Aceprensa - 18.10.2019

 

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El profesor Aswath Damodaran ejerce la docencia en la especialidad de Finanzas en la New York University Stern School of Business, y varias veces ha sido nombrado “Profesor del Año” en su centro de estudios. En el portal EdSurge, Damodaran habla sobre su experiencia en el aula y sobre la necesidad de enseñar a los estudiantes a desentrañar los problemas para darles solución, y no simplemente buscar en Google cuál puede ser.

 

“Enseñar –dice– es un 95% de preparación y un 5% de inspiración. Para que una clase salga bien, tienes que prepararte para impartirla. La preparación tiene que convertirse en parte de la enseñanza. No puedes verla como el trabajo sucio que hay que hacer para que después puedas divertirte en el aula. Para mí, todo es parte del mismo proceso”. 

 

 

Según afirma, el ser un buen profesor es un objetivo que se logra mediante un proceso acumulativo en ascenso –“lo que ves en mis clases hoy son fórmulas elaboradas a partir de la primera clase que impartí en 1984”–. En su opinión, la capacidad de enseñar se va articulando con el tiempo, en el reexamen que hace el docente de lo que ha hecho, en el desechar las cosas que no funcionan y añadir las que sí.

 

“Es por eso que nunca aburre. Puedo enseñar el mismo tema durante 50 años (36 en mi caso), pero nunca será el mismo tema, porque se mantiene en cambio constante, al tiempo que las clases cambian, los participantes son diferentes. Cada vez que enseño es una experiencia distinta”.

 

La época de las respuestas fáciles

 

Damodaran tiene un nombre para la facilidad con que hoy se accede a las soluciones ante cualquier reto que se le presenta a la inteligencia. La denomina la “Maldición del Buscador de Google”, en virtud de la cual la persona, en vez de razonar por sí misma la respuesta, accede al conocido buscador, teclea su pregunta y encuentra que miles de personas ya la han dado.

 

“Es un fenómeno muy destructivo, porque implica que las personas no piensen por sí mismas. No piensan detenidamente en las cosas. El modo como se aprende a solucionar un problema es pensando en él y resolviéndolo uno mismo. Si dejas que alguien te dé la solución, puede que sea la correcta, pero tú no has averiguado cómo resolver el problema”.

 

Las respuestas, recuerda, vienen por medio de un proceso, y si este lo ha desarrollado otra persona, “entonces no es tu respuesta”. El estudiante –precisa– necesita preguntarse por los procesos a través de los cuales se llega a la solución. Eso es algo que exige tiempo, energía y esfuerzo, y era, hace tres décadas, el único camino para obtener el resultado correcto.

 

En la era de los buscadores digitales, sin embargo, se pierde la agilidad personal para resolver los problemas. “Si Einstein hubiera tenido el buscador de Google, ¿se le habría ocurrido la teoría de la relatividad? He podido ver a personas brillantes caer en la trampa de pensar: Si ya esto ha sido resuelto, ¿para qué me voy a molestar?. Yo les digo: Mirad, necesitáis molestaros, porque la respuesta dada puede que no sea la respuesta correcta”.

 

Nadie es infalible

 

Para Damodaran, es esencial que sus educandos vean cómo se desarrolla el proceso que deriva en la solución de una incógnita.

 

“A menudo los llevo a través de mi proceso de pensamiento para mostrarles cómo obtuve la respuesta, de manera que puedan ver que no es algo que le surja instantáneamente a nadie. Puedo ser un experto en valoración de empresas, pero aún tengo que pensar detenidamente las preguntas y plantear un proceso, y es esto lo que quiero que vean. Además, cuando doy una respuesta incorrecta, quiero que adviertan qué parte del proceso no funcionó. Así los estudiantes se dan cuenta de que nadie es infalible, y que nada le viene fácilmente a ninguna persona”.

