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Por Regino Navarro Ribera - 28.01.2020

 

Foto: freepic.diller  

 

Un columnista de las páginas de opinión del periódico El Universal aboga por despenalizar el aborto. No tengo claro, sin embargo, si está a favor del aborto. Promueve primero la tesis de que sobre este tema deben opinar también los varones, lo que parece lógico pues la criatura concebida tiene padre y madre. También propone como solución de fondo la educación de las personas. Me identifico totalmente con esta aseveración: la solución es proporcionar a las personas toda la información que necesitan para ayudar a formar un criterio y tomar así la decisión correcta, sin presiones familiares ni sociales.

 

Me llama la atención un matiz sobre el que tengo dudas, y es afirmar que está socialmente aceptado que la mujer aborte. No suele ser así en los ambientes que conozco. Por supuesto que en términos teóricos puede que sí lo sea. Sin embargo, de hecho, en la vida de la familia, entre amigos y conocidos se procura que el hecho no salga a la luz pública, se habla en voz baja. ¿Debe el Estado legislar sobre este tema?, plantea el articulista. Los que estamos a favor de la vida pensamos que existe un ser humano desde el mismo momento de la concepción. Nos emociona oír latir un corazón en un feto de un mes. ¡Cómo se emocionan los padres cuando el médico les hace ver con una ecografía en la pantalla que se están formando los ojos, brazos, piernas y orejas del feto de 5 a 8 semanas! Y posteriormente, en esa misma fase cómo se aprecia el desarrollo paulatino de los huesos, músculos, órganos internos y cerebro.

 

¿Debe el Estado legislar? Pienso que no hay nada más importante que legislar sobre el derecho a la vida. Y como el embrión es un ser vivo, una persona, debe legislarse a su favor: el derecho a vivir.

 

Menciono argumentos diversos. Hace algunos años, la revista The Economist publicó un reportaje sobre la desaparición de cien millones de mujeres del mundo debido al aborto y al infanticidio selectivo. ¿No es interesante el hecho de que el aborto suela promocionarse como pro-mujer y, sin embargo, un gran número de mujeres son asesinadas en el vientre materno precisamente porque sus cromosomas sexuales son XX? ¿Acaso las niñas no nacidas no tienen derecho a sus cuerpos? ¿Qué dice la ley -otro argumento-, cuando una mujer sentenciada a muerte está embarazada? Todos los estados de Estados Unidos en los que es legal la pena de muerte prohíben la ejecución de mujeres embarazadas. Además, la Alianza Internacional de las Naciones Unidas sobre los Derechos Civiles y Políticos declara que “la pena de muerte no debe... ejecutarse en mujeres embarazadas”. La gente discute si quienes han sido juzgados culpables deben ser o no condenados a muerte, pero todos coinciden en que los inocentes no deben ser condenados a muerte. No aplicar la pena capital a una mujer culpable por la única razón de que está embarazada es reconocer que dentro de su cuerpo hay un niño inocente.

 

  Regino Navarro Ribera
  Consultor empresarial y Coach

 

 

 

 

 

 

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ReL - 18.11.2019

 

 

 

El doctor Manuel Martínez-Sellés es catedrático de Medicina y jefe de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, uno de los más importantes de España. A lo largo de su larga trayectoria ha estado en contacto de manera diaria con el dolor y el sufrimiento. Y por ello ha querido tratar un tema de especial gravedad y que amenaza de nuevo con ser el centro del debate social y político: la eutanasia y el intento de legalizarla en España.

 

Este experto médico lo ha hecho a través de libro Eutanasia, un análisis a la luz de la ciencia y la antropología y en él habla también sobre la muerte, los transplantes de órganos, la sedación, el coma y el estado vegetativo, los sentimientos del enfermo terminal y de su familia, los deseos del paciente, el ensañamiento terapéutico, el suicidio asistido y los cuidados paliativos.

 

Con este pequeño libro, el doctor Martínez-Sellés se introduce en un debate sobre la eutanasia, el sentido del sufrimiento y la libertad de elección a través de su propia experiencia con argumentos científicos y bioéticos.

