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LaFamilia.info
21.06.2008
 

Cuando un joven matrimonio comienza su vida en común, ambos entran a formar parte de una familia extraña: la del cónyuge. Esta nueva experiencia es una situación susceptible a crear conflictos entre la pareja y por esto requiere de un esfuerzo especial para aceptar situaciones que algunas veces no son afines con nuestras costumbres ni modos de pensar.

Lo cierto es que al elegirse el uno al otro, se elige también un poco de la otra familia, puesto que la mayoría de valores que el cónyuge posee, han sido inculcados por la educación que ha recibido. En ocasiones, dichos modos de “hacer” nos parecen realmente diferentes y nos vemos incapaces de aceptarlos.

El nuevo papel: yerno/nuera

Cuando el papel de yernos/nueras es nuevo para nosotros, es normal que al principio no sepamos cómo desempeñarlo correctamente. Poco a poco nos iremos dando cuenta de que, al fin y al cabo, se trata de una nueva aventura interpersonal que necesita requisitos mínimos como:

  • Interés por querer.
  • Afán de mejora personal.
  • Capacidad de perdón.
  • Necesidad de acoger.

El conflicto suegra-nuera es ya un clásico en el ámbito del matrimonio y se deriva de la rivalidad que existe entre el amor de madre y el de esposa. Muchas suegras continúan aferradas al modelo que han vivido durante toda su vida e intentan imponerlo a las nuevas generaciones de nueras, cuyas vidas se desarrollan en una realidad completamente diferente. Las primeras poseen un estatus que se han ganado con sacrificio y esfuerzo, y por lo tanto esperan cierta sumisión por parte de sus nueras. El problema es que, en su mayoría, las recién casadas no están dispuestas a que se las relegue a un segundo plano.

Tipos de Suegras:

  • Cuando una madre fue protectora en exceso, como suegra no tendrá otra identidad que la de seguir actuando como una madre. Insatisfecha en su vida conyugal, deposita en sus hijos su carencia amorosa y confía plenamente en que sean ellos los que la saquen de su soledad, a modo de compensación por la dedicación que ella les ha brindado siempre. Rechaza la independencia y fomenta el apego de los hijos, a quienes agobia con sus excesivos cuidados y recelos. Ellas soportan muy mal el distanciamiento de los hijos y cuando se produce la separación, adoptan una actitud de despecho y verán en sus hijos una especie de traición y en sus nueras, el enemigo que se llevó lo que ellas más querían.
  • También existen las madres que, actuando bajo un disfraz de bondad e inocencia, acaban imponiendo su voluntad ante la de sus hijos. Siguiendo el proceso natural, esta madre se convierte en una suegra que maneja la vida de sus hijos y la de sus hijos políticos como le plazca. Además, tienen la extraña virtud de saber darle la vuelta a las cosas de tal modo que al final siempre acaban adoptando el papel de víctimas.
  • Sin embargo, existe también un tipo de suegra discreta, que no se entromete en la nueva vida de sus hijos y toma al recién llegado como un miembro más de la familia. Se alegran por la felicidad de sus hijos y no se inmiscuyen en sus decisiones ni en su matrimonio. Respetan el vínculo matrimonial por encima de sus propios deseos; son generosas, alegres y se valen del sentido del humor cuando aparece algún problema.

 

Tipos de Nueras

Las “inseguras”: En general esta nuestras se sienten vulnerables y desorientadas ante su nueva situación. Absorben en exceso al cónyuge, filtran toda relación con sus padres y restringen las llamadas y las visitas por miedo a quedarse relegadas en un segundo plano.
Las suspicaces: Son las mujeres que en este nuevo papel dejan aflorar rasgos de susceptibilidad, intransigencia y criticismo. Estas actitudes, a la larga, no harán más que sembrar descortesía y tensión y, por tanto, lo único que recogeremos serán muchos problemas que afectarán a varias personas.
Nueras acertadamente amorosas: Viven con alegría y entusiasmo la etapa que acaba de comenzar. Aprecian las características positivas de su nueva familia, saben encajar con seguridad los comentarios desafortunados y son capaces de perdonar con facilidad. En definitiva, son aquel tipo de nueras que sí están en disposición de querer.