 

Según el profesor, no importa a quién tengan los estudiantes al otro lado de la mesa: la pregunta debe ser siempre si la solución que ofrece es la correcta. En este sentido, lo saludable es no tomarlo todo como ya dado, en virtud simplemente del nombre o el título académico de esa persona.

 

Los renacentistas, un ejemplo

 

Respecto a la arraigada idea de la necesidad de especialización –“tú, de letras; yo, de ciencias”–, Damodaran ve en ello un problema serio.

 

“Estamos creando un mundo de especialistas; a cada uno de ellos se le ha dicho tempranamente en la vida que tiene que elegir. ¿Vas a tomar el camino de la literatura y la historia, o el de las matemáticas? Tiene que soportar presiones de todo tipo, y escoger un camino porque necesita sobrevivir, y tiene que pagar un préstamo universitario”.

 

“Al forzarlos a hacer esto –añade–, creo que se les está haciendo un flaco servicio a los chicos y a la sociedad, porque estamos creando personas unidimensionales. Y eso no está bien”.

 

Mucho mejor les va, señala el profesor, a quienes tienen conocimientos de múltiples disciplinas. “Si alguna vez has estado en Florencia y has visto la cúpula de Brunelleschi, es impresionante. Fue levantada por un señor que no sabía nada de arquitectura, ciencia o construcción, pero aprendió por sí mismo lo suficiente de todo esto para construir la mayor cúpula exenta de la historia. Y no solo él: Leonardo da Vinci fue científico, artista e ingeniero. Hay una razón para que los hombres del Renacimiento tengan la reputación que tienen: se interesaron por muchas cosas”.

 

La especialización –sostiene Damodaran– puede en ocasiones llevar a la tribalización de la sociedad y hacerle un mal servicio. De ello precisamente ha hablado en su libro Narrative and Numbers: “Hemos creado dos tribus que no pueden hablarse la una a la otra. Lo que trato de mostrar en la obra es que necesitamos recuperar las dos partes de nuestro cerebro. No podemos ser únicamente del hemisferio derecho o del izquierdo. Sin embargo, todo el sistema conspira contra ello”.

 

*Publicado originalmente en Aceprensa

 

Blu radio - 08.08.2018

 

Foto: Freepik

 

El maestro dio a sus estudiantes una nota con 45 particulares actividades que se hizo viral.

 

Contrario a la carga académica que suelen asignar los profesores para desarrollar en la casa, un docente español de tercero de primaria descrestó a los padres de familia con un original y divertido listado de tareas para que los niños hicieran en el verano.

 

María Carmona Rubio, madre de uno de los pequeños, compartió en Facebook la hoja que entregó el “profe Manolo” con las 45 actividades. ”Por primera vez en los años que llevamos de cole, se disfrutarán los deberes y se harán todos de sobresaliente”, dijo la mamá.

 

¿De qué podría tratarse? Estas son las primeras diez de la lista:

 

1. Ver amanecer

 

2. Aprender a jugar a un juego de mesa o de cartas que desconocías

 

3. Llamar o mandarle un mensaje a 3 compañeros de clase

 

4. Ver una película en familia

 

5. Hacer limonada casera y tomarla bien fresquita

 

6. Mirar las estrellas un buen rato

 

7. Hacer helados o polos caseros

 

8. Cuidar una planta

 

9. Comer fruta o verdura recién cogida

 

10. Acostarte una noche muy tarde

 

Al final de la nota, el profesor ordena que deben cumplirse al menos la mitad.

 

 

En la foto puedes ver el listado completo:

 

 

Por: Leila Sucari – Rumbosdigital.com / 14.08.2017

 

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La educación de este país europeo es la mejor del mundo según los informes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA). Lejos de estimular la eficiencia y la competitividad, su sistema público personaliza la enseñanza y valora la creatividad por sobre los resultados. ¿Es el mundo del revés? No, es Finlandia, una sociedad que revolucionó la escuela dando a la infancia más tiempo para jugar.

