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15.03.2008
 

Dicen que el amor es como una granja. Hay que cultivarlo todos los días para que produzca resultados satisfactorios. El amor, al igual que una planta delicada, requiere de un cuidado diario; si se olvida atenderlo, acabará marchitándose hasta morir.

El amor en el matrimonio puede compararse con las estaciones del año. La época de la luna de miel y los primeros meses de la unión conyugal son como la primavera: todo es poético, luminoso, alegre y lleno de promesas.

Luego llegan los años iniciales, los cuales son ardientes como el verano, aunque a veces se sienta el agobio de las obligaciones familiares como la crianza y educación de los hijos, lo mismo que en la adaptación de la pareja a la vida cotidiana.

El otoño de la vida conyugal es cuando empiezan a deshojarse muchas ilusiones vanas y comienza a recogerse lo que se sembró durante las estaciones anteriores. Los hijos van abandonando el hogar y los esposos se quedan solos.

En el invierno, la pareja llega la final de su jornada y vuelve a estar como al principio: él y ella, esperando la unión eterna.

Saber sortear los problemas

Pero en ese largo recorrido que es el matrimonio, es normal que se presenten obstáculos que ponen a prueba el amor. Para que ellos no acaben con el matrimonio, hay que saberlos enfrentar buscando el remedio adecuado para que no afecten la relación.

Pero ¿cuáles son los obstáculos más comunes del amor conyugal? Albino Luciani (Juan Pablo I) los definió así en su carta a Penélope:

El primero es el descuido en la guarda del corazón, es decir, dejar de considerar al cónyuge como la persona a quien se le será fiel “en la prosperidad y en la desgracia, en cuerpo y espíritu”.

El segundo obstáculo es la monotonía, provocada cuando los esposos caen en la rutina diaria de la casa y el trabajo, y se olvidan de su vida afectiva. ¿Qué hacer entonces? Tratar día a día de rejuvenecer el amor siendo creativos para mantener el amor vivo con detalles. En otras palabras, vivir como novios.

El tercer obstáculo son los celos, lo cuales en vez de ennoblecer el amor, lo humillan y lo corrompen. 

Las disputas y las discrepancias son el cuarto obstáculo del amor conyugal. Aunque todos los esposos tienen momentos de mal humor y de contrariedad, se necesitan dos para comenzar una pelea o una discusión.

Cuando en un matrimonio se comienzan a presentar discordias de carácter serio y frecuente, se debe buscar la forma de resolverlas tan pronto sea posible pues puede llegar a ser demasiado tarde. Lo importante es aprender a ceder y no empecinarse en que uno tiene toda la razón.

No se debe olvidar que en la mayoría de los casos los hijos son los que sufren las consecuencias cuando hay discordias conyugales. El ambiente familiar se traumatiza y se termina la paz y la unión, provocando que los hijos tomen partido y se pongan de lado de la madre o el padre.

Fuente: Colaboración de Coloquios de J.M.

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15.03.2008

Hay enormes diferencias entre ser esposo o esposa y ser "un compañero", "un amigo", o un "compañero sentimental"; enormes diferencias entre un compromiso legal y una asociación voluntaria; entre levantarse ante la sociedad y anunciar públicamente tu compromiso y el vivir, simplemente, junto a otro.

El autor de este artículo, Dennis Prager, afirma que al asistir a las bodas de dos de sus hijos vio estas diferencias con más claridad y por eso quiere compartirlas con sus lectores. Ellas son:

Primera diferencia
Desde que te casas, ves la relación con más seriedad. No importa lo que pensabas cuando cohabitabas; en el momento que uno se casa la relación con el otro cambia. Ahora se ha hecho un compromiso con el otro como esposo o esposa delante de casi toda la gente importante de tu vida. Ahora se verán el uno al otro con una luz diferente y más seria.

Segunda diferencia: las palabras sí importan
Las palabras nos afectan profundamente. Vivir con tu "novio" no es lo mismo que con tu "esposo". Y vivir con tu "amiga" o cualquier otro título que le des no es lo mismo que hacer un hogar con tu "esposa". Cuando presentas a esa persona como tu esposo o esposa, estás haciendo una afirmación más importante sobre el papel de esa persona en tu vida que con cualquier otro título.

Tercera diferencia: la legalidad sí importa
Estar legalmente atado y ser responsable por otra persona es algo que importa. Es un anuncio para él/ella y para ti de que toman esta relación con la máxima seriedad. Ninguna palabra de afecto, promesas de compromiso, etc... no importa lo sinceras que sean, pueden igualar la seriedad de un compromiso legal.