 

En uno de los capítulos, que le ofrecemos íntegro a continuación, este cardiólogo resume a partir de su experiencia profesional y de lo que está ocurriendo en otros países de manera breve y general en cuatro puntos los motivos por los que la eutanasia es inaceptable:

 

1. Pendiente resbaladiza

 

La historia nos demuestra lo rápido que se llega a la eutanasia en enfermos psiquiátricos, dementes, ancianos vulnerables y recién nacidos discapacitados. En Holanda la eutanasia se aplica ya no sólo a enfermos, sino simplemente a gente que no quiere vivir, sin que exista razón médica. Además, la eutanasia tiende a hacerse especialmente accesible y es dirigida de forma prioritaria a las clases económicamente más débiles, los grupos étnicos desfavorecidos y a las personas más vulnerables. Como veremos en el tercer punto, al limitar la oferta en cuidados paliativos, estos se pueden convertir en un lujo para aquellos con determinado poder adquisitivo.

 

2. Falta de autodeterminación real

 

Frecuentemente los enfermos, y más aquellos con enfermedades avanzadas o que se encuentran en una situación terminal, pueden atravesar estados de depresión durante un cierto tiempo. Si en este tiempo solicitan que acaben con su vida lo habrán hecho en unas condiciones en las que no están mentalmente sanos, por lo que su autonomía es cuestionable.

 

Expresiones como ‘me quiero morir’ o ‘no quiero seguir luchando’ dependen mucho del estado de ánimo del paciente y de sus sentimientos cambiantes. En un país sin eutanasia, los médicos y otros profesionales sanitarios se esforzarán por curar esta depresión y devolver las ganas de vivir, y frecuentemente tienen éxito si el entorno ayuda. Por el contrario, en un país con eutanasia, en vez de esforzarse por eliminar la depresión, tenderán a eliminar al paciente deprimido. Además, la causa fundamental que impele a solicitar la eutanasia no es la enfermedad en sí, sino la falta de reconocimiento humano, comprensión y, tantas veces, la soledad.

 

Muchos pacientes sienten que sobran, que son una carga o una molestia para su familia, que son ignorados, o que están solos. Este es un caldo de cultivo para solicitar la eutanasia. Nuestra tarea como médicos y como sociedad debe ser reconducir esa situación con cariño y acompañamiento.

 

3. Reducción de los cuidados paliativos

 

Estos cuidados son la respuesta médica adecuada al dolor y al sufrimiento. Las atenciones paliativas no alargan la vida. Ocasionalmente, como efecto colateral, pueden acortarla algo. Los cuidados paliativos buscan controlar los síntomas del paciente y, en la enorme mayoría de ocasiones, lo consiguen. La aceptación de la eutanasia conlleva una disminución de los medios destinados a estos cuidados. También, con una eutanasia legalizada, los incentivos para investigar nuevos tratamientos de cuidados paliativos son menores, por lo que, a efectos prácticos, la eutanasia limita el desarrollo de este tipo de cuidados paliativos es caro. Lo barato es la eutanasia.

 

4. Deformación del sentido médico

 

El deber de todo médico de intentar curar y/o mejorar a sus pacientes desaparece con la eutanasia que, además, deteriora la confianza médico-paciente. Es frecuente que ancianos cambien de país de residencia por no fiarse de las prácticas de ciertos médicos. La eutanasia es contraria al juramento hipocrático e implica una ruptura deontológica con grandes consecuencias sobre la profesión médica. ¿Cómo confiar en que el médico va a intentar curarme si mis familiares y/o sociedad presionan en un sentido contrario? Los médicos que entran en una mentalidad eutanásica la incorporan a toda su visión profesional, y puede ser un camino de no retorno. El galeno deja de ser un “salvavidas” y se transforma en “quitavidas”: su sentido cambia por completo.

 

Yo, que tengo dos hijos estudiando Medicina, solo espero que a las nuevas generaciones de médicos y profesionales sanitarios se les siga transmitiendo que nuestro fin es prevenir la enfermedad y cuidar a quienes la padecen.