 

No forman filas de menor a mayor ni tienen que sentarse derechos en sus pupitres. No tienen tarea ni deben pasar todo el día adentro de la escuela. No hay exámenes, escuelas privadas, uniformes ni disciplina estricta. Los niños finlandeses tienen tiempo de hacer lo que realmente es importante: trepar árboles, dibujar, dormir la siesta, jugar a la mancha y leer libros despatarrados en el sillón de su casa. 

 

Los finlandeses se dieron cuenta de que la sobreexigencia, el sistema de calificación tradicional, la eficacia y la productividad como objetivos principales en la educación de sus hijos, no eran más que una trampa: la metáfora del perro que se muerde su propia cola. Así fue que decidieron cambiar de paradigma y el resultado fue asombroso: desde el año 2000, sus alumnos obtienen los mejores promedios mundiales y el nivel educativo finlandés está entre los más altos del ranking.

 

“Cuando crecíamos e íbamos a la escuela, había un montón de profesores que derramaban su escarnio por cualquier cosa que hiciéramos, exponían cada debilidad. Nosotros no necesitamos ninguna educación”, dicen los niños de The Wall, el mítico álbum de Pink Floyd. “No necesitamos que nos controlen los pensamientos. Profesores, dejen a los alumnos solos. Dejen a los chicos en paz”.

 

Si la escuela de Finlandia puede considerarse revolucionaria es justamente porque no busca homogeneizar. La formación se centra en descubrir las necesidades y los intereses de cada uno. Se respeta el ritmo de aprendizaje individual y los docentes huyen de las evaluaciones, la comparación y las actividades estandarizadas. Además, desde el año pasado hicieron una modificación radical: abolieron la división de materias y comenzaron a aplicar un método conocido como “phenomenon learning”, que reemplaza las clases tradicionales por proyectos temáticos.

 

Al igual que sucede en pedagogías alternativas como la Waldorf o la Montessori, los profesores se mantienen a lo largo de los cursos y, de esta manera, pueden ir acompañando los progresos del grupo y conocer a cada niño en profundidad. 

 

La educación personalizada maximiza las capacidades individuales, hace que el aprendizaje sea un proceso de descubrimiento y alegría, y eso se traduce en un excelente rendimiento. Los maestros no enseñan a repetir sino a reflexionar. No evalúan con “multiple choice”, sino que apuestan al pensamiento crítico. 

 

“Los niños aprenden a través del asombro”, dice la investigadora canadiense Catherine L’Ecuyer. “La educación en el asombro consiste en respetar la curiosidad, que es motor del aprendizaje del niño; Tomás de Aquino la llamaba ‘el deseo de conocer’. No tendrían que existir los deberes escolares y, si los hubiera, deben ser en cantidad razonable, adecuada para la edad. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, que el poco tiempo que queda para la vida familiar se emplee en acabar los deberes a las 9 de la noche? La infancia es la edad del juego, de la imaginación”.

 

Sin repetir y sin volar

 

Una de las claves del sistema educativo finlandés es que la memorización y la rapidez no son relevantes. En cambio, sí lo son la curiosidad, la participación y la experimentación creativa. Crear emprendimientos, buscar diferentes soluciones y trabajar en grupo son algunas de las premisas. Además, hasta los siete años la educación no es obligatoria y los estudiantes no tienen exámenes hasta que cumplen once. Los informes de los maestros son descriptivos, no numéricos. Y la jornada escolar es de 4 horas con el almuerzo incluido. 

 

“Los niños necesitan más tiempo para ser niños y disfrutar de la vida”, dice la ministra de Educación Krista Kiuru. “La educación finlandesa se basa en varios pilares: la valoración que la sociedad le da a esta, la elevada formación docente y la conciencia de que debe ser igualitaria para todos. La igualdad es lo que nos diferencia de otros países. La educación gratuita es una clave importante y una herramienta. Nuestro objetivo es que el nivel y la cobertura de la educación pública se mantengan tan elevados que no haya necesidad ni opciones para la educación privada”.