Cuarta diferencia: jamás reunirás a tanta gente que te importa
Para ver lo importante que es el matrimonio para la inmensa mayoría de la gente que te importa, piensa en esto: no hay ningún acontecimiento, ninguna ocasión, ningún momento en tu vida en el que tanta gente que te importa se reunirá en un lugar como en tu boda.

Ni el nacimiento de ninguno de tus hijos, ni un cumpleaños importante... Sólo hay otro momento en que se reunirá en un lugar la mayoría de las personas que aprecias y que te aprecian: es en tu funeral. Pero, a menos que mueras joven, para entonces casi todas las personas que amas mayores que tú ya habrán muerto. Así que tu boda es la mayor concentración de seres amados de tu vida. Y eso es por una razón: es el momento más grande de tu vida. Un momento así no sucederá jamás si no tienes una boda.

Quinta diferencia: sólo el matrimonio convierte ajenos en familia
Sólo mediante el matrimonio la familia de tu hombre o tu mujer será tu familia. La boda transforma a la mujer que estaba en la vida de mi hijo en mi nuera, y transforma al hombre de la vida de mi hija en mi yerno. E instantáneamente las bodas me convierten en suegro, cuando antes era sólo "el padre de su novio/a". Fue la idea que más me impactó. Con el matrimonio me convierto en pariente de las parejas de mis hijos. Sus parientes y padres se convierten en familia. Nada comparable sucede cuando dos personas cohabitan sin casarse.

Fuente: Dennis Prager - Conoze.com

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15.03.2008
 

Para los estudiosos de la familia, uno de los más grandes retos es entender por qué las relaciones de pareja se deterioran a través del tiempo. Cuando esto sucede, la relación se lanza hacia un precipicio de amargura, y las personas cambian el placer perdido del encanto mutuo, por satisfacciones económicas o sociales, o se gratifican tratando de hacer felices a los hijos.

El psiquiatra Ramón Rojano de la Hoz escribió un artículo sobre las causas del fracaso matrimonial con base en el análisis de aproximadamente 200 casos de conflictos conyugales y 50 conflictos entre novios atendidos en consulta, así como de algunos peritazgos psiquiátricos en solicitudes de anulaciones matrimoniales y de entrevistas a algunas personas sobre el tema. Estas son las conclusiones del autor:

Etapas del ciclo vital

Para recorrer históricamente un matrimonio es necesario tener en cuenta el ciclo vital de la familia, es decir, cada una de las etapas por las que evoluciona una pareja desde el momento en que se conocen.

  • El conocimiento previo
  • El noviazgo
  • El convenio matrimonial
  • El matrimonio
  • La luna de miel
  • El inicio de vida aparte
  • El nacimiento del primer hijo
  • El nacimiento de otros hijos
  • Su escolaridad
  • Su adolescencia
  • Su noviazgo y matrimonio con la iniciación de otra familia
  • El nacimiento de los nietos
  • La jubilación o retiro del trabajo
  • Y la muerte de uno o de ambos cónyuges

Cada etapa trae nuevas obligaciones y la familia debe ajustarse a esos cambios. Es decir, es casi imprescindible que la pareja, cada cierto tiempo, haga una renegociación de su convenio anterior. Sin embargo, lo que observamos frecuentemente es que, por la distancia emocional y el escaso diálogo, se dejan ir a la buena ventura de los acontecimientos.

El ciclo psicológico

Al margen del ciclo vital, las parejas pasan por un proceso emocional que va del encanto y la idealización al desamor y el conflicto. En muchas ocasiones no se necesitan más de dos o tres años para llegar allí. Las etapas emocionales por las que se pasa son más o menos las siguientes:

1.    La fascinación o enamoramiento
2.    La idealización
3.    La negación o minimización de los problemas del otro
4.    El pensamiento mágico
5.    El descubrimiento de la real magnitud de las limitaciones del otro
6.    La proyección. Poner en la pareja la responsabilidad de los problemas
7.    La lucha por tratar de cambiarlo
8.    La frustración
9.    El conflicto como paso obligado en el proceso
10.    El desenamoramiento
11.    La pérdida de la esperanza en la felicidad conyugal
12.    El divorcio emocional
13.    La resignación
14.    La búsqueda de compensaciones externas a la relación (licor, trabajo, juego, familiares, hijos, lujos, amantes, etc.).
15.    La cronificación del conflicto (hacerlo crónico)
Podemos observar que las parejas entran en una etapa de adaptación al conflicto. No le encuentran salida a la dificultad y aprenden a vivir así. Para eso, comúnmente hacen negación del problema y, por días enteros, pueden dar la impresión de ser una pareja feliz. Hacen lo que podemos llamar capitulaciones falsas, porque muy pronto vuelve a estallar la crisis. Es un vaivén emocional muy frustrante que generalmente hace mucho daño a los hijos.