 

*Publicado originalmente en ReL por J.Lozano

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Por ReL - 24.09.2019

 

Foto: Freepik

 

Una investigación a gran escala de Science ha confirmado que la atracción por el mismo sexo no puede predecirse genéticamente, sino que está relacionada con muchos otros factores. Este estudio ha suscitado, entre otros comentarios, el de Christian Spaemann en el semanario Die Tagespost. Reproducimos su artículo a partir de la traducción italiana publicada en Tempi:

 

 

Lo decisivo es el entorno. Por qué el nuevo estudio sobre la homosexualidad se queda corto

 

De nuevo, un estudio sobre la homosexualidad. Y, de nuevo, nada realmente nuevo. No debemos asombrarnos: valorar correctamente la atracción homosexual exige un procedimiento extenso y diferenciado, que se acerque a este fenómeno en el contexto de la sexualidad humana, la complejidad de las relaciones, la biología y la psicología. Dado que, además, nuestro modo de mirar a la persona humana nunca está exento de supuestos filosóficos, dicha mirada será siempre, de alguna manera, controvertida. Y es una controversia que hoy, en todo el mundo occidental, tiene su origen principalmente en los años 70 del siglo pasado. Los defensores de los paradigmas de la "igualdad" y de la "no discriminación", que siguen dominando el discurso social, han tomado plena posesión de este tema. Desde entonces, la cuestión ya no es la tolerancia o la disminución de formas reales de discriminación de los homosexuales, sino la afirmación de una ideología.

 

La supresión de cualquier diferencia

 

En lo que respecta a la discriminación, bastaría hacer referencia al principio jurídico: "Lo que es igual debe ser tratado del mismo modo; y lo que es distinto puede ser tratado de manera distinta". Excluir a un homosexual de la presidencia del Deutsche Bank sería discriminación. Por el contrario, no permitir que una pareja homosexual pueda adoptar no sería discriminación, porque el niño sabe que es distinto tener un padre y una madre que tener dos madres o dos padres.

 

Volvamos entonces a la imposición de una ideología. El pensamiento de los intelectuales post-estructuralistas, según los cuales el reconocimiento de las diferencias entre las personas comporta de por sí relaciones de dominio y de poder, ha ganado influencia de manera constante en la sociedad. Y, en una especie de nominalismo radical, implicaba e implica prescindir completamente de cualquier diferencia entre las personas, como la que hay entre hombre y mujer, entre sano y enfermo, normal y anormal, natural y no natural, modificando sistemáticamente la conciencia social en esa dirección.

 

Sale de escena el bien común

 

Las carencias humanas ya no serán pues compensadas por la solidaridad y la compasión, sino meramente redefinidas como si no significasen nada. Una persona que nazca únicamente con tres miembros solo podrá sentirse bien cuando la humanidad deje de considerar normal la presencia de cuatro miembros.

 

Los homosexuales, que en su mayoría lo único que pedían era que se les dejara en paz y no sufrir desventajas sociales, han sido instrumentalizados como "propulsores de la diversidad" por parte de esta ideología de la pluralidad de género, haciendo que se alineen contra la "heteronormatividad" de la sociedad. Ciertamente, y desde hace mucho tiempo, no son las personas implicadas lo único que importa en este cambio de mentalidad. Las diferencias, aunque estadísticamente significativas, en la finalidad de la vida de un hombre y de una mujer, o la importancia para los hijos de la familia natural con un padre y una madre, todo esto, en virtud de dicha ideología, no debe ya jugar ningún papel en la evolución de la sociedad. En resumen: la felicidad del individuo y el bien común, el bonum commune, salen de escena cueste lo que cueste, aunque sea a costa de nuestro propio futuro.

 

La pregunta que no se quiere plantear

 

Cuando se trata de afrontar el tema de la homosexualidad, lo que se concluye es que desde hace decenios, en la investigación científica, se pregunta sólo a los datos en bruto, sin plantearse la pregunta sobre cómo surge la atracción homosexual dentro de una concepción de desarrollo bio-psico-social.

 

No sorprende, entonces, el resultado del estudio publicado recientemente en Science, en el que se analizan los datos de unas 500.000 personas. Ya antes se sabía que la homosexualidad no se puede explicar genéticamente. De todos modos esto no excluye factores biológicos como, por ejemplo, las influencias hormonales intrauterinas. Sin embargo, en este caso no se trata más que de factores de predisposición.

 

Los que son verdaderamente importantes son otros datos, es decir, los que nos dicen:

 

- que la atracción homosexual es muy fluida en el periodo de la pubertad;

 

- que sólo el 1,5% de los varones tiene de manera estable sentimientos homosexuales;

 

- que las personas interesadas preceden, a menudo, de familias rotas o conflictivas;

 

- que las relaciones entre personas homosexuales son sumamente frágiles;

 

- que los homosexuales, estadísticamente, sienten más a menudo atracción sexual hacia niños y jóvenes que los heterosexuales;

 

-que los homosexuales son estadísticamente más proclives a sufrir enfermedades psíquicas o al suicidio que los heterosexuales.