 

“Mi hijo, el docente”

 

Planificar clases y actividades creativas, hacer un seguimiento exhaustivo de cada alumno y generar una buena comunicación con los padres es tarea de los maestros. En Finlandia, ser docente es sinónimo de tener una profesión prestigiosa. Quienes se dedican a la enseñanza tienen un reconocimiento social similar al que aquí tienen, por ejemplo, los médicos. 

 

La conciencia de que la educación es uno de los pilares fundamentales de la sociedad está bien instalada. Nadie duda de que hay que cuidar a los docentes e invertir en ellos pagándoles un buen sueldo, dándoles horas suficientes de descanso y vacaciones, y capacitándolos a diario. 

 

“La reforma de la escuela primaria de los años 70 apostó a aprovechar el potencial y el talento de todo el pueblo”, dice Kiuru. “Se jerarquizó la profesión de maestro, haciéndola más atractiva y logrando que tuviera un nivel de formación muy elevado. Estos logros son las fortalezas finlandesas. Apostamos, además, a lograr que la educación sea un desafío para todos los alumnos, no solo para aquellos que son considerados los mejores”.

 

Superniños: el otro extremo

 

En contraposición al estilo finlandés, se encuentra la tendencia educativa respaldada por la neurociencia, que tan de moda se puso en los últimos años, sobre todo en los Estados Unidos. Lo que plantea, básicamente, es que hay que estimular a los niños desde la primera infancia para que desarrollen sus capacidades y sean personas más inteligentes. 

 

“El paradigma de la estimulación temprana supone que el niño es un ente pasivo, un cubo vacío inamovible al que vamos echando conocimientos. Por lo tanto, habría que bombardearlo con información al máximo para estimular sus aprendizajes. Esa visión del niño, del alumno, no responde a la realidad del ser humano. El movimiento se desarrolla, no se estimula. Y lo que asombra es la realidad. La realidad se descubre, no se inculca ni se construye”, señala L’Ecuyer.

 

La neurociencia propone que los niños tengan responsabilidades y exigencias, que aprendan a leer y escribir cuanto antes, que se escolaricen rápido y que los padres les organicen agendas repletas de actividades para motivarlos.

 

“La educación conductista y mecanicista concibe al niño como un ente pasivo y tiene como ejes metodológicos la memorización mecánica, la repetición y la jerarquía como única fuente de conocimiento”, explica L’Ecuyer. “Eso no es educación, sino adiestramiento de mentes para el déficit de pensamiento”.

 

En este sentido, el director de escuela finlandés Pasi Majasaari plantea: “Los niños tienen otras cosas que hacer después de la escuela: estar con otros niños, con la familia, hacer deportes, música, leer, jugar. Está comprobado que el cerebro, para funcionar mejor, tiene que relajarse. Si trabajás o estudiás de manera excesiva, dejás de aprender y, a la larga, resulta contraproducente”. 

 

“Aquí la educación se centra en los estudiantes”, dice la docente Meghan Smith. “Cuando tuvimos que remodelar el patio de juegos, los arquitectos hablaron con los niños para ver qué deseaban. Tratamos de enseñarles la importancia de ser felices, que respeten a los otros y a sí mismos”, dice otro docente. “El sentido de la escuela es aprender a descubrir qué te hace feliz”. 

 

 

Por Marc Rodriguez Castro/Psicologiaymente.net

 

 

Finlandia es actualmente una de las naciones más creativas y innovadoras de la U.E y del mundo, posicionándose en el segundo puesto en el ranking, (el primer puesto lo ostenta Suiza). En el momento en que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) elaboró el informe PISA, el país nórdico consiguió los primeros puestos en educación.

 

No obstante, el sistema educativo finlandés no es perfecto: Finlandia también sufre la nefasta epidemia del acoso escolar. ¿Con qué herramienta solucionan el bullying en Finlandia? Pues con el programa KiVa.

 

El programa KiVa

 

El término KiVa surge de la unión de las palabras “Kiusaamista Vastaan” (en finlandés, contra el acoso escolar). 