Actitud frente a los problemas

Luego de cierto tiempo de unión conyugal, comienza a desmoronarse la idealización y la magnitud de las dificultades aparece crudamente día a día. En ese momento, para poder corregir los errores, se necesitaría asumir una posición muy madura y firme, pero, desafortunadamente se presentan muchas limitaciones en la actitud que se toma.

La gente se queda aguardando pasivamente por un futuro más acogedor que generalmente no llega. Lo más común, es la confianza en que el tiempo solucionará las dificultades. Otro intento de solución mágica es la utilización del embarazo como evento salvador. Se le atribuyen al futuro hijo funciones de terapeuta de pareja. Otro recurso que utiliza la mujer es la búsqueda de adivinos, hechiceros y similares para tratar de solucionar los problemas. Y los maridos, muy comúnmente, intentan apaciguar el mal genio o las quejas de las esposas con dinero o con regalos.

Todas estas son acciones equivocadas porque están al margen del problema. Son tácticas de evasión de la realidad, algo así como acumular basura debajo de la alfombra.

Otros intentos de solución que no funcionan

Los fracasos en el intento de solucionar los problemas mágicamente conducen a la pareja a utilizar otras estrategias que, aunque no han sido coordinadas entre ellos, apuntan a lo mismo: tratar, por medios errados, que el otro cambie.

El error más frecuentemente cometido es aguardar los momentos de tensión para reclamar los derechos personales agresivamente: Una mujer que no se siente satisfecha con su vida sexual, luego de diez años de silencio al respecto, en un momento violento puede gritar: “! Es que tú, ni como hombre me sirves!”.

El conflicto

Las raíces del antagonismo se encuentran en las primeras etapas del ciclo vital. Las agresiones que aparecen y se incrementan poco a poco son la manifestación de descargas anteriores represadas, y significan la capacidad de atreverse a decir lo que no se dijo, a luchar lo que no se luchó antes.

El paso del tiempo va brindando confianza, pero confianza que sirve no para comunicarse más profundamente, sino para aliviar un poco el temor al conflicto. Muchos cónyuges después de la separación se manifiestan sorprendidos de las “verdades” que oyeron días antes de separarse. Cabe preguntarse cómo es posible que conceptos, rencores, dudas, y otros recuerdos y sentimientos tan importantes se hubieran escondido durante tantos años.

Fuente: Libro “Protagonistas de la separación” Familia y sociedad, Audiovisuales Cenpafal, 1987

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¿Cuáles son los factores que influyen en la satisfacción matrimonial a través de los años, tanto en las etapas de tranquilidad como en las de conflicto? Esta pregunta se la hizo la experta en familia Florence Kaslow hace unos años, en una investigación a nivel mundial con más de mil parejas. En su conclusión, se dieron 14 factores comunes en la mayoría de las parejas con matrimonios exitosos, independiente de la cultura o religión a la que pertenecían.

Dicha investigación, que comenzó en Estados Unidos, fue un fruto que maduró después de asistir a múltiples convenciones internacionales de expertos en terapia de pareja y familia. "Quienes trabajamos en esto –afirma la especialista- nos dimos cuenta que nuestro esfuerzo había girado durante largo tiempo en torno a situaciones conflictivas y disfuncionales en las relaciones conyugales y familiares, y que era hora de centrarnos en los aspectos saludables”.

Los estudios con matrimonios de larga duración, formados hace 25 o más años, se llevaron a cabo en siete países. A los encuestados se les mostró una lista de más de cuarenta razones para permanecer unidos y se les pidió que escogieran las más importantes. De los resultados observables en estos estudios llama la atención lo parecidas que son las respuestas, a pesar de la diversidad de los encuestados. Estos fueron los 14 puntos comunes en ellos:

1. La institución es un contrato para toda la vida. Dicha concepción la tienen las casi mil parejas estudiadas.

2. Responsabilidad por la pareja y los hijos en común, sean biológicos o adoptados. Sienten que forman parte del proyecto común y deben cuidarlos, educarlos y quererlos toda la vida.