 

El reto de ser esposo e hijo

En este supuesto conflicto suegra-nuera hay otro agente implicado: el marido. Al nuevo esposo le corresponde el papel de facilitar el curso natural de la nueva relación si es capaz de amar de forma madura. Además debe propiciar que las dos mujeres que más quiere aprendan no sólo a aceptarse y a ayudarse, sino también a quererse. Cuidar los detalles como hijo y como esposo es un reto que se le presenta en el camino hacia la madurez emocional. Estas son algunas sugerencias para intentar conseguirlo:

  • No permitir críticas de la una o de la otra y, por supuesto, no trasmitirlas si las hubiera, para evitar enfados innecesarios.
  • Propiciar situaciones de acercamiento.
  • Ante un conflicto, escuchar, hacer que se sientan atendidas y ayudar a restarle importancia al asunto.
  • Hacer llegar los comentarios favorables de la suegra a la nuera y viceversa.
  • Si la situación se vuelve difícil, atender a cada una individualmente, esperar y rezar. Esto nos ayudará a conseguir nuestro ulterior objetivo, que no es otro que el de preservar el vínculo matrimonial.

Fuente: Cómo prepararse para la vida conyugal, de Mar Sánchez Marchori

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LaFamilia.info
18.06.2008

 

La convivencia en el matrimonio no debe significar una actitud de dar sin límites y no esperar nada a cambio. Eso es una falacia y genera desequilibrios que, antes o después, terminan pasando factura.

En la pareja, al igual que en toda relación, hay que dar y recibir. Hoy yo, mañana tú. Las desigualdades pueden dar lugar a situaciones de dominio que a largo plazo generan insatisfacción al menos en una de las dos partes. Por ello, y para preservar la armonía de la vida conyugal, es preciso evitar las siguientes acciones:

  • Esperar a que mi cónyuge adivine lo que quiero y necesito y pretender que se adelante a mis deseos antes de formulárselos, a que renuncie a su vida personal y me coloque en el centro de su existencia, a que sea la procuradora de mi felicidad.
  • Responsabilizarle de mis frustraciones, de que lo que obtengo de mi vida de pareja no corresponde con mis expectativas, así como de los cambios que he tenido que introducir en mi vida matrimonial.
  • Competir por quién es más o menos, mejor o peor, o quién es el que más pone para mantener viva la pareja.
  • Ser infiel al proyecto en común, pero no entendido exclusivamente como las relaciones sentimentales y/o sexuales con otra persona sino en su totalidad.
  • Acumular y no comentar de forma relajada desaires, desacuerdos, enfados, reproches, faltas de respeto y desilusiones.
  • Dudar de la otra persona. Las fisuras por falta de confianza suponen el inicio del resquebrajamiento de la pareja. Es difícil, y muy duro, amar a alguien de quien se duda.
  • Permitir o propiciar los silencios ante situaciones que pueden provocar un desencuentro o bronca. Una circunstancia crítica puede ayudar a aclararnos, a adoptar compromisos y acuerdos. El silencio es el vacío y en éste (aunque en principio pueda resultar apacible y llevadero) no hay nada.
  • Renunciar a formular nuestras quejas, necesidades y querencias de una forma clara, concisa y directa. Hemos de mostrar una clara intención de negociar cambios concretos y de acordar en firme con plazos determinados, todas las cosas que planteamos.
  • La ironía, el sarcasmo, la crítica destructiva, el grito, el insulto, la ridiculización, la descalificación o el desdén al dirigirnos a la otra persona. Las formas cuentan, y mucho. La familiaridad no debe convertirse en ordinariez, falta de respeto o grosería.
  • Relegar las relaciones sexuales a un plano secundario. Son imprescindibles para el mantenimiento del compartir, de la confidencialidad y la ilusión en la relación conyugal. La carencia de estas relaciones corporales abonan el desánimo y la apatía en la comunicación. La rutina y la inercia que la acompaña nos puede llevar a un callejón sin salida.
  • Gestionar mal las cosas prácticas. Una vida en común tiene muchos aspectos tangibles, prácticos y cotidianos sobre los que hay que llegar a acuerdos. Hemos de hacer frente a tareas domésticas, gastos y otros cometidos familiares.
  • Habrá que hablarlo y ver cómo vamos a organizar los gastos, la distribución de las tareas domésticas, la crianza de los hijos o, incluso, las vacaciones. Lo mejor es una negociación continua que se adapta a cada etapa de la relación.

