimonial salvará así muchas promesas de amor, acrecentará el amor que permite vivir las promesas. Para nuestro bien y el de nuestros hijos.

Terapias individuales y de pareja

El abordaje más común para los problemas de pareja, ha sido hasta ahora, la terapia individual: terapia o análisis de cada uno en forma sucesiva por el mismo terapeuta, terapia realizada paralelamente por dos terapeutas (con consultas periódicas entre ellos) y ocasionales sesiones cuadrangulares, grupoterapia de pareja, cónyuges en grupos separados y terapia con la pareja y las familias de origen.

Para El Dr. Andolfi, profesor de la Universidad "La Sapienza" de Roma, es tan importante saber lo que ocurre al interior de la gente, como lo que ocurre en la relación: “Hay 3 pacientes: el marido, la mujer y la relación”; por esto la terapia puede enfocarse dinámicamente en uno o en otro.

Andolfi considera como meta de la terapia que acepten la existencia de expectativas irracionales sobre la relación derivada de la familia de origen, comprendan mejor al compañero, enfrenten sus propias necesidades, mejoren la comunicación, se gusten un poco más y hayan aprendido a afrontar los problemas que surgen entre ellos.

La mayoría de las personas que inician una terapia lo hace para cambiar a su pareja: esperan el momento de contar a un profesional lo enferma, irreflexiva y descariñada es su pareja. En estos casos, no se acepta la sugerencia de que cada uno debe asumir la responsabilidad del cambio y el no encontrar al árbitro, suele ser un motivo frecuente de deserción.

La idea de cambiar al otro, (progenitor, cónyuge, hijo) en general, no funciona. La única forma de cambiar al otro es cambiando uno mismo, porque al hacerlo, el otro debe cambiar necesariamente de conducta o actitud, al no poder ya responder a las conductas predecibles de la pareja. Pero también existe un encubierto temor a que el otro cambie, porque podría no quererlo más. Este es otro motivo para tratar a la pareja junta, de manera que puedan compartir el proceso.

Fuentes: churchforum.org, psicologia.academia.com

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)