3. Profesar el mismo credo o tener concepciones similares del mundo. Contar con una fuerza protectora y orientadora que consolide el matrimonio, significa un gran terreno ganado.

4. Llevarse bien con la familia de origen del cónyuge.

5. Llevarse bien con los amigos de la pareja y su círculo social fortalece y enriquece la convivencia marital.

6. Capacidad para resolver las crisis que se dan en la vida conyugal. Provocadas por los cambios que se van produciendo en lo personal, en la pareja y en lo familiar. Eso implica diálogos profundos y periódicos, revisión de las grandes directrices de la unión, capacidad para comprender al otro, muchas veces tener que ceder o transar. "Lo que estas parejas saben es que de las crisis bien resueltas salen fortalecidas, beneficiando a la familia completa".

7. La confianza, según Florence Kaslow, significa "tener fe en el otro, saber que siempre será honesto, leal, fiel, alguien con quien andar juntos por la vida".

8. Respeto. Es el reconocimiento de la presencia del cónyuge como tal, aceptándolo como es: "Convivo contigo siendo tú distinto".

9. Amor y capacidad para expresarlo. Los matrimonios entrevistados reconocen que este sentimiento varía en los distintos períodos. Primero es ciego (amor-pasión), después viene uno más profundo, relacionado con el proyecto común (como tener hijos) y en el que deben jerarquizarse los afectos. Por ejemplo, es natural que la mamá les dedique más tiempo a los niños que al marido, cuando son pequeños, y él tiene que entenderlo. "Lo que se ve en estas parejas es que se dan siempre la oportunidad del reencuentro en el que reviven su pasión".

10. Comunicación entre los cónyuges, el abrirse al diálogo fructífero en torno a sus emociones, pensamientos, desafíos, planes y temas en conflicto, es un elemento fundamental según los entrevistados.

11. Una buena capacidad para resolver sus problemas es otra herramienta matrimonial, "sabiendo escuchar al compañero e incorporándolo en las soluciones".

12. Compartir la misma concepción del mundo, valores e intereses, se considera un punto importante para la buena relación.

13. La preocupación del uno por el otro, de sus necesidades, sentimientos y felicidad, constituye un elemento central para los felizmente casados.

14. Dejarse espacio y tiempo para estar y divertirse juntos. Ponerle una gota de humor a la relación, y aunque parece un ingrediente liviano, le da sazón al matrimonio.



Fuente: puntomujer.emol.com

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15.03.2008
 

En el matrimonio pueden crearse trampas disfrazadas de silencio que apartan a la pareja y crean abismos en su comunicación. Tal es el caso de una televisión prendida permanentemente; la puerta de la habitación conyugal que nunca se cierra para los niños; una agenda repleta de actividades sociales y profesionales..

Pero además existen reglas de oro que siempre deben tenerse en cuenta si se trata de luchar por un matrimonio feliz y una relación ‘sana’ con nuestro cónyuge. He aquí algunas:

No dejarse vencer por la ira
Tener la fortaleza y dominio para controlar la ira que sentimos cuando estamos discutiendo.

Nunca gritarse
Moderación, educación y respeto ante todo. El grito es una agresión, independiente de lo que se diga

Pedir disculpas y admitir los errores
Para muchos el pedir disculpas equivale a una humillación, pero es grande el que reconoce que es un ser humano con debilidades y defectos y que lucha cada día por superarse.

Señalar las faltas con amor
Si resulta doloroso aceptar los propios defectos, más difícil es que nos los señalen. Por eso debemos ser delicados y compresivos para criticar o decir algo negativo al otro.

No dar cabida a la negligencia, descuido o apatía
En el amor debe existir una sana exigencia. Siempre tenemos que buscar lo mejor para la persona que amamos, aunque a veces sea necesario exigirle. Cuando no amamos, nos da igual si la persona se supera o no.

No dejar un problema sin resolver
Humildad para hablar, para aceptar la culpa que nos corresponde en cada desacuerdo. Olvidar los resentimientos y rencores, confiar en la pareja y prepararse para el perdón.

Todos los días decirle algo cariñoso a su cónyuge
Cuidar los detalles, los mismos que a veces se pierden con los años. Si ellos faltan, el matrimonio comienza a vivir según las circunstancias y no por el amor.

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