 

Cómo mejorar las cosas

Comencemos por crear una rutina en la que queden desterrados los silencios con significados negativos, los enfados soterrados y los rencores acumulados. En su lugar, hablemos. Pongamos un diálogo constante y la negociación: el consenso y los acuerdos. Ante la discrepancia de opiniones, la alternancia en las decisiones es una buena opción: hoy eliges tú la película a ver en el cine, mañana decido yo a qué restaurante vamos. O cada uno va por su lado, por qué no.

Lo importante es mantener el buen ambiente y evitar los agravios o las desconsideraciones. No temamos los desencuentros ni las crisis, intentemos utilizarlos para fortalecer la relación. Unas buenas habilidades de comunicación nos sacarán de muchos atolladeros.

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LaFamilia.info
15.03.2008
 

 

Cuando el diálogo desaparece en el matrimonio, muere el amor y da cabida al resentimiento. Sin embargo, restablecer el diálogo puede devolver la vida a una relación muerta. De hecho este es el milagro del diálogo.

El primer paso del diálogo entre dos personas es el hablarse (y, a veces, escribirse). Es importante decir las cosas, especialmente las cosas bonitas: “yo te quiero mucho”, “te quiero cada día más”. Es importante también decir las cosas que no nos gustan: “esa decisión tuya no me gustó porque fue precipitada”. En las cosas negativas debemos tratar de ser correctos y oportunos.

En pareja, el diálogo es una herramienta básica. Por ello todo esfuerzo de aprendizaje en este campo, especialmente durante los primeros años de convivencia, será muy enriquecedor porque crea el hábito y va dando ocasión de superar dificultades que surgen del temor, de la vergüenza, de la desconfianza, etc…

Es verdad que no se puede estar todo el tiempo hablando de cosas íntimas y profundas, pero tampoco se debe pasar la vida en la superficialidad. Lo importante también es que la pareja asegure su comunión íntima y los dos sabrán si están tocando fondo o no.

Reglas para no ignorar

La primera regla es buscar "tiempos fuera" para dialogar. Dedique al menos una tarde cada mes. Normalmente las parejas logran organizarse para ir a otro tipo de reuniones ¿Por qué no pueden hacerlo para alimentar su propio amor con el diálogo y la comunicación serena?

El siguiente paso es exponer en común los miedos y las dificultades personales para la comunicación que cada uno ha identificado en una reflexión personal, tratando de responder a estas preguntas:

 

  • - ¿Qué miedos o dificultades hemos identificado? Analizarlos conjuntamente y añadir otros que puedan surgir de la experiencia de la pareja.
  • - ¿Cómo afectan estas dificultades a la comunicación de la pareja?

 

Luego se deben tener en cuenta los siguientes siete conceptos para lograr un diálogo de pareja efectivo:

Disponibilidad
Disponibilidad para el diálogo es quererlo, es buscarlo, es estar lo bastante pendiente del otro como para satisfacerle en lo que pueda desear.
- ¿Creemos en la eficacia del diálogo y estamos dispuestos a aceptar de antemano sus exigencias?
- Cuando dialoga con su cónyuge, ¿qué pretende?
- ¿Estamos dispuestos a aceptar la verdad y el bien como el otro la vive o la siente, no como a mí me parece?