 

Gracias a esta propuesta, Finlandia está consiguiendo erradicar el acoso escolar. Este método es aplicado en el 90% de las escuelas de educación básica, y su éxito es tal que se ha convertido en una herramienta imprescindible a la hora de valorar y escoger cualquier centro del sistema educativo finlandés, tanto para trabajar, en el caso de los profesores, como para estudiar, en el caso de los alumnos.

 

La etapa de experimentación

 

“El proyecto comenzó a introducirse de forma aleatoria en los colegios finlandés”, explica Christina Salmivalli, profesora de Psicología y una de las inventoras del programa.

 

Años después se realizó un estudio para ver cómo evolucionaba el programa y la incidencia que este tenía en los alumnos. Los resultados fueron apoteósicos: el programa KiVa había disminuido todos los tipos de acoso en los institutos y colegios. El cerco al bullying había empezado a funcionar. De hecho, el acoso escolar desapareció en el 80% de los centros escolares. Cifras espectaculares que, lógicamente, han despertado el interés de la comunidad educativa internacional.

 

Resultados a largo plazo contra el bullying

 

Al cabo de un año los investigadores se percataron que el número de niños y adolescentes que padecían acoso escolar habían disminuido un 41%. Pero el método no sólo resolvió el problema sino que el programa también potenció el confort de los alumnos y la motivación de estos a la hora de estudiar, disparándose a través de este modo las buenas calificaciones.

 

La embajada de Finlandia en Madrid afirma que un 98 por ciento de los 1.000 colegios que colaboraron en el programa en 2009 creyeron que la vida escolar había mejorado significativamente durante el primer año en el que se comenzó aplicar el método KiVa, algo que confirman numerosos estudios.

 

Es tal el éxito del programa que el método KiVa ha recibido el Premio Europeo de Prevención del Crimen en 2009, entre otros.

 

Una de las mejores maneras de entender el potencial de este programa KiVa contra el acoso es a través de un ejemplo. En la escuela Karamzin tenían un problema grave de acoso escolar, por lo que el programa KiVa se puso en marcha en la escuela durante el 2008: durante el primer año de implantación se redujo el acoso escolar en un 60%.

 

¿Cómo funciona el método KiVa?

 

El método utilizado en el programa KiVa consiste en no centrarse en la dialéctica de la confrontación entre víctima y acosador (ni tratar a la víctima para que sea más extrovertida ni intentar cambiar al acosador para que desarrolle empatía) sino que se basa en la actuación sobre los alumnos testigos que se ríen de tal situación.

 

En muchos casos, estos espectadores interiorizan que lo que pasa es normal, incluso divertido, aunque tengan una opinión subyacente diferente. Lo que se pretende hacer a través del método es influir en dichos espectadores para que no participen indirectamente en el acoso. Si esto se consigue, el acosador, que necesita de reconocimiento para proseguir con el bullying, deja de acosar a causa de que no le aporta ningún beneficio.

 

En resumen, el programa de basa en intentar que los espectadores no les rían las gracias a los jóvenes que son la parte agresora en el acoso. Sencillo, pero eficaz.

 

Los detalles del programa

 

En el programa KiVa los estudiantes son instruidos en unas 20 clases a los 7, 10 y 13 años (edades clave en el desarrollo del menor) para identificar las diferentes formas de bullying. De este modo ya son concienciados desde bien pequeños.

 

Hay diez temarios y trabajos que se realizan a lo largo del curso y en donde se enseñan valores morales como la empatía y el respeto por los demás. Se utilizan gran cantidad de recursos: charlas, videojuegos, manuales para el profesorado, vigilancia en el recreo, largometrajes... incluso un buzón virtual para denunciar si son testigos o víctimas de acoso escolar.

 

El equipo KiVa

 

En toda escuela el director elige un equipo KiVa integrado por tres adultos que detectan y investigan los casos de acoso escolar.