 

Todo esto, si se considera correctamente, no se explica con la discriminación social y la llamada "homofobia".

 

La confrontación negada

 

Hoy sabemos que la sexualidad -también la de los heterosexuales- se ve influida, en su complejidad, por la vivencia específica de cada persona, por las propias heridas y por toda una serie de motivos no sexuales. Por los innumerables testimonios individuales aportados por los psicoterapeutas en los últimos cien años, se puede constatar que la atracción homosexual a menudo tiene un historial psicodinámico en las relaciones con el padre y la madre, además de con el grupo de amigos de la misma edad y del propio sexo.

 

Muchos homosexuales encuentran una gran ayuda en analizar estas experiencias, a menudo muy dolorosas. Ciertamente no es un misterio que, al hacerlo, también la orientación sexual se pone en cuestión. Sin embargo, hablar abiertamente de esto sigue siendo un tabú. Se impide activamente una aproximación psicoterapéutica al tema de la homosexualidad.

 

Como ha demostrado la cumbre romana sobre los abusos, también algunos de los máximos exponentes de la Iglesia católica sufren los efectos de dicho tabú. Y cierran los ojos ante quienes han afrontado seriamente este problema para acabar, en cambio, asociándose al proceso de aplastamiento, autodestructivo y sin precedentes, de esta ideología que no tolera la diversidad, tirando por la borda el derecho natural y, con él, el magisterio de la Iglesia.

 

Sin embargo, las ideologías tienen las piernas cortas y se demostrará que sus discípulos no tienen futuro en la Iglesia.

 

(Traducción del italiano por Elena Faccia Serrano)

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Por Juan Meseguer/Aceprensa - 24.10.2019

 

Foto: Freepik 

 

Afirmar la dualidad de lo femenino y lo masculino como dos modos de ser que expresan la riqueza de lo humano, no exime del esfuerzo por denunciar qué parte de lo que tradicionalmente se ha considerado natural en los sexos responde a una construcción cultural arbitraria. En Estados Unidos, esta cuestión se ha planteado a raíz de una pregunta que ha tocado un nervio sensible: ¿por qué hay tan pocas voces femeninas del ámbito conservador en el debate público?

 

Para Ashleen Menchaca-Bagnulo, profesora de ciencias políticas en la Universidad Estatal de Texas y colaboradora de Public Discourse, la respuesta tiene que ver con una falsa dicotomía arraigada en sectores conservadores: que la naturaleza de los varones les dispone mejor para la esfera pública, mientras que la de las mujeres las empuja más bien hacia la privada y familiar.

 

Menchaca-Bagnulo no cuestiona que existan diferencias naturales entre ambos sexos, sino que estas se presenten como “un mandato moral” para justificar un reparto de roles injusto. Y tampoco considera que el ámbito doméstico sea indigno para las mujeres, como cree cierto feminismo radical. Lo que afirma es que “lo privado y lo público son naturales a las mujeres –como lo son a los hombres– y ambas [esferas] son mejoradas por nuestra presencia”.

 

Para que de verdad se note la influencia de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social, la politóloga aboga por cambiar de perspectiva: “¿Cómo sería la vida si reorganizáramos la práctica social para alejarnos de la rígida división público-privada, imitando algo más armonioso y centrado en la familia? ¿Qué pasaría si se esperara de los lugares de trabajo que respondan de manera diferente al embarazo, o a los roles de cuidado que tanto hombres como mujeres pueden desempeñar con sus familiares enfermos o sus hijos?”.

 

“(…) ¿Qué pasaría si el discurso y la práctica conservadora se centraran en facilitar el reingreso de los hombres y de las mujeres que se quedan en casa al cuidado de hijos pequeños, para que no haya una brecha grande entre la vida profesional y la familiar? ¿Qué pasaría si se pudiera ‘llevar a casa’ más trabajo profesional o si más espacios profesionales permitieran la presencia de niños pequeños? (...) De alguna manera, el conservadurismo está mejor situado para sugerir este tipo de cambios”.

