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LaFamilia.info
 
18.04.2008
 

Se calcula que un televidente habitual observa alrededor de 9.000 escenas de relaciones sexuales o similares anualmente. Más de 7.000 de estas escenas son extramatrimoniales. Calcule entonces el tiempo promedio que un “teleadicto” infanto - juvenil le ha dedicado a la televisión antes de ingresar en la universidad, y se encontrará con una desagradable sorpresa: más de 90.000 escenas de relaciones sexuales (reales o ficticias) vistas, de las cuales cerca de 73.000 se producen fuera del matrimonio.

 

Por lo tanto, la televisión describe 6 veces más sexo extramarital, que sexo entre esposos. El 94% de los encuentros sexuales en las telenovelas son entre gente que no están casadas. Si le añadimos a esto que para un joven teleadicto la televisión ocupa el segundo lugar en influencia sobre su comportamiento, y que, en las telenovelas y seriales, quienes practican sexo son personas de gran belleza que además nunca se enferman de venéreas ni tienen problemas sicológicos, los resultados serán que estos jóvenes tendrán relaciones sexuales a muy tempranas edades.

 

Cómo se presenta la pornografía

La pornografía se conceptúa como la “descripción explícita o gráfica de la actividad sexual”, y el erotismo como “aquello relativo al amor camal o a la exacerbación del amor sensual”. Las dos actúan de una forma negativa en los procesos bioquímicos del cerebro, y aunque se han querido diferenciar según términos artísticos o comerciales, el impacto, especialmente de las imágenes, tiene las mismas consecuencias.

 

Por cada hora de transmisión televisiva se presentan 3 actividades sexuales. En los programas cómicos, el 88% de su contenido hace referencia sexual. En este tipo de programas el contenido no es usualmente explícito, sino que se maneja de manera verbal. Como consecuencia, hay cambios acumulativos en la forma de ver el mundo, afectando principalmente los juicios de moral, especialmente en los adolescentes.

 

En los videos pornográficos, su contenido es absolutamente explícito y resalta la dominación física, humillante y ofensiva del hombre sobre la mujer.

 

De la pornografía a la violación

Debido a que la violación es una constante en este material, muchos hombres dan el brinco y trasladan sus emociones al mundo exterior. En este estado se ven normales las aberraciones más graves. Solamente en los Estados Unidos, en la última década, se han incrementado cuatro veces las violaciones debido al uso de la pornografía.

 

Se puede manifestar sin temor a equivocarse, que la creciente tendencia a las violaciones que se observa en todo el mundo, es causada por la pornografía pasiva. De hecho, un 27.5% de las violaciones que ocurren contra estudiantes en los Estados Unidos, se deberían a la influencia negativa de la pornografía sobre los violadores. El 70% de la pornografía que se expende, será consumida por adolescentes.

 

La pornografía y el erotismo, en cualquiera de sus modalidades, violenta o no violenta, sea que la transmitan por televisión, en películas, en periódicos o revistas, por Internet, por teléfono o hasta por la música, implica una transformación deformante sobre el ser humano, su sexualidad y su relación con el medio que lo rodea.

 

El investigador Dolf Zillman, manifiesta que “es innegable que todo lo que el hombre lee y escucha, lo afecta en mayor o menor medida. Si no fuera sí, no se gastarían en Estados Unidos más de 10 billones de dólares al año en anuncios publicitarios, que de una u otra forma persuaden nuestras preferencias sobre algo. De la misma forma, la exposición a imágenes pornográficas afecta nuestro concepto del mundo y atenta contra los valores más profundos que existen en la conciencia”.

 

Cuando el sexo es manifestado en el matrimonio, es un fenómeno maravilloso y romántico, pero la pornografía saca al sexo de su contexto y lo vuelve destructivo causando enfermedad, adicción, embarazos no deseados, ansiedad, tristeza y vergüenza. Lo que empieza por curiosidad, puede desembocar en serios trastornos de la personalidad.

 

El Internet y los teléfonos

El acceso al Internet, sin supervisión de un adulto, puede abrir las puertas para que cualquier menor acceda a contenidos pornográficos, de los cuales hay en abundancia y son de contenido explícito.

 

El teléfono es el medio más utilizado por los menores de edad. Las conocidas líneas telefónicas de este tipo, cambian su mensaje erótico cada hora, y se consideran un factor determinante en el creciente número de niños que atacan sexualmente a otros. En los años 80, este tipo de abusos se triplicó en Estados Unidos.

 

 

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