 

Primero determinan si el acoso es puntual o continuado. Después hablan con la víctima para tranquilizarla. Posteriormente hablan con los acosadores para sensibilizarlos y con los testigos, que son la piedra angular del programa, de esta forma se consigue reducir el acoso escolar.

 

El potencial del método

 

Este drástico cambio en una serie de escuelas finesas puede dar una idea de los cambios cualitativos a nivel social que este tipo de programas podrían tener no solo en las escuelas, sino en los diferentes estratos culturales de personas adultas educadas mediante estos métodos.

 

Si ya desde las etapas más tempranas somos educados para no apoyar pasivamente actos de violencia de este tipo, es concebible que la mentalidad de los adultos también cambie en muchos sentidos. Solo el tiempo dirá si este tipo de cambios culturales repentinos llegan a darse. Las repercusiones del programa KiVa pueden ir mucho más allá de la lucha contra el bullying, pueden ser la semilla para una sociedad más justa, solidaria y cohesionada.

 

ReL - 12.12.2016

 

20161212fycFoto: Freepik 

 

El debate sobre los efectos de la tecnología digital en los niños y adolescentes sigue concitando la atención de padres, educadores y expertos. El uso precoz de teléfonos móviles por parte de niños, el consumo abusivo de televisión y la introducción de tablets y otras tecnologías como método educativo en los colegios está generando grandes controversias por las consecuencias que pueden tener sobre los más pequeños.

 

El psiquiatra alemán Manfred Spitzer es un experto sobre los efectos de la tecnología digital en la educación. Autor de entre otros libros como Demencia Digital, es licenciado en Medicina, Psicología y Filosofía obteniendo a continuación una cátedra en Psiquiatría. Es además el director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Ulm y el Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neurociencias y el Aprendizaje.

 

"Como Bill Gates y Steve Jobs, me eduqué mejor sin ordenadores. Soy alemán: la UE debe prohibir los artefactos digitales en los colegios. La tele nos quita más de lo que nos da: se la negué a mis hijos y hoy me lo agradecen" declara el experto en una entrevista en La Vanguardiadonde se muestra muy contundente a la hora de asegurar que se debería prohibir estos aparatos en los colegios pues según sus estudios perjudican el aprendizaje. Un análisis similar hace de móviles, televisión y videoconsolas:

 

-Usted habla de “demencia digital”: ¿Lleva móvil, doctor?
-Claro, porque soy mayor y sé usarlo lo justo, pero los niños no. Por eso no he dejado a mis hijos que lo tuvieran hasta los 18 años y hoy que tienen 20 me lo agradecen.

 

-Si sus hijos lo hubieran podido usar, ¿no serían hoy mejores profesionales?
-Hay evidencias científicas de que no. ¿Sabe por qué Bill Gates o Steve Jobs triunfaron?

 

-¿...?
-Porque tuvieron una excelente educación analógica que les preparó para ser innovadores.

 

-¿Con ordenadores en sus aulas, smartphones y iPads no hubieran sido aún mejores?
- Al contrario, el uso de esos aparatos retrasa la madurez de niños y adolescentes, y les impide concentrarse y aprender. Lo mejor para enseñar es leer, escribir, tomar notas, trabajar con el profesor: ¡eso es tecnología punta pedagógica!

 

-¿Por qué está tan seguro?
-Soy psiquiatra y neurocientífico y no doy opiniones, sino que he recopilado pruebas durante años sobre los efectos de la introducción de la tecnología digital en las aulas que demuestran que perjudica al aprendizaje.

 

-¿No permiten dedicar el cerebro a otras tareas al liberarlo de la memoria rutinaria?
-El cerebro humano no es un disco duro que tiene una capacidad de almacenar X gigas de datos. No funciona así. Al contrario, si usted habla cinco lenguas, le será mucho más fácil aprender otra que a alguien que sólo sepa una.