Escucha
La escucha requiere una actitud receptiva. Escuchar es más que oír, es abrirse por dentro. Escuchar exige humildad y paciencia, pues ninguno tiene toda la verdad. Escuchar exige sobre todo amor, en los gestos, en la mirada, en la actitud de la persona.
- ¿Cree que el otro tiene siempre algo interesante que aportar?
- ¿Piensa a menudo que usted tiene más razón que su cónyuge?
- ¿Se esfuerza por entender siempre lo que dice el otro?

 

Expresión
El mejor diálogo se produce cuando se dicen las cosas como se ven y sienten, buscando las expresiones que, siendo claras, sean al mismo tiempo amorosas.
- ¿Su hablar es impositivo, a la defensiva o acusador?
- ¿Sucede de vez en cuando que terminan enfadados?
- ¿Su manera de hablar fomenta el diálogo o corta la confianza?
- ¿Es usted terco en sus ideas, hay ironía en sus expresiones?

 

Adaptación
El diálogo debe permitir tomar las medidas justas de cómo es el otro en cada momento, lo mismo que el sastre renueva las medidas cada cierto tiempo, así en cada circunstancia se puede dar el paso adecuado para seguir caminando al unísono. El diálogo necesita tiempo y requiere escoger el momento y el lugar oportunos.
- ¿Ha habido algún descuerdo simplemente por no hablar del problema?
- ¿Cómo encontramos los momentos adecuados para hablar en nuestra ajetreada vida social y familiar?
- ¿Tenemos en cuenta el estado de ánimo de cada uno para estar seguros de que hay el clima necesario que invita al diálogo?

Complicidad
El diálogo hace consciente y expresiva esa relación interpersonal que por venir del amor, no tiene límite. La eficacia del diálogo está en comunicar los sentimientos con la mayor simplicidad y realismo, siempre en actitud de amor.
- ¿Cómo ayuda el diálogo a descubrir y a conocer al otro?
- ¿Existe la suficiente confianza para que el diálogo sea auténtico?
- ¿Qué otros medios existen en el diálogo además de la palabra?

Apertura
Valorar al otro significa maravillarse un poco ante lo que es y lo que dice. La rutina de la vida tapa muchas cosas bonitas y el diálogo ayuda a descubrirlas. Valorar al otro exige que la confianza se gane antes de exigirla.
- ¿Qué lugares o momentos ayudan más para abriros en el diálogo?
- ¿Tiene en cuenta al otro, lo respeta y lo valora profundamente?
- ¿Sucede a veces que, antes de que el otro hable, ya has menospreciado lo que va a decir?

Revelación
El diálogo imita el estilo de Dios que, a través de la revelación y de la oración, ha establecido un continuo diálogo con la Humanidad, diálogo pleno porque no se reduce a un intercambio de ideas sino a una comunicación de vida. Un matrimonio no puede ser silencioso.
- ¿Qué es lo que nos impide ser espontáneos y superar los miedos, los complejos, el orgullo y los falsos pudores?
- ¿Somos capaces de revelar nuestra intimidad al otro cuando dialogamos?

 

El diálogo NO ES:

  • - Una discusión de ideas, buscando quién tiene razón o cómo conjuntar las opiniones de los dos.
  • - Hablar de otros, aunque sea sin espíritu de crítica, en un simple comentario.
  • - Una simple información de las cosas acaecidas o de los acontecimientos previsibles. Es algo muy diferente del telediario o de la sobremesa.
  • - Un monólogo, aunque se haga a dúo.
  • - Una técnica. El diálogo conyugal tiene poco de técnica y mucho de actitud y de ejercicio.
  • - Una cuestión de temas importantes. La vida está hecha de acontecimientos ordinarios y de convivencia de personas, y éste es tema suficiente.