 

Decisiones propias y ajenas

 

Luma Simms, investigadora en el Ethics and Public Policy Center y colaboradora en medios como The Wall Street Journal, National Review o Public Discourse, también se ha sumado al debate. En su opinión, la escasez de mujeres en la esfera pública responde al juego de varios factores, que resumo en dos: las propias decisiones de las mujeres, de un lado, y el desinterés de muchos varones por el talento femenino, de otro.

 

Sobre el primer aspecto, Simms afirma que muchas mujeres conservadoras renuncian a un protagonismo mayor en la esfera pública precisamente “porque creen en el conservadurismo”: esto es, porque entienden lo beneficioso que puede resultar para su familia y para la sociedad la dedicación preferente a sus hijos, aunque eso les suponga renunciar a un trabajo remunerado durante una etapa de su vida.

 

Aquí se echa en falta que no tenga en cuenta el peso que tienen los factores sociales en las decisiones de las mujeres: las reglas actuales del mercado laboral, por ejemplo, no facilitan mucho la vida a las mujeres que quieren ser madres sin renunciar a su carrera profesional.

 

Pero lo más novedoso del artículo de Simms es la denuncia que hace del desperdicio del talento femenino en determinados ámbitos intelectuales conservadores. Aunque su experiencia personal con mentores varones ha sido positiva, le sorprende que mujeres dotadas para los debates de ideas tengan tan poco eco en disciplinas como la filosofía, la teoría política o la teología.

 

Reconocer el talento femenino

 

Lo que dice Simms sobre Estados Unidos se puede ilustrar con un ejemplo europeo. De los 13 firmantes principales de la Declaración de París, solo dos son mujeres: la filósofa francesa Chantal Delsol y la politóloga noruega Janne Haaland Matlary. Entre los firmantes principales de la versión española, la brecha es aún mayor: 0 de 19. Desconozco si se pidió la participación a más pensadoras o si hubo quienes rehusaron. Lo que sí llama la atención es la lista final de nombres, pese a que el texto sostiene que la “aspiración a la excelencia” ha inspirado “a hombres y mujeres” a lo largo de la historia europea.

 

Señalar esta carencia no es un problema de igualitarismo –que Simms rechaza–, sino de no perderse la riqueza que aporta la mitad de la humanidad. “Cuando las mujeres no contribuyen, el resultado es el empobrecimiento espiritual de la humanidad, como dice el Papa [san Juan Pablo II] en su Carta a las mujeres”.

 

Juan Pablo II era consciente de ese desequilibrio e invitó a corregirlo: “Ciertamente, es la hora de mirar con la valentía de la memoria, y reconociendo sinceramente las responsabilidades, la larga historia de la humanidad, a la que las mujeres han contribuido no menos que los hombres, y la mayor parte de las veces en condiciones bastante más adversas. Pienso, en particular, en las mujeres que han amado la cultura y el arte, y se han dedicado a ello partiendo con desventaja, excluidas a menudo de una educación igual, expuestas a la infravaloración, al desconocimiento e incluso al despojo de su aportación intelectual”.

 

Con este lastre histórico, sugiere Simms, sería ingenuo seguir confiando en que basta la meritocracia para equilibrar el desigual mercado de las ideas. Y aunque no habla de cuotas, sí propone a sus colegas varones que hagan un mayor esfuerzo por apoyar el talento femenino, por adaptarse a los horarios de las mujeres, por abrirles las puertas de sus publicaciones, por citar su trabajo, etc. “Queridos hermanos, os animo a releer o a leer por primera vez la Carta a las mujeres”.

 

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ElManifiesto.com - 21.08.2019

 


Giorgia Meloni, diputada iltaliana

 

Giorgia Meloni, Secretaria General de Fratelli d'Italia, y única mujer al frente de un partido, pronunció en el pasado Congreso Mundial de las Familias, un extraordinario discurso impugnando los fundamentos de la ideología y de la dictadura progres.

 

En dicho discurso, que se ha hecho viral, alcanzando cifras de difusión astronómicas, Giorgia Meloni dice cosas como:

 

"Creo en una sociedad en la que cada elección que uno hace acarrea sus consecuencias". "Rechazo una sociedad en la que cada deseo y cada capricho consisten en un derecho; una sociedad en la que uno no tiene responsabilidades, sino sólo derechos". Vale la pena verlo completo, aquí se los compartimos. 

 

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