 

-Cuanto más sabes, más fácil es aprender.
-Porque el cerebro no almacena datos, sino que los procesa. Es un conjunto de redes neuronales que, al conectarse, utilizan la información que está en ellas. Por eso, cuanto más cosas sepa usted, más puntos de conexión tiene la red de su cerebro y más fácil es establecer nuevos.

 

-Y, al contrario: cuanto más vacío está un cerebro, más cuesta llenarlo.
-Porque el cerebro funciona al revés que la memoria de un ordenador. Si usted sabe matemáticas, le será más fácil aprender física.

 

-¿Usar Google en el cole dificulta a los niños establecer esa base de aprendizaje?
-Si usted graba la clase del profesor directamente en un archivo de ordenador, su mente, se lo aseguro, no aprende nada, porque no establece conexiones. Si los chicos usan Google y lo que encuentran no establece relación con lo que ya sabían, tampoco aprenden nada. Necesitan que alguien vaya estructurando lo que aprenden.

 

-Pues invertimos fortunas en ordenado- res escolares, iPads y tecnología digital.
-No sólo es tirar el dinero, sino que además es contraproducente. Los niños y adolescentes necesitan un buen educador sobre todo; toda esa tecnología sólo les distrae y les retrasa. Es triste ver niños smombies (zombies con smartphone) aislados de todo mirando su pantallita.

 

-Pero veo que usted lleva un computador.
-Porque soy un adulto y ya tengo una base que me dio una escuela en la que no tenía ordenadores, pero sí cuadernos, bolígrafos, pizarras y, sobre todo, un buen profesor que fue dándome estructuras sobre las que he ido construyendo lo que sé. Ahora sí que un ordenador y un smartphone me ayudan en tareas rutinarias siempre que no abuse de ellos.

 

-¿Veía usted la tele en casa de niño?
-No, y con mis hijos tampoco. Y me lo agradecen: mientras crecían leíamos juntos y comentábamos libros; hablábamos de mil cosas; compartíamos experiencias, y nos hemos ahorrado muchas horas de telebasura. La tele causa obesidad, depresión, insomnio...

 

-Hasta ahora sólo decían que estupidez.
-También. Mis hijos han crecido más sanos y listos sin televisión y yo, también.

 

-Algún informativo también instruye.
-En conjunto, la tele nos quita mucho más de lo que nos da. Le aseguro que en mi familia no la hemos echado de menos.


-¿Y la PlayStation?
-También hace perder el tiempo a los niños y les aísla de los demás. Lo triste es que en los colegios, las grandes multinacionales tecnológicas han conseguido que esa juguetería digital absurda se confunda con habilidades. Las corporaciones han ganado billones y nuestros jóvenes han perdido neuronas y oportunidades.

 

-Por ahora, esas habilidades digitales no dan a los jóvenes más empleo y sueldo.
-Porque en realidad son muy secundarias y sólo sirven por sí solas para trabajos de tercera y mal pagados. Forman consumidores, pero, a la hora de la verdad, las habilidades que sí se requieren en un buen empleo se adquieren interactuando con los demás; aprendiendo juntos: leyendo, escribiendo y trabajando en equipo.

 

-¿A qué edad la tecnología digital cree usted que deja de frenar el aprendizaje?
-Mire, un smartphone no es diferente de un automóvil: ¿y verdad que no pone al volante a su hijo de doce años? Pues con un móvil y el acceso a internet, sus hijos también pueden aprender a matar y exponerse a criminales de los cinco continentes. Pero, sobre todo, pueden perder mucho precioso tiempo de formación.

 

-Hoy mis alumnos en la universidad estaban tuiteando. ¿Les dejo o les digo algo?
-Yo a los míos los echo de mis clases si sacan el móvil. Si quieren tuitear, que se queden fuera.

 

-¿Y si son estudiantes multitarea?
-Hay experimentos sólidos que demuestran que ni siquiera las mujeres son multitarea. Nadie lo es. Con un buen profesor en clase y ganas de aprender, lo demás sobra.

 

 

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