 

Fuentes: Michael Ryan Grace - Catholic.net, pazybien.org

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LaFamilia.info
15.04.2008
 

Los expertos sostienen que uno de los problemas más graves del matrimonio es la incapacidad o falta de deseo entre la pareja de comunicarse. Muchas parejas saben que no se están comunicando, pero desconocen qué hacer al respecto.

El escritor John Powell describe cinco niveles de comunicación que son importante comprender para mejorar la comunicación con su cónyuge:

Nivel 1: Captación profunda. Este nivel se da cuando la pareja armoniza perfectamente en comprensión, satisfacción de la vida afectiva y participación de ideales comunes. La comunicación de estas experiencias personales causa una profunda impresión en la pareja y enriquece su relación. Compartir intimidad, con mucho respeto por la otra persona, es el objetivo final de una buena comunicación de la pareja.

Nivel 2: Sentimientos y emociones. La comunicación en este nivel describe lo que está ocurriendo en el interior de la persona y revela lo que el cónyuge siente en su interior ante una situación cualquiera. Se expresan sentimientos de frustración, enojo, resentimiento, felicidad, amor etc. Si se comparten con la pareja las experiencias y se muestra interés por los sentimientos mutuos, la relación se enriquecerá. Una buena opción es combinar las ideas y opiniones con sentimientos y emociones.

Nivel 3: Ideas y opiniones. Aquí comienza la verdadera intimidad porque se exponen fácilmente los pensamientos, los sentimientos y las opiniones. Se da una mayor oportunidad al cónyuge de conocer su pareja más íntimamente“ Hoy tuve un día muy duro en el trabajo porque tuve que dictar dos conferencias. Una de ellas fue sobre algo que me apasiona como es la pobreza en el Tercer Mundo. Ya sabes cómo me afecta este tema.”.

Nivel 4: Conversación acerca de los hechos. En este nivel se comparte información pero sin involucrar comentarios personales. Se dice lo que ha ocurrido, pero sin expresar lo que se siente. “Hoy tuve un día muy duro en el trabajo pues tuve que dar dos conferencias”.

Nivel 5: Conversación Trivial. En este nivel se da una conversación común. “Qué hiciste hoy?” “Cómo estás?” Aunque tiene poco sentido, esta comunicación es mejor que quedarse callado. Sin embargo, si permanece a este nivel, se vuelve aburrida y genera frustración y resentimiento en la relación de pareja.

Pregunta: ¿En que nivel está usted? ¿Qué podría hacer para mejorar la comunicación con su cónyuge? No se conforme con la situación actual. Recuerde que el amor se construye con acciones concretas diarias.

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15.03.2008
 

El amor no basta para asegurar una vida juntos llena de felicidad. En la relación conyugal se interponen obstáculos que sino se identifican y se trabajan desde su raíz pueden amenazar la estabilidad matrimonial. Cuántas veces se oye decir entre matrimonios que han fracasado: “lo amo, pero no podemos vivir juntos”. He aquí algunos de esos ingredientes que sabotean el amor y ponen a prueba la armonía conyugal:

Posesividad: La persona posesiva vigila los "derechos" dentro de la relación y espera la conversión del otro en un objeto de propiedad, logrando que el otro pierda su identidad. En este extremo se desarrolla una relación amo-esclavo, un estado imposible de mantener para el poseedor o imposible de soportar por el poseído.

Celos: Es la sospecha, carga de resentimientos, de motivaciones e influencia de los demás, especialmente de personas del sexo opuesto; es una demanda de lealtad exclusiva. El celoso ve como amenaza los intereses exteriores (trabajo, hobbies, amigos, familiares) del otro. Los celos son un sentimiento que ofrece mensajes claros, como por ejemplo:

- "Cuando haces un compromiso sin consultarme, me siento dejada a un lado y sin derechos".
- "Cuando admiras a otra, lo haces a costa mía. Me estás diciendo que no estoy a su altura".
- "Cuando demuestras interés en alguien, se ve amenazado el lugar prioritario que yo ocupo en tu vida".
- "Cuando defiendes a tu madre o a un amigo en contra mía, me eres desleal".
- "Cuando trabajas en exceso, cuando te absorbes en tu colección de sellos, cuando te vas a pescarcon tus amigos, o insistes en ir a casa de tus familiares; siento que te interesan más otras cosas y otras personas que yo".

 

Concepto de ganador/perdedor en un conflicto: La vida en pareja también se ve saboteada cuando está ligada a la ideología de los contratos legales (un equilibrio básico de dar y recibir; es decir, brindo esto por aquello a cambio). Esta es la ideología de los adversarios

 

  • Temores de hacer daño y salir lastimado: Estos temores actúan como una barrera para la autenticidad; un sabotaje a la comunicación; un cúmulo de quejas "menores" no resueltas. Este tipo de "protección" al otro es un camuflaje de los verdaderos sentimientos por temor a poner en peligro la relación; una auto negación para evitar ser herido.


Uso o abuso del sexo: El hacer uso de la masturbación como castigo deliberado o aislamiento del otro o como represalia por una ofensa o desconsideración, es una terrible arma de alienación y humillación.

La expectativa: "Si me amas deberías saber cómo me siento y no deberías preguntarme". Este es otro ingrediente de sabotaje en una relación. El amor no es una varita mágica que repentinamente nos da una visión completa del estado emocional del otro. Lo que el otro "debería" saber es cómo comunicar sus sentimientos.

Ingredientes de un amor realista

Según Bernhard Yetta, autor del libro "Cómo manejar conflictos de pareja", éstas son las características fundamentales de un amor realista:

Confianza y buena voluntad: Esto significa correr el riesgo de creer en un compromiso mutuo hacia la relación. Confiar significa arriesgarse a revelar cosas propias. Arriesgar que estas revelaciones no se conviertan en un "boomerang", que las confidencias no se vayan a utilizar en contra de uno mismo. Creer o actuar "como si" uno creyera que se dice realmente lo que se quiere decir. Aceptar que las "malas caras" no son intentos deliberados para molestar al otro sino puntos sobre los cuales trabajar. Aceptar las diferencias no como "mejor o peor", "bueno o malo", "correcto o equivocado" sino como conductas y actitudes diferentes que uno debe confrontar realistamente.

Manejar estas diferencias: Puede implicar también crear una tolerancia a la frustración por aquello que no puede cambiarse; negociar lo que se puede cambiar; perdonar los "arranques temperamentales" de uno mismo y del otro y convertirlos en procesos de aprendizaje por medio de la confrontación y el análisis crítico, para alcanzar una conducta más productiva.

La libertad de ser: Esto implica una responsabilidad total por uno mismo en la búsqueda de la identidad y en la validación como ser humano dentro de un proceso de crecimiento. Implica también establecer:

Autenticidad: Proporcionar mensajes claros, sin ambigüedades; evitar "jueguitos"; tener valor para arriesgarse a discordias y hostilidades temporales y saber manejarlas.

Transparencia: Correr el riesgo de ser abierto, de revelar el impacto del otro sobre uno; de volverse vulnerable al "otro" descubriéndole dónde nos duele más, confesando cuál es nuestro talón de Aquiles.

Poder: Volverse significativo para el otro, fijar limitaciones, establecer áreas de autonomía, hacer una declaración de derechos.

Zonas de Autonomía: establecer tiempo y lugar de estar solos para recargar las pilas; un momento de separación y libertad de la vida en común (personal y propio de cada pareja) para evitar sentirse aprisionado en la relación. Estos son los caminos para adquirir respeto por uno mismo, para aprender a valorarse y a apreciarse.

Fuente: Manual de funcionamiento del matrimonio (Red Asesores de Familia - Corporación